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Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 16

Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling

El espejo de Oesed

- ¿Qué le parece si leemos un capítulo más y después tenemos el descanso para el partido, señor Weasley? - sugirió Dumbledore amablemente.

- Estupendo, profesor. ¿Quién lee entonces? - preguntó levantando el libro con una mano para ofrecerlo.

- Trae aquí ese libro. Yo leeré el siguiente - respondió Tonks prácticamente arrancándoselo de las manos para leer.

El espejo de Oesed

  • ¿Qué es el espejo de Oesed? - preguntó Neville tímidamente.

  • Ni idea. Jamás había oído hablar de él - respondió Bill frunciendo el ceño.

  • Nosotros nunca hemos encontrado en Hogwarts un espejo que se llame así - dijo Remus.

  • ¿A lo mejor lo pusieron ahí después? - sugirió Sirius encogiéndose de hombros.

  • ¿Pero por qué iban a poner un espejo en Hogwarts? - preguntó Tonks.

  • ¿Sabéis una cosa sobre todas esas preguntas que os estáis haciendo? Pues las respuestas están en ese libro. ¿Queréis saberlas? Pues seguid leyendo - interrumpió Ron algo borde.

  • Vaya, alguien está de malhumor - dijo Fred sarcástico.

  • ¿Qué bicho te ha picado, Ronnie? - preguntó George alzando una ceja.

  • Nada. Seguid leyendo - replicó él frunciendo el ceño.

La verdad es que sí que se había puesto de malhumor al oír el título del capítulo. Una cosa era que se descubriesen las situaciones peligrosas que habían mantenido en secreto. Eso, dentro de lo que cabe, no era tan malo si no les iban a castigar. Podían soportarlo.

Otra cosa muchísimo peor era que se descubriesen situaciones como la que iba a aparecer. Era algo personal, muy personal para él y para Harry. Eran sus deseos más profundos, lo que más anhelaban. Ni siquiera a Hermione le habían contado todos los detalles, solo que Harry había visto a sus padres y que casi les habían pillado. Ella no sabía qué había visto Ron ni de qué había hablado Dumbledore con Harry la tercera noche. Eso solo lo sabían ellos dos, y Ron solo sabía lo último porque Harry había necesitado hablar con alguien al día siguiente.

Si no le habían contado todo a ella, ¿por qué tenía que enterarse el Gran Comedor al completo de todos los detalles? No era justo. Y si el silencio y la cabeza gacha de Harry indicaba algo, él estaba pensando lo mismo en ese momento. Puede que no pudiesen evitarlo porque la carta decía que era necesario, pero que no les pidiesen ni a él ni a Harry que estuviesen contentos al respecto.

Se acercaba la Navidad. Una mañana de mediados de diciembre Hogwarts se descubrió cubierto por dos metros de nieve. El lago estaba sólidamente congelado y los gemelos Weasley fueron castigados por hechizar varias bolas de nieve para que siguieran a Quirrell y lo golpearan en la parte de atrás de su turbante.

Todos los alumnos se echaron a reír y los profesores trataron de mirar estrictos a los gemelos, pero era complicado cuando ellos mismos estaban intentando no sonreír. Nadie echaba demasiado de menos a Quirrell. Era un hombre extraño por algún motivo. Los gemelos chocaron los cinco triunfantes.

Tan solo los miembros del trío de oro estaban pálidos y paralizados.

  • Harry... - gimió Ron tan blanco como una sábana.

  • No. No lo pienses, Ron - replicó Harry apretando los puños.

  • Pero, Harry, si él lo sabe... - gimió de nuevo imaginándose lo que les pasaría a sus hermanos.

  • Quirrell nunca averiguó que fuimos nosotros - dijo George algo alarmado al ver a su hermano tan preocupado por la broma.

  • Y aunque lo averiguase, ¿qué iba a hacernos? - dijo Fred pensando que eso les tranquilizaría a los tres. Para confusión de todos, tuvo el efecto contrario.

  • No, Ron, no lo sabe - Harry siguió como si los gemelos no hubiesen dicho nada, a pesar de que ahora el pelirrojo tenía los ojos cerrados como queriendo no ver las posibilidades que su cabeza estaba creando sin su permiso.

Incluso Hermione estaba paralizada mirando con los ojos como platos a los gemelos, ella prefiriendo no apartar la vista de ellos, como si les fuese a pasar algo si lo hacía. Y Harry, aunque todavía apretaba los puños para que no le temblasen las manos, supo que tenía que ser él quien no perdiese los nervios para calmar a los otros dos otra vez. Era él quien sabía mantener la cabeza fría en estas situaciones, era él quien encontraba soluciones y tomaba decisiones en los momentos de crisis.

  • Hey, miradme los dos - inmediatamente los dos le hicieron caso, casi como por instinto. Necesitaban la calma que desprendía Harry en estas ocasiones a pesar de que en realidad él no estuviese calmado -. Vale, no les ha pasado nada, ¿lo veis? Están ahí poniéndose de los nervios al vernos así a los tres. Pero están bien y él no ha podido descubrir nada.

  • Harry, si se acuerda... Si todavía se acuerda... No me parece que sea de los que deja pasar este tipo de cosas... - balbuceó Ron buscando que Harry borrase todas sus dudas, que le asegurase que iban a estar bien.

  • Ron, ha pasado año y medio y estoy convencido que tiene cosas más importantes en que pensar que unas bolas de nieve que le lanzaron. Y va a tener cosas más importantes en las que centrarse en el futuro, ¿de acuerdo? Yo me voy a encargar de eso. Y aunque lo averigüe - siguió al ver que Ron iba a insistir en eso -, no voy a dejar que les haga nada, ¿de acuerdo? Él no se va a acercar a los gemelos. Te lo prometo.

Ron y Hermione se relajaron ligeramente. Los gemelos no debían estar delante de ese monstruo jamás, no iban a sobrevivir para contarlo si lo hacían. No sabían cómo estaban tan seguros de eso, pero sabían que los gemelos no tendrían nada que hacer contra él por muy buenos que fuesen con una varita.

No querían tampoco que Harry estuviese delante de él, más bien les aterrorizaba la simple idea. Sin embargo, Harry ya había visto a Quién-Tú-Sabes cuatro veces y le había derrotado tres. No les gustaba que Harry se enfrentase a él, pero sabían que tenía más posibilidades contra él que Fred y George. Lo cual, si se paraban a pensarlo, era totalmente ilógico ya que ellos eran dos y eran dos años más mayores que Harry, pero las cosas relacionadas con Harry nunca habían tenido mucha lógica. Además, Harry les había prometido que no iba a dejar que Quién-Tú-Sabes se acercase a ellos y él todavía no había hecho una promesa que no pudiese cumplir. Solo les quedaba esperar que no hiciese falta que hiciese algo drástico y potencialmente peligroso para poder cumplirla.

Así que el resultado fue Harry relativamente relajado, Ron y Hermione divididos entre el alivio y la preocupación y el resto mirándoles a los tres como si estuviesen locos, pero sin poder evitar mirar a las sombras casi esperando que algo saltase para atacar a los gemelos, que estaban tensos y preocupados.

  • ¿Vais a explicarnos ya a qué viene todo eso? - preguntó George impacientemente.

  • ¿Por qué es tan peligroso que le gastásemos una broma a Quirrell? Ya ni siquiera es nuestro profesor. No puede castigarnos siquiera - dijo Fred tenso. Tenía un mal presentimiento.

  • Por algo que veréis al final del libro - replicó Harry cortante.

  • Pero... - empezaron a protestar los dos indignados.

  • Nada de peros. No vamos a decir nada. Si queréis saber qué pasa, vais a tener que seguir leyendo - interrumpió Harry mandándoles una mirada que advertía que no iba a cambiar de opinión.

  • ¿Lo sabremos luego? - preguntó la señora Weasley tentativamente después de unos segundos de incómodo silencio.

  • Sí. Al final se explica todo - respondió Harry más suavemente.

Unos segundos después todos devolvieron su atención al libro, pero no podían evitar que una parte de sus cabezas siguiese dándole vueltas a la situación. Solo era una broma, unas bolas de nieve. No era tan grave, ¿no?

Las pocas lechuzas que habían podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo tuvieron que quedar al cuidado de Hagrid hasta recuperarse, antes de volar otra vez.

Todos estaban impacientes de que empezaran las vacaciones. Mientras que la sala común de Gryffindor y el Gran Comedor tenían las chimeneas encendidas, los pasillos, llenos de corrientes de aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las aulas. Lo peor de todo eran las clases del profesor Snape, abajo en las mazmorras, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo más cerca posible de sus calderos calientes.

  • Sí, si Pociones ya es malo normalmente, en invierno es una pesadilla - masculló Harry temblando e intentando encogerse dentro de su túnica para conservar el calor. No era como si le fuese a servir de mucho por culpa del hechizo.

  • Ojalá se pudiesen poner hechizos calentadores en las mazmorras para evitarlo - dijo Tonks mirándole compasiva.

  • Cualquiera con un mínimo conocimiento de Pociones sabe que realizar hechizos cerca de pociones en proceso puede interferir y provocar resultados inesperados - dijo Snape con una mueca despectiva.

  • Cualquiera con dos oídos me ha oído decir que ojalá se pudiese - replicó Tonks fulminándole con la mirada.

— Me da mucha lástima**— dijo Draco Malfoy, en una de las clases de Pociones****— toda esa gente que tendrá que quedarse a pasar la Navidad en Hogwarts, porque no los quieren en sus casas.**

  • Qué idiota - Ginny puso los ojos en blanco.

  • Es que es de lo más... retorcido - Ron hizo como si estuviese estrangulando a alguien con sus manos, probablemente deseando que fuese el cuello de Malfoy lo que tuviese entre ellas. Le habían puesto furioso esos comentarios del rubio.

Mientras hablaba, miraba en dirección a Harry.

  • Por supuesto que miraba en dirección a Harry. ¿A qué otra persona le diría ese tipo de cosas? - dijo Bill con la voz cargada de sarcasmo y poniendo los ojos en blanco.

  • ¿Pero qué tiene contra ti? ¿Contra vosotros tres? - preguntó Charlie exasperado. Una cosa era que hubiese rivalidad, pero es que era siempre contra Harry, Ron y Hermione. Nadie más.

  • Yo creo que empezó el día del tren - dijo Ron pensativo.

  • Definitivamente el día del tren. El día del Callejón Diagón no discutimos así - asintió Harry de acuerdo.

Crabbe y Goyle lanzaron risitas burlonas. Harry, que estaba pesando polvo de espinas de pez león, no les hizo caso. Después del partido de quidditch, Malfoy se había vuelto más desagradable que nunca. Disgustado por la derrota****de Slytherin, hab ía tratado de hacer que todos se rieran diciendo que un sapo con una gran boca podía reemplazar a Harry como buscador.

  • Eso me suena a envidia - canturreó Tonks con una sonrisa de oreja a oreja.

  • Mira que decir una cosa así de Harry. Como si él hubiese aguantado tanto tiempo en la escoba - resopló Charlie molesto.

Pero entonces se dio cuenta de que nadie lo encontraba gracioso, porque estaban muy impresionados por la forma en que Harry se había mantenido en su escoba. Así que Malfoy; celoso y enfadado, había vuelto a fastidiar a Harry por no tener una familia apropiada.

  • Maldito rubio... - empezó Fred echando chispas por los ojos.

  • Fred - le interrumpió su madre antes de que pudiese añadir algo más.

  • ¡Se está metiendo con la familia de Harry! - protestó George indignado.

  • ¿Así que estáis defendiendo a los Dursleys? - preguntó Harry alzando una ceja.

  • ¡No! - exclamaron horrorizados.

  • ¿Entonces qué más da que les haya insultado? Todos aquí lo hemos hecho - señaló Harry.

  • Pero también se está metiendo contigo - insistió George frunciendo el ceño, como si Harry no lo entendiese.

  • Y por no tener una "familia apropiada" - añadió Fred levantando las manos para hacer el gesto de comillas.

  • Es que mi familia no es muy apropiada - volvió a señalar Harry como si fuese obvio.

  • Creo que deberíamos ofendernos por eso, ¿no te parece, Remus? - intervino Sirius casualmente, mirando al hombre lobo.

  • Sí, creo que sí. Mira que decir que no somos una familia apropiada - Remus le siguió el juego sacudiendo la cabeza.

  • Después de todo por lo que hemos pasado, cualquiera pensaría que nos consideraría una "familia apropiada" - añadió Hermione entendiendo a la primera lo que estaban haciendo los merodeadores.

  • O que nos escucha cuando le decimos mil veces que los Dursley no son su familia - Ron se estiró por detrás de Hermione para golpear a Harry en la cabeza.

  • ¿Me refería a una familia con la que pasar esas primeras navidades? - se defendió Harry sonrojándose y frotándose el sitio donde Ron le había pegado. Por desgracia para él, entre el tono en que lo dijo y la sonrisa avergonzada, pareció más una pregunta.

  • Seguro que sí, Harry - dijo Hermione en el mismo tono en el que alguien le da la razón a un niño.

Era verdad que Harry no iría a Privet Drive para las fiestas. La profesora McGonagall había pasado la semana antes, haciendo una lista de los alumnos que iban a quedarse allí para Navidad, y Harry puso su nombre de inmediato. Y no se sentía triste, ya que probablemente é****sa ser ía la mejor Navidad de su vida.

  • Lo fue - Harry sonrió recordándola. Jamás se lo había pasado tan bien en esas fiestas.

  • Hasta que lleguen la de este año - declaró Sirius imaginándosela.

  • Vamos a ser muchos. Y vamos a tener muchas cosas que celebrar - dijo Remus sonriendo. Serían sus primeras navidades en compañía en doce años.

Ron y sus hermanos también se quedaban, porque el señor y la señora Weasley se marchaban a Rumania, a visitar a Charles.

  • Todavía no entiendo por qué no vinisteis. Hacía meses que no os veía - resopló Charlie molesto. Había estado muy ilusionado con ver a toda su familia y se había quedado decepcionado cuando cuatro de sus hermanos habían preferido quedarse en Hogwarts.

  • Bueno, no íbamos a dejar a Harry solo en Hogwarts - dijo Ron a la defensiva.

  • Él obviamente no iba a volver a casa y habría sido el único Gryffindor en la torre - explicó George.

  • Así que obviamente no íbamos a permitir que no tuviese unas buenas navidades - señaló Fred como si fuese totalmente lógico.

  • Oh - fue la respuesta de Charlie. Todo el resentimiento de antes desapareció como por arte de magia y se quedó sin palabras. ¿Cómo no había pensado en eso?

  • ¿Os quedasteis por eso? - preguntó Harry conmovido. No se le había ocurrido que habían renunciado a pasar las navidades con su familia por él.

  • Claro. Creía que lo sabías - Ron le miró como si estuviese algo tocado de la cabeza. Había hablado con sus hermanos al darse cuenta de que Harry se iba a quedar solo si ellos se iban y los cuatro habían estado de acuerdo en que debían quedarse. No podían dejarle solo en Navidad.

  • ¿Por qué otra cosa iba a ser? - dijo George encogiéndose de hombros.

  • Bueno, Percy tenía que estudiar para los TIMOs, pero eso no cuenta - dijo Fred casualmente para quitarle importancia, aunque no había sido solo por eso. Percy podía estudiar igual de bien en Rumanía.

Harry asintió y les envió una sonrisa temblorosa. Tuvo que tragar varias veces intentando deshacer el nudo que se le había formado en la garganta, pero no dijo nada. Sabía que solo le iban a ignorar y decir que no era nada.

Cuando abandonaron los calabozos, al finalizar la clase de Pociones, encontraron un gran abeto que ocupaba el extremo del pasillo. Dos enormes pies aparecían por debajo del árbol y un gran resoplido les indicó que Hagrid estaba detrá****s de él.

— Hola, Hagrid. ¿Necesitas ayuda?****— preguntó Ron, metiendo la cabeza entre las ramas.

  • ¿Cómo pensabas ayudarle, Ronnie? - bufó Fred divertido.

  • No es como si pudieses cargarlo en lugar de Hagrid - dijo George.

  • ¿Y qué? Si quería ayuda de todas formas, le íbamos a intentar ayudar - se defendió Ron con las orejas sonrojadas.

  • ¿Y se os ha olvidado que somos magos y brujas? Hace dos capítulos se ha demostrado que Ron sabe hacer perfectamente el hechizo levitador - dijo Hermione alzando una ceja.

  • Un estudiante de primero no tiene suficiente poder como para hacer levitar un árbol - dijo George tentativamente.

  • Pero no es uno. Somos tres estudiantes de primero - le corrigió Hermione.

  • No se ha demostrado en el libro que Harry haya aprendido ese encantamiento - insistió Fred decidido a no perder la discusión.

  • ¿En serio? ¿Ese es tu argumento? ¿Que Harry no ha hecho el encantamiento en el libro? - Hermione puso los ojos en blanco exasperada -. Harry lo aprendió perfectamente. No sé si antes del trol o justo después pero definitivamente para navidades lo sabía hacer sin pensar.

Los gemelos se miraron; pero no podían decir nada en contra de eso. Sabían antes de decirlo que Harry seguro que sabía hacer el encantamiento.

  • Ya aprenderán que Hermione casi siempre gana las discusiones - murmuró Harry riéndose por lo bajo.

— No, va todo bien. Gracias, Ron.

—¿Te importar ía quitarte de en medio?— La voz fría y gangosa de Malfoy llegó desde atrás**— .**

Malfoy frunció el ceño molesto. Su voz no era gangosa. Ni arrastraba las palabras como habían dicho antes. Era la voz de un sangre limpia respetable, como su padre. No era gangosa. No lo era...¿verdad?

**¿**Est ás tratando de ganar algún dinero extra, Weasley? Supongo que quieres ser guardabosques cuando salgas de Hogwarts... Esa choza de Hagrid debe de parecerte un palacio, comparada con la casa de tu familia.

  • ¡Merlín, ¿es que solo sabe utilizar el dinero contra Ron?! - exclamó Ginny exasperada.

  • Contra todos los Weasleys - corrigió Neville.

  • Nadie ha dicho que Malfoy sea un genio, ni que sea la persona más original del mundo - dijo Harry encogiéndose de hombros.

  • Pero aún así. Ya más que molestar, cansa oírlo. Como una canción que has oído muchas veces - insistió Ginny con un bufido.

Ron se lanz ó contra Malfoy justo cuando aparecía Snape en lo alto de las escaleras.

  • ¡Oh, venga ya, Ron! Después de tantas veces que lo ha dicho y sigues picándote - protestó Fred.

  • Y tienes que decidir lanzarte contra él justo con Snape delante - George puso los ojos en blanco. A veces no entendía cómo su hermanito podía ser el mejor estratega de ajedrez que conocía y luego cometer movimientos tan estúpidos.

  • ¡Hey!, que todavía no había intentado darle un puñetazo y ya era hora. ¿Y cómo iba a saber yo que Snape iba a aparecer en ese momento? - protestó Ron a la defensiva.

  • Esos son excusas, Ronnie.

  • Si te quieres vengar de alguien, tiene que ser de forma que sepa que has sido tú, pero sea imposible probarlo.

Las sonrisas de los gemelos dieron escalofríos a más de uno. Todos sabían que no debías meterte con ellos si no querías ser víctima de una de sus bromas.

**—¡**WEASLEY!

Ron solt ó el cuello de la tú****nica de Malfoy.

— Lo han provocado, profesor Snape**— dijo Hagrid, sacando su gran cabeza peluda por encima del árbol****— . Malfoy estaba insultando a su familia.**

— Lo que sea, pero pelear está contra las reglas de Hogwarts, Hagrid**— dijo Snape con voz amable****— .**

  • Insultar también está contra las reglas, Severus, y parece que el señor Malfoy tiene un particular interés en insultar a los señores Potter y Weasley y la señorita Granger. Tal vez tú, como jefe de su casa, deberías poner fin a esas tonterías - espetó McGonagall fulminándole con la mirada.

  • Tal vez - replicó Snape suavemente, pero sus ojos firmes y testarudos no dejaban lugar a dudas de que no iba siquiera a hablar con Malfoy sobre el tema.

Cinco puntos menos para Gryffindor; Weasley, y agradece que no sean más. Y ahora marchaos todos.

  • Debería devolverles esos puntos a mis leones, Severus. No ha sido un castigo justo y lo sabes - siseó McGonagall echando chispas por los ojos.

  • Es una lástima entonces que Potter se haya asegurado que no puedan cambiarse los niveles de puntos que hay ahora mismo, ¿verdad? - dijo él regodeándose en su pequeña victoria. Sabía que la profesora no podía hacer nada al respecto.

  • Una lástima, ¿verdad? Que no pueda quitarle cincuenta puntos al señor Malfoy cada vez que abra la boca contra ellos - replicó McGonagall con la voz cargada de sarcasmo. Jamás había tenido tantas ganas de quitarle puntos a un alumno como en este momento. La sonrisa de suficiencia de Malfoy la estaba sacando de quicio.

Malfoy, Crabbe y Goyle pasaron bruscamente, sonriendo con presunción.

— Voy a atraparlo**— dijo Ron, sacando los dientes ante la espalda de Malfoy****— . Uno de estos días lo atraparé...**

  • Ojalá sea cierto y ojalá aparezca en estos libros - suspiró Tonks mirando mal al rubio. Nunca había logrado comprender cómo es que compartían la misma sangre.

  • Creo que pagaría por que apareciese - sonrió Charlie imaginándoselo.

— Los detesto a los dos**— añadió Harry****— . A Malfoy y a Snape.**

  • ¿A quién detestas más? ¿A Malfoy o a Snape? - preguntó Bill con curiosidad.

  • Eh... No lo sé. No lo había pensado - confesó Harry pillado por sorpresa.

  • Venga, piénsalo. Si pudiese elegir no volver a ver a uno de ellos dos, ¿a quién elegirías? - insistió Bill animado.

Harry se quedó pensando unos segundos. Ambos harían todo lo posible por hacer que expulsasen a Harry de Hogwarts. Ambos insultaban a sus padres, Malfoy sobre todo a su madre mientras que Snape no decía jamás una palabra contra ella (la verdad es que nunca se había dado cuenta de eso hasta ahora...), pero lo compensaba no dejando pasar una clase sin insultar a su padre.

  • A Snape - declaró Harry decidido.

  • ¿Snape? ¿Por qué él y no Malfoy? - preguntó Charlie frunciendo el ceño. No entendía cómo había podido elegir.

  • Fácil. A Snape, por mucho que le odie, no le puedo hacer nada si quiero seguir en Hogwarts. Pero el día que Malfoy se pase de la raya, sí podré pegarle un puñetazo y solo me ganaré un castigo, sobre todo si Snape ya no está para protegerle - respondió Harry con una sonrisa traviesa.

Todos se echaron a reír. Ni siquiera la señora Weasley podía evitar sonreír un poco, a pesar de estar tratando de mirar a Harry seria.

— Vamos, arriba el ánimo, ya es casi Navidad**— dijo Hagrid****— . Os voy a decir qué haremos: venid conmigo al Gran Comedor; estáprecioso.**

  • El castillo en Navidad siempre está precioso - suspiró la señora Weasley.

  • Es algo que todo el mundo debería ver por lo menos una vez en su vida - asintió Remus de acuerdo con una sonrisa nostálgica.

  • Lo malo es que entonces ese año los alumnos no pueden estar con sus familias - replicó Sirius. Él había preferido pasar las Navidades en Hogwarts hasta que James prácticamente le secuestró para que las pasase con los Potter. Desde entonces, por muy bonito que estuviese el castillo, por muy bien que se lo pasasen en Hogwarts, jamás había dejado pasar la oportunidad de estar con los Potter en Navidad.

  • Sería estupendo que hubiese un año en el que todas las familias pudiesen venir en Navidad a ver a sus hijos. Así todos podrían disfrutar del castillo - dijo Arthur pensativo. Él había echado de menos a su hijo pequeño estos dos años, ya que había preferido quedarse en Hogwarts con Harry, y a los gemelos y Percy el año anterior. Estaba muy orgulloso de que fuesen tan buenos amigos, pero le habría encantado poder verlos en vez de tener que esperar hasta el verano.

  • Papá, eres un genio - felicitaron los gemelos con brillantes sonrisas.

  • Es la mejor idea que has tenido - George vibraba de la emoción.

  • Que nadie ha tenido jamás - le corrigió Fred tan emocionado como su hermano.

  • Pero no está permitido - intervino Percy frunciendo el ceño confundido. A él también le encantaría que se pudiese hacer, pero sabía que no era posible.

  • Perce, ¿te has dado cuenta de con quién estás hablando? - preguntó Fred alzando una ceja divertido.

  • Yo que creía que ya te habrías dado cuenta de lo poco que significan las normas para nosotros - resopló George fingiendo estar indignado.

  • ¿Pero cómo vais a conseguirlo? Es imposible que convenzáis a mamá de que lo haga y, aunque pudieseis, no podéis colar a toda la familia en el castillo - insistió Percy frustrado.

  • ¿Se coló un trol gigante en el castillo y nos estás diciendo que una familia de magos no va a poder? - replicó George.

  • ¡Es distinto! - exclamó Percy molesto.

  • Claro que es distinto. Nosotros somos pelirrojos en vez de calvos con la piel gris y llevamos una varita, no un garrote de tres metros de largo - contestó George sonriendo inocentemente. Sabía que estaba sacando de quicio a su hermano.

  • Y de todas formas, ¿quién te dice que no somos capaces de hacer algo legal por una vez? - intervino Fred.

Todos se congelaron en el sitio. ¿Los gemelos no queriendo romper las normas? ¡Olvida la lista de imposibles, esto sí que nadie se lo esperaba!

  • ¿Qué? - fue lo único que pudo decir Percy confundido. Ya ni siquiera estaba molesto.

  • Como tú has dicho, querido hermano, es imposible que convenzamos a mamá de que se salte las normas voluntariamente… - explicó Fred.

  • Aunque podríamos hacerlo si ella estuviese dispuesta - interrumpió George con una sonrisa pícara. Nadie dudaba que decían la verdad.

  • Pero eso no quita que podamos convencer a Dumbledore de que nos deje hacerlo. Si no fuese contra las normas, convencer a mamá sería más fácil que gastarle una broma a Filch - siguió diciendo Fred como si su gemelo no hubiese dicho nada.

  • No podéis convencer a Dumbledore de que haga eso - dijo Percy muy seguro de lo que decía.

  • ¿En serio? Es Dumbledore - George le miraba incrédulo.

  • Es el que tiene las ideas más extrañas posibles - dijo Fred.

  • El que da discursos de palabras sin sentido y cuenta chistes en medio de una crisis en la que han aparecido un montón de personas Merlín sabe cómo - siguió George haciendo dudar un poco a Percy.

  • ¿De verdad crees que ese Dumbledore no nos dejará traernos a nuestra familia a Hogwarts a pasar las Navidades? - preguntó Fred alzando una ceja.

Así que los tres siguieron a Hagrid y su abeto hasta el Gran Comedor, donde la profesora McGonagall y el profesor Flitwick estaban ocupados en la decoración.

El salón estaba espectacular. Guirnaldas de muérdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con pequeños carámbanos, otros con cientos de velas.

—¿Cuántos d ías os quedan para las vacaciones?— preguntó Hagrid.

— Sólo uno—respondi óHermione— . Y eso me recuerda... Harry, Ron, nos queda media hora para el almuerzo, deberíamos ir a la biblioteca.

  • ¡¿Qué?! - exclamaron muchos estupefactos.

  • ¿Para qué demonios quieres ir a la biblioteca el día antes de las vacaciones? - preguntó Ginny como si le hubiese crecido una segunda cabeza a Hermione.

  • Sabemos que te encanta estudiar y que si te dejasen probablemente irías a la biblioteca también en verano, ¡pero es el último día antes de las vacaciones, Hermione! - protestó Charlie indignado en favor de los dos chicos.

  • Era necesario - replicó ella sin inmutarse, aunque se sonrojó un poco.

  • Pues no sé por qué me da a mí que a esos dos no les va a hacer gracia que quieras ir a la biblioteca - dijo Remus señalando a Harry y Ron. Él rara vez había conseguido arrastrar a James y Sirius a la biblioteca, pero jamás se le habría ocurrido intentarlo siquiera un día como ese.

  • Creo que vas a tener que ir sola - dijo Bill encogiéndose de hombros como disculpándose casi.

— Sí, claro, tienes razón**— dijo Ron, obligándose a apartar la vista del profesor Flitwick, que sacaba burbujas doradas de su varita, para ponerlas en las ramas del árbol nuevo.**

  • ¡¿Qué?! - si antes estaban sorprendidos, no era nada comparado con el shock que sentían al oír a Ron (¡a Ron, a quien no le pillabas en la biblioteca a no ser que la montaña de deberes estuviese llegando a niveles críticos, y a veces incluso entonces la evitaba!) estar de acuerdo con Hermione en que tenían que ir a la biblioteca.

  • ¿Nada de protestas? - preguntó Fred con los ojos como platos.

  • ¿Vais a ir de verdad, así sin más? - George parecía a punto de sufrir un ataque.

  • ¿Qué has hecho con nuestro hermano? - exigieron saber ellos.

  • No hice nada - Hermione puso los ojos en blanco exasperada.

  • Ronnie jamás haría eso. Así que o bien ese no es Ron…

  • O has hechizado a nuestro hermano.

  • Yo no hice nada - insistió Hermione empezando a perder los nervios. ¿Sería tan malo de verdad que consiguiese convencer a los dos chicos de ir con ella a la biblioteca de vez en cuando?

  • ¿Entonces fue Harry quien le hechizó? - preguntó Neville mirando curioso a los tres en el sofá. Sabía que algo más estaba ocurriendo porque era cierto que el pelirrojo huía de la biblioteca como de la peste.

  • ¿Yo por qué iba a hechizar a Ron para que fuese a la biblioteca? - preguntó Harry mirándole divertido.

  • Cierto, tú tampoco querrías ir - aceptó Neville más confundido.

  • Pero tú tampoco has protestado. ¡Eso quiere decir que Hermione te ha hechizado a ti también! - exclamó Tonks señalándole con el dedo y dejándose llevar por la confusión, sacando conclusiones absurdas. Esto se estaba poniendo entretenido, pensó al ver a la chica frustrarse más con cada comentario en su contra.

  • ¡Que yo no he hechizado a nadie! - protestó ella apretando los puños molesta. Harry y Ron se apartaron ligeramente de ella. Quien quiera que le estuviese llevando la contraria cuando estaba de este humor nunca acababa bien parado.

  • Sí, ya, eso dices ahora - dijo George ignorando los gestos frenéticos de los dos chicos que le decían que eso era muy mala idea.

  • Luego en realidad… - empezó a decir Fred ignorándoles también, pero no llegaron a saber lo que iba a decir.

  • ¡Se acabó! - rugió Hermione fulminándoles con la mirada a los dos y haciéndoles cerrar la boca de inmediato -. ¡Yo no he hechizado a nadie, mucho menos a Ron o a Harry! ¡Teníamos que ir a la biblioteca porque era necesario a pesar de que hubiésemos preferido quedarnos en el Gran Comedor viendo las decoraciones! ¡Y sí, yo también hubiese preferido eso porque no iba a poder verlas porque me fui a casa el año pasado! ¡Así que cierra la boca ahora mismo, Frederick Fabian Weasley, si no quieres que te la cosa con un hechizo! - amenazó empezando a sacar su varita al ver que Fred iba a interrumpirla.

  • ¡Teníamos que ir y si hubieseis dejado que continuase la lectura un minuto más, solo uno, habríais averiguado por qué y habríais visto que Harry y Ron vinieron voluntariamente conmigo! ¡Así que ahora os calláis y dejáis que sigamos! ¿Entendido? - preguntó ella sin soltar su varita.

Los gemelos asintieron rápidamente, no atreviéndose a llevarle la contraria de nuevo.

  • Vaya, esto ha sido casi peor que los sermones de mamá - musitó Fred cuando Hermione dejó de prestarle atención.

  • Con nombre completo y todo - asintió George casi imperceptiblemente. Hermione les fulminó con la mirada y ambos tragaron nerviosos y decidieron que era mejor callarse por el momento.

—¿La biblioteca?— preguntó Hagrid, acompañándolos hasta la puerta**— . ¿Justo antes de las fiestas? Un poco triste, ¿no cre éis?**

Sirius abrió la boca para hacer un comentario sobre cómo incluso Hagrid opinaba también que la biblioteca en un día como ese estaba totalmente prohibida. Pensar en ella estaba prohibido. ¡Merlín, si no fuese porque jamás había visto a la señora Pince fuera de ese sitio rodeada por sus libros, pensaría que ni siquiera ella estaba allí justo antes de las vacaciones! Necesitaba defender a su ahijado. ¡Él era el único que aún no se había confirmado que quisiese ir a la biblioteca voluntariamente! ¡Tenía que evitarlo!

— Oh, no es un trabajo**— explicóalegremente Harry— . Desde que mencionaste a Nicolás Flamel, estamos tratando de averiguar quié****n es.**

El ambiente cambió radicalmente, como si alguien hubiese encendido un interruptor. De pronto se despertó el interés de todos.

  • ¿Lo veis? Teníamos una buena razón - sonrió Hermione orgullosa, sabiendo que se había demostrado que tenía razón.

  • ¿Seguíais buscando quién era Flamel? ¡Pero si habrá pasado más de un mes desde que os enterasteis el día del partido de quidditch de que estaba relacionado! - exclamó Sirius perplejo. James y él habían pasado meses en la biblioteca en busca de la forma de convertirse en animagos, pero era distinto. ¡Ellos tenían un objetivo concreto, no un nombre que no les sonaba de nada! ¡Esto era buscar una aguja en un pajar sin saber siquiera si estabas en el pajar correcto, sin saber si la aguja estaba siquiera allí en algún sitio!

  • Claro que seguimos - dijo Harry como si fuese obvio -. Estábamos convencidos de que Snape había intentado robar el paquete y este era lo suficientemente valioso como para guardarlo en una cámara de Gringotts. ¡Teníamos que saber por qué!

  • ¡Pero han pasado semanas! - insistió Sirius perplejo.

  • ¿Por qué teníais tantas ganas de saberlo? - preguntó Remus frunciendo el ceño.

  • Porque la misma persona que había intentado matar a Harry era la misma que quería robar el paquete. Tenían que tener algo que ver - explicó Hermione pacientemente.

  • ¿Lo hicimos por eso?

  • Ron se giró sorprendido hacia la chica, como si le hubiese revelado el misterio de su vida -. Yo creía que fue solo porque Harry se moría de la curiosidad... - el pelirrojo dejó la frase en el aire al ver la mirada fulminante de Hermione -. Digo, ¿claro que lo hicimos por eso?

Parecía más una pregunta que una afirmación al verle alejarse de la bruja.

  • ¡Pues claro que lo hicimos por eso, Ron! Puede que también ayudase la curiosidad de Harry, pero eso no fue lo único - resopló Hermione exasperada. A veces no entendía como aguantaba a Ron.

  • El caso es que estuvimos buscando durante mucho tiempo quién era Flamel - cortó Harry.

  • ¿Pero era tan importante saberlo? A mí me suena de algo ese nombre, pero no estoy seguro - dijo Percy frunciendo el ceño molesto. Sabía que había leído ese nombre en algún libro de la biblioteca, pero no podía recordar lo que decía sobre ese hombre.

  • Sí, al final sí que fue importante que lo supiésemos - asintió Harry encogiéndose de hombros como para decir "¿qué quieres que te diga?".

—¿Qué**?— Hagrid parecía impresionado— . Escuchadme... Ya os lo dije... No os metáis. No tiene nada que ver con vosotros lo que custodia ese perro.**

— Nosotros queremos saber quién es Nicolás Flamel, eso es todo**— dijo Hermione.**

— Salvo que quieras ahorrarnos el trabajo**— añadió Harry****— . Ya hemos buscado en miles de libros y no hemos podido encontrar nada... Si nos das una pista... Yo sé que leí su nombre en algún lado.**

  • ¿En serio? Pero si solo habías descubierto la magia hacía unos meses. ¿Cómo ibas a poder saber nada de ese hombre? - preguntó Remus confundido. A él también le sonaba el nombre, pero él había teñido años para encontrarse con él de pasada.

  • Yo tampoco me acuerdo de quién era. Me suena, pero... - Percy bufó frustrado. Él siempre se acordaba de lo que leía y la vez que más quería saberlo no se acordaba. Lo tenía en la punta de la lengua, pero se le escapaba constantemente. Tal vez si dejaba de pensar en ello un rato...

  • Pues ha aparecido en el libro - soltó Ron sin poder contenerse. Se lo estaba pasando en grande viendo a todos intentando adivinarlo y sabiendo que ellos tenían las respuestas.

  • ¡¿Qué?! - exclamaron todos girándose de golpe hacia el pelirrojo.

  • ¡Ron! - protestó Hermione golpeándole en el hombro.

  • No ha salido. Hemos estado leyendo todos el libro y no recuerdo que se haya mencionado - dijo Charlie tratando de hacer memoria sin éxito. ¿Lo habían mencionado? ¿Había aparecido ya? ¡¿Cuándo?!

  • Sí ha salido hace bastante. Solo de pasada, pero sí ha salido - le contradijo Harry ignorando cómo Ron y Hermione discutían a su lado.

  • ¿Cómo has podido decirlo, Ron? ¡¿En qué estabas pensando?! - le regañó ella molesta.

  • ¿Qué más da? No es como si alguno se acordase de cuándo ha sido - se defendió él.

  • ¡Vas a destripar lo que va a ocurrir!

  • ¡Lo van a saber de todas formas en un rato! ¿Qué importa que sea un poco antes o después?

  • Importa porque así ven cómo fuimos averiguando nosotros todos los hechos. ¡Ven todo lo que nos costó en vez de dárselo todo hecho!

  • ¡Ya se lo estamos dando todo hecho, estos libros se lo están dando todo hecho! ¡No es como si ellos se fuesen a pasar semanas prácticamente acampando en la biblioteca!

  • ¡Aún así no puedes decírselo antes de que aparezca en los libros!

  • ¡Hey! - intervino Harry finalmente. Le estaba dando dolor de cabeza solo de oírles y ver a todo el comedor mirar de uno a otro como en un partido de tenis -. Ya vale. Puede que Ron no tuviese que haber dicho nada, pero tampoco ha hecho daño excepto que ahora estén revisando todo lo leído mentalmente. Así que da igual. ¿Podemos seguir el capítulo?

Ron y Hermione le miraron unos segundos decidiendo si valía la pena enfadar a Harry para seguir con su discusión. Al final asintieron de acuerdo con su amigo, no valía la pena enfadarle.

— No voy a deciros nada**— dijo Hagrid con firmeza.**

— Entonces tendremos que descubrirlo nosotros**— dijo Ron. Dejaron a Hagrid malhumorado y fueron rápidamente a la biblioteca.**

Habían estado buscando el nombre de Flamel desde que a Hagrid se leescap ó, porque ¿de qué otra manera podían averiguar lo que quería robar Snape? El problema era la dificultad de buscar; sin saber qu****é podía haber hecho Flamel para figurar en un libro. No estaba en Grandes magos del siglo XX , ni en Notables nombres de la magia de nuestro tiempo ; tampoco figuraba en Importantes descubrimientos en la magia moderna ni en Un estudio del reciente desarrollo de la hechicería .

Dumbledore escondió una sonrisa dividido entre la diversión y la compasión al ver que leyendo esos libros no iban a descubrir nada.

Nicolás era un gran alquimista (eso no se podía negar, siendo el único descubridor de la Piedra Filosofal), pero hacía muchos que había decidido dejar sus trabajos más como una segunda prioridad. Había decidido dedicarse a otras cosas, a pasar tiempo con su esposa, a investigar un poco en otros campos y viajar más, porque siempre quedaba mundo por ver. Este cambiaba demasiado rápido como para que no fuese así.

Así que, lógicamente, no había habido cambios relacionados con el nombre Flamel en muchos años. Esos libros iban a ser completamente inútiles. Sin embargo, eso solo consiguió que el anciano director sintiese aún más curiosidad por ver cómo habían logrado unir todas las piezas.

Y además, por supuesto, estaba el tamaño de la biblioteca, miles y miles de libros, miles de estantes, cientos de estrechas filas...

  • Ay, Merlín, solo de oír esa descripción se me quitan todas las ganas de buscar información en esa biblioteca - se quejó Tonks sacudiendo la cabeza con una mueca.

  • Creo que tengo un nuevo respeto por esos tres y la paciencia que tuvieron que tener - dijo Bill sin saber muy bien si sentirse admirado o exasperado con la perseverancia (o cabezonería) que demostraban.

Hermione sac ó una lista de títulos y temas que había decidido investigar; mientras Ron se paseaba entre una fila de libros y los sacaba al azar.

  • ¿Qué método fue el que tuvo éxito al final? - preguntó Arthur entretenido. Era un reflejo tan claro de cómo eran ambos...

  • Ninguno - respondieron los dos a la vez algo molestos por haber perdido tantas horas para después encontrar la información que buscaban por pura casualidad. Hermione era la más molesta de los dos, habiendo trabajado extra para hacer la lista de títulos, todo para nada porque ella había tenido las respuestas en su habitación desde el principio.

  • ¿Ninguno? ¿No averiguasteis quién era Flamel? - preguntó Bill confundido. ¿No habían dicho antes que había sido importante que lo averiguasen?

  • Sí lo averiguamos, pero no fuimos ninguno de nosotros dos - respondió Hermione frunciendo el ceño.

  • El método que tuvo éxito fue la suerte de Harry - resopló Ron poniendo los ojos en blanco. A veces aún le costaba creerse cómo habían encontrado las respuestas.

  • ¿Harry lo encontró? - Neville se giró hacia el chico.

  • Sí... No... ¿No exactamente? - Ron se encogió de hombros sin comprometerse y consiguiendo únicamente confundir más a todos.

  • Lo encontré yo, pero lo encontré gracias a ti - dijo Harry mirando a Neville.

  • ¿A mí? - repitió Neville pillado por sorpresa.

  • Síp. No lo habría encontrado sin ti - asintió Harry con una sonrisa satisfecha.

  • Pero si yo no ayudé en ningún momento - insistió Neville perplejo.

  • Sí lo hiciste, pero nunca te diste cuenta - negó Harry testarudo.

  • Ya lo veréis - dijo Hermione cuando algunos hicieron de amago de interrumpir para preguntar.

Harry se acercó a la Sección Prohibida. Se había preguntado si Flamel no estaría all í. Pero por desgracia, hacía falta un permiso especial, firmado por un profesor, para mirar alguno de los libros de aquella sección, y sabía que no iba a conseguirlo. Allí estaban los libros con la poderosa Magia del Lado Oscuro, que nunca se enseñaba en Hogwarts y que sólo le ían los alumnos mayores, que estudiaban cursos avanzados de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—¿Qu****é estás buscando, muchacho?

Sirius maldijo por lo bajo. La señora Pince siempre aparecía en los peores momentos, como si tuviese ojos por toda la biblioteca. Aunque a lo mejor esta vez era mejor que la señora Pince interrumpiese... Casi mejor que su ahijado no se involucrase demasiado con cualquier cosa que hiciese que se acercase de nuevo a ese perro de tres cabezas.

— Nada**—respondi ó Harry.**

  • Harry, ¿cómo has podido? - gimió George sacudiendo la cabeza.

  • Oyendo solo una palabra y ya sé que es una mentira - se lamentó Fred con una mueca.

  • Aprendí a mentir mejor más tarde. La señora Pince me pilló por sorpresa - se defendió Harry sonrojándose.

  • En eso está el arte de mentir, Harry - dijo Fred burlón.

  • En cualquier momento, a cualquiera, sobre cualquier cosa, y sin que se note - recitó George como si se lo hubiese aprendido de memoria.

La se ñ****ora Pince, la bibliotecaria, empu ñó un plumero ante su cara.

— Entonces, mejor que te vayas. ¡Vamos, fuera!

**Harry salió de la biblioteca, deseando haber sido más rápido en inventarse algo.**É l, Ron y Hermione se habían puesto de acuerdo en que era mejor no consultar a la señora Pince sobre Flamel. Estaban seguros de que ella podría decírselo, pero no podían arriesgarse a que Snape se enterara de lo que estaban buscando.

Harry los esperó en el pasillo, para ver si los otroshab ían encontrado algo, pero no tenía muchas esperanzas. Después de todo, buscaban sólo desde hacía quince d ías y en los pocos momentos libres, así que no era raro que no encontraran nada.

  • ¿Usasteis los ratos libres para estar en la biblioteca? - Charlie hizo una mueca como si eso fuese el peor castigo imaginable.

  • No teníamos otro momento - explicó Hermione encogiéndose de hombros.

  • Pero sacrificar vuestro tiempo libre por algo que ni siquiera es vuestra responsabilidad... - Bill no sabía si sentirse admirado o imitar a su hermano y hacer una mueca de disgusto.

  • El caso es que lo hicimos y punto. Estuvimos mucho tiempo en la biblioteca. Lo suficiente como para no querer volver el resto del año - cortó Ron cansado de que estuviesen comentando constantemente sobre los ratos que pasaron rodeados de libros.

  • ¿Es que en algún momento hay ganas de ir? - murmuró Tonks por lo bajo antes de seguir leyendo.

Lo que realmente necesitaban era una buena investigación, sin la señora Pince pegada a sus nucas.

Cinco minutos m ás tarde, Ron y Hermione aparecieron negando con la cabeza. Se marcharon a almorzar.

— Vais a seguir buscando cuando yo no esté, ¿verdad?— dijo Hermione—****. Si encontr áis algo, enviadme una lechuza.

  • Seguro que Harry y Ron van a ir sin que tú se lo recuerdes - dijo sarcástico Charlie.

  • Pues un par de días sí que fuimos un rato... - dijo Ron callando de golpe a su hermano y ganándose una brillante sonrisa de Hermione.

  • Pero luego ocurrió algo que hizo que tuviésemos otras cosas en la cabeza - terminó Harry pensando en su capa de invisibilidad.

Iba a aparecer en este capítulo y todo el colegio iba a saber sobre ella. ¿Intentarían quitársela? ¿Habría algún alumno que se atrevería a intentarlo? Iba a tener que buscar hechizos para cerrar su baúl y que solo él y quien él quisiese pudiesen abrirlo. ¿O a lo mejor los profesores decían que iba contra las normas y la confiscaban? Ni hablar. La escondería si hacía falta, pero no pensaba permitir que le quitasen lo único que tenía de su padre.

— Y tú podrás preguntarle a tus padres si saben quién es Flamel— dijo Ron**— . Preguntarle a ellos no tendrá****riesgos.**

— Ningún riesgo, ya que ambos son dentistas**—respondi ó****Hermione.**

  • ¿Pero ellos sabrían quién es Nicolás Flamel? Son muggles y los magos no suelen involucrarse demasiado en el mundo muggle - razonó Percy dubitativo.

  • Por probar no perdíamos nada - Hermione se encogió de hombros. Sabía que había sido una idea desesperada, pero tampoco se les ocurría dónde buscar.

Cuando comenzaron las vacaciones, Ron y Harry tuvieron mucho tiempo para pensar en Flamel. Tenían el dormitorio para ellos y la sala común estaba mucho má****s vac ía que de costumbre, así que podían elegir los mejores sillones frente al fuego. Se quedaban comiendo todo lo que podían pinchar en un tenedor de tostar (pan, buñuelos, melcochas) y planeaban formas de hacer que expulsaran a Malfoy, muy divertidas, pero imposibles de llevar a cabo.

  • ¡Ronald! - exclamó su madre girándose de inmediato hacia él.

  • ¿Y Harry qué? - protestó Ron antes de que ella pudiese decir mucho más.

  • Oh, no me he olvidado de Harry - prometió ella fijando su mirada en ambos -. ¿Cómo podéis hacer una cosa así? Sigue siendo un compañero de vuestro curso aunque no os llevéis bien y ser expulsado de Hogwarts es algo muy serio.

  • ¡Mamá, no es como si fuese algo malo! ¡Ni siquiera planeábamos intentarlo de verdad!

  • Seguro que Malfoy hace lo mismo, señora Weasley - se defendieron los dos de inmediato.

  • Más os vale que ni se os haya pasado por la cabeza intentarlo o vais a estar desgnomizando el jardín mucho tiempo - amenazó ella.

  • Sí, mamá.

  • Sí, señora Weasley - dijeron los dos obedientemente. Sabían que no debían tentar más a su suerte.

  • Creo que con esto Harry es oficialmente un Weasley - musitó George sonriendo divertido.

  • Sí, ¿verdad? Mamá ya le regaña como a uno de nosotros - se rio Fred por lo bajo.

Ron también comenzó a enseñar a Harry a jugar al ajedrez mágico. Era igual que el de los muggles, salvo que las piezas estaban vivas, lo que lo hacía muy parecido a dirigir un ejército en una batalla. El juego de Ron era muy antiguo y estaba gastado. Como todo lo que tenía, había pertenecido a alguien de su familia, en este caso a su abuelo. Sin embargo, las piezas de ajedrez viejas no eran una desventaja. Ron las conocía tan bien que nunca tenía problemas en hacerles hacer lo que quería.

Harry jugó con el ajedrez que Seamus Finnigan le había prestado, y las piezas no confiaron en él.É l todavía no era muy buen jugador, y las piezas le daban distintos consejos y lo confundían, diciendo, por ejemplo:« No me envíes a m í. ¿No ves el caballo? Muévelo a él, podemos permitirnos perderlo**» .**

  • Ignóralas, Harry, es lo mejor - aconsejó Remus sacudiendo la cabeza. Estaba pensando en Lily y en cómo ella tampoco era capaz de ignorar a las piezas. Naturalmente, entonces perdía la mayor parte del tiempo.

  • No es tan fácil cuando no hacen más que hablarte y empezar a gritar si no les haces caso - protestó Harry.

  • Al final se callan, en cuanto quitas un par de piezas contrarias del tablero - Remus le quitó importancia con un gesto.

  • ¿Tú te has dado cuenta de contra quién juego casi siempre? - preguntó Harry incrédulo -. ¡Es capaz de destrozar todas mis piezas sin perder él ninguna!

  • ¿Quién? ¿Ron? - preguntó Sirius alzando una ceja algo escéptico. El pelirrojo no parecía el mejor estratega ni la persona más brillante ahí presente.

  • Sí. Ron - dijo Harry señalando a su amigo como si fuese obvio. ¿Quién más podía ser?

  • ¿Tan bueno es? - insistió Sirius sin creérselo -. ¿No será que tú eres muy malo, tan malo como Lily?

  • ¿A mí madre tampoco se le daba bien el ajedrez? - preguntó Harry desviándose de lo que estaban hablando durante un segundo -. ¡Hey, no me cambies de tema! ¡No se me da tan mal el ajedrez! ¡Ron es el mejor jugador de Hogwarts!

  • ¿En serio? - preguntó Remus interesado.

  • Sí - respondió Harry decidido.

  • No soy tan bueno - replicó Ron sonrojándose hasta las orejas.

  • Sí lo eres. Y lo sabes. Y todos lo van a saber cuándo leamos un poco más - le contradijo Harry mandándole una mirada con intención.

  • ¿Por qué lo íbamos a saber? - preguntó Remus confundido.

  • Porque va a aparecer la mejor partida de ajedrez que Hogwarts ha visto en mucho tiempo - respondió Hermione haciendo sonrojar aún más a Ron, aunque tenía una sonrisa satisfecha.

  • ¿Tú sabías algo de esto? - le preguntó Charlie a Bill en un murmullo.

  • No. Yo sabía que Ronnie era bueno, ¿pero tanto? - respondió Bill algo escéptico todavía. No estaba seguro de si creerse lo que decían.

  • No sé, y parece que los gemelos tampoco saben nada - Charlie inclinó la cabeza hacia Fred y George, que fruncían el ceño tan confundidos como ellos.

En la víspera de Navidad, Harry se fue a la cama, deseoso de que llegara el día siguiente,

  • A veces es casi mejor la víspera de Navidad que la propia Navidad - dijo Sirius recordando todas las travesuras y todos los líos en los que se habían metido los merodeadores ese día. Era el mejor día del año para gastar bromas porque todo el mundo estaba más dispuesto a dejarlo pasar y tomárselo con buen humor. ¡Ni siquiera les castigaban al día siguiente!

  • ¿Con las ganas que hay de que llegue Navidad por los regalos? No, gracias - Ginny negó con la cabeza. Para ella la mañana de Navidad siempre había sido especial. No la cambiaría por nada, ni por mil vísperas de Navidad, por muy buenas que estas fueran.

  • Yo estoy como Sirius, siempre he preferido la víspera de Navidad. Casi siempre cien veces mejor que el día de Navidad - hasta el año pasado, añadió Harry para sí mismo. Sus Navidades habían sido más bien horribles hasta que empezó a pasarlas con los Weasley y Hermione.

pensando en toda la diversión y comida que lo aguardaban, pero sin esperar ningún regalo.

  • ¿Sin esperar ningún regalo? - repitió Tonks tristemente. El chillón rosa chicle de su pelo se apagó visiblemente al oír esto, pero era lo suficientemente prudente como para no pedir más explicaciones, sabiendo que no le iban a gustar. Por desgracia, no todos eran tan prudentes.

  • ¿Cómo que ningún regalo? ¿Y qué esperabas? ¿Nabos? - exclamó Charlie sin ver lo obvio. Simplemente no entendía cómo podía ocurrir cualquier otra cosa que no fuese recibir un regalo por Navidad -. ¡Auch! ¿A qué ha venido eso? - protestó Charlie cuando Tonks le golpeó en la cabeza.

  • Eres idiota - resopló la metamorfomaga poniendo los ojos en blanco.

  • ¿Qué? - preguntó Charlie confundido.

  • Bueno, los Dursley no me iban a dar regalos precisamente, Charlie - dijo Harry pasándose la mano por el pelo incómodo.

  • Oh - Charlie estaba a punto de pedirle a Tonks que le golpease otra vez. Sí que era un idiota. ¿Cómo se le podía haber olvidado cómo eran los tíos de este niño?

  • ¿Y qué hacían? ¿Dejarte mirando cómo el cerdito Dudley Dursley abría regalo tras regalo y duplicaba su peso a base de roscón y bollos? - preguntó Sirius sarcástico. Apretaba las manos imaginándose el cuello de los Dursley entre ellas.

  • No exactamente - murmuró Harry sin mirar a nadie. Remus le oyó, desgraciadamente, y le faltó tiempo para preguntar a qué se refería.

  • Harry, ¿qué hacían? - preguntó Remus con una calma que en realidad no sentía.

Harry no respondió.

  • Harry - insistió Sirius con un gruñido.

Harry musitó algo tan bajo que Ron y Hermione apenas le oyeron y estaban en el mismo sofá que él. Aún así, no les gustó lo que entendieron.

  • ¡¿Qué?! - exclamaron a la vez furiosos.

  • Harry, ¿te importaría repetirlo más alto, por favor? - pidió Remus entre dientes.

  • No veía a Dudley abrir los regalos ni hincharse a comida porque estaba encerrado en mi armario. En Navidad no tenía permitido salir así que lo cerraban con llave. No querían que les estropease ese día - confesó Harry con los ojos fijos en su regazo. No quería mirar a nadie y ver los rostros llenos de horror y pena, como sabía que estaban. No quería la pena de nadie. Ya había pasado y estaba perfectamente bien.

  • ¿Todo el día de Navidad encerrado en un armario? - repitió Neville pálido. Él no era un chico violento por naturaleza, más bien todo lo contrario, pero le encantaría maldecir a los Dursley con todo lo que pudiese. O pegarles un puñetazo. No se merecían otra cosa.

  • ¿Por qué crees que prefería la víspera de Navidad? - dijo Harry levantando la vista para mirar al chico y encogiéndose un poco de hombros. Estaba claramente incómodo con la atención de todos.

  • Pues este año vas a recibir todos los regalos atrasados que no has recibido - declaró Sirius entre furioso y culpable. Quería hacer algo para compensarlo, lo que fuese. Si no hubiese ido tras la rata, si se lo hubiesen dicho a Remus, si no hubiese cambiado el guardián de los secretos, si hubiese visto quién era el verdadero traidor, Harry habría tenido las vacaciones que se merecía.

  • ¡¿Qué?! ¡No! - exclamó Harry horrorizado.

  • Te debo más de una década de regalos de cumpleaños y de Navidad - replicó Sirius.

  • ¡No! ¡No quiero tantos regalos! ¡Sería como Dudley! - el horror que sentía Harry crecía cuanto más lo pensaba.

  • Puede que no tantos - concedió su padrino conteniendo una mueca. Su ahijado iba a ser lo más distinto posible que ese cerdito Dudley Dursley.

Cuando al día siguiente se despertó temprano, lo primero que vio fue unos cuantos paquetes a los pies de su cama.

—¡Feliz Navidad!— lo saludó medio dormido Ron, mientras Harry saltaba de la cama y se ponía la bata.

Todos sonrieron con cariño. Así era cómo debían ser siempre las mañanas de Navidad, con la emoción de todos por el día en familia que sabían que tenían por delante.

— Para ti también**— contestó Harry****— . ¡Mira esto! ¡Me han enviado regalos!**

Las sonrisas flaquearon durante un segundo antes de que pudiesen esconder de nuevo la punzada de pena que sintieron al oír esto. Una cosa era que quisiesen que todos estuviesen emocionados, pero no por la sorpresa de recibir regalos. No por la sorpresa de importarle a alguien lo suficiente como para que acordarse de ti y sacase tiempo para buscarte un regalo.

—¿Qué esperabas, nabos?— dijo Ron,

  • Eso me suena - murmuró Bill mirando de reojo a Charlie y Ron divertido.

  • Por si acaso el pelo pelirrojo no era prueba suficiente de que eran hermanos - resopló Tonks con una sonrisa y dándole a Charlie un golpe en el hombro.

volviéndose hacia sus propios paquetes, que eran más numerosos que los de Harry.

Ron hizo una mueca sintiendo una punzada de culpa. Sabía que no tenía ningún motivo para ello, que él no podía controlar el tener una familia numerosa que le quería mientras que Harry solo había tenido algo que no se podía llamar familia siquiera.

Sin embargo, eso no evitaba que se sintiese culpable por no darse cuenta antes, por no ver esos detalles que eran toda la prueba que necesitaba para saber que él tenía más suerte que su mejor amigo. No evitaba que durante un segundo desease estar en su lugar, por primera vez no por querer lo mismo que él, sino para evitarle a él tener que pasar por ello.

Harry cogi ó el paquete que estaba más arriba. Estaba envuelto en papel de embalar y tenía escrito:« Para Harry de Hagrid**» . Contenía una flauta de madera, toscamente trabajada. Era evidente que Hagrid la había hecho. Harry sopló y la flauta emitió un sonido parecido al canto de la lechuza.**

El trío sonrió a escondidas, intercambiando miradas cómplices que pasaron desapercibidas por todos. Menos mal que Hagrid le había regalado la flauta a Harry porque ninguno habría tenido muchas ganas de ponerse a cantar para hacer dormir a Fluffy.

El segundo, muy pequeño, conten ía una nota.

« Recibimos tu mensaje y te mandamos tu regalo de Navidad. De tío Vernon y tía Petunia.****»

  • ¿Te mandaron un regalo? - las cejas de Sirius se alzaron tanto que casi dejaron de verse en el borde del cabello. No sabía si sentirse sorprendido o desconfiar de ello inmediatamente, tirarlo en seguida por la ventana, enterrarlo en el bosque prohibido o dárselo al calamar gigante del lago.

  • Sorprendentemente - Harry se encogió de hombros sin darle importancia. No era como si lo hubiese conservado más de treinta segundos.

  • Eso... no me lo esperaba - confesó Sirius sin saber qué responder.

  • Cuando veas cuál era el regalo, lo entenderás - dijo Harry tragándose la pizca de tristeza que sintió. Aquella mañana había creído durante un instante que los Dursley le habían hecho de verdad un regalo, y la desilusión que había sentido había sido enorme (aunque no había durado más de unos segundos al ver que había gente que sí le había hecho un regalo).

Pegada a la nota estaba una moneda de cincuenta peniques.

  • ¿Cincuenta peniques? Eso es dinero muggle, ¿verdad, Harry? - preguntó el señor Weasley interesado.

  • Sí, señor Weasley - asintió Harry con una sonrisa divertida.

  • Fascinante. Nunca he llegado a entender cómo funciona el dinero muggle. Es de lo más extraño - la ilusión de Arthur era casi palpable en el ambiente.

  • No es tan extraño, señor Weasley. Sinceramente, me parece más complicado cómo funciona el cambio de knuts a sickles y de sickles a galeones - dijo Hermione sonriendo. Ambos estaban acostumbrados a que el señor Weasley les preguntase sobre cualquier cosa del mundo muggle. Cosas tan normales para ellos como la magia para los nacidos de magos.

  • Extraño o no, me parece repugnante que le envíen eso como regalo. Cincuenta peniques - dijo Sirius disgustado -, que no valen nada. Ni un knut. Y lo mandan encima como si fuese una obligación.

  • Qué buena forma de acabar con el buen humor, Sirius - murmuró Harry poniendo los ojos en blanco, cuando el silencio se alargó incómodamente sin que nadie supiese qué decir.

— Qué detalle— comentó Harry.

Ron estaba fascinado con los cincuenta peniques.

—¡Quéraro!— dijo— ¡Qué****forma! ¿Esto es dinero?

  • Tenías que heredar eso de tu padre - musitó Molly sacudiendo la cabeza, pero sonreía con cariño.

  • Y no es el único que ha heredado mi interés por las cosas muggles - dijo Arthur con una enorme sonrisa.

  • Ninguno tiene un interés tan grande como el tuyo, Arthur, querido - replicó su esposa riéndose suavemente.

  • Obsesión tan grande quiere decir - musitaron los gemelos por lo bajo para que sus padres no les oyeran.

— Puedes quedarte con ella**— dijo Harry, riendo ante el placer de Ron****— . Hagrid, mis tíos... ¿Quién me ha enviado éste?**

— Creo que sé de qui én es ése— dijo Ron, algo rojo y señalando un paquete deforme**— . Mi madre. Le dije que creías que nadie te regalaría nada y... oh, no****— gruñó—, te ha hecho un jersey Weasley.**

  • ¿"Oh, no"? ¿Cómo que "oh, no"? - repitió la señora Weasley entrecerrando los ojos molesta.

  • Nada, mamá, no es nada... - Ron tragó saliva nervioso y se hundió un poco en el sofá.

  • ¿Qué tienen de malo los jerséis que hago? - preguntó ella. Se pasaba meses tejiendo los jerséis de todos.

  • Absolutamente nada, mamá. Nada en absoluto. Son estupendos. Es solo que no sabía cómo iba a reaccionar Harry, no sabía si le iba a gustar - se apresuró a decir Ron.

  • Me encantó, señora Weasley, de verdad. Tanto el del año pasado como el de este año - aseguró Harry cuando ella se giró hacia él interrogante. Aunque hubiese sido horroroso (y no lo era en para nada), le habría encantado.

Harry abri ó el paquete y encontró un jersey tejido a mano, grueso y color verde esmeralda, y una gran caja de pastel de chocolate casero.

Harry sonrió recordándolo. No le había mentido a la señora Weasley. Había sido fantástico el regalo, el pastel casi tan bueno como el jersey. Pero no había nada que superase los jerséis Weasley como regalo de Navidad. Eran lo que indicaba que era un Weasley honorario.

— Cada año nos teje un jersey**— dijo Ron, desenvolviendo su paquete****— y el mío siempre es rojo oscuro.**

— Es muy amable de parte de tu madre**— dijo Harry probando el pastel, que era delicioso.**

La señora Weasley sonrió satisfecha y halagada. Sus dotes culinarias siempre habían sido buenas y ella lo sabía, pero siempre sentaba bien estar segura de que de verdad les gustaba lo que cocinaba a los demás y no sólo disimulaban.

El siguiente regalo también tenía golosinas, una gran caja de ranas de chocolate, de parte de Hermione.

  • Gracias, Hermione. Esas ranas de chocolate fueron perfectas - dijo Harry con énfasis y mirando a sus dos amigos alzando un poco las cejas y con una sonrisa que escondía un secreto.

  • ¿Fue...? - preguntó Hermione abriendo mucho los ojos al comprender.

  • Síp - asintió él, su sonrisa aún más amplia.

  • ¿Y sin ellas...? - preguntó Ron. Era la única otra persona que entendía de qué hablaban.

  • Nop - negó Harry sabiendo lo que iba a decir.

  • Hermione, eres brillante. Tus ranas de chocolate fueron el regalo perfecto - declaró Ron haciendo sonrojar un poco a la chica.

  • ¿Alguien quiere explicarnos qué tienen de maravilloso esas ranas de chocolate? Es cierto que las ranas de chocolate siempre están buenas, pero tampoco son tan especiales - interrumpió Sirius confundido.

  • Los regalos de Hermione siempre son especiales - replicó Harry.

  • Pero son solo ranas de chocolate... - dijo Neville entendiendo tan poco como el resto. ¿Qué tenían estas ranas que no tuviese el resto?

  • Exacto, Neville. Ranas de chocolate - sonrió Harry consiguiendo tan solo confundirles más.

  • No lo entiendo - dijo Ginny frunciendo el ceño.

  • No creo que vayamos a entenderlo en un futuro cercano - suspiró Bill pasándose la mano por la cabeza como agotado de resolver tantos misterios.

Le quedaba el último. Harry lo cogi óy not ó que era muy ligero. Lo****desenvolvi ó.

El trío de oro se tensó automáticamente, perdiendo las sonrisas y poniéndose serios. Sabían perfectamente qué regalo era ese y no podían dejar de temer la reacción de todos. El miedo de que tratasen de quitársela volvía a reconcomer a Harry y no ayudaba que Ron y Hermione estuviesen igual de nerviosos, los mismos pensamientos dando vueltas en sus cabezas.

Ninguno de los tres iba a permitir que nadie pusiese las manos sobre la capa.

Algo fluido y de color gris plateado se deslizó hacia el suelo y se quedó****brillando.

Sirius y Remus levantaron la cabeza sorprendidos. Intercambiaron una mirada llena de esperanza. ¿Era lo que creían que era?

Ron buf ó.

— Había oído hablar de esto**— dijo con voz ronca, dejando caer la caja de grageas de todos los sabores, regalo de Hermione****— . Si es lo que pienso, es algo verdaderamente raro y valioso.**

Todos se inclinaron hacia delante curiosos. Estaban deseando saber qué era eso tan raro y valioso que conseguía que Ron dejase caer las golosinas que le había regalado Hermione.

Por su parte, los merodeadores estaban peleando contra el impulso de arrancarle a Tonks el libro de las manos y leer más adelante. Les daba la sensación de que no llegaba nunca el momento en que les iban a confirmar si era o no esa capa bajo la que se habían escondido miles de veces en el colegio.

En cambio, el trío de oro estaba de los nervios. Tensos en sus asientos y esforzándose por no salir corriendo hacia la sala común de Gryffindor para esconder la capa en otro sitio. Esto podía ir muy bien o podía ser un completo desastre.

—¿Quées?

Harry cogi ó el género brillante y plateado. El tocarlo producí****a una sensaci ón extraña, como si fuera agua convertida en tejido.

Los merodeadores sonrieron triunfantes e intercambiaron una mirada mitad alegría mitad tristeza. Les encantaba ver que la capa estaba en buen estado y en manos de quien debía estar, pero les causaba una punzada de nostalgia oír hablar de ella. Sabían que James había estado deseando que llegase el día en el que le pasaría la capa a su hijo.

  • ¿Qué demonios es eso?

  • preguntó Bill frunciendo el ceño. No se le ocurría qué le podrían haber regalado a un niño de once años que pudiese coincidir con esa descripción.

  • ¿Y quién le ha hecho ese regalo? - añadió Charlie dándole vueltas. El chico, por muy triste que fuese, en aquel momento no tenía a nadie más que le fuese a hacer un regalo por Navidad.

  • Ya lo veréis - replicó Harry sin tiempo para bromas ni para perder el tiempo.

— Es una capa invisible**— dijo Ron, con una expresión de temor reverencial****— .**

  • ¡¿Qué?! - exclamaron todos a la vez. Estaba claro que estaban en shock.

  • ¿Cómo va a ser una capa de invisibilidad? ¡Ron ni siquiera sabe cómo son! - dijo Bill frunciendo el ceño aún más.

  • ¿Y por qué le iban a dar una cosa así a Harry? Solo tenía once años. ¿Quién iba a hacerlo? - preguntó Percy con los ojos como platos.

  • Si no os importa, quiero leer - interrumpió Tonks levantando el libro para que todos lo viesen. Les fulminó con la mirada, tan curiosa como el resto y queriendo saber si era verdad, y todos se callaron rápidamente.

Estoy seguro... Prué****batela.

Harry se puso la capa sobre los hombros y Ron lanzó****un grito.

—¡Lo es! ¡Mira abajo!

Las mandíbulas de muchos chocaron contra el suelo. Ron había tenido razón. Era una capa de invisibilidad... Todos tenían la vista fija en el libro, demasiado sorprendidos como para darse cuenta de lo que estaba sucediendo con Harry.

Harry se miró los pies, pero ya no estaban. Se dirigió al espejo. Efectivamente: su reflejo lo miraba, pero sólo su cabeza suspendida en el aire, porque su cuerpo era totalmente invisible.

Hermione, siendo ella la que estaba sentada al lado de Harry, fue la primera en que algo raro ocurría. Se giró hacia Harry y estuvo a punto de soltar un grito, pero notó que algo le tapaba la boca. Supuso que era Harry porque el chico la miraba con urgencia y una chispa de diversión, pero no podía estar segura.

Después de todo, lo único que podía ver de Harry era su cabeza flotando a su lado.

Ahora que sabía lo que ocurría, Hermione tuvo que morderse el labio para no echarse a reír. Esto iba a ser genial. Le dio un codazo a Ron discretamente para llamar su atención.

Los ojos del pelirrojo parecían a punto de salirse de sus órbitas cuando vio la cabeza de Harry, pero entendió en seguida lo que pasaba. Y entonces tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no estallar en carcajadas. ¡Se iba a volver invisible! La capa era lo suficientemente poderosa como para afectar a Harry a través del hechizo. ¡Esto iba a ser épico!

Se puso la capa sobre la cabeza y su imagen desapareció****por completo.

Ron y Hermione sonrieron divertidos al ver desaparecer a Harry por completo. Lo último que vieron fue la sonrisa de Harry prometiendo problemas. Para los demás, por lo menos.

  • No me lo puedo creer... - dijo Bill boquiabierto. Esas capas eran muy raras, había muy pocas que existiesen y aún menos que funcionasen bien. Y esta parecía ser perfecta.

  • Tiene una capa de invisibilidad - dijo Neville como si aún no se lo pudiese creer. Incluso Luna, sentada a su lado, parecía sorprendida y había desaparecido la mirada perdida en el infinito sustituida por una de shock. A todos les había pillado de improviso y estaban tan centrados en el libro que nadie se había dado cuenta todavía de que el chico había desaparecido.

  • Sí, tengo una capa de invisibilidad - afirmó Harry. La tensión que había sentido se había reducido un montón cuando se había vuelto invisible, tanto que hasta pudo ofrecerle a Neville una sonrisa a pesar de que nadie la podía ver.

  • Con razón conseguís sacar adelante vuestros planes tan a menudo - murmuró Luna comprendiendo un poco mejor el misterio del trío de oro. Ella fue la primera en girarse hacia el trío, pero solo parpadeó sorprendida al ver a dos en vez de tres.

  • Pero un niño no sé si debería tener una cosa así... - musitó Kingsley dubitativo por lo bajo.

  • ¿Cómo...? ¿Harry? - preguntó Neville girándose hacia su amigo. Sin embargo, todos sus pensamientos volaron fuera de su cabeza cuando no le encontró.

  • ¿Harry? - repitió Fred dándose cuenta de lo que pasaba. La gente empezaba a girarse hacia todos lados buscándole. Obviamente, no tuvieron éxito.

  • ¿Dónde estás, colega? - preguntó George perplejo. ¿Cómo había podido desaparecer?

  • Pero si ha hablado hace unos segundos... - Tonks frunció el ceño confusa.

  • ¿Adónde ha ido? - preguntó Remus mirando a Ron y Hermione suspicazmente.

  • No sé a qué te refieres. ¿A dónde ha ido quién? - replicó Ron incapaz de contener una enorme sonrisa.

  • Sabéis muy bien de quién estamos hablando. ¿Dónde está Harry? - insistió Sirius.

  • No sabemos adónde se ha ido - respondió Hermione sinceramente. Había notado a Harry levantarse hacía unos minutos, pero por muy bien que le conociese, no podía averiguar qué pensaba hacer. Solo sabía que iba a ser algo bueno.

  • ¿Esto es una broma? - inquirió George con una ceja alzada.

  • No sé si me va a gustar... - empezó Fred.

  • ¿No? Y yo que creía que os gustaban las bromas - dijo una voz procedente de justo detrás de los gemelos.

Los dos pelirrojos saltaron del sofá con un grito como si les hubiesen pinchado. Todo el comedor se echó a reír encantado. No tenían muy claro qué estaba ocurriendo, pero la cara de los gemelos no tenía precio.

  • ¡Harry! - exclamaron a la vez buscándole.

  • ¿Si? - volvió a decir Harry desde detrás de ellos. Volvieron a pegar un brinco con los ojos como platos.

  • ¿Dónde estás? - preguntó Ginny con una sonrisa divertida. Se lo estaba pasando en grande viendo a los gemelos girándose hacia todos lados con los brazos extendidos con la esperanza de pillar a Harry desprevenido.

  • Aquí - quedó claro dónde estaba exactamente cuando Fred soltó un grito sorprendido y saltó hacia un lado, chocando con George y acabando los dos en el suelo. Todos volvieron a reírse divertidos mientras los gemelos trataban de desenmarañar sus extremidades para poder levantarse.

  • ¿Tenías aquí la capa? - preguntó Bill recuperando el aliento. Estaba deseando verla, si Harry le dejaba, claro.

  • Nop. Me he quedado tan sorprendido como vosotros al principio - rio Harry y, aunque no le veían, todos supieron que había vuelto a su sitio por la sonrisa que Ron y Hermione mandaron hacia el hueco del sofá. Ellos habían notado perfectamente cuándo se había sentado de nuevo.

  • ¿Es el hechizo? - preguntó Remus sorprendido.

  • Eso creo. Yo no he hecho nada - los demás podían imaginárselo encogiendo los hombros.

  • Esto - empezó George con una enorme sonrisa.

  • Va - siguió Fred con la misma expresión. Al final sí que les había encantado la broma.

  • A.

  • Ser.

  • ¡Épico! - exclamaron a la vez imaginándose las miles de bromas que podrían gastar si fueran ellos.

—¡Hay una nota!— dijo de pronto Ron— . ¡Ha caí****do una nota!

Harry se quitó la capa y cogió****la nota.

Como por arte de magia, Harry volvió a aparecer en el sofá al lado de Hermione. Tenía todavía una sonrisa de oreja a oreja, pero algo que no sentía la protección de la capa volvían los nervios de que quisiesen quitársela. Bajo ella se sentía seguro, como si nada ni nadie pudiese tocarle. Sin embargo, en algún momento tocaba salir.

La caligraf ía, fina y llena de curvas, era desconocida para él. Decía:

Tu padre dejó esto en mi poder antes de morir. Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilí****zalo bien.

Una muy Feliz Navidad para ti.

  • Así que James tenía esa capa. Ahora no me sorprende que hubiese tantas veces que saliesen impunes de sus bromas - suspiró McGonagall sacudiendo la cabeza.

  • No fue solo gracias a la capa, Minnie. Lunático es el mejor planeando bromas - la corrigió Sirius sonriendo descaradamente, sin ningún reparo en admitir que habían creado mucho más caos que por el que habían sido castigados.

  • ¡Pero no es justo que Potter tenga una capa de invisibilidad! - protestó Malfoy totalmente indignado y, si era sincero consigo mismo, lleno de envidia. Aunque no era como si fuese a admitirlo, claro.

Tal y como el trío se temía, Malfoy no era el único que opinaba así. Murmullos de acuerdo se extendieron por todo el Gran Comedor y una ancha sonrisa se dibujó en el rostro del joven Slytherin. Con eso seguro que se la confiscaban a Potter.

Sin embargo, Harry no pensaba permitirlo. Casi en pánico, fue a levantarse para salir corriendo a esconderla, pero Hermione le agarró del brazo y le devolvió de golpe al sofá.

  • Espera un segundo, Harry - musitó antes de que pudiese protestar. La chica se giró hacia el resto con los ojos entrecerrados -. La capa es de Harry. Es suya y no tenéis derecho a quitársela.

  • No es justo que Potter tenga algo que le permita saltarse tan fácilmente las normas, Granger. Cualquiera la querría y no veo por qué él tiene que ser el que la tenga - gruñó un Gryffindor un año más mayor. McLaggen o algo así, pensó Harry distraídamente. Estaba más ocupado pensando que hasta gente de su propia casa intentaría quitársela.

  • Porque él la ha heredado, idiota. ¿No has oído que era de su padre? - replicó Ron cortante. Estaba poniéndose más furioso con todos con cada comentario.

  • A vosotros no os importa que él la tenga porque seguro que os deja usarla cuando queráis - acusó una chica de Ravenclaw de pelo castaño y rizado con el ceño fruncido.

  • ¿Y qué si se la prestaría? Eso es cosa nuestra y de nadie más. No tiene nada que ver con esta discusión - dijo Harry apretando los puños. Mil pensamientos y posibilidades daban vueltas por su mente a toda velocidad. ¿Cuál sería el mejor sitio para esconderla hasta que pudiese pedirle a alguien que hiciese el hechizo en su baúl?

  • Y aún así, jamás se la pediríamos para gastar una broma. En estos dos años no se la hemos pedido ni una vez, idiota - espetó Ron con las orejas rojas por el enfado.

  • No tenéis derecho a quejaros porque tenga algo que vosotros no - añadió Hermione sin dar crédito a sus oídos. Se lo habían estado esperando, pero seguía siendo un shock escuchar las acusaciones que lanzaban contra ellos.

  • ¿Por qué tiene que tener él una ventaja como esa? - insistió un chico de Slytherin que a Harry le sonaba de haber jugado contra él algún partido de quidditch.

  • ¿Y qué hay de las ventajas que tienen otros? ¿Qué pasa con el equipo de quidditch de Slytherin? Es el equipo con mejores escobas del colegio. ¿Deberíamos quitárselas también? - señaló Harry con el ceño fruncido pero con una sonrisa triunfante.

  • Esas escobas son una donación de mi padre al equipo de mi casa, Potter - dijo Malfoy rápidamente.

  • Y esa capa es algo que me dejó a mí el mío - replicó Harry.

  • No es lo mismo. Con esa capa te puedes saltar todas las normas sin que sepan que eres tú - insistió el rubio.

  • Si lo que quieres es salir de la sala común sin que te pillen, aprende a escabullirte, Malfoy. Se supone que los Slytherin son astutos y usan la cabeza. Deberías ser capaz de eso por lo menos

  • espetó Ron.

Parecía que los ánimos se iban calmando. Ya no había muchos que siguiesen insistiendo en que Harry no debería tenerla. Los alumnos iban volviendo a lo suyo, aún con algo de envidia, pero ya no intentarían quitársela.

  • Por qué poco - suspiró Harry aliviado. El trío de oro se relajó de nuevo en el sofá.

  • Un momento, esos artefactos mágicos deben estar en poder del ministerio - intervino Fudge con un brillo codicioso en los ojos.

  • Señor ministro, es una herencia. Es propiedad de la familia Potter - dijo Dumbledore tranquilamente.

  • Pero hay muy pocas y algo así de valioso no debería estar en manos de un niño de doce años - insistió negándose a ceder. Kingsley se maldijo mentalmente por haber dicho eso hacía unos minutos. El idiota del ministro tenía que oír justo eso, ¿verdad?

  • Señor ministro, con todo respeto, no pienso darle mi capa al ministerio. Me niego. Es algo que fue de mi padre, algo que dejó para mí y lo único que tengo suyo. Así que no pienso dejar que usted ni ningún funcionario del ministerio ni nadie le ponga las manos encima - declaró Harry echando chispas por los ojos.

Se podía haber oído caer un alfiler en el Gran Comedor en ese instante. Todos estaban en shock al oír a un niño de doce años hablarle así al ministro de magia. Sin embargo, Harry estaba harto de todos en ese momento, harto de los hipócritas de sus compañeros, de que los libros revelasen todos los secretos que el trío de oro había cuidadosamente guardado, del idiota que tenían por ministro y quien no era capaz de ver más allá de su propia codicia. No iba a dejar que las cosas siguiesen así.

  • ¿Cómo... ¡¿Cómo te atreves a hablarme así, Potter?! - balbuceó Fudge antes de estallar furioso -. ¡Soy el ministro de magia y me debes tratar con el respeto que merezco!

  • El respeto se gana, Fudge, y que seas ministro no significa que lo merezcas. Solo significa que de alguna manera conseguiste que te votaran para el puesto - replicó Harry mientras el resto seguía intentando superar la sorpresa. Ya ni siquiera le trataba de usted -. Es la segunda vez que tratas de arrebatarme sin razón alguna algo que es mío por derecho y no vas a tener éxito con ninguna de las dos cosas. La capa es una herencia familiar y, aunque seas el ministro, no puedes quitármela.

  • ¡Los objetos altamente valiosos y peligrosos deben estar bajo supervisión del ministerio, Potter! ¡Pasan a ser propiedad del ministerio automáticamente!

  • Eso no es cierto y lo sabes - escupió Harry temblando de rabia. Ahora encima recurría a trucos baratos y trampas para conseguir lo que quería. ¡¿Quién se creía que era?!

  • ¡¿Y tú qué sabrás?! ¡Eres solo un crío que no ha hecho siquiera sus TIMOs! - acusó Fudge indignado. Iba a conseguir que esa capa dejase de ser propiedad de Potter costase lo que costase.

  • Lo sé porque MI capa no es el único artefacto mágico valioso y peligroso que existe. ¡¿Qué pasa con el espejo de Oesed?! Eso es mucho más peligroso y no está en manos del ministerio - dijo Harry perdiendo los estribos e ignorando completamente que no tenía ni idea de lo que eran esos TIMOs de los que hablaba Fudge.

  • Ese espejo es distinto, Potter. No tiene la misma utilidad que la capa tiene. Además no tiene dueño tal cual, simplemente se guarda en el sitio que más convenga - farfulló Fudge tratando de desviar la atención.

  • ¡¿Y qué pasa con la Piedra Filosofal?! Durante siglos ha tenido dueño y el ministerio jamás ha intentado hacerse con ella y sí que habría sido de utilidad - acusó Harry teniendo cuidado de no dar demasiadas pistas. Aún así, podría haber gritado que la había creado Nicolás Flamel y probablemente nadie se habría dado cuenta que era el mismo Nicolás Flamel que estaban buscando en la historia. Estaban demasiado absortos observando la discusión como si fuese una partido de tenis.

  • ¡Es distinto, Potter! ¡La Piedra Filosofal estaba en manos de un mago adulto y responsable, del mago que la creó! ¡Así que obviamente no podíamos quitársela! - protestó Fudge pensando en los intentos fallidos que había habido a lo largo de los años. No lo habían conseguido, pero no porque no hubiesen querido.

  • ¡¿Cómo es distinto?! Puede que yo no sea un adulto, pero creo que he pasado por suficientes cosas como para estar seguros de que soy lo suficientemente responsable de tenerla. Y aunque no lo fuese, ¡eso no sería asunto tuyo! ¡Es MI capa, que me dejó MI padre a MÍ! Así que me da lo mismo si no la he creado como pasó con la Piedra, la he heredado y eso es suficiente. ¡No vas a quitármela!

  • ¡No es así como funcionan las cosas! Si el ministro te ordena algo, ¡tú obedeces igual que obedecerías a un profesor o a tus tutores legales! - insistió Fudge agarrándose a un clavo ardiendo.

  • Creo que puede preguntar a cualquiera aquí presente y te podrá asegurar que no se me da bien seguir las normas ni obedecer a lo que me dicen - esto consiguió algún bufido divertido. No hacía falta que lo jurara para que supieran que eso era cierto -. Y lo que se me da aún peor es hacer caso de lo que dice un mentiroso y un avaricioso. Y tú eres ambas cosas. Así que, ministro o no, no voy a obedecerte solo porque tú lo digas.

  • ¿Cómo... Cómo...? - balbuceó Fudge sin palabras. Parecía que no estaba nada acostumbrado a que le negasen lo que quería -. ¡Dumbledore, controla a tu alumno!

  • Lamentablemente, Cornelius, no puedo hacer nada - dijo el director escondiendo una sonrisa orgullosa. Le había encantado ver a Harry negándole todo al ministro, echándole por tierra todos sus argumentos -. El señor Potter está en su derecho de conservar su capa ya que es una herencia familiar.

  • Pero... Pero... - el mundo de Fudge parecía estar viniéndose abajo por momentos.

  • Los magos aprecian las relaciones de sangre por encima de todo, Cornelius. Tú lo sabes, siendo el ministro de magia. Hay varias leyes que protegen ese tipo de cosas, entre ellas las reliquias familiares, para que se mantengan en la línea de sangre. Esa capa es una reliquia de la familia Potter así que no es posible que pertenezca a nadie más que a Harry.

El ministro rechinó los dientes furioso pero no añadió nada más. No podía decir nada más. Ese mocoso de Potter había conseguido salirse con la suya de momento.

Los ánimos se fueron calmando poco a poco y los alumnos se relajaron en sus asientos. Harry sin embargo seguía tenso, con los puños apretados para no sacar la varita y hechizar al ministro.

  • ¡Merlín, Harry, vaya bronca le has echado a Fudge! - exclamó Ron con los ojos como platos. Harry no respondió.

  • ¿Harry? - preguntó Hermione poniéndole la mano en el brazo tímidamente, pero el chico no se la sacudió de encima.

  • Estoy bien - dijo él por fin relajándose casi imperceptiblemente -. Es que Fudge me saca de quicio.

  • ¿Y a quién no? - dijo Neville de buen humor. Ver a Harry hacer ese tipo de cosas daba valor a la gente para hacer cosas que normalmente no haría, como bromear delante de todos, en el caso de Neville.

  • Voy a necesitar vuestra ayuda - confesó Harry mirando a todos a su alrededor. Estos se sentaron más erguidos, como para mostrarle que podía confiar en ellos, que este chico al que tanto le costaba pedir ayuda cuando la necesitaba podía pedírsela a ellos sin dudar.

  • Lo que necesites, Harry - respondió Luna con la mirada inusualmente enfocada en él.

  • Necesito que una forma de que solo yo y quienes yo quiera puedan abrir mi baúl.

  • No hay problema, Harry. Hay muchos encantamientos para ello - sonrió Remus pensando en cuáles debería usar.

  • Como los que usamos ayer en la jaula - dijo Sirius.

  • Y de que nadie pueda llevárselo. No tiene sentido guardarla ahí si se pueden llevar el baúl directamente y buscar la forma de abrirlo más tarde - añadió Hermione pensativa.

  • Yo conozco hechizos para ello. Muchos objetos en las pirámides están encantados para volver siempre a ellas. Son complicados, pero se puede hacer - intervino Bill frunciendo el ceño. Habría que modificarlo un poco para que en vez de volver a un sitio el baúl volviese a Harry, pero estaba relativamente seguro de que era capaz de hacerlo.

  • Y nosotros podemos poner varias cosas por si consigue abrirlo quien no debe - Fred intercambió una mirada traviesa con su gemelo.

  • Cualquiera que intente robar la capa se va a llevar una desagradable sorpresa - la sonrisa en la cara de George convenció a todos los que seguían pensando en intentar quitarle la capa a Potter de que no sería buena idea. No querían enfrentarse a las consecuencias.

  • Nadie va a tocarla, Harry. No te preocupes - dijo Percy mirando con el ceño fruncido al ministro. Solo podía llegar a la conclusión de que el hombre era un idiota. ¿Y ese estaba a cargo del ministerio? Definitivamente había estado creyendo una mentira todos estos años, creyendo que lo mejor que podía pasarle era trabajar para... él. No, definitivamente él podía llegar mucho más lejos que eso.

  • Gracias - agradeció Harry con un nudo en la garganta. No quería que le pasase nada a la capa. Era uno de sus bienes más preciados, junto con su varita y su Nimbus.

  • No hay de qué. Tú, tranquilo - dijo Charlie con una sonrisa divertida. La verdad es que, viendo a todos pensando en formas de proteger la capa, casi quería ver a alguien intentando robarla.

No tenía firma. Harry contempló la nota. Ron admiraba la capa.

— Yo daría cualquier cosa por tener una**— dijo****— . Lo que sea. ¿Quéte sucede?**

— Nada**— dijo Harry. Se sentía muy extraño. ¿Quién le había enviado la capa? ¿Realmente había pertenecido a su padre?**

  • Oh, Harry - murmuró Hermione cogiéndole la mano con fuerza.

  • No puedo pederla, Hermione. Es lo único que tengo que perteneció a uno de mis padres. Nada más - musitó Harry devolviendo el apretón con tanta fuerza como ella.

  • No vas a pederla. Somos... dieciséis personas que vamos a protegerla - dijo contando rápidamente -. Y estoy segura de que los profesores nos ayudarían si se lo pidiésemos, pero no creo que nos haga falta. Va a estar más protegida todavía de lo que estuvo la Piedra Filosofal.

  • La Piedra Filosofal estuvo a punto de ser robada, ¿recuerdas? - intervino Ron. Los hombros de Harry se tensaron de nuevo y la fuerza del agarre que tenía en la mano de Hermione aumentó -. Pero no lo fue y la capa va a estar bien. Nadie va a querer acercarse a ella - se corrigió rápidamente al ver la mirada fulminante que le mandó Hermione.

Antes de que pudiera decir o pensar algo, la puerta del dormitorio se abrió de golpe y Fred y George Weasley entraron. Harry escondió rápidamente la capa. No se sentía con ganas de compartirla con nadie má****s.

  • De verdad, nos ofendes, Harry - George se llevó una mano al pecho fingiendo estar dolido.

  • No querer compartir la capa con nosotros - Fred sacudió la cabeza como si estuviese desolado.

  • Lo siento, chicos, pero... - Harry no encontraba las palabras para explicar que había querido mantenerla en secreto todo lo posible. No era que no confiase en ellos, pero... La capa era especial para él. Era algo que solo Dumbledore y ellos tres habían sabido que tenía (y Dumbledore solo porque había sido él quien se la había dado). Le habría gustado que las cosas siguiesen así.

  • ¿Querías mantenerla en secreto?

  • ¿Fue el primer instinto que tuviste? - dijeron ambos gemelos a la vez adivinando lo que pensaba. Levantaron una ceja exactamente al mismo tiempo (¡ni que lo hubiesen ensayado!), pero no parecían siquiera molestos con él.

  • No me extraña - resopló Fred divertido.

  • Nosotros también queremos que el castillo siga en pie y si hubiésemos sabido que existía esa esa capa, a lo mejor no duraba mucho - rio George sin darle importancia al asunto.

Harry solo pudo reír con ellos. ¿Qué otra cosa podía hacer cuando dos personas tan estupendas como los gemelos no le juzgaban?

**—¡**Feliz Navidad!

**—¡**Eh, mira! ¡A Harry también le han regalado un jersey Weasley!

  • La única persona no pelirroja que tiene un jersey Weasley - dijo George hinchando el pecho orgulloso.

  • Dos jerséis Weasley - corrigió Fred con una sonrisa tan orgullosa como la de su hermano.

Harry bajó la cabeza sonrojado. Era cierto que era la única persona fuera de la familia de los Weasley que los recibía por Navidad. Ni siquiera Hermione recibía uno. Era como si, porque su familia era así de horrible, los Weasley hubiesen decidido mostrarle cómo era una de verdad.

Fred y George llevaban jerséis azules, uno con una gran letra F y el otro con la G.

— El de Harry es mejor que el nuestro**— dijo Fred cogiendo el jersey de Harry****— . Es evidente que se esmera más cuando no es para la familia.**

  • Harry sí que es de la familia - gruñó Ron fulminando con la mirada a Fred.

  • Relájate, Ronnie. Ya sabes que no quería decir eso - pero mientras que las palabras iban dirigidas a Ron, Fred no apartaba la vista de Harry. Quería ver que el chico sabía que no quería decir eso, que sí que era de la familia.

  • Eso, Ron. Nosotros entonces aún no habíamos adoptado a Harry - dijo George tomándoselo en serio por una vez.

  • Es solo un comentario. No importa - sonrió Harry para beneficio de los gemelos, que aún parecían preocupados por cómo se lo iba a tomar.

—¿Por qué no te has puesto el tuyo, Ron?— quiso saber George**— . Vamos, pruébatelo, son bonitos y abrigan.**

— Detesto el rojo oscuro**— se quejó Ron, mientras se lo pasaba por la cabeza.**

  • ¿De verdad? - preguntó la señora Weasley sorprendida. ¿Era esto como los bocadillos de carne en conserva de antes? Se le llenaron los ojos de lágrimas al pensar que había vuelto a olvidarse de los gustos de su hijo.

  • ¡No, no, no! ¡No, mamá, no es eso! - se apresuró a mentir Ron -. No es el color que más me gusta, pero no lo detesto. El rojo oscuro está bien. Cualquier color está bien.

Prefería ir con el color más horrible que existiera antes de que su madre se echase a llorar.

  • ¿Cuál es tu favorito, Ron? ¿De qué color quieres el jersey este año? - preguntó ella decidida a conseguir ese color.

  • Ehh... ¿Azul? - respondió Ron pillado por sorpresa. Casi parecía estar preguntando si quería ese.

  • Azul, entonces - decidió su madre.

  • Azul te va a quedar muy bien, Ron. Muy bien - dijo Hermione para animarle, ya que aún parecía dudoso. Inmediatamente después ambos se sonrojaron hasta las orejas, pero el pelirrojo tenía una brillante sonrisa de oreja a oreja.

— No tenéis la inicial en los vuestros**— observó George****— . Supongo que ella piensa que no os vais a olvidar de vuestros nombres. Pero nosotros no somos estúpidos... Sabemos muy bien que nos llamamos Gred y Feorge.**

Muchos resoplaron divertidos. Solo los gemelos harían algo así.

  • Así que es por eso por lo que os llamáis así el uno al otro - dijo Neville en voz alta, cayendo en la cuenta de por qué hacían eso. Siempre le había parecido de lo más extraño, pero nunca se había atrevido a preguntárselo.

  • Mamá siempre nos estaba poniendo la inicial en la ropa cuando éramos pequeños - explicó Fred moviendo una mano para señalar al aire en general entre su hermano y él.

  • Para diferenciarnos o algo. Aunque no ayudaba mucho cuando aprendimos a intercambiarnos las camisetas

  • la sonrisa de George era la misma que ponía cuando iban a gastar una broma. Y habían gastado muchas con ese truco.

—¿Qu****é es todo ese ruido?

Percy Weasley asomó la cabeza a través de la puerta, con aire de desaprobación. Era evidente que había ido desenvolviendo sus regalos por el camino, porque también tenía un jersey bajo el brazo, que Fred vio.

—¡P de prefecto!

Todos estallaron en carcajadas de nuevo. Todos excepto Percy, por supuesto, ya que el pobre chico estaba tan rojo como su pelo y fulminaba a los gemelos con la mirada, teniendo cuidado de no mirar a nadie más. Iba a matarles por esta broma...

Pruébatelo, Percy, vamos, todos nos lo hemos puesto, hasta Harry tiene uno.

— Yo... no... quiero**— dijo Percy, con firmeza, mientras los gemelos le metían el jersey por la cabeza, tirándole las gafas al suelo.**

— Y hoy no te sentarás con los prefectos**— dijo George****— . La Navidad es para pasarla en familia.**

Los Weasley asintieron totalmente de acuerdo. Arthur y Molly miraban a todos sus hijos con cariño, orgullosos de las personas en las que se estaban convirtiendo.

Incluso Percy estaba sonriendo muy a su pesar. A veces se le olvidaba que había más cosas aparte de los libros y los estudios, pero todas esas veces podía contar con alguno de sus hermanos para darle un tirón de orejas y recordarle lo que de verdad importa. Sinceramente, por mucho que fingiese que le molestaba, esperaba que no dejasen de hacer eso nunca.

Cogieron a Percy y se lo llevaron de la habitación, con los brazos sujetos por el jersey.

Harry no había celebrado en su vida una comida de Navidad como aquélla. Un centenar de pavos asados, montañas de patatas cocidas y asadas, soperas llenas de guisantes con mantequilla, recipientes de plata con una grasa riquísima y salsa de moras, y muchos huevos sorpresa esparcidos por todas las mesas. Estos fantásticos huevos no tenían nada que ver con los flojos artículos de los muggles, que Dudley habitualmente compraba, ni con juguetitos de plástico ni gorritos de papel. Harry tiró uno al suelo y no sólo hizo ¡pum!, sino que estalló como un cañonazo y los envolvió en una nube azul, mientras del interior salían una gorra de contraalmirante y varios ratones blancos, vivos. En la Mesa Alta, Dumbledore había reemplazado su sombrero cónico de mago por un bonete floreado, y se reía de un chiste del profesor Flitwick.

A los pavos les siguieron los pudines de Navidad, flameantes. Percy casi se rompió un diente al morder un sickle de plata que estaba en el trozo que le tocó. Harry observaba a Hagrid, que cada vez se ponía más rojo y bebía más vino, hasta que finalmente besó a la profesora McGonagall en la mejilla y, para sorpresa de Harry, ella se ruborizó****y ri ó, con el sombrero medio torcido.

  • ¡¿Minnie?! - Sirius no daba crédito a sus oídos. ¿La estricta de McGonagall comportándose así?

  • Yo también soy capaz de disfrutar las fiestas, Sirius - replicó ella mirándole con un brillo divertido en los ojos. Le estaba costando un montón de esfuerzo no echarse a reír.

  • Pero... Pero... - balbuceó el animago estupefacto -. ¡Eres Minnie! ¡Nosotros jamás te vimos ruborizarte en los siete años que estuvimos en el colegio! Y ahora que lo pienso, no sé si te vi reírte. Sonreír sí, por supuesto, no eres Snape, ¿pero reírte?

  • Parece que nos perdimos muchas cosas en el colegio, Canuto - le consoló Remus dándole una palmadita en el hombro.

  • Y yo que creía que nadie podía tener unos años más locos que los que tuvimos nosotros. Y va Harry y tiene a Minnie riéndose en su primer año - dijo Sirius sacudiendo la cabeza aún sorprendido.

  • ¿De todas las cosas que han ocurrido, te quedas con eso? - preguntó Tonks incrédula. A veces no entendía a su primo.

  • Es Minnie ruborizándose y riéndose en vez de regañar a Hagrid por emborracharse delante de los alumnos, Tonks. No hay muchas cosas más imposibles que eso - replicó Sirius muy serio.

Cuando Harry finalmente se levantó de la mesa, estaba cargado de cosas de las sorpresas navideñas, y que incluían globos luminosos que no estallaban, un juego de Haga Crecer Sus Propias Verrugas y piezas nuevas de ajedrez. Los ratones blancos habían desaparecido, y Harry tuvo el horrible presentimiento de que iban a terminar siendo la cena de Navidad de la Señora Norris.

Harry y los Weasley pasaron una velada muy divertida, con una batalla de bolas de nieve en el parque.

  • Esa batalla de nieve fue épica - sonrió Ron entusiasmado. Estaba prácticamente saltando en su asiento al recordarla.

  • George y yo os pegamos una paliza. Ni siquiera visteis venir las bolas de nieve - rio Fred.

  • ¡Hey, eso no fue así!

  • protestó Ron indignado.

  • ¿Ah, no, Ronnie? Yo recuerdo un bolazo que te dio en toda la frente cuando te asomaste desde detrás del fuerte - le pinchó George con una pícara sonrisa.

  • Mira quién fue a hablar. ¿Quiénes te tiraron uno de los muros de vuestro fuerte encima? - intervino Harry.

  • Eso no fuisteis vosotros - murmuró George algo sonrojado.

  • ¿Cómo que no? - exclamó Ron.

  • Yo lancé la rama que lo tiró mientras estabais distraídos intentando darle a Ron - explicó Harry con una sonrisa traviesa.

  • ¿Lo planeasteis? - preguntó Fred estupefacto.

  • Yo lo planeé - dijo Ron orgulloso.

  • Estrategia digna de un experto de ajedrez - dijo Harry haciéndole sonrojar, aun sonriendo encantado. Chocaron los cinco triunfantes por encima de la cabeza de Hermione y solo entonces Ron se dio cuenta de que Harry temblaba ligeramente.

  • ¿Harry? - el pelirrojo le agarró la mano cuando chocaron los cinco y frunció el ceño al ver que estaba congelada.

  • Solo hace frío, Ron. Estoy bien - respondió Harry recuperando su mano rápidamente, aunque su amigo seguía frunciendo el ceño.

  • Estamos en junio, Harry. Lo que hace es calor - replicó Hermione dándose cuenta de lo mismo que el pelirrojo.

  • Pero en el libro estamos en diciembre y acabamos de tener una batalla de bolas de nieve. Así que sí hace frío porque estoy calado - respondió Harry encogido en sí mismo.

  • Lee, Tonks - le metió prisa Ron, pero no hacía falta porque la metamorfomaga ya había empezado a buscar la línea por la que iba al darse cuenta de lo que pasaba.

Más tarde, helados, húmedos y jadeantes, regresaron a la sala común de Gryffindor para sentarse al lado del fuego.

  • Ahora se está bien - suspiró Harry relajándose.

Allí Harry estrenó su nuevo ajedrez y perdió espectacularmente con Ron. Pero sospechaba que no habría perdido de aquella manera si Percy no hubiera tratado de ayudarlo tanto.

  • Probablemente - dijo Bill mirando con una sonrisa divertida al mirar a su hermano.

  • ¡Hey! - protestó Percy sonrojándose.

  • Vamos, Perce, sabes que el ajedrez no es lo tuyo - dijo Charlie riendo.

  • Serás muy listo y serás prefecto - dijo George sonriendo.

  • Pero la estrategia no se te da nada bien - dijo Fred intentando no echarse a reír.

Después de un t****é con bocadillos de pavo, buñuelos, bizcocho borracho y pastel de Navidad, todos se sintieron tan hartos y soñolientos que no podían hacer otra cosa que irse a la cama; no obstante, permanecieron sentados y observaron a Percy, que perseguía a Fred y George por toda la torre Gryffindor porque le habían robado su insignia de prefecto.

Los Gryffindor rieron por lo bajo. Todos ellos habían visto ese espectáculo varías veces en esos últimos dos años. Y aún así jamás dejaba de hacerles reír al verlo.

Fue el mejor día de Navidad de Harry. Sin embargo, algo daba vueltas en un rincón de su mente. En cuanto se metió en la cama, pudo pensar libremente en ello: la capa invisible y quién se la habí****a enviado.

  • Oh, la vas a usar. La vas a usar. La vas a usar. La va a usar, Lunático - Sirius estaba que no era capaz de contener la emoción y botaba en su asiento entusiasmado.

  • Lo sé, Canuto, ya lo sé. Pero no sé qué te sorprende. En algún momento iba a usarla - replicó Remus poniendo los ojos en blanco.

  • Pero es la primera vez, Lunático. ¿Qué hiciste, Harry? ¿Adónde fuiste? Dime que fuiste a buscar las cocinas - el animago acribilló a preguntas a su ahijado.

  • Aún no sé dónde están las cocinas - dijo Harry sonriendo divertido al ver la expresión entre perpleja y horrorizada de Sirius.

  • ¡¿No sabes todavía dónde están?! - exclamó sin creérselo.

  • Incluso teniendo la capa, no me he dedicado a explorar el castillo de noche. Normalmente tenemos otras cosas en las que pensar - dijo Harry a la defensiva.

  • Esto tenemos que arreglarlo. Tienes que ver las cocinas antes de que terminemos de leer - siguió diciendo Sirius ignorando el comentario del chico.

  • Podemos ir hoy después de terminar de leer - propuso Harry inocentemente.

  • ¡Sí! - exclamó su padrino entusiasmado.

  • ¡No! - se oyó al mismo tiempo a la señora Pomfrey.

  • ¿No? - repitió Sirius desinflándose desanimado.

  • ¡Por supuesto que no! Hoy después de leer tiene que venir conmigo a la enfermería, señor Potter. No crea que se me ha olvidado - dijo ella mirando severa a Harry. Él solo suspiró decepcionado por qué no hubiese funcionado su intento de evadir la enfermería, aunque sabía que había tenido pocas posibilidades antes de empezar.

  • ¿Mañana entonces? - preguntó Sirius deseando enseñarle las cocinas a su ahijado.

  • Mañana - sonrió Harry.

Ron, harto de pavo y pastel y sin ningún misterio que lo preocupara, se quedó dormido en cuanto corrió las cortinas de su cama. Harry se inclinó a un lado de la cama y sacó****la capa.

De su padre... Aquello había sido de su padre. Dejó que el género corriera por sus manos, más suave que la seda, ligero como el aire.« Utilízalo bien» , decí****a la nota.

Tenía que probarla. Se deslizó fuera de la cama y se envolvió en la capa. Miró hacia abajo y vio sólo la luz de la luna y las sombras. Era una sensación muy curiosa.

  • Y absolutamente genial - se oyó a Harry desde algún sitio al lado de Hermione.

  • Cada vez que pienso que este hechizo no puede causar cosas más extrañas, va y sucede algo como esto

  • murmuró Tonks decidiendo que era mejor seguir leyendo y no buscarle lógica a lo que estaba ocurriendo.

« Utilí****zalo bien.»

De pronto, Harry se sintió muy despierto. Con aquella capa, todo Hogwarts estaba abierto para él. Mientras estaba allí, en la oscuridad y el silencio, la excitació****n se apoder ó de él. Podía ir a cualquier lado con ella, a cualquier lado, y Filch nunca lo sabría.

Ron gruñóentre sue ños. ¿Debía despertarlo? Algo lo detuvo. La capa de su padre... Sintió que aquella vez (la primera vez) querí****a utilizarla solo.

Harry se sonrojó avergonzado y miró de reojo a Ron.

  • ¿Se supone que estás esperando a que me enfade contigo y deje de hablarte? - preguntó Ron divertido.

  • Tanto como dejar de hablarme, no, pero... - empezó Harry poniéndose más rojo todavía, aunque parecía imposible.

  • Es la capa de tu padre. Yo también habría querido utilizarla solo la primera vez - le cortó el pelirrojo con una sonrisa, antes de que Harry pusiese más excusas.

Salió cautelosamente del dormitorio, bajó la escalera, cruzó****la sala com ún y pasó por el agujero del retrato.

—¿Quién está ahí**?****—chill ó la Dama Gorda. Harry no dijo nada. Anduvo rápidamente por el pasillo.**

Para sorpresa de todos, Sirius y Remus se echaron a reír escandalosamente, sobresaltando a todos los que estaban cerca.

  • ¿Te... Te acuerdas...?

  • empezó a decir Sirius, pero no pudo terminar antes de reírse de nuevo.

  • ¿Cuántos sustos de esos le dimos? - dijo Remus más calmado, pero incapaz de dejar de sonreír de oreja a oreja.

  • Los echaba de menos. En séptimo curso ya no se asustaba nunca. Se había acostumbrado a que se abriese solo el retrato - Sirius se limpió las lágrimas que se le habían salido de la risa.

  • Yo creo que sabía que éramos nosotros - suspiró Remus divertido.

  • Si habéis acabado ya con los recuerdos, los demás vamos a seguir leyendo - interrumpió Moody con un gruñido. Estaba impaciente con este capítulo. No veía qué tenía de importante para derrotar a Voldemort.

¿Adónde iría? De pronto se detuvo, con el corazón palpitante, y pensó. Y entonces lo supo. La Sección Prohibida de la biblioteca.

  • ¿En serio, Harry? - preguntó Sirius alzando una ceja algo decepcionado -. ¿A la biblioteca?

  • Síp. A la biblioteca

  • asintió Harry con una sonrisa, sin acordarse de que no le podían ver en ese momento. No le importaba lo que pensasen. Ese viaje a la biblioteca había sido importante, aunque no por los libros.

  • ¿Qué estás tramando?

  • George miró suspicaz en su dirección.

  • ¿Qué piensas hacer? - preguntó Fred frunciendo el ceño.

  • ¿Qué os parece que voy a hacer? Cualquiera diría que no estáis escuchando la lectura. No hace falta ser Hermione para averiguar lo que voy a hacer - se mofó Harry sin malicia.

  • ¿Y eso qué significa, Harry Potter? - preguntó Hermione dándole un manotazo en el hombro por el comentario. Bueno, se supone que le iba a dar en el hombro, pero acabó dándole en la nuca.

  • ¡Hermione! - protestó Harry frotándose la parte de atrás de la cabeza -. Encima era un cumplido y todo.

Iba a poder leer todo lo que quisiera, para descubrir quién era Flamel. Se ajustó la capa y se dirigió hacia allí.

La biblioteca estaba oscura y fantasmal. Harry encendióuna l ámpara para ver la fila de libros. La l ámpara parecía flotar sola en el aire y hasta el mismo Harry, que sentía su brazo llevándola, tenía miedo.

  • Esto es muy raro - dijo Fred mirando el brazo flotante de Harry con una mezcla de fascinación morbosa y horror.

  • Totalmente escalofriante - asintió George al parecer incapaz de apartar la vista.

La Secci ón Prohibida estaba justo en el fondo de la biblioteca. Pasando con cuidado sobre la soga que separaba aquellos libros de los demás, Harry levantó la lámpara para leer los tí****tulos.

No le dec ían mucho. Las letras doradas formaban palabras en lenguajes que Harry no conocía. Algunos no tenían títulos. Un libro ten ía una mancha negra que parecía sangre. A Harry se le erizaron los pelos de la nuca. Tal vez se lo estaba imaginando, tal vez no, pero le parecióque un murmullo sal ía de los libros, como si supieran que había alguien que no debía estar allí.

Algunos de los alumnos más pequeños suprimieron un escalofrío al oír la descripción. Esto quitaba las ganas de ir a visitar la Sección Prohibida a escondidas como estaba haciendo Harry. Mejor mantenerse lejos.

  • ¿Los libros saben que estás ahí sin permiso? - preguntó Neville horrorizado, con los ojos abiertos como platos.

  • No exactamente - negó Remus sonriéndole amablemente -. Muchos de esos libros están murmurando o hablando constantemente.

  • O gritando cuando los abres - murmuró Harry por lo bajo.

  • ¿Por qué son así? - preguntó Ginny algo pálida. Se fiaba muy poco de los libros que parecían tener vida propia después de lo que había pasado ese año.

  • Algunos fueron hechizaron para que fuesen así. Nadie quiere acercarse a libros que hablan - explicó Remus sin darse cuenta de que la niña solo palidecía más cuanto más hablaba él -. Otros tienen hechizos poderosos en ellos y eso ya da algo de vida de por sí.

  • Sí, sí, te hemos entendido, Remus - le cortó Harry rápidamente -. Algunos libros son peligrosos.

  • No hace falta que me lo repitas para que te crea - musitó Ron pensando en los que estaban leyendo en ese momento.

Tenía que empezar por algú****n lado. Dej ó la lámpara con cuidado en el suelo y miró en una estantería buscando un libro de aspecto interesante. Le llamó la atención un volumen grande, negro y plateado. Lo sacó con dificultad, porque era muy pesado y, balanceándolo sobre sus rodillas, lo abrió.

Un grito desgarrador; espantoso, cortó****el silencio... ¡El libro gritaba!

  • De todos los libros que podías coger, tenías que coger el que gritaba - Charlie sacudió la cabeza entre consternado y divertido.

  • Hay muchos que gritan, Charlie. La señora Pince a veces tiene que hacer un hechizo antes de entregártelo si el Silencio de siempre no funciona - señaló Bill.

  • Pero también hay muchos que no - rebatió Charlie -. Es la suerte de Harry la que ha hecho que eligiese ese.

  • Me da igual por qué haya sido, pero seguro que alguien le ha oído - intervino Tonks.

  • Le van a pillar - dijo Remus con los ojos como platos -. Aunque, bueno, a lo mejor con la capa se libra.

  • Primera noche con la capa y te van a pillar. ¡Harry! - protestó Sirius en broma.

  • ¿Quién te dice que me pillaron? - replicó Harry sonriendo.

  • ¿Filch estaba demasiado lejos y no te oyó? - preguntó Percy curioso.

  • No exactamente - respondió Harry.

Harry lo cerró de golpe, pero el aullido continuaba, en una nota aguda, ininterrumpida. Retrocedió****y choc ó con la lámpara, que se apagó de inmediato. Aterrado, oyó pasos que se acercaban por el pasillo, metió el volumen en el estante y salió corriendo. Pasó al lado de Filch casi en la puerta,

Todos contuvieron la respiración como si fuesen ellos mismos los que intentaban escapar en ese momento.

y los ojos del celador; muy abiertos, miraron a través de Harry. El chico se agachó, pasó por debajo del brazo de Filch y siguió por el pasillo, con los aullidos del libro resonando en sus oí****dos.

Y todos respiraron hondo a la vez.

  • Merlín, eso ha estado demasiado cerca - murmuró Fred.

  • Muy muy cerca. Nosotros no habríamos podido pasar - dijo George.

  • Entonces es estupendo que yo sea mucho más pequeño que vosotros - dijo la voz de Harry desde detrás, haciendo que saltasen del sofá y rompiendo la tensión que quedaba en el Gran Comedor.

  • ¡Harry! ¿Otra vez la misma broma con nosotros? - protestó George.

  • Y otra vez habéis picado - respondió Harry riéndose a carcajadas.

  • ¡No se gastan bromas a tus compañeros de travesuras! - exclamó Fred con algo que se parecía mucho a un gemido.

  • Como si vosotros jamás hubieseis intentado gastarme una a mí - bufó Harry volviendo a su sitio.

Se detuvo de pronto frente a unas armaduras. Había estado tan ocupado en escapar de la biblioteca que no habí****a prestado atenci ón al camino.

  • Oh, venga, ya, Harry

  • gruñó Fred dejando caer la cabeza entre sus manos -. Esto ya pasó hace un par de capítulos.

  • ¿Encontrarte a Fluffy no te sirvió para aprender a fijarte en el camino? - preguntó George algo desesperado.

  • Hey, que me perseguía Filch - se defendió Harry.

  • Más excusa todavía para fijarte - rebatió George.

  • ¿Cómo vas a encontrar escondites si no sabes dónde estás? ¿Y cómo vas a volver rápido a la sala común sin que te vean? - señaló Fred alzando una ceja.

  • Ahora ya da igual. Ya no me pierdo en el castillo - cambió de tema Harry agradeciendo que no le veían cuando se sonrojó ligeramente.

Tal vez era porque estaba oscuro, pero no reconoció el lugar donde estaba. Había armaduras cerca de la cocina, eso lo sabía, pero debía de estar cinco pisos m ás arriba.

— Usted me pidió que le avisara directamente, profesor, si alguien andaba dando vueltas durante la noche, y alguien estuvo en la biblioteca, en la Sección Prohibida.

Harry sinti ó que se le iba la sangre de la cara. Filch debía de conocer un atajo para llegar a donde él estaba, porque el murmullo de su voz se acercaba cada vez más

  • ¿Filch? ¿Otra vez? A este paso te va a acabar pillando. Es la tercera vez que te encuentras con él por los pasillos de noche y esta vez está muy cerca - se lamentó Charlie.

  • Tiene la capa - les recordó Bill, pero él tampoco parecía del todo convencido.

  • La capa te hace invisible, pero pueden seguir chocando contigo. Esconde, pero no hace desaparecer - dijo Remus mordiéndose el interior de la mejilla nervioso.

  • No van a pillar a mi ahijado - dijo Sirius con total confianza -. Ya veréis. Sigue, Tonks. ¿Tonks?

Sirius frunció el ceño confundido y algo asustado al ver la expresión horrorizada que tenía la metamorfomaga.

  • Te juro por Merlín que no tenía ni idea - dijo ella mirando a Harry con la boca abierta.

  • Lo sé - sonrió él divertido.

  • ¿Qué? ¿A qué te refieres? ¿Qué ocurre? - Sirius lanzaba una pregunta tras otra sin dar tiempo a responder.

  • Simplemente que creo que a partir de ahora me creo las cosas más imposibles cuando está Harry involucrado. No voy a volver a decir que las cosas no se pueden poner peor - Tonks sacudió la cabeza perpleja.

y, para su horror, el que le contestaba era Snape.

  • Oh, venga, ya - gruñó Sirius -. ¿Snape? ¿Con Filch? ¿En serio?

  • ¿No dijiste tú que era una suerte que no se hubiesen encontrado con Filch y Snape la noche que se toparon con Fluffy? - preguntó Remus mirando a Tonks.

  • ¿Por qué crees que he dicho que voy a dejar de suponer cosas? - replicó Tonks -. Esta es la tercera vez que ocurre, después del imposible del trol y el elfo doméstico en casa de los Dursley.

  • Entonces sí, por favor, deja de suponer cosas - suplicó la señora Weasley. Sabía que era pura casualidad, pero... por si acaso. No creía que pudiese aguantar los siete libros si cada nueva posibilidad, más loca que la anterior, se cumplía de alguna forma.

**—¿**La Secci ón Prohibida? Bueno, no pueden estar lejos, ya los atraparemos.

Harry se quedó petrificado, mientras Filch y Snape se acercaban. No podían verlo, por supuesto, pero el pasillo era estrecho y, si se acercaban mucho, iban a chocar contra él. La capa no ocultaba su materialidad.

Remus se mordió el labio recordando que él mismo había dicho algo parecido hacía unos minutos.

  • Te van a pillar - dijo Bill ya casi seguro.

  • No me van a pillar - le contradijo Harry con el ceño fruncido.

  • Pues no veo cómo vas a evitarlo - replicó el pelirrojo.

  • Nadie lo sabe. Solo ocurre - intervino Ron apoyando a Harry -. Un poco de fe en él. No le van a pillar.

Bill aún no parecía nada convencido, pero asintió casi imperceptiblemente y decidió callarse.

Retrocedió lo más silenciosamente que pudo. A la izquierda había una puerta entreabierta. Era su ú****nica esperanza.

La esperanza de todos se encendió en el Gran Comedor. Se inclinaron hacia delante rezando por que consiguiese esconderse allí sin que le viesen. Incluso Bill parecía creerse un poco más las palabras de su hermano.

Se desliz ó, conteniendo la respiración y tratando de no hacer ruido. Para su alivio, entró en la habitación sin que lo notaran. Pasaron por delante de él y Harry se apoyó contra la pared, respirando profundamente, mientras escuchaba los pasos que se alejaban. Habían estado cerca, muy cerca.

  • Demasiado cerca - suspiró el señor Weasley relajándose en el sofá. Estos libros eran horribles para la salud de uno.

  • No me puedo creer que de verdad consiguieras escapar - dijo Bill perplejo.

  • ¿Qué posibilidades había de que hubiese una puerta? ¿Y de que consiguieses abrirla sin que te viesen? - preguntó Percy mirando de reojo al profesor de Pociones. El hombre parecía haberse tragado un limón al darse cuenta de lo cerca que había estado de descubrir a Potter sin éxito.

  • Muy pocas - dijo Hermione sonriente.

  • Tienes mucha suerte - declaró Ginny mirando a Harry.

  • Buena y mala - asintió Harry de acuerdo.

Transcurrieron unos pocos segundos antes de que se fijara en la habitación que lo habí****a ocultado.

Parecía un aula en desuso. Las sombras de sillas y pupitres amontonados contra las paredes, una papelera invertida y apoyada contra la pared de enfrente... Había algo que parecí****a no pertenecer all í, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio.

Harry perdió la sonrisa de inmediato y se tensó en el asiento. Ron y Hermione le miraron preocupados, los tres sabiendo perfectamente lo que venía.

**Era un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras. Tenía una inscripción grabada en la parte superior:**Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse .

  • ¿Qué? ¿Qué has dicho?

  • interrumpió Sirius sin comprender.

  • Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse - repitió Tonks despacio para asegurarse de que estaba leyéndolo bien. Ella también tenía el ceño fruncido por la confusión.

  • ¿Qué demonios quiere decir eso? - preguntó Bill perplejo. No se había cruzado con nada parecido en las pirámides.

  • ¿Un código? - sugirió Charlie.

  • ¿Por qué utilizarían letras entonces? ¿Por qué no usar símbolos completamente distintos? - dijo Remus dándole vueltas en su cabeza.

  • ¿Un lenguaje distinto? - dijo Neville tímidamente.

  • Puede ser, pero no me suena parecido a nada que haya escuchado antes - dijo Bill. Todos sacudieron la cabeza de acuerdo.

Solo el trío estaba en silencio en el sofá. Bueno, el trío y cierta Ravenclaw rubia de primer año, que miraba a Harry llena de comprensión y simpatía. Oh, Harry..., pensó con tristeza, adivinando en seguida lo que iba a ver Harry en el espejo, pero no sintió pena por el chico. Ella odiaba cuando otros sentía pena por ella por haber perdido a su madre y sabía que Harry sentiría lo mismo.

Ya no oía ni a Filch ni a Snape, y Harry no tenía tanto miedo. Se acercó al espejo, deseando mirar para no encontrar su imagen reflejada. Se detuvo frente a él.

  • Ehh... No sé si es buena idea que mire en ese espejo - dijo Kingsley para sí mismo, sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.

  • ¿Qué? ¿Por qué? - preguntó la señora Weasley.

  • Porque puede ser peligroso. Hay espejos que hechizan a los que se miran en ellos, otros que se tragan a los que aparecen en el reflejo y otros que hacen cosas peores. Con una inscripción extraña que no se sabe lo que significa, yo no me arriesgaría - explicó Kingsley encogiéndose un poco de hombros, casi como disculpándose.

  • Pero eso no pasó, obviamente - intervino Harry mirando mal a Kingsley. ¿Qué más da que fuese un auror entrenado que probablemente le triplicaba la edad? -. Estoy aquí, por si se os había olvidado.

  • Bueno, Harry, llevamos un rato sin poder verte. ¿Cómo podemos estar seguros de que sigues aquí? - preguntó Fred inocentemente.

  • ¿Cómo podemos estar seguros de que eres el verdadero Harry en realidad? - preguntó George fingiendo estar horrorizado -. ¡Podrías ser un clon que salió del espejo cuando el verdadero Harry quedó atrapado aquella noche!

  • ¡Y el verdadero Harry seguiría ahí todavía! - exclamó Fred siguiéndole el juego.

  • No digáis tonterías - bufó Harry divertido.

  • Con la de cosas extrañas que te ocurren, Harry, eso no sería tan raro - dijo Hermione riéndose por lo bajo.

  • Por suerte no ocurrió

  • sonrió Harry -. En serio, no pasó nada de eso.

Tuvo que llevarse las manos a la boca para no gritar.

  • ¡¿No decías que no pasó nada?! - exclamó Sirius sobresaltado.

  • He dicho nada de eso. Algo pasó, obviamente, o no aparecería en los libros - se defendió Harry.

  • ¿Qué ocurrió, Harry?

  • preguntó Arthur nervioso.

  • Nada malo, señor Weasley. Prometido - aseguró Harry.

  • ¿Entonces? ¿Por qué estuviste a punto de gritar? - preguntó la señora Weasley preocupada.

  • No por nada malo, señora Weasley. Solo me sorprendí. A pesar de que estuvieron a punto de pillarme esa noche, no me arrepiento de haber salido de la torre. Volvería a hacerlo, solo por la posibilidad de volver a tener lo que conseguí aquella noche. Fue el mejor regalo de Navidad que me podían haber hecho. Solo... Me gustaría que no tuviésemos que leerlo delante de todos. Esto es algo que no tendría por qué saber nadie salvo los que ya lo saben - explicó Harry con el ceño fruncido. Había ido ganando cada vez más convicción según hablaba, seguro de que esto era muy injusto para él.

Giró en redondo. El corazón le lat ía más furiosamente que cuando el libro había gritado... Porque no s ólo se había visto en el espejo, sino que había mucha gente detrá****s de él.

Todos fruncieron el ceño confundidos. La curiosidad superaba el vago sentimiento de vergüenza que habían creado en ellos las palabras de antes de Harry. ¿Mucha gente? ¿Qué? Esto cada vez tenía menos sentido. Sobre todo si hubiesen podido ver la expresión de anhelo en la cara de Harry.

Si se había asustado a ver a esa gente, ¿por qué iba a querer verlos? La única que comprendía de momento seguía siendo Luna, pero era lo suficientemente discreta como para no decir nada de momento.

Pero la habitación estaba vacía. Respirando agitadamente, volvió a mirar el espejo.

Allí estaba él, reflejado, blanco y con mirada de miedo y allí**, reflejados detr á****s de él, había al menos otros diez. Harry miró por encima del hombro, pero no había nadie allí. ¿O también eran todos invisibles? ¿Estaba en una habitación llena de gente invisible y la trampa del espejo era que los reflejaba, invisibles o no?**

Cuanto más leían, más confundidos estaban todos. ¿Había gente o no había gente? ¿Era magia negra o no? ¿Se había vuelto Harry loco? ¿A lo mejor estaba soñando? No, eso no podía ser, o estaría dormido en ese momento. Pero solo tenían más y más preguntas y demasiadas pocas respuestas para su gusto.

Miró otra vez al espejo. Una mujer, justo detrás de su reflejo, le sonreía y agitaba la mano. Harry levantó una mano y sintió el aire que pasaba. Si ella estaba realmente allí, debía de poder tocarla, sus reflejos estaban tan cerca... Pero só****lo sinti ó aire: ella y los otros existían sólo en el espejo.

Vale, así que no estaban en la habitación. Una opción descartada. ¿Pero quiénes eran?

Era una mujer muy guapa. Tenía el cabello rojo oscuro y sus ojos...« Sus ojos son como los míos» , pensó Harry, acercá****ndose un poco m ás al espejo.

Se les trabó la respiración a los que reconocieron esa descripción. Solo conocían de otra persona con unos ojos como los de Harry. Eran imposibles de olvidar.

  • Lily... - musitó Snape tan bajo que nadie le oyó. Pocas cosas conseguían sorprenderle, pero ahora tenía los ojos abiertos como platos en shock y ni siquiera se estaba preocupando por ocultarlo. Él sabía qué espejo era ese y él también había visto a esa persona en el reflejo la única vez que se había asomado. No podía creerse que tuviese algo en común con el chico Potter...

  • Oh, Merlín - susurró Remus decaído. Sirius parecía igual de sorprendido.

-Pelirroja...

  • soltó una exclamación ahogada. ¿Sería posible que...?

Verde brillante, exactamente la misma forma, pero entonces notó que ella estaba llorando, sonriendo y llorando al mismo tiempo. El hombre alto, delgado y de pelo negro que estaba al lado de ella le pasó el brazo por los hombros. Llevaba gafas y el pelo muy desordenado. Y se le ponía tieso en la nuca, igual que a Harry.

  • James - suspiraron los dos merodeadores a la vez. Tenía una expresión de profundo anhelo, deseando entrar en el libro y poder estar de pie junto a Harry para verle ellos también.

Después de casi doce años, a veces, durante un breve instante de pánico, no recordaban cómo sonaba su risa o les costaba imaginarse cómo se le encendían los ojos cuando planeaba una broma. Se les olvidaba cómo surcaba el cielo a toda velocidad en su escoba haciendo maniobras imposibles y se les olvidaba la enorme sonrisa que tenía cuando por fin volvía al suelo, o cómo parecía aún más despeinado que de costumbre.

No solo olvidaban cosas de James. A veces tenían que esforzarse por volver a escuchar en sus mentes a Lily regañando a James o cantándole suavemente a Harry por la noche. Era difícil recordar cómo el pelo de Lily parecía en llamas cuando se enfadaba o cómo echaba chispas por los ojos cuando algo la sacaba de quicio, cómo fruncía el ceño concentrada cuando había un problema que se le resistía y cómo se le iluminaba la cara cuando lo entendía. A veces olvidaban su sonrisa amable cuando ayudaba a alguien o sus carcajadas al reírse de alguna de las tonterías de los merodeadores.

No habían olvidado a sus dos amigos. Nunca lo harían. Pero era aterrador darse cuenta de que algunos detalles se empezaban a disolver en los recuerdos por mucho que se esforzasen en conservarlos. Empezaban a olvidar las pequeñas cosas que les hacían ser James y Lily. Y darían lo que fuera por volver a estar con ellos cinco minutos, por volver a oírlos y refrescar todos esos recuerdos.

Harry estaba tan cerca del espejo que su nariz casi tocaba su reflejo.

—¿Mamá**?—susurró— . ¿Papá?**

Harry nunca había agradecido tanto como en ese momento ser invisible. Menos mal que no se había quitado la capa aquella noche, a pesar de que ni se había fijado entonces. No quería las miradas de pena que estaban mandando en su dirección. Se sentía mejor sin que le viesen, aunque algunos pensasen que era un cobarde por no querer afrontarlo, pero no aguantaba ese sentimiento inútil que solo le hacía sentirse peor.

Solo consintió la mano de Hermione, que buscó a tientas la suya discretamente y le dio un fuerte apretón. Ni siquiera miró en su dirección ni le dijo nada, pero justo por eso le reconfortó mucho más. La chica sabía que no podía decir nada porque nada haría que las cosas estuviesen bien y ella no podía comprenderlo aunque quisiese, así que guardó silencio y dejó que Harry le apretase la mano en busca de apoyo.

Entonces lo miraron, sonriendo. Y lentamente, Harry fue observando los rostros de las otras personas, y vio otro par de ojos verdes como los suyos, otras narices como la suya, incluso un hombre pequeño que parecía tener las mismas rodillas nudosas de Harry. Estaba mirando a su familia por primera vez en su vida.

Había pocos que tuviesen los ojos secos llegados a este punto.

  • Oh, Harry - sollozó la señora Weasley abrazándose a su marido y Harry, por mucho cariño que le tuviese, agradeció ser invisible en ese momento. Sino, estaba seguro de que la mujer se habría levantado para abrazarle y él no quería eso en ese momento.

  • Muévete, Harry - dijo Luna dándole un toque en el hombro, sin tener que buscarle a tientas, como si le viese perfectamente. Harry obedeció mirándola entre perplejo y curioso. Ni siquiera la había visto acercarse hasta que estaba a su lado.

  • ¿Qué estás haciendo, Luna? - preguntó Ron apretándose contra el brazo del sofá para que cupiesen los cuatro.

  • Sentarme al lado de Harry - respondió ella.

  • ¿Por qué? - preguntó el pelirrojo completamente confundido, pero la chica solo tarareó por lo bajo.

Todos estaban perplejos y casi esperaban que Harry le pidiese que volviese a su sitio. Sin embargo, Harry no hizo nada de eso. Él había el único que había oído el murmullo de Luna en respuesta a la pregunta de Ron.

  • Harry no es el único que ve en el espejo a alguien a quien ya no puede tener a su lado.

No sabía a quién se refería la chica, pero por primera vez sintió que había alguien que entendía algo de lo que estaba sintiendo. Así que solo le apretó la mano como Hermione había hecho con él y no hizo amago de soltarla.

Los Potter sonrieron y agitaron las manos, y Harry permaneció mirándolos anhelante, con las manos apretadas contra el espejo, como si esperara poder pasar al otro lado y alcanzarlos. En su interior sentía un poderoso dolor, mitad alegría y mitad tristeza terrible.

Nadie decía ni una palabra, temerosos de decir algo que hiciese sentir mal a Harry. No estaba haciendo ni un ruido y no podían verle así que las únicas que podían intentar adivinar lo que estaba sintiendo eran las dos chicas que le tenían cogido de las manos.

Aún así, no hacía falta ser muy listo para saber que este no era el momento más fácil de la lectura para Harry así que cuanto más rápido pasase mejor.

No supo cu ánto tiempo estuvo allí. Los reflejos no se desvanecían y Harry miraba y miraba, hasta que un ruido lejano lo hizo volver a la realidad. No podía quedarse allí**, ten ía que encontrar el camino hacia el dormitorio. Apartó los ojos de los de su madre y susurró:****«Volveré» . Salió apresuradamente de la habitación.**

  • ¿Cuánto tiempo estuviste ahí, Harry? - preguntó la señora Weasley tímidamente. Harry había aparecido de nuevo, pero su rostro estaba en blanco, sin reflejar ninguna emoción, por lo que no estaba segura de cómo se iba a tomar la pregunta.

  • Toda la noche, señora Weasley. Llegué al dormitorio y en quince minutos o así después se despertó Ron

  • respondió él tratando de sonreír. No tuvo mucho éxito, solo consiguió una sonrisa pequeña y forzada que parecía más una mueca.

La señora Weasley apretó los labios resistiendo el impulso de regañarle por no haber dormido nada. Pero antes de que pudiese su marido le cogió del brazo para impedírselo. Lo último que necesitaba el chico después de ver por primera vez a sus padres era que le diesen un sermón.

— Podías haberme despertado**— dijo malhumorado Ron.**

  • Ron - dijo Hermione frunciendo el ceño.

  • ¿Qué? Yo también quería ver ese espejo - se defendió el pelirrojo débilmente. Ahora ya no estaba seguro de que elegiría verlo de nuevo, no sabiendo que todos iban a saber lo que había visto aquella noche.

— Puedes venir esta noche. Yo voy a volver; quiero enseñarte el espejo.

  • Tal vez deberías dormir, Harry. No puedes pasarte dos noches seguidas sin dormir - sugirió la señora Weasley.

  • Ahora ya no puedo hacer mucho para corregirlo, señora Weasley - Harry le dedicó una pequeña sonrisa.

  • Supongo que no, pero deberías dormir más, Harry - le regañó suavemente con el ceño fruncido.

— Me gustaría ver a tu madre y a tu padre**— dijo Ron con interé****s.**

  • No creo que sea un espejo que solo muestra a los Potter - dijo Tonks frunciendo el ceño. Este capítulo estaba despertando una maraña de sentimientos enorme (como casi todos los capítulos antes, así que nada nuevo) y no sabía si era mayor la simpatía que sentía por Harry o la curiosidad morbosa por ese espejo.

  • Claro que no. La inscripción decía claramente lo que mostraba el espejo - la corrigió Luna tranquilamente. Tardaron un minuto en comprender las implicaciones de lo que había dicho la chica.

  • ¿Entiendes lo que decía? - preguntó Remus perplejo. Él no había dejado de darle vueltas y aún no estaba más cerca de averiguarlo.

  • ¿Por qué no iba a entenderlo? - replicó ella como si la pregunta obvia fuese esa en vez de cómo lo había entendido.

  • ¡Porque no tiene sentido! - exclamó Sirius sin saber si tirarse de los pelos o sacudir a la chica.

  • Sí lo tiene. Todas las cosas lo tienen. A veces solo hay que ponerlas del derecho - respondió ella antes de ponerse a tararear de nuevo.

Todos la miraban boquiabiertos pensando que estaba loca o estaba mintiendo y en realidad no sabía lo que quería decir. La mayoría desdeñaron sus palabras y las olvidaron, prefiriendo centrarse de nuevo en la lectura.

Solo algunos pocos se quedaron pensando en lo que había dicho, como Dumbledore, que sonreía orgulloso porque él ya sabía lo que significaba, o Flitwick, que sabía que su alumna era más que brillante pero pensaba de una forma completamente distinta al resto.

Harry era uno de esos pocos. La miraba con el ceño fruncido, sabiendo instintivamente que Luna no mentía, que esa frase sí que tenía algún sentido que ella había visto. ¿Pero cómo? Ella había dicho que había que ponerlas del derecho, pero qué significaba eso. En ese momento deseó tener la frase escrita para poder verla. Las cosas serían mucho más fáciles si recordase cuál era exactamente.

— Y yo quiero ver a toda tu familia, todos los Weasley. Podrá****s ense ñarme a tus otros hermanos y a todos.

  • ¿Muestra a los familiares? - preguntó Bill curioso. Nunca había oído hablar de nada parecido.

  • No puede ser. Sino habrían aparecido los Dursley y el resto de la familia Evans - respondió Charlie frunciendo el ceño.

  • A lo mejor solo muestra los familiares que ya han fallecido - sugirió Tonks poco convencida.

  • Habrían aparecido los padres de Lily, que murieron cuando estábamos en séptimo - dijo Sirius frunciendo el ceño.

  • ¿Entonces qué va a ver Ron? - preguntó Percy haciendo que todos se girasen hacia Ron interrogantes.

  • No os lo voy a decir. Va a aparecer en el libro - replicó Ron rápidamente. Tenía las orejas rojas y evitaba mirar a nadie a la cara. Iba a odiar que apareciese porque solo Harry había sabido hasta entonces lo que había visto en el espejo.

Los demás apartaron la vista, pero le seguían echando miradas curiosas de vez en cuando. Tal vez lo que viese Ron les ayudase a descubrir cómo funcionaba el espejo.

— Puedes verlos cuando quieras**— dijo Ron****— . Ven a mi casa este verano. De todos modos, a lo mejor sólo muestra gente muerta.**

  • ¡Ron! - exclamó Hermione golpeándole el hombro con fuerza mientras el resto gruñía por lo bajo.

  • ¡Auch! ¡Hermione! - protestó el pelirrojo frotándose la parte dolorida. Miró a la chica con el ceño fruncido.

  • ¡Eres de lo más insensible! ¿Cómo le puedes decir eso a Harry? - le recriminó enfadada.

  • ¡Pero si Tonks ha dicho lo mismo antes! - protestó él indignado.

  • Hey, a mí no me metas en esto - se defendió Tonks aunque estaba algo sonrojada. Sí que había dicho algo así, ¿no?

  • Era solo una teoría. ¿Tú cómo lo habrías dicho, eh? - siguió Ron como si la metamorfomaga no hubiese hablado.

  • ¡No lo habría dicho! ¡Te esperas a estar seguro de que es esa teoría antes de proponerla! - replicó ella.

  • Ya empezamos otra vez

  • suspiró Harry antes de intervenir -. Chicos, hey - le ignoraron completamente -. Hey. ¡Hey! - consiguió llamar por fin su atención -. Da igual. No me molestó. No es como si la muerte de mis padres fuese un tema que hay que evitar eternamente.

Pero qué lástima que no encontraste a Flamel. ¿No quieres tocino o alguna otra cosa? ¿Por qué****no comes nada?

  • Menudos cambios de tema, Ronnie - se mofó Fred alzando una ceja.

  • Es casi peor que los de Hagrid - rio George sacudiendo la cabeza.

  • No sé qué más querríais hablar sobre ello. Por la noche cuando fuésemos podríamos hablar otra vez de eso, pero en ese momento no había nada que añadir - se defendió Ron frunciendo el ceño. Puede que Harry dijese que no había que evitar hablar de la muerte de los Potter, pero seguía siendo un tema delicado.

Harry no podí****a comer. Hab ía visto a sus padres y los vería otra vez aquella noche.

  • Harry, James y Lily seguirían queriendo que te cuidaras - le recriminó Remus suavemente.

  • No comer en ese momento no va a hacer que los veas antes - dijo Sirius melancólico.

  • No era por eso. Solo... No sé. No tenía hambre. Estaba demasiado nervioso - se defendió Harry sin mirar a nadie a los ojos. Había tenido un comportamiento casi obsesivo (más bien totalmente obsesivo) con el espejo durante esos dos días antes de encontrarse con Dumbledore. Le habría gustado que se hubiese quedado entre Ron y él como hasta entonces.

  • Harry... - empezó Remus con el ceño fruncido. Ese niño no podía permitirse saltarse comidas.

  • No me quedé sin comer, Remus - le cortó Harry.

No mencionó que solo había comido cuando Ron le dijo a los gemelos que Harry no había desayunado y entre los tres le arrastraron hasta el comedor. Fred y George no habían sabido qué le ocurría, pero se negaron a dejar que no comiese y prácticamente le ataron al asiento hasta que comió una cantidad decente. Y lo mismo pasó en la cena. Y en todas las comidas del día siguiente. Y durante al menos una semana estuvieron asegurándose de que comía algo en todas las comidas. Todavía les veía echar un vistazo en su dirección de vez en cuando para comprobar. Entre los gemelos y Ron, y después Hermione, era imposible que se saltase una comida.

Casi se había olvidado de Flamel. Ya no le parecía tan importante. ¿A qui én le importaba lo que custodiaba el perro de tres cabezas? ¿Y qué más daba si Snape lo robaba?

  • Me alegro que ya no estés pensando en eso, pero no creo que el espejo sea mucho mejor -dijo Tonks dubitativamente.

  • No seguí pensando en él mucho más tiempo de todas formas - dijo Harry encogiéndose de hombros causalmente, sin darle importancia. Era una mentira enorme. Ese espejo y lo que había visto en él había estado en su cabeza durante meses hasta que dejó de soñar con ello, pero, bueno, solo tenían que saber que había dejado de buscarlo.

  • Eso significa que volviste a centrarte en el paquete, ¿verdad? - preguntó Remus resignado.

  • Tenía que centrarme en alguna otra cosa, ¿no? - replicó Harry con una media sonrisa.

—¿Est ás bien?— preguntó Ron**—****. Te veo raro.**

Lo que Harry má****s tem ía era no poder encontrar la habitación del espejo. Aquella noche, con Ron también cubierto por la capa, tuvieron que andar con más lentitud.

  • Definitivamente Harry es el único afectado por el hechizo de los libros - dijo Hermione mirando a un lado y a otro. En un lado estaba Ron y en el otro un sitio entre Luna y ella. Y eso aunque ambos chicos estaban bajo la capa en el libro.

  • No sé si alegrarme o no - dijo Ron por lo bajo.

  • Alegrarte. No tiene por qué pasar por esto más gente de la necesaria - se oyó la voz de Harry.

  • ¿Y por qué tienes que ser tú? - dijo Ron. Iba contra todos sus instintos seguir haciendo algo que iba a hacer daño a Harry.

  • Suerte Potter, ¿recuerdas? - respondió Harry. Sonaba entre resignado y divertido al mismo tiempo.

  • ¿Y si hubiese sido yo también? - preguntó Ron casi curioso. Sabía cuál iba a ser la respuesta de Harry.

  • Habríamos decidido entre los dos. Tú ya sabes lo que he elegido. Ahora sería tu elección - contestó muy serio.

  • ¿Y si hubiese sido solo yo? - preguntó Ron suavemente. Harry hizo una pausa dándole vueltas.

  • Haríamos lo que tú quisieses. Ahora mismo estamos haciendo do lo que yo quiero así que, eligieses o no leerlos, haríamos lo que quisieses - dijo Harry dubitativo. Ron resopló divertido.

  • No te lo crees ni tú que me dejarías leerlos así como así. Probablemente habrías intentado destruirlos - rio Ron sabiendo que había hecho sonrojar a Harry.

  • Lo dices como si tú no has hecho lo mismo hace un rato - se defendió.

  • No lo niego. Pero no me culpes si más adelante intento hacer trizas alguno - sonrió Ron.

Trataron de repetir el camino de Harry desde la biblioteca, vagando por oscuros pasillos durante casi una hora.

— Estoy congelado**— se quejó Ron****— . Olvidemos esto y volvamos.**

—¡No!—susurr ó Harry— . Sé que estápor aqu í.

Harry tembló ligeramente y tuvo que apretar los dientes para que no tiritaran. Tan obsesionado estaba con volver a encontrar el espejo aquella noche que no se había dado cuenta del frío que tenía.

  • Os vais a poner enfermos. ¿No cogisteis por lo menos una chaqueta? - dijo la señora Weasley preocupada.

  • Sí, pero... - Ron se encogió de hombros -. Estuvimos una hora andando básicamente en pijama. Pero no nos pusimos malos. De verdad - se apresuró a asegurar antes de que su madre se enfadase.

Pasaron al lado del fantasma de una bruja alta, que se deslizaba en dirección opuesta, pero no vieron a nadie más.

  • Oh, la Dama Gris, probablemente - Luna parpadeó sorprendida -. Es una pena que no os pararais a hablar con ella. No mucha gente lo hace, a pesar de lo simpática que es.

  • ¿Quién es la Dama Gris? - preguntó Harry.

  • Es el fantasma de Ravenclaw, pero nadie sabe quién era realmente. No se sabe cuál es su nombre de verdad. Por eso se la conoce como la Dama Gris. Pero no le suele gustar hablar con la gente, más bien prefiere evitarla - explicó Hermione.

  • La gente solo le pregunta cosas sobre cuando estaba viva, intentando descubrir quién fue. Yo tampoco estaría contenta si me hiciesen preguntas que no quiero responder. Por eso nos llevamos bien. Yo no le preguntó sobre eso, ella no insiste en cosas sobre las que no quiero hablar - Luna se encogió de hombros frunciendo el ceño ligeramente.

Justo cuando Ron se quejaba de que tenía los pies helados, Harry divisó****la pareja de armaduras.

—Es all í... justo all í... ¡sí**!**

  • No sé si alegrarme o no de que lo haya encontrado - murmuró Sirius.

  • Ya. Yo tampoco - dijo Remus en el mismo tono.

Ambos querían volver a oír hablar de sus dos amigos y estaban contentos por que Harry les viese por segunda vez. Sin embargo, estaban preocupados. Esta obsesión que estaba desarrollando Harry no era buena.

Abrieron la puerta. Harry dejó caer la capa de sus hombros y corrió****al espejo.

Allí estaban. Su madre y su padre sonrieron felices al verlo.

Ahora sí que podían ver la expresión de Harry y les encogió el corazón a todos. Por mucho que Harry intentase dejar el rostro en blanco, todos veían perfectamente la alegría, la tristeza y el profundo anhelo que sentía, todo mezclado. Merlín, ¿por qué tenían que hacerle pasar por esto otra vez?

De nuevo, Harry apretó las manos de las dos chicas a su lado buscando apoyo y ellas respondieron de la única forma que podían. Le cogieron de la mano con la misma fuerza, sin importarles si les hacía daño o no. Si era lo único que podían hacer para compartir el dolor de Harry, eso era lo que iban a hacer.

—¿Ves?— murmuró Harry.

— No puedo ver nada.

**—¡**Mira! M íralos a todos... Son muchos...

— Sólo puedo verte a ti.

— Pero mira bien, vamos, ponte donde estoy yo.

Los Weasley se inclinaron hacia delante llenos de curiosidad. Ron en cambio parecía querer desaparecer entre los cojines del sofá y las manos en su regazo se habían vuelto increíblemente interesantes.

Solo se calmó un poco cuando Hermione le cogió una de sus manos y dejó que se la apretase como estaba haciendo Harry. Los dos chicos estaban odiando este capítulo más que ninguno otro antes (bueno, además de los que tenían a los Dursley).

Harry dio un paso a un lado, pero con Ron frente al espejo ya no podía ver a su familia, sólo a Ron con su pijama de colores.

Sin embargo, Ron parecía fascinado con su imagen.

El agarre de Ron se hizo casi doloroso para Hermione, pero la chica no prestó atención a eso. Solo deseaba poder llevarse a los dos chicos de ahí, donde no llegasen las miradas curiosas de todos los que querían meterse en asuntos que no eran suyos. ¡Merlín, ella ni siquiera sabía lo que había visto Ron!

Sí, había sentido curiosidad y seguía sintiéndola, pero, igual que el día que se lo habían contado, había visto que el pelirrojo claramente no quería hablar de ello. Ella no iba a insistir por mucho que quisiese, no sobre esto. No cuando Harry les había dicho lo que mostraba de verdad el espejo.

Así que, ¿qué derecho tenían los demás para mirarles así? ¡Ninguno! Bueno, el resto de los Weasley a lo mejor un poco más, pero tampoco mucho porque esto era personal y deberían poder compartirlo con quien quisieran. Hermione definitivamente odiaba estos libros.

—¡Mírame!— dijo.

—¿Puedes ver a toda tu familia contigo?

— No... estoy solo... pero soy diferente... mayor... ¡y soy delegado!

Ron estaba tan rojo como su pelo y se negaba a mirar a su familia, que le lanzaba vistazos entre confundidos y curiosos. ¿Cómo funcionaba este espejo que mostraba cosas tan distintas para ambos chicos? ¿Qué tenían en común ambas imágenes?

—¿Có****mo?

— Tengo... tengo un distintivo como el de Bill y estoy levantando la copa de la casa y la copa de quidditch... ¡Y también soy capitán de quidditch!

Oh, Ron, pensó Hermione para sí misma al comprender. En realidad, sabiendo los problemas de inseguridad del chico, no la sorprendía.

Y entonces se quedó pensando. ¿Qué habría visto ella en el espejo? No estaba segura. No sabía si quería averiguarlo.

Ron apartó los ojos de aquella espléndida visi ón y miróexcitado a Harry.

—¿Crees que este espejo muestra el futuro?

  • Imposible. Los padres de Harry... - empezó Charlie dejando la frase colgando en el aire, sin atreverse a terminarla.

  • Están muertos - terminó Harry por él, decidido a que la gente dejase de dar vueltas en torno al tema sin atreverse a mencionarlo.

  • Sí - dijo Charlie pasándose la mano por el pelo incómodo.

  • Charlie, yo mismo le dije eso a Ron justo después - dijo Harry poniendo los ojos en la blanco -. Es más, apostaría a que es la frase que viene ahora - añadió pensativo.

—¿Cómo puede ser? Si toda mi familia está muerta... déjame mirar de nuevo...

— Lo has tenido toda la noche, déjame un ratito m ás.

**— Pero si estás sosteniendo la copa de quidditch, ¿**qué tiene eso de interesante? Quiero ver a mis padres.

**—**No me empujes.

  • Está haciendo que os peléis - dijo Neville sorprendido -. Vosotros dos jamás os peleáis.

  • Creo que ha sido la única vez en nos hemos peleado en dos años - dijo Ron pensativo.

  • Normalmente sois Hermione y tú - rio Harry -. Y yo creo que con lo corta que fue esta, apenas se puede llamar discusión.

  • Espero que no haya una pelea seria entre vosotros. No sé qué pasaría entonces, con lo testarudos que sois los dos - dijo Hermione sacudiendo la cabeza.

  • Como si tú no fueses tan cabezota como nosotros - dijo Harry sonriendo.

Un s úbito ruido en el pasillo puso fin a la discusión. No se habían dado cuenta de que hablaban en voz alta.

—¡Rápido!

Ron tir ó la capa sobre ellos justo cuando los luminosos ojos de la Señora Norris aparecieron en la puerta. Ron y Harry permanecieron inmóviles, los dos pensando lo mismo: ¿la capa funcionaba con los gatos?

  • Al final no averiguamos si funcionaba o no - dijo Harry pensativo. Sería estupendo saberlo.

  • Tendremos tiempo de descubrirlo - dijo Ron quitándole importancia con un gesto.

  • Sí que funciona - intervino Sirius sonriendo ampliamente.

  • Estuvimos un mes probando hasta estar completamente seguros. Lo único que pasa es que os huele y se guía por el olfato hasta vosotros - explicó Remus.

  • ¿Nos estás diciendo que necesitamos una ducha? - exclamó Ron indignado. Todos se echaron a reír.

  • Bueno, Ronnie... - consiguió decir George.

  • Son tus palabras, no las nuestras - terminó Fred riéndose de nuevo.

  • N-No, Ron. La Señora Norris también huele el jabón. No importa qué..., siempre va a poder olerte - intentó explicar Remus entre carcajadas.

Ron bufó aún algo molesto, pero no llegaba a estar enfadado. Después de los últimos minutos tensos y algo depresivos, sentaba de maravilla reírse un rato.

Después de lo que pareció una eternidad, la gata dio la vuelta y se marchó.

— No estamos seguros... Puede haber ido a buscar a Filch, seguro que nos ha oí****do. Vamos.

  • Esa es otra. No estabais haciendo poco ruido exactamente - dijo Sirius riéndose suavemente todavía.

  • No es como si estuviésemos gritando - resopló Harry defendiéndose.

  • Entonces os habría pillado Filch directamente. O Snape, con tu suerte - se mofó Charlie.

  • Y tampoco es como si estuvieseis susurrando precisamente - replicó Tonks -. Cualquiera que pasase por el pasillo os oiría.

Y Ron empujó a Harry para que salieran de la habitación.

La nieve todavía no se había derretido a la mañana siguiente.

—¿Quieres jugar al ajedrez, Harry?****— preguntó Ron.

**—**No.

  • ¿No? - se sorprendió Hermione -. Pero si tú jamás le dices que no a una partida de ajedrez con Ron a pesar de que aún no has ganado nunca.

  • Vaya, gracias - dijo Harry con la voz cargada de sarcasmo.

  • Para que veas cómo estuvo - dijo Ron con una mueca. Habían sido duros esos dos días y tampoco se había hecho mucho más fácil después.

  • Harry - empezó Hermione girándose hacia él, pero ni ella sabía si pretendía regañarle o darle un abrazo.

  • Ya ha pasado, Hermione. Ya no me importa - dijo Harry medio mintiendo entre dientes.

La chica suspiró, pero lo dejó pasar. Ese no era el momento ni el lugar para ponerse a hablar sobre eso.

—¿Por quéno vamos a visitar a Hagrid?

— No... ve tú...

  • ¿Ni siquiera ir a ver a Hagrid? - preguntó Neville sorprendido.

  • No - respondió Harry algo borde, pero solo quería que cambiasen de tema.

  • Pero...

  • Ginny, ahora no - la interrumpió Ron lanzándole una mirada de advertencia.

— Sé en qué estás pensando, Harry, en ese espejo. No vuelvas esta noche.

—¿Por quéno?

  • ¿Pensabas volver otra vez? - preguntó Tonks suavemente. No estaba convencida de que le gustase este capítulo.

  • Iba a volver a ver a mis padres - fue toda la explicación que dio Harry. Y realmente no hacía falta nada más.

—No lo s é. Pero tengo un mal presentimiento y, de todos modos, ya has tenido muchos encuentros. Filch, Snape y la Señora Norris andan vigilando por ahí ¿Qué importa si no te ven? ¿Y si tropiezan contigo? ¿Y si chocas con algo?

  • ¿Se está acabando el mundo? - bromeó George fingiendo entrar en pánico.

  • ¿Desde cuándo Ronnie es el que tiene sentido común? - preguntó Fred con cara de horror.

  • Cuando Harry lo pierde. Cerrad el pico - espetó Ron fulminándoles con la mirada.

  • ¿Pero por qué no le afecta el espejo como a Harry? - preguntó Bill curioso. A lo mejor esto le ayudaba a averiguar cómo funcionaba el espejo.

  • Fácil. La infancia de Ron fue mil veces mejor que la de Harry - explicó Luna encogiéndose de hombros.

  • ¿Y eso qué tiene que ver con el espejo? - preguntó Bill confundido. Esta chica solo conseguía confundir las cosas. La verdad era que Bill no estaba seguro de por qué la estaba escuchando siquiera. Solo estaba diciendo tonterías.

De nuevo, Luna no respondió. Solo sonrió suavemente, como sabiendo que no la estaba tomando en serio y no debía molestarse en intentar que le hiciese caso. ¿Por qué malgastar palabras en oídos que no quieren escucharlas?

Otra vez, solo unos pocos entendieron lo que decía la chica. El trío con el que estaba compartiendo el sofá la miraban algo sorprendidos, siendo de los pocos que sabían a qué se refería.

Harry la miraba divertido, habiendo aprendido que ella sabía cosas que nadie más sabía y dándole vueltas a lo que había dicho antes sobre la inscripción del espejo. Ron solo parpadeó y sacudió la cabeza decidiendo que era Luna. Nunca la iba a entender. Hermione era la más sorprendida de los tres. Esto le acababa de recordar que esta chica era una Ravenclaw, no era nada tonta. Lo de no juzgar a alguien por la primera impresión acababa de cobrar mucho más sentido.

— Pareces Hermione.

— Te lo digo en serio, Harry, no vayas.

Pero Harry sólo tenía un pensamiento en su mente, volver a mirar en el espejo. Y Ron no lo detendría.

  • ¿Alguna vez me haces caso? - Ron puso los ojos en blanco exasperado.

  • ¡Claro que sí! - exclamó Harry indignado.

  • ¿Cuándo fue la última vez? - preguntó alzando una ceja.

  • Eh...

  • ¿Ves? Te lo dije - dijo Ron con una sonrisa orgullosa.

  • Te escucho más que a cualquiera. A ti y a Hermione - se defendió Harry.

  • No me imagino entonces el caso que le haces al resto - murmuró Ginny divertida.

  • ¡Somos tus mejores amigos! - exclamó Ron sin hacer caso del comentario de su hermana -. Solo faltaba que escuchases a alguien más que a nosotros.

La tercera noche encontró****el camino m ás rápidamente que las veces anteriores. Andaba más rápido de lo que habría sido prudente, porque sabía que estaba haciendo ruido, pero no se encontró con nadie.

Y allí estaban su madre y su padre, sonriéndole otra vez, y uno de sus abuelos lo saludaba muy contento. Harry se dejó caer al suelo para sentarse frente al espejo. Nadie iba a impedir que pasara la noche con su familia. Nadie.

Hubo más de un suspiro triste. Harry no debería estar ahí, no era bueno para él. Ese espejo le estaba absorbiendo cada vez más, de una forma que daba escalofríos a los que se paraban a pensarlo. No podía seguir organizando su vida en torno a ese espejo.

Sin embargo, nadie era capaz de decirle al niño que tenía que dejar de ver a sus padres. Era simplemente... cruel. Era cruel que quisiese verles y cuando por fin podía no fuese bueno para él. No sería justo prohibírselo. Y aún así, en algún momento alguien iba a tener que hacerlo.

Esto era casi peor que el que no los hubiese visto nunca. Era como darle a probar agua a alguien en el desierto y después arrebatársela, como enseñarle un caramelo a un niño y esconderlo antes de que pudiese cogerlo. No era justo.

Excepto...

Todos se incorporaron, abandonando sus posiciones hundidas en los sofás y sillones. ¿Excepto qué?

— Entonces de vuelta otra vez, ¿no, Harry?

  • ¿Te pillaron? - exclamó Sirius con los ojos como platos.

  • Sinceramente, no me extraña - suspiró Remus -. Te has encontrado con demasiada gente en pocos días en la misma zona.

  • ¿Te castigaron? - preguntó Sirius yendo a por lo importante.

  • No. Solo me dijeron que no volviese a buscar el espejo - Harry negó con la cabeza melancólico. A veces, cuando llevaba una racha de días malos seguidos, tenía ganas de poder mirar otra vez, aunque fuese solo unos segundos.

Harry sinti ó como si se le helaran las entrañas. Mir ópara atr ás. Sentado en un pupitre, contra la pared, estaba nada menos que Albus Dumbledore.

  • Ah, es solo Dumbledore - suspiró Sirius relajándose.

  • ¿Solo Dumbledore? - preguntó Tonks divertida.

  • Me refiero a que Dumbledore no le va a castigar. Él no haría eso. Jamás nos castigó a nosotros por ninguna de nuestras bromas. No va a castigar a Harry por querer ver a James y Lily - explicó quitándole importancia con un gesto.

  • Creo que los castigos que nos ponía Minnie ya eran más que suficientes, Canuto - sonrió Remus.

Harry debió de haber pasado justo por su lado, y estaba tan desesperado por llegar hasta el espejo que no había notado su presencia.

  • O usó un encantamiento desilusionador - dijo Bill.

  • ¿El qué? - preguntó Harry frunciendo el ceño.

  • Un encantamiento desilusionador. Se usa para hacer invisible a alguien, pero no es tan efectivo como tu capa. Se ve una distorsión del aire donde está el individuo. Sin embargo, cuanto más poderoso sea el hechizo, menos se notará esa distorsión. Por eso, para magos realmente poderosos, como Dumbledore, son casi más útiles que una capa de invisibilidad, porque no tienen que preocuparse de que no se les caiga - explicó Hermione antes de que Bill pudiese abrir siquiera la boca.

  • Gracias, señorita Granger - sonrió Dumbledore amablemente ante el cumplido.

  • ¿Tú cómo sabes eso? Es un hechizo de séptimo curso como poco - dijo Bill boquiabierto. Y no era el único. Parecía que había pasado suficiente tiempo desde la última vez que Hermione había demostrado su inteligencia para que les volviese a sorprender una vez más.

  • Lo leí en algún sitio

  • explicó ella encogiéndose de hombros.

  • ¿Y qué hacías leyendo algo tan avanzado? ¡Solo estás en segundo! - exclamó Tonks estupefacta.

  • Era interesante. Nunca se sabe cuándo puede ser útil un hechizo - se sonrojó ligeramente, pero se negó a bajar la mirada. Ella no había hecho nada malo.

  • Y yo que pensaba que la pelirroja y tú erais avanzados comparados con el resto del curso. Esta chica os da mil vueltas en ese aspecto, Lunático - dijo Sirius con los ojos como platos.

Harry y Ron se inclinaron hacia delante para intercambiar una mirada exasperada por delante de Hermione. ¿Habían dicho ya que era Hermione, no? Parece que no les hacían caso...

— No... no lo habí****a visto, se ñor.

— Es curioso lo miope que se puede volver uno al ser invisible**— dijo Dumbledore, y Harry se sintió aliviado al ver que le sonreía****— . Entonces****— continuó Dumbledore, bajando del pupitre para sentarse en el suelo con Harry****— , tú, como cientos antes que tú, has descubierto las delicias del espejo de Oesed.**

  • Así que se llama así. El espejo de Oesed - dijo Charlie -. Por lo menos ahora sabemos cómo llamarlo.

  • Como el título del capítulo era una pista demasiado pequeña - dijo Tonks sarcástica mientras volvía a la primera página del capítulo para enseñársela-. El espejo de Oesed. No puede ser tan obvio, ¿verdad? - se mofó.

  • Cierra el pico, Nymphadora - replicó Charlie sonrojado.

  • ¡¿Cuántas veces te tengo que decir que no me llames Nymphadora?!

  • Espera. ¿Oesed? - repitió Harry incrédulo.

  • ¿Tú tampoco sabías cómo se llamaba? ¡Te lo dijo Dumbledore en persona! - exclamó Bill alzando una ceja.

  • No es eso. Pásame el libro, Tonks - pidió Harry cazándolo al vuelo cuando se lo lanzó. Pasó páginas a toda velocidad hasta encontrar lo que buscaba -. No puede ser tan fácil...

  • ¿El qué? ¿Qué buscas, Harry? - preguntó Hermione confundida. Estaba mirado por encima del hombro del chico la frase que este estaba siguiendo con el dedo -. ¿La inscripción?

  • Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse - leyó Harry antes de murmurar algo tan bajo que nadie le oyó. Después se giró hacia Luna mirándola asombrado -. Eso es. ¡Eres un genio, Luna!

Ella solo sonrió y asintió una vez con la cabeza, contenta de que alguien la hubiese escuchado.

  • ¿De qué estás hablando? Eso no tiene sentido - replicó Bill confundido.

  • Sí que lo tiene - le contradijo Harry entusiasmado -. Ya nos lo ha dicho Luna. Solo hay que ponerlo del derecho. ¡Eres brillante! - exclamó de nuevo mirando a la chica rubia a su lado.

  • ¿Te quieres explicar?

  • pidió Ron exasperado.

  • No hasta que Dumbledore explique en el libro cómo funciona - replicó Harry.

  • Ahora ya veis cómo nos sentimos el resto cuando no queréis compartir algo - dijo George.

  • No es tan divertido, ¿eh, hermanito? - le pinchó Fred.

  • Hermione y yo ya estamos acostumbrados. No es la primera vez que Harry tiene una de sus ideas inesperadas. Por lo menos esta vez no ha salido corriendo a ningún lado - dijo Ron poniendo los ojos en blanco.

  • Solo tenemos algo más de paciencia y más fe en Harry - replicó Hermione haciendo que todos se sintiesen inexplicablemente culpables por algo. ¿Por qué? No lo tenían claro..., pero tenía que ver con no escuchar a Harry.

— No sabía que se llamaba así, señor.

**— Pero espero que te habrás dado cuenta de lo que hace, ¿**no?

**—**Bueno... me mostr ó a mi familia y...

— Y a tu amigo Ron lo reflejó****como capit án.

  • ¿Él lo sabía? - exclamó Ron perplejo. Se sonrojó hasta las orejas -. ¡Harry!, ¿por qué no me dijiste nada?

  • ¿Y qué habrías ganado? Por lo menos no te avergonzaste como estás haciendo ahora - replicó Harry poniendo los ojos en blanco -. De verdad, no sé por qué te molesta tanto si lo acaba de oír todo el Gran Comedor. Lo que tú viste y lo que yo vi.

  • Me lo podías haber contado - protestó Ron débilmente.

  • Lo siento, Ron. La próxima vez que ocurra algo como esto, te lo diré en cuanto te vea - prometió Harry con la voz cargada de sarcasmo.

—¿Cómo lo sabe...?

— No necesito una capa para ser invisible**— dijo amablemente Dumbledore****— . Y ahora ¿puedes pensar qu****é es lo que nos muestra el espejo de Oesed a todos nosotros?**

Hermione dio un respingo y abrió mucho los ojos.

  • ¿Oesed? - repitió ella boquiabierta.

  • Sí, ya se ha mencionado antes - dijo Percy mirándola extrañado.

  • No me lo puedo creer... Era demasiado fácil. Eres brillante, Luna - dijo Hermione inclinándose por delante de Harry para mirarla.

  • A veces lo más fácil es tan obvio que lo pasamos por alto - respondió ella con una pequeña sonrisa.

  • ¿Tú también has adivinado la inscripción? - preguntó Fred alzando una ceja.

  • Como Harry. Dices Oesed y de pronto sabes lo que significa. ¿Creéis que si lo repito muchas veces lo averiguaré yo también? - preguntó George sarcástico.

Harry neg ó con la cabeza.

— Déjame explicarte. El hombre más feliz de la tierra puede utilizar el espejo de Oesed como un espejo normal, es decir, se mirará y se verá****exactamente como es. ¿Eso te ayuda?

  • Oh, venga ya, Dumbledore. ¿Usted también va a empezar con acertijos en vez de dar una respuesta? - protestó Sirius.

  • Hay cosas que hay que averiguar por uno mismo - respondió el director con los ojos chispeantes.

  • Pero esa pista no es de mucha ayuda - bufó el animago.

  • En realidad sí, Sirius - intervino Remus pensativo.

  • ¿Lo has adivinado? ¿Cómo funciona? - preguntó Arthur interesado. Todos se inclinaron hacia el hombre lobo, ansiosos por saberlo.

  • Creo que sí lo he adivinado - dijo Remus despacio, dándole vueltas en su cabeza.

  • Bueno, ¿a qué esperas? Suéltalo. ¿Cómo funciona? - se impacientó Sirius.

  • No sé, Canuto. A lo mejor hago como Harry y no lo digo hasta que se mencione en el libro - dijo Remus con un brillo travieso en los ojos.

  • ¡Lunático! - exclamó Sirius echando chispas por los ojos.

  • De todas formas, aún no sé lo significa la inscripción - Remus evadió la pregunta frunciendo el ceño frustrado.

  • Otro que no lo va a decir - suspiró Charlie sacudiendo la cabeza. ¿Qué manía tenían todos con lo de no compartir las cosas?

Harry pens ó. Luego dijo lentamente:

— Nos muestra lo que queremos... lo que sea que queramos...

  • ¿Es eso? - preguntó Tonks alzando las cejas.

  • Más o menos - respondió Harry -. No muestra cualquier cosa que quieras.

— Sí y no**— dijo con calma Dumbledore****— . Nos muestra ni más ni menos que el más profundo y desesperado deseo de nuestro corazón. Para ti, que nunca conociste a tu familia, verlos rodeándote. Ronald Weasley, que siempre ha sido sobrepasado por sus hermanos, se ve solo y el mejor de todos ellos.**

De pronto todos tenían un nudo en la garganta y los dos chicos se negaban a mirar a nadie a la cara.

  • Oh, Ron, Harry... - suspiró la señora Weasley.

Los hermanos Weasley miraban a Ron sin saber cómo sentirse. En parte culpables por no haber notado las inseguridades que tenía y no haber hecho nada por hacerlas desaparecer. Pero no sabían cómo sentirse respecto al hecho de que a Ron le gustaría no tener hermanos.

  • Ron... - empezó Bill sintiendo que era su responsabilidad dar el primer paso por ser el mayor.

  • Ya no es así, Bill - interrumpió Ron todavía sin levantar la vista de las manos de su regazo. Podían ver las puntas de sus orejas rojas.

  • ¿Ya no verías eso en el espejo? - preguntó Charlie queriendo que no quedasen dudas sobre lo que quería decir su hermanito.

  • No. Hace unos meses a lo mejor sí - dijo pensando que desde hacía meses Harry y él no hacían más que desear que despertase Hermione -. Ayer no habría sido eso - dijo recordando la desesperación que había sentido por recuperar a su hermana, y después también a su mejor amigo -. Y hoy definitivamente no sería eso - dijo pensando en los tíos de Harry y lo mucho que estaba aprendiendo a apreciar a su familia.

  • ¿Ahora ya no querrías que desapareciésemos? - preguntó Ginny en un susurro, casi temiendo la respuesta. Por mucho que se peleasen, Ron era su hermano y le había dolido que no quisiese que existiesen.

  • ¡¿Qué?! ¡Eso nunca! - exclamó Ron sobresaltado, tanto que por fin levantó la cabeza para mirarles. Todos podían ver su expresión horrorizada -. ¿Cuándo he deseado yo eso?

  • Bueno, en el espejo estabas solo - explicó Percy incómodo al ver que los otros no sabían qué responder.

  • ¡Pero eso no significa que quisiese que desaparecierais! Solo es que nos meten a todos en un saco. Pelirrojo con pecas es igual a Weasley. Solo... Solo me gustaría que me dejasen ser solo Ron a veces en vez de compararme con vosotros - confesó bajando la cabeza de nuevo, completamente avergonzado. No quería hablar de esto delante del comedor. Es más, no quería hablar de esto y punto.

  • Eso no es así, Ronnie

  • dijo George por una vez serio.

  • Tú vas a llegar lejos. Muy lejos - dijo Fred tan seguro de eso como de que la magia existía.

  • No tienes que hacer lo que hicimos nosotros. Solo haz lo que has dicho antes. Concéntrate en ser Ron y el resto vendrá solo - dijo Charlie recordando lo que había dicho Ron en el tren de cómo cualquier cosa que hiciese no valdría mucho porque alguno de sus hermanos ya lo habría hecho antes.

Ron no sabía qué responder. Estaba más rojo que su pelo y no sabía dónde meterse. Era agradable que le dijesen eso y ver que le apoyaban, pero este tipo de conversaciones nunca había sido su fuerte.

  • Creo que ya podemos decir lo que significa la inscripción - intervino Harry yendo al rescate de su mejor amigo cuando el silencio se extendió.

  • ¿Ya por fin? - dijo Sirius sarcástico, pillando al vuelo lo que estaba haciendo su ahijado.

  • Este espejo muestra tu deseo más profundo, ¿no? Oesed es deseo al revés - dijo Harry dejando que todos lo asimilasen.

  • No puede ser tan fácil... - murmuró Bill arrebatándole el libro a Tonks.

  • ¡Hey! - protestó ella intentando recuperarlo, pero él era más alto y tenía los brazos más largos, así que no era difícil mantenerlo fuera de su alcance.

  • Solo está al revés. Como ha dicho Luna, solo hay que poner la inscripción al derecho - siguió Harry ignorándoles.

Al final la metamorfomaga le lanzó un hechizo punzante al pelirrojo, consiguiendo que soltase el libro. Lo recuperó antes de que Bill lo pudiese volver a coger y buscó la página.

  • Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse - leyó ella.

  • Sí, y mirad - dijo Harry sacando su varita y escribiéndolo en el aire como había hecho Tom Riddle el día anterior. Después hizo un movimiento brusco hacia un lado, como para hacerlas girar y todos vieron fascinados como las letras se reordenaban.

  • 'Esto no es tu cara sino de tu corazón el deseo' - leyó Remus pasmado -. Era tan obvio... Y solo lo ha visto Luna.

  • ¡Es brillante esta chica! - dijo Harry otra vez dándole un codazo suavemente a la Ravenclaw.

  • Lo que yo quiero saber es cómo has hecho eso - dijo Hermione señalando boquiabierta las letras que estaban desapareciendo.

  • Ayer vi a alguien hacerlo y no tenía papel a mano, así que decidí probar - Harry se encogió de hombros -. Lo peor que podía pasar era que quedase en ridículo si no lo conseguía.

  • ¿Pero cómo lo has hecho? - insistió ella.

  • No sé. ¿Cómo haces que salgan chispas de la varita? Quieres que salgan y salen. Pues las letras igual. No lo sé, Hermione - se defendió Harry empezando a desear haber pedido simplemente un papel.

  • ¿A quién viste haciendo eso? - preguntó Remus curioso.

  • Eh... Saldrá en los libros - evadió Harry la pregunta.

  • A lo mejor esa persona es capaz de explicarlo - dijo Tonks intentándolo. Tenía el ceño fruncido concentrada, pero no se escribía nada. Solo salían chispas.

  • No creo que sigan queriendo pedirle que se lo expliqué cuando descubran quién es - murmuró Harry para sí mismo.

Sin embargo, este espejo no nos dará conocimiento o verdad. Hay hombres que se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto.

Harry tragó saliva nervioso. Él había estado en camino de convertirse en una de esas personas consumidas por el reflejo. De no haber sido por Dumbledore, él habría seguido buscando el espejo. Y, sobre todo, de no haber sido por Ron y los gemelos, y después Hermione, se habría consumido de todas formas, sin comer y durmiendo poco hasta que las cosas se hubiesen puesto muy feas. Menos mal que no había llegado a ese punto gracias a ellos.

O han enloquecido, al no saber si lo que muestra es real o siquiera posible.

Continuó:

— El espejo será llevado a una nueva casa mañana, Harry, y te pido que no lo busques otra vez. Y si alguna vez te cruzas con él, deberás estar preparado.

El trío intercambió una mirada. Sí que lo había vuelto a ver, y gracias a Merlín había sido capaz de usarlo en su favor. Si no se lo hubiese encontrado en Navidad, las cosas a final de curso no habrían salido como habían salido. Quizás Harry no habría salido con vida aquella noche porque Quirrell le habría matado cuando viese que no era útil.

No es bueno dejarse arrastrar por los sueños y olvidarse de vivir, recué****rdalo. Ahora ¿por que no te pones de nuevo esa magnífica capa y te vas a la cama?

Harry se puso de pie.

— Señ****or... profesor Dumbledore... ¿Puedo preguntarle algo?

— Es evidente que ya lo has hecho**— sonrióDumbledore— . Sin embargo, puedes hacerme una pregunta má****s.**

—¿Qu****é es lo que ve, cuando se mira en el espejo?

  • ¡Harry! - exclamó la señora Weasley con los ojos como platos.

  • Lo siento, señora Weasley. Y lo siento, profesor. No debí haberle preguntado - se disculpó Harry sonrojado. Aquella noche no lo había pensado, solo había seguido un impulso que le había llevado a satisfacer esa curiosidad.

  • Técnicamente no ha hecho nada malo. Solo ha preguntado. El director puede elegir no responder - le defendió Fred.

  • Y Dumbledore sabe lo que ha visto Harry. Casi se puede considerar justo que Harry sepa lo que vio él

  • dijo George.

  • ¡Fred! ¡George! - exclamó su madre escandalizada.

—¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana.

  • Vale. Eso sí que no me lo esperaba - dijo Charlie al cabo de unos segundos en silencio.

  • ¿Calcetines de lana? ¿En serio? - repitió Sirius perplejo.

  • Probablemente eso no es lo que de verdad ve en el espejo, Canuto - dijo Remus.

  • Eso tiene más sentido. ¿Pero por qué mentir a Harry? ¿Por qué no contestar que no quiere decirlo? - preguntó Tonks confundida.

Harry lo miró asombrado.

— Uno nunca tiene suficientes calcetines**— explicóDumbledore— . Ha pasado otra Navidad y no me han regalado ni un solo par. La gente sigue insistiendo en regalarme libros.**

  • Creo que le vamos a regalar un par de calcetines el año que viene - declaró Fred.

  • Puede que no sea ese su mayor deseo, pero un par de calcetines nunca vienen mal - dijo George sonriente.

Dumbledore solo rio suavemente divertido.

En cuanto Harry estuvo de nuevo en su cama, se le ocurrió pensar que tal vez Dumbledore no había sido sincero.

  • ¿Solo tal vez? - dijo Bill alzando una ceja -. Definitivamente no ha sido sincero.

Pero es que, pensó mientras sacaba a Scabbers de su almohada, había sido una pregunta muy personal.

  • ¿Scabbers estaba dentro de tu almohada? - preguntó Sirius apretando los puños furioso. Este era un recordatorio non grato de lo cerca que había estado ese traidor de su ahijado, de las muchas posibilidades que había tenido de hacerle daño.

  • Sí. Se suele meter en mi almohada o en la suya. ¿Por qué? - preguntó Ron confundido.

  • Será... - empezó Sirius echando chispas por los ojos. Parecía querer convertir en cenizas a la rata a base solo de fulminarla con la mirada.

  • ¿Ese es el final del capítulo, no, Tonks? - intervino Harry antes de que su padrino pudiese revelar algo antes de tiempo.

  • ¿Qué? Ah, sí - respondió distraída, sin dejar de mirar confundida a su primo.

  • ¿No teníamos un partido de quidditch que jugar? - preguntó Harry desviando definitivamente la atención de Sirius.

  • ¡Sí! ¡Es cierto! - exclamó Charlie con los ojos brillantes.

  • ¡Vamos! - les metió prisa Wood yendo ya hacia la puerta.

  • ¿Cómo demonios ha llegado allí tan rápido? ¡Si estaba sentado ahí hace un segundo! - exclamó Angelina levantándose ella también con Alicia y Katie.

  • ¿Cuánto creéis que tardará en darse cuenta de que tiene que subir a la torre a coger su escoba? - preguntó Alicia divertida.

  • Probablemente estará a medio camino hacia el campo de quidditch antes de pensarlo siquiera - rio Katie.