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Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 11
Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo
El sombrero seleccionador
Por fin - dijo Harry cerrando el libro -. Este sí que ha sido un capítulo larguísimo.
Pero ahora por fin estás en Hogwarts. Ahora es cuando empieza lo bueno - sonrió Sirius.
Si tú lo dices... - dijo Harry, pero estaba sonriendo.
Claro que lo digo. Ya verás - replicó su padrino -. Pásame ese libro, que estoy deseando leer tu Selección.
Harry perdió la sonrisa y su cara mostró un destello de pánico.
¿Harry? - se preocupó Sirius.
No es nada. Toma el libro - dijo alargando el brazo para alcanzárselo.
Harry, ya hemos hablado de esto - murmuró Hermione inclinándose por encima de Ron -. A no nosotros no nos importa y a ninguno de los que están aquí tampoco.
Y si alguien tiene algún problema con eso, es un idiota - dijo Ron antes de sonreír -. A los únicos a los que les va a importar va a ser a los Slytherin porque perdieron la oportunidad de ganar la Copa de la Casa estos dos años.
Harry sonrió, pero no se relajó del todo, no iba a hacerlo hasta ver con sus propios ojos. Ron y Hermione pusieron los ojos en blanco exasperados.
¿Harry? - le llamó Sirius de nuevo aún preocupado -, ¿qué ocurre?
No es nada - intervino Ron -. Solo Harry preocupándose de nuevo por nada.
Solo lee, Sirius, y ya verás a qué nos referimos - suspiró Hermione.
El resto no estaban nada convencidos, pero se giraron hacia Sirius.
El sombrero seleccionador
La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí.
McGonagall - dijeron todos sonriendo. La estricta profesora había sido la que los había recibido en las puertas del castillo a todos ellos.
¡Minnie! - exclamaron los merodeadores.
¡Señor Black!, ¡señor Lupin!, ya les he advertido que no me llamen así - dijo la profesora fulminándoles a través de sus gafas.
Oh, vamos, profesora, yo creo que en el fondo hasta le ha cogido cariño al apodo - dijo Sirius con una sonrisa -. Le cogió cariño a James y era el que más lo utilizaba.
La propia McGonagall tuvo que reprimir una sonrisa.
Además, llevo desde primer año intentando que no me llame Black y aún no lo he conseguido - añadió él.
¡Es su apellido! - exclamó ella.
Y Minnie es su apodo - replicó el hombre haciendo que todos tuvieran que sofocar una carcajada ante la cara de la normalmente imperturbable mujer -. Yo no me puedo librar de mi apellido y usted tampoco de su apodo.
Volvió al libro dejando a McGonagall sin saber si echarse a reír o seguir discutiendo con él.
Tenía un rostro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.
Por lo menos usted sí que lo comprendió, señor Potter - dijo McGonagall todavía fulminando con la mirada a Sirius.
No estoy seguro de eso, profesora - dijo George.
Harry ha causado en estos dos años más problemas que nosotros en cuatro - sonrió Fred.
¡No es culpa mía! - protestó Harry. Hermione le miró con cara de escepticismo y las cejas alzadas mientras que Ron soltó un resoplido divertido -. Bueno, no todos.
—Los de primer año, profesora McGonagall—dijo Hagrid.
—Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.
Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Dursley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.
Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha (el resto del colegio debía de estar allí), pero la profesora McGonagall llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.
—Bienvenidos a Hogwarts —dijo la profesora McGonagall—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupéis vuestro lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estéis aquí, vuestras casas serán como vuestra familia en Hogwarts.
Harry tuvo que reprimir un gruñido de desacuerdo. La familia no se abandona ni se dan la espalda unos a otros (a no ser que fuese los Dursley), pero ya era el segundo año consecutivo que a Harry le marginaban durante semanas, meses en el caso de este último curso.
Puede que Gryffindor sí le apoyase cuando todo iba bien, pero en cuanto algo se torcía habían dejado de estar a su lado. No le habían probado que fuesen su familia y que podía contar con ellos en cualquier momento.
Esos habían sido Ron y Hermione, por encima de cualquier otro. Los Weasley también habían creído en él en todo momento y Tonks y los dos merodeadores, sobre todo Sirius, parecía que actuarían igual que ellos.
Nunca había sido especialmente cercano a Neville y por eso nunca se había dado cuenta hasta ahora, pero el chico siempre le había dado su apoyo silencioso. Y por eso decidió que ya era hora de conocer mejor a Neville. Después de todo, siendo sus respectivas madrinas la madre del otro habrían crecido como hermanos de no ser por Voldemort, ¿no? A Luna la había conocido ese mismo día, pero había algo en ella que le decía que podía confiarle su vida a la chica. A lo mejor era su brutal sinceridad, o su extraña y extraordinaria manera de ver el mundo, o tal vez el cómo parecía apreciar a los amigos por encima de todo, igual que él, pero había algo.
No iba a confiar en alguien tan solo por ser de Gryffindor. Confiaba en los que le apoyaban incluso cuando las cosas iban mal y punto.
Tendr****éis clases con el resto de la casa que os toque, dormiréis en los dormitorios de vuestras casas y pasaréis el tiempo libre en la sala común de la casa.
»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estéis en Hogwarts, vuestros triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos vosotros seréis un orgullo para la casa que os toque.
»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Os sugiero que, mientras esperáis, os arregl****éis lo mejor posible.
Los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron.
Ron se sonrojó de nuevo y fulminó con la mirada a su mejor amigo.
¡No es mi culpa que siguieses con la nariz manchada! - protestó Harry levantando las manos.
Pero sí eres tú quien se sigue fijando en eso - replicó el pelirrojo con los ojos entrecerrados.
Vamos, Ron, no seas infantil - se impacientó Hermione -. Ya nos hemos enterado de que no te gusta que Harry se fije en tu nariz.
Pero, Hermione...
Nada de peros - cortó ella para diversión de todos menos de Ron -. Sigue leyendo, por favor, Sirius.
Con nerviosismo, Harry trató de aplastar su cabello.
No va a funcionar - bufó Sirius divertido -. Después de once años y sigues intentándolo. No sé para qué te molestas si sabes que es imposible.
Si McGonagall te hubiese estado mirando igual que nos estaba mirando aquel día, tú también lo habrías intentado - respondió Harry.
De todas formas no tenía muchas esperanzas de que lo consiguiese, señor Potter - intervino la profesora -. Jamás vi a James peinado. Ni siquiera el día que se casó con Lily.
¿Usted fue a la boda de mis padres? - preguntó Harry pasmado.
Seguimos en contacto después de que saliesen del colegio y al final nos hicimos bastante cercanos - explicó ella sintiéndose incómoda por hablar de esto delante de todo el comedor -. Y no solo con ellos, sino con el señor Black y el señor Lupin aquí presentes.
Todos estaban pasmados mirando a la estricta profesora y a dos de los estudiantes que más problemas le habían dado y enterarse que en realidad eran amigos cercanos. Remus estaba tan incómodo como McGonagall, pero Sirius ignoró todas las miradas.
Y a pesar de eso sigue llamándome señor Black - dijo con una sonrisa descarada -. Creo que ya es hora de que nos llame por nuestros nombres. Ya no estamos en el colegio.
Supongo... que eso es cierto - admitió ella tras un momento de duda -. Está bien... Sirius.
¡Estupendo! - exclamó él satisfecho -. Ya no tengo que oír todo el rato que soy un Black - McGonagall sintió una punzada de culpa por haberle estado llamando por su apellido todos estos años cuando él claramente detestaba a su familia -. Ahora nos vamos a llevar mucho mejor, Minnie.
¡Sirius! - exclamó ella frunciendo el ceño de nuevo, pero él prefirió ignorar tanto eso como las miradas incrédulas del resto de los presentes y siguió leyendo.
—Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—****. Por favor, esperad tranquilos.
No sé cómo quiere que esperen tranquilos, profesora - sonrió Bill.
Yo personalmente me pongo más nerviosa cuando me dicen que esté tranquila - dijo Tonks -. Es como si ya te estuviesen diciendo que algo malo va a pasar.
No eres la única. Creo que es lo peor que le puedes decir a alguien que quieres que mantenga la calma - resopló Charlie.
Pero luego es genial cuando llegan al Gran Comedor - dijo Fred con una sonrisa traviesa.
Tan pequeños e inocentes - suspiró George fingiendo tener la mirada perdida.
Os habéis dado cuenta que vosotros también fuisteis de primero, ¿no? - señaló el señor Weasley.
Los dos se giraron hacia él con idénticas sonrisas que no prometían nada bueno.
Pero, papá, nosotros creíamos que nos conocías - dijo George.
Nosotros no fuimos inocentes alumnos de primero en ningún momento - asintió Fred.
Exacto. Esa primera noche preparamos nuestra primera broma - dijo George hinchando el pecho orgulloso.
Y a la mañana siguiente los Gryffindor ya sabían que tenían dos nuevos bromistas en su casa - terminó Fred.
¿Y qué hicisteis exactamente? - preguntó Molly con los ojos entrecerrados.
Eso, mamá, es una historia para otro momento - Fred evitó responder rápidamente.
Ahora mismo estamos con la de los problemas que han causado y causarán Harry, Ronnie y Hermione - George se giró hacia Sirius metiéndole prisa para que siguiera leyendo.
Salió de la habitación. Harry tragó con dificultad.
—¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos? —preguntó a Ron.
—Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era una broma.
¡Fred y George Weasley, ¿cómo se os ocurre decirle una cosa así a vuestro hermano?! - se escandalizó la señora Weasley.
¿Cómo iba a saber yo que se iba a creer cada cosa que dijese? - replicó él con los ojos abiertos por la sorpresa de que fuese así. Una oleada de culpa le asaltó cuando pensó en todos los pequeños comentarios que le había hecho creyendo que no le creería.
¿Y por qué asumís que yo tuve algo que ver? - se indignó George.
No sé. Tal vez porque eres su hermano mayor - ironizó Tonks con el ceño fruncido.
Y vosotros dos hacéis todo juntos - señaló Bill mirando mal a los dos -. Y aunque fuese idea solo de uno, el otro seguro que está de acuerdo si es una broma.
No decimos que no debáis gastar jamás una broma - intervino el señor Weasley muy serio -, pero no podéis tomarle el pelo a alguien cuando algo de verdad importa, como en este caso. Ron ya estaba nervioso por empezar Hogwarts como para que encima le dijeseis algo así.
Los gemelos tuvieron la decencia de bajar la cabeza avergonzados por una vez de una de sus bromas.
No importa - habló Ron pareciendo tan incómodo como los gemelos parecían culpables -. Fue hace dos años y solo fue una broma que no hizo daño a nadie ni nada.
Fred y George le mandaron una mirada agradecida.
El corazón de Harry dio un terrible salto. ¿Una prueba? ¿Delante de todo el colegio? Pero él no sabía nada de magia todavía...
Todos soltaron risitas divertidos.
¡Hey!, entré en pánico y se me olvidó que ninguno de los que estábamos sabíamos ningún hechizo - se defendió Harry sonrojado -. Bueno, excepto Hermione. Ella sí que sabía varios - dijo pensativo después de un segundo.
¡Harry!
Con esto las risas se duplicaron al ver cómo la bruja se giraba hacia su amigo entre orgullosa de sí misma y avergonzada.
¿Qué haría? No esperaba algo así, justo en el momento en que acababan de llegar. Miró temblando a su alrededor y vio que los demás también parecí****an aterrorizados.
Por supuesto que estábamos aterrorizados - dijo Neville -. Todos habíamos oído a Ron y pocos sabíamos en qué consistía la Ceremonia de la Selección.
Ups. Perdón - se disculpó Ron, pero sonreía divertido.
Nadie hablaba mucho, salvo Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría.
Los que estaban en el mismo curso que Hermione bufaron al recordar eso. Les había puesto de los nervios a todos. Por su parte la bruja se sonrojó furiosamente bajo las miradas incrédulas de todos los demás.
¿En serio? - soltó Sirius de golpe.
No sabíamos que solo había que ponerse un sombrero y yo también pensé que iba a haber que realizar algún hechizo - se justificó ella -. Y luego oí a Ron decir que era una especie de prueba y me pasó como a Harry. ¡Me puse nerviosa! - terminó a la defensiva.
Y no nos parece mal - se apresuró a aclarar Harry -. A mí me parece estupendo que te sepas un montón de hechizos y sepas usarlos. Solo, por favor, ¿podrías repasarlos mentalmente en vez de ponernos de los nervios a todos? - pidió.
Hermione no confiaba en poder hablar sin echarse a reír ante la cara de súplica de Harry así que tan solo asintió con la cabeza y sonrió divertida.
Harry intent****ó no escucharla. Nunca había estado tan nervioso, nunca, ni siquiera cuando tuvo que llevar a los Dursley un informe del colegio que decía que él, de alguna manera, había vuelto azul la peluca de su maestro.
¡Estás de broma! - exclamaron los gemelos con una sonrisa de oreja a oreja y expresión incrédula. Apenas se les oyó por encima de las carcajadas.
¿De verdad volviste la peluca de tu profesor de color azul? - preguntó Sirius limpiándose una lágrima que se le había salido al reírse.
Fue sin querer - murmuró Harry con una pequeña sonrisa y rojo como un tomate -. El profesor me estaba regañando por no haber hecho los deberes y no me creía cuando le decía que mi tía no me había dejado hacerlos. Y él seguía gritándome porque era la segunda vez esa semana y... no sé. Me enfadé con él por ser corto de entendederas y, bueno, su peluca era tan negra que tenía reflejos azules a veces. Supongo que por eso se volvió de pronto azul.
Se lo merece - asintió Fred molesto con ese profesor.
Por estúpido - estuvo de George con el ceño fruncido.
¿Y cómo reaccionaron los Dursley? - se atrevió a preguntar Neville casi temiendo la respuesta.
Fue casi tan malo como lo de la serpiente del zoo - admitió Harry con una mueca antes de sonreír de nuevo -. Pero solo por ver la cara que se le puso a ese profesor valió la pena.
¿Te imaginas si hubiese pasado con alguno de Hogwarts? - preguntó Ron con una mirada divertida -. Con McGonagall, por ejemplo.
Todos se giraron hacia la profesora y fue imposible contener las carcajadas al imaginársela con el pelo azul eléctrico.
¿Y con Hagrid? - dijo Ginny recuperando el aliento.
Una vez más se ahogaron en carcajadas y cada vez que miraban a otro profesor volvían a desternillarse. Aún así, los que más risas recibieron fueron McGonagall, Dumbledore y, por supuesto, Snape. Tardaron mucho tiempo en calmarse después de eso e incluso entonces ninguno pudo borrar una enorme sonrisa divertida de su cara.
Los profesores y los dos aurores mientras tanto no estaban prestando atención a este juego. Se estaban mirando entre ellos con los ojos muy abiertos sorprendidos por la magia de Harry. La magia accidental de los niños solía consistir en hacer estallar cosas o atraerlas hacia ellos, tal vez hacer levitar algo como mucho, pero los estallidos de Harry eran muy inusuales. Parecían tener un motivo demasiado definido y requerían hechizos demasiados avanzados.
El que le volviese a crecer el pelo era algo que se enseñaba en sexto curso con los cambios de imagen, el hechizo para hacer encoger el jersey y el de hacer desaparecer el vidrio eran de cuarto curso, ¡y volar era algo que muy pocos sabían hacer y muchos consideraban imposible! Ahora otro hechizo de sexto curso, el de cambio de color. Y todos eran muchos más concretos que un estallido por una rabieta.
Tal vez, empezaron a pensar algunos mirando al chico con curiosidad, no era tanto magia accidental sino que era capaz de hacerlo sin varita. Algo que nadie había hecho desde los fundadores de Hogwarts. Era una idea que muchos considerarían absurda, pero ellos ya sabían que el chico era muy poderoso.
Dumbledore en concreto estaba recordando a otro estudiante de hacía cincuenta años que también había controlado el resultado de esos estallidos de magia accidental al que había ido a ver a un orfanato. Era cierto que Tom parecía tener más control que Harry, pero a Tom no le habían dado palizas por hacer magia hasta el punto de intentar suprimirla voluntariamente. Iban a vigilar muy de cerca a Harry por si algo así volvía a ocurrir.
Mantuvo los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y lo llevaría a su juicio final.
Demasiado dramático, diría yo - opinó Hermione poniendo los ojos en blanco -. ¿A tu juicio final? ¿En serio, Harry?
Como si tú no hubieses estado pensando algo parecido - se defendió el chico totalmente abochornado.
Son tus pensamientos los que estamos leyendo, no los míos - replicó Hermione rápidamente.
Sí, claro. Por suerte para ti - bufó Harry medio divertido.
Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.
¿Qué pasó? - preguntó Sirius tensándose.
No fue nada peligroso ni nada - le tranquilizó Harry en seguida.
Ni siquiera Harry es capaz de meterse en problemas antes del banquete de bienvenida - dijo Tonks.
En realidad... - empezó George con una sonrisa.
El pequeño Harry ha demostrado ser perfectamente capaz de eso - terminó Fred haciendo resoplar divertidos a todos los que conocían la historia del Ford Anglia volador.
Eso no me tranquiliza para nada - suspiró Sirius.
No fue en primero, si te sirve de algo - su ahijado se encogió de hombros divertido.
—¿Qué es...?
Resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás.
Solo son los fantasmas - se relajó Remus.
Ya sabías que no era nada peligroso - le recordó Harry.
Siempre es mejor oír qué fue exactamente lo que ocurrió - dijo el merodeador con una sonrisa.
De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo. El que parecía un monje gordo y pequeño, decía:
El fantasma de mi casa, el Fraile Gordo - sonrió Tonks contenta por la aparición del fantasma de Hufflepuff.
Muchos otros tejones tenían la misma expresión que la metamorfomaga.
—Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...
¿Otra vez con eso? - bufó Bill poniendo los ojos en blanco -. Todos los años tienen esa discusión alguna vez.
¿A qué te refieres? ¿Y cómo sabes de qué está hablando el Fraile Gordo? - preguntó Tonks confundida.
Todos los años los fantasmas acaban hartos de Peeves y discuten qué hacer con él. El Fraile Gordo es uno de los pocos que siguen queriendo darle otra oportunidad - explicó Charlie.
Nunca van a conseguir echar a Peeves. Él forma parte de este castillo tanto como el Sombrero Seleccionador - le quitó importancia Fred.
Le da igual que le den otra oportunidad o no. Seguirá creando tanto lío como pueda - rio George.
Es cierto que Hogwarts no sería lo mismo sin Peeves - estuvo de acuerdo Harry -. Ya sé que solo molesta, pero faltaría algo. No sé.
Como ha dicho Fred - dijo Sirius -, Peeves forma parte del castillo.
—Mi querido Fraile,****¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué estáis haciendo todos vosotros aquí?
El fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año.
¡Nick! - exclamaron los Gryffindor entusiasmados.
El fantasma los había ayudado a todos en alguna ocasión ya fuese para encontrar el camino a una clase o para que no les pillasen después de una travesura. Era el único fantasma que hacía esto último porque los de Slytherin y Ravenclaw apenas se relacionaban con los estudiantes de sus casa y, a pesar de que el Fraile Gordo sí que estaba dispuesto a echarle una mano a alguien, su sentido de la justicia pocas veces le permitía ayudar a un estudiante a escapar de un castigo.
En realidad Nick estaba tan dedicado a velar por los Gryffindor que se tomaba casi como una ofensa si alguno pedía ayuda a otro fantasma.
¿Creéis que han conseguido despetrificar a Nick? - murmuró Harry preocupándose un poco por el fantasma.
Sí, le he oído a Dean que le había visto en el banquete de anoche
-
le aseguró Ron.
Bien - suspiró aliviado el chico -. ¿Cómo lo han hecho? No es como si le pudiesen dar a beber la poción de mandrágoras.
No tengo ni idea - dijo Hermione, frunciendo el ceño entre curiosa por saberlo y molesta por no ser capaz de ver cómo lo habían logrado.
Nadie respondi****ó.
—¡Alumnos nuevos! —dijo el Fraile Gordo, sonriendo a todos—. Estáis esperando la selección, ¿no?
Algunos asintieron.
—¡Espero veros en Hufflepuff—continuó el Fraile—. Mi antigua casa, ya sabéis.
—En marcha —dijo una voz aguda—. La Ceremonia de Selección va a comenzar.
La profesora McGonagall hab****ía vuelto.
Y con ella volvieron los nervios - dijo Hermione.
Estábamos mucho más tranquilos hablando con los fantasmas, incluso aunque fuese la primera vez que veíamos uno - bufó Harry.
Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.
—Ahora formad una hilera**—dijo la profesora a los de primer año— y seguidme.**
Con la extraña sensación de que sus piernas eran de plomo, Harry se puso detrá****s de un chico de pelo claro,
¡Ese soy yo! - exclamó Seamus -. Sí que he tardado en aparecer.
Por lo menos tú ya has salido - dijo Dean -. Yo aún no he hecho mi gran entrada.
Y me parece que te queda un rato - intervino Harry -. Creo que no te vi hasta que empezó el banquete.
Dean bufó y se giró hacia Sirius fingiendo estar indignado.
con Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Harry nunca habría imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro.
Remus le sonrió al director. Habían empezado a ser de oro el año que había entrado él en Hogwarts porque él no habría podido usar los de plata que se usaban antes. Le estaba eternamente agradecido a Dumbledore. No habrían tardado ni una semana en descubrir su secreto si hubiesen visto que se quemaba con la plata o que habría tenido que usar otros cubiertos.
Dumbledore le devolvió la sonrisa agradeciendo mentalmente a su amigo Nicolas Flamel por ayudarle con la Piedra Filosofal a transformar todo. Habría costado una fortuna tener que comprarlo todo en vez de eso.
En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un techo de terciopelo negro, salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione:«Es un hechizo para que parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».
¿Te leíste Historia de Hogwarts antes de ir siquiera? - dijo Charlie con una ceja alzada -. Yo no me he acercado a ese libro ni siquiera después de haber ido al castillo.
¡Claro que me lo leí antes de ir a Hogwarts! - replicó Hermione -. Es la mejor forma de tener una idea de lo que esperar al llegar allí. Aprendí un montón de cosas, como la historia de como lo fundaron y varios de los hechizos que tiene. El del techo o el de las habitaciones de las chicas son solo algunos de ellos. Hay muchos más que aparecen en el libro, pero me lo voy a tener que leer para recordarlo y estoy segura que hay aún más que no se mencionan...
Hermione - la interrumpió Ron exasperado. Harry y él eran los únicos que no tenían una expresión aturdida al oír el apasionado monólogo de la bruja porque no era el primero que habían oído y definitivamente tampoco sería el último -, no tengo ni idea de qué demonios estás hablando. Algo de hechizos en Hogwarts que no me extraña en absoluto que sepas que hay - dijo poniendo los ojos en blanco antes de preguntar curioso -. Espera, ¿has dicho algo de hechizos en las habitaciones de las chicas?
En concreto, en las escaleras o corredores que llevan a ellos - puntualizó Hermione -. Hay hechizos para impedir que los chicos lleguen a las habitaciones de las chicas.
¿Qué? - exclamó el pelirrojo atónito -. ¿Y por qué no los hay también para las habitaciones de los chicos?
Los fundadores consideraron que las chicas eran más de fiar que las chicas en esos temas - sonrió divertida.
¡Eso no es justo! - protestó Ron indignado.
Lo que nosotros nos preguntamos - intervino George interrumpiendo lo que prometía ser otra monumental discusión entre los dos.
Es cómo sabe nuestro hermanito que no existen esos hechizos para las habitaciones de los chicos - dijo Fred mirando con una sonrisa traviesa cómo Ron se sonrojaba.
Eso estoy casi seguro que aparecerá en el segundo libro - le rescató Harry haciendo un enorme esfuerzo para no echarse a reír.
Era dif****ícil creer que allí hubiera techo y que el Gran Comedor no se abriera directamente a los cielos.
Harry bajó la vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio. Tía Petunia no lo habría admitido en su casa.
Ni nosotros habríamos permitido que lo metiese ahí - resopló Sirius.
No se lo merece después de cómo desprecia el mundo mágico - estuvo de acuerdo Tonks.
Harry se imaginó al Sombrero Seleccionador en de la repisa encima de la chimenea de la casa de los Dursley y qué pasaría si de pronto se pusiese a cantar con ellos en el salón. Tan solo la imagen casi consiguió que se desternillase de risa, pero no creía que estuviesen ahora de humor para carcajadas justo después de un recordatorio de sus tíos así que apretó los labios y reprimió el impulso.
Tal vez ten****ían que intentar sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo irreflexiblemente, eso era lo típico de...
¿Sacar un conejo del sombrero? - repitió Bill divertido con una ceja alzada.
Es el truco que realizan siempre todos los muggles que pretenden hacer magia - explicó Hermione.
¡Pero los muggles no pueden hacer magia! ¡Por eso son muggles! - exclamó Ron confundido.
He dicho pretenden, Ron - replicó poniendo los ojos en blanco -. Son más bien ilusionistas. Parece que hacen magia, pero todo el mundo sabe que en realidad solo distraen tu atención hacia otro lado mientras realizan el truco en otro. Lo que pasa es que algunos son muy buenos y es muy difícil pillarlos.
¿Sabes?, yo creo que te gustaría, Ron - intervino Harry pensativo -. Y a usted también, señor Weasley. Y vosotros dos podríais conseguir ideas para bromas - añadió mirando a los gemelos, que inmediatamente se enderezaron interesados y sonrieron traviesos.
¡Buena idea, Harry! - exclamó Hermione emocionada -. Estoy segura que mis padres saben donde hay algún espectáculo de esos este verano, pero tenemos que asegurarnos de que sea uno bueno, no uno al que se le vean los trucos a un kilómetro de distancia...
Hermione - la interrumpió Harry divertido -, ya prepararemos todo después. Ahora tenemos que terminar este capítulo.
Oh. Vale - se sonrojó.
Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos segundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:
¿Vas a cantar tú también, Sirius? - preguntó Tonks inocentemente.
Solo si tú cantas conmigo, sobrina - replicó con una media sonrisa.
Eres tú quien está leyendo, no yo - intentó librarse ella viendo el lío en el que se había metido -. Y no me sé la letra, así que no puedo ayudarte.
Nosotros sí nos la sabemos - saltaron los gemelos Weasley. Y sin esperar a nada más se pusieron de pie y, con una mano en el pecho de forma dramática, empezaron a cantar la canción entre risas.
Oh, podrás pensar que no soy bonito,
pero no juzgues por lo que ves.
Me comeré a mí mismo si puedes encontrar
un sombrero más inteligente que yo.
Puedes tener bombines negros,
sombreros altos y elegantes.
Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts
y puedo superar a todos.
No hay nada escondido en tu cabeza
que el Sombrero Seleccionador no pueda ver.
Así que pruébame y te diré
dónde debes estar.
Puedes pertenecer a Gryffindor,
donde habitan los valientes.
Su osadía, temple y caballerosidad
ponen aparte a los de Gryffindor.
Puedes pertenecer a Hufflepuff
donde son justos y leales.
Esos perseverantes Hufflepuff
de verdad no temen el trabajo pesado.
O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw,
Si tienes una mente dispuesta,
porque los de inteligencia y erudición
siempre encontrarán allí a sus semejantes.
O tal vez en Slytherin
harás tus verdaderos amigos.
Esa gente astuta utiliza cualquier medio
para lograr sus fines.
¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo!
¡Y no recibirás una bofetada!
Est**ás en buenas manos (aunque yo no las tenga).
Porque soy el Sombrero Pensante.
Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción.
Lo mismo pasó en el presente mientras todos aplaudían entusiasmados a los gemelos Weasley y estos recibían los elogios con exageradas reverencias.
¿Para qué os aprendisteis esa canción? - preguntó Ginny -. ¿Y cómo demonios lo hicisteis después de oírla una sola vez?
Nos la aprendimos para ocasiones como esta - dijo Fred sentándose.
La de este año también nos la sabemos - añadió George.
Y en cuanto a cómo lo hicimos, eso es un secreto de profesionales - replicó Fred con una sonrisa orgullosa.
Es algo que nosotros sabemos y vosotros tendréis que descubrir - terminó George cruzándose de brazos.
Como si nosotros tuviésemos algún interés en aprendernos la canción del Sombrero Seleccionador todos los años - resopló Ron poniendo los ojos en blanco.
É****ste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.
—¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero! —susurró Ron a Harry—****. Voy a matar a Fred.
Harry sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos. El sombrero parecía exigir mucho, y Harry no se sentía valiente ni ingenioso ni nada de eso, por el momento. Si el sombrero hubiera mencionado una casa para la gente que se sentía un poco indispuesta, ésa habría sido la suya.
Eso es lo que piensa casi todo el mundo - dijo Remus sonriendo.
Sobre todo cuando llega el momento de probarse de verdad el Sombrero
- dijo Bill -. Si no estabas nervioso antes, entonces seguro que lo estás ahora.
La profesora McGonagall se adelantaba con un gran rollo de pergamino.
—Cuando yo os llame, deberéis poneros el sombrero y sentaros en el taburete para que os seleccionen —dijo—. ¡Abbott, Hannah!
La chica sonrió al oír su nombre y se sonrojó un poco cuando toda su casa se inclinó con anticipación. Su amiga Susan Bones le envió una sonrisa divertida que no hizo más que conseguir que su cara se pusiese más roja todavía que antes.
Una ni****ña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.
—¡HUFFLEPUFF!—gritó el sombrero.
Toda la casa de los tejones estalló en aplausos incluyendo a Susan, que no pudo evitar reírse de su amiga al ver que seguía sonrojada.
La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff. Harry vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.
—¡Bones, Susan!
Ahora las tuercas estaban cambiadas y era Hannah la que sonreía divertida a la chica a su lado y Susan se sonrojaba hasta las orejas.
—¡HUFFLEPUFF! —gritó otra vez el sombrero, y Susan se apresuró a sentarse al lado de Hannah.
La casa de Hufflepuff volvió a aplaudir con ganas como si estuviesen de verdad en la Selección del año pasado.
—**¡**Boot, Terry!
—¡RAVENCLAW!
La segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaws se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos.
Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw,
Ahora fueron los Ravenclaw los que aplaudieron a sus dos compañeros de casa levantando los brazos y celebrándolo por todo lo alto.
pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry pudo ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando.
La reacción del presente no fue mucho más distinta. Los leones estallaron en vítores y aplausos al recibir al primer Gryffindor del año pasado.
Bulstrode, Millicent fue a Slytherin.
Los Slytherin no querían quedarse atrás después de ver la reacción del resto de las casas así que hicieron tanto ruido como les fue posible para recibir a la chica, aunque no fuese la más simpática de la casa.
Tal vez era la imaginación de Harry; después de todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo desagradable.
Lo siento - se disculpó Harry con una mueca -. No era una opinión muy imparcial después de lo que me habían contado de Voldemort - Harry intentó no poner los ojos en blanco al ver que casi todos daban un respingo al oír el nombre -. Y luego los encuentros que tuve con Malfoy... No ayudaron mucho a la opinión que tenía de esa casa.
Los Slytherin le habían estado fulminando con la mirada, pero los que se pararon a pensar en ello no podían echarle la culpa. Ellos tampoco habrían querido estar en la misma casa que la persona con la que casi habían acabado a puñetazos en el tren, mucho menos compartir habitación con esa misma persona durante siete años. Habría sido desastroso, por decirlo simple y llanamente.
Comenzaba a sentirse decididamente mal. Recordó lo que pasaba en las clases de gimnasia de su antiguo colegio, cuando se escogían a los jugadores para los equipos. Siempre había sido el último en ser elegido, no porque fuera malo, sino porque nadie deseaba que Dudley pensara que lo querían.
Bueno, pues ahora eso ya no es así - dijo Ron intentando darle algo de alegría a su tono, pero pareció casi un gruñido.
Creo a ninguna casa le importaría que estuvieses con ellos - añadió Hermione frunciendo el ceño.
Pero por suerte acabaste con nosotros - exclamaron los gemelos con enormes sonrisas.
Harry devolvió la sonrisa intentando no pensar en qué pasaría cuando se diesen cuenta de que había acabado en Gryffindor justo por eso, por pura suerte.
—**¡**Finch-Fletchley, Justin!
—¡HUFFLEPUFF!
Los tejones volvieron a aplaudir al chico, que sonreía contento.
Harry notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.
—Finnigan, Seamus. —El muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.
Los leones volvieron a vitorear mientras Dean le daba palmadas en la espalda a su mejor amigo y este intentaba quitárselo de encima sonrojado.
—Granger, Hermione.
Hermione casi corri****ó hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.
—¡GRYFFINDOR! —gritó el sombrero.
De nuevo los leones aplaudieron, pero Harry estaba seguro de que lo hacían con mucho más entusiasmo que con los anteriores. Sonrió satisfecho para sí mismo mientras él también gritaba por todo lo alto y Ron y él le daban un abrazo a la sonrojada chica. Ya era hora de que la apreciasen por todo lo que valía.
Ron gruñó.
Oh, no - gruñó el pelirrojo de nuevo enfadado consigo mismo -. ¿Cómo podía ser tan idiota? Lo siento muchísimo, Hermione. No te conocía y era un idiota... Bueno, soy un idiota, en realidad...
Ron, da igual - le interrumpió sonriendo -. Ahora has estado aplaudiendo con todos los demás y ya habíamos dicho que no íbamos a tenernos en cuenta nada de lo que aparezca en estos libros así que, da igual. No vamos a tener esta conversación de nuevo. No nos llevábamos bien hasta Halloween y punto.
¿Halloween? ¿Por qué justo Halloween? - preguntó Sirius frunciendo el ceño.
Sigue leyendo y lo verás cuando lleguemos a ese capítulo - replicó Harry con una sonrisa inocente y sin inmutarse cuando su padrino le fulminó con la mirada.
Un horrible pensamiento atacó a Harry, uno de aquellos horribles pensamientos que aparecen cuando uno está muy intranquilo. ¿Y si aél no lo elegían para ninguna casa? ¿Y si se quedaba sentado con el sombrero sobre los ojos, durante horas, hasta que la profesora McGonagall se lo quitara de la cabeza para decirle que era evidente que se habían equivocado y que era mejor que volviera en el tren?
Eso no es posible - sonrió Sirius levantando la vista divertido -. ¿Cómo pudiste pensar algo así? Si has recibido la carta de Hogwarts es que estás hecho para venir a este castillo y por supuesto que encajarías en alguna de las casas.
Ni siquiera yo pensé eso - dijo Neville haciendo todo lo posible para esconder una sonrisa -. Estaba preocupado por si iba a recibir la carta, pero si te llega entonces ya no hay duda.
¡Estaba de los nervios! - se defendió Harry con una sonrojo que haría sentir orgullosos a los Weasley.
Y el Sombrero no tarda horas en decidir en qué casa ponerte - añadió Remus ignorando un poco las protestas del chico.
Aunque sí que tardó una eternidad contigo. Uno de los tiempos más largos que hemos visto - dijo George.
Ahora por fin veremos de qué demonios estabas hablando con el Sombrero tanto rato - sonrió Fred, pero se quedó confundido al ver que Harry perdía la sonrisa y Ron y Hermione le fulminaban con la mirada por recordarle que todo el mundo iba a saber que el Sombrero le quería poner en Slytherin.
Creo que nos estamos perdiendo algo - murmuró Tonks igual de confundida.
Sí, pero no creo que nos lo vayan a decir. Yo no he visto nada de malo en lo que ha dicho Fred - respondió Charlie.
Eh... ¿Pasa algo, Ron, Hermione? - preguntó Bill inseguro.
Nada - cortó Ron frunciendo el ceño -. ¿Solo eso por lo que estaba preocupado Harry al principio del capítulo? Pues se lo habéis recordado y es una tontería, pero no se lo cree y va a estar preocupado hasta que lo vea por sí mismo.
Ron, será mejor que lleguemos a ese momento - interrumpió Hermione antes de que el pelirrojo se fuese de la lengua -. Sigue leyendo, por favor, Sirius.
Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo,
¿De verdad voy a seguir siendo el chico sin sapo todo el libro? - preguntó Neville divertido y sonrió orgulloso de sí mismo al ver que había conseguido sacarle una sonrisa a Harry.
No creo - respondió encogiéndose de hombros -. Estoy seguro de que ya no hay muchas más veces, si no es esta ya por fin la última.
fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR!, Neville salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag.
Todos los Gryffindor estallaron en aplausos de nuevo y soltaron risas. La mala memoria del chico era conocida por todos en la torre porque muchos habían tenido que recordarle cuál era la contraseña después de encontrárselo esperando en el pasillo delante de una muy divertida Señora Gorda.
Malfoy se adelantó al oír su nombre y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN!
Malfoy sonrió orgulloso mientras toda su casa aplaudía a su alrededor.
Malfoy fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción.
Ya no quedaba mucha gente.
Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne...
Las casas de cada uno de los estudiantes seguían aplaudiendo aunque no se mencionase en qué casa habían acabado. Aplaudieron tanto que a muchos les dolían las manos al final.
y, finalmente:
—¡Potter, Harry!
Todos se inclinaron hacia delante con anticipación sin que nadie, excepto Ron y Hermione, notase cómo Harry se tensaba en el asiento e intentaba hacerse más pequeño al mismo tiempo.
Mientras Harry se adelantaba, los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.
—¿Ha dicho Potter?
—¿Ese Harry Potter?
¿Es que hay más de uno? - preguntó Charlie molesto. Se parecía demasiado para su gusto a lo que había pensado Vernon Dursley en el primer capítulo diciendo que podía ser otro Harry Potter.
Imposible - replicó George decidido a convertir la situación en un chiste.
Nadie más tiene la extraña combinación de ser canijo... - empezó Fred tan decidido como su gemelo.
Tener un mata de pelo que ni la magia puede dominar - dijo George.
No ver dos palmos delante de ti sin gafas - siguió enumerando Fred por encima de las risas y de las protestas de Harry de que no veía tan mal ni era tan bajito.
Ojos verdes esmeraldas heredados de una pelirroja - dijo George.
Y, sobre todo, una cicatriz en forma de rayo en la frente - exclamó Fred con un aire triunfante.
Ya deberían saber que solo hay un Harry Potter - dijo George escondiendo una ligera amenaza con un tono alegre.
Y tenemos suficiente con él. ¡Muchas gracias! - terminó Fred cruzándose de brazos.
¡Hey!, ¿qué queréis decir con eso? - protestó Harry entrecerrando los ojos.
Puedes pensar lo que quieras - respondió Fred con un tono inocente.
No hemos querido incluir ningún doble sentido - se defendió George levantando las manos.
Todos se volvieron a echar a reír al ver el bufido incrédulo del chico, pero los gemelos estaban más que satisfechos con ellos mismos por haber sacado a Harry de su aire preocupado.
Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien.
Podían dejarte tener una Selección normal - bufó Tonks mirando con el entrecejo fruncido a todos los que bajaban la cabeza con aire avergonzado.
¿En serio esperabas que tuviese una Selección normal y tranquila? - sonrió Harry divertido -. Ni siquiera pude obtener una varita normal y definitivamente no fue de forma tranquila.
Pero te están mirando como si fueses un animal en un zoo - dijo Bill con una mueca de disgusto.
No es nada nuevo, bueno, en aquel momento sí - se encogió de hombros Harry -. Siempre hay alguien señalando. ¿Por qué creíais que me gusta tan poco que todos me conozcan?
Todos hicieron una mueca al imaginárselo. Sí, estaba bien que la gente te hiciese caso y las ventajas de la fama, pero pocos pensaban en las demás cosas que traía. Ya comprendían un poco mejor a Harry. Un poco, por lo menos.
Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.
Todos aguantaron la respiración inconscientemente mientras los leones se prepararon para aplaudir. Menuda sorpresa se iban a llevar...
—Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Difícil. Muy difícil.
Algunos empezaron a ver que la Selección del niño que vivió no había sido tan clara como habían pensado en un principio. Sino, ¿por qué iba a estar diciendo el Sombrero que era muy difícil? ¿Pero por qué decía el Sombrero eso? ¡El chico era un Gryffindor clarísimo! ¡Solo uno se lanzaría tan de cabeza contra el peligro como Harry!
Lleno de valor, lo veo.
Gryffindor - dijeron todos a la vez asintiendo de acuerdo.
Eso no es nada nuevo - dijo Charlie.
Tampoco la mente es mala.
¿Ravenclaw? - se sorprendieron algunos.
¿El Sombrero te quiso poner en Ravenclaw? - preguntó Remus alzando las cejas sorprendido.
Eh... No lo había pensado - admitió Harry también algo sorprendido. Lo que le había oído después había conseguido que se le borrase de la cabeza -, pero parece que sí.
¿Y por qué no acabaste ahí? - preguntó el señor Weasley curioso.
No sé - se encogió de hombros -. Probablemente porque no le doy demasiada importancia a las calificaciones ni a los libros.
Los Ravenclaw se miraron sorprendidos entre ellos. ¡Habían estado a punto de tener al famoso Harry Potter en su casa!
Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo,
¿Hufflepuff? - dijeron los tejones confundidos, pero emocionados. ¡También habían estado a punto de tener a Potter en su casa!
¿También quería ponerte en Hufflepuff? - Neville abrió los ojos como platos.
Parece que sí - respondió Harry sonrojándose un poco porque todos le miraban -. Pero creo que no soy lo suficiente trabajador para eso.
No creo que sea eso - intervino Luna después de mucho rato en silencio -. Creo que simplemente es que otras características de otras casas eran más importantes en tu personalidad. Por ejemplo, tu hábito de ponerte en peligro por los demás es mucho más predominante que tu disposición al trabajo duro.
Probablemente sea eso - sonrió Harry -. Gracias, Luna.
De nada, Harry - respondió ella con esa calma que la caracterizaba.
¡Ja!, te lo dije, Lunático - celebró Sirius mientras Remus solo ponía los ojos en blanco y sonreía divertido -. Ya te dije anoche que Harry podría haber ido a cualquier casa.
¿A cualquiera? - intervino Ginny -. ¿Entonces dices que también podría haber ido a Slytherin?
Estoy aprendiendo que nunca se sabe con mi ahijado - respondió él orgulloso sin darse cuenta de que Harry se había relajado ligeramente al oír eso.
esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré?
Harry se aferró a los bordes del taburete y pensó:«En Slytherin no, en Slytherin no».
Lo siento, de nuevo - se sonrojó avergonzado -. Ya he explicado por qué. Es que con Voldemort y, peor, con Malfoy...
¿Malfoy es peor que Voldemort? - interrumpió Ron divertido.
¿Para compartir habitación durante siete años? - dijo Harry pensativo -. Definitivamente. Voldemort te mataría y punto - explicó sin fijarse o ignorando olímpicamente los escalofríos de muchos al oírle hablar con tanta calma de que Voldemort le mataría -, pero con Malfoy sería una tortura diaria. Creo que me habría ido a dormir al pasillo antes de que acabásemos estrangulándonos el uno al otro.
Muchos resoplaron divertidos. La habitación de los dos chicos no habría aguantado en pie una semana y la sala común habría ido justo después.
—En Slytherin no,****¿eh? —dijo la vocecita—. ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza.
Todos miraban al chico boquiabierto, pero él miraba a las manos de su regazo tenso, esperando la reacción de los presentes.
¿Sabes que lo decía de broma, verdad? - rompió el silencio Ginny haciendo que Harry levantase la cabeza -. Lo de que quería ponerte en Slytherin.
Ahora entiendes cómo me he sentido yo antes con el troll y con el elfo doméstico - dijo Tonks con una sonrisa divertida -. Al menos sé que no soy solo yo, sino que Harry desafía las expectativas de todo el mundo.
¡Ja!, mi ahijado habría podido ir a cualquier casa - levantó el puño Sirius de pronto sobresaltando a los de su alrededor.
¿No os importa? - preguntó Harry con los ojos llenos de esperanza.
¿Por qué iba a hacerlo? - replicó su padrino -. Tú mismo has dicho antes que no todas las serpientes son malas igual que no todos los leones son buenos.
Solo demuestra que eres una persona muy centrada, Harry - dijo Luna -. Muchos tienen cualidades de todas las casas, pero pocos las tienen lo suficientemente marcadas como para que el Sombrero no sepa donde ponerte.
Mientras, los Slytherin estaban pasmados. Tan solo era por lo que le habían contado antes que Potter no era una serpiente, ¡y todo por culpa de Malfoy! Si ese arrogante no se hubiese enfrentado a Harry en el minuto uno en el que le había conocido, Potter habría formado parte de ellos en vez de de los leones.
Fulminaron con la mirada al rubio, pero él era de los más sorprendidos. Él se creía muy superior a Potter, pero ahora parecía que el chico había estado a punto de ser su compañero de cuarto. No sabía cómo afrontar eso así que lo empujó al fondo de su mente para intentar ignorarlo.
Snape había puesto los ojos como platos antes de recuperar la compostura. ¡Potter había estado a punto de estar bajo su cargo! No sabía si alegrarse de que no hubiese sido así o todo lo contrario. Eligió la primera opción ya que no creía poder sobrevivir los ataques de nervios que sufría McGonagall cada pocos meses, sino semanas, por alguna tontería de Potter. Aunque esto no era más que otra prueba de lo mucho que se diferenciaba de su padre, él no podía ser más distinto de un Slytherin.
No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!
La casa de los leones estalló en vítores y aplausos, más fuertes que los que ninguno de los presentes había recibido, aunque Hermione había andado muy cerca. Todos estaban emocionados, había sido como un tira y afloja, pero al final había acabado siendo un león.
Ron le pasó un brazo por los hombros mientras Hermione chillaba con los demás.
Te lo dijimos - le dijo aunque apenas se le oía -. Te dijimos que les daría igual y tuvimos razón, ¿verdad?
Harry se sonrojó y se quitó al pelirrojo de encima sonriendo, pero Ron solo se echó a reír y se unió a los últimos aplausos.
Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de Gryffindor. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el momento. Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente, mientras los gemelos Weasley gritaban:«¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!». Harry se sentó en el lado opuesto al fantasma que habí****a visto antes.Éste le dio una palmada en el brazo, dándole la horrible sensación de haberlo metido en un cubo de agua helada.
Harry se estremeció sintiendo de repente esa misma sensación.
¿Harry? ¿Estás bien? - le miró preocupado Ron habiendo notado como se había tensado su amigo. Todos se giraron de inmediato hacia el chico, que se sonrojó abochornado.
Sí, lo siento, no es nada - le quitó importancia, pero todos seguían con la misma expresión preocupada -. De verdad, no es nada. Solo que no me esperaba sentir también a los fantasmas.
Los ojos de todos se iluminaron con un brillo de comprensión e hicieron una mueca. Era horrible cuando te atravesaba un fantasma de improviso.
Podía ver bien la Mesa Alta. En la punta, cerca de él, estaba Hagrid, que lo miró y levantó los pulgares. Harry le sonrió. Y allí, en el centro de la Mesa Alta, en una gran silla de oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Harry lo reconoció de inmediato, por el cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único que brillaba tanto como los fantasmas.
Todos se rieron con ganas al oír esto.
Solo tú pensarías una cosa así, Harry - sonrió divertida Hermione mientras Harry se sonrojaba hasta las orejas y evitaba mirar al director.
La verdad es que sí tienen un tono parecido - admitió Dumbledore admirando su barba -. Nunca lo había pensado, señor Potter.
Ni usted ni nadie, profesor - resopló Tonks antes de disolverse de nuevo en risas.
Harry también vio al profesor Quirrell, el nervioso joven del Caldero Chorreante. Estaba muy extravagante, con un gran turbante púrpura.
El trío se tensó en el sofá ante la mención de Quirrell y, sobre todo, de su turbante. En ese momento Voldemort ya estaba en Hogwarts, en la misma sala que cientos de estudiantes inocentes. Por suerte nadie se dio cuenta de su repentino cambio de ánimo y para cuando alguien se giró en su dirección, ya habían recuperado una expresión totalmente neutral.
Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccionar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw,
La chica se sobresaltó un poco cuando su casa la vitoreó con ganas. Con los comentarios de la barba de Dumbledore y habiendo sido ya seleccionado Harry, se le había olvidado que la Selección aún no había terminado. Todavía quedaban varios estudiantes esperando en fila.
y después le llegóel turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y Harry cruzó los dedos debajo de la mesa.
El pelirrojo le dio un golpe amistoso en el hombro a su mejor y le lanzó una mirada agradecida. Sentaba bien oír que había alguien que quería tenerte a tu lado después de que sus hermanos se pelearan por no tenerle en el equipo cuando jugaban al quidditch.
Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR!
Harry y Hermione fueron los primeros en pie celebrando a voz en grito que Ron hubiese quedado con ellos y ni siquiera un segundo después el resto de los leones estaban imitándoles aplaudiendo y silbando entusiasmados. Ya estaba el trío completo.
La cara de Ron se puso tan roja como su pelo al darse cuenta que sus aplausos eran tan calurosos como los de Hermione y los de Harry.
Harry aplaudió con fuerza, junto con los demás, mientras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.
—Bien hecho, Ron, excelente —dijo pomposamente Percy Weasley, por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin.
Por fin aplaudieron por última vez al último estudiante de los que acababan de terminar el segundo curso. Por fin, pensaron algunos, las Selecciones siempre se hacían eternas y tenían más que de sobra con una sola al año.
La profesora McGonagall enroll****ó el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.
Harry mirósu plato de oro vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado.
En ese momento le sonaron las tripas a Harry, que se sonrojó totalmente avergonzado. Estos libros estaban consiguiendo que se sonrojase más veces de las que eso había pasado en los dos años que llevaba en Hogwarts. Todos a su alrededor se giraron hacia él sorprendidos.
Lo siento - se disculpó -. Me parece que también siento hambre cuando pasa en el libro.
Oh, Harry, querido, ¿quieres algo de comer? - preguntó Molly con el ceño fruncido de preocupación.
Muchas gracias, señora Weasley, pero no serviría de nada - se encogió de hombros poniéndose, si era posible, aún más rojo -. Lo que sienta en el libro, lo siento en la realidad, ¿no? Por mucho que coma voy a seguir teniendo hambre hasta que coma en el libro.
Bueno, ¿pues entonces a qué estamos esperando? Sigue leyendo, Sirius - se impacientó ella girándose hacia él. Mientras Sirius apretaba los dientes enfadado con las circunstancias y con el hecho de que fuese su ahijado el que tuviese que pasar por todo eso.
Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.
—¡Bienvenidos! —dijo—. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero deciros unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones!¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!
Todos los estudiantes aplaudieron entusiasmados y divertidos como cada vez que su director hacía un discurso como ese. No había nadie más que hiciese cosas así.
Se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.
En esta ocasión no tuvo ninguna duda. Se echó a reír con ganas junto a todos sus amigos.
—Está... un poquito loco,****¿no? —preguntó con aire inseguro a Percy.
¡Harry! - exclamó la señora Weasley escandalizada, pero el chico no le estaba prestando atención.
En ese instante, había dejado de verle la gracia y se serenó de inmediato. Abrió los ojos como platos y palideció un poco girándose con cautela hacia su director.
El resto también se había callado un instante al oír eso, pero apenas unos segundos después las carcajadas habían vuelto con más fuerza que antes. Por suerte, Dumbledore era uno de los que se estaba riendo así que Harry pudo respirar aliviado y unirse a las risas.
—**¿Loco? —dijo Percy con frivolidad—. ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿**Patatas, Harry?
Percy se sonrojó furiosamente al darse cuenta de que el director había oído sus palabras, pero él se lo tomó con tanta calma como cuando había sido Harry. Él mismo sabía que podía ser considerado un poco loco cuando estaba relajado y eso no era de las peores cosas que le habían llamado.
Los hermanos de Percy, mientras, hicieron todo lo posible por no echarse a reír y avergonzarle delante de Dumbledore y del ministro. Con Harry podían reírse sin problemas porque el chico no se ofendería por esas cosas, pero Percy era distinto, más... sensible cuando estaban involucradas figuras de autoridad.
Harry se quedó con la boca abierta. Los platos que había frente a él de pronto estuvieron llenos de comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsade tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.
Vale, ahora yo también tengo hambre - gimió Ron mientras se le hacía la boca agua.
No eres el único - estuvo de acuerdo Charlie.
Merlín, Harry, ¿tenías que decir todas y cada una de las cosas que había? ¿Por qué no has puesto unas fotos además? - dijo Sirius haciendo reír a su ahijado.
¿Podemos comer cuando acabe este capítulo? - suplicó Ron.
Es un poco pronto para comer... - dudó ella mirando a los profesores.
Por favor, mamá, nos estamos muriendo de hambre - insistió oliendo una victoria fácil. Casi como para ayudarle, las tripas de Harry volvieron a sonar para la vergüenza del chico -. ¿Ves, mamá? Harry también tiene hambre.
Bueno, podemos tener una comida temprana - aceptó ella y sus hijos sonrieron satisfechos -, pero no vamos a entretenernos mucho o no terminaremos estos libros en la vida.
Ron asintió encantado. En aquel momento, casi habría besado a Harry.
Los Dursley nunca habían matado de hambre a Harry, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que Harry deseaba, aunque no le gustara.
¡Será... cerdo! - exclamó Tonks y su pelo se volvió de color rojo.
¿No había dicho Hagrid que sí que era muy parecido a un cerdo? - intervino Luna mirando a todos.
Y así la tensión se disolvió de inmediato al recordar la cola de cerdo de Dudley. No era posible estar molesto cuando te recordaban una cosa así.
Harry miró a la rubia maravillado por que hubiese sabido evitar un estallido de una forma tan... simple. Le mandó un gracias sin hacer ruido recibiendo una sonrisa de la chica.
Harry llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.
—Eso tiene muy buen aspecto —dijo con tristeza el fantasma de la gola, observando a Harry mientras éste cortaba su filete.
—¿No puede...?
¿Cómo iba a poder comer un fantasma? - preguntó Ron mirando a su amigo como si estuviese loco.
Y yo qué sabía. Para mí hacía un mes no existía la magia así que cualquier cosa parecía posible - se defendió fulminando al pelirrojo con la mirada -. Me habría creído que existe comida fantasma y no es tan descabellado porque, después de todo, sí existe el papel fantasma y no veo cómo puedes matar a un trozo de papel.
Pues... No tengo ni idea - admitió Hermione.
Vaya, Harry - silbó Fred fingiendo estar impresionado.
¿Cuántas cosas has encontrado ya para las que Hermione no tiene explicación? - dijo George.
Cerrad el pico. Como si vosotros lo supieseis - la defendió Harry.
Podemos preguntarle a Nick la próxima vez que le veamos - ofreció Ron ignorando a sus hermanos -. ¿No fue a él a quién le viste la carta?
Sí, fue a él - asintió Harry -. Después de terminar estos libros ya le buscaremos.
—No he comido desde hace unos cuatrocientos años —dijo el fantasma—. No lo necesito, por supuesto, pero uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.
—¡Yo séquién es usted! —dijo súbitamente Ron—. Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!
Ron, no puedes ir diciéndole eso - le regañó su madre -. No puedes estar recordándole constantemente cómo murió.
No pasa nada, mamá. Es Nick - puso los ojos en blanco -. No le importa.
Tú no sabes eso, jovencito - frunció el ceño -. No se lo has preguntado, ¿a que no?
Pero...
En realidad, señora Weasley - Hermione acudió en su ayuda -, de verdad no creo que le importe. Cuando va saludando a alumnos por los pasillos se descuelga la cabeza como si se quitase un sombrero, así que no creo que le importe que le recuerden que murió en un intento de decapitación.
Bueno, si estáis tan seguros... - aceptó ella con dudas -. Pero si me entero que habéis estado molestando a ese pobre fantasma...
No te preocupes, mamá. No va a pasar - prometió Ron rápidamente antes de que pudiese terminar su amenaza.
—Yo preferiría que me llamaran Sir Nicholas de Mimsy... —comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo interrumpió Seamus Finnigan, el del pelo color arena.
—¿Casi Decapitado?¿Cómo se puede estar casi decapitado?
Todos los años le hacen esa misma pregunta - suspiró Bill con una sonrisa.
Siempre hay algún alumno de primero que lo pregunta antes de que termina el banquete de bienvenida porque siempre va a saludar a los recién llegados - estuvo de acuerdo Charlie.
Sir Nicholas pareció muy molesto, como si su conversación no resultara como la habí****a planeado.
La señora Weasley miró a su hijo menor y a sus dos amigos con los ojos entrecerrados al oír esto.
Creía que me habíais dicho que no le molestaba - dijo con los dientes apretados.
Es todo un acto, mamá - aseguró Ron abriendo los ojos algo asustado.
Lo hace para sorprender a los de primer año, señora Weasley - asintió Harry -. Finge que se enfada, pero le encantan las reacciones de todos los que lo ven por primera vez.
La señora Weasley apretó los labios poco convencida, pero lo dejó pasar por el momento.
—Así —dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Toda su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien. Pareció complacido ante las caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio,
Molly se relajó tranquila al ver que los chicos tenían razón sobre Nick y sabían que todo era un acto que realizaba el fantasma para atraer un poco de atención. Parecía que había pasado demasiado tiempo desde que fue a Hogwarts porque no recordaba que el fantasma de Gryffindor actuase así cuando ella era una alumna.
tosió y dijo: ¡Así que nuevos Gryffindors! Espero que este año nos ayudéis a ganar el campeonato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces seguidas! El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable...Él es el fantasma de Slytherin.
Harry miró hacia la mesa de Slytherin y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada. Estaba justo al lado de Malfoy que, como Harry vio con mucho gusto, no parecía muy contento con su presencia.
Malfoy reprimió un resoplido de asentimiento. A nadie le gustaba sentarse al lado del Barón Sanguinario. No era la compañía más... agradable que podías encontrar en el castillo y ni siquiera los estudiantes de su misma casa querían estar cerca. Tan solo los otros fantasmas mantenían una cierta amistad con él.
—¿Cómo es que está todo lleno desangre?—preguntó Seamus con gran interés.
—Nunca se lo he preguntado —dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.
Dicen que nadie lo sabe - dijo Fred emocionándose.
Pocos se han atrevido a preguntárselo, pero ninguno recibió respuesta - añadió George.
A no ser que cuentes como respuesta el que el Barón Sanguinario te persiga durante una semana entera por todos los pasillos - Fred hizo una mueca.
Hasta en tu cuarto - George reprimió un escalofrío.
¿A que lo adivino? - dijo Tonks con una ceja alzada y reprimiendo una sonrisa -. Vosotros se lo preguntasteis.
Quizás - respondieron los gemelos mirando de reojo a su madre con cautela porque la mujer les miraba con los ojos entrecerrados.
¿Cómo pudisteis preguntarle una cosa así? - preguntó Molly enfadada -. Creía que os había educado mejor que esto.
Molly, querida, me parece que ya aprendieron su lección gracias al Barón Sanguinario - la tranquilizó Arthur salvando a sus hijos de un sermón que sería muy largo.
Totalmente - estuvo de acuerdo George rápidamente mientras Fred asentía a su lado.
No hay forma de conseguir esa respuesta - suspiró Fred derrotado una vez que su madre no parecía dispuesta a castigarlos hasta que saliesen de Hogwarts. De pronto, los dos gemelos levantaron la cabeza al mismo tiempo y se miraron entre ellos con los ojos brillantes -. Harry - dijeron a la vez.
¿Qué pasa conmigo? - preguntó Harry con cautela. No le gustaba ni un pelo la mirada de los gemelos.
Tú, amigo mío, tienes otro imposible - sonrió Fred haciendo que los ojos de todos se ampliaran con comprensión y Sirius sacase la lista de imposibles de nuevo.
En uno de estos siete libros vas a averiguar algo que han buscado saber cientos de generaciones de alumnos - dijo George con la misma expresión.
Vas a averiguar de dónde viene la sangre del Barón Sanguinario - declararon a la vez.
¡¿Qué?! - exclamó Harry con los ojos como platos ignorando como el resto reía por lo bajo y como su padrino lo apuntaba entusiasmado -. ¿Cómo esperas que consiga eso? Porque si esperas que se lo pregunte a él en persona, te vas a llevar una decepción muy grande.
Puedes averiguarlo por otro lado - le quitó importancia George.
Lo único es que no sabemos qué otro lado es ese - dijo Fred.
Estupendo - ironizó Harry -. Vosotros dos no sé de qué os reís, de nuevo. Ya sabemos que estos imposibles son también para vosotros
- Ron y Hermione intentaron dejar de reírse pero era una tarea casi imposible al ver la cara de frustración de su amigo.
Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche...
Harry - gimieron los hermanos Weasley con caras de sufrimiento.
¿Otra vez? ¿Tenías que describir todos los maravillosos postres que ponen en el banquete de bienvenida? - preguntó Ron intentando que no se le cayese la baba.
Pues yo ya no tengo hambre - sonrió Harry -. Este hechizo es de lo más raro.
Pues tienes suerte - bufó George, aunque sabía que no era cierto.
Nosotros sí tenemos hambre - gruñó Fred.
Bueno, si nos dejaseis leer, terminaríamos antes y comeríamos - les recordó Hermione impaciente. A ella también les estaba entrando hambre, pero no lo iba proclamando a los cuatro vientos como ellos.
Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.
—Yo soy mitad y mitad —dijo Seamus—. Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casaron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.
Los demás rieron.
—¿Y tú****, Neville?****—dijo Ron.
—Bueno, mi abuela me cri****ó y ella es una bruja —dijo Neville—,
Harry de nuevo se preguntó qué les habría pasado a los padres de Neville. El chico jamás había dicho que hubiesen muerto, ¿pero qué otra cosa podía hacer que unos padres no criasen a su hijo? Tenía que ser algo horrible para que Neville no tuviese ni una sola anécdota en la que estuviese con ellos. Siempre era su abuela, o sus tíos, o algún otro familiar, pero el chico evitaba el tema de los padres tanto como el propio Harry. En la comida le tendría que preguntar, si conseguía hacerlo discretamente, claro.
pero la familia creyó que yo era todo un muggle, durante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme descuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el téy me tenía cogido de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, accidentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba. Y tendríais que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que me compró mi sapo.
Todos se habían ido poniendo cada vez más furiosos según se enteraban de lo que le había hecho la familia del chico a Neville.
¡¿Qué?! - estallaron todos.
¿Qué pasa? - se sobresaltó Neville mirando a su alrededor con los ojos como platos.
¿Cómo pudieron hacerte eso? - soltó Remus entre dientes.
Creía que Augusta tenía más sentido común, pero voy a tener que tener unas palabras muy serias con ella - dijo McGonagall echando chispas por los ojos. Ya iban DOS de sus leones que no habían tenido la infancia que se merecían.
Lo siento muchísimo, Neville - se disculpó Harry furioso consigo mismo por no haber escuchado bien aquella primera noche -. Con la emoción de aquel día no lo pensé bien y no me di cuenta.
Pero si no es nada - replicó Neville perplejo -. Solo es que mi familia quería que saliese mi magia accidental, pero no soy gran cosa como mago, así que...
Tú eres un gran mago, Neville - le contradijo Harry de inmediato.
Ya oíste lo de tu varita - añadió Hermione -. Con la tuya propia te será todo mucho más fácil, en vez de con una varita que no te obedece.
Pero ellos solo...
Ellos deberían haber sabido mejor que eso no funciona - dijo Bill.
¿No lo entiendes, Neville? Es lo contrario de lo que me hicieron a mí - intentó explicarse Harry -. Lo que intentaban conmigo era reprimir mi magia y eso solo consiguió que saliese en estallidos en los momentos más inesperados. Contigo intentaban forzarla a salir y a lo mejor tuvo el efecto contrario y tu magia tenía problemas para salir con normalidad. Eso no te hace peor mago en absoluto. Sé que lo que hicieron conmigo estaba mal, pero tú también tienes que saber que lo que te pasó a ti tampoco debería haber pasado.
Neville se quedó pensativo un segundo y luego mostró la sonrisa más brillante que habían visto.
Gracias, Harry.
Solo necesitabas que alguien te lo dijese - se encogió de hombros -. Yo lo aprendí el verano pasado, pero eso aparecerá en el segundo libro.
Bueno, ¿y ahora te importaría decirme cuándo te has convertido en una segunda Hermione? - preguntó Ron mirando a su amigo después de unos segundos de silencio -. ¿Cómo demonios has pensado esa explicación?
¿Qué tiene de malo ser como yo? - la bruja entrecerró los ojos molesta -. A mí me ha parecido una explicación muy lógica y no tiene nada de malo.
Eh... Nada - Ron tragó saliva nervioso.
No me he convertido en una segunda Hermione, aunque eso no tendría nada de malo - aseguró Harry mirando a su amiga -. Solo lo he comparado con lo que pasó a mí. Pero yo creía que tenías hambre - dijo intentando cortar el tema y volver al libro.
¿Y tenías que recordárnoslo? - gruñó Ron -. ¿Puedes seguir, Sirius?
Al otro lado de Harry, Percy Weasley y Hermione estaban hablando de las clases. («Espero que empiecen en seguida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas y todo eso...»).
Hermione se sonrojó bajo las miradas incrédulas a su alrededor.
¿Qué? - soltó al final incómoda.
¿Clases en el banquete de bienvenida? - preguntó Sirius horrorizado -. Merlín, eres como Lunático o la pelirroja.
Bueno, ese tema no tiene nada de malo - se defendió Hermione.
¡Pero es el banquete de bienvenida, Hermione! - exclamó George.
Se puede hablar de cualquier cosa excepto de clases - dijo Fred.
De tus vacaciones - empezó George.
De bromas - siguió Fred.
De tu familia.
De lo que te gusta hacer.
De quidditch.
De cualquier cosa ¡excepto de clases! - terminaron los dos a la vez.
Hermione bufó exasperada y se giró hacia Sirius para escuchar ignorando a los gemelos.
Harry, que comenzaba a sentirse reconfortado y somnoliento,
Harry estaba igual que en el libro. Empezó a tener que parpadear más veces para mantener los ojos abiertos y se relajó completamente en el asiento al lado de Ron. El pelirrojo fue el único que lo notó, pero no le dio importancia y siguió escuchando. Probablemente su amigo aún seguía cansado de ayer.
miró otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid bebía copiosamente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo negro, nariz ganchuda y piel cetrina.
Todo sucedi****ó muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directamente a los ojos de Harry... y un dolor agudo golpeó a Harry en la cicatriz de la frente.
—¡Ay! —Harry se llevó una mano a la cabeza.
Harry apretó los dientes y no dijo nada, habiendo sabido que iba a pasar eso. Sin embargo, no pudo evitar llevarse la mano a la cicatriz con una mueca.
¿Estás bien, Harry? - le miró preocupada Tonks -. Podemos parar, si quieres.
No, es solo un pinchazo, no pasa nada - le quitó importancia Harry.
¿Estás seguro? - preguntó Remus dudoso.
Claro. Mejor seguimos leyendo y comemos - asintió Harry. Por lo menos ese pinchazo había servido para despejarle la cabeza.
Lo que yo quiero saber es por qué te dolió la cicatriz cuando Snape te miró - dijo Sirius fulminando con la mirada al profesor de pociones.
Aparecerá en el libro, Sirius, pero no saques conclusiones antes de terminar el libro como hicimos nosotros - le advirtió su ahijado.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Percy.
—N-nada.
El dolor desapareció tan súbitamente como había aparecido. Era difícil olvidar la sensación que tuvo Harry cuando el profesor lo miró**, una sensación que no le gustóen absoluto.**
Harry estuvo de acuerdo consigo mismo. Era horrible el dolor de la cicatriz, porque ninguna poción lo calmaba y venía de forma totalmente inesperada y lo único que podía hacer era apretar los dientes para no soltar un grito de dolor cuando eso pasaba.
—¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? —preguntó a Percy.
—Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.
No me extraña - bufó Sirius mirando mal a Snape otra vez.
Sirius, no sé a qué te refieres, ¿pero podrías esperar antes de juzgarle, por favor? - pidió Harry -. Mira, yo tampoco aguanto a Snape y no me puedo creer que te esté pidiendo esto, pero, por favor, solo hasta el final del libro.
Vale - accedió Sirius después de mirar unos segundos a su ahijado -. Pero si te hace daño o te trata mal en clase va a recordar por qué los merodeadores somos los mejores bromistas que han pisado Hogwarts.
Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo.
Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.
—Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año.
»Los de primer año debéis tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.
El trío hizo todo lo posible para no sonrojarse porque todos ellos habían estado en el bosque prohibido, y Harry era el único que había estado dos veces y ambas había estado a punto de morir. No era como si entrasen por gusto, sino por que no les quedaba otra opción, pero no sabían si el resto lo iba a ver de la misma manera.
Los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.
¿Y por qué os miraba justo a vosotros? - preguntó la señora Weasley girándose de inmediato hacia los gemelos.
Porque siempre nos ofrecemos a acompañar a Hagrid, ya sabes, para echarle una mano - mintió George con facilidad.
Exacto, pero todavía no hemos conseguido que nos dé permiso, pero algún día a lo mejor sí - Fred le siguió el juego en seguida.
Molly bufó sin creerse ni una sola palabra, pero tendría que esperar a ver si aparecía alguna de esas travesuras en los libros.
—El señor Filch, el celador, me ha pedido que os recuerde que no debéis hacer magia en los recreos ni en los pasillos.
Cosa que nadie cumple - dijo Tonks alegre.
A mí me lo vas a decir - murmuró la enfermera Pomfrey por lo bajo. Casi todos los días recibía algún estudiante que se había metido en alguna pelea y había acabado lleno de dolorosas ampollas, con la cabeza llena de tentáculos en vez de pelo o alguna otra cosa por el estilo.
»Las pruebas de quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch.
El equipo de quidditch de Gryffindor intentó no echarse a reír. Ellos habían encontrado el jugador que les faltaba sin necesidad de ningún tipo de prueba. Y menos mal porque todos ellos habían sabido que nadie más en la casa de los leones tenía lo que se hacía falta para ser tan buen buscador como Harry. Parecía que el chico lo tenía en su sangre.
**»**Y por último, quiero deciros que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.
¿Qué? - se sobresaltaron los que no habían estado en Hogwarts el año pasado.
¿A qué te refieres, Albus? - preguntó Remus preocupado.
¿Es una broma? Porque yo sé mucho de bromas y esta no tiene gracia
-
dijo Sirius.
No era una broma, Sirius - dijo Harry mientras hacía una mueca a la vez que Ron y Hermione.
¿Y tú cómo lo sabes? - preguntó Sirius.
Ehh... No podemos decir nada de lo que va a pasar - su ahijado evitó la pregunta.
Harry rió, pero fue uno de los pocos que lo hizo.
Y con razón - murmuró el chico para sí mismo -. Ya no le veo la gracia.
El resto estaba en el borde de sus asientos esperando que se aclarase algo sobre este misterio.
—¿Lo decía en serio? —murmuró a Percy.
—Eso creo**—dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledore—. Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al menos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.**
Señor Weasley, hay muchas cosas de las que no se les informa a los prefectos - dijo la profesora McGonagall dudando de si decisión de hacer prefecto a Percy. Tenía el ego demasiado alto y no tenía claras las prioridades de los prefectos.
Lo siento, profesora - se disculpó abochornado -. Ahora lo sé.
Bueno, pensó la profesora, a lo mejor estos libros le hacían madurar y no cambiaría su decisión de convertirle en Premio Anual al año siguiente.
—¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio! —exclamóDumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas.
Nunca he entendido por qué - dijo Dumbledore pensativo -. Si la música es maravillosa.
Cuando está algo coordinada y se entiende algo de lo que se dice, pensaron los profesores para sí mismos.
Dumbledore agit****ó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.
—¡Que cada uno elija su melodía favorita! —dijo Dumbledore—. ¡Y allá vamos!
Y todo el colegio vociferó:
Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts,
enséñanos algo, por favor.
Aun que seamos viejos y calvos
o jóvenes con rodillas sucias,
nuestras mentes pueden ser llenadas
con algunas materias interesantes.
Porque ahora están vacías y llenas de aire,
pulgas muertas y un poco de pelusa.
Así que enséñanos cosas que valga la pena saber,
haz que recordemos lo que olvidamos,
hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto,
y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.
El colegio en el presente también se había puesto a cantar con entusiasmo la canción del colegio, cada uno a su ritmo, claro, como había dicho el director. Los gemelos Weasley decidieron hacer lo mismo que el año pasado y tomaron una lenta marcha fúnebre mientras el resto había terminado hacía rato y reía divertidos. Cuando terminaron todos aplaudieron contentos y Fred y George volvieron a hacer reír a todo el mundo haciendo reverencias y lanzando besos al aire. Al final su madre tuvo que amenazarles para conseguir que se sentaran y dejaran que Sirius siguiera leyendo.
Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.
—¡Ah, la música! —dijo, enjugándose los ojos—. ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama. ¡Salid al trote!
Los de primer año de Gryffindor siguieron a Percy a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subieron por la escalera de mármol. Las piernas de Harry otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y comida.
Harry volvía a tener problemas para mantener los ojos abiertos y parpadeaba rápidamente para conseguirlo. Perdió la batalla, sin embargo, contra un enorme bostezo, pero por suerte lo logró tapar con la mano y nadie se dio cuenta.
Solo Ron le miraba de reojo extrañado al notar que su amigo se relajaba en el asiento de nuevo. ¿Qué le pasaba?
Estaba tan dormido que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaba al pasar; o cuando Percy en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y tapices que colgaban de las paredes. Subieron más escaleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían seguir, se detuvieron súbitamente.
Unos bastones flotaban en el aire, por encima de ellos, y cuando Percy se acercó comenzaron a caer contra él.
—Peeves**—susurró Percy a los de primer año—. Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. —Levantó la voz—: Peeves, aparece.**
La respuesta fue un ruido fuerte y grosero, como si se desinflara un globo.
—¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario?
Si lo amenazas tan pronto con el Barón Sanguinario jamás conseguirás que te respete - dijo Bill, que también había tenido sus problemas con Peeves por ser prefecto.
¿Y qué se puede hacer sino? - preguntó Percy a la defensiva -. ¡No hace caso a nada más!
Nosotros le ofrecíamos participar en nuestra siguiente broma - dijo Sirius.
Hay hechizos que funcionan con él para que te deje en paz - ofreció Remus -. A lo mejor en algún momento te podemos enseñar alguno.
O le puedes engañar como hizo Harry - rio Ron recordando lo que hizo su amigo.
¿Engañaste a Peeves? - se sorprendieron los gemelos.
!Fue brillante...! - empezó Ron, pero Hermione le tapó la boca con la mano impidiéndole continuar antes de que desvelase algo.
Y aparecerá en este libro - terminó la bruja lanzándole una mirada al pelirrojo a su lado.
Se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscuros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.
—¡Oooooh!—dijo, con un maligno cacareo—. ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido!
De pronto se abalanz****ó sobre ellos. Todos se agacharon.
Todos sacudieron la cabeza exasperados. Sabían que amenazar a Peeves tan pronto con el Barón Sanguinario solo traería más problemas.
—Vete, Peeves, o el Barón se enterará de esto. ¡Lo digo en serio! —gritóenfadado Percy.
Peeves hizo sonar su lengua y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville. Lo oyeron alejarse con un zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.
—Tenéis que tener cuidado con Peeves —dijo Percy, mientras seguían avanzando—. El Barón Sanguinario es el único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos.
Los prefectos no son la autoridad en Hogwarts, Percy - dijo Bill frunciendo el ceño -. Solo se encargan de que los demás estudiantes no se maten en duelos de magia y de ayudar a los que lo necesitan pero no se atreven a ir a un profesor.
Yo pensé... pensé que los prefectos... - balbuceó Percy sonrojado.
¿Estaban por encima del resto de estudiantes? - terminó Remus por él con una sonrisa amable -. Bueno, ahora ya sabes que no es así, sino que solo tienen más responsabilidades y por eso les dan algunas ventajas al mismo tiempo. A lo mejor así la próxima vez podrás hacer mejor lo que debes hacer.
Percy asintió distraído, pensando en qué cosas podría haber hecho de otra forma que ayudase más a los alumnos. Tal vez sí podía hacer algo para mejorar.
Ya llegamos.
Al final del pasillo colgaba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa.
Las otras casas se inclinaron curiosas hacia delante en sus asientos porque ningún alumno tenía permitido entrar en las salas comunes de las otras casas y, por lo tanto, cada uno conocía una sola. (Con la excepción del trío del sofá, pero eso no lo sabía nadie más).
En cambio, los leones miraban a los demás con los ojos entrecerrados, sin saber cómo sentirse por que todos fuesen a saber dónde estaba y cómo era su sala común. Bueno, contaban en que la Señora Gorda no dejase pasar a nadie que no fuese Gryffindor aunque tuviesen la contraseña y ella los conocía a todos.
—¿Santo y seña? —preguntó.
—Caputdraconis—dijo Percy, y el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar (Neville necesitó ayuda) y se encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora, llena de cómodos sillones.**
Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres) encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cuatro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí. Demasiado cansados para conversar, se pusieron sus pijamas y se metieron en la cama.
—Una comida increíble, ¿no? —murmuró Ron a Harry, a través de las cortinas—. ¡Fuera, Scabbers! Te estás comiendo mis sá****banas.
Harry estaba a punto de preguntar a Ron si le quedaba alguna tarta de melaza, pero se quedó dormido de inmediato.
En ese momento, por mucho que Harry luchase contra el impulso, se le cerraron los ojos y se quedó dormido.
¡¿Harry?! - se alarmó Ron extendiendo un brazo por instinto para agarrarle cuando empezó a inclinarse hacia un lado y enderezándole de nuevo.
¡Harry! - exclamaron todos los cercanos al chico asustándose.
La primera en llegar a su lado fue Hermione, que sólo tenía que rodear a Ron y sentarse en el lado opuesto de Harry. Le sacudió el hombro frenética por los nervios y el miedo, pero el chico no respondía de ningún modo. Tampoco lo hizo cuando Sirius, arrodillado delante de él, se unía a los intentos de la chica.
¡¿Qué demonios le pasa?! - preguntó el hombre al aire, pero nadie tenía ninguna explicación.
Llevaba un rato actuando raro, como si estuviese muy cansado, pero vino muy de golpe - intentó explicar Ron muerto de preocupación y regañándose mentalmente por no haberle preguntado a su amigo si estaba bien antes -. No pensé que era nada porque, bueno, con lo que ocurrió ayer y todo eso...
¿Cómo que actuaba raro? ¿Qué quieres decir? - preguntó Remus intentando mantener la calma.
No sé. Como si se estuviese muriendo de sueño, pero no tiene sentido porque ni siquiera hemos comido... - Ron dejó la frase sin terminar mientras todos empezaban a comprender y soltaban un enorme suspiro de alivio.
Es solo el maldito hechizo - dijo Sirius tan aliviado que tuvo que apoyar la cabeza en las rodillas de su ahijado y si no hubiese estado ya arrodillado él mismo en el suelo era muy probable que hubiese necesitado sentarse desesperadamente.
Harry está dormido en la historia, por lo que se ha quedado dormido aquí también - comprendió Tonks con los ojos muy abiertos sin terminar de librarse del susto.
Es como cuando tenía hambre o comía y él también quería comer o estaba lleno en la realidad - suspiró Charlie.
Y Harry estaba actuando raro porque estaba notando los efectos. Antes creí verle bostezar por el rabillo del ojo, pero cuando miré estaba normal aunque algo distraído - recordó Bill. Había rechazado el incidente como algo sin importancia y no había vuelto a pensar en ello hasta ahora -. Probablemente se estaba quedando dormido ya entonces, pero si se duerme en el libro no puede pelear contra eso y por eso nos ha pillado tan de improvisto.
Y supongo que no despertará hasta que lo haga en el libro, ¿no? - aventuró Neville dubitativo.
Supongo que no, querido - dijo la señora Weasley sin apartar la vista de Harry.
¿Os imagináis la de bromas que podríamos gastarle ahora? - dijo Fred con una sonrisa traviesa.
Nunca es posible pillarle dormido porque parece que se despierta con el menor ruido, pero ahora pase lo que pase no se despertará - añadió George con una expresión idéntica a la de su gemelo.
Ni se os ocurra - dijo, para sorpresa de todos, el señor Weasley y estaba muy serio -. No estoy de broma, Fred, George. No podéis gastarle bromas a Harry si es con ayuda de este hechizo. No es justo para él después de todo lo que va a tener que pasar. En otro momento lo podéis intentar, pero os prohíbo que lo hagáis cuando está bajo la influencia de estos malditos libros.
Los gemelos asintieron inmediatamente. Pocas veces habían visto a su padre tan serio, pero en esas ocasiones era mejor hacerle caso y no discutir.
Poco a poco todos volvieron a sus asientos, pero seguían lanzándole miradas de reojo al chico dormido entre sus dos mejores amigos. Estaba apoyado contra el brazo del pelirrojo, sin enterarse del susto que les había dado a todos a su alrededor. Algunos profesores, especialmente McGonagall y Pomfrey, habían estado apunto de levantarse para ver qué le pasaba.
Tal vez Harry había comido demasiado, porque tuvo un sueño muy extraño.
¿También vamos a leer sobre los sueños de Harry? - dijo Bill abriendo los ojos como platos.
Eso parece - respondió Sirius.
Merlín, estamos invadiendo totalmente su intimidad - dijo el mayor de los hermanos Weasley pasándose la mano por el pelo -. Espero que por lo menos solo sean los sueños que sean realmente relevantes para la historia.
Ahora mismo no envidio en absoluto a Harry - admitió Tonks con una mueca -. Yo odiaría que todo el mundo leyese mis pensamientos, sentimientos y además sueños que tuviese.
Creo que nadie ha querido estar en su lugar desde que empezamos la lectura ayer por la noche - dijo Remus suavemente.
Yo no estoy seguro de que cualquier otra persona hubiese aceptado tan rápido el leer estos libros solo por que quizás hubiese una posibilidad de salvar a alguien a quien no conoce y que le ha tratado como si tuviese una enfermad altamente contagiosa durante meses - susurró Hermione mirando con cariño a su amigo. Nunca dejaba de asombrarla lo desinteresado que era con todo el mundo y lo fácil que perdonaba a casi cualquiera.
Bueno, ya sabíamos que solo hay un Harry Potter en el mundo - dijo Ron mirando también al chico apoyado contra su brazo derecho.
Tenía puesto el turbante del profesor Quirrell, que le hablaba y le decía que debía pasarse a Slytherin de inmediato, porque ése era su destino. Harry contestó al turbante que no quería estar en Slytherin y el turbante se volviócada vez más pesado. Harry intentóquitárselo, pero le apretaba dolorosamente, y entonces apareció Malfoy, que se burló de él mientras luchaba para quitarse el turbante. Luego Malfoy se convirtió en el profesor de nariz ganchuda, Snape, cuya risa se volvía cada vez más fuerte y fría... Se produjo un estallido de luz verde y Harry se despertó, temblando y empapado en sudor.
Harry se había ido tensando a lo largo del párrafo y las palabras de consuelo de Ron y Hermione dichas en un susurro habían tenido poco éxito. El chico apretó los ojos y los puños con fuerza y se le empezó a llenar la frente de sudor.
Ocurrió exactamente como en el libro. Se despertó de golpe, incorporándose temblando y tratando de recuperar la respiración mientras Ron y Hermione le miraban preocupados desde ambos lados y el resto debatía si debía decir algo o no.
He tenido un sueño de lo más raro - rompió el silencio Harry cuando se calmó.
Yo más bien lo llamaría pesadilla - opinó Ron antes de que alguien pudiese abrir la boca.
¿Cómo...? ¿Qué...? - balbuceó Harry girándose hacia su amigo. Después de unos segundos abrió mucho los ojos comprendiendo -. Aparecía en el libro.
Sí. Era raro y escalofriante que soñaras con eso la primera noche en Hogwarts - dijo Ron.
No me acuerdo de haberlo tenido - Harry frunció el ceño intentando recordar -. Y supongo que me he despertado cuando me he despertado en el libro, ¿no? - aventuró.
Sí - afirmó Hermione -. Con exactamente la misma reacción que en el libro también.
Entonces supongo que mi teoría era correcta - dijo Harry ignorando la segunda parte del comentario de la chica.
¿Sabías que esto iba a pasar? - preguntó Hermione frunciendo el ceño -. ¿Sabías que te ibas a quedar dormido sin poder evitarlo y te ibas a despertar solo cuando lo hicieses en el libro?
No estaba seguro - respondió Harry con cautela al notar el humor de Hermione, y no era bueno -, solo una teoría. Pero pensé que si el asunto de la comida funciona como funciona, pues el de dormir también.
¿Y no pensaste en decírnoslo? ¡¿Tú sabes el susto que nos has dado?! - Hermione iba subiendo el volumen con cada palabra -. ¡Te has desplomado de pronto y no sabíamos qué te pasaba! No despertabas, no te movías, no respondías de ningún modo. ¡Creíamos que te podía haber pasado algo grave!
Estoy bien, Hermione. Yo también te quiero. Lo siento por asustaros, pero no se me ocurrió que fuese a ser así - la interrumpió Harry sabiendo que lo único que le pasaba era que estaba preocupada y tenía que descargarle todos esos nervios a alguien.
No vuelvas a hacer eso - soltó ella dándole un golpe con fuerza en el hombro. Después le dio un abrazo igual o más fuerza y susurró -. En serio, no nos vuelvas a dar estos sustos innecesarios.
Ron les miraba divertido porque por una vez no era a él a quien le había soltado un sermón la bruja. La verdad es que era entretenido ver cómo descargaba todos sus nervios en alguien y prácticamente lo arrollaba con el discurso.
Todos se relajaron de nuevo en sus asientos y se prepararon para escuchar el final del capítulo.
Se dio la vuelta y se volvió a dormir.
Ron notó la cabeza de su amigo apoyándose de nuevo contra su brazo y sonrió al verle de nuevo profundamente dormido. Era de las pocas veces en las que se le veía en calma, y ni siquiera entonces se relajaba siempre del todo.
Al día siguiente, cuando se despertó, no recordaba nada de aquel sueño.
Esto va a ser muy molesto - gruñó Harry despertándose de nuevo -. Lo siento por usarte como almohada, Ron - se disculpó sonrojándose un poco.
No hay problema - sonrió el pelirrojo -. Puedes usar mis servicios como almohada en cualquier momento - bromeó, pero lo decía en serio.
Hey, ya toca comer, ¿no? - habló Sirius en voz alta cerrando el libro -. Ya hemos terminado el capítulo.
Si podéis levantaros todos un momento, por favor - pidió Dumbledore levantándose él también y devolviendo el Gran Comedor a su aspecto habitual con las cinco mesas y los bancos de madera -. ¡A comer!
Todos fueron a coger sitio y acabaron sentados Arthur con Molly a su izquierda y Ginny al otro lado de su madre. Luna estaba entre la pequeña pelirroja y los gemelos, que tenían a Percy a la izquierda y a Tonks en el siguiente sitio. En frente de Arthur estaba Remus y pronto acabaron enfrascados los dos hombres en una discusión sobre algunas de las cosas que funcionaban mejor en el mundo muggle que en el mágico. En frente de Molly estaba Sirius, con Neville sentado al lado y Harry en el sitio siguiente. Hermione y Ron estaban justo delante de los gemelos, que los entretenían a ellos y a Bill y Charlie, sentados al lado de los dos primeros, con historias de algunas de las bromas que habían realizado últimamente. Tenían que aprovechar ahora que su madre no estaba escuchando su conversación.
Hey, Neville - murmuró Harry viendo que nadie les estaba prestando atención en ese momento -, ¿te puedo preguntar algo?
Claro, Harry, ¿qué ocurre? - respondió en el mismo tono.
No tienes por qué responder si no quieres y te prometo que si me he entrometido no volveré a tocar el tema nunca más - aseguró Harry lo primero -. Verás, es que me he enterado hoy de quién es mi madrina... Es más, me he enterado hoy de que tenía madrina, y no sé nada sobre ella. Me gustaría saber qué le pasó - terminó mordiéndose el labio lleno de dudas e incertidumbre.
La cara de Neville no mostraba absolutamente nada mientras debatía en su interior qué hacer. No sabía si estaba preparado para hablar de sus padres con alguien, pero Harry se había portado siempre bien con él, sobre todo hoy. Harry no tenía mucha familia y atesoraba a cada persona que le quería justo por eso. Se merecía saber lo que le había pasado a su madrina, ¿no? Merlín, esto iba a ser difícil, pensó Neville respirando profundamente.
Apenas una semana después de que vencieses a Quien-tú-sabes - empezó Neville en un murmullo muy bajo mientras seguían comiendo para no atraer la atención -, algunos de sus seguidores, mortífagos, entraron en nuestra casa a por mis padres. Buscaban información sobre el paradero de Quién-tú-sabes, pero no sabían nada. Una de ellos, Bellatix Lestrange, empezó a torturarles durante horas mientras yo estaba escondido en la habitación de al lado. No aguantaron tantas horas. Para cuando llegaron los aurores, mis padres habían llegado al punto de no reconocer a nadie, no reaccionar ante nada. Llevan ingresados en San Mungo desde entonces.
Al terminar la historia, Neville tenía lágrimas en los ojos y Harry apenas era de borrar la expresión horrorizada de su rostro, pero sabía por experiencia que lo último que Neville querría sería pena.
Sígueme el juego - le murmuró a su amigo antes de decirle a su padrino en voz alta -. Hey, Sirius, voy a ir un segundo al baño. Ahora vengo.
Yo también voy - dijo Neville entendiendo de inmediato lo que pretendía.
Para cuando alguien más se dio cuenta de que se iban, ya habían salido por la puerta y estaban llegando al baño más cercano. Harry cerró la puerta cuando entraron y se apoyó contra ella esperando una reacción sin mirar al otro chico a su lado. No tuvo que esperar mucho.
Al cabo de un minuto, los hombros de Neville empezaron a sacudirse con sollozos reprimidos y fue entonces cuando Harry se giró hacia él y le dio un abrazo, sin importarle que los chicos no se abrazasen ni esas cosas. Su hombro se empapó con las lágrimas de su amigo, pero no le dedicó ni un pensamiento a eso mientras sujetaba al chico.
No dijo nada porque no había nada que decir. Las cosas no se iban a arreglar en esa situación, no iban a mejorar, no iba a estar todo bien y no comprendía el dolor del chico porque, aunque él tampoco se hubiese criado con sus padres, la situación no era la misma y cada uno afronta las cosas de una manera. Así que solo le sujetó con fuerza, como él hubiese querido que hubiese alguien para él cuando lo había necesitado.
Al cabo de unos minutos, las lágrimas cesaron y los sollozos se convirtieron en pequeños hipidos. Neville se separó algo sonrojado.
Lo siento, Harry, no quería...
Ni se te ocurra disculparte por esto - interrumpió Harry muy serio -. He sido yo por insensible y estúpido por hacerte recordar una cosa así y no tienes ni idea de cuánto lo siento, Neville.
No lo sabías.
Eso no quita el hecho de que te haya hecho recordarlo.
No importa. Creo que lo necesitaba. No se lo había contado nunca a nadie - confesó Neville.
Oh - se sorprendió Harry -. Gracias por confiar en mí.
Merecías saberlo - se encogió de hombros -. Solo... ¿Podrías no decírselo a nadie? No sé si... no estoy preparado para que todos lo sepan todavía.
Ni una palabra a nadie - prometió Harry -. Si necesitas hablar con alguien, solo tienes que decírmelo en cualquier momento. Lo sabes, ¿no?
Gracias, Harry - sonrió Neville.
Hay otra cosa de la que quería hablar contigo, Neville - rompió el silencio Harry después de unos segundos -. ¿Te acuerdas de que te lo dije en el capítulo justo antes del descanso, pero después se me olvidó? ¿El del Callejón Diagon?
Oh, cierto - recordó Neville -. ¿Qué pasaba?
Tu padre era muy bueno en el colegio, ¿verdad? - empezó Harry tras unos segundos de vacilación.
Ehh... Sí. ¿Por qué? - respondió totalmente confundido.
Sobre todo en Defensa Contra las Artes Oscuras y Transformaciones - aventuró.
Sí.
¿Y tu madre en qué era buena?
Eh... No lo sé. Mi abuela no me lo ha contado. A lo mejor no lo sabía.
Y tu abuela era la madre de tu padre, ¿verdad?
Sí - Neville cada vez entendía menos, pero Harry tenía las respuestas que buscaba.
¿Sabes?, por lo que he podido deducir de lo que he ido oyendo sobre mis padres, eran muy distintos. Muy muy distintos. Mi padre iba gastando bromas a todo el mundo, hacía los deberes en el último minuto y era muy bueno en quidditch. Mi madre en cambio era prefecta, estudiante modelo y no se montaba en una escoba a no ser que fuese una emergencia. ¿A quién crees que debería parecerme? Porque no puedo parecerme a los dos a la vez. Son demasiado distintos.
Ehh... No tengo ni idea, Harry - respondió pillado por sorpresa. ¿A qué venía esto?
Sí, yo tampoco lo supe la primera vez que me lo planteé. No quería que fuese como si desechase a ninguno de los dos. Encontré la respuesta en una de las peleas de Ron y Hermione en la que no sabía a quién darle la razón porque me parecía que los dos la tenían en parte. Era como esto. ¿Cómo voy a elegir entre mis dos mejores amigos? ¿Cómo podía elegir a quién elegir como modelo entre mis padres? Así que ignoré tanto a Ron como a Hermione y seguí con lo mío, que me parece que era una redacción para Encantamientos.
¿Eh? - Neville frunció el ceño. Seguía sin verle el sentido a esto.
No quería elegir entre dos de las personas más importantes en mi vida y cuando tomé la decisión de seguir a lo mío, me di cuenta de que podía hacer lo mismo con mi otro problema. No iba a intentar parecerme a ninguno de los dos porque no se podía. No podía ir gastando bromas a todos como mi padre y no iba a ser prefecto porque, aunque me gustase serlo para que se sintiesen orgullosos de mí por algo normal, ya entonces me di cuenta de que causaba muchos problemas a mi paso. Decidí hacer lo que a MÍ me gustase y espero que estén orgullosos por eso. Porque no soy tan bueno como mi padre en Transformaciones ni tanto como mi madre en Encantamientos, pero sí se me da bien Defensa Contra las Artes Oscuras.
Harry, ¿qué quieres decir con todo esto?
Tu abuela quiere que seas como tu padre porque le echa de menos, Neville, y se le ha olvidado que tú no eres igual que él. No serás tan bueno como él en Defensa Contra las Artes Oscuras o en Transformaciones y no sé qué se le daba bien a tu madre, pero sé que eres un genio de la Herbología.
Neville abrió y cerró la boca sin saber qué decir. Esto sí que no se lo esperaba.
Sé que te esfuerzas especialmente en esas dos asignaturas porque te lo dice tu abuela y no te digo que no te esfuerces, pero no te olvides tú tampoco que tú no eres tu padre, sino Neville Longbottom, un magnífico mago que apostaría mi vida que va a hacer algo muy grande en el futuro.
Yo no soy buen mago, Harry. Soy casi un squib... - murmuró Neville encontrando su voz.
No. Eres un magnífico mago que usa una varita que no le obedece y que no tiene suficiente confianza en sí mismo.
Pero...
No hay peros - cortó Harry negando con la cabeza -. Estoy tan seguro de que vas a hacer algo grande en alguno de esos siete libros como de que me llamo Harry Potter. No tienes que demostrarle nada a nadie. Créeme porque es algo que he aprendido a base de que me lo repitiesen Ron y Hermione más veces de las que puedo contar. Las últimas veces hoy mismo justo antes de que apareciese lo que me dijo Ollivander sobre mi varita y lo que me dijo el Sombrero. Bueno, no con esas palabras, pero da lo mismo.
Gracias, Harry. Por todo - agradeció Neville después de reflexionar sobre eso durante un minuto. No iba a ser fácil dejar de hacer lo que llevaba haciendo toda su vida: ser como su padre; pero Harry tenía razón. Él era Neville Longbottom y punto. Era su vida y él decidía qué quería hacer con ella.
Ha sido un placer - sonrió Harry contento -. Si necesitas hablar, te lo repito, solo búscame en cualquier momento. Pero por ahora deberíamos volver al Gran Comedor antes de que envíen a alguien a buscarnos.
Unos minutos después, ambos se sentaban de nuevo en la mesa de Gryffindor tranquilamente.
Ya era hora - dijo Sirius -. ¿Qué demonios habéis estado haciendo?
Solo nos hemos dado una vuelta - mintió Harry con facilidad sirviéndose más patatas asadas -. ¿Me pasas los muslos de pollo, Sirius?
¿A dónde habéis ido? - preguntó su padrino pasándole la bandeja. No estaba seguro de si creérselo o no.
Por ahí en el castillo - respondió Harry con vaguedad y dándole énfasis con un gesto de la mano -. Nada importante.
¿Qué...? - empezó a preguntar sin estar convencido todavía.
Harry se libró de contestar cuando aparecieron los postres justo en ese momento.
¡Tarta de melaza! - exclamó contento, los muslos de pollo y las patatas completamente olvidados. Menos mal que ya había comido suficiente antes, y Neville también -. ¡Hey, trae acá la tarta antes de que te la comas entera, Ron!
Creo que hay más peligro en que te la comas tú entera - resopló Hermione divertida -. Es lo único de lo que comes más que él. Mejor te esperas a ver si alguien más quiere.
Pero se va a acabar, Hermione - gimió Harry.
No se va a acabar. Es enorme - le contradijo divertida.
Finalmente, la tarta llegó hasta él y pudo servirse un enorme trozo de su postre favorito.
¿Vas a poder comerte todo eso? - preguntó Luna curiosa.
Es tarta de melaza. Podría comérmela entera si hiciese falta - respondió Harry ignorando las miradas divertidas de muchos a su alrededor.
La comida siguió entre risas y chistes. Por suerte ni Harry ni Neville tuvieron que responder más preguntas sobre dónde habían estado así que todo transcurrió con mucha tranquilidad. Llevaban algo menos de una hora de descanso cuando el director se levantó por fin de su asiento y todos se callaron casi de inmediato.
Ahora que ya estamos todos comidos, descansados y a gusto, creo que ya es hora de seguir con la lectura - anunció. Los murmullos se extendieron rápidamente, todos intentando averiguar qué vendría ahora -. Así que si soy tan amables, por favor, todos en pie.
En seguida los sofás y sillones volvían a ocupar el lugar de las mesas de madera y todos ocuparon los mismos sitios de antes.
Yo tengo aquí el libro - dijo Sirius levantándolo -. ¿Quién quiere leer ahora?
Yo - dijo Bill extendiendo el brazo para cogerlo -. No va a aparecer nada peligroso todavía, ¿no? - preguntó dubitativo mirando al trío.
A ver, creo que aún no, pero déjame ver un segundo el título del capítulo - dijo Harry levantándose. Cogió el libro que le tendía el pelirrojo y buscó el capítulo por el que iban -. No, en este no ocurre nada especialmente llamativo.
Menos mal - suspiró Sirius mientras Harry volvía a su sitio a la izquierda de Hermione, con Ron al otro lado de la chica. Aún no estaba preparado para escuchar algunas de las aventuras de su ahijado.