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De una boda sale otra ¿no? — capítulo 4
Buenas.
Como siempre, muchas gracias a todos los que leen este fic. Un saludo muy especial a natascha y a Rosy Malfoy por sus comentarios. Un beso a todos.
La heladería de Florean Fortescue era famosa en todo el Callejón Diagón por los helados tan deliciosos que allí se vendían. Hacia allí encaminaron sus pasos Draco Malfoy y Hermione Granger. Al principio iban algo callados, como es lógico, ya que durante toda su vida se habían llevado como el perro y el gato y sólo en los últimos días Draco había tenido detalles preciosos con ella, por lo que no sabían si seguían siendo enemigos, amigos o algo más.
Hermione miraba el apuesto perfil de Draco Malfoy a su lado y pensaba:
-Ay, Dios mío, me muero. ¿Por qué eres tan bueno conmigo, rubio? Como vuelvas a hacer algo semejante a lo que pasó en la tienda, te juro que te agarro y no te suelto… Pero bueno, Hermione, no te tienes que hacer muchas ilusiones con él. Es Malfoy. Durante toda tu vida te ha insultado, humillado… Ay, ¿Por qué tiene que ser tan guapo y tan amable conmigo? No me estas poniendo las cosas fáciles ¿eh?
-¿Granger, estás bien?- preguntó Malfoy.
-Sí, perfectamente- dijo ella, poniéndose digna.
-No, cómo me estabas mirando con una sonrisilla siniestra…- dijo él, sonriente.
-¿Yo?- se sorprendió Hermione- Para nada. Es que estaba mirando…- detrás de Malfoy había una tienda donde vendían puros- que ahí hay una tienda de puros- dijo tratando de evadirse.
-¿Y?- preguntó Malfoy, enarcando una ceja.
-Y… que, como mi padre fuma, había pensado en que debería comprarle un paquete- dijo Hermione.
-Embustera, embustera, cara de pera- pensó Hermione.
Draco la miró sorprendido.
-Pero… ¿tu padre no es una especie de medimago, pero para muggles?
-Más o menos ¿por?- contestó ella.
-¿Y por qué fuma? Si es malísimo- preguntó el rubio, un poco desconcertado.
-Bueno, el es dentista. Se ocupa de los dientes solamente. Pero tienes razón, no debería fumar. Además, el tabaco mancha los dientes, no sé por qué lo hace.
-Que raros son los muggles…- murmuró Draco, negando con la cabeza.
-Como en todas partes, hay de todo- dijo ella.
-¿Vamos, pues?- dijo Draco, extendioendo el brazo para que Hermione continue caminando.
-Sí…
En ese momento unos veinte niños pasaron por su lado corriendo en dirección a la Heladería de Florean, que estaba al otro lado de la calle. Uno de los niños, al pasar, golpeó a Hermione en el costado, lo que hizo que la chica perdiera el equilibrio y se tambaleara a punto de caerse… hasta que unas manos muy suaves la cogieron de la cintura y la enderezaron. Hermione miró hacia arriba, hacia su rescatador, que no era otro que Draco.
-Gracias- dijo ella, sin apartar la mirada de los ojos grises de Malfoy.
-De nada, Granger- dijo Draco, con la voz un poco ronca y sin soltarle la cintura.
Se quedaron así unos segundos, mirándose, cuando oyeron una voz.
-¿Eh, señorita?- dijo el niño que la había empujado. Tendría unos ocho años.
-Deberías andar con más cuidado- dijo Draco, en su mejor tono Malfoy- Casi la tiras al suelo.
-Lo siento mucho, no fue mi intención. Vine a comprobar que estaba bien- dijo el chico, completamente compungido.
-Bueno- dijo Malfoy un poco más relajado- No pasó nada. Por suerte.
Hermione miró a Draco y luego al niño. Se enderezó y le apartó la mano de su cintura.
-No te preocupes, no pasó nada- dijo Hermione y le sonrió al niño- la próxima vez vé con más cuidado.
El niño asintió, les sonrió y se fue con sus amigos.
-Vamos, Malfoy- dijo Hermione mientras caminaba hacia la heladería, con Malfoy a la zaga.
D&H
La verdad es que el servicio que se daba en la Heladería de Florean Fortescue seguía siendo tan bueno como antes de que el dueño, Florean Fortescue, fuera secuestrado y luego asesinado por Voldemort. Nada más llegar, el empleado les llevó a una mesa situada en la terraza del piso superior y les tomó nota: helado de limón para Hermione y de vainilla para él.
-Qué clásica eres, Granger- dijo Draco en tono amistoso- De limón…
-Pues anda que tú- dijo ella en tono divertido- que lo elegiste de vainilla…
-La vainilla es muy sofisticada.
-Cómo no. A ti todo lo sofisticado te gusta.
-En eso tienes razón, porque me gustas tú- dijo él, dejando a Hermione con la boca abierta.
Hubo unos minutos de silencio en los cuales Draco se reprendió mentalmente:
-Estúpido, cabeza de chorlito, vergueza de tu familia, alocado, animal…
-Venga ya, Malfoy. No conocía esa faceta tuya de bromista.
-Granger, yo…
En ese momento apareció una camarera con los helados. Depositó la bandeja encima de la mesa y se marchó, no sin antes guiñarle un ojo a Draco.
-Ves, esa si es más tu estilo- gruñó Hermione.
Draco la miró con detenimiento. Parecía enfadada. Había cruzado las piernas por debajo de la mesa y le daba vueltas a su copa de helado con el ceño fruncido.
-Ese tipo de chicas no me van, Granger. No sé porqué te pones así.
-Tienes razón. No sé porque me meto. Es tu vida y tú sabras con quién andas- dijo ella.
-No me lo puedo creer. ¿Estás celosa, Granger?
-¿Qué dices, tu estás loco? Por supuesto que no- dijo ella, roja como un tomate.
-Ah, vaya. Creía que sí.
-Pues no.
-Pues vale.
-Pues bien.
-Pues genial.
Hermione suspiró, cada vez más enojada.
-jajajajajaja- pensó Draco- Te pille, Granger. Estás celosa y lo sabes. Se pone aún mas guapa cuando está celosa. Me la comía…
-Ejem- dijo una voz, interrupiendo los pensamientos de Draco.
-¿Sí?- dijo Hermione, un poco altiva ya que se trataba de la camarera de antes.
-Perdonen, pero ha llegado una lechuza a su nombre, señor Malfoy- dijo ella sonriendo seductoramente.
-Ah, muchas gracias- dijo Draco sin apenas mirarla.
Querido Draco:
Perdona que te mande una lechuza a estas horas, pero es urgente. El padre de Astoria, que iba a ser el padrino, se ha fracturado la rodilla y no puede estar de pié. Sé que es un poco precipitado, pero ¿Quieres ser el padrino? Por favor, no tengo a nadie más de confianza para pedírselo, ya que mi padre no puede ser debido a que se fugó con su amante el verano pasado. Por favor, contéstame lo más pronto que puedas.
Un abrazo.
Blaise
Draco miró la carta y suspiró.
-¿Malas noticias?- preguntó Hermione.
-No, en absoluto- respondió Draco, atacando el helado- El padre de Astoria se ha lesionado y no puede ser el padrino.
Hermione se atragantó y le miró como si estuviera loco.
-¿Y dices que no son malas noticias?- dijo incrédula.
-No, porque ya hay sustituto.
-¿Quién?- inquirió ella.
-Yo.
-¿Tú? Pero… ¿estás seguro?- preguntó Hermione.
-Claro. Además no es tan difícil. Sólo hay que acompañar a la novia hasta el altar y hacer un discursoy creo que puedo caminar y hablar- dijo Draco en tono bromista.
-Y bailar el vals- añadió ella.
-¿Qué?- dijo Draco. Con eso no contó.
-El padrino tiene que bailar con la madrina en el primer baile y luego con la novia y las damas de honor- explicó Hermione.
-Ay, Merlín- dijo él, desolado.
-¿Qué pasa?- preguntó Hermione.
-Me repatea que te enteres de esto, pero no sé bailar vals.
-Me iba a enterar de todas formas, dado que yo soy una de las damas de honor.
-Anda, que bien- sonrió Draco- ¿Y ahora que hago yo?
Hermione le miró y le dijo
-Mira, te voy a devolver el favor por el escritorio, invitarme al helado y salvarme de que me cayera en el suelo: te enseñaré a bailar- dijo ella, rotunda.
-¿Qué? ¿Tú sabes bailar el vals?
-Por supuesto. Y no te quepa duda que tendrás a la mejor maestra- dijo ella, sonriendo.
-De eso estoy seguro- sentenció él.