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Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 10
Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo
El viaje desde el andén nueve y tres cuartos
A mí me apetece leer este - dijo Harry -. Prefiero leer uno que sé que es tranquilo y si no me equivoco este es el viaje en tren a Hogwarts.
Está bien, señor Potter - accedió el director con un asentimiento de la cabeza -. Cuando esté listo, empiece la lectura.
El viaje desde el andén nueve y tres cuartos
-
leyó Harry y sonrió -. Parece que tenía razón. Este es un capítulo tranquilo.
Y va a ser el mejor hasta el momento - dijo George -. No podía ser de otra forma, ¿verdad, Gred?
Por supuesto que no, Feorge - asintió él de acuerdo -. Después de todo, es donde hacemos nuestra espectacular aparición.
A lo mejor si os calláis llegáis a hacer vuestra espectacular aparición antes de la comida - les miró Harry con los ojos entrecerrados antes de sonreír traviesamente -. Y también aparecerá vuestra magnífica descripción.
Los dos gemelos perdieron la sonrisa al darse cuenta de eso y no fueron los únicos. Ron, Hermione, Neville, todos los que habían hablado con Harry aquel día abrieron mucho los ojos asustados. ¿Su descripción sería tan mala como la de los Dursley?
El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido.
¿Alguna vez lo fue? - preguntó Tonks escéptica.
Eh... Supongo que no - Harry se encogió de hombros -. Pero habría estado bien que ahora que las cosas habían cambiado me tratasen un poco mejor.
Hombre, peor no te pueden tratar - dijo Bill y entonces se le ocurrió que a lo mejor sí podían -. No te trataron peor todavía, ¿verdad?
No, qué va - se apresuró a asegurar Harry y todos soltaron un suspiro de alivio -. Solo que fue un tanto deprimente. Aunque prefería eso a como era antes.
Volvió la vista al libro dejando claro a todos que no iba a dar más detalles y que solo sabrían lo que viniese en esas páginas.
Es cierto que Dudley le tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación, y que tía Petunia y tío Vernon no lo encerraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le gritaban. En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra. Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía. Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.
Ugh - hizo una mueca Ron -. Un mes sin hablar con nadie. Yo me habría vuelto loco.
Yo estoy con Harry - opinó Neville sonrojándose cuando todos le miraron -. Mejor que no le digan nada a cómo le trataban antes.
Todos reflexionaron durante un segundo pensando qué preferirían ellos. ¿Ser completamente ignorados durante un mes o que te dirigiesen la palabra pero fuese solo a gritos? No era una decisión que quisiesen tomar. Y lo peor es que había sido la realidad de un niño de once años.
No sé. A mí las dos opciones me parecen horribles - dijo Ron con una mueca antes de girarse hacia su amigo -. No entiendo cómo no te volviste loco en ese tiempo. Yo creo que me habría escapado hacía mucho.
Sí que tenía a alguien haciéndome compañía - sonrió Harry - y no iba a largarme yo solo por el mundo mágico cuando solo había estado en él un día. No sabría a dónde ir.
De nuevo, las opciones de Harry eran terribles, por decirlo de alguna forma.
Has dicho que tenías a alguien haciéndote compañía - dijo Charlie confundido -. ¿Quién era?
Lo pone justo en la siguiente línea - respondió Harry que había leído un poco más adelante -. Pero ya deberíais saber quién es. Después de todo, ya ha aparecido en el capítulo anterior.
Algunos fruncieron el ceño aún más confundidos intentando recordar quién había aparecido que pudiese estar con él en casa de los Dursley y otros abrieron mucho los ojos y sonrieron al darse cuenta de a quién se refería.
Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechuza por compañía.
Hedwig - sonrió Luna -. Es una muy buena lechuza, ¿lo sabías?
Sí. Ella me hizo compañía hasta que fui a Hogwarts y también el verano pasado - dijo Harry mirando a la rubia.
Decidió llamarla Hedwig, un nombre que encontró enUna historia de la magia.**
¿Te has leído ese libro? - preguntó horrorizado Ron mientras que Hermione miraba radiante a su amigo.
¿Cómo has podido, Harry? - dijo Fred con una mueca.
Nosotros creíamos que eras decente - dramatizó George.
¡Hey! - protestó Harry -. Sí que me lo leí aquel verano, pero solo lo abrí una noche y desde entonces nunca más. Lo siento, Hermione, pero soy incapaz de aguantar más de una página de revoluciones de gnomos. Te las puedo resumir todas en una frase. Se pelean, hacen un tratado de paz y lo rompen antes de que termine el día.
Los tres pelirrojos y Sirius, que también había estado horrorizado al ver que su ahijado era cada vez más parecido a Lily, soltaron un suspiro de alivio. Hermione, por el contrario, frunció el ceño al oír esto, aunque no podía negar que sí que se resumían todas las revoluciones así.
Los libros del colegio eran muy interesantes.
Ron, Hermione, Sirius y los gemelos parecían semáforos cambiando de expresión con cada frase. Ahora el turno de la chica de volver a sonreír como si le hubiesen dado la mejor noticia del mundo mientras los otros miraban a Harry como si estuviesen planeando llevarle a San Mungo.
¿Qué? En Privet Drive cualquier cosa te parece interesante - se defendió Harry levantando las manos.
Los chicos tuvieron que darle la razón a regañadientes. Ese barrio tenía toda la pinta de ser una trampa mortal de aburrimiento para cualquiera, excepto para los Dursley al parecer.
Por la noche leía en la cama hasta tarde,
¡Dejad de mirarme así! - exclamó Harry cuando los mismos de antes se volvieron a girar hacia él con los ojos todavía más abiertos.
Pero, Harry, leías los libros de texto en la cama antes de irte a dormir - dijo Ron sin acabar de creérselo.
Ron, acababa de descubrir la magia - le recordó pacientemente -. ¡Claro que me parecía interesante aprender algo más sobre eso! Y te recuerdo que era lo único que pude hacer durante un mes entero. Era leer sobre magia o mirar por la ventana cómo la señora Figg sacaba los gatos al jardín.
Ron hizo otra mueca. Él nunca había sido muy fan de los libros de texto del colegio aunque tratasen de magia porque para él la magia era tan normal como respirar.
mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos.
Me habría encantado ver la cara de tu tía - rio Sirius.
Sí, ¿verdad? Habría sido gracioso - sonrió Harry mirando contento a su padrino -. Aún así prefiero que no lo hiciera, no fuese a ser que decidiesen hacerle algo a Hedwig.
Pero a una lechuza no le harían nada, ¿no? - preguntó Neville dubitativo -. Me refiero, es solo un animal. No tiene la culpa de nada.
Ya veremos si me dices lo mismo cuando avancemos un poco en el segundo libro - suspiró el chico -. Si trataban a mí así, que soy su sobrino, tratarán así a cualquiera relacionado con la magia, persona o animal.
Cierto. Ya no sabían ni por qué se sorprendían, después de todo lo que habían leído y, sin embargo, los Dursley todavía conseguían darles sorpresas desagradables.
Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.
Yo hice lo mismo - dijo Hermione sonriendo -. Estaba deseando irme a un sitio lleno de magia.
Creo que todos lo hicimos - dijo Ron al ver que ella no era la única que asentía.
Me parece que esa es la única vez que un niño tiene ganas de que acaben las vacaciones de verano - dijo Bill -. La primera vez que vas a Hogwarts.
Todos asintieron de acuerdo excepto el chico de la cicatriz del rayo. Él había deseado siempre, en todas las vacaciones, que empezase de nuevo el colegio porque significaba que estaba varias horas al día alejado de los Dursley y eso valía la pena de todos los deberes y exámenes del mundo.
El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ira la estación de King's Cross, al día siguiente.
¿No les habías dicho nada hasta ese momento? - preguntó Remus sin saber cómo tomarse eso.
No - negó Harry -. Si se lo dijese mucho antes tendrían tiempo para buscar alguna excusa y no llevarme mientras que si se lo decía así de golpe y con prisas, había alguna posibilidad de que me llevasen de verdad.
Vaya, sí que sabes cómo conseguir más o menos lo que quieres incluso de ellos, ¿eh? - silbó Charlie sorprendido.
Había vivido diez años con ellos en ese momento - replicó Harry -. Tenía que aprender algún truco, ¿no?
Hubo sentimientos enfrentados con este comentario. Alivio por que hubiese aprendido a engañarlos para salirse con la suya de vez en cuando y una mezcla de remordimiento, pena y furia por que hubiese tenido que pasar por eso. Harry se dio cuenta y decidió que mejor seguía leyendo y se evitaba otra conversación llena de disculpas sin sentido y miradas de pena que él no necesitaba en absoluto.
Así que bajó al salón, donde estaban viendo la televisión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
Será cobarde - murmuró Sirius -. No has hecho nada. Nada en absoluto.
Te equivocas, Sirius - dijo George sonriendo -. Ha entrado en la habitación y se ha aclarado la garganta.
Eso asustaría a cualquiera - dijo Fred con fingida seriedad -. Hasta el propio Quien-tú-sabes saldría corriendo si Harry tosiese.
Pero deja que siga así y que el cerdo huya - siguió el primero.
Así será mucho más divertido para nosotros cuando les hagamos una visita - Fred sonrió de tal manera que todos se alegraron de no ser Dudley Dursley y algunos casi sintieron pena por el niño muggle. Casi.
—Hum... ¿Tí****o Vernon?
Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.
Qué educado, ¿verdad? - ironizó Tonks con una mueca.
Menudo ejemplo le está dando a su hijo - gruñó la señora Weasley -. No me extraña que el niño haya salido como ha salido si esos padres son su modelo de referencia.
Nadie podía estar más de acuerdo con ella.
—Hum... necesito estar ma****ñana en King's Cross para... para ir a Hogwarts.
Tío Vernon gruñó otra vez.
No me lo puedo creer - dijo Molly apretando los dientes atónita y furiosa -. No puedes ignorar así a tu sobrino.
Molly, cariño, estoy totalmente de acuerdo contigo - dijo el señor Weasley rápidamente con una mueca -. Pero mi brazo no tiene la culpa de lo que haga Vernon Dursley y me gustaría poder usarlo en el futuro - terminó señalando su brazo izquierdo que estaba atrapado en las garras de su mujer consiguiendo que estuviese perdiendo sensibilidad en sus dedos por momentos.
Oh, lo siento, Arthur - se disculpó soltándole en seguida -. Es solo que...
Lo sé, Molly - la tranquilizó cogiéndola de la mano -. Pero nosotros nunca hemos hecho ni haremos algo así con nuestros hijos, y sabemos que ninguno de ellos haría algo así tampoco.
Los siete pelirrojos asintieron rápidamente y su madre les sonrió contenta con ellos. No vio cómo se relajaron una vez que la mujer devolvió su atención a la lectura. Por lo menos esta vez no se había enfadado con ellos...
—¿Podría ser que me lleves hasta allí?
Otro gruñido. Harry interpretóque quer****ía decir sí.
¿Ahora hablas troll? - preguntó Ron sarcásticamente. Estaba frunciendo el ceño molesto por el trato hacia su hermano.
Bueno, hermanito, no es muy difícil, ¿no? - intervino George sabiendo lo que pensaba su hermano pequeño.
Solo hay que gruñir y señalar. Sobre todo gruñir - aportó Fred con una sonrisa -. Aunque me sorprende que Harry lo haya entendido a la primera.
Tienes razón, hermano - asintió el primero -. Esta subespecie de troll es aún más difícil de entender, ¿verdad?
Totalmente. Es una verdadera hazaña que el pequeño Harry haya comprendido lo que estaba diciendo.
Shh - les chistó Harry con una sonrisa -. Aún no ha llegado la mejor parte de esta conversación.
—Muchas gracias.
¿Y le diste las gracias? - Remus alzó las cejas tanto que casi se perdieron en la raíz del cabello -. ¿Por qué diablos les estás agradeciendo? No es como si te hubiesen dicho una sola palabra.
Bueno, necesitaba que me llevasen al día siguiente a Londres - se excusó Harry encogiéndose de hombros -. Mejor ser educado y conseguir que me lleven a la estación que tener la satisfacción de no contestarle y tener que esperar un par de días a que alguien venga a buscarme. Además, después de un mes así te acostumbras casi del todo.
¿De verdad estuvieron así el mes entero? - se sorprendió Sirius -. Sé que ya lo habías dicho, pero ver cómo era de verdad... No te han dicho ni una palabra. Solo un grito de tu primo y gruñidos...
No sé cómo te volviste loco con eso - sacudió la cabeza Neville.
Harry, ya sabes que yo defiendo que hay que mantener los modales con todo el mundo aunque no te parezcan las personas más agradables - habló la señora Weasley con los labios fruncidos como si no se creyese lo que iba a decir a continuación -, pero acabas de encontrar la excepción a mi regla. Esos animales no se merecen que les des las gracias por nada.
No se preocupe, señora Weasley - sonrió Harry -. Esa fue la primera y última vez que lo hice.
Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
¿Así que sabe hablar? - alzó una ceja George.
Nosotros ya estábamos convencidos de que solo sabía gruñir - dijo Fred.
Todos rieron ante las tonterías de los gemelos, menos ellos mismos. Ellos estaban molestos por lo que estaban leyendo de la situación en Privet Drive, y la mejor manera de esconderlo, de quitarle importancia al asunto, tal y como quería Harry, era bromeando sobre ello, hacer chistes y mofarse de los Dursley.
—Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?
Merlín, ese chiste es todavía peor que el de las cartas-bomba - gruñó Sirius palmeándole la frente.
No conozco a nadie con un sentido del humor más penoso - sacudió la cabeza Remus.
Yo tampoco - dijo Tonks -. Menos mal que no hay mucha gente así.
No hay nadie como los Dursley - recalcó Charlie -. Es imposible.
Y por supuesto, con su suerte, Harry tenía que acabar justo con ellos, con la familia de muggles más odiosos que podían existir, pensaban los más cercanos a Harry con una mueca amarga.
Harry no contest****ó nada.
Bien hecho - asintió Sirius -. Una tontería así no merece ningún comentario.
¿Y el qué has hecho tú? - se mofó Tonks.
¡No es lo mismo! - se defendió el animago sonrojándose indignado -. No merece que mi ahijado haga un comentario delante de la morsa. Yo me puedo burlar aquí de él todo lo que quiera.
Lo que tú digas, Sirius - dijo Remus riendo con el resto -. Sigue diciéndote eso si te hace sentirte mejor.
—¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
No lo puede saber - dijo Percy con el ceño fruncido -. El castillo es inmarcable, así que no aparece en los mapas y solo aprendes dónde está cuando vienes por primera vez o si te lees Historia de Hogwarts.
No lo sabían - se encogió de hombros Harry.
Tu tía sí lo tendría que haber sabido porque estoy seguro de que Lily se lo dijo - intervino Remus.
Entonces es que quería incomodar a Harry - gruñó Sirius.
—No lo sé —dijo Harry; dándose cuenta de eso por primera vez. Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado**—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.**
Sus tíos lo miraron asombrados.
—¿Andén qué?
¡No me lo puedo creer! - exclamó Remus indignado -. De la morsa de su marido lo entiendo porque nunca ha ido, pero Petunia ha estado en ese andén.
Todos la vimos ahí - gruñó Sirius apretando los puños -. Estuvo insultando a la pelirroja delante de todo el mundo cuando íbamos a empezar séptimo curso y no se calló hasta que James intervino y la amenazó con la varita.
¿Así que sabía entrar? - preguntó Harry sin sentirse sorprendido en absoluto por el comportamiento de su tía. Molesto sí, pero no sorprendido.
Sí, claro - asintió Sirius confundido -. Espera, Hagrid no te lo dijo así que tú no sabes entrar. ¿Asumo que tampoco te lo dijo tu tía?
Eh... No - admitió el chico y su padrino empezó a maldecir a Petunia por lo bajo -. ¡Pero no pasa nada! - se apresuró a tranquilizarle -. Fue mejor que no me lo dijese porque conocí a una familia fantástica a cambio.
Los Weasley se pusieron de un color tan rojo como su pelo.
¿Una familia de pelirrojos, a lo mejor? - preguntó Remus con una sonrisa inocente que se hizo más amplia al ver que se sonrojaban todavía más, si era posible.
Puede - sonrió Harry -. Ahora lo verás - y se apresuró a devolver la atención al libro entre sus manos.
—Nueve y tres cuartos.
—No digas estupideces**—dijo tío Vernon—. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.**
Mejor - asintió Tonks -. Mucho mejor que siga pensando eso. Así se aleja y nos deja tu paz a los demás.
No creo que entrase voluntariamente en ese andén ni aunque le pagasen - rio Charlie.
Jamás lo haría - negó Harry -. Aprecia demasiado su "normalidad".
—Eso dice mi billete.
—Equivocados**—dijo tío Vernon—.**
En realidad, Dursley, te has estado equivocando tú desde el primer capítulo - dijo George.
Algunos gatos sí pueden leer mapas - empezó a enumerar Fred.
Era un grupo de magos, no una colecta.
Tu sobrino sí se llama Harry y sí hablaban sobre él.
Por desgracia para dicho sobrino, sí estará involucrado con vosotros.
El correo sí que llega los domingos.
No podéis huir de un mago.
Dicho sobrino sí que va a ir a Hogwarts.
Y sí que existe el andén nueve y tres cuartos - terminó George.
Así que me parece que vuelves a ser tú quien está equivocado, Dursley - dijo Fred.
Señores Weasley, ¿podrían dejar ya que continúe la lectura? - les interrumpió la profesora McGonagall con expresión severa, pero escondiendo una sonrisa.
Por supuesto, profesora - respondieron a coro.
Harry sacudió la cabeza divertido y volvió al libro. Sí que era cierto que de momento su tío no había tenido razón en nada relacionado con Harry.
Totalmente locos, todos ellos. Ya lo verás. Tú espera.
Si no estar loco significa pensar como ese muggle - dijo Ron con una mueca -, prefiero estar loco.
Yo creía que ya habíamos dicho que su cabeza no funciona como la nuestra - dijo soñadora ente Luna -. ¿No es cierto? Cuando intentó golear un clavo con un trozo de pastel.
Todos se quedaron un segundo mirándola en silencio, juzgando si lo decía en serio o no, antes de estallar en carcajadas.
Y yo pensaba que ya habíamos quedado que Harry está lo suficientemente loco para atracar un banco, volar sobre un dragón y no sé qué otras barbaridades - se atrevió a decir Neville sonrojado -. No le parecería raro si todos los magos estuviésemos así de locos.
Las risas volvieron con fuerza mientras Harry fingía fulminar con la mirada a su compañero de cuarto.
¡Neville!, ¿tú también? - exclamó sonriendo para que el otro chico no se lo tomase mal.
Muy bien, te llevaremos a King's Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.
Qué simpático - ironizó Hermione antes de girarse hacia su amigo -. ¿Te habría hecho ir por tu cuenta a Londres?
Básicamente - se encogió de hombros él -, pero me habría sido imposible ir yo solo y habría tenido que venir alguien a buscarme.
Hubiese sido mejor - murmuró McGonagall -. Hubiese ido yo misma y no habría dejado que volviese allí jamás cuando viese cómo le trataban.
—¿Por quévais a Londres?—preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.
¿Para qué te molestaste con eso? - dijo Ron mirando a su amigo -. Es imposible mantener una conversación con ellos sin recibir un insulto.
No sé - respondió Harry -. Me iban a llevar a la estación y... no sé.
Harry bajó la cabeza sin saber cómo explicarse. No le gustaban los Dursley, más bien estaría encantado de echarles una maldición por cada injusticia que le habían hecho. Sin embargo, seguían siendo quienes le habían criado, los que aparecían en sus primeros recuerdos y con los que había pasado la mayor parte de su vida y no había podido evitar intentar fingir por un minuto que le querían y tenían una relación familiar como la que deberían tener.
No les quería y él consideraba su familia a los que en ese momento estaban sentados a su lado, pero una pequeña parte de él, ese niño al que encerraban en la alacena durante semanas, no perdía la esperanza de que algún día empezarían a quererle.
Los más cercanos a él lo entendieron de inmediato. El niño de once años había seguido buscando la aprobación y el cariño de sus tíos, aunque supiese que nunca iba a recibirlo. Y maldijeron en su interior a los Dursley por haberle hecho eso a Harry, por no haberle dado la infancia que se merecía. Pero ahora ellos estaban para él e iban a estarlo siempre que lo necesitase.
Harry sacudió la cabeza para librarse de esos pensamientos y empezó de nuevo a leer.
—Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.
Todos estallaron en carcajadas al recordar el suceso y muchos volvieron a felicitar a Hagrid.
¿Estuvo un mes con la cola de cerdo puesta? - soltó Neville sorprendido sin pensar y se sonrojó cuando todos le miraron.
Sí - Harry le sonrió para darle ánimos -. Mis tíos pensaron que a lo mejor el efecto se iba con el tiempo y que en un par de días desaparecería. Pero cuando faltaba una semana para que fuese al colegio y todavía seguía con ella no les quedó más remedio que buscar una excusa para el médico.
¿Y cuál fue? ¿Cómo explicaron que su hijo tuviese una cola de cerdo? - preguntó Tonks curiosa antes de reírse de nuevo al imaginarse la situación.
No lo sé - suspiró Harry con una media sonrisa -. Hacer una pregunta ya era arriesgado, dos en el mismo día era un suicidio.
¿Así que nunca lo averiguaste? - dijo Sirius intentando olvidar la segunda parte del comentario de su ahijado.
No - negó el chico -. No volví a preguntar ese verano y el siguiente... Bueno, digamos que el final de curso de primero fue lo bastante emocionante como para quitarme de la cabeza ese tipo de cosas. Y las vacaciones tampoco fueron tranquilas así que no, no se lo pregunté.
Sabes que eso no me tranquiliza en lo más mínimo, ¿verdad? - dijo Sirius con el ceño fruncido.
Lo siento - sonrió Harry -. Ya verás a qué me refiero.
A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no****pudo volver a dormir.
Wow - se asombraron algunos. Otros se sonrojaron porque a ellos les había pasado lo mismo.
Yo hice lo mismo - admitió Neville colorado hasta las orejas.
Todo el mundo hace lo mismo, Neville - sonrió Charlie. Este chico le caía bien. No le daba miedo mancharse las manos con nada.
Aunque algunos no lo reconozcan - añadió Tonks mirando con los ojos entrecerrados a Malfoy, que miraba al frente muy digno. Se le habían teñido las mejillas de rosa y estaba intentando por todos los medios ignorar a la metamorfomaga.
Se levant****ó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren.
Me alegro de que tenga algo de sentido común, señor Potter - aprobó la profesora McGonagall con una pequeña sonrisa -. Se lo pedimos a todos los nacidos de muggles para que no llamen la atención, pero parece que a Hagrid se le olvidó mencionar también eso.
Hagrid se sonrojó furiosamente ante la mirada de la profesora.
Lo siento, Harry, yo estaba emocionado ese día y con todo lo que hicimos se me olvidó. Todo es mi culpa y algo podría haber ido mal. Te podrían haber regañado por algo de lo que no tenías la culpa o... - Hagrid aceleró inconscientemente sus disculpas según se iba poniendo más nervioso.
Hagrid - le cortó Harry con una sonrisa divertida -, no fue tu culpa. Hicimos muchas cosas ese día y además no pasó nada malo porque sí se me ocurrió ponerme la túnica en el tren.
Pero y si...
No pasó nada - le interrumpió de nuevo -. Y si no se me hubiese ocurrido y me hubiesen regañado, aunque dudo que regañasen a uno de primero por eso, no sería la primera y definitivamente tampoco la última vez que me habría metido en líos. Y creo que he demostrado que no se me da mal salir de ellos.
Por fin Hagrid sonrió y el chico le devolvió el gesto antes de volver al libro.
Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se levantaran. Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry estaba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marcharse.
¿Cómo que "había hecho" que el cerdo se sentase contigo?
-
frunció el ceño George.
¿Qué eres? ¿Un animal con la rabia? - preguntó Fred molesto.
No, algo peor para los Dursley. Un niño con magia - se encogió de hombros Harry y muchos gruñeron -. ¿No os habéis dado cuenta de que para ellos no hay nada peor que un mago?
Creo que se me sigue olvidando - dijo Sirius pretendo los dientes.
Harry puso los ojos en blanco y suspiró. Sabía que para cuando terminasen los libros a ninguno se le olvidaría algo así a no ser que cambiase mucho la actitud de sus tíos, y no parecía posible que eso pasase.
Llegaron a King's Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación.
¿Perdón? - interrumpió incrédulo Sirius.
¿Que la morsa hizo qué? - preguntó Remus atónito.
A lo mejor empiezan a mostrarse más cariñosos con él - aventuró Molly dubitativa, aunque no podía evitar sentir una pizca de esperanza.
Eso no va a pasar nunca - negó Fred -. No inventes, Harry, y lee lo que pone de verdad.
Pone eso - dijo Hermione mirando la página ella también.
Porque es lo que hizo - señaló Harry -. Todo lo que pone en estos libros es verdad.
Pues no es normal - sentenció George como si acabase de resolver el mayor misterio del mundo -. ¿Qué diablos está tramando ahora?
Ahora lo veréis. Tampoco fue tan malo - le quitó importancia Harry -. Pudo haber sido mucho peor.
Tu definición de "no es tan malo" no me convence en absoluto, Harry - intervino Ron -. Así que perdona si no me lo creo.
Harry le fulminó con la mirada, pero el pelirrojo no se inmutó y solo le hizo un gesto para que siguiese leyendo.
Harry pens****ó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
—Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez... Tu andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?
Será estúpido - gruñó Ron. Tal era la indignación de todos los presentes que su madre ni siquiera le regañó por su lenguaje.
No va a hacer lo que creo que va a hacer, ¿no? - preguntó Sirius apretando los puños.
Depende de lo que creas que va a hacer - dijo Harry -, pero me parece que la respuesta es sí. Sí que va a hacerlo.
Ya sabíamos nosotros que tramaba algo - bufó George.
Y no era nada bueno - terminó Fred frunciendo el ceño.
Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
Sí que lo hay, Harry - interrumpió Ron -. Que no lo veas no significa que no esté ahí, ¿lo sabes, no?
Sí, lo sé. Y tú sabes que esto sucedió hace casi dos años y que ahora ya sé que sí existe la estación porque he estado en ella, ¿no? - replicó Harry con una ceja alzada y una sonrisa burlona.
Cierra el pico - dijo Ron con las orejas coloradas.
Harry sacudió la cabeza divertido mientras todos soltaban risitas y él volvía a la lectura.
—Que tengas un buen curso —dijo tío Vernoncon una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más.
No va a hacerlo - dijo Fred incrédulo sacudiendo la cabeza.
Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban.
¡Sí lo va a hacer! - exclamó George tan atónito que se le olvidó enfadarse.
Los tres se reían.
¡Y encima se ríen! - interrumpió Sirius -. ¡¿Cómo pueden dejar solo a mi ahijado en la estación y largarse riéndose?!
¿Te dejaron solo? ¿Completamente solo sin tener adonde ir? - se escandalizó Hermione.
¿Por qué te crees que tuve que preguntar cómo entrar? - replicó Harry en voz baja. Ron sintió un peso cayendo a plomo en su estómago al recordar con claridad ese día y al canijo de pelo negro que se había acercado a ellos completamente solo para preguntarles por la entrada de la estación. Nunca se había preguntado qué hacía ahí solo y ahora se arrepentía de no haber pensado en esos detalles.
Van a pagar por eso - gruñó el pelirrojo apretando los dientes.
Ron, no puedes hacer magia fuera de Hogwarts - le recordó Harry pacientemente -. ¿Cómo piensas hacer pagar a los Dursley?
Nosotros sí podemos hacer magia y estaremos más que encantados de acompañar a Ron - intervino Bill. A su lado Charlie y Tonks asentían decididos y un poco más allá Percy hacía lo mismo.
Y he crecido con Fred y George. Algunas cosas he aprendido de ellos y no me hace falta la magia - dijo Ron.
Ah, pero no hay nada como los originales, pequeño Ronnie. Nosotros también vamos - decidió George.
¿No pensarías que te íbamos a dejar ir solo y quedarte con toda la diversión, no? Además, George y yo tenemos algunos productos nuevos que queremos probar - sonrió malévolamente Fred.
Venga, chicos, no es para tanto - intentó calmarles Harry -. Vosotros mejor que nadie sabéis que esto acabó bien.
Eso no es excusa - cortó Ron -. Y no lo vamos a hacer solo por eso, sino por todo lo demás.
Nadie se mete con un Weasley y sale impune - dijo George.
Y tú eres el Weasley honorario no pelirrojo - añadió Fred al ver que Harry abría la boca para protestar que él no era un Weasley.
Harry se quedó estupefacto y no supo qué contestar. Tragó intentando deshacer el nudo que se le había formado en la garganta, pero todos oyeron cómo se trababa un poco al seguir leyendo.
Harry sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba llamando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que preguntarle a alguien.
¿Y a quién puedes preguntar? Los guardas de la estación no conocen el andén nueve y tres cuartos - empezó a desesperarse un poco Remus.
Remus, estoy aquí así que obviamente conseguí subir al tren y venir - le recordó Harry sonriendo al ver que se le había olvidado que iba a encontrar a los Weasley.
Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el andén nueve y tres cuartos.
Habría pensado que le estabas tomando el pelo - razonó Tonks.
Probablemente - asintió Charlie.
Y con tu suerte habrías conseguido meterte en problemas por eso - se burló Ron. Él no estaba preocupado porque sabía lo que iba a pasar.
Pero mi suerte no siempre es mala y en este caso no pudo ser mejor - sonrió Harry.
El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts,
¿Le preguntaste directamente sobre Hogwarts? - se sorprendió Neville.
¿Por qué no le dijiste ya que eras un mago con una baúl lleno de libros de hechizos y una varita mágica? - ironizó Fred poniendo los ojos en blanco.
Eso. Así te habrían encerrado en una habitación acolchada ese mismo día - dijo George.
¡Hey!, estaba nervioso, no tenía ni idea de lo que hacer y se me estaba acabando el tiempo - se defendió Harry sonrojado.
Pues menos mal que nosotros siempre llegamos con el tiempo justo todos los años porque sino ya habríamos entrado en el andén y no nos habrías encontrado - murmuró Ron dándose cuenta de la suerte que habían tenido.
y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito. Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno.
Menos mal - suspiró el señor Weasley.
Si hubiese habido alguno te habrías subido y no tengo ni idea de dónde habrías acabado - estuvo de acuerdo Bill.
A lo mejor tu suerte no es tan mala - aventuró Tonks guiñándole un ojo al chico con una sonrisa.
No cuando las cosas se empiezan a poner feas - asintió Harry devolviendo la sonrisa.
Por lo menos eso está bien - intentó alegrarse Remus -. Si tienes malas suerte y acabas metiéndote en problemas, por lo menos que puedas salir de ellos.
Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo. Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer.
¿Cómo demonios conseguiste entrar? - empezó a preocuparse Sirius.
Sirius, te puedo asegurar que llegué y no pudo ser de mejor manera - le tranquilizó su ahijado levantando la vista de la página.
Pues aún no veo cómo - gruñó el otro para nada convencido.
Déjame leer y lo verás - se impacientó el chico poniendo los ojos en blanco.
Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza.
Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para entrar en el callejón Diagon.
No es exactamente así, pero sí se olvidó de decirte algo - sonrió Charlie.
Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
¡No! - exclamaron muchos a la vez sobresaltando a Harry.
No lo hiciste, ¿verdad? - preguntó Remus nervioso -. Porque podrías liar las cosas mucho.
Podrías cerrar la barrera y nadie podría entrar o salir hasta que viniese algún otro mago de fuera para reabrirla - dijo Bill.
Podrías hacer desaparecer simplemente la entrada y eso sería aún peor - aportó Charlie.
Podría explotar la barrera al entrar en contacto de esa forma con una varita - dijo Luna como si fuese lo más normal del mundo. Las posibilidades eran cada vez más descabelladas y Harry tenía que esforzarse por no reírse o poner los ojos en blanco al oír alguna de ellas.
Solo a ti se te podría ocurrir una idea tan... tan... rematadamente loca - suspiró Hermione -. Pero no lo hiciste, ¿verdad, Harry?
¡Claro que no, Hermione! - exclamó fingiendo estar indignado -. No me dio tiempo - admitió en voz más baja y sonrojándose un poco.
¿Así que lo habrías hecho? - preguntó Ron con una sonrisa divertida.
Harry se encogió de hombros con un vago "puede" y se apresuró a reanudar la lectura para evitar más comentarios embarazosos que estaba seguro que llegarían de todos los que estaban poniendo los ojos en blanco divertidos.
En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
—... lleno de muggles, por supuesto...
¡Te encontraste con una familia de magos! - exclamó Sirius contento.
Sí - asintió Harry con una enorme sonrisa.
Gracias a Merlín - suspiró Remus relajándose.
Os dije que iba a conseguir subir al tren - les recordó el chico.
Chitón, Harry, no le quites la emoción al libro - le calló Sirius sonriendo de buen humor.
Por eso no te preocupes. Va a tener emoción de sobra - murmuró Harry antes de seguir.
Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mujerpelirroja**,**
Harry tartamudeó un poco con esta última palabra. Había estado leyendo un poco por delante y había estado a punto de darle un infarto al leer que describía a la señora Weasley como "regordeta". Por suerte había pensado con rapidez y la había cambiado con "pelirroja" para evitar su propia vergüenza, la de la señora Weasley y el enfado del resto de los pelirrojos. Por no mencionar las burlas de su padrino, Remus y cierta metamorfomaga.
Solo Hermione le miró extrañada por la vacilación en la descripción y el repentino sonrojo en las mejillas del chico. Curiosa, miró por encima de su hombro a la página y tuvo que ahogar una risita al leer lo que ponía en realidad. No le iba a echar en cara que cambiar un adjetivo que aparecía en un pensamiento pasajero sin importancia y, lo más importante, personal.
Mejor librar a Harry de la vergüenza extra, añadida a la de estar descubriendo cada uno de sus secretos.
que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo.
¡Son los Weasley! - exclamó Sirius reconociéndoles -. ¡Sois vosotros! - dijo girándose hacia los mencionados -. ¡Te encontraste con los Weasley! - repitió sorprendido.
Lo sé, Sirius. Os lo había dicho - respondió el chico con una sonrisa.
Ya nos hemos enterado con la descripción, Canuto. O con la primera vez que lo has gritado delante de todo el Gran Comedor - rio Remus.
Calla, Lunático. Mi ahijado va a hablar por primera vez con su mejor amigo.
En realidad - intervino Harry -, Ron no fue el primer Weasley con el que hablé.
No me refiero a Molly, Harry - Sirius hizo un gesto de impaciencia -. Sin ofender, Molly. Solo me refiero a un chico de su edad.
No me ofendo - sonrió la mujer pelirroja -. Sé a lo que te referías.
Aun sin contar a la señora Weasley, Ron no fue el primer Weasley al que conocí. Otro pelirrojo llegó antes a hablar conmigo.
¿Quién fue? - preguntó su padrino ansioso, pero soltó un gruñido cuando Harry solo siguió leyendo como respuesta.
Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una****lechuza.
Con el corazón palpitante, Harry empujóel carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.
—Y ahora, ¿cuál es el número del andén? —dijo la madre.
¿Qué? ¿No te deberías saber el número más que de sobra, Molly?
-
preguntó confuso Sirius -. Digo, después de Bill, Charlie, Percy y los gemelos yo ya habría pensado que te lo sabes...
Es costumbre, Sirius - puso los ojos en blanco la pelirroja -. Lo llevo preguntando todos los años hasta este, que entraba Ginny.
Oh - fue lo único que se le ocurrió responder y se sonrojó violentamente al oír risitas. Miró a su ahijado suplicando por que continuase leyendo y Harry sacudió la cabeza divertido y decidió ahorrarle el rato de vergüenza innecesaria.
—¡Nueve y tres cuartos! —dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—. Mamá, ¿no puedo ir...?
Ginny empezó a ponerse tan roja como su pelo e intentó hacerse más pequeña en el sofá que estaba compartiendo con Luna y Neville. Sin embargo, le estaba resultando difícil ignorar las miradas divertidas y las risitas de sus hermanos.
—No tienes edad suficiente, Ginny Ahora estáte quieta.
¿Así que eras tú, no? - sonrió Sirius con un brillo travieso en los ojos mirando tanto a la pequeña pelirroja como a su ahijado.
Déjala en paz, Sirius - la defendió Tonks compadeciéndose de la niña al ver cómo se sonrojaba.
Vamos, Tonks, no me seas aguafiestas - se quejó él -. Solo es una broma.
Sirius, deja en paz a mi hija y escucha a tu ahijado - le regañó Molly fulminándole con la mirada. Él solo refunfuñó por lo bajo algo sobre mujeres sin sentido del humor y Harry tuvo que apresurarse a seguir con la lectura para que Tonks, que ya estaba sacando la varita, no le mandase un maleficio.
Muy bien, Percy, tú primero.
El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando no parpadear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
Todos rieron divertidos.
Harry, no podías tener peor suerte - sonrió Remus.
Sí, ya he oído eso alguna vez - resopló el chico poniendo los ojos en blanco.
Eso solo causó más risas todavía.
¿A que sí? Lo llevo diciendo toda la lectura - exclamó Ron.
En realidad, Ron, yo ya te oía decirlo cuando estábamos en primero
-
señaló Hermione escondiendo una sonrisa ante la mirada indignada de Harry.
Muy bonito. ¿Para qué quiero enemigos si os tengo a vosotros dos con estos comentarios? - ironizó él.
Sabes que es cierto, Harry, así que deja de quejarte y sigue leyendo
- rio Ron dándole un codazo.
—Fred, eres el siguiente —dijo la mujerpelirroja**.**
Harry volvió a sonrojarse un poco al cambiar de nuevo la descripción de la señora Weasley. Por suerte para él, solo Hermione lo notó y le bastó echar un vistazo al libro para confirmar inmediatamente sus sospechas. Tuvo que taparse la boca con la mano para ocultar la sonrisa que amenazaba con asomarse.
—No soy Fred, soy George**—dijo el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?**
—Lo siento, George, cariño.
—Estaba bromeando, soy Fred —dijo el muchacho, y se alejó.
Todos estallaron en carcajadas ya que todos habían sido víctimas en algún momento de la broma más típica de los gemelos. Hasta los profesores tuvieron que esconder una sonrisa, aunque hacía tiempo que habían dejado de intentar distinguirlos y les ponían el castigo a ambos.
La única que fruncía el ceño era la señora Weasley. Sin embargo, acabó suspirando y sacudió la cabeza divertida. En el fondo estas bromas inofensivas de los gemelos le encantaban, le daban una chispa única a la vida con ellas y, por mucho que les regañase y se molestase a veces, no querría que dejasen de planearlas nunca. El día que eso pasase sería el día que empezaría a preocuparse porque los gemelos no serían los gemelos si no estuviesen pensando una nueva broma.
Los gemelos solo se levantaron e hicieron exageradas reverencias para todos lados. Antes de que se les ocurriese ponerse de pie en el sofá, Harry decidió seguir leyendo en seguida y a los dos pelirrojos no les quedó más remedio que sentarse para escuchar.
Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie m****ás.
—Discúlpeme**—dijo Harry a la mujerpelirroja.**
Harry gruñó para sí mismo. Estúpido libro... ¿Cuántas veces iba a tener que cambiar ese adjetivo? Él había opinado que las descripciones no estaban nada mal, que eran por lo menos entretenidas, pero esto era ridículo. Gracias a Merlín que se había ofrecido a leer este capítulo o la vergüenza que hubiesen pasado la señora Weasley y él (si hubiese sobrevivido la furia de los otros pelirrojos) habría sido horrible.
Para hacerlo peor, estaba escuchando a Hermione reírse por lo bajo a su lado y sabía que la chica había descubierto su secreto. Por lo menos era la única que se había dado cuenta, pensó Harry intentando consolarse a sí mismo de algún modo. Podía ser peor, ¿no? Ojalá que no.
—Hola, querido**—dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.**
Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.
Todos sonrieron con anticipación y aguantaron la respiración mientras esperaban la reacción del pelirrojo. Este miraba con el ceño fruncido a su mejor amigo, que se encogió de hombros intentando no sonreír él mismo. No podía negar que la descripción era acertada...
¿Larguirucho? - gruñó Ron entrecerrando los ojos -. ¿Cómo que larguirucho? Soy alto, no larguirucho. Y definitivamente no tengo una nariz larga.
Hubo risitas por lo bajo, pero se acabaron cuando el chico miró en dirección al ruido.
Hombre, Ron, si lo piensas un poco... - empezó Bill escondiendo una sonrisa al ver que les habían pillado.
Un poco larguirucho sí que eres - dijo Charlie encogiéndose de hombros para tratar de parecer casual en su afirmación.
Y tu nariz no es como si le hubiesen aplicado un encantamiento alargador... - empezó Fred haciendo que su hermano pequeño se girase hacia él con la esperanza de que uno de sus hermanos le defendería. La esperanza no duró mucho.
Pero es seguro más larga que la media - rio George suavemente y recibió la mirada de su hermano fulminándole.
Muy graciosos - refunfuñó cruzándose de brazos -. Esta me la vas a pagar, Harry.
¿Qué? ¿Por qué? - dijo el chico sorprendido -. No es mi culpa que mis pensamientos PRIVADOS estén en un libro siendo leídos delante de todo el colegio.
Y además, Ron - intervino Hermione alzando un poco la voz antes de que se pudiesen todos a discutir -, no es malo ser alto. Y tu nariz no es fea.
Nada más decir esto ambos se sonrojaron furiosamente, pero Ron, inconscientemente, tenía una sonrisa satisfecha en su cara. El resto solo pudo intentar por todos los medios esconder por enésima vez una sonrisa divertida. ¿Es que ellos dos eran los únicos que no lo veían?
—Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es que... es que no se cómo...
—¿Como entrar en el andén? —preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
—No te preocupes**—dijo—. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante.**
Harry se detuvo un momento para intercambiar una mirada con Ron y ambos bufaron entre divertidos y molestos. Sí, claro, seguro que era imposible chocar. El curso siguiente iban a tener más cuidado a la hora de cruzar la barrera, ya que la magia hacía que ese tipo de cosas sí fueran posibles.
El resto les miraron confundidos.
Ehh... ¿Queremos saberlo? - preguntó dubitativo Remus después de unos segundos en los que nadie se atrevió a decir nada.
No - cortaron los dos a la vez -. Segundo libro - añadió Harry como única explicación.
Creedme, no queréis saberlo todavía - dijo Hermione al ver que no parecían convencidos y les lanzó una mirada de reproche a los dos chicos al recordar esa locura.
Algo me dice que sí vamos a querer saberlo - le murmuró Sirius a Remus con una sonrisa traviesa -. Ese es el mismo "no" que James y yo le dábamos a Minnie cuando nos preguntaba lo mismo después de una broma.
Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
—Hum... De acuerdo —dijo Harry.
Gracias, señora Weasley - se auto interrumpió Harry levantando la vista de las páginas -. Se me olvidó decírselo con los nervios aquel día. Así que gracias.
De nada, querido. Fue un placer - respondió ella sonriendo.
Un poco tarde, ¿no, pequeño Harry? - se mofó George.
Sí, solo un par de años tarde - sonrió Fred.
Mejor tarde que nunca, ¿no? - dijo Luna mirándoles distraída -. Es probable que un nargle se metiese en su cabeza y le despistase. Por lo menos ahora Harry se ha librado de él y ha querido corregir su error. Me alegro de que ya no lo tengas en tu cabeza, Harry - terminó ella simplemente sin darse cuenta, o sin prestar atención, a las miradas exasperadas y confundidas de toda la sala.
Ehh... Gracias, Luna. Yo también me alegro - dijo al final Harry antes de que Hermione pudiese abrir la boca para discutir. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que una discusión entre ambas no acabaría bien.
Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy só****lida.
Harry y Ron volvieron a bufar. Y tanto que parece sólida, pensaron ambos recordando los moretones que se les habían quedado unos días por culpa de ese porrazo contra la barrera.
De nuevo, todos les volvieron a mirar confusos, aunque antes de que pudiesen preguntar algo, Harry siguió leyendo.
Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas.
No, ese año no, pensaron Harry y Ron. Eso será al curso siguiente así que por lo menos la primera vez todo fue como se supone que tiene que ir.
Se inclin****ó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque...
Pero no llegó. Siguió rodando. Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía:«Expreso de Hogwarts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía estar la taquilla, con las palabras**«Andén Nueve y Tres Cuartos»****.**
Lo habí****a logrado.
¡Sí! ¡Harry lo ha logrado! - exclamaron los gemelos sobresaltando a todos. Se levantaron de pronto y corrieron hacia él presurosos.
¡El pequeño Harry ha conseguido entrar en la estación! - dijo Fred quitándole el libro de su regazo de golpe y tirándoselo a su hermano pequeño, que lo cogió justo antes de que le golpease y miró mal a los gemelos.
Enhorabuena, Harry, enhorabuena. Eso ha sido excepcional - felicitó George con fingida seriedad mientras los gemelos sacudían cada uno una mano del chico que sonreía divertido y exasperado.
¡Fred, George, dejad en paz a Harry! - les regañó Molly.
Mmm... ¿Harry? - dijo dubitativo Neville, pero se relajó al recibir una sonrisa y la atención completa de su amigo -. Me parece estupendo que pasases, ¿pero no era eso lo que se suponía que tenía que pasar? Me refiero, la señora Weasley te dijo que tenías que hacer eso.
Oh, pero, Neville, Harry tiene una razón estupenda para estar así de contento - intervino George antes de que el chico pudiese responder.
Claro, después de todo, ha conseguido hacer algo como cualquier otro mago normal y atravesar la barrera - añadió Fred entre risas -. Y no cuenta que sea imposible para él no conseguirlo.
Al oír "imposible", Sirius sonrió con un brillo travieso en sus ojos y sacó discretamente el pergamino de imposibles para añadir este. Por desgracia, no fue tan discreto como pensaba y todos a su alrededor soltaron risitas divertidos mientras Harry fulminaba con la mirada tanto al par de pelirrojos como a su padrino.
No les hagas ni caso, Neville. No tienen ni idea - bufó volviendo a girarse hacia el otro chico -. Excepto el Callejón Diagon, era el primer sitio del mundo de la magia en el que estaba y era el que de verdad significaba que me iba a Hogwarts. Haber conseguido llegar a ese sitio significaba haber conseguido poder venir aquí. Así que sí, estaba orgulloso de haber atravesado esa barrera.
Neville le devolvió la sonrisa que le daba Harry. Él podía simpatizar con el sentimiento después de haber pensado toda su infancia que era un squib y que no iba a poder ir a aprender magia. Cuando por fin llegó a la estación y subió al tren, todo se había hecho más real de alguna forma. No era un squib, sino un mago (sin importar si era poderoso o no, pensó para sí) y nadie se lo podía negar. Ahora, si consiguiese que su abuela estuviese orgullosa de él...
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío.
Sirius y Remus sintieron como les fallaba un poco la sonrisa al imaginarse a Harry haciéndose paso en el andén él solo. James y Lily deberían haber estado ahí con él, y seguro que, si las cosas hubiesen ido de forma un poco diferente, ellos dos también habrían estado despidiéndose de él.
Sacudieron la cabeza para despejar esos pensamientos y se prometieron a sí mismos que estarían a partir de ahora para despedirle y para recogerle en el andén. Le debían por lo menos eso.
Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
—Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
—Oh, Neville**—oyó que suspiraba la anciana.**
Neville se sonrojó furiosamente al escuchar su primera aparición en la historia.
Ese sapo siempre va a escapársete, Neville - rio Ron.
Y aparecerá en el momento más inesperado - añadió Seamus.
E iremos los cinco a por él para poder pillarle - dijo Dean divertido.
¿Los cinco a por un sapo? - preguntó Charlie divertido y muy curioso cuando los cinco Gryffindor se sonrojaron.
No importa - se apresuró a decir Harry para evitar más preguntas -. Cuando aparecía en la sala común era peor y acabábamos necesitando a muchos más.
Ahora fueron muchos más Gryffindor los que se pusieron colorados y murmuraron por lo bajo algo sobre estúpidos sapos que no se están quietos. Harry decidió que ya se habían reído bastante de los líos que había causado Trevor y siguió leyendo haciendo callar a todos.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
—Déjanos mirar, Lee, vamos.
El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.
Lee sonreía contento de haber aparecido, pero la sonrisa se le borró de los labios cuando la profesora McGonall habló con voz estricta.
Señor Jordan, ¿le importaría decirme qué era eso?
Nada importante, profesora - aseguró él rápido. Tal un poco demasiado rápido porque la bruja apretó los labios hasta que no eran más que una línea fina y tensa.
Señor Jordan, espero que usted no haya metido eso en la escuela, sea lo que sea - dijo entrecerrando los ojos.
Eh... - Lee no supo cómo responder a eso y solo pudo mirar agradecido a Harry cuando este decidió rescatarle alzando un poco la voz para seguir la lectura.
Harry se abrió paso hasta que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón.
¿De verdad trataste de empujar el baúl tú solo? - se sorprendió Tonks -. No te ofendas, pero estoy segura de que era más grande que tú.
Hombre, en algún momento tenía que meter el baúl en el compartimento, ¿no? Y no podía pedirle ayuda a alguien exactamente
- se encogió de hombros sin darse cuenta de la mueca de Sirius y Remus y las miradas de pena del resto -. De todas formas alguien me ayudó así que da igual.
Antes de que alguien pudiese preguntar quién era, volvió a leer.
Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeá****ndole un pie.
¡Ow! - exclamó Harry más por la sorpresa que por el dolor -. ¡Hey!, ¿a qué ha venido eso, Ron? ¿Por qué me has pisado?
Yo no te he pisado, colega. Ni me he movido - se defendió el pelirrojo levantando las manos.
¿Qué? ¿Pero entonces qué...? - frunció el ceño confundido antes de abrir los ojos como platos y mirar de nuevo al libro.
Es el hechizo, ¿verdad? - dijo Hermione comprendiendo al mismo tiempo.
-...antes de que se cayera golpeándole un pie
- murmuró Harry leyéndolo de nuevo antes de seguir en voz alta -. Bueno, supongo que ahora ya no hay duda de que el hechizo existe de verdad.
Las expresiones de todos estaban llenas de preocupación y se mostraban cautelosas, todo signo de la diversión de antes perdido. Durante un rato se habían olvidado de ese maldito hechizo, pero ahora había vuelto a hacerse presente y más real todavía que antes. Ver que era un libro el que iba a hacer daño a un niño, no solo hacerle sentir la magia, y que no podían hacer nada para evitarlo hacía todo mucho más horrible. Y que en ese momento fuese dicho niño el que estuviese leyendo lo convertía prácticamente en masoquismo.
Harry, a lo mejor no... - empezó Sirius a intentar convencerle una vez más de no seguir leyendo.
No - le cortó el chico -. Vamos a seguir leyendo, Sirius. Solo ha sido por la sorpresa, de verdad. No ha sido para tanto.
Siguió leyendo antes de que pudiesen discutir más, pero ahora todos estaba más tensos y preocupados.
—¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barrera de los andenes.
¿Fuisteis vosotros? - dijo Sirius girándose hacia ellos -. Bueno, pone que fue uno de los gemelos, pero supongo que el otro no tardará en aparecer.
Sí a las dos cosas - dijeron a la vez sonriendo satisfechos.
Tuvimos que ir a echarle una mano a ese canijo con gafas que intentaba levantar una baúl más grande que él - se mofó Fred.
Sino, es probable que hubiese acabado aplastado - rio George ignorando la mirada de Harry.
Los dos recordaban perfectamente la primera vez que habían visto a Harry y cómo, desde que habían visto cómo intentaba abrirse paso entre todos él solo y que luego nadie le ayudaba cuando estaba claro que él no podía, le habían empezado a ver como a otro hermano pequeño. No les había hecho falta ni mirarse entre sí (aunque pocas veces hacía falta) para saber que iban a estar ayudándole a partir de ese momento. Que no fuese pelirrojo y no compartiese su sangre no le hacía menos hermano suyo que Ron.
—Sí, por favor —jadeó Harry.
—¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
¿Veis? Ya estamos ahí los dos - sonrió Fred.
Y menos mal que le ayudamos los dos porque no sé qué demonios metes en ese baúl, Harry, pero todos los años pesa más que cualquier otro - bufó George.
Lo siento - se encogió de hombros Harry con una sonrisa. Solo él y Ron, porque compartía habitación con él casi todo el año, sabían que pesaba tanto porque se llevaba todas sus cosas. Absolutamente todas sus pertenencias viajaban con él en ese baúl porque no se fiaba de los Dursley para dejar algo con ellos varios meses sin estar él cerca. Además, como tampoco tenía tantas, cabía todo perfectamente a pesar de que luego pesase más el baúl.
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento.
Gracias, chicos - se auto interrumpió Harry levantando la vista para sonreírles agradecido. Eran los únicos que se habían acercado a ayudarle de todos los que estaban en el andén y eso no lo iba a olvidar probablemente nunca.
Ya nos las diste, Harry - dijo George devolviendo la sonrisa -. Es más, estoy convencido de que es lo que viene justo a continuación.
Y ya sabes que puedes contar con nosotros para cualquier cosa - le quitó importancia Fred con un gesto, y lo decía en serio. Iban a estar apoyándole en todo momento.
—Gracias —dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo hú****medo.
¿Ves? Sabía que venía justo a continuación - sonrió satisfecho George.
Sí, sí, como si no nos supiésemos los tres de memoria la primera conversación que tuvimos - acusó Harry riendo -. Con lo raro que fue es imposible olvidarlo.
Fred y George se miraron sonriendo traviesos y se giraron a la vez hacia Harry. No hizo falta nada más. Después de conocerles desde hace dos años, incluyendo el haber pasado en su casa la mitad del verano, Harry adivinó en un momento lo que querían hacer. La sonrisa que devolvió era tan traviesa, por lo menos, como la de los gemelos y el brillo pícaro en sus ojos les recordó tanto a James a los dos merodeadores que tuvieron la sensación de que volvían a estar en segundo curso organizando una broma.
¿Qué es eso?- dijo George señalando la cicatriz de Harry igual que había hecho aquel día.
Vaya- dijo Fred -. ¿Eres tú...?
Es****él- dijo George mirando a su gemelo -. Eres tú, ¿no?—se dirigió a Harry**.**
—¿Quién?—preguntó Harry.
—Harry Potter—respondieron a coro.
—Oh, él—dijo Harry—. Quiero decir, sí, soy yo.
Todos se reían a carcajadas.
No me puedo creer que os lo sepáis de memoria - rio Charlie limpiándose una lágrima que se le había salido de la risa.
Pues yo sí que puedo - Tonks intentaba recuperar el control de sus carcajadas -. Como ha dicho Harry, es demasiado raro para olvidarse de él.
Yo tampoco me olvidaría - dijo Bill con una sonrisa de oreja a oreja.
Ni que lo digas. "¿Oh, él?" ¿En serio, Harry? - Sirius volvió a estallar en carcajadas -. ¡Fantástico! "Oh, él". Yo tampoco me olvidaría.
Todos volvieron a echarse a reír mientras Harry se sonrojaba a pesar de estar sonriendo como todos los demás. La situación había sido demasiado absurda para no hacerlo: ellos asombrados por haberle conocido y él asombrado por que le conociesen.
Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba.
Como siempre que alguien le reconoce - sonrió Ron -. Eso no ha cambiado desde entonces. Es el mismo Harry de siempre.
Y no creo que vaya a dejar de sorprenderse por que le conozcan hasta dentro de mucho - Hermione también sonreía con cariño -. No creo que nunca le guste su fama, ¿verdad, Harry? - terminó sonriendo pícara.
Las mejillas de Harry se tiñeron de rojo y murmuró algo sobre amigos que le conocían demasiado bien.
Entonces, para su alivio, una voz llegóa través de la puerta abierta del compartimiento.
—¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?
—Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.
Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían.
Ya sabía yo que tenía que estar en algún rincón escondido el espíritu merodeador. Hacía mucho que no aparecía - Sirius sonrió con el mismo brillo en los ojos que cuando planeaba una broma. Casi parecía que no había pasado doce años en un infierno -. Eso es, Harry. Tú sigue tus instintos merodeadores.
Fred y George iban a decir ellos también, pero el comentario de los instintos merodeadores de Harry los dejó descolocados de nuevo. ¿Por qué iba a tener Harry instintos de merodeador? Seguro que podía intentar seguir sus pasos como ellos dos hacían, pero los instintos de merodeador solo los tenían ellos, los cuatro merodeadores que crearon el mapa y estaban totalmente seguros de que Harry no era ninguno de ellos. Así que la única explicación es que fuese cierto que Harry era el hijo de uno de ellos, ¿no?
Sirius, no estarás intentando que Harry se meta en líos como nosotros cuando estábamos en el colegio, ¿no? - sonrió Remus divertido.
No te molestes, Sirius - rio Harry -. Ya escucho constantemente conversaciones que no debería y estoy siempre en el lugar menos oportuno en el momento menos adecuado. Me parece que eso junto con la curiosidad que habéis dicho antes son esos instintos merodeadores que dices.
No sé si preocuparme o sentirme orgulloso - dijo Sirius al cabo de unos segundos -. Bueno, ya tendré tiempo para preocuparme luego. Estoy orgulloso de ti, Harry.
De todas formas, lo siento por haberles espiado la conversación, señora Weasley - se disculpó Harry sonrojándose un poco antes de girarse hacia el resto de pelirrojos que habían participado en esa conversación -. Lo siento. Sé que no debería haberlo hecho, pero...
Tenías curiosidad por la familia de increíbles y asombrosos pelirrojos que te habían ayudado a subir el baúl - terminó Fred por él -. Perfectamente normal. Y eres familia ahora.
Así que solo estabas escuchando una conversación que tu futura familia tuvo y en la que se mencionó a ese miembro no pelirrojo que se iba a unir a ellos en el futuro cercano - le quitó importancia George.
Un Weasley puede escuchar conversaciones entre otros Weasley - siguió Fred antes de que Harry pudiese interrumpir.
No tienes nada por lo que disculparte - negó con la cabeza George.
Todos sabían que no era por eso por lo que Harry había escuchado la conversación, sino porque quería ver cómo era una familia de verdad, cómo era eso que habría tenido de no haber sido por Voldemort. No podían reprocharle querer ver eso por lo menos, ya que no lo tenía en aquel momento. Por suerte, como habían dicho los gemelos, ahora sí la tenía.
Aunque él fuese un cabezota testarudo que no lo quisiese creer, tenía una familia con un montón de pelirrojos y una chica sabelotodo con abundante pelo castaño desde el año pasado. Ahora se había ampliado hasta incluir a su padrino convicto en Azkaban (de momento), a un hombre lobo y a una metamorfomaga con carácter, y que estaba a punto de ampliarse de nuevo para incluir a un tímido chico de cara redonda y una chica rubia de mirada perdida e ideas extrañas e increíbles.
La madre acababa de sacar un pañuelo.
—Ron, tienes algo en la nariz.
El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
Mamá Dorea siempre hacía lo mismo en la estación - bufó Sirius, pero estaba sonriendo.
A todos nos lo han hecho nuestras madres alguna de las veces que fuimos a la estación - sacudió la cabeza Bill sin darse cuenta de cómo la sonrisa de Harry flaqueaba un poco antes de aparecer de nuevo un poco forzada.
Solo se dieron cuenta Ron, Hermione, los dos merodeadores y los gemelos y los seis miraron mal a Bill por sacar el tema. Neville tampoco estaba realmente cómodo hablando sobre esto, pero su abuela ya se había encargado de frotarle la nariz y todo eso tal y como habría hecho su madre así que no estaba tan mal. Era Harry quien se estaba esforzando por mantener una cara neutra sacando fuerzas del apoyo de sus dos mejores amigos a su lado.
Ni que lo digas - rio Charlie tan en la ignorancia como su hermano mayor sobre la tensión que se estaba acumulando en el ambiente -. Parece que esperan a estar en el andén para hacer ese tipo de cosas.
Tonks se dio cuenta de las miradas asesinas que estaban recibiendo ambos pelirrojos y cuando vio el porqué estuvo a punto de tirarse de los pelos por no haber pensado en ello. Les pegó en la cabeza a los dos antes de que pudiesen seguir haciendo comentarios y les hizo un gesto hacia Harry cuando fueron a protestar. Al cabo de un segundo ellos también tenían ganas de pegarse a ellos mismos por no haber pensado en Harry.
Harry, nosotros no... - empezó Bill abochornado. Sin embargo, ni él ni su hermano sabían qué decir. ¿Perdona por tener madre y tú no? Seguro que eso le sentaba de maravilla.
No es nada, Bill - le quitó importancia encogiéndose de hombros -. De verdad, estoy bien y vosotros no habéis hecho nada malo.
Volvió a leer, pero seguía tenso y los pelirrojos seguían encogiéndose bajo las malas miradas de varios y se regañaban mentalmente por ser tan absolutamente insensibles.
—Mamá, déjame—exclamó apartándose.
—¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.
—Cállate—dijo Ron.
—¿Dónde está Percy? —preguntó la madre.
—Ahí****viene.
El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P.
El prefecto perfecto - dijeron los gemelos a coro.
¡Fred, George, dejad en paz a vuestro hermano! - les regañó la señora Weasley.
¿Prefecto perfecto? - sonrió Sirius -. Así llamábamos a la pelirroja.
¿Mi madre fue prefecta? - preguntó Harry ilusionado.
Sí. Nunca se saltaba las reglas, todo lo contrario que James - rio Remus -. Y supongo que tú has salido más a James que a Lily en eso.
Más bien - sonrió Harry divertido -. Ya lo veréis.
Lunático también fue prefecto, pero él no fue no prefecto perfecto
-
dijo Sirius con un brillo travieso en los ojos -. Él seguía saltándose las normas y gastando bromas con nosotros, pero tenía más cuidado y le pillaban mucho menos.
¡Pero eras prefecto! - exclamó Percy con los ojos como platos y una expresión llena de reproche y confusión -. Un prefecto no debe ir haciendo todo eso. Tiene que dar ejemplo al resto de los alumnos y para eso tiene que ser el primero que cumpla todas las normas y que haga caso a las figuras de autoridad. ¡No está bien que un prefecto esté gastando bromas!
Percy - dijo Remus sonriendo tranquilamente -, que seas prefecto no significa que no puedas gastar una broma de vez en cuando ni que tengas que ser mejor que nadie, eso no es lo que significa tener esa insignia en el pecho. Que seas prefecto significa que debes ayudar a los de los primeros años cuando tengan problemas y debes mantener cierto orden, sin olvidarte de que todos somos niños, no robots o soldados. Y no se tienen que tener que cumplir todas y cada una de las normas, solo no romper demasiadas, pero puedes relajarte en ese tema y no pasa nada. Lo importante es que eches una mano a los más jóvenes y ya estarás haciendo un buen papel como prefecto.
Pero... Las normas... - balbuceó Percy aún más confundido. Parecía que acababan de derrumbar su mundo al cambiarle la visión de cómo debía ser un prefecto.
Las normas están a veces para que alguien las rompa - dijo Remus sonriendo de oreja a oreja ahora -. Eres un adolescente, Percy, no un trabajador de cincuenta años. Tienes todo el derecho del mundo a reírte de una broma y nadie te va a echar en cara que te saltes una norma de vez en cuando. No es grave.
Después de unos segundos más en silencio en los que Percy intentó comprender esto, Harry decidió ponérselo un poco más fácil y quitarle las miradas de encima volviendo a leer.
—No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoydelante, los prefectos tenemos dos compartimientos...
Eso no quita que no puedas estar con tu familia y tus amigos hasta que el tren se ponga en marcha. Solo os piden que estéis allí al principio del viaje para organizar las patrullas y ya está - frunció un poco el ceño Sirius -. Hasta la pelirroja se quedaba todo el tiempo posible en el andén o por el tren charlando con Alice y con el resto, y escondiéndose de James para que no le pidiese salir en público - añadió riendo.
¿Alice? - preguntó Harry confundido -. ¿Quién es Alice?
Era la mejor amiga de tu madre. Se casó con Frank Longbottom - dijo sonriendo a Neville -. Siguieron siendo las mejores amigas al salir de Hogwarts y por eso tu madre fue la madrina de Neville y Alice fue la tuya.
¡¿Qué?! - exclamaron los dos al mismo tiempo -. ¿Por qué nadie nos ha dicho esto?
¿No lo sabíais? - frunció el ceño Sirius de nuevo -. Deberíais haberlo sabido. Si queréis luego podemos hablar más de esto, pero ahora me parece que deberíamos seguir leyendo.
Después de que los dos chicos intercambiasen una larga mirada sorprendida, Harry sacudió la cabeza y obedeció.
Sin embargo, sus pensamientos no hacían más que girar en torno a su recién descubierta madrina. Ahora sabía que su padrino no había ido a buscarle a Privet Drive porque estaba en la cárcel y en algún ronco de su cabeza había dado por hecho que su madrina, quien quiera que fuese, había muerto durante la guerra. Eso sacaba más dudas. ¿Por qué no había ido Alice a buscarle en ningún momento? ¿Le había pasado algo horrible? Sabía que Neville vivía con su abuela así que algo le tenía que haber pasado a su madre. ¿Y por qué ninguno de los dos chicos sabía quién era su madrina?
—Oh, ¿túeres un prefecto, Percy?—dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa—. Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
—Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...
—O dos...
—Un minuto...
—Todo el verano...
Todos se partían de risa, menos Percy, que se había sonrojado un poco. La verdad es que leyéndolo así, su comportamiento parecía un poco pomposo y presumido. A lo mejor Remus tenía razón y podía relajarse un poco y disfrutar con sus hermanos...
¡Magnífico! ¡Absolutamente genial! - Sirius se tenía que sujetar el estómago de lo fuerte que se reía.
Gracias. Gracias - dijeron Fred y George levantándose de un salto y haciendo exageradas reverencias a todo el mundo.
Al final hicieron falta un par de advertencias de su madre para conseguir que se sentasen de nuevo y dejasen de hacer el payaso delante de todo el Gran Comedor, a pesar de que estaban consiguiendo arrancar risas de casi todos los presentes.
—Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.
—Y de todos modos,****¿por qué Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.
—Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la madre—.
Molly frunció el ceño. Ahora que lo oía desde los pensamientos de alguien y lo leía en tercera persona, no le parecía bien cómo se estaban portando Arthur y ella con el resto de sus hijos porque estaban favoreciendo demasiado la insignia de prefecto. Es decir, en el fondo eso en sí ya es un premio y, sin embargo, no solo le habían comprado una lechuza, sino también una túnica nueva. Si les sobrase el dinero, no importaría, pero a cambio de eso no habían tenido suficiente para comprarle una varita nueva a Ron, que comenzaba Hogwarts, y este había tenido que conformarse con una heredada.
Según iba pensando en detalles de esos, más se daba cuenta de que había habido muchas más veces en las que había premiado a uno de sus hijos por una insignia en vez de darle a otro algo que necesitaba de verdad, como una varita propia para que no hubiese peligro de que reaccionase contra él. Sin embargo, lo peor, si era posible que hubiese algo peor, es que la mayor parte de las veces el perjudicado era Ron.
Bill, al ser el mayor, era el que estrenaba las cosas y Charlie, por ser muy seguido, podía heredar solo algunas, como libros y algunas prendas de ropa, pero no mucho por lo que la mayoría era también nuevo. Además, Charlie era mucho más ancho que Bill y no le valían muchas cosas.
Percy sí heredaba más, pero le hacían más regalos por sus buenas notas así que al final también estrenaba un montón de cosas, como esa túnica nueva de la que hablaban. Fred y George eran... otro mundo. Sí usaban prendas de ropa que se les habían quedado pequeñas a sus hermanos mayores pero, como tenían las complexión de Charlie, solo las había usado él antes porque Bill y Percy eran más altos y delgados, como Ron. Y habían recibido cada uno su propia varita y todo eso.
Ginny también heredaba algunas cosas de sus hermanos como libros de texto, pero la mayor parte de la ropa no porque era la única chica y a ella sí que le habían comprado una varita propia. Además, no sabía por qué, pero Ginny era su niña mimada, a la que más le consentían en casa y la que más veces se salía con la suya porque era "el ojito derecho de mamá y papá", como decían todos los hermanos. Y ambos lo sabían, pero no podían evitarlo.
Sin embargo, Ron sí que heredaba todo, absolutamente todo. Los libros de texto, el caldero, la escoba, la ropa que habían usado tanto Bill como Percy antes, su mascota... Todo. Ni siquiera había recibido su propia varita porque habían usado el dinero para comprarle premios a Percy por su insignia de prefecto.
Cuando llegó a esta conclusión, Molly tuvo ganas de levantarse corriendo de su asiento y abrazar a su hijo con todas sus fuerzas y disculparse mil veces por haberle dejado tanto de lado inconscientemente. Se prometió a sí misma que eso no iba a volver a pasar con ninguno de sus hijos, y menos con Ron, que a partir de ese momento se aseguraría que todos tuviesen las cosas que necesitasen antes de comprarle un regalo o un capricho a cualquiera de ellos. Le había estado fallando ya muchas veces a uno de sus hijos, no iba a permitir que volviese a pasar.
Solo esperaba que Ron no les guardase rencor por haberle hecho eso porque estaba segura que notarlo, sí lo había notado. Pero a lo mejor, no estaba enfadado con ellos. A lo mejor no estaba demasiado molesto y podían compensárselo en algún momento, empezando con una varita propia en cuanto saliesen de allí.
Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Bes****ó a Percy en la mejilla y el muchacho se fue. Luego se volvió hacia los gemelos.
—Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien. Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho... estallar un inodoro o...
La señora Weasley gruñó para sí misma al recordar ese despiste. ¿En qué momento se le habría ocurrido una tontería como hacer estallar un inodoro? ¡Merlín, si ninguno de sus hijos había hecho una cosa parecida antes! Había sido todo cosa suya y le había dado una idea nueva a los gemelos. Por lo menos no la habían usado, pensó aliviada.
—¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
No me digas que les diste una idea a los gemelos, Molly - dijo Sirius sonriendo -. Yo creía que ya habrías aprendido que no se le deben dar ideas nuevas a los bromistas.
¡Sirius! - exclamó ella sonrojándose por ese error garrafal.
Lo siento, Molly - dijo Remus -, pero Sirius tiene razón esta vez. Es lo peor que puedes hacer: darle inspiración a un bromista.
Bueno, da igual - replicó apretando la mandíbula -. Por una vez me hicieron caso y dejaron tranquilos los inodoros de Hogwarts.
Harry intercambió una mirada con Fred y George, pero los tres tuvieron que mirar rápidamente hacia otro lado para no estallar en carcajadas. Ellos tres sabían que no se habían olvidado de los inodoros de Hogwarts ni mucho menos.
Lo único que no sabía Harry es que los otros dos se habían dado cuenta de que estaba escuchando la conversación de la estación y por eso le habían mandado a él el inodoro a final de curso. Era una especie de mensaje que decía que Harry se merecía su regalo tanto como Ginny porque él era tan hermano suyo como ella.
—Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
Y no sabes cuántas más estamos consiguiendo con estos libros - sonrió George travieso.
Y eso que apenas llevamos unos pocos capítulos - dijo Fred con la misma expresión que su hermano. Solo les falta frotarse las manos para parecer los malos de una película de espías, pensó Harry divertido.
Estos libros son una auténtica mina de ideas, lo que quiere decir...
-
añadió George.
Que la cabeza del pequeño Harry está repleta de ideas nuevas y maravillosas para llenarle la cabeza a Minnie de canas - rio Fred.
McGonagall pareció a punto de sufrir un ataque de pánico al imaginarse al hijo de uno de los merodeadores usando todo su ingenio para planear bromas.
No se preocupe, profesora. Ya sabe que yo no gasto muchas bromas - se apresuró a decir Harry antes de que tuviesen que ir a buscar una poción tranquilizadora para la jefa de la casa de Gryffindor.
—No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
—No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
Sí, ya, estuve perfectamente seguro el año pasado, ¿verdad? - bufó Ron sarcástico. Los gemelos sonrieron débilmente arrepentidos porque la verdad era que habían prestado muy poca atención a su hermano pequeño.
Bueno, pequeño Ronnie - dijo Fred -, a salvo de los peligros normales que acosan al resto de los alumnos.
Los vuestros son un poco más raros y ni con horas extra de vigilancia podemos libraros de ellos - sonrió George.
¡Pero si no fue gracias a vosotros que me libré de las bromas! - protestó Ron ignorando las risitas de todos al oír la discusión entre los tres hermanos -. ¡Fue gracias a que Harry me ayudó a devolveros la primera broma que me gastasteis y a partir de entonces no os atrevisteis a intentarlo de nuevo!
Todos miraron sorprendidos al pequeño chico de gafas que se estaba sonrojando furiosamente al lado del pelirrojo. Vaya, así que sí había alguien capaz de dejar en ridículo a los gemelos Weasley en su propio juego, pensaron muchos que habían sido el blanco de las bromas de ese par y habían intentado devolvérsela solo para que les saliese todo al revés.
¿Por qué te crees que queremos que venga con nosotros a preparar alguna, hermanito? - replicó George aparentemente sin darle importancia, pero intentando cambiar de tema rápidamente para que no contasen en qué había consistido la venganza de Harry. Había sido uno de los momentos más embarazosos de su vida
Es un genio de las bromas disfrazado - dijo Fred -. Solo tenemos que convencerle de que salga a la luz.
¡Ustedes dos no van a hacer tal cosa! - exclamó McGonagall -. El señor Potter no necesita ir por ahí buscando más líos.
Bueno, eso ahora da igual - cortó Harry divertido y exasperado -. Estoy aquí delante oyendo todo y ya puedo deciros que el día que me ponga a gastar una broma a alguien será el día que me guste jugar al quidditch.
Los dos merodeadores se desinflaron visiblemente y no se dieron cuenta de la enorme sonrisa de los gemelos Weasley y de la cara de horror de la profesora al comprender lo que decía.
—Cállate—dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la habí****a frotado.
Harry - gimió Ron -, ¿tienes que fijarte en todo, absolutamente todo? Estoy seguro que mi nariz no es importante para la historia.
Lo siento, Ron - se disculpó Harry intentado no reírse -. Te prometo que la próxima vez que mis pensamientos se escriban en un libro no me fijaré en tu nariz.
¡Harry! - protestó el pelirrojo.
¿Qué? ¿Qué quieres que yo le haga? - se defendió el chico -. Esto sucedió hace dos años y ya no le puedo hacer nada.
Ron gruñó por lo bajo y fulminó con la mirada a sus hermanos cuando empezaron a reírse.
—Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?
Aquí viene. Ya decía yo que estaban tardando mucho en mencionar que habían visto al "famoso Harry Potter" en el tren - sonrió Tonks -. Oh, Harry, no me mires así. Sabes que es verdad - añadió cuando el chico la miró con los ojos entrecerrados.
Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran.
—¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?
—¿Quién?
—¡Harry Potter!
¡Oh, madre mía, es Harry Potter! - chilló Sirius haciendo sonrojar a su ahijado -. ¡Hemos visto a Harry Potter!
¡Sirius! - le cortó su ahijado abochornado -. ¡Ya vale!
¿Entonces es que no era Harry Potter? - preguntó Sirius con una sonrisa -. Es una pena. Yo que creía que sí que lo era...
¡Sirius! - exclamó de nuevo Harry.
Bueno, Canuto, creo que ya es suficiente por hoy de avergonzar a Harry - intervino Remus y el chico le lanzó una mirada agradecida que se transformó en una de indignación con las siguientes palabras del hombre lobo -. Sino, es probable que acabe estallando de lo rojo que se está poniendo.
Todos rieron a gusto al oír esto mientras Harry decidía que de verdad había habido suficiente de avergonzarle a él y siguió leyendo.
Harry oyó la voz de la niña.
Muchos se giraron hacia Ginny, que estaba tan roja como su pelo y parecía que quería desaparecer entre los cojines del sofá para no sufrir esta tortura. Ya veía en las sonrisas traviesas de sus hermanos que no le iba a gustar ni un pelo.
—Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por favor...!
La mayoría intentaron sofocar las risas porque les dio pena la niña, pero otros no tuvieron ningún reparo en echarse a reír con fuerza.
¿Para verlo? - frunció el ceño el señor Weasley -. Ginny, querida...
No te preocupes, Arthur - le interrumpió su mujer antes de que pudiese seguir -. Ya se lo dije y, además, creo que ya lo está pasando mal ahora sin que la regañemos por eso.
Era cierto. Sus hermanos estaban haciendo comentarios sobre eso o sonreían con sorna haciendo que la niña se sonrojase todavía más, pero eso solo provocaba más comentarios. Al final fue Harry quien acudió en su rescate y se puso a leer alzando la voz para distraer la atención puesta sobre la niña.
—Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico.¿Esél realmente, Fred?¿Có****mo lo sabes?
—Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Estárealmente allí**... como iluminada.**
¿Iluminada? - bufó Tonks -. Las cicatrices no brillan, ni siquiera una tan rara como la de Harry.
A lo mejor era por un blibber maravilloso - dijo Luna -. Todavía no se sabe muy bien qué es lo que hacen, pero se cree que están muy involucrados con la magia extraña.
¿Qué es un blibber maravilloso? - se atrevió a preguntar Neville.
Son criaturas que aparecen cuando ocurre un suceso extraño, de una magia poco común, peligrosa o muy importante. Por eso se cree que están involucrados con ella, pero no se sabe cuál es su relación.
Luna, eso no... - empezó a decir Hermione con el ceño fruncido.
Da igual ahora mismo - la interrumpió Harry dándole un apretón en la mano a su mejor amiga -. Ahora tenemos que seguir leyendo porque este capítulo es eterno y ya discutiremos en otro momento los blibbers maravillosos, ¿de acuerdo?
—Pobrecillo... No es raro que esté solo. Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...
¿Cómo que no es raro que esté solo? - frunció el ceño Sirius molesto -. Sí que es raro porque mi ahijado debería haber estado acompañado por sus guardianes en aquel momento, pero son totalmente estúpidos.
Yo... Ehh... Esto... - balbuceó la señora Weasley intentando encontrar una razón por la que fuese normal que estuviese solo en la estación -. No lo sé - suspiró al final derrotada -. Lo siento, Harry, yo...
No importa, señora Weasley - dijo el chico con una sonrisa -. Simplemente no se le ocurrió que la realidad pudiese ser posible.
Pero...
Señora Weasley, de verdad que no pasa nada - insistió él -. Todos creían que yo habría tenido la infancia perfecta y habría sido un príncipe mimado y supongo que en parte eso tiene su lógica, pero ya sabemos que a mí me encanta romper las expectativas de todo el mundo y hacer justo lo contrario, ¿no?
Esto alivió un poco la tensión, pero no mucho, por desgracia, y Harry suspiró para sí mismo volviendo a la lectura. En algún momento iba a conseguir que superasen la sorpresa de la realidad de su infancia.
—Eso no importa.****¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
En aquel momento, no - contestó Harry a la pregunta del libro porque sabía que los gemelos se habían quedado sin respuesta aquel día -. Pero hoy ya sé cómo es, por lo menos ahora mismo - y cómo era hace cincuenta años, pensó para sí mismo reprimiendo un escalofrío al recordar la experiencia del día anterior -. Saldrá en los libros en algún momento así que no os preocupéis que vais a escuchar una descripción de lo más detallada.
Ninguno supo cómo reaccionar ante esto. No era un pensamiento agradable que un niño de doce años supiese cómo era Voldemort hoy en día, ni siquiera el que Voldemort estuviese vivo todavía.
¡¿Qué?! - exclamó Cornelius Fudge -. ¡Quién-tú-sabes está muerto! ¡Murió hace once años! ¡No está vivo! ¿Cómo se atreve a decir semejantes mentiras, señor Potter?
Los cercanos a Harry estaban atónitos y furiosos con el ministro. ¿Cómo se atrevía a llamar mentiroso a Harry?
¿Y por qué iba a mentir, señor Fudge? - replicó él apretando el libro entre sus manos y tratando de controlar su indignación, pero había tenido que intervenir antes de que su padrino abriese la boca y dijese algo que le metiese en Azkaban de nuevo -. No tengo ni una razón para querer que esté vivo, pero le he visto y la carta ya nos ha dicho que volverá en el futuro y nos mandaron los libros justo para ayudarnos a acabar con él de una vez por todas.
El ministro abrió la boca para decir algo más, pero se dio cuenta de que todo era cierto. El niño que vivió tenía que ser de los que menos querían que Voldemort volviese porque sabía que iría a por él en busca de venganza. Y él mismo había oído la carta diciendo que Voldemort volvería en el futuro.
Todos sonrieron satisfechos al ver que el ministró cerraba la boca y se sonrojaba un poco. Se lo merecía por ser tan estrecho de miras y por no afrontar la realidad que tenía enfrente. Todos habían aceptado que Voldemort estaba vivo de algún modo y recuperaría su poder en los próximos años e iban a hacer todo lo posible para que su regreso al poder durase muy muy poco.
La madre, súbitamente, se puso muy seria.
—Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
Tampoco se lo íbamos a preguntar de todas formas - refunfuñó Fred.
Exacto. No somos tan insensibles como para preguntarle sobre eso el día que le conocimos - frunció el ceño George.
Ambos sabían perfectamente dónde estaban los límites y ese era, definitivamente, uno que no se habían planteado cruzar. Era una pregunta que le habían hecho a su madre, pero eso no quería decir que se la fuesen a hacer a él en el tren.
Y aunque me lo hubiesen preguntado, no me habría molestado porque de todas formas no recuerdo mucho de aquella noche - dijo Harry con una sonrisa y mirando de reojo al pelirrojo sentado a su lado que se estaba sonrojando furiosamente.
Pero ya recuerdas más de lo que un niño debería recordar - rebatió la señora Weasley.
No puedo hacer nada sobre eso - se encogió de hombros Harry -, pero no me habría molestado que me preguntasen ellos sobre esa noche porque me cayeron bien y me echaron una mano sin saber quién era yo. Y hoy me molestaría incluso menos, pero lo vais a escuchar de todas formas, así que no vale la pena que responda a ninguna.
—Estábien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
—Daos prisa**—dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.**
—No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
—Y un inodoro de Hogwarts.
Pues yo no recibí ningún inodoro en todo el año - dijo ella cruzándose de brazos, pero sonriendo -. ¿Qué pasó con él?
Que por una vez hicimos caso a nuestra querida madre... - empezó Fred sonriendo.
Y no enviamos un inodoro a casa - terminó George.
Fue a alguien que lo necesitaba más en aquel momento, pensaron los dos a la vez.
Para una vez que me iba a encantar una de vuestras bromas y vais y decidís hacer caso a mamá - suspiró ella resignada.
—¡George!
—Era una broma, mam****á.
El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó****saludando.
Harry observó a la madre y la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró. Las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.
Eso no es muy difícil - frunció el ceño Tonks.
Yo creo que lo difícil es que fuese peor que lo que dejabas atrás - resopló Charlie.
Era mucho, mucho mejor que lo que dejaba atrás, pero Harry no podía negar que, por muy mal que lo pasase con los Dursley y lo poco que le gustase admitirlo, estaba más seguro con ellos que en el mundo mágico, donde los problemas parecían perseguirle por todos lados.
Algunos se pararon a pensar en eso. Todos los niños estaban deseando ir a Hogwarts porque era algo nuevo y estaba lleno de magia, pero Harry era el único que no. Él era el único que quería ir, más que por cualquier otra razón, para poder huir de los Dursley durante unos meses. Era algo triste la perspectiva a pesar de que fuese a Hogwarts porque él quería alejarse de su familia la mayor cantidad de tiempo posible.
La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
—¿Hay alguien sentado ahí? —preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—. Todos los demás vagones están llenos.
Y ahí nos conocimos - se auto-interrumpió Harry mirando a Ron.
Y ya desde entonces empezamos a meternos en líos - sacudió la cabeza Ron divertido.
¡Hey!, esa vez no fue culpa mía y tú lo sabes - protestó -. Además, parecías tan dispuesto como yo a pelearte con ellos.
¿Os peleasteis en el tren? - exclamó la señora Weasley frunciendo el ceño molesta.
No, mamá - se apresuró a decir Ron -. Harry a dicho que parecía dispuesto a ello, no que lo hiciésemos.
Además, señora Weasley - dijo Harry -, hay una muy buena razón que no puede tardar en aparecer.
Molly apretó los labios para mostrar su desaprobación, pero decidió dejarlo pasar por el momento y ver a qué se referían.
Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó**. Lanz****ó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando.**
¿En serio, Ron? - rio Bill -. Ahora eres tú el que estaba mirando a Harry como si fuese un animal en el zoológico.
Bueno, en el fondo es justo - río Harry encogiéndose de hombros -. Después de todo, aunque no lo ponga tal cual, yo le estaba mirando de la misma forma. Era la primera vez que alguien que sabía sobre la magia se quería sentar a mi lado - que alguien, mago o no, se quería sentar a mi lado, pensó Harry para sí mismo -, así que tenía curiosidad.
¿En serio? - se sorprendió Ron.
¿No te diste cuenta? - preguntó Harry.
Estaba... pensando en otras cosas - dijo el pelirrojo sonrojándose un poco. La verdad es que había estado demasiado emocionado por estar sentado al lado del famoso Harry Potter como para darse cuenta de nada más.
Y esas cosas no tendrán por casualidad gafas y una cicatriz en forma de rayo en la frente, ¿verdad? - dijo sarcástico Charlie.
Eh... Eso no es lo que importa - cortó Ron sonrojándose más e intentando ignorar las risas -. Sigue leyendo, Harry.
Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.
¡Harry! - exclamó Ron olvidándose de había estado avergonzado hacía un minuto.
¿Qué? Ya te he dicho que no puedo hacer nada sobre eso ahora - se defendió el chico.
¿Pero por qué tenías que fijarte en mi nariz todo el rato? - protestó el pelirrojo -. ¡No tiene nada de especial!
Bueno, pequeño Ronnie - empezó Fred con una sonrisa que no le gustó nada a Ron -, Harry ya ha dicho que tienes una larga nariz.
Así que es normal que se fije en ella - rio George al ver como su hermano pequeño se sonrojaba y fulminaba a su mejor amigo como culpándole de que ahora tuviesen otra cosa que pudiesen usar para burlarse.
—Eh, Ron.
Los gemelos habían vuelto.
—Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.
¡Una tarántula! - exclamó la profesora McGonagall -. Así que eso es lo que había en la caja. Señor Jordan, ¿cómo se le ocurre traer una tarántula a la escuela? ¡Cualquier niño podría salir herido con ella si usted no la vigila con cuidado! Espero que no la haya vuelto a traer este curso - advirtió mirándole con una expresión que advertía que no estaba para bromas en este momento.
No, profesora, no se preocupe - se apresuró a aclarar él -. No volví a traerla.
La profesora le miró unos segundos más antes de asentir satisfecha y Lee soltó un suspiro de alivio. Era cierto que no la había vuelto a traer, pero solo porque a mitad del curso anterior se le había escapado y no la había vuelto a encontrar. Solo esperaba que McGonagall no averiguase eso nunca.
—De acuerdo —murmuró Ron.
—Harry —dijo el otro gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.
—Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos salieron y cerraron la puerta.
—¿Eres realmente Harry Potter?—dejó****escapar Ron.
¡Ron! - le regañó su madre, pero no tuvo el efecto que ella quería porque estaba luchando contra una sonrisa divertida. El resto simplemente sonrió o resopló divertidos por la actitud del pequeño pelirrojo.
Apenas esperaste a que se cerrase la puerta, ¿verdad? - dijo Bill mirando a su hermano.
No creo que pasasen ni diez segundos desde que salieron Fred y George hasta que preguntó - rio Charlie.
No llegó a cinco - rio Harry agachándose justo a tiempo para evitar la mano de Ron que se dirigía a su cabeza con la intención de golpearle en la nuca -. ¿Qué? Es cierto, Ron, y todos lo saben.
Las orejas del pelirrojo se pusieron coloradas y Harry, compadeciéndose de él, volvió a leer para acortar su tormento.
Harry asinti****ó.
—Oh... bien, pens****é que podía ser una de las bromas de Fred y George —dijo Ron—.
Ron, nosotros no gastaríamos una broma así - frunció el ceño George.
No sobre un niño que estaba solo en la estación. No se lo merece - estuvo de acuerdo Fred.
¿Es que nadie sabía dónde estaban sus límites? Ellos nunca gastarían una broma así cuando el niño era tan pequeño y estaba solo. Más bien al contrario. Habían bromeado con él, cierto, pero nunca le habían gastado una broma pesada. Ni a él ni a nadie que no hubiese hecho daño a su familia.
¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...?
Señaló la frente de Harry.
Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
—¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...?
Ronald - dijo la señora Weasley con voz tensa y el pelirrojo supo que estaba en problemas en cuanto oyó que le llamaba por su nombre completo -, espero que no vayas a preguntar lo que creo que vas a a preguntar.
Ron palideció y tragó saliva con dificultad. Sí que había preguntado eso justamente, pero nunca había pensado que su madre lo iba a descubrir.
—Sí —dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.
—¿Nada? —dijo Ron en tono anhelante.
¡Ronald Bilius Weasley! - gritó Molly echando chispas por los ojos -, os dije que no le preguntaseis nada. ¡Os prohibí que le preguntarais sobre eso! ¿Cómo se te ocurre? ¿Cómo puedes recordarle una cosa así en su primer día de colegio cuando no hace ni cinco minutos que le conoces?
Eh... Yo no... - balbuceó encogiéndose en el asiento.
Señora Weasley - intervino Harry acudiendo al rescate de su mejor amigo -, no me molestó para nada. No lo decía para molestar ni nada de eso, sino que solo tenía curiosidad y, siendo sinceros, creo que cualquiera de nosotros hubiese tenido curiosidad. Yo la tenía así que no puedo culpar a Ron. Él no hizo nada malo.
Bueno, Harry, cariño, si estás seguro... - dudó ella.
Totalmente - asintió él rápidamente -. No me molestó así que no pasa nada.
Ron le mandó una mirada llena de agradecimiento a Harry y se preguntó, no por primera vez, qué había hecho él para que Harry fuese su mejor amigo. Ciertamente, él no tenía la sensación de haber empezado con buen pie con esas preguntas, pero de todas maneras se había convertido en su mejor amigo de alguna forma.
—Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
Todos volvieron a reprimir un escalofrío al recordar que un niño de once años recordaba la maldición asesina yendo hacia él.
—Vaya —dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
Todos sonrieron divertidos al imaginarse la escena con los dos chicos que tenía delante pero siendo aún más pequeños.
Ron se sonrojó un poco, pero devolvió la sonrisa que estaba mandando Harry en su dirección. Costaba creer que hubiese habido algún momento en el que fuesen tímidos al hablar con el otro teniendo en cuenta que ahora eran como hermanos.
—¿Sois una familia de magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.
¿En serio? - preguntó Ron sorprendido.
Pero si ya te lo he dicho - dijo Harry divertido.
Ya, pero... Solo es que somos magos - intentó explicarse.
Y yo solo soy Harry y tú me encontrabas igual de interesante - replicó Harry riendo.
¡No es lo mismo!
¿Ah, no? ¿Por qué? Tú hablabas por primera vez con Harry Potter y yo hablaba por primera vez con un mago de mi edad.
Pero... Pero...
Shh - le mandó callar Harry -. No hay nada que discutir, Ron. Voy a seguir leyendo.
—Oh, sí**, eso creo****—respondió Ron—.**
¿Eso crees? - preguntó Bill alzando una ceja.
¿No sabes si los miembros de tu familia son magos? - se burló Charlie.
Once años y todavía no se ha dado cuenta de que somos magos, Feorge
-
dijo Fred.
Lo sé, Gred, lo sé - George le dio una palmada en la espalda a su gemelo -. Pero yo creo que después de venir aquí ya lo sabrá, ¿no?
¡Hey!, tenía once años - protestó Ron sonrojándose.
Exacto. Once - intervino Ginny -. Yo tenía claro que éramos magos mucho antes que eso.
Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
¿Por qué no? - preguntó Hermione algo molesta. Ella creía que no tenían nada en contra de los muggles, pero ahora descubría que no hablaban de un miembro que había salido squib...
Él quiso alejarse del mundo mágico - explicó el señor Weasley -. No se sentía cómodo siendo el único que no podía hacer magia de la familia y nos pidió que le dejásemos vivir tranquilo en el mundo muggle.
Hace muchos años que no sabemos nada de él - siguió Molly -, pero es porque él estuvo insistiendo mucho tiempo que no quería tener nada que ver con la magia. Y al final, cuando intentamos mantener el contacto de todas formas, tampoco quiso tener nada que ver con nosotros y se alejó. Después de eso ya no quisimos molestarle más veces y le dejamos en paz como él quería.
Oh - fue la única respuesta de Hermione. No podía evitar sentirse aliviada al ver que la culpa no era de los Weasley, sino del squib que no había sabido ver lo asombrosos que eran.
—Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.
Eso no tiene nada que ver - dijo Remus -. Igual que el que te hayas criado con muggles no significa que sepas conducir o cómo funciona la transmisión de la imagen de la televisión.
Bueno, no había pensado en ello de esa forma - murmuró Harry.
Pero de todas formas sí que sabe mucho más de magia que Harry - le defendió Sirius -. A lo mejor no sobre cómo lanzar hechizos, pero sí sobre los límites de la magia porque apuesto a que Harry pensaba que todo era posible con magia, cuando en realidad no es así. Y eso sí que lo sabe Ron.
La cara de Harry se iluminó al oír a su padrino defendiéndole y le dedicó una sonrisa brillante. Sirius no pudo evitar devolverla y darse una palmadita mental a sí mismo por haber hecho feliz a Harry.
Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido muchacho del callejón Diagon.
Los Weasley y Malfoy se miraron con idénticas expresiones de horror.
¡¿Qué?! ¡No nos parecemos en nada! - exclamó Ron girándose hacia su mejor amigo -. ¿Cómo has podido pensar eso?
Ron, aún no os conocía a ninguno de los dos - se defendió el chico -. Y me refería a que erais de una familia de magos los dos.
¡Pero no nos parecemos en nada! - protestó de nuevo como para asegurarse de que todos lo tuviesen claro.
¡Exacto! ¡Mi familia no es ni parecida a esa de pelirrojos! - gritó Malfoy desde la otra punta.
Todos se giraron a la vez hacia el rubio con la boca abierta.
¿Tú... acabas de darme la razón? - preguntó Ron como intentando comprenderlo -. ¿Malfoy me acaba de dar la razón?
Más bien opináis los dos lo mismo - dijo Hermione escondiendo una sonrisa.
¿Quieres decir que Ron y Malfoy están de acuerdo en algo? - dijo Harry haciendo un enorme esfuerzo por no reírse.
Las expresiones de ambos volvieron a ser de absoluto horror al ver que, por primera vez, estaban de acuerdo en algo.
Nunca creí que esto iba a suceder - Harry estalló por fin en carcajadas.
Tú no te rías que esto es culpa tuya - le amenazó Ron girándose de golpe hacia él.
¿Mía? - repitió Harry sorprendido -. ¿Cómo va a ser mía la culpa de que estés de acuerdo con Malfoy? - terminó estallando en carcajadas de nuevo.
Sí, tuya y de tus pensamientos que estamos leyendo en voz alta y que han conseguido que ocurra... esto - terminó haciendo un arco con la mano como para abarcar la ridícula situación.
—Oíque te habías ido a vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?
Bonito cambio de tema, Ron - rio Bill -. Muy discreto - ironizó.
¡Hey!, que tenía curiosidad - se defendió con las orejas coloradas.
—Horribles... Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí****lo son.
No me puedo creer que aún les defendieses - suspiró Sirius algo asombrado por la actitud de su ahijado.
Pero si no les he defendido - replicó Harry confundido -. He dicho que son horribles. Eso no es un cumplido, precisamente.
No a tus tíos, esos no merecen que se les defienda y me preocuparía si lo intentaras - dijo Sirius con un gesto de impaciencia -. Me refiero al resto de los muggles - al ver la expresión aún más confundida de Harry, se explicó -. Los niños meten a todas las personas en el mismo grupo. Si un adulto les trata mal, automáticamente piensan que no se puede confiar en ninguno. Y a ti te cuesta confiar en los adultos porque nunca has podido hacerlo, pero no has asumido en ningún momento que todos son así.
¿Y por qué iba a hacer eso? - preguntó Harry sin saber cómo sentirse -. Son los Dursley los que son horribles. Pero tú, o Remus, o los señores Weasley, o la profesora McGonagall también sois adultos y no sois parecidos en nada. ¿Por qué iba a pensar que sí?
Sirius miraba a su ahijado con una enorme sonrisa de orgullo al oír esto y estaba, junto con los otros adultos que Harry había mencionado, prácticamente radiando felicidad al ver que su ahijado confiaba en él. No muchos niños eran capaces de darse cuenta de eso cuando habían crecido en un ambiente como el de Harry así que era casi un milagro que el chico hubiese salido tan bien como había salido.
Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.
Ahora los tienes, Harry, porque eres un Weasley honorario - sonrió Fred.
Así que ahora tienes seis hermanos - dijo George.
Y dos hermanas - añadió Hermione señalándose a Ginny y a sí misma.
Vas a acabar harto de tantos hermanos que te van a salir por las orejas - sonrió Charlie.
—Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía deprimido—.
Los Weasley fruncieron el ceño confundidos y se miraron entre ellos, pero ninguno de ellos comprendía la razón. Se giraron hacia Ron en busca de una explicación, pero el chico estaba encontrando las manos de su regazo de lo más interesantes y se negaba a levantar la vista y mirar a sus hermanos.
Harry estuvo a punto de interrumpirse con un gruñido y Hermione tampoco tuvo una reacción muy distinta. Ambos conocían los problemas de autoestima de Ron y las ridículas ideas que tenía metidas en la cabeza de que era el peor de los siete hermanos y, aunque a lo mejor si el resto de su familia también se daba cuenta de ellos podrían ayudarle, esta no era forma de que se enterasen sobre ellos.
Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto. Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos. Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero.
Los Weasley miraban al menor varón pelirrojo con los ojos como platos y una expresión que estaba cambiando de la comprensión al horror hacia sí mismos por no haberse dado cuenta antes.
Molly abrió la boca para decirle a su hijo que sí que sería una gran noticia, aunque otro de sus hermanos ya lo hubiese hecho antes, que sus logros eran igual de importantes que los de cualquiera de los otros.
Sin embargo, Harry estaba viendo por el rabillo del ojo cómo las orejas de su amigo se ponían cada vez más rojas y supo que era mejor acabar el párrafo antes de que alguno dijese algo por lo que se apresuró a seguir antes de le diese tiempo a pronunciar una palabra.
Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos.
Los señores Weasley bajaron un poco la cabeza avergonzados, al igual que Bill y Charlie porque ellos sentían que podían haberle comprado algo a su hermano pero nunca lo hicieron.
Molly intentó consolarse pensando que el año que empezó Hogwarts seguro que le compraron algo nuevo solo para él. Trató de recordar qué era porque seguro que había algo. Tenía que haber algo..., ¿verdad?
Hizo memoria de las cosas nuevas que habían comprado ese año, pero solo se le ocurrieron los libros de DCAO porque los cambiaban cada año, la túnica nueva para Percy y Hermes, la lechuza de Percy por haber sido prefecto. Nada más. No les había quedado dinero después de eso.
Molly abrió los ojos como platos horrorizada al darse cuenta de eso, pero lo único que podía hacer era prometerse a sí misma que no se iba a olvidar de ese juramento personal que se había hecho antes. Primero las necesidades de todos, luego premios para los que se los ganasen.
Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charles y la vieja rata de Percy.
Ron, hijo, nosotros... - empezó la señora Weasley desolada, pero no pudo continuar.
Mamá, ya no me importa - la interrumpió su hijo con una media sonrisa -. Puede que si me lo hubieses preguntado ayer, sí que me importase, pero estos libros... Bueno, me he dado cuenta de lo que tengo y de que no lo cambiaría por nada en el mundo - les tranquilizó. Y era todo cierto. Con estos libros había visto que otros lo tenían mucho peor y que había estado envidioso de alguien a quien no le tenía nada que envidiar.
Los señores Weasley sintieron un peso que se levantaba de sus hombros al oír esto y ver que su hijo no les guardaba ningún rencor. Por su parte, Harry y Hermione sonreían orgullosos a su amigo. Desde el primer momento, los celos y la inseguridad habían sido el problema del pelirrojo, pero estos libros se estaban encargando de arreglar esto con apenas unos pocos capítulos. Con suerte al terminar los siete libros ya no tendrían que volver a preocuparse por eso.
Ron buscóen su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
Muchas miradas se dirigieron a la rata en la jaula a los pies de Sirius y se preguntaron una vez más qué hacía ahí y cómo es que tenía las respuestas a la inocencia de Sirius Black. Parecía imposible, de locos, y lo peor es que no lo sabrían hasta el tercer libro.
Solo había tres personas que no buscaban esas respuestas, pero tenían otros problemas. Remus cerró los ojos y respiró hondo para no perder el control del lobo al oír la primera aparición de la rata en el libro. Sirius buscó instintivamente su varita para lanzarle una maldición antes de acordarse de que no la tenía, algo que probablemente era una suerte o a lo mejor no se habría acordado a tiempo de que no debía matar a esa rata. Harry apretó el libro entre sus manos con tanta fuerza que Ron y Hermione se quedaron confundidos y alarmados por si acababa arrancando una página.
Ninguno de los tes había recordado que la rata aparecería y, después de estar todo el día sin pensar en ella, les había pillado muy de improviso. Al menos a partir de ahora no les sorprendería tanto.
—Se llama Scabbers y no sirve para nada, casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers.
Malfoy se moría de ganas de hacer un comentario sobre esto, de mofarse de Weasley por no tener tanto dinero como él. Sin embargo, no estaba solo ese Weasley, sino que estaban los nueve pelirrojos además del resto del grupo y era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que las cosas no estaban a su favor. Además de que ya no tenía tanta gracia ahora que Ron le estaba dando tanta importancia al dinero después de escuchar las condiciones en las que vivía caracortada.
Da lo mismo, pensó para sí mismo, ya buscaré otro motivo por el que burlarme de él. Es tan estúpido que seguro que no tarda mucho en aparecer otro en esas páginas.
Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.
Harry no creía que hubiera nada malo en no poder comprar una lechuza. Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así quele contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso parecióanimar a Ron.
Oh, Merlín, soy un idiota - se golpeó la frente Ron maldiciéndose por dentro -. Lo siento, Harry. Yo no pensé que fuese así de verdad, y ahora resulta que solo era una pequeña parte, y...
Ron, no importa - le tranquilizó Harry.
¡Sí importa, Harry! - explotó el pelirrojo enfadado consigo mismo -. ¡Merlín, sí que importa! Tú me contaste cómo eran tus tíos y yo no solo me lo tomé a broma sino que encima me hizo sentir mejor que mi mejor amigo viviese así. ¡Soy un idiota!
No eres un idiota - le contradijo -. Simplemente no creías que fuese posible algo así. Ninguno lo creería de no ser por que en estos libros solo aparece la pura verdad.
Aún así...
Ni aún así ni nada, Ron - se impacientó -. No me molestó que te animases por algo que creyeses que era broma. Era justo lo que buscaba cuando te conté todo eso y funcionó porque mira cómo hemos acabado ahora. Hermanos y tú deseando ir a estrangular a los Dursley ahora que sabes que era todo verdad. Así que se acabó. Me alegro que te animase. Por fin sirvieron de algo los Dursley - bromeó consiguiendo arrancarle una pequeña sonrisa al pelirrojo.
Ron sonrió dando gracias a Merlín por tener un hermano como Harry mientras el otro chico seguía leyendo.
—... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabí****a nada de mis padres o Voldemort...
Ron bufó.
Y esta fue la primera vez que vi a Ron reaccionar así - dijo Harry entre divertido y exasperado soltando un exagerado suspiro.
Y la única en que me hiciste caso en vez de intentar convencerme de lo contrario - bufó Ron dándole un codazo a su amigo.
—¿Qué? —dijo Harry.
—Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—. Yo creí que tú, entre todas las personas...
Serías el que menos respeto le tendrías y no te asustarías de un nombre - el pelirrojo sacudió la cabeza exasperado -. Ahora no entiendo cómo pude pensar siquiera lo contrario.
¡Yo no le tengo respeto a ese... ese... monstruo! - exclamó Harry -. No voy a respetar a alguien que mató a mis padres y que quiere matarme a mí también solo porque sea bueno con una varita.
Yo diría que era algo mejor que bueno - señaló Neville -. El único al que temía era a Dumbledore.
Ese no es el punto - negó con la cabeza el chico -. No se merece mi respeto ni el de nadie de esta sala, pero eso no significa que no asuste enfrentarse a él. Habría que estar loco o ser Dumbledore para no asustarse de eso porque sí que es muy bueno con una varita. Pero no se ha ganado nuestro respeto, solo es un psicópata con ansias de poder.
Todos, excepto sus dos mejores amigos, le miraron asombrados. Para ser un niño de doce años tenía sus ideas y principios clarísimos, por lo menos en lo que a Voldemort se refiere.
¿Y se puede saber cómo es posible que sepas que asusta enfrentarse a él? - preguntó Sirius comprendiendo el significado de lo que había dicho su ahijado.
Ehh... - dudó Harry con una mueca al darse cuenta de que su padrino le había pillado -. No quieres saberlo.
¿Primer o segundo libro? - suspiró teniendo sus sospechas confirmadas. Estaba concentrándose en el hecho de que su ahijado estaba ahí junto a él para no entrar en pánico al imaginarse al niño delante de ese monstruo.
Tampoco quieres saberlo - respondió el chico apresurándose a volver a leer para evitar que su padrino siguiese con el interrogatorio y averiguase que era en los dos.
—No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre —dijo Harry—. Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchí****simas cosas que aprender...
Pues esa es una lección que aún no ha aprendido, ¿verdad, Feorge?
-
dijo Fred.
Cierto, Gred, y a este paso no creo que la aprenda nunca - añadió George divertido.
Seguro**—añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mucho—, seguro que seré el peor de la clase.**
Harry, ya te hemos dicho que eso no tiene nada que ver - sonrió Remus -. Los nacidos de muggles también pueden estar entre los primeros de la clase, y sé que tú no lo eres pero creciste como uno. Lo que cuenta es la habilidad mágica de cada uno y el trabajo que ponga en clase.
Mira a Hermione - dijo Ron -. Nacida de muggles y no hay nadie que la supere en notas.
Y Lily también era de las mejores del curso - sonrió Sirius.
Y usted, señor Potter - intervino McGonagall -, tampoco anda tan atrás. No suele tardar mucho en cogerle el truco a los hechizos y todos ellos son bastante potentes, a decir verdad. Solo necesita centrarse un poco más en sus estudios y conseguiría la nota que quisiese en cualquier clase.
Harry se sonrojó un poco bajo las miradas de todo el mundo, aunque no podía negar que agradecía enormemente las palabras de su profesora. Solo había dos cosas con las que no estaba de acuerdo. No era fácil centrarse en sus estudios cuando el colegio estaba en peligro porque, por alguna extraña razón que aún no entendía, al final le tocaba a él salvarlo con ayuda de Ron y Hermione. Y aunque pudiese centrarse en sus estudios, no había ninguna posibilidad de que consiguiese más de un aceptable en Pociones si Snape era el profesor.
—No ser****á así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
Gracias, Ron - se auto-interrumpió Harry -. No sabes el peso que me quitaste de encima cuando me dijiste eso.
No es nada - murmuró sonrojado -. Para eso estamos los amigos, supongo.
Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en silencio, el paisaje.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomóy les dijo:
—¿Queréis algo del carrito, guapos?
La mujer del carrito - suspiró Sirius -, mi mujer favorita en el exprés de Hogwarts.
¿Por que no me extraña? - ironizó Remus -. Le comprabas siempre la mitad del carrito cuando pasaba por nuestro compartimento.
¡Hey!, tengo derecho a tener hambre y todo en ese carrito está buenísimo - protestó, aunque tenía una sonrisa porque sabía que era verdad.
Harry, que no había desayunado,
¿No habías desayunado? - la señora Weasley se giró de golpe hacia Harry -. ¿Así que no habías comido nada desde la noche anterior?
Harry negó con la cabeza sonrojándose y evitando mirar a nadie, en especial a la enfermera Pomfrey, que volvía a echar chispas por los ojos pensando en todas las pociones que tendría que darle para corregir toda la falta de nutrientes.
¿Comiste algo la noche anterior? - gruñó Sirius con sarcasmo, pero, para su sorpresa, Harry solo se sonrojó todavía más -. Oh, estupendo. Un día entero sin comer - dijo furioso al comprender que tampoco había cenado.
Harry suspiró por dentro aliviado por que no se habían dado cuenta de que se estaba muriendo de hambre de verdad también en la realidad. Maldijo para sí mismo el estúpido hechizo que tenían los libros, pero por lo menos solo lo sabía él o no quería imaginarse cómo se preocuparía la señora Weasley.
se levant****ó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que había llevado bocadillos.
¡Es verdad! - exclamó Ron enderezándose -. ¡Se me había olvidado que tenía bocadillos ese día!
¿Y por qué se te olvidó algo así si era tu comida? - preguntó su madre suspicaz.
Ehh... Ahora lo verás - esquivó la pregunta rápidamente -. Sigue leyendo, Harry.
Harry salió al pasillo.
Cuando viv****ía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar. Pero la mujer no tenía Mars.
¿Marx? - se extrañó Ron -. ¿Qué demonios es un Marx?
Se llaman Mars - le corrigió Harry con una sonrisa divertida -. Es una de las pocas chucherías que había probado y era mi favorita, pero solo tuve ocasión de probarlas una vez y me moría de ganas de tomarme otra.
¿Y llamaron Mars a una chocolatina? - alzó las cejas sorprendido -. ¿No se les ocurría otro nombre más raro?
Bueno, algunos de los dulces de los magos también tienen notes de lo más extraño - se encogió de hombros Hermione
En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida. Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.
Wow, es incluso más que lo que compraban James y Sirius - se sorprendió Remus sin darse cuenta de cómo las mejillas del chico se volvían a poner coloradas y bajaba la cabeza sintiéndose casi avergonzado.
Por suerte, su padrino parecía tener una alarma de cuando algo andaba mal con Harry y no tardó ni dos segundos en comprender qué le ocurría. Sirius maldijo por lo bajo porque lo que su ahijado necesitaba era apoyo para poder dejar en el pasado el abuso que había sufrido y esas reacciones no le estaban ayudando en absoluto. Tenían que dejar de sorprenderse por las atrocidades de los Dursley, no dejar de enfadarse, pero sí estar preparados para cualquier cosa para no avergonzar al chico.
Se giró de inmediato hacia Remus, que seguía con los ojos como platos intentando entender cómo podía comprar tanta comida, y le dio un golpe con fuerza en la parte de atrás de la cabeza.
¡Hey! - protestó Remus frotándose la parte dolorida y mirando a su amigo con reproche -, ¿a qué ha venido eso?
Sirius frunció todavía más el ceño e hizo un gesto hacia Harry con la cabeza.
¡No, no, no, Harry! - se apresuró a tranquilizarle en cuanto comprendió lo que pasaba -. Me alegro que comprases tanto y comieses todo lo que pudieses porque Merlín sabe que te lo merecías. Es solo que me ha sorprendido porque Sirius tiene un pozo sin fondo donde el resto tenemos estómago y no conozco a nadie que coma más que él.
¡Hey! - protestó Sirius, pero valía la pena por la sonrisa de su ahijado.
Bueno, no pensaba comerme todo yo solo - sonrió Harry -, y este de aquí se encargó de que apenas sobrase algo - añadió señalando al pelirrojo que le miraba indignado.
¡Tú comiste tanto como yo! - replicó Ron.
La primera y última vez que eso ha ocurrido - dijo Harry volviendo al libro antes de que le pudiese responder.
Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
—**Tenías hambre, ¿**verdad?
Y ahora ya sé por qué - murmuró Ron furioso por dentro.
—Muchísima —dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:
—Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la carne en conserva.
¿Qué? - se sorprendió la señora Weasley -. ¿Cómo que no? ¡Pero si es el que te tomas siempre!
Me lo tomo porque es el que siempre me das, mamá - explicó Ron -, pero eso no significa que me guste. Ese es el favorito de Bill, no el mío. Yo prefiero el mantequilla de cacahuete y mermelada.
Pero entonces... - Molly dejó la frase sin terminar mientras comprendía las implicaciones de esto -. ¿Por qué nunca me lo dijiste?
Somos muchos, mamá - respondió él con las orejas coloradas -. No pasa nada. Solo tienes demasiadas cosas en la cabeza y esto no importa. Es solo un bocadillo.
¡Sí la tiene, Ron! - replicó ella llena de culpa -. Lo siento mucho, cariño. La próxima vez te hago el de mantequilla de cacahuete y mermelada.
—Te la cambio por uno de éstos —dijo Harry, alcanzándole un pastel—. Sírvete...
Eso ha estado muy bien, Harry - felicitó Bill.
Sí, yo no cambiaría un pastel de calabaza por un bocadillo de carne en la vida - admitió Charlie con una mirada soñadora. Eran su dulce preferido por encima de cualquier otro.
Harry rebuscó en sus bolsillos y le lanzó lo que buscaba a Charlie. El pelirrojo lo atrapó gracias a sus instintos de buscador de quidditch y se le iluminó la cara al ver que era un pastel de calabaza.
No podía hacer otra cosa. Ron tenía la misma cara que tú hace un momento - rio Harry divertido sacando otra para su mejor amigo -. Toma, esta es la última.
¡Gracias, Harry! - exclamaron los dos a la vez contentos y ya con la boca llena.
—No te va a gustar, está seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo —añadió rápidamente**—... Ya sabes, con nosotros cinco.**
—Vamos, sírvete un pastel —dijo Harry, que nunca había tenido nada que compartir o, en realidad, nadie con quien compartir nada.
Y así nos hicimos amigos - declaró Ron dándole un golpe amistoso en el hombro a Harry.
¿Y por qué no me sorprende que fuese gracias a la comida que Ron encontrase a su mejor amigo? - preguntó sarcástica Ginny.
Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos habían quedado olvidados).
Ni siquiera la señora Weasley se molestó por eso. En fin, comparados con los pasteles de calabaza y los demás dulces, no podía culparlos por no haberse comido los bocadillos. Sobre todo ahora que había descubierto que no eran de algo que le gustase a su hijo.
Por un día no pasaba nada que comiesen a base de todo eso (ella también lo había hecho cuando iba en el tren de Hogwarts) y había sido gracias a eso que Harry y Ron se habían convertido en los mejores amigos.
—¿Qué son éstos? —preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
—No**—dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.**
Lunático la tiene - soltó Sirius sin pensar.
¿En serio? - Ron se enderezó en su asiento con los ojos brillantes.
Sí, la tengo repetida - dijo Remus algo cohibido por toda la atención puesta en él por un cromo.
¡¿Repetida?!
Síp - respondió Sirius intentando no reírse de la sorpresa del pequeño pelirrojo -. Lunático está totalmente adicto al chocolate. Cuando íbamos a Hogwarts siempre llevaba alguna en los bolsillos y para cuando nos graduamos ya tenía la colección completa con la mayoría repetidos varias veces.
Ron miraba boquiabierto a Remus, que se había sonrojado y se movía en su asiento incómodo por todas las miradas.
¿Me puedes dar uno de Agripa? ¡Porfa, aún no la he encontrado! - rogó Ron centrándose en lo "importante".
Ehh... Por supuesto - aceptó encogiéndose de hombros.
¿De verdad? - sonrió el pelirrojo -. ¡Genial! ¡Gracias!
—¿Qué?
—Oh, por supuesto, no debes saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.
Ron volvió a mirar a Remus con ojos esperanzadores.
También lo tengo repetido - respondió a la pregunta sin formular. La mirada del chico se volvió suplicante porque, después de casi dos años, aún no los había encontrado -. Sí, luego te doy uno. Cuando salgamos de aquí - accedió sonriendo divertido.
¡Sí! - exclamó Ron haciendo un gesto de victoria -. ¡Gracias!
Harry desenvolvi****ó su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.
¡Qué suerte! No está mal para empezar la colección - exclamó Tonks mientras Charlie se reía a su lado -. ¡No te rías! Ya sabes lo que me costó conseguirlo - protestó ella dándole un codazo.
Por eso mismo - siguió riendo él. El resto los miraba confundidos -. Ya sabéis que Dumbledore no es de los cromos más complicados de conseguir, ¿no? Bueno, pues a Nymphadora aquí presente...
¡Charlie Weasley, no me llames Nymphadora! - interrumpió ella con el pelo rojo de enfado.
...fue uno de los que más le costó - siguió Charlie como si la metamorfomaga no hubiese dicho nada -. Ella también es adicta al chocolate - dijo mirando de reojo a Remus con una sonrisa -, así que tenía la colección casi completa. Pero tardó más de un año en conseguir a Dumbledore porque nadie se lo quería cambiar.
Ni siquiera tú - gruñó ella cruzándose de brazos -. Todavía no me puedo creer que no me dieses uno de los muchos Dumbledores que te tocaron en esos meses.
Oh, vamos, era divertidísimo hacerte rabiar cuando todos conseguíamos a Dumbledore repetido varias veces y a ti parecía que te esquivaban sus cromos - sonrió Charlie.
El único que no miraba el intercambio con una sonrisa era Remus. Era raro, pero verles así, tan unidos, removía algo en su interior y le daban ganas de soltarle un gruñido al pelirrojo y sentarse entre los dos.
—¡Así que éste es Dumbledore! —dijo Harry.
—¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore! —dijo Ron—.
Ya sé que creció con muggles - dijo Ron antes de que alguien hiciese un comentario -, pero en ese momento se me olvidó y no sé. ¡Es Dumbledore! Que alguien no le conozca es tan raro como que alguien no sepa quién es Harry.
Harry se sonrojó hasta las orejas al oír esto y se apresuró a seguir leyendo antes de que alguien más pudiese comentar sobre eso.
¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa... Gracias...
Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó:
Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo Como el más grande mago del tiempo presente, Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945, por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel. El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos.
¿A los bolos? - repitió Sirius extrañado. Él no solía leer lo que ponía en los cromos y esto le había pillado por sorpresa.
En efecto - afirmó Dumbledore alegre -. Encuentro ese pasatiempo de lo más entretenido. Es increíble lo que se les ocurre a los muggles.
Mientras esta conversación se desarrollaba, Harry, Ron y Hermione hablaban en susurros.
No me puedo creer que tuviésemos la respuesta antes de llegar a Hogwarts siquiera y nos pasásemos tantas horas en la biblioteca para nada - bufó Ron.
No sé de qué te quejas si la mayoría de los libros me los leí yo
-
dijo Hermione poniendo los ojos en blanco.
Fuimos a la biblioteca en las vacaciones de Navidad. ¡En las vacaciones de Navidad! - exclamó él intentando no alzar demasiado la voz.
Demasiado tarde. Todos a su alrededor se giraron curiosos hacia el trío del sofá.
¿Navidad? - repitió Neville confuso -. ¿Pasó algo en Navidad?
Nada - respondieron los tres a la vez. Para nada sospechoso.
Ya. Seguro - dijeron los gemelos a la vez.
Cuéntanos, Ronnie - sonrió Fred con anticipación.
¿Qué pasó tan importante en Navidad? - preguntó George con una expresión exactamente igual a la de su gemelo.
Nada que no vayamos a leer - cortó Ron rápidamente -. Sigue, Harry.
Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de Dumbledore había desaparecido.
—¡Ya no está!
Yo dije lo mismo la primera vez que lo vi - rio Hermione.
A mi madre casi le da un ataque cuando vio que una fotografía le saludaba cuando fuimos al callejón Diagon a por mis cosas - dijo Dean sentado unos cuantos metros más allá.
Por todos lados los nacidos de muggles estaban contando sus reacciones y las de su familia cuando vieron su primera imagen en movimiento.
Mi familia no vio ninguna hasta que volví después de mi primer curso y me había acostumbrado tanto a que fuesen así que les enseñé algunas en el desayuno sin pararme a pensarlo. Mi padre se dio tal susto que se le cayó la cafetera - rio Alicia al recordarlo.
Yo se las enseñé primero a mi hermano pequeño y cuando él se lo contó emocionado a mis padres por la tarde pensaron que le había estado tomando el pelo. Estuvieron a punto de castigarme toda una semana, pero luego vieron las fotos y se quedaron boquiabiertos - dijo Justin Finch-Fletchley sonriendo.
—Bueno, no iba a estar ahí todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.
Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
—Sírvete —dijo Harry—. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
—¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? —Ron estaba atónito—. ¡Qué raro!
Ahora el turno de los nacidos de magos de recordar cómo habían reaccionado ellos al enterarse de esto. Prácticamente todos lo sabían porque se lo había dicho algún amigo nacido de muggles o le habían visto una foto o un póster colgado de la pared.
La mayoría de habían quedado boquiabiertos y extrañados al mismo tiempo. Alguno había murmurado sobre locuras de los muggles, otros solo habían sacudido la cabeza perplejos pero acostumbrados a que los dos mundos no funcionasen igual y más de uno había intentado hechizar la imagen para que se moviese.
Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos.
Normal - resopló Hermione divertida -. Lo que más le interesa a Ron es siempre la comida, pero Harry es demasiado curioso para distraerse con el chocolate cuando ve algo nuevo.
¡Hey! - protestaron ambos chicos.
¿Así que no es cierto? - preguntó la chica con una sonrisa inocente.
Los dos abrieron la boca para replicar, pero la cerraron a regañadientes mientras el resto soltaba risitas al darse cuenta de que tenía razón.
Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.
—Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice«todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontróuna con sabor a duende.
Eso es imposible - dijo Hermione automáticamente.
Oh, ¿en serio, Hermione? - preguntó George con una sonrisa traviesa.
¿Y por qué iba a ser mentira lo que dice mi querido hermano? - dijo Fred.
Porque las Grageas Bertie Bott son de todos los sabores de cosas que se pueden comer - explicó Hermione haciendo énfasis en cosas -. No incluyen criaturas mágicas porque ninguna se ofrecería para convertirse en el sabor de un producto de los magos.
¿Y tú cómo lo sabes? - preguntó Ron.
Lo leí en algún sitio - respondió ella encogiéndose de hombros.
Así que me estabais tomando el pelo de nuevo - dijo Ron girándose hacia sus hermanos con el ceño fruncido.
Como si no nos conocieses, Ronnie - dijo George con una amplia sonrisa.
Pero es que caías en nuestros trucos casi siempre - suspiró Fred con voz nostálgica.
Hasta que conociste a alguien a quien es casi imposible gastarle una broma - dijo George mirando a Harry.
Y ahora evitas todas. No caído en ninguna desde el curso pasado - resopló Fred mientras su hermano pequeño sonreía satisfecho.
Fred y George se lo habían tomado como un golpe contra su orgullo de bromistas que un niño dos años más pequeño que ellos les pillase siempre las bromas y que ni él ni, como consecuencia, tampoco Ron cayesen en ellas. Sin embargo, ahora que estaban casi seguros de que ese niño era el hijo de uno de los merodeadores, ya no parecía tan grave. Siendo hijo de uno de sus cuatro ídolos tenía que haber heredado algo, ¿no?
¿Harry? ¿Qué tiene que ver Harry con eso? Si a él no le gustan las bromas - dijo Sirius confuso mirando a los gemelos y a Harry alternativamente.
Ups, pensaron los gemelos. Se les había olvidado la broma que les estaba gastando Harry a los merodeadores.
Que no gaste bromas todos los días no significa que no sepa gastar una - dijo Harry encogiéndose de hombros y pasándose la mano por el pelo nervioso -. Definitivamente sé reconocer una a un kilómetro de distancia la mayor parte de las veces. Y cuando no, ya me encargo de que a quien sea que haya sido se le quiten las ganas de volver a hacerlo, ¿verdad, Fred, George? - terminó lanzándoles una mirada de advertencia a los gemelos.
Estos tragaron saliva al recordar la última broma en la que había caído Ron, y que había pillado también a Harry la primera semana que estuvieron en Hogwarts. Habían querido darles la bienvenida al castillo con una broma y les habían puesto un hechizo en los botes de champú para que les tiñesen el pelo de fucsia y no se lo pudiesen quitar hasta la mañana siguiente. Harry y Ron se habían quedado horrorizados al darse cuenta de lo que había pasado.
Sin embargo, todo había salido mal para los gemelos cuando Harry se había enfadado porque el pelo Potter no se puede controlar. Igual que cuando su tía Petunia le había hecho ese horrible corte de pelo, la desordenada mata de Harry volvió a estar igual que siempre antes de que saliesen por la puerta.
Después se había colado en el cuarto de los gemelos y, para su suerte, había encontrado el mismo libro que él había visto en Flourish y Blotts del profesor Vindictus Viridian Hechizos y contrahechizos (encante a sus amigos y confunda a sus enemigos con las más recientes venganzas: Pérdida de Cabello, Piernas de Mantequilla, Lengua Atada y más, mucho más). Había usado el hechizo de pérdida de cabello en Ron después de un par de intentos para quitarle todo el pelo rosa y había usado el contrahechizo que daba el libro para hacérselo crecer de nuevo.
Cuando ambos bajaron a la sala común encontraron a Fred y a George que estaban esperando ansiosos por ver el resultado de su broma. No sabían si se habían quedado más pasmados al verles bajar como si no hubiese pasado nada o cuando Harry les había sonreído divertido diciéndoles que la próxima vez tendrían que esforzarse más. Probablemente había sido a la mañana siguiente cuando Harry había conseguido devolverles la broma hechizando sus botes de champú para que, no solo se quedase fucsia, sino que cambiaba de color cada pocos minutos y no encontraron forma de deshacerlo, por lo que tuvieron que esperar tres días hasta que se pasaron los efectos.
Habían pasado semanas antes de que los gemelos se atreviesen a volver a intentar gastarles una broma, pero para el éxito que habían tenido no había servido de nada. Parecía que Harry tenía un instinto que le alertaba de cuando le iban a gastar una broma y no tardaba mucho en descubrir en qué consistía.
¿Qué pasó exactamente? - preguntó Bill curioso al ver las expresiones de Fred y George mientras Ron se reía a carcajadas al recordar lo ocurrido y Harry sonreía orgulloso de sí mismo. Incluso Hermione estaba esforzándose para no reírse.
Él, al igual que los demás hermanos Weasley, había intentado muchas veces vengarse de los gemelos, pero nunca había tenido éxito. Ahora parecía que alguien lo había conseguido y se morían por saber cómo lo había hecho.
Nada - respondieron Fred y George a la vez rápidamente.
¿Harry? - insistió Charlie girándose hacia el chico con los ojos brillantes.
No te atrevas, Harry - amenazaron los gemelos, pero tenían un tono desesperado.
Al final no fue Harry quien contó todo. Antes de que pudiesen pararle, Ron había contado desde cómo habían caído Harry y él en la broma, cómo la habían deshecho esa misma mañana y cómo se había vengado su amigo de ellos al día siguiente.
Cuando acabó estaban todos agarrándose el estómago por las carcajadas y los hermanos Weasley, sin incluir a Fred y George por supuesto, estaban felicitando al chico mientras se les saltaban las lágrimas por la risa. Sirius y Remus intentaban coger aire mientras le chocaban los cinco a Harry y le miraban con un brillo de orgullo. Serían adultos ahora, pero seguían siendo merodeadores.
Harry sonreía algo sonrojado, pero no era nada comparado con las caras coloradas de los gemelos. Apiadándose de ellos, decidió volver a la lectura.
Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.
—Puaj... ¿Ves? Coles.
Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontrótostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante valiente para morder la punta de una gris, que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta.
En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.
Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos.
¡Ese soy yo! - exclamó Neville.
Sí - asintió Harry -. Fuiste la primera persona que visitó nuestro compartimento en ese viaje.
¿La primera? ¿Cuántas personas fueron en vuestro primer viaje? - preguntó Tonks entre sorprendida y confundida.
Unas cuantas - se encogió de hombros Ron -. Fue un viaje... entretenido, podrías decir.
Parecía muy afligido.
—Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?
¿No lo habías perdido en la estación? - preguntó Ginny intentando recordar -. Fue lo que Harry te oyó decirle a tu abuela, ¿no?
Sí, pero lo volví a perder - explicó Neville sonrojándose.
Por lo menos siempre aparece al cabo de un rato - dijo Harry tratando de animarle.
Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.
—¡La he perdido!¡Se me escapa todo el tiempo!
A lo mejor está persiguiendo karmputts - dijo Luna pensativa.
¿Karmputts? - repitió Neville confundido.
Mi padre hizo un estudio sobre ellos hace unos años, pero no se sabe mucho sobre ellos - explicó ella -. Se cree que atraen a los pocos animales que pueden verlos y los sapos son unos de ellos. Sin embargo, ningún animal puede perseguirlos mucho rato porque son muy rápidos y los pierden pronto de vista. Tal vez por eso tu sapo vuelve siempre después de un rato, porque es cuando pierde a los karmputts.
Esas criaturas no existen - intervino Hermione con el ceño fruncido.
Sí que existen, pero por desgracia los humanos no podemos verlos y aún no hemos encontrado ninguna forma de hacerlos visibles para nosotros - replicó Luna tranquilamente -. Es una pena porque estoy segura de que son preciosos. ¿Por qué sino iban a atraer a todos los animales que los pueden ver?
No existen - insistió Hermione con firmeza -. No aparecen en ningún libro de criaturas mágicas que me haya leído por lo que no hay pruebas de que existan.
Tampoco hay pruebas de que existan las Reliquias de la Muerte y sin embargo hemos puesto en la lista para Harry que las tiene que encontrar - dijo Luna. Estaba frunciendo un poco el ceño, pero esa era la única prueba de lo mucho que se estaba frustrando con la otra chica.
Es una lista de imposibles
-
señaló ella -. Todos hemos buscado cosas que son imposibles de llevar a cabo y si hemos incluido eso será porque no se cree en el fondo que se pueda hacer, o por lo menos mientras está en el colegio.
Yo creo que Harry sí puede encontrarlas - declaró Luna.
Solo lo podemos saber si seguimos leyendo - intervino Harry antes de que pudiesen seguir discutiendo -. Quedan muchos libros por delante, así que ya discutiremos este asunto de las Reliquias más adelante.
—Ya aparecerá —dijo Harry.
—Sí —dijo el muchacho apesadumbrado—****. Bueno, si la veis...
Se fue.
Teníamos que haberte echado una mano - pensó Harry en voz alta -. Perdona, Neville.
Da igual - le quitó importancia con un gesto -. Me habéis ayudado a encontrarle más veces de las que puedo contar en estos dos años así que no importa.
—No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible. Aunque en realidad he traído a Scabbers, as****í que no puedo hablar.
¡Ron! - le regañó la señora Weasley, pero no hacía falta.
Lo siento, Neville - se disculpó Ron en seguida sin escuchar a su madre -. No debía haber dicho eso. Si hay alguna mascota que es inútil es Scabbers...
Da igual, Ron - le tranquilizó sonriendo al ver el apuro del pelirrojo -. Yo también estuve pensando lo mismo en primero porque, bueno, muy útil no es Trevor.
La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.
—Podría estar muerta y no notarías la diferencia —dijo Ron con disgusto—. Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó.
Harry dejó de leer y miró a Sirius un segundo antes de que estallasen los dos en carcajadas para sorpresa de todos a su alrededor. Remus mientras temblaba con la risa reprimida y escondía una sonrisa con la mano.
Eso... ha sido... ¡perfecto! - dijo Sirius intentando recuperar el aliento.
Ehh... Creo que los demás nos estamos perdiendo algo - Bill frunció el ceño confuso.
Da igual - dijo Harry con una sonrisa de oreja a oreja y las mejillas rojas de tanto reírse -. Solo una cosa - añadió girándose hacia su mejor amigo -. Ron, eso es lo mejor que has hecho con Scabbers. Ha sido brillante.
No entiendo ni una palabra de lo que me estás contando - replicó el pelirrojo totalmente confundido -, pero gracias, supongo.
¿Te acuerdas de lo que hablamos anoche cuando nos quedamos los tres solos en el Gran Comedor? - preguntó Harry confundiendo aún más a sus dos amigos, y más todavía al resto que no sabían de qué conversación estaban hablando -. Bueno, pues es sobre eso.
Entonces tenemos que esperar, ¿no? - suspiró Hermione resignada -. Hasta el tercer libro.
No si lo adivináis por vuestra cuenta - dijo Harry haciendo que los otros dos se enderezaran con el interés de un nuevo misterio entre manos -. Hemos resuelto cosas más raras antes. Bueno, no más raras, pero sí secretos mejor guardados. Me parece que podéis descubrirlo antes de que aparezca en los libros.
Y siguió leyendo sin esperar respuesta dejando a los dos merodeadores sonriendo, a sus dos mejores amigos con los ojos brillando de interés mientras intentaban poner juntas las piezas del rompecabezas y al resto con la expresión llena de confusión.
Te lo voy a enseñar, mira...
Revolvi****ó en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.
Charlie salió de su estupor por la conversación de antes al recordar que esta era su antigua varita y era la que había recibido su hermano pequeño. ¿Qué clase de hermano mayor le da las cosas viejas a su hermanito mientras él estrena otras nuevas?
—Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos...
Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.
Hermione - dijeron muchos al mismo tiempo haciendo sonrojar ligeramente a la chica y sacarla una sonrisa.
¿Quién más llevaría ya puesta la túnica de Hogwarts... - dijo George.
...si no es nuestra futura prefecta perfecta favorita? - terminó Fred haciendo que Hermione se sonrojase todavía más y la sonrisa se hiciese más ancha.
Así que fue entonces cuando os conocisteis - dijo Neville pensativo -. No se me ocurrió que fue en ese momento.
Sí, pero no sé si te acordarás - dijo Ron despacio haciendo una mueca -, pero no fue amistad a primera vista ni mucho menos.
¿A qué te refieres? ¡Si sois inseparables vosotros tres! - exclamó Tonks. Solo los conocía desde hacía un día, pero se veía clarísimo.
No siempre fue así. Ahora lo veréis - dijo Harry antes de girarse hacia su mejor amiga y añadir en un susurro -. Hermione, por favor, no hagas ni caso de lo que digamos en estas páginas ni de lo que haya pensado en el pasado. Éramos un par de estúpidos y ya no pensamos así en absoluto. Te lo prometo.
A su lado, Ron asentía de acuerdo con todo lo que estaba diciendo Harry y se les veía tan preocupados a los dos que Hermione tuvo ganas de soltar una risita.
¿Creéis que os echaría en cara cualquier cosa que ocurra en estos libros desde este momento hasta el troll de Halloween? - preguntó con una ceja alzada -. No nos llevábamos bien y los tres tuvimos la culpa en eso, pero ahora los tres nos hemos salvado la vida varias veces, nos hemos apoyado en todo y hemos pasado por demasiadas cosas como para que unos comentarios de hace dos años nos hagan tirar todo eso a la basura.
Los dos chicos soltaron un suspiro de alivio y devolvieron la sonrisa.
Solo... Lo siento por adelanto, Hermione, por cualquier comentario estúpido que hagamos - se disculpó Ron.
Y por cualquier pensamiento estúpido que tuviese. Lo siento, Hermione - añadió Harry.
Bueno, disculpas aceptadas por adelantado, pero no eran necesarias - sonrió la chica -. Yo tampoco fui muy agradable, así que lo siento por adelantado.
Disculpas aceptadas por adelantado, pero no eran necesarias - repitieron los chicos a coro.
Hey, vosotros tres - les llamó Fred.
El resto querríamos enterarnos de qué va todo esto - dijo George señalando a todo el mundo, que miraba con cara de no entender.
¿Así que podríamos seguir con la lectura? - preguntó Fred.
Así a lo mejor entendemos de qué estáis susurrando por ahí - añadió George.
—¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdióuno—dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.
El trío hizo una mueca al mismo tiempo. Primera frase desafortunada en estas páginas.
Hermione, yo... - empezó a disculparse Harry.
Ya lo hemos hablado, Harry, hace como treinta segundos - interrumpió Hermione -. No hace falta que te disculpes. Además esto era un pensamiento privado. Y no puedo negar que es verdad - dijo encogiéndose de hombros. Al ver que los chicos abrían la boca para protestar, se apresuró a continuar -. Sí que era mucho más mandona cuando llegamos a Hogwarts y no puedo decir que mis dientes sean pequeños.
En ese momento la risa de Malfoy les interrumpió.
Así que por fin ha aparecido en escena la de los dientes de conejo - se mofó -. Parece que no soy el único que lo piensa. Fue la primera impresión que tuvo caracortada de ella.
Cierra la boca, Malfoy - gruñó Ron apretando los puños al ver que en los ojos de Hermione se veía durante un segundo lo mucho que le había dolido ese comentario. Y supo que no había sido el único en verlo cuando Harry bajó la cabeza avergonzado en vez de responder al rubio.
¿Por qué? Potter opina lo mismo que yo - sonrió al ver que Harry no respondía -. Voz de mandona, maraña de pelo castaño y dientes de conejo. No es una mala descripción.
Te ha dicho que cierres la boca. ¿No entiendes esa simple frase, Malfoy? - replicó Harry por fin al ver cómo su amiga se encogía ligeramente en su asiento -. No es asunto tuyo. Esto es entre Ron, Hermione y yo. Y de nadie más. No empezamos bien, sino casi tan mal como contigo, pero la diferencia es que ahora los tres no podríamos llevarnos mejor. Así que por última vez, cierra la boca y deja esos comentarios sobre Hermione.
Malfoy le fulminó con la mirada, pero no pudo hacer nada más con todos los que se sentaban cerca del trío mirándole como desafiándole a atreverse a decir otro insulto. Al cabo de unos segundos, Harry se giró hacia Hermione preocupado.
¿Sabes que no es cierto, verdad? - preguntó algo ansioso -. Son solo los comentarios estúpidos de siempre de Malfoy.
Lo sé. Es solo... - dudó mordiéndose el labio inferior.
Hermione, ¿qué pasa? - preguntó Ron bajando la voz. Una pequeña parte de su cabeza le advirtió que el resto se iba a molestar por que se pusiesen a susurrar por segunda vez en unos minutos pero el resto de su cabeza mandó callar a esta parte y la ignoró olímpicamente. Harry y Hermione valían mil veces más que el que cualquiera de los presentes se enfadase.
La chica seguía dudando y de pronto a Harry se le encendió la bombilla al ver cómo bajaba la mirada con la cara roja de vergüenza.
Oh, Hermione - suspiró maldiciendo a Malfoy por dentro mil y una veces -. Míranos un segundo, Hermione, levanta la cabeza - esperó a que lo hiciese y luego, cruzando los dedos mentalmente para que su intuición estuviese en lo correcto, dijo lo que estaba casi seguro que la chica necesitaba oír en ese momento -. No eres fea, Hermione.
El efecto fue inmediato. La chica abrió mucho los ojos sorprendida por que lo hubiese deducido y Ron por que pensó durante un segundo que su amigo se había vuelto loco ya que eso no parecía venir a cuento. Aunque tenía sentido y eso significaba que esto era todo culpa de Malfoy. Otra vez. Le fulminó con la mirada deseando levantarse y pegarle un puñetazo, pero su amiga era más importante así que se giró hacia ella preocupado y nervioso. A él no se le daban nada bien este tipo de conversaciones. A Harry tampoco especialmente, pero solía meter menos la pata.
¿Qué? ¡Por supuesto que no es fea! - exclamó en un murmullo y obtuvo una pequeña sonrisa de la chica como recompensa.
Hermione, te crees que algo así nos importa lo más mínimo - preguntó Harry con una media sonrisa -. ¿Que tienes los dientes un poco más grandes de lo normal? ¿Y qué? Yo tengo la horrorosa cicatriz esa en la frente y Ron tiene más pecas que pelos en la cabeza - dijo ganándose una protesta de su mejor amigo y una sonrisa algo más amplia de su mejor amiga -. ¿Y que tu pelo se encrespa o lo quiera que haga haciendo que sea muy complicado peinarlo? ¡El mío sí que es totalmente imposible de peinar! Ni con magia ni al estilo muggle consigo que deje de apuntar a todos lados. Y mejor no hablamos del color de pelo de Ron - añadió con una sonrisa traviesa.
¡El color de pelo no tiene nada de malo! - protestó el pelirrojo mientras la chica apretaba los labios para no dejar una risita -. Es más, mi pelo no tiene nada de malo y punto.
Lo importante - interrumpió Harry - es que Malfoy no tiene ni idea. Es casi tan pálido como un fantasma y el pelo tan aplastado contra la cabeza que parece que se lo ha lamido una vaca - se mofó sacándole por fin una carcajada a su amiga -. Lo que queremos decir, Hermione, es que Malfoy no es quien para juzgar y menos a una chica de la que dentro de unos años Ron y yo vamos a tener que alejar a los chicos a base de maldiciones.
Hermione se sonrojó hasta las orejas, pero ahora tenía una sonrisa satisfecha y agradecida. De pronto se lanzó hacia los dos y les echó los brazos al cuello a ambos estrechándolos con fuerza.
Gracias, chicos - murmuró emocionada. No podía haber pedido mejores amigos ni aunque pudiese.
Para eso están los hermanos - murmuró Harry aún más bajo para que solo lo puede ella porque, si su instinto estaba en lo correcto otra vez, Ron querría ser algo un poco distinto de hermano en el futuro.
Se separaron después de unos segundos y vieron que el resto se había puesto a hablar viendo que esto era una conversación muy personal entre ellos tres. Harry recogió el libro de donde se había caído cuando Hermione les había abrazado y al cabo de un par de minutos de pedir silencio y negarse a contar de qué habían hablado, pudieron seguir con la lectura.
—Ya le hemos dicho que no —dijo Ron, pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano.
—Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.
¿De verdad sonaba así? - preguntó Hermione haciendo una mueca -. No me extraña que no os cayese bien al principio. Un par de frases y ya me disgusto a mí misma.
¡Hermione! - exclamaron los dos chicos girándose a la vez hacia la chica.
¿Qué? Es cierto - replicó ella encogiéndose de hombros e intentando ignorar el rubor de sus mejillas -. Sí que sonaba totalmente mandona al principio de primero. Recuerdo aquellos días y no entiendo cómo podía ser así. Ahora no podría ni aunque quisiese.
Los tres cambiamos con ese troll esa noche de Halloween - dijo Ron.
Sí - afirmó Harry -. Tú te volviste menos mandona y, gracias a Merlín, más flexible con las normas y nosotros nos dimos cuenta de lo estúpidos que habíamos sido y de que no llegaríamos a ningún lado sin ti.
Se sentó. Ron pareció****desconcertado.
—Eh... de acuerdo. —Se aclaró la garganta—.****«Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.»
Todos estallaron en carcajadas al oír esto. No hacía falta saber mucho de magia para darse cuenta de que esto era claramente un hechizo falso y alguien (un par de gemelos pelirrojos, seguro, que estaban chocándole los cinco a los dos merodeadores) le había tomado el pelo a Ron.
La señora Weasley estaba intentando no reírse ella también mientras regañaba a Fred y a George, pero estaba teniendo tan poco éxito que no la estaban tomando en serio. Lo mismo pasaba con el señor Weasley, que se tapaba la boca con la mano y trataba de recuperar una expresión más seria.
Los únicos que no tenían ningún problema en no reírse eran Harry y Hermione, sentados al lado de Ron, que tenía la cara tan roja como su pelo. La broma probablemente habría tenido gracia para ellos en cualquier otra ocasión, pero eran este tipo de cosas las que conseguían que el autoestima de Ron estuviese por los suelos. Haber sido el blanco de las bromas de todos sus hermanos hasta que llegó a Hogwarts porque casi nunca las veía venir había conseguido que acabase considerándose inferior al resto. Y ahora Harry y Hermione habían tomado como suya la tarea de demostrarle que esto no era así, nada más lejos de la verdad.
La chica se levantó discretamente del lado de Harry y se sentó al otro lado del pelirrojo de forma que el pelirrojo quedase entre los dos. Hermione le cogió la mano dándole un apretón mientras Harry le ponía la mano en el hombro y se acercaba para que solo los dos le oyesen, aunque no tenía que haberse preocupado porque el resto seguía demasiado ocupado riéndose.
Ron, ya sabes cómo son los gemelos. No les hagas ni caso. Yo también pensé que la magia consistía en decir cosas como esa y agitar un poco la varita. Por no hablar de algunas de las tonterías que se me ocurrieron los primeros días de clase - dijo consiguiendo que Ron sonriese un poco al recordar algunas de las dudas de Harry, que le habían parecido ridículas aquellos primeros días.
Y ya sabes cómo era yo - dijo Hermione -. Me leí decenas de libros en verano, aterrada de que todos los nacidos de magos iban a sacarme muchísima ventaja cuando en realidad no necesitaba hacer nada de eso. Creo que lo mío es más patético que no saber cómo es un hechizo antes de ir a tu primera clase.
Ron ya no estaba sonrojado y sonreía abiertamente. Satisfecho, Harry se giró hacia el resto, que estaban ya más calmados.
¿Ya habéis terminado? - preguntó fulminándoles inconscientemente con la mirada. No podía evitarlo. Estaban haciendo sentir mal a su mejor amigo y eso no tenía gracia.
Los demás se sintieron inmediatamente avergonzados sin saber muy bien por qué y las risas murieron al cabo de unos segundos dejando que el chico siguiese leyendo.
Agitó la varita, pero no sucedió nada. Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
Harry vio el enorme párrafo que venía y, tomando aire para ser capaz de leerlo de una sola vez, igual que Hermione lo había dicho todo de golpe aquel día, siguió leyendo rápidamente.
—¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —preguntó la niña—. Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quié****nes sois?
Harry tomó aire de nuevo, aliviado de poder respirar, mientras todos miraban a la bruja con los ojos como platos.
Merlín, Hermione, puedes respirar, ¿sabes? - dijo Sirius pasmado.
No se van a ir por que pares un segundo a coger aire - dijo Tonks -. Ni siquiera sabía que se podían decir tantas cosas con una sola bocanada.
Estaba nerviosa aquel día - se explicó Hermione sonrojándose -. Me moría de ganas de caerles bien y pensé que si me presentaba rápidamente y les impresionaba a lo mejor podía convertirme en su amiga.
Había ido bajando la voz según hablaba hasta que ya casi no se la oía. A pesar de eso, Harry y Ron sintieron una punzada de culpa todavía mayor al recordar cómo la habían tratado las primeras semanas pensando que era solo una sabelotodo cuando en realidad solo quería ser su amiga.
Pues me parece a mí que esa no era la mejor manera - soltó Bill sin pensar aún aturdido.
¡Bill! - le regañó la señora Weasley.
Lo siento, no debía haber dicho eso - se disculpó encogiéndose ligeramente bajo las miradas fulminantes de Harry y Ron.
No, no deberías haberlo hecho - gruñó Ron dándole un apretón a Hermione -. Los estúpidos y cortos de entendederas fuimos Harry y yo, no Hermione.
Antes de que alguien pudiese contestar, Harry siguió leyendo lleno de culpa y enfadado con Bill, con su yo pasado, con el Ron pasado y con tener que leer estos primeros encuentros delante de todo el comedor.
Dijo todo aquello muy rá****pidamente.
Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.
¿Te aprendiste todos los libros de memoria? - se sorprendió Sirius y Hermione asintió sonrojada -. Vaya, yo creía que no había nadie más dedicado a los estudios que Lunático o la pelirroja. Sobre todo que la pelirroja. Pero ni siquiera ellos se aprendieron los libros de memoria antes de llegar a Hogwarts.
Bueno, por eso luego Hermione nos da mil vueltas en clase - la defendió Ron.
Y no habríamos podido hacer todo lo que hemos hecho estos dos años sin que se hubiese leído tantos libros o no fuese capaz de acordarse de lo que había leído en ellos - añadió Harry pensando en el Lazo del Diablo o en la poción multijugos, por decir algunos ejemplos.
—Yo soy Ron Weasley**—murmuró Ron.**
—Harry Potter —dijo Harry.
—¿Eres túrealmente?—dijo Hermione—. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras enHistoria de la magia moderna**,Defensa contra las Artes OscurasyGrandes eventos mágicos del siglo XX**.**
Lo siento, Harry - se disculpó Hermione sabiendo que su amigo odiaba su fama y probablemente esto no le había ayudado a causarle una buena impresión al chico -. Merlín, parece que no pensaba el año pasado. ¿A quién le gustaría que reaccionasen así al presentarse?
Hermione, no me importa - sonrió Harry -. Fue hace dos años y tú estabas tan entusiasmada como nosotros por ir a aprender magia.
¡Ja!, mi ahijado aparece en varios libros - dijo Sirius triunfante.
Parece que Harry nos ha ganado por mucho, Canuto - rio Remus -. Ninguno de los merodeadores conseguimos eso y él ya lo ha hecho antes de llegar a Hogwarts.
¿Qué esperabas? No podía ser de otra forma siendo hijo de un merodeador, ahijado de otro y sobrino del tercero - sonrió orgulloso.
Harry se sonrojó hasta la raíz del pelo y se apresuró a seguir leyendo. No le gustaba ser tan famoso, pero adoraba que Sirius se sintiese orgulloso de él.
—¿Estoy yo? —dijo Harry, sintiéndose mareado.
Cualquiera se sentiría así si se enterase de pronto de que es tan famoso que aparece en libros de historia y hechizos y los magos crecen conociendo su nombre y jugando a ser él - dijo Tonks mirándole comprensiva. La verdad es que no le gustaría estar en el sitio de Harry. Había demasiada presión y expectativas puestas en él.
—Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a quécasa vais a ir? Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor,
Cumplido - sonrió Charlie -. Menos mal que quedasteis los tres en Gryffindor o no os habrías hecho amigos.
Harry reprimió un escalofrío al recordar lo cerca que había estado de acabar en la casa contraria a sus dos mejores amigos. Eso habría sido horrible. Encima estaría compartiendo dormitorio con Malfoy, se dio cuenta horrorizado. Prefirió seguir leyendo para no pensar demasiado en esta posibilidad.
parece la mejor de todas.
Los de Gryffindor gritaron apoyando lo dicho por la chica, pero el resto del comedor abuchearon y soltaron silbidos de desacuerdo.
¡Hey! - gritaron los gemelos poniéndose en pie y haciendo callar a todos.
Nadie aquí puede negar que Gryffindor es la mejor casa para estos tres de aquí - dijo Fred señalando al trío en el sofá.
Todos hemos oído los rumores de lo que hicieron al final del año pasado - dijo George.
Y de lo que han hecho este año - añadió Fred.
Y basta con que solo la mitad sean ciertos para saber que son Gryffindors sin ninguna duda - dijo George.
Porque hay que tener un par de narices para atreverse a pensar siquiera en llevar la mitad de ellos a cabo - declaró Fred.
¿Alguien se atreve a negarlo? - preguntó George desafiando con la mirada a que algún ingenuo se atreviese a abrir la boca -. ¿No? Ya nos parecía.
El trío les lanzó una mirada agradecida a los gemelos cuando estos se sentaron y todos se hubieron calmado un poco.
Oí que Dumbledore estuvo allí, pero supongo que Ravenclaw no será tan mala...
Para ti supongo que no - dijo George encogiéndose de hombros -, pero esos dos no durarían ni una semana en esa casa, me parece a mí.
Yo siempre me he preguntado por qué no acabaste en Ravenclaw - se preguntó en voz alta Fred -. No que no me alegre que estés en Gryffindor con nosotros - se apresuró a aclarar al ver que Harry y Ron le fulminaban con la mirada -, pero eres inteligente más que de sobra para poder estar ahí y todo el mundo sabe que eres la mejor de tu curso con mucha diferencia.
El Sombrero Seleccionador se lo pensó - admitió y de inmediato Harry y Ron se giraron hacia ella.
¿Y nunca nos lo has contado? - preguntó Ron con un tono algo acusador.
No salió el tema - respondió encogiéndose de hombros.
Podías haberlo dicho en el capítulo anterior cuando Harry nos contó ya-sabes-qué - replicó el pelirrojo.
Me parece que Harry necesitaba nuestro apoyo más que el que yo contase algo que no me molesta en absoluto - dijo ella mirándole con el ceño fruncido.
¡Hey!, aquí hay gente que quiere enterarse de qué va todo eso - les llamó la atención George.
Sí. ¿Qué es ese ya-sabes-qué que os ha contado Harry en el capítulo pasado? - preguntó Fred.
Lo vais a ver en el capítulo siguiente - evitó la pregunta Harry.
Bueno, pero eso no explica por qué Hermione acabó en Gryffindor - volvió al tema Tonks.
No lo sé - se encogió de hombros Hermione.
Creo que yo sí - dijo Harry pensativo atrayendo la atención de todos -. Hubo un comentario que hiciste al final del primer curso que creo que lo explica todo, pero quiero llegar a esa parte para recordarlo bien y no podemos adelantarnos porque les fastidiamos la historia a todos así que habrá que esperar.
Todos se quedaron con una expresión de frustración en la cara, en especial Hermione, pero con lo cabezota que era Harry no iban a conseguir hacerle cambiar de opinión.
De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
¿Al chico sin sapo? - repitió Neville divertido.
Perdona, Neville, es que no te conocía muy bien - se sonrojó Harry ignorando las risitas a su alrededor.
No me importa - le quitó importancia sonriendo -. Solo me hace gracia.
¿Te lo imaginas? - dijo Fred.
Hola, soy Neville Longbottom, el chico sin sapo - dijo George haciendo una pasable imitación de la voz del chico.
Todos se rieron con ganas al ver esto. Sí que tenía su gracia.
—Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron.
Una expresión herida se vio en la cara de Hermione antes de que pudiese volver a dejarla en blanco, sin mostrar ninguna emoción. Fue suficiente para que Harry y Ron lo viesen y sintiesen otra oleada de culpa.
¡No, no, Hermione, no! ¡No me hagas ni caso! - la cara de Ron mostraba claramente el horror por haber dicho eso, la culpa por haber hecho sentir mal a la chica y la preocupación por que no le perdonase. Empezó a disculparse en seguida ignorando la mirada enfadada de su madre -. Ya sabes que soy un bocazas que habla sin pensar constantemente y tú siempre me dices que tengo la capacidad emocional de una cucharilla de té así que, por favor, no me hagas ni caso. Fue un comentario totalmente estúpido e insensible, es decir, muy yo, y la mayor tontería que habría podido decir.
Hermione, ya sabes que no te querríamos en ninguna otra casa - intervino Harry sintiéndose igual de mal que su amigo -. Dijimos muchas cosas sin pensar y esta fue definitivamente horrible. Eres una Gryffindor de pies a cabeza y ni Ron ni yo te cambiaríamos por nada del mundo.
Vale, vale. Disculpas aceptadas - sonrió Hermione y los chicos soltaron suspiros de alivio -. No fui precisamente amable aquel día, ¿verdad?
Solo querías caerles bien, Hermione, pero esos dos no supieron verlo
-
dijo Charlie mirando mal a los dos chicos.
Por lo menos parece que no os guardáis rencor por eso - dijo Remus.
Arrojó su varita al baúl—. Qué hechizo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.
—¿En qué casa están tus hermanos?—preguntó Harry.
—Gryffindor**—dijo Ron. Otra vez parecía deprimido—.**
Los Weasley fruncieron el ceño confundidos. ¿Por qué estaba deprimido ahora? ¿Qué tenía de malo que estuviesen en Gryffindor?
Mamá y papá también estuvieron allí**. No s****é qué van a decir si yo no estoy.**
Comprensión apareció en la cara de todos los pelirrojos durante un segundo.
Oh, Ron, no nos habría importado en absoluto - dijo Molly resistiendo el impulso de levantarse a abrazar a su hijo. Ya estaba suficientemente sonrojado sin que su madre lo abrazase delante de todo el comedor.
Exacto, Ron, habrías seguido siendo nuestro hermano y los colores de tu corbata o el escudo de tu túnica no podría cambiar eso - dijo Charlie.
¿Tú habrías pensado distinto de cualquiera de nosotros si hubiésemos quedado en otra casa? - preguntó Bill.
Habrías seguido siendo nuestro hermano pequeño - le chinchó George.
Y te habríamos seguido gastando bromas aunque tuviésemos que encontrar la forma de colarnos en otra sala común para ello - declaró Fred.
Ya no me preocupa eso - aclaró Ron sonrojado por todos los comentarios -. No con Hermione con posibilidades de haberse ido a Ravenclaw y Harry... eso - terminó incómodo.
¿Si? - insistió Tonks -. ¿Qué es "eso"?
Capítulo siguiente - fue lo único que dijo Harry antes de seguir leyendo.
No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me ponen en Slytherin.
—¿Esa es la casa en la que Vol... quiero decir Quien-tú-sabes... estaba?
¿Ves, Harry? ¿Por qué no pudiste seguir haciendo eso? - dijo Ron -. Repite conmigo. Quién. Tú. Sabes. No es tan difícil - dijo despacio.
Vol-de-mort - dijo Harry en el mismo tono y sonrió al ver que su amigo le fulminaba con la mirada -. Vamos, Ron, como tú has dicho, no es tan difícil.
El pelirrojo bufó y sacudió la cabeza ante la cabezonería de su amigo.
—Ajá —dijo Ron.
¿Te lo imaginas? - preguntó Fred reprimiendo un escalofrío.
Quién-tú-sabes de joven paseando por estos mismos pasillos - dijo George con una mueca.
Harry hizo una mueca al recordar a Tom Riddle del día anterior.
Se ech****ó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
—¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras —dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—.
Gracias, Harry - murmuró Ron agradecido por el gesto de su amigo mientras el resto sonreía al chico.
Fue un placer - respondió él con una sonrisa levantando brevemente la cabeza.
Y, a propósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?
Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
—Charlie está en Rumania, estudiando dragones, y Bill está en África, ocupándose de asuntos para Gringotts —explicó Ron—. ¿Te enteraste de lo que pasóen Gringotts? Salió enEl Profeta**, pero no creo que las casas de los muggles lo reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.**
¡¿Qué?! - se sorprendió Sirius. Él era el único que no lo sabía por haber estado en Azkaban.
Sí, escucha, Sirius. Ahora te lo cuentan - dijo Remus.
Pero, Remus, entraron a atacar Gringotts - repitió perplejo, como si no estuviese seguro de que su amigo lo hubiese entendido -. Gringotts. Nadie lo ha conseguido nunca. Es Gringotts. Es un suicidio intentarlo.
¡Lo sé, Sirius! - se impacientó Remus -. Ya nos hemos enterado. Es imposible, por eso está en la lista de imposibles de Harry, pero alguien lo intentó. Ahora escucha si te quieres enterar de más detalles.
Harry se sorprendió.
—¿De verdad?¿Y qué****les ha sucedido?
—Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado.
Los malditos gnomos no nos dejaron entrar a investigar - gruñó Ojoloco -. Sería prácticamente imposible descubrir ahora quién fue.
Nosotros lo sabemos - dijeron Harry, Ron y Hermione a la vez con sonrisas satisfechas.
¡¿Qué?! - exclamaron todos mirándoles en shock.
¿Quién fue? ¿Y cómo demonios lo averiguasteis? ¿Por qué no se lo contasteis a los aurores? - les interrogó Moody con los dos ojos fijos en los tres chicos.
Ya lo veréis. Es parte de la historia que no vamos a fastidiaros. Y no lo contamos porque no nos pareció necesario porque ya se llevó lo que se merecía - contestó Harry.
¡¿Cómo que no os pareció necesario?! ¿A qué demonios viene eso?
-
estalló el auror.
Ya lo veréis si me dejáis seguir leyendo. Todas las respuestas están al final del libro - respondió Harry sin dejarse intimidar.
Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada.
No tiene por qué ser un mago tenebroso - declaró Fred.
Harry no es un mago tenebroso - dijo George -, y él va a ser el primero que consiga robar algo de Gringotts.
Harry soltó un gruñido mientras todos estallaban en carcajadas.
No sé de qué os reís vosotros dos - dijo señalando a Ron y a Hermione -. Vosotros estáis incluidos en eso y en esa lista de imposibles - los dos dejaron de reírse al instante al darse cuanta de que tenía razón -. Si hago alguno, vosotros vais a estar a mi lado.
A pesar de que no les hacía gracia participar en cualquiera de esos imposibles, sonrieron cuando vieron que Harry por fin había comprendido que no le iban a dejar solo. Por fin. Solo había tardado dos años y más situaciones extrañas o peligrosas de las que podían contar.
Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.
¡Imposible! - chilló Cornelius Fudge -. ¡El ministerio ya ha dicho que está muerto!
Y ya hemos dicho que el ministerio se equivoca - dijo Percy con el ceño fruncido -. Esta conversación ya la hemos tenido en este mismo capítulo. Usted está equivocado y le da demasiado miedo la otra posibilidad como para aceptarla hasta que se estampe de lleno con ella. Quien-usted-sabe está vivo y va a volver en los próximos años por lo que más nos vale estar preparados para entonces en vez de ignorarlo.
Todos estaban boquiabiertos. Era la segunda vez que prefecto perfecto Percy le llevaba la contraria al ministro delante de todo el comedor y le dejaba en ridículo. Parecía que se había tomado como una ofensa personal la ineptitud del ministerio y, principalmente, la de Fudge.
Buena esa, Perce - exclamaron los gemelos rompiendo el silencio que se había creado. Entonces saltaron el resto de los hermanos Weasley a felicitar al sonrojado Percy mientras Fudge les miraba furioso.
Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de entrar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir«Voldemort» sin preocuparse.
Bueno, si Quien-tú-sabes aparece en una conversación es que hay algo por lo que preocuparse - dijo Tonks -, pero ahora no parece que tengas ningún problema en decir su nombre.
Es que no lo hay - replicó Harry -. Tener a un nombre solo incrementa el temor de lo nombrado y solo se debe temer a Voldemort por alguna razón, no por un nombre. Si te entra el pánico con solo oírlo, te bloquearás al estar delante de él y eso es lo peor que puedes hacer.
Suena como si lo dijeses por experiencia - se preocupó Bill.
Es que lo digo por experiencia - dijo Harry y todos palidecieron un poco al oír esto -. No digo que haya que dejar de temerle, pero tienes que superar tu miedo al enfrentarte a él y para eso lo primero que tienes que hacer es olvidarte de ese miedo irracional a una palabra. No te puede oír llamarle Voldemort si no está delante y, si lo está, va a intentar matarte de todas formas sin importar por qué nombre le llames.
¿Podemos dejar de hablar de cómo intenta matarte? - preguntó Sirius apretando los dientes algo pálido.
Lo siento - se disculpó Harry -, es que no entiendo que tengan miedo a una palabra.
El resto se quedó reflexionando las palabras del chico. Tenía razón y eso no lo podían negar, pero es que decir el nombre... No era fácil superar algo que tenían grabado a fuego en la cabeza desde hace años (Hermione desde que se enteró de que existía la magia), pero harían un esfuerzo por conseguirlo.
—¿Cuál es tu equipo de quidditch? —preguntó Ron.
Los dos merodeadores, sobre todo Sirius, se desinflaron cuando salió el tema del quidditch al recordar que Harry les había dicho que no le gustaba demasiado.
—Eh... no conozco ninguno —confesó Harry.
—¿Cómo? —Ron pareció atónito—.
Sé cómo te sentiste, Ron - dijo Oliver Wood con una mueca -. No entiendo cómo no podía conocer ningún equipo de quidditch. ¡Merlín, no entiendo cómo los muggles pueden vivir sin el quidditch! Es...
Normal que puedan seguir con sus vidas - intervino Harry antes de que a su capitán se le escapase algo que fastidiase la broma -. El quidditch no es tan importante, ya os lo he dicho.
Los merodeadores hicieron una mueca al imaginarse la reacción de James si hubiese oído a su hijo hablar así sobre ese deporte.
Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero.
Si estabais tan entretenidos con esa conversación, ¿cómo puede ser que no te guste el quidditch? - preguntó Sirius con una chispa de esperanza.
Porque gracias a esa conversación me di cuenta de que no tiene nada de especial - improvisó Harry sobre la marcha.
Pero... - intentó insistir su padrino.
Además, pone que Ron me contó todo eso - siguió Harry como si Sirius no hubiese abierto la boca -, no lo que opiné sobre ello. Pronto vi que eso no era lo mío y perdí todo el interés que tuve al principio.
Sirius y Remus tenían una mirada de casi dolor en la cara al oír esto y Oliver tampoco estaba reaccionando mucho mejor escuchando a su buscador estrella hablar así del quidditch aunque supiese que era todo una broma. El resto del comedor, excepto Harry, que de alguna forma estaba consiguiendo mantener una cara seria al mirar a los merodeadores, apretaban los labios para no echarse a reír.
Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.
Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inmediato al del medio: era el chico pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin.
Oh, no - gruñó Tonks -. Ya ha vuelto a aparecer Malfoy.
No te preocupes, Tonks. No se queda mucho rato - prometió Harry con una sonrisa.
Cada página en la que aparece con esa actitud suya es una página más de las que debería aparecer - se quejó ella -. Parece que ese chico vive para insultar a la gente.
Pero después de oír los mismos insultos mil veces, lo único que parece es un disco rayado - dijo Hermione haciendo reír a los nacidos de muggles.
¿Tisco rayado? - frunció el ceño Ron -. ¿Qué demonios es un tisco?
Disco rayado - corrigió ella -. Da igual, es una expresión muggle.
Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.
Lo que significa que ya se ha enterado de quien eres - suspiró Charlie.
Y en ese caso por supuesto que estará más interesado - dijo Bill.
No fue el último - Harry se encogió de hombros pensando, por ejemplo, en cómo Lockhart había estado intentando constantemente llevarse bien con él solo por ser quien era.
No consigues nunca un descanso, ¿verdad? - dijo Neville dándose cuenta por primera vez -. Merlín, odiaría ser tú.
Dumbledore dio un respingo apenas visible al oír esto. El joven Longbottom no sabía lo cerca que había estado de estar en el lugar de Harry.
—¿Es verdad? —preguntó—. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?
¿Y cómo iban a enterarse? - preguntó la señora Weasley -. Yo te tuve justo enfrente y no supe quién eras hasta que me lo dijeron los gemelos y no pone nada de que hablaras con nadie más.
Todas las miradas se dirigieron a Fred y a George, que estaban sonrojados y con un aire a su alrededor que gritaba culpa por todos lados.
¿Fred? ¿George? ¿Tenéis algo que contarnos? - preguntó su padre serio.
Ehh... Puede que se lo contásemos a Lee y a algunos más en el tren
-
empezó George nervioso.
Y puede que lo hiciésemos en el pasillo por lo que nos oyeron unas pocas personas más - terminó Fred rascándose la parte de atrás de la cabeza.
¿Cómo se os ocurrió poneros a contarlo en el pasillo? - les regañó la señora Weasley haciendo que los dos bajasen la cabeza avergonzados -. Ahora ni siquiera ha podido llegar tranquilo al castillo por vuestra culpa.
Lo sentimos, Harry - dijeron los dos a la vez mirando a su amigo.
No me importa - les aseguró -. Lo iban a saber tarde o temprano porque dicen los nombres de todos los de primero en el banquete de bienvenida. Además, el único que vino a cotillear fue Malfoy así que eso ni es un problema ni es nada nuevo.
Fred y George sonrieron aliviados. Ahora sabían lo mucho que Harry detestaba su fama y se habían sentido culpables al recordar que ellos se lo habían dicho a muchos en el tren.
—Sí —respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecí****an guardaespaldas.
Exactamente - rio Ron -. Enormes, callados y amenazando con los puños.
La verdad es que nunca he oído hablar a esos dos a no ser que fuese porque les estaba preguntando algún profesor en clase - dijo Neville pensativo. Todos se quedaron un momento pensando, pero todos acabaron en la misma situación que Neville.
Son como unas marionetas de Malfoy - dijo Hermione en voz baja -. Él habla por ellos y les ordena lo que hacer mientras ellos obedecen sin pararse siquiera a pensar por sí mismos.
—Oh, éste es Crabbe y éste Goyle —dijo el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy.
Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita. Draco (dragón) Malfoy lo miró.
—Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
Los Weasley empezaron a enfadarse al escuchar cómo hablaba de su familia. Algo les decía que no se iba a contentar con eso e iba a dedicarles algún insulto más.
Se volvi****ó hacia Harry.
—Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
Snape necesitó todo su autocontrol para no levantarse en este instante a pedirle explicaciones a Draco. Su ahijado le había contado que Potter apenas le había dejado presentarse antes de cerrarle la puerta del compartimento en las narices, pero parecía que nada de eso había sucedido cómo había dicho el rubio. ¿Cuántas mentiras más le había contado Draco sobre Potter?
Iba a tener que escuchar atentamente para descubrirlas todas y después esta noche ya se ocuparía de castigar a su ahijado por atreverse a mentirle. De momento se contentó con fulminar al rubio con la mirada y ver cómo este se retorcía incómodo en su asiento y le miraba de reojo sabiendo que le habían pillado.
Extendió la mano, para estrechar la de Harry;
Harry, te juro que como la aceptes después de cómo te trató en el callejón Diagon y de cómo está hablando de los Weasley, te voy a internar en San Mungo hasta que entres en razón - prometió Sirius con los dientes apretados. La actitud del pequeño Malfoy le estaba recordando demasiado a su familia para su gusto.
¿En serio piensas que la aceptaría? - resopló Harry sacudiendo la cabeza -. Insultó a mi primer y mejor amigo. No había forma de que hiciese siquiera el amago.
Ron sonrió a Harry agradecido.
pero Harry no la aceptó.
La sonrisa de Ron se hizo más amplia todavía. Aún recordaba la cara que se le había quedado a Malfoy cuando Harry se había negado. Y, mejor todavía, se acordaba de cómo se había sentido cuando le eligió a él antes que al rubio.
Por primera vez había tenido la sensación de que era importante, de que había alguien que le elegiría a él antes que a cualquier otro y esa sensación para él no tenía precio. En ese momento supo que Harry y él iban a estar juntos en las buenas y en las malas, que Harry no se sentía más importante que él y que él, Ron, iba a estar apoyándole en todo momento por eso.
Bien hecho, Harry - felicitó Sirius.
El chico puso los ojos en blanco, pero tenía una sonrisa cuando siguió leyendo.
—Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad.
Lo que no comprendiste, Malfoy - se auto-interrumpió Harry levantando la cabeza con el ceño fruncido -, es que tus criterios no son los mismos que los míos.
Estás equivocado, Potter - siseó el rubio con los ojos entrecerrados.
No, no lo estoy, Malfoy - negó él -. Aquel día fallaste al no ver que la mayoría no nos preocupamos por el estatus de sangre. No hay nada que nos diferencie por fuera y no me lo puedes negar porque tú no supiste si yo era nacido de magos o de muggles y me lo tuviste que preguntar.
Draco cerró la boca con un chasquido. Sí que había abierto la boca para contradecirle, pero no podía porque lo que estaba diciendo Potter era cierto. El resto estaba en completo silencio. Era la primera conversación entre estos dos desde que empezaron los libros que era medianamente civilizada. Por lo menos, no había habido insultos ni amenazas de momento.
¿Qué crees que es? ¿La magia? - siguió Harry serio -. No sé si te has fijado estos dos cursos, pero es una nacida de muggles la que nos da mil vueltas a todos. ¿El dinero? No puede ser porque resulta que tengo tanto dinero como tú y sigues creyendo que eres mejor que yo. ¿El poder y la influencia en el mundo mágico? Todo el mundo sabe por qué tu padre tiene tanta influencia en el ministro, y por tanto en las decisiones - dijo ignorando la mirada indignada de Fudge. Los demás soltaron risitas al verle, e incluso Malfoy sonrió un poco -. Pero si preguntas a los propios trabajadores del ministerio si respetan más a tu padre o al señor Weasley y pudiesen responder honestamente sin tener miedo por sus familias o su trabajo, tu padre probablemente se llevaría una sorpresa. Y eso que los Weasley son, como dices tú, traidores a la sangre y eso es tan malo como los nacidos de muggles.
Draco apretó los puños furioso, pero sabía que su padre usaba las amenazas y el soborno al ministro para conseguir lo que quería. Si quitaba eso, ¿seguiría consiguiéndolo? ¿Siendo honesto consigo mismo? No. Y eso le llenaba de rabia.
Así que no veo ninguna razón por la que el estatus de sangre importe cuando los logros de las personas no dependen de eso en absoluto. Cuando encuentres alguna razón, ya lo discutiremos, pero por el momento es solo el mismo tipo de cabezonería que el no querer decir Voldemort - terminó Harry.
Draco seguía echando chispas por los ojos, en parte porque no podía contradecir nada de lo que había dicho el otro chico. Y odiaba eso porque estaba derrumbando todo lo que había creído desde pequeño.
Los profesores y los más cercanos a Harry miraban al chico con los ojos brillantes de orgullo. En parte por haber conseguido ponerle las cosas claras a Malfoy y al resto de los nacidos de magos que compartían el punto de vista del rubio y en parte por haberlo hecho sin perder el control y que acabasen los dos lanzándose hechizos en medio del Gran Comedor. Normalmente, la gente perdía los nervios al escuchar toda esa basura del estatus de sangre y sus argumentos acababan teniendo tan poco peso como los de los que opinaban igual que la familia Malfoy.
Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
—Yo tendr****ía cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.
Los ánimos se habían ido calentando según iba leyendo este párrafo mientras Draco se encogía bajo las miradas fulminantes de casi todos en el comedor, pero cuando llegó a esté punto fue como si estallase una bomba y sucedieron varias cosas a la vez.
Casi todos en el comedor empezaron a lanzarle insultos e improperios al rubio. Incluso muchos de Slytherin miraron mal a Draco porque, aunque la mayor parte de las veces no entendiesen el comportamiento del Gryffindor, estaban descubriendo a través de estos libros que Potter no estaba tan mal como parecía y hasta les había defendido. Y sobre todo, era despreciable que hablase así de la muerte de sus padres. Había muy pocos de ellos que aprobasen este comportamiento.
Ron y Hermione echaban chispas por los ojos, pero se mantuvieron callados repitiéndose en la cabeza que eso no ayudaría a Harry. Los gemelos estaban tan enfadados que estaban temblaban de los pies a la cabeza y sin pensar sacaron las varitas para lanzarle la peor maldición que se les ocurriese por hablarles así a sus hermanos.
Sirius ignoró que era el único en el Gran Comedor sin varita y se levantó de su asiento para lanzarse contra el rubio por despreciar así las muertes de su hermano y de la pelirroja y restregárselas a Harry.
Antes de que nadie supiese lo que estaba pasando, Harry, previendo esta reacción, le pasó el libro a Ron sin mirar y sacó su propia varita.
¡Petrificus Totalus! - exclamó apuntando a su padrino, que cayó de lado antes de poder dar dos pasos. Los gemelos estaban levantando sus varitas, pero Harry fue más rápido -. ¡Expelliarmus! ¡Expelliarmus!
Las varitas de Fred y George volaron hacia Harry, que atrapó ambas con su mano libre con facilidad bajo las miradas aturdidas de todos en el comedor. Ojoloco le miraba con un brillo de interés en los ojos y algo de... ¿orgullo, podía ser? El auror estaba ciertamente impresionado con los reflejos y la rapidez de acción del chico.
Finite
-
dijo apuntando de nuevo a Sirius para que se pudiera levantar y les devolvió las varitas a los gemelos -. Lo siento a los tres, pero tenía que evitar que hicieseis una tontería.
¡Pero, Harry, ¿has oído lo que te dijo?! - exclamó Sirius aún furioso. No era el único. Los gemelos apretaban tanto las varitas que Harry estuvo tentado de usar de nuevo el encantamiento de desarme no fuese a ser que las partiesen y todos seguían echando chispas por los ojos. Por lo menos ahora se habían parado a escuchar y había menos posibilidades de que actuasen sin pensar, como le ocurría a menudo a Harry.
Sí, lo he oído. Gracias. Estaba ahí la primera vez y ahora lo he leído en voz alta yo mismo - respondió el chico algo cortante haciendo que todos se calmasen un poco más -, y no tienes ni idea de las ganas que tuve de pegarle un puñetazo aquel día y de apuntarle a él con mi varita en vez de a vosotros hoy. Sin embargo, no estamos solos, sino con los profesores, aurores y el ministro de magia presentes y nos meteríamos en un buen lío si le ponemos la mano encima al heredero de los Malfoy y su padre se entera. Probablemente diría que ha sido un ataque contra la noble casa de los Malfoy o alguna basura así e intentaría usarlo como excusa para que no salieses de Azkaban - dijo mirando a su padrino -, o para expulsarnos
- dijo mirando a los gemelos.
Los tres tragaron saliva nerviosos y repentinamente agradecidos por que Harry no hubiese perdido la cabeza como ellos y los hubiese detenido. Lucius Malfoy era perfectamente capaz de eso y de mucho más teniendo a su mascota aquí presente. Por el contrario, Draco se relajó en el asiento confiado en que la amenaza de su padre impediría que le atacasen.
Yo que tú no me pondría tan cómodo - Harry le vio de reojo y se giró hacia él -. No te pondré la mano encima por cosas que hagas en cualquiera de los libros porque no sería justo y porque la carta decía que había alguien a quien se le juzgaba muy duramente hasta el final del último libro y, por todo lo que sabemos, podías ser tú. Por eso tampoco dejaré que sea otro quien te ataque por algo de los libros - Draco se volvió a relajar ligeramente porque, aunque no lo admitiese ni ante sí mismo, confiaba en la palabra de Potter y, si había podido proteger a un prisionero de Azkaban del ministro y de los aurores, podía evitar que le hechizasen por la espalda. Sin embargo, se volvió a tensar con las siguientes palabras del chico -. Pero te lo advierto. Como vuelvas a mencionar de esa forma la muerte de mis padres, les volveré a detener pero porque voy a ir yo a por ti y te aseguro que no me voy a contentar con un puñetazo o un par de maleficios. Y al carajo tu padre, ya afrontaré lo que intente hacer más tarde
El rubio reprimió un escalofrío y se prometió a sí mismo que dejaría ese tema en paz de ahora en adelante. No merecía la pena arriesgarse. Todos se calmaron y Harry recuperó el libro del regazo de un Ron perplejo para buscar la página por la que iban.
Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su pelo.
—Repite eso —dijo.
Gracias por eso, Ron - agradeció Harry -. Fue la primera vez que alguien dio la cara por mí de esa forma.
Bueno, te puedo asegurar que no va a ser la última - respondió el pelirrojo sonrojado y recibió una brillante sonrisa de parte de su mejor amigo.
—Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.
Ehh... No digo que no haga falta valor para pelearse cuerpo a cuerpo con ellos - empezó Tonks con un tono de duda -, pero, sinceramente, no tenéis ninguna posibilidad contra ese par de trolls.
¿Qué podíamos hacer sino? - dijo Ron un poco a la defensiva.
Ahora ya no importa porque sabemos suficientes hechizos para no tener que llegar a eso - se encogió de hombros Harry.
No sabían demasiados, sobre todo de defensa, pero más que suficientes contra ese par de trolls.
Hey, si nos hubiésemos peleado con Crabbe y Goyle - dijo Harry con una sonrisa traviesa -, ¿habría sido suficiente para tachar de la lista de imposibles "pelear cuerpo a cuerpo contra un troll"?
Todos se echaron a reír mientras Tonks miraba pensativa a los dos Slytherins.
Supongo que sí - aceptó resignada -. Yo misma les he llamado par de trolls.
Teníamos que habernos peleado con ellos, colega - bromeó Ron -. Así tendríamos una cosa menos que hacer.
¿Es que piensas intentar hacer todas? - frunció el ceño Hermione.
No, no, claro que no - se apresuró a asegurar mientras el resto soltaba risitas -. Solo era una broma. Sigue, Harry - le pegó un codazo al ver que la bruja le miraba poco convencida.
—Si no os vais ahora mismo...****—dijo Harry, con más valor que el que sentía, porque Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.
Justo a lo que yo me refería - señaló Tonks contenta.
No sé tú, Ron, pero yo me alegro de no haber tenido que llegar a pelearme con ellos - dijo Harry pensando que con un troll había tenido más que suficiente.
Probablemente - sonrió Ron -. Además, ya tenías práctica suficiente gracias a tu tío para cuando llegue el de verdad.
¿Qué? - se sobresaltó Sirius mientras Harry y Hermione fulminaban con la mirada a Ron, que se había sonrojado por haber metido la pata.
¿Cómo que para cuando llegue el de verdad? - preguntó Molly alarmada.
Tonks, vas a tener que dejar de inventarte imposibles - murmuró Charlie -. Primero el elfo doméstico en casa de sus tíos y ahora el troll. Todo se cumple. ¿Estás segura que no tienes algún antepasado adivino?
La metamorfomaga se sonrojó un poco, pero no sabía cómo sentirse, si preocupada por los chicos o divertida por haber acertado de nuevo.
No es nada - le contestó Harry a la señora Weasley -. Mejor sigo.
Y continuó leyendo antes de que alguien pudiese demandar respuestas que no pensaban dar. Por desgracia, esto no tranquilizó en absoluto a ninguno de los presentes.
—Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vosotros parece que todavía tené****is algo.
¿Encima os dedicáis a robar? - se molestó Bill.
Esta vez te puedes quedar tranquilo, Bill - dijo Ron -. No se llevó nada, sino que ocurrió algo mucho mejor, ¿verdad, Harry?
Pero Harry no sabía cómo sentirse ahora que sabía quién era Scabbers.
¿Harry? - la sonrisa se borró de la cara de Ron -. ¿Pasa algo?
¿Qué? Ah, nada. Tercer libro - fue lo único que dijo antes de centrarse de nuevo el libro dejando a sus dos mejores amigos confundidos y más decididos todavía a resolver el misterio.
Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él, pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejóescapar un aullido terrible.
¿Qué le habéis hecho a ese chico para que chille de esa manera? - preguntó la señora Weasley muy seria. Puede que no le gustase que robasen a Ron y a Harry, pero tampoco aprobaba nada que causase ese tipo de daño a un niño.
No fuimos nosotros, señora Weasley - la tranquilizó Harry y la cara de la pelirroja se relajó antes de llenarse de confusión -. En la siguiente línea pone qué pasó.
Pero tampoco fue tan malo - dijo Ron quitándole importancia -. Solo es un quejica.
Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos.
Todos estallaron en carcajadas menos Harry y los merodeadores, que no sabían cómo sentirse al respecto.
¿Se puede saber qué os pasa a vosotros tres? - se impacientó Hermione -. Cuales diría que os alegraríais...
Eso. Aquel día te reíste tanto como yo, Harry - dijo Ron confundido.
Harry miró a Sirius y Remus un segundo.
Lo siento, Ron, pero es que... no soporto a Scabbers - soltó de golpe dejando a todos en shock, sobre todo a Ron, que tenía además una expresión herida en el rostro -. ¡No, Ron, no pienses así! Sé que parece ilógico y todo eso, pero te prometo que para cuando termine el tercer libro tú también querrás lanzar a la rata por la ventana.
El pelirrojo aún tenía dudas, pero recordaba la charla de la noche anterior y cómo decidió confiar en Harry hasta que apareciese la explicación en el tercer libro.
Bueno, supongo que entonces está bien - suspiró resignado -. Aún así, ¿no te alegras de que mordiese a Goyle? Nos alegramos cuando Snape lanzó a... al profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras de este año contra la pared - dijo intentando no revelar quién era ese profesor.
Cierto - sonrió Harry -. Supongo que ahora también me puedo alegrar. ¡Buena esa, Scabbers!
Todos rieron ante esto, ante lo ridícula que era la situación.
Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor,
Ya podían echarle una mano a su amigo - murmuró Neville con el ceño fruncido.
Los demás no pudieron estar más de acuerdo. Ninguno de ellos dejaría a un amigo gritando de dolor y se alejaría, menos todavía cuando era tan solo por una rata.
hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron.
Los Weasley habrían mirado mal al Slytherin en cualquier otro momento, pero ahora parecía que Harry sabía algo sobre la rata y eso les hizo dudar. Harry por su parte intentó reprimir una sonrisa divertida por respeto a la familia de pelirrojos, pero era muy difícil después de oír cómo habían estampado a la rata contra el cristal.
Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
—Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry.
Podías disimular un poco más si vas a ignorar a Hermione - dijo Luna tranquilamente -. Es un poco grosero por tu parte no responder a una pregunta directa de esa forma.
De alguna forma, consiguió que Ron adoptase una expresión avergonzada bajando la cabeza sonrojado, algo que los gritos de su madre pocas veces conseguían.
Lo sé. Lo siento, Hermione - se disculpó el pelirrojo.
No pasa nada. Estaba siendo un poco cotilla - respondió ella mirando aturdida a la rubia -. Y gracias por defenderme, Luna.
Oh, un placer. Eras amiga de Harry y yo soy amiga de Harry así que creo que es lo lógico - razonó ella sin darse cuenta de que estaba dejando aún más aturdido al resto.
No solo eres amiga de Harry, Luna. También nuestra - dijo al fin Hermione dándole un codazo al pelirrojo para sacarle de la sorpresa. Ron dio un respingo y luego asintió de acuerdo -. De todos los que estamos aquí - ahora todos asintieron de acuerdo.
Oh, me alegro de que Harry tuviese razón. Me dijo que sus amigos también querrían ser amigos míos, pero no sabía si eso iba a ser verdad. Me alegro de que sí. Siempre he querido tener amigos - dijo ella sin una pizca de vergüenza mientras que el resto se estaba sonrojando hasta las orejas.
Ahora los tienes, Luna - prometió Harry con una pequeña sonrisa. Le empezaba a gustar esa sinceridad brutal de la rubia, aunque le hiciese sentir incómodo a menudo.
Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.
Todos rieron, pero nadie más fuerte que Sirius y Remus. Los merodeadores conocían mejor que nadie la facilidad que tenía Peter para quedarse dormido en cualquier sitio, sobre todo cuando estaba en su forma de rata. Parecía que no había cambiado en absoluto.
Y era así.
—¿Conocías ya a Malfoy?
Por desgracia, sí - Charlie hizo una mueca al recordar el encuentro en Madame Malkin.
Por lo menos ya le conocía para cuando vino a buscarme en el tren aquel día - dijo Harry encogiéndose de hombros.
Harry le explic****ó el encuentro en el callejón Diagon.
—Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree. Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.
Porque es cierto que no la necesita - gruñó el señor Weasley frunciendo el ceño -. Ojalá pudiese demostrarlo.
Harry se quedó pensando mientras el resto despotricaba contra Lucius. Voldemort no le daría un objeto tan valioso para él como lo era el diario a alguien que simplemente estaba hechizado, sino a alguien de su círculo más próximo. A lo mejor podían hacérselo ver al ministro de magia cuando saliese a la luz al final del segundo libro. No había muchas esperanzas de eso, porque Fudge era un poco corto de entendederas, pero era mejor que nada. Y tal vez apareciesen más pruebas en el esto de los libros.
—Se volvi****ó hacia Hermione—. ¿Podemos ayudarte en algo?
Ron se volvió a sonrojar y se llenó de culpa al oír lo antipático que sonaba con Hermione, pero antes de que pudiese disculparse de nuevo, la chica le cogió la mano y le dio un apretón. No llegaba a hacer lo mismo con Harry, pero le lanzó una mirada que decía claramente que ni se le ocurriese intentarlo porque totalmente innecesario. Los dos chicos sonrieron y cerraron la boca. Habían aprendido hacía mucho que siempre hay que hacer caso a Hermione cuando tenía esa mirada.
—Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando,****¿verdad?¡Os vais a meter en líos antes de que lleguemos!
No eras mandona ni nada, ¿verdad? - dijo Bill medio en broma.
Es el encanto de Hermione - dijeron Harry y Ron a la vez sin una pizca de humor. Lo decían tan en serio que le sacaron una sonrisa a Hermione.
Además, alguien tenía que ser el responsable, ¿no? - añadió Ron.
Por lo menos hasta que la corrompimos, porque la idea de lo que hicimos estas Navidades no fue de ninguno de nosotros dos - sonrió Harry y se echó a reír con el pelirrojo mientras la chica se sonrojaba ligeramente y hacía todo lo posible por esconder una sonrisa.
¿Queremos saberlo? - preguntó Charlie.
¡Por supuesto que sí queremos saberlo! - exclamaron los gemelos al mismo tiempo.
Pues vais a tener que esperar hasta el segundo libro - declaró Harry con una sonrisa al oír cómo gruñían.
—Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
—Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo—. A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?
Buena esa, Hermione - felicitó George mientras el resto reía suavemente.
El pequeño Ron se estaba comportando como un idiota - dijo Fred.
Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El tren parecía aminorar la marcha.
É****l y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.
¡Harry!, ¿puedes no fijarte en todo por una vez? ¿Solo una vez? - preguntó Ron sintiendo una mezcla de vergüenza por que lo escuchase todo el comedor y exasperación divertida por que su mejor amigo notaba todos los detalles.
Vaya, lo siento, Ron. La próxima vez que vayan a poner mis pensamientos por escrito me aseguraré de no fijarme en demasiadas cosas - respondió Harry sarcástico.
Todos se echaron a reír ante esto.
Una voz retumbó en el tren.
—Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.
El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas.
Todos nos sentimos así la primera vez que bajamos del tren - asintió Remus con simpatía.
Yo no estaba nervioso - le contradijo Sirius.
Tú eras de los que más nervioso estaban, Canuto - replicó Remus -. Estaba aterrorizado porque no sabías si el Sombrero te iba a poner en Slytherin como al resto de tu familia.
¿Toda tu familia ha estado en Slytherin menos tú? - preguntó Harry sorprendido.
Sí, pero el Sombrero me dijo que yo no podía estar más lejos de eso - contestó Sirius orgulloso -. Demasiado impulsivo y poca sutileza o algo por el estilo me dijo.
Y aún así estuviste más nervioso que ninguno de nosotros - recordó Remus -. El único que parecía más o menos tranquilo era James, e incluso él dejó de gastar bromas y contar chistes y se quedó callado.
Llenaron sus bolsillos con lo que quedaba de las golosinas
Que no era casi nada - suspiró Ron.
No me extraña - resopló Hermione divertida -. Lo que me sorprende es que sobrasen algunas porque tú jamás dejas nada en el plato.
No te preocupes, Hermione. Quedaron muy pocas y fue solo porque con todas las personas que entraron y salieron del compartimento, nos distrajimos y no se las pudo terminar - rio Harry.
¡Hey!, tú mismo has dicho antes que comiste tanto como yo aquel día
-
protestó Ron.
Pero a mí no me habría importado guardar las que sobrasen para otro día. Tú jamás dejas nada en el plato. A ti no te sobra la comida - señaló Harry con una sonrisa triunfante cuando el pelirrojo no pudo responder a eso.
y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.
El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:
—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
Hagrid - dijeron todos a la vez sonriendo.
No sabes cómo me alegré de encontrarme con alguien conocido - suspiró Harry con una sonrisa.
Pues eres el único que no se quedó intimidado al verle - dijo Neville -. Nadie más sabía cómo reaccionar.
Es que no era la primera vez que le veía - le recordó Harry -. La primera vez que le vi, sí que fue... impresionante - dijo buscando una palabra que describiese lo que había pensado aquella noche en la cabaña.
La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
—Venid, seguidme...¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de primer año, seguidme!
Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que Harry pensóque debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.
¡Harry! - exclamó Neville totalmente sonrojado.
Lo siento, Neville, solo está describiendo lo que oí - se disculpó.
Y mira el lado divertido, Neville - dijo Fred.
Sigues siendo el chico sin sapo, más o menos - señaló George consiguiendo que el chico sonriese.
—En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts—exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.
**Se produjo un fuerte ¡**ooooooh!
Es impresionante la primera vez que lo ves - suspiró la señora Weasley.
Es una imagen que nadie olvida en la vida - asintió Remus con una sonrisa.
El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
—¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y Hermione.
Los cuatro chicos intercambiaron una mirada y sonrieron. Neville en especial se sentía extra contento cuando le incluyeron en este intercambio. Se sintió parte de algo, que ya no estaba tan solo.
Siempre había sido Harry y Ron por un lado y Dean y Seamus por otro lado, mientras él se había quedado un poco colgado. Sin embargo, por primera vez sintió que empezaba a pertenecer a algún lado y le gustaba eso.
—¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.
¿Ninguno se cayó? - preguntó Sirius.
Ehh... No - negó confundido Harry -. ¿En vuestro año sí?
Nadie se cayó - dijo Remus mirando a su amigo con los ojos entrecerrados -. James y Sirius me tiraron del bote.
Y luego saltamos detrás de ti - sonrió Sirius.
Harry miró incrédulo a su padrino antes de sacudir la cabeza y echarse a reír.
—¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
—¡Eh, tú, el de allí! ¿Eséste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la gente que bajaba de ellos.
¿Aún no había aparecido? - se sorprendió Bill -. ¿Estuviste buscándolo todo ese tiempo?
Por eso estabas así en el camino hasta los botes - comprendió Tonks.
Me daba miedo la reacción de mi abuela como se enterase de que había perdido a Trevor antes de llegar siquiera al castillo - confesó Neville sonrojándose un poco.
La próxima vez te ayudaremos a buscarlo, Neville - prometió Harry sintiéndose culpable por no haberle ayudado en el tren.
—¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos. Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.
Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
—¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?
Hagrid levant****ó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
Por fin - dijo Harry cerrando el libro -. Este sí que ha sido un capítulo larguísimo.
Pero ahora por fin estás en Hogwarts. Ahora es cuando empieza lo bueno - sonrió Sirius.
Si tú lo dices... - dijo Harry, pero estaba sonriendo.
Claro que lo digo. Ya verás - replicó su padrino -. Pásame ese libro, que estoy deseando leer tu Selección