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Hija de Hera — capítulo 1

-¡¿Quieres calmarte Cleo?! Desde  que mencioné el asunto de casarnos tus ojos no paran de soltarme chispas, ¡como si fueras a matarme con ellos! -¡NO ES ESO! - la aludida dejó de dar vueltas en círculos e intentó enfocar su mirada en los ojos del hijo de Apolo - ¿cómo vamos a casarnos si ni yo misma sé quién soy? Ahí estaba, esa era la inseguridad que la venía corrompiendo desde que llegó a Campamento Mestizo sin haber sido reclamada, día tras día veía a nuevos campistas ser elegidos por sus padres pero ella ya llevaba 4 años esperando, y su madre no tenía la más mínima intención de declararla suya.  -Llevo cuatro años viviendo con esa pandilla de la cabaña de Hermes, pero mírame, no tengo ninguna cualidad que ellos tengan, no sé robar ni mentir y tampoco me tienta ayudar como el buen samaritano, no puedo casarme contigo cuando ni yo estoy segura de que es lo que hago aquí. -Y tenemos 18 - agregó con ironía Vriel. -Y tenemos 18 - aceptó ella asintiendo, luego puso su cara más arrepentida - lo siento pero es un no. Al instante en que lo dijo sus ojos dejaron de soltar esas misteriosas chispas. NO PUEDES RECHAZARLO-¿Qué?  Había escuchado una voz en su cabeza, una femenina voz muy enfadada, Vriel dejo de lado su disgusto al ver su cara de estupefacción. -¿Cómo dices? - le preguntó. -Es solo que creí que habías dicho algo - se disculpó ella dejando una mano descansar sobre su frente. EL MATRIMONIO ES UN EVENTO SAGRADO.-¿Quién demonios eres? - farfulló Cleo con voz molesta alejándose de Vriel. La voz no volvió a sonar en su cabeza, pero un fuerte dolor en la misma la hizo caer de rodillas.  -¿Cleo?  La chica no respondió, se sujetaba la cabeza con ambas manos mientras descansaba en el suelo, muerto de miedo Vriel la tomó de las muñecas con una de sus manos y puso la otra en su cabello para curarla de lo que sea que le estuviera haciendo daño. Una figura se hizo visible solo para Cleo entonces, en las orillas del mirador estaba ella, la más grandiosa de las diosas, mirándola con odio y chispas en los ojos, casi podía leer sus pensamientos "le dijiste que no al chico que todas quieren" Vriel no se percató, pero Cleo la veía, vaya que la veía. -Así que eras tú, debo decir que llevo cuatro años esperando este momento mamiLa mirada que le lanzó Hera la envió de nuevo al suelo en brazos de Vriel quién se percató solo entonces de la presencia de una deidad, pero continuó sin verla. -Esta es tu forma de decir "lo lamento" - se quejó Cleo intentando una vez más ponerse de pie. -Eres una niña malcriada - se limitó a responder la diosa, ofendida. -Eso lo saque del lado de mi madre - a pesar del dolor, los ojos de Cleo comenzaron a soltar esas misteriosas chispas también, en desafío - debo admitir mi decepción, pensé que podría tener algún don en particular, pero ya veo que para todo lo que sirve ser tu hija es establecer un compromiso y atender a otros.  -¡Mocosa insolente! - Hera estaba ofendida y trató de lanzarle una descarga de energía pero se arrepintió a 4 cm de la cara furiosa y risueña de Cleo. -Oh, tendré que pasar el resto de mi vida siendo un ama de casa, pasando la escoba y cuidando de las ollas... Aunque tal vez podría criar vacas. -¿Cómo te atreves? - el puchero en la cara de la diosa hizo que la sonrisa de Cleo aumentara.  -Cleo ten cuidado - le advirtió Vriel al entender contra quién estaba jugando su novia. -No puede dañarme, no a menos que quiera que todo el Olimpo se entere así de esta situación. ¿Qué vas a decirles? Que fue hace miles de años tal vez... Antes de establecerte con Zeus... Tal vez incluirás el Hotel Lotus como Hades... Contigo nunca nada se sabe. Hera temblaba de rabia, pero sabía que tenía razón, sin embargo, reconocerla como suya  sería como darle carta blanca a Zeus para que cometiera más infidelidades. -Puedo entender porqué lo hiciste, mi padre, un hombre fiel  a su matrimonio, se resistió a ti aún dos años después de la muerte de su esposa, y eso te encantaba, su pasión por las normas, su compromiso con el compromiso que tu veneras. Puedo entender eso de alguien que nunca ha tenido compromiso de su esposo, pero no reconocerme solo es una bomba de tiempo Hera. Una que tarde o temprano, va a tener que explotar. Con una última mirada de desesperación Hera desapareció, dejando tras de sí una manzana dorada. -No la cojas - advirtió Cleo - lo mejor será que le dispares una flecha, Hera nunca ha podido imitar la manzana de la discordia, pero si ha provocado divorcios y peleas con las doradas.