Receta para el corazón — capítulo 1
Ni siquiera había terminado de amanecer, pero Hermione sintió unas pequeñas manos calientes tocando su rostro con suavidad. Sabía de quién se trataba, pero como siempre, tardaba unos segundos antes de abrir los ojos. Finalmente, cuando lo hizo, vio ante ella a su hija, con sus cabellos tapando sus ojos, sonriéndole con dulzura.
Buenos días, mami- le saludó Rose, echándose a su lado y acurrucándose bajo la manta.
Mi preciosa bebé, buenos días- respondió Hermione, abrazándola- ¿Qué haces tan despierta a estas horas?
No pudo dormir más- se quejó la pequeña- Me duele la espalda.
Hermione tocó la columna de su hija y cerró los ojos. De arriba a abajo, la columna vertebral de Rose iba haciéndose a un lado, significativamente curvada. Con el tiempo, el problema había empeorado, a pesar de las constantes terapias que pagaba para que Rose mejorara. No daban resultado.
Lo siento mucho, cariño- suspiró Hermione- Verás que haré lo que sea para que ya no duele, ¿de acuerdo?
Sí, mami.
Las dos se quedaron dormidas de nuevo por un par de horas, hasta que el sol salió completamente por el este y el despertador timbró hasta despertarlas.
Rose no iba a la escuela aún, ya que tenía tres años, pero Hermione la dejaba en una guardería durante las cinco horas que trabajaba en la editorial Walker Books, como Asistente Editorial. Era un trabajo cansado, pero la remuneración le permitía vivir tranquilamente con su hija en un departamento en una de las zonas más acomodadas de Sheffield.
Sus padres vivían a media hora de su casa y, a pesar de haberse ofrecido a cuidar a Rose, lo que menos quería Hermione era cargar a sus padres con la preocupación de cuidar a una niña con escoliosis. Además, Rose estaba recibiendo ayuda en la guardería, ya que Hermione había contratado a una terapeuta para que la acompañe y la ayude con los movimientos correctos para contraer el problema. Pero, como ya se estaba dando cuenta, no estaba funcionando.
Llegó con cinco minutos de adelanto a la editorial, luego de dejar a Rose y a la terapeuta en la guardería.
Ahí ya estaban Melody y Griselda, sus compañeras más cercanas del trabajo, con quienes también compartía la oficina dividida en tres secciones, una para cada una.
Te estaba diciendo, Mel- dijo Griselda, luego de saludar a Hermione- No puedes salir con alguien a quien acabas de conocer por internet. ¿Estoy en lo correcto, Herms?
Claro que sí- admitió Hermione, encendiendo su laptop- Actualmente ya no se puede confiar a ciegas en nadie, Mel.
¡Gracias!- exclamó Griselda, levantando sus brazos en señal de triunfo. Mel consideraba a Hermione una de las personas más conscientes del mundo, y si ella decía que estaba mal, pues el haría caso.
De acuerdo, chicas- suspiró Melody- Pondré fin a esto.
Hermione le sonrió levemente y miró perdidamente la pantalla de su laptop. Melody miró significativamente a Griselda y luego a Hermione, confundida.
¿Amiga?- dijo Griselda, acercándose a Hermione y poniendo un brazo sobre su hombro- ¿Pasa algo?
¿Eh?- Hermione movió su cabeza rápidamente y luego se tapó la cara, preocupada- Otra vez Rose tiene dolor en la espalda.
Griselda hizo una mueca con la boca y Melody suspiró.
Creo que ya deberías hacer algo más, Herms- dijo Griselda- Es una niñita hermosa, y mientras más rápido la revisen, mejor.
Sí, la verdad no sé en qué he estado pensando para dejar que avance tanto.
El editor jefe llegó a los pocos segundos, saludando a todos y entrando a su oficina.
Si quieres te ayudo a buscar hospitales en donde puedan tratarla- se ofreció Mel.
Sí, yo igual- concordó Griselda.
Gracias chicas- dijo Hermione, sonriendo con más ánimo.
A la hora de salida, Hermione se despidió de sus compañeras y fue al estacionamiento a buscar su auto. Normalmente, se quedaba para almorzar con ellas en el café a dos cuadras de la editorial, pero estaba decidida a empezar a buscar ayuda.
Miró su reloj. Aún quedaban dos horas para recoger a Rose de la guardería, así que fue a la casa de sus padres.
Su madre le abrió la puerta, encantada de verla luego de varios días. Su padre estaba en la cocina, echándole sal a la comida a escondidas.
Ya te vimos, papá- dijo Hermione, abrazándolo- Eres como un niño travieso.
No dirías lo mismo si tuvieras que comer una sopa que sabe a agua- protestó su padre, pero al ver el rostro de su esposa, prefirió cambiar el tema- Qué bueno que estés aquí, hija, ya no nos acordábamos de ti.
Qué exagerado.
Hermione ayudó a su madre a preparar la mesa y servir los platos. Felizmente, su padre no se había pasado de sal, porque iba a ser una tragedia.
¿Y Rose?- preguntó su padre.
En la guardería. Preferí venir antes de recogerla. Quiero decirles algo.
Bueno, te escuchamos- dijo su madre, dejando la cuchara a un lado y poniendo sus manos sobre la mesa.
Hermione hizo lo mismo y los miró seriamente.
Quiero que Rose reciba un tratamiento más fuerte. Hoy en la mañana se quejó del dolor, y ya no puedo aguantar más. He dejado pasar esto por tres años, pensando y deseando que se termine con un milagro, pero eso jamás va a pasar. Me he dado cuenta que mi hija me necesita, y necesita también vivir con tranquilidad. Es una niña alegre, merece jugar como otros niños.
Sus padres asintieron.
Sé que tomaron a mal cuando me negué a que ustedes la cuidaran, pero créanme que no fue mi intención. No quería preocuparlos más, porque en sí yo no aguanto verla sufrir, y no quería que ustedes lo hicieran también. Pero ya es hora de hacer algo, ¿verdad? Rose es mi vida y el verdadero motivo por el cual yo sigo adelante. Quiero darle lo mejor.
Lo sabemos, cariño- su madre le puso una mano sobre la suya- Te apoyamos en tu decisión. Amamos a Rose y siempre vamos a desearle lo mejor.
Hermione sonrió.
¿Ya tienes pensado algún lugar para llevarla?- preguntó su padre.
Aún no, pero iniciaré la búsqueda. Alguien debe conocer algún lugar especializado en esos problemas…
¿Por qué no llamas a Neville? Según sé, él está trabajando en el hospital de Londres, y es muy bueno. Quizás él te pueda dar alguna información.
Sí, papá- aceptó Hermione- Buena idea.
Cuando terminó la sopa, estaba más tranquila. Se sentía con la fuerza para hacer algo más por Rose, y se esforzaría por ver a su hija como una niña normal.
Antes de irse, ayudó a su madre a lavar los platos mientras su padre averiguaba el número de Neville. Lo escucharon bajar por las escaleras, avisando que ya tenía el número.
Gracias papá- agradeció Hermione, dándole un fuerte abrazo- Entonces, voy a recoger a Rose.
De acuerdo, nena- su madre también la abrazó- La llamaremos más tarde.
Ok, los amo.
Hermione volvió a su auto con el papel con el número de Neville escrito en él. Aún tenía tiempo antes de recoger a Rose, así que saco su celular y marcó. Sonaron tres timbres antes de oír una voz masculina al otro lado de la línea.
¿Hola?
Hola… ¿Neville?- preguntó Hermione, insegura- Soy Hermione.
¡Hermione!- exclamó Neville- ¡Mi adorable prima! ¿Cómo has estado?
Muy bien, gracias, ¿tú?
Trabajando más que nunca, ya sabes- se escuchó una risa que Hermione recordó como típica de Neville- ¿Y Rose?
Ella está bien, justo ahora voy a recogerla de la guardería…
Me parece injusto que me haya enterado por mis tíos de que tenía una sobrina preciosa. No se vale, ¿eh?
Lo siento Neville, pero todo pasó tan rápido que…
No te preocupes, Hermione- se apuró en decir Neville, y Hermione le agradeció.
Bueno, Neville, necesito que me ayude en algo.
¿En qué soy bueno?
Mira, no sé si sepas, pero… pero Rose tiene escoliosis, y ha estado en terapias pero no han resultado, y cada vez la cosa se está empeorando.
Oh…
Y, bueno, quisiera saber si en el hospital en donde trabajas existe algún área que me pueda ayudar en eso…
Uhmm… sí hay unos terapeutas que han llegado recién de Alemania, y son realmente buenos, por lo que me han comentado. Yo estoy en Urología, pero puedo contactarte con alguien, y sólo sería que separes unos días y vengan las dos a tener más información. No hay problema con eso, si quieres puedo acomodar todo para que no hayan problemas ni tengas que esperar mucho.
Hermione sintió un gran peso desvaneciéndose a lo largo de su pecho. Era como si Rose ya estuviese sana.
¿En serio lo harías?- suspiró- No sabes la tranquilidad que me estás dando.
Hermione, eres mi familia, y Rose también. Y además, será motivo para conocerla, ¿no?
Por supuesto que sí, primo.
¡Perfecto!- exclamó Neville- Entonces, voy a mover contactos por aquí y te llamó lo más pronto posible. Dale un beso a Rose de mi parte.
Gracias, Nev, besos.
Volvió a guardar su celular en su bolsillo. El camino hacia la guardería fue más ameno y rápido, quizás porque milagrosamente no había muchos vehículos. En su mente sólo estaba Rose y lo feliz que iba a ser al finalizar los tres años que había vivido con esa molestia en la columna.
Aparcó frente a la guardería, justo a la hora de salida. Salió del auto y caminó hacia la ventana. Buscó a Rose y la encontró sentada en una pequeña silla rosa, pintando con crayolas un dibujo que no llegó a reconocer. Su posición era extraña, como si alguien estuviese empujando su hombro derecho hacía abajo. La terapeuta estaba hablando con la profesora de la guardería. Luego, la profesora se levantó e hizo sonar la campanita que estaba sobre su escritorio. Hermione vio como Rose guardaba sus crayolas en su cartuchera y acomodaba todos sus juguetes en la pequeña mochila que los padres de Hermione le habían regalado en Navidad.
Varios padres se unieron a Hermione, esperando a sus hijos. La profesora hizo que los niños formaran una fila y, en orden, uno a uno fue saliendo a encontrarse con sus padres. Rose sonrió y corrió hacia Hermione apenas la vio. Ella la cargó en brazos y la llenó de besos. La terapeuta salió detrás de ella, con una hoja llena de apuntes.
¿Y cómo estuvo el día?- le preguntó Hermione.
Se ha quejado más que otros días- dijo la terapeuta, leyendo algunas cosas de la hoja- Y no ha querido pararse de la silla en un buen rato.
Lo mismo de siempre- murmuró Hermione.
Creo que es una mala idea seguir con esto, señora Granger- dijo la terapeuta, guardando la hoja en su cartera- Lo mejor será llevar a Rose a alguien que la revise con más cuidado.
Sí, eso haré. Gracias, de todos modos.
No hay problema, y si necesita algo, no dude en llamarme- la terapeuta se acercó a Rose- Adiós Rosie, pórtate bien con mamá, ¿sí?
Rose asintió y se escondió entre el cabello de Hermione.