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De una boda sale otra ¿no? — capítulo 3
HOLA A TODOS.
ESTOY ASOMBRADA DE LA BUENA ACOGIDA QUE HA TENIDO ESTE, MI PRIMER DRAMIONE. MUCHAS GRACIAS A TODOS.
Rosy Malfoy: Muchas gracias. jejejeje. La verdad es que la pareja de Draco y Hermione es la que mas me gusta y me anima mucho escribir esta historia. Besos.
The Trinity: Aún queda un poco para la boda jejeje, pero aún así dentro de poco lo leeras. Besos
Quedaba un mes apenas para la boda de Astoria y Zabini y Hermione ya tenía el vestido, los complementos, había ayudado a Astoria con el banquete… pero le faltaba lo más importante: el regalo.
Blaise y Astoria habían adjuntado junto con la invitación una lista de las cosas que ellos deseaban que se les regalase el día de la boda, ahorrando así a sus invitados las molestias de pensar ellos qué regalar y el momento incómodo en caso de que varios invitados les regalasen lo mismo.
El primer paso para poder comprarles el regalo era ir a la tienda donde habían hecho esa lista, preguntar qué regalos estaban disponibles y, de entre los que lo estaban, elegir uno y comprarlo.
-Espero que no queden solo los que son muy caros- murmuró Hermione.
-¿Decias algo, Hermione?- preguntó Harry, que estaba echado en el sofá de la casa de Hermione y Ginny viendo un poco de televisión.
-Nada, decía que espero que no queden solo los regalos más caros de la lista de boda de Astoria y Zabini- contestó ella.
-Los más baratos son los que antes se acaban. Aquí y en el mundo muggle- dijo Harry.
-Ya. Me acercaré esta tarde a la tienda, ya que es sábado, a ver qué regalos quedan por escoger- contestó ella.
-¿Quieres que te acompañemos?- preguntó Ginny mientras le tendía un té helado a su novio.
-No, no hace falta, chicos, muchas gracias- contestó Hermione, agradecida.
D&H
Esa misma tarde, en medio de un calor abrasador, Hermione se apareció en el Callejón Diagón. Algunas de las personas que estaban allí se acercaron de inmediato a saludarla y a darle la mano, ya que era una de las más conocidas heroínas de la Guerra Mágica contra Voldemort. Ella, que nunca había sido especialmente conocida en el mundo mágico debido a su origen muggle, aún se sentía un poco cohibida de que todo el mundo parecía conocerla.
-No sé cómo se las apaña Harry, la verdad- pensó Hermione mientras caminaba hacia la tienda de regalos de boda.
Abrió la puerta de la tienda y de inmediato se le acercó un dependiente, muy amable por cierto, que le dijo:
-Buenas tardes, señorita. ¿En qué puedo ayudarle?
-Buenas tardes. Verá, unos amigos míos se van a casar e hicieron la lista de los regalos en esta tienda.
-¿Cuál es el nombre sus amigos?- preguntó el dependiente.
-Zabini y Greengrass- contestó Hermione.
-Ah, sí. Acompáñeme por favor, señorita…
-Granger, pero llámeme Hermione, por favor- dijo ella, sonriente.
-¿Es usted Hermione Granger, la amiga de Harry Potter?- se sorprendió él.
-Si- sonrió ella.
-Vaya, mucho gusto en conocerla. Mi nombre es Ben Gellert- dijo el dependiente, ofreciéndole la mano.
-Encantada- dijo Hermione.
-Bueno, esta es la sala que hemos asignado para los regalos Zabini-Greengrass- dijo Ben.
Era una sala grande donde los regalos estaban expuestos en mesas. Había cinco mesitas que estaban vacías. Pero aún así había un buen numero de regalos a elegir.
-¿Estos son los regalos que aún no han sido pagados?- preguntó Hermione.
-Exacto. Hay uno que ya está reservado, pero ahora mismo no sé cuál es. La venta la hizo mi compañera de la mañana y no me lo dijo- dijo Ben, rascándose la cabeza.
-No hay problema- dijo Hermione- Estadísticamente la probabilidad de que yo elija el regalo que ya está reservado es mínima- concluyó, sonriente.
Ben le sonrió y se apartó un poco para que Hermione pudiera pasearse a gusto por la sala, viendo los objetos que estaban expuestos. Tras dar dos vueltas completas a la sala, Hermione ya estaba convencida de cual iba a ser su regalo de boda: un escritorio de madera de aspecto muy antiguo. Astoria colecciona antigüedades, por lo que ese escritorio le pareció lo más adecuado para ella.
-Creo que ya he elegido- dijo Hermione, llamando la atención de Ben.
-Dígame.
-El escritorio.
-Muy bien, voy a pedir ayuda a mi compañero y luego le cobro, ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
Al cabo de cinco minutos Ben apareció en la sala con un compañero.
-Ese escritorio de ahí, Charles- dijo Ben.
El tal Charles se quedó mirando el escritorio y dijo:
-Pero… este escritorio está reservado.
-¿Cómo?- exclamó Hermione.
-Esta mañana vino un caballero y pagó este escritorio. Dijo que por la tarde vendría a buscarlo.
Hermione abrió la boca para acordarse de toda la familia del que inventó la probabilidad, cuando volvió a abrirse la puerta que daba acceso a la sala de los regalos. Para su total sorpresa el que entraba era nada más y nada menos que Draco Malfoy. Vió como Draco Malfoy se la quedaba mirando con cara de sorpresa e iba esbozando una lenta sonrisa en su cara.
-Genial- pensó Hermione- Ahora se burlará de mí por no encontrar un buen regalo.
-Vaya, vaya, Granger- dijo Malfoy- ¿Tú por aquí? ¿Me estás siguiendo?
-Creeme, Malfoy. Tengo cosas más importantes que hacer que seguirte a ti- contestó ella, cortante.
-¿Todo bien, Hermione?- preguntó Ben, mirando con ligero enojo a Malfoy.
-Bien, pues elegiré otro regalo, no pasa nada- dijo ella.
-¿Has elegido ya el regalo, Granger?- preguntó Draco, muy amable.
-Aún no. Elegí uno, pero me parece que le voy a dar otra vuelta- contestó ella.
-Bueno, yo he venido para llevarme mi regalo- le dijo Draco a Ben.
-¿Tú has pagado el escritorio?- preguntó incrédula, Hermione ¿Porqué él?
-Sí, ¿por qué?
-Ese escritorio se lo quería regalar yo a Astoria.
-Vaya, Granger, la verdad es que tienes buen gusto. Es un escritorio magnífico- dijo Draco, sonriendo.
-La verdad es que es precioso. Además, a Astoria le encantan las antigüedades y ese escritorio le iba a encantar- dijo Hermione, pensativa.
Draco se quedó en silencio, mirando el escritorio. Ben carraspeó de forma intencionada y Draco le miró con el ceño fruncido.
-¿Le retiro ya el escritorio,señor?
-Sí, pero no me lo mande a mi casa, sino a la de la señorita Granger.
-¿Qué?- dijo ella, saliendo de sus pensamientos- ¿Cómo que a mi casa?
-Mira, Granger, yo escogí ese escritorio, no porque pensara que fuera algo que les iba a gustar, sino que lo elegí al azar, por ser el regalo más grande…
-Sabes que el tamaño no importa, ¿verdad, Malfoy?
-Cállate- dijo él con una pequeña sonrisa- el caso es que tú conoces los gustos de Astoria y pensaste en ella a la hora de elegirlo. Pienso que lo más justo es que te quedes tú con el escritorio y yo elija otra cosa.
Hermione se le quedó mirando, alucinada. ¿Quién iba a decir que Draco Malfoy se iba a portar como un autentico caballero con ella?
-Vaya, Malfoy, me has dejado sin palabras- dijo Hermione y le dedicó una gran sonrisa- Muchas gracias. Pero me tienes que decir cuánto te ha costado y que yo te lo pague.
Draco asintió, sonriente.
-Entonces ¿se lo mando a su casa, señorita?- preguntó Ben. Hermione se giró hacia él para mirarle y por ello no vió la cara de embobado de Draco cuando ella le sonrió.
-Si, gracias.
-¿Me acompaña afuera, me dice su dirección y yo se lo mando?- preguntó Ben, mientras ayudaba a Charles a llevar el escritorio fuera de la sala.
-Sí, pero luego más tarde. Primero quiero ayudar a este hombre a elegir un regalo- contestó ella mirando a Draco.
-No hace falta, en serio- dijo Draco.
-No importa- sonrió ella y siguió mirando los objetos de la sala.
Llevaban dos minutos en silencio cuando Draco la llamó:
-Eh, Granger ¿Qué te parece esto?
Hermione se acercó a él y vió que le señalaba una vajilla.
-Es una opción, Malfoy, pero en mi opinión deberíamos buscar otra cosa- contestó Hermione.
-De acuerdo.
Hermione volvió a concentrarse en los otros regalos y sus ojos se fijaron en un reloj de cuco, bastante bonito y que hacía juego con el escritorio que tenía ella.
-Malfoy ¿Qué te parece esto?
-Sí, me gusta. Era mi segunda opción- dijo él- Me lo llevaré.
-¿Tenías una segunda opción?- se sorprendió ella- Entonces, ¿Por qué te has quedado para elegir otro regalo?
Draco la miró y le sonrió. Hermione notó como se ruborizaba.
-Voy a buscar al dependiente- dijo Draco y salió de la sala.
Hermione suspiró y ya había recuperado la compostura cuando Draco volvió con Charles para buscar el reloj. Una vez hecho esto, Draco y Hermione fueron a la entrada de la tienda a dejar sus direcciones para que enviaran los regalos a sus respectivos hogares.
Una vez salieron de la tienda, Hermione miró a Draco y dijo:
-Bueno, Malfoy, ya nos veremos en la boda, pues.
-Granger- dijo Draco, un poco nervioso- ¿te apetece tomar algo en la Heladería?
-¿Qué?- no podía creer lo que escuchaban sus oídos.
-No me hagas repetirlo, Granger- dijo Malfoy sonriendo.
Hermione sonrió y asintió.
-Venga, vamos.