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Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 3

Remus terminó de leer y cerró el libro después de dejar una señal. No lo había dejado todavía sobre la mesa cuando Sirius se levantó y salió furioso de la sala.

- Espera, Harry - dijo el hombre lobo cuando el niño fue a seguirle -. Déjame a mí. El capítulo ha sido muy duro para él.

Y con esto se levantó y corrió tras él.

  • Me parece que ya es hora de irse a la cama - anunció Dumbledore viendo que algunos de los profesores también querían levantarse y hablar con él en privado -. Ya es muy tarde, así que podemos seguir mañana después del desayuno. Los recién llegados pueden irse a alguna de las salas comunes a instalarse allí por el momento. Buenas noches.

Los profesores, el ministro y los dos aurores se levantaron en seguida y entraron en la sala adyacente al Gran Comedor donde estuvieron discutiendo con Dumbledore su decisión de dejar ahí a Harry hasta pasada la medianoche.

Los alumnos salieron del comedor hablando de lo que habían leído emocionados. Solo algunos sensatos veían que esta no iba a ser una historia perfecta donde el final es justo como tú querías.

Remus consiguió encontrar a Sirius en un pasadizo secreto del primer piso dándole un puñetazo a la pared. Los dos sentían lo mismo: que le habían fallado a Harry, al hijo de James. Estaban furiosos con Dumbledore porque pensaron que él cuidaría del niño, pero no había sido así y ahora no podían cambiar lo que había pasado.

  • Sirius - le llamó Lupin, pero antes de poder decir nada Sirius ya le había interrumpido.

  • ¡Ha estado viviendo con ellos once años! ¡Once años, Remus! ¡Tantos como los que yo he pasado en Azkaban y ni siquiera sé si hubiese preferido estar su lugar! ¡Y todo por mi culpa! ¡Porque yo les dije a James y a Lily que era mejor si Peter era el guardián de los secretos! - ahora que había gritado todo lo que llevaba guardando dentro de sí durante once años, le pareció que se desinflaba, como un globo que pierde su fuerza. Se dejó resbalar por la pared hasta acabar sentado en el suelo y puso la cabeza entre las manos.

  • Yo... yo se lo dije y... les convencí de que no se lo contasen a nadie más... ni siquiera a ti... y yo... lo siento, Remus. No sabes cuanto lo siento, por pensar que podías ser el espía - soltó una risa amarga y echó la cabeza hacia atrás para apoyarla en la pared -. No sé cómo fui capaz de sospechar de ti antes de sospechar de esa rata - se giró para mirar a su amigo, que seguía en la entrada del pasadizo con una cara indescifrable -. Lo siento, Remus.

  • ¿Ya has terminado? - preguntó él acercándose para sentarse a su lado. Sirius solo pudo asentir confundido -. Bien. Ya te lo has sacado todo de dentro. Merlín sabe que lo necesitabas. Pero ahora me vas a escuchar tú a mí.

El hombre-lobo se había puesto completamente serio y le miraba fijamente a los ojos, como queriendo meterle así en la cabeza lo que iba a decir.

  • No fue tu culpa - dijo alto y claro -. ¡No me interrumpas! - dijo al ver que Sirius abría la boca para protestar -. Sirius, yo tampoco sospeché que Peter pudiese ser el traidor. No se me ocurrió nunca, y a James y a Lily tampoco. Aún no acabo de creérmelo - dijo con una sonrisa amarga antes de volver a ponerse serio -. ¿Que me duele que no me contaseis el cambio de los guardianes? Sí. No te lo voy a negar. Pero lo entiendo - se apresuró a decir que el otro iba a volver a disculparse.

  • Remus, esa no es excusa...

  • Si yo hubiese estado en tu lugar, Sirius, y tú hubieses sido el hombre-lobo, probablemente habría pensado lo mismo. Estaba reclutando a todos los que son como yo, ofreciéndoles una libertad que no teníamos y seguimos sin tener, así que no es raro que pensases que había una posibilidad de que yo hubiese cedido.

  • Pero, Remus...

  • Sirius, ¿me guardas rencor por haber creído que eras un asesino?

  • ¡¿Qué?! - se sorprendió Sirius -. ¡Por supuesto que no, Remus! Me dolió que lo pensases, pero no me extraña. ¡Todo apuntaba a eso! ¡No es tu culpa para nada, Remus! ¿Me escuchas? Eres como mi hermano, y no hay nada que perdonar. Todos nos equivocamos con estas cosas y, por muy brillante que seas no podías saber que yo... no... - se cayó al darse cuenta de lo que estaba diciendo y se giró hacia su amigo, que le miraba con los ojos llenos de comprensión y una media sonrisa divertida.

Era lo mismo que Remus había estado intentando decirle. No era su culpa. Nunca lo había sido. No tenía forma de saber que Peter era el traidor en vez de Remus. Y sí, había hecho daño Remus, pero eran hermanos, y los hermanos pelean y siguen siéndolo.

  • Gracias, Lunático - dijo con una sonrisa.

Los dos se quedaron mirando a la pared de enfrente.

  • ¿Crees que Harry me guardará rencor cuando lo piense un poco más? - preguntó Sirius sin estar seguro de si quería saber la respuesta.

  • ¿Qué? - fue el turno de Lupin de girarse sorprendido hacia su amigo -. ¿Harry? ¿Nuestro Harry? ¿Ese con el que hemos estado ahí atrás? - bufó antes de seguir mirando a la pared -. Porque parece que no estamos hablando del mismo. Ese niño tiene la cabeza bien puesta sobre los hombros y sabe perfectamente que no es culpa tuya. ¿No te acuerdas como se ha plantado delante de todo el Gran Comedor ante un "asesino" del que todo el mundo huía? Ha dado la cara por ti, Canuto. Harry ya te adora.

  • Tenías que haberle visto, Lunático - rio Sirius al cabo de un momento -. Tenías que haber visto cómo organizó todo cuando llegamos a la torre de Gryffindor para que capturásemos a Peter.

  • ¿Lo organizó él? - se sorprendió.

  • Oh, sí - asintió divertido -. Entró primero él y me hizo quedarme fuera de la habitación esperando. Es tan cabezota como sus padres - rio con ganas -. No hubo manera de convencerle de que me dejase entrar con él, o de que no hacía falta que me prestase nada de ropa, ¡ni siquiera le pude convencer de coger su propia varita!

  • ¿Prestarte ropa? ¿Su varita?

  • Sí. No me dejó ponerme lo que llevaba puesto después de ducharme. Insistió en que me pusiese algo limpio y como su ropa no me sirve, aunque está cerca - añadió con un gruñido. Los Dursley ni siquiera le compraban ropa decente -, la tuve que transformar en esto con su varita. Me la había dado justo antes de entrar en la torre de Gryffindor por si Peter intentaba huir.

  • Pero si le dijo al ministro... Harry le dijo al ministro que no habías tenido una varita en la mano en todo el camino - replicó confundido Lupin. Y entonces se alarmó cuando se le ocurrió otra posibilidad -. ¿Le mintió? ¿Le mintió al ministro de magia? ¡Pero, Sirius, se puede meter en muchos líos si le pillan!

  • No le mintió, Lunático - respondió divertido -. Harry le dijo al ministro que yo había venido sin varita, que es cierto, y que yo no le había quitado la suya, que también es totalmente cierto. Y le preguntó entonces que cuándo habría tenido yo ocasión de hechizarle. Bueno, la verdad es que la hubiese tenido cuando ME DIO su varita, sin que yo se la quitase, pero no iba a decirle yo eso al señor ministro, ¿no? Además, ni siquiera loco, ni bajo la maldición imperius atacaría a Harry.

  • Él... Pero... Su varita... - tartamudeó Remus de la sorpresa y a Sirius le entró un ataque de risa.

  • ¿Qué esperabas, Lunático? - preguntó cuando se calmó un poco, pero seguía sonriendo -. Es hijo de James y de Lily. Está en sus genes dar respuestas inteligentes para salir de los problemas. ¿Y viste cómo lo dijo? - preguntó entusiasmado -. ¡No se le notó nada que no estaba respondiendo a la pregunta! ¡Seguro que no le pillan en ninguna de sus bromas!

Y ambos se echaron a reír de nuevo, como si no hubiese pasado más de una década desde la última vez que se habían visto. Y tardaron mucho en calmarse. No se habían reído así desde esa noche de Halloween y se echaba de menos.

  • No sé si Harry tiene mucho tiempo o energía para bromas, Canuto - habló en voz baja Lupin después de un rato -. Ya oíste lo que decía la carta. "Si crees que estos dos años han sido complicados o imposibles, no sabes lo que te espera". No sé en qué se ha metido Harry estos dos cursos, pero no suena bien.

  • ¿Te has dado cuenta de la hora que es, Lunático? Es de noche. Ha pasado hace mucho la hora de la cena - dijo Sirius respondiendo a la mirada confundida de su amigo ante este cambio de tema -. Y sin embargo estaban teniendo un banquete. Estaban todos en pijama, celebrando algo, no sé, como si hubiesen evitado algo horrible por los pelos. ¿Y viste lo cansado que estaba Harry? Estaba agotado, Lunático. Al final del capítulo, cuando le he agarrado por los hombros, ha estado a punto de quedarse dormido apoyado en mí. Así que no sé que ha pasado, pero es algo gordo, muy gordo, y Harry ha estado en el centro de todo.

  • Lo sé, Sirius - suspiró -. Me da la sensación de que se mete en todavía más problemas que nosotros. Aún estando Dumbledore aquí.

  • Sí, bueno, ya hemos visto como se ocupa Dumbledore de él - bufó Sirius -. No me puedo creer que le dejase en la puerta de casa de sus tíos y no le visitase desde entonces.

  • Ya hablarás mañana con Dumbledore, Sirius, y le podrás decir todo lo que quieras - dijo Lupin antes de que se levantase para hechizar al director -. Pero Harry estaba preocupado por ti. Y si se parece en algo a cualquiera de sus padres, seguirá esperándote en el comedor muriéndose de preocupación, si no ha venido todavía a buscarte, claro. Así que vamos.

Y con esto se levantaron los dos hombres y volvieron hacia el comedor.

En el comedor quedaban los Weasley, Tonks, Hermione y Harry. En realidad todos se estaban quedando por Harry, que miraba hacia la puerta cada pocos segundo preocupado, tal y como había predicho Remus. Y también, tal y como había predicho, estaba debatiendo si debía o no ir a buscar a Sirius.

  • No se preocupe, señora Weasley - dijo Harry cuando Molly intentó convencerle de nuevo de que podía ir a esperar a la torre de Gryffindor -. Prefiero esperar aquí a Sirius para asegurarme de que está bien. Además, sino les acompaño no sé si podrán entrar en la torre y no tengo intención de permitir que pasen la noche en el pasillo.

  • Harry, querido, no tienes que preocuparte por Black, de verdad - intentó de nuevo mientras Harry resistía el impulso de poner los ojos en blanco -. No sé cómo te ha convencido de lo contrario, pero es un asesino y... ¡Oh, Harry, si te hubiese pasado algo cuando te fuiste tú solo con él! ¡Estábamos tan preocupados cuando no volvíais! ¿Estás seguro de que no te pasó nada, cariño?

  • Estoy bien, señora Weasley - respondió Harry con una sonrisa -. Sirius no me haría daño, en serio. Solo estuvimos hablando. Le pregunté de qué le acusaban y qué era lo que había pasado de verdad. Y todo lo que me contó tiene sentido y tenemos pruebas de que dice la verdad.

  • Pero, Harry, cielo, no pueden ser pruebas de verdad porque estarían guardadas con el resto de las que se presentaron en su juicio.

  • Pero, señora Weasley, ese es otro problema. Nunca tuvo un juicio.

  • ¿Cómo que no tuvo un juicio? - intervino Percy -. Harry, yo he empezado a estudiar leyes y sé perfectamente que todos los presos deben recibir un juicio.

  • Y te creo, Percy - se apresuró a tranquilizarle Harry al ver que se indignaba -. Pero el ministerio en esa época decidió que Sirius podía prescindir de él y nunca tuvo ocasión de intentar explicarse.

Esto dejó a todos en shock. No se habían esperado esto. Sabían que el ministerio no funcionaba bien desde hacía tiempo, pero de ahí a enviar a alguien a los dementores sin un juicio... Era demasiado.

Todos estaban indignados. Algo empezaba a oler mal por aquí. ¿Primero dicen que Sirius Black es inocente, por muy increíble que parezca, y luego descubren que nunca se demostró legalmente que fuese culpable? Sí, algo iba definitivamente mal.

Tonks fue una de las que peor se lo tomó, porque Sirius era su tío y siempre había sido uno de los pocos miembros de su familia que le habían caído bien. Hasta que descubrió lo que supuestamente había hecho. Y ahora parecía que en el fondo no lo había hecho. Solo de pensar en este embrollo le daba dolor de cabeza. Pero si al final resultaba que su tío era inocente, iba a tener que buscar al verdadero culpable para mandarle al infierno, pensó agarrando con fuerza su varita.

Percy se lo tomó como una ofensa personal. No por parte de Harry, sino del ministerio. Siempre, desde muy pequeño, Percy había adorado al ministerio y su sueño había sido trabajar en él. Sin embargo, ahora le había defraudado. Si de verdad no había habido un juicio, era posible que el ministerio hubiese metido entre rejas a un hombre inocente durante casi doce años. Tal vez el ministerio no era tan fantástico después de todo...

  • Sirius y yo también conseguimos las pruebas que necesitaba para demostrar lo que dice - explicó Harry mientras todos asumían esto -. Y todas tienen que ver con Scabbers.

  • ¿Scabbers? - preguntaron los Weasley a la vez girándose hacia la rata, que estaba sobre el banco.

  • Sí - afirmó Harry -. No os puedo contar nada más porque la carta me dijo que no lo hiciese, pero es importantísimo que no se escape. Sirius y yo ya hemos puesto encantamientos para impedir que alguien que no sea uno de nosotros dos abra la jaula o para que impedir que rompa la jaula o para que no se oiga ni se vea nada desde dentro. Y Remus ha añadido así que es imposible que escape. Lo siento, Ron - se disculpó al ver que su amigo se indignaba -, pero te prometo que después todo encajará igual que encajaron todas las piezas este año en la enfermería. Este año solo necesitábamos la página de un libro para que todo tuviese sentido - dijo sonriendo a Hermione mientras todos menos el trío les miraban confundidos -, y esta vez necesitamos a Scabbers para que lo haga. Por favor, Ron.

El pelirrojo le miró a los ojos y lo tuvo claro. Su amigo no le mentiría. No con algo así. Y nunca le había dado motivos para no confiar en él. Además, ¿no había aprendido en estos dos años que las respuestas están en los más extraños la mayor parte de las veces?

  • Vale, Harry - suspiró el pelirrojo al cabo de un segundo -. Supongo que nos enteraremos al final del... ¿Era al final del tercer libro, verdad? Creo que sí. Así que no creo que tardemos mucho en enterarnos de todo.

  • Gracias, Ron. Ya verás como luego me lo agradeces. Y también a Sirius.

  • ¿Entonces Black dice la verdad? - preguntó Fred.

  • Sí - asintió Harry con la cabeza -. Él no ha hecho nada malo. Y nunca me haría daño.

  • Si estás tan seguro... - dudó George. Ambos gemelos veían a Harry como a un hermano y no querían que nadie le hiciese daño.

  • Tanto como de que Snape me odia - aseguró Harry provocando alguna sonrisa -. Id subiendo a la torre, de verdad. Yo quiero esperar aquí a Sirius. Necesito hablar con él a solas para asegurarme de que está bien.

Después de muchas protestas por parte de todos, los Weasley y Tonks, que había decidido que les iba a acompañar aunque ella fuese de Hufflepuff, salieron del comedor. Y ya solo quedaban Ron y Hermione discutiendo con Harry.

  • ¡No te vamos a dejar solo con él, Harry! - dijo la niña cruzándose de brazos -. ¡Aún no sabemos seguro que sea inocente y podía pasarte algo!

  • Hermione, no me va a pasar nada - la tranquilizó Harry -. Sirius no me va a atacar. ¡Más bien hechizaría a cualquiera que lo intentase! Así que podéis subir a la torre porque tú acabas de ser despetrificada y tú, Ron, te has pasado horas cargando piedras y necesitáis descansar los dos.

  • ¿Y tú qué, Harry? - intervino Ron -. ¿Y lo que has pasado tú qué? ¿Te crees que no hemos visto como te estabas quedando dormido en el hombro de Sirius? Has peleado contra un basilisco hace unas horas y contra no sé qué cosa de Quien-Vosotros-Sabéis. Y llevas meses sin dormir bien. ¡Por Merlín, no sé cómo sigues en pie!

  • Claro que estoy agotado y no sabes las ganas que tengo de irme a la cama - respondió Harry -. Pero de verdad que necesito hablar con Sirius. Y el que yo me quede un rato más no significa que tengáis que quedaros esperando vosotros también.

  • Pero, Harry...

  • Hermione, ¿confiáis en mí? - la interrumpió el niño.

  • ¿Qué clase de pregunta es esa? - se sorprendió Ron -. ¡Pues claro que confiamos en ti! ¡Y tú no te vas a librar de nosotros! Ya viste la carta. No nos vas a convencer de lo contrario.

  • Lo sé, Ron. Y no sabes cuánto os lo agradezco. Pero la carta no se refería a esto, sino a todas las aventuras que nos quedan. Además, la carta decía que Sirius es inocente. Así que si confiáis en mí, por favor, hacedme caso cuando os digo que voy a estar bien con Sirius, que solo quiero hablar con él a solas, que Scabbers es la respuesta a todo y todo tiene una explicación que tiene sentido. Por favor, iros ya a la cama. No creo que tarde mucho más en llegar.

Le costó todavía varios minutos convencerles de que iba a estar bien, pero al final se quedó solo en el comedor sentado en un banco con la jaula encima de la mesa. Les miró mientras se salían por la puerta.

Tres... Dos... Uno..., contó en su cabeza.

  • Harry, ¿estás seguro de esto? - volvió a entrar Hermione.

  • Sí, colega, no nos importa esperar... - dijo Ron asomándose él también.

  • ¡Marchaos! - les interrumpió entre risas Harry -. Iros a dormir. Hasta mañana.

O hasta que os vea esperando en la sala común a que suba para aseguraros de que no me han matado por el camino, pensó para sí mismo mientras volvían a irse, esta vez de verdad.

Los quería más que a nada en el mundo y daría la vida por ellos sin dudarlo. Y sabía que ellos harían lo mismo y por eso insistían tanto. Negó con la cabeza sonriendo hasta que volvió a pensar en Sirius.

¿Dónde estaba? Llevaban mucho rato fuera. ¿Y si le había pasado algo? ¿O si le culpaba a él de la muerte de sus padres?

No seas tonto, se regañó mentalmente mientras se cruzaba de brazos sobre la mesa y apoyaba la cabeza en ellos. Sirius no te culparía de nada y a Remus no le conozco mucho, pero dudo mucho que él te culpe de algo.

No pudo pensar mucho más porque segundos después el cansancio le había vencido y se quedó dormido.

Los dos merodeadores volvían tranquilamente al Gran Comedor. Bueno, Remus volvía tranquilamente. Sirius casi brincaba de la emoción y la alegría mientras hablaba sobre Harry. Todo le parecía maravilloso y le estaba contando a Lupin hasta el último detalle de la conversación que habían tenido camino a la torre de Gryffindor.

  • ¿Te fijaste en él, Remus? ¡Se acercó a mí, aunque todos creían que yo era un asesino! ¡Y no me tuvo miedo! ¡Y me creyó, sin ninguna duda, cuando le conté lo que pasó! ¿Y viste lo que hizo cuando volvimos? ¡Se plantó frente a los aurores! ¡Merlín, Lunático, tiene doce años! ¡Y estaba dispuesto a enfrentarse a los aurores! ¡Ese es mi ahijado! ¡Gryffindor hasta la médula!

Y así seguía y seguía hablando sobre él ante Remus, que veía divertido cómo se emocionaba cada vez más.

  • ¿Y lo listo que es? Planear cómo capturar así a Peter, como si fuese lo más fácil del mundo, o engañar a todo el comedor sin mentir. ¿Sabes?, no me extrañaría que pudiese haber ido a cualquier otra casa porque es inteligente y astuto, sino no habría podido planear todo eso en el momento. ¿Y has visto qué unido está al pelirrojo y a la chica esa? ¿Se llaman Ron y Hermione, no? Bueno, pues se ve a simple vista que cualquiera de los tres daría la vida por cualquiera de los otros dos y eso me asusta, pero lo respeto. ¡Eso es totalmente Hufflepuff! ¡Mi ahijado es el mejor! ¿No lo ves, Lunático? Pero gana el Gryffindor en él. ¡No cualquiera haría lo que él ha hecho!

Ahora ya casi saltaba por los pasillos y mientras bajaba las escaleras e iba gesticulando tanto que alguna vez Remus tuvo que agacharse para evitar que le golpease. Y llevaba una sonrisa tan amplia que parecía que se le iba a quedar grabada en la cara para siempre.

No era que Remus no quisiese a Harry, pero Sirius lo adoraba. Le había conocido hoy por primera vez, conocerle de conocer en qué persona se estaba convirtiendo, y le adoraba. Creía que no se cansaría nunca de hablar de él.

  • ¿Y has visto lo parecido que es a James y a Lily? ¡Creía que volvía a estar en segundo curso y James estaba mirándome cuando le vi frente a mí! ¡Son iguales, Lunático! Bueno, menos por la cicatriz del rayo... ¡y por sus ojos! ¡Son como los de Lily, Lunático! ¡Exactamente iguales! ¿A quién crees que se parece más? No le conozco tanto todavía, ¡pero voy a averiguarlo, Lunático! Ya verás. ¿Y has visto lo que hace con el pelo? ¡Se pasa la mano despeinándoselo igual que James! ¿Crees que juega el quidditch? Sé que este es el primer año que podía presentarse a las pruebas y que hay mucha más gente, ¡pero ojalá que juegue! ¿Te imaginas que es buscador como Cornamenta? ¡Ja!, seguro que es mejor que él.

  • Sirius - le interrumpió Remus riéndose -, puedes preguntárselo cuando lleguemos al comedor. ¿Pero te puedes tranquilizar? ¡No creo que hayas cogido aire ni una sola vez desde que pasamos el grupo de armaduras que está al lado de la clase de Aritmancia!

  • Vale, vale, ya respiro - dijo y cogió una enorme bocanada de aire para soltarla lentamente -. ¿Ves? Pero es que, ¡oh, Lunático, qué ganas tengo de conocerle bien! Hay tantas cosas que aún no sé...

  • Como te he dicho, Canuto, ahora le podrás preguntar lo que quieras y mañana más y pasado y al día siguiente. Vais a tener mucho tiempo para conoceros.

  • Sí - suspiró Sirius -. ¡Vamos, Lunático, ya estamos casi en el comedor! ¡Corre!

  • Espera, Sirius, un segundo - dijo Remus poniéndose serio.

  • ¿Cómo que espera? ¡Corre! ¡Vamos a ver a Harry!

  • ¡¿Me quieres escuchar un momento?! - dijo Remus perdiendo la paciencia -. Calla y escucha. ¿Qué oyes?

  • Nada - respondió extrañado después de una pausa -. ¿Debería oír algo?

  • Sirius, estamos al lado del Gran Comedor que está lleno de estudiantes. Deberían oírse gritos o risas o conversaciones o lo que sea, pero es imposible que cientos de estudiantes estén callados a no ser que...

  • ¡A no ser que les haya pasado algo! - exclamó Sirius quedándose tan blanco como el papel -.¡Harry!

Y los dos fueron corriendo hacia el comedor.

¡No! ¡Harry, no! ¡Por favor, que esté bien, por favor, por favor, que Harry esté bien!, pensaban los dos. Preferían que todos estuviesen bien, pero no podían perder a Harry. No ahora, cuando acababan de recuperarlo.

Entraron a toda velocidad en el comedor y frenaron tan de repente que Remus, que iba detrás de Sirius, chocó con él.

  • Sirius, ¿qué...? - pero luego lo vio. El comedor estaba vacío. No había nadie.

  • ¿Y Harry? - preguntó Sirius nervioso.

Se giraron hacia todos lados, por si por casualidad encontraban algo. Y tuvieron éxito. Fue Remus el primero en verle en una esquina de la mesa de Gryffindor.

  • Está bien, Sirius. Harry está ahí - dijo señalándole y respirando tranquilo por primera vez desde que se les había ocurrido la posibilidad más horrible.

Sirius se giró tan rápido que al día siguiente era probable que le doliese el cuello. Sin embargo, eso no le importó lo más mínimo cuando vio una mata de pelo azabache en una esquina del comedor. Una ola de alivio le barrió entero al ver a su ahijado ahí dormido, sin enterarse de lo que había pasado.

Se acercaron a él y vieron que dormido se parecía muchísimo más a James. Si no podían ver los ojos verde esmeralda de Lily, Harry era la viva imagen de su padre. Pero eso no fue en lo que se fijaron los dos merodeadores. Parecía mucho más joven, como si por primera vez aparentase de verdad su edad, aunque hasta este momento ninguno de los dos se había dado cuenta de que despierto Harry parecía haber visto mucho más de lo que debería ver un niño de doce años.

  • Está agotado, Lunático - susurró Sirius -. Y mira las ojeras que tiene... Parece que hacía mucho que no dormía tranquilo. Me gustaría saber lo que le ha pasado.

  • Lo vamos a saber, Canuto - respondió Remus en el mismo tono -. En un par de días sabremos todo por lo que ha pasado, por lo menos aquí en Hogwarts. Sobre los Dursley habrá que preguntarle la mayor parte, supongo.

  • Sí, supongo - suspiró.

Se acercó a Harry más para cogerlo y llevarlo arriba. Con cuidado lo movió para no despertarle y al final consiguió cogerlo en brazos, con la cabeza apoyada en su hombro, sin que se agitase apenas.

  • Vamos, Lunático. Supongo que Dumbledore les habrá mandado a todos a dormir. ¿Te importa coger la jaula? No quiero despertar a Harry. Parece que necesita tantas horas de sueño como pueda. Ya hablaremos mañana.

Los dos, y la rata, salieron en silencio del comedor y subieron despacio las escaleras para no despertar al niño que cargaba Sirius. Llegaron al retrato de la Señora Gorda y, gracias a que Sirius ya había entrado antes con Harry, pudieron entrar a la sala común. Aunque para su sorpresa no estaba vacía.

  • ¡Harry, ¿qué...?! - se alarmó Hermione, ya que fue la primera en verle.

  • Shh, ¿Hermione, verdad? - preguntó Remus -. Harry estaba en el Gran Comedor. Se había quedado dormido abajo. ¿Estaba esperando a Sirius, no?

  • Sí - respondió Ron -. Se negó a irse hasta asegurarse de que estaba bien y nos hizo subir porque según él "estábamos agotados y necesitábamos descansar" - puso los ojos en blanco al mirar a su amigo dormido en brazos de Sirius.

  • Me parece que él necesitaba descansar más que nadie - dijo suavemente Sirius y miraba con tanto cariño a su ahijado que, si les quedaba alguna duda a los dos niños de que Harry estaba a salvo con él, se disipó en un instante -. No sé qué ha pasado, pero no ha sido nada fácil, ¿verdad? - preguntó levantando la cabeza.

  • No, no lo ha sido, especialmente para Harry - respondió Hermione.

  • No es que el curso pasado fuese fácil - dijo Ron con una sonrisa amarga -, pero este... ha sido horrible para todo el mundo.

  • Y, como siempre, todo el problema ha caído sobre Harry - suspiró Hermione negando con la cabeza -. Ya sabréis a lo que nos referimos cuando leamos los dos primeros libros. Los he visto y no son muy largos, así que supongo que en un par de días los tendremos terminados si leemos a buen ritmo.

  • ¿Y sabéis algo de los Dursley? ¿De cómo le tratan? - preguntó de repente Sirius.

  • Esto... - se sorprendieron los dos antes de que Ron siguiese -. Harry me ha contado algunas cosas y... no mola. Pero con que aparezcan en los libros la mitad de las cosas que él me ha contado os haréis una idea. Además, no es algo que debamos contar nosotros.

Hubo una pausa incómoda para las cuatro en la que de pronto nadie sabía qué decir.

  • ¿Por qué no le subís a su cuarto? - rompió el silencio Hermione -. Estará más cómodo en su cama. Por cierto, han aparecido dos habitaciones para los recién llegados, una para los chicos y otra para las chicas.

  • ¿Habitaciones nuevas? - se sorprendieron los merodeadores.

  • Sí, parece que los que enviaron la carta y los libros sabían lo que hacían porque de alguna forma han conseguido que Hogwarts las proporcione y hay espacio para todos. La de los chicos he oído que está justo en frente de la habitación de los de segundo año, al parecer. Quizás es porque todo parece girar en torno a Harry y, por tanto, a nuestro curso.

Mientras Hermione explicaba esto ya habían llegado a la habitación de segundo año, donde los otros tres ocupantes ya estaban dormidos. Ron hacia la cama de Harry y levantó las mantas para que Sirius pudiese meterle con cuidado. Le quitaron los zapatos y las gafas y los cuatro salieron de puntillas para no despertar a nadie.

  • Deberíais iros a dormir - dijo Remus cuando hubo cerrado la puerta -. Mañana hay mucho que hacer.

  • Sí, buenas noches - murmuró Ron girándose para volver a entrar -. Espera, Sirius - le llamó deteniendo a todos en el descansillo cuando estaban a punto de seguir su ejemplo -. Yo... En realidad, nosotros... Harry no nos ha explicado qué es lo que pasó en realidad, pero, bueno... se las apañado para convencernos de que eres inocente.

  • Sí, Ron tiene razón - dijo Hermione -. Los dos confiamos en Harry y si Harry dice que eres inocente, y lo dice tan seguro como lo dijo, tendrá razón. No sería la primera vez que el que parece culpable en realidad trataba de salvar a Harry.

  • Ni que lo digas - murmuró Ron recordando el lío de Snape y Quirrell -. Todavía no me creo que no fuese él el culpable.

  • ¿Asumo que nos enteraremos mañana? - interrumpió Remus confundido.

  • Sí. Primer libro - dijeron los dos a la vez.

  • Solo quería decirte eso, Sirius - siguió Ron -. No creemos que seas culpable, y mi familia y Tonks tampoco están seguro de que lo seas. Así que si los del ministerio vuelven a intentar algo, Harry no estará solo defendiéndote esta vez.

  • Yo... Esto... Gracias - agradeció Sirius sorprendido.

  • Sí, bueno, hasta mañana - dijo Hermione tras otra pausa incómoda y bajó las escaleras para irse a su torre.

  • Buenas noches - se despidió Ron antes de entrar en su cuarto.

  • Me creen... - susurró Sirius -. ¡Remus, me creen!

  • ¡Shh! Baja la voz, Sirius, o vas a despertar a alguien.

  • Pero, Remus, ¡me creen! Harry les ha convencido. Y al resto de los Weasley. Y a mi prima Tonks. ¡Merlín, gracias, Harry!

  • Ya le agradecerás mañana, Sirius, pero vas a despertarle a él y al resto del segundo año si no bajas la voz. Vamos a dormir y hablarás mañana con todos, Sirius.

Tardó un poco más todavía, pero consiguió que entrase en la habitación, donde estaban todos los varones Weasley que no estaban ya en Hogwarts. Era una habitación muy parecida a cualquiera de los otros dormitorios de la torre, pero era más grande para que pudiesen caber más camas. Al pie de cada cama había un baúl con un nombre indicando la cama de cada uno. Las de los dos merodeadores estaban justo a la derecha, con la de Sirius al lado de la puerta y la de Remus a la derecha de esta. Y en cada baúl había prendas de ropa suficientes para más de una semana, como mínimo, con la talla perfecta de cada uno.

Me encanta la magia, pensó Sirius con una sonrisa mientras sacaba un pijama del baúl.

En unos minutos, los dos se quedaron dormidos y ya no quedaba ni un alma despierta en toda la torre. Había sido un día muy largo para todos y necesitaban descansar.

A la mañana siguiente, Harry se despertó de golpe para encontrarse con Hermione, que ya estaba vestida y preparada para bajar a desayunar y que había subido a despertarles a los dos.

  • Hermione, ¿qué...?

  • Vamos, Harry, llevo siglos levantada y ya está todo el mundo abajo desayunando.

  • Hermione - se quejó Harry dándole la espalda de nuevo -, después de la Cámara de los Secretos de ayer me gustaría dormir y seguro que Ron está de acuerdo conmigo.

Como para darle la razón, el pelirrojo soltó un ronquido en ese preciso instante.

  • ¿Y no quieres ver a Sirius, Harry? - preguntó ella sabiendo que eso le haría levantarse de un salto.

  • Sirius - repitió Harry levantando la cabeza de la almohada y saltó en seguida de la cama.

  • Ve a ducharte mientras yo despierto a Ron - le dijo Hermione riendo -. Os espero en quince minutos abajo.

Fue una ducha récord. En cinco minutos Harry salía del cuarto de baño con el pelo empapado. Hermione ya no estaba, pero Ron seguía durmiendo, aunque esta vez encima de las mantas de la cama, señal de que la niña le había despertado y él había esperado a que saliese para volver a dormirse.

  • Ron - le llamó mientras se ponía la túnica del uniforme. Ni loco iba a ponerse la ropa que le habían dado los Dursley hoy, cuando seguramente iban a leer sobre ellos.

El pelirrojo no dio señales de haberle oído.

  • Ron, despierta. Hay que bajar a desayunar. ¡Ron! - subió la voz, pero no consiguió levantarle. Harry bufó exasperado hasta que vio su varita sobre la mesilla y sonrió.

- Aguamenti - exclamó apuntando a su amigo con ella. Fue instantáneo. Dio un respingo tan grande que se cayó de la cama.

  • ¿Qué..? ¿Pero qué...? - dijo al ver que estaba calado hasta los huesos. Y entonces vio a Harry riéndose y con su varita en la mano -. ¡Harry, esta me la vas a pagar! - amenazó levantándose para perseguirle.

  • Lo siento, Ron - dijo Harry saliendo rápido por la puerta -. Abajo en diez minutos o te quedas sin desayuno - dijo antes de cerrar rápidamente para evitar el zapato que le había lanzado el pelirrojo.

Todavía riendo, bajó a la sala común para reunirse con Hermione ahora que sabía que la amenaza del desayuno mantendría despierto a Ron.

  • ¿Y Ron? - preguntó ella cuando le vio bajar solo.

  • Le acabo de despertar. Se había vuelto a dormir cuando saliste - dijo encogiéndose de hombros -. Pero no creo que tarde mucho. Le he amenazado con el desayuno.

Los dos se echaron a reír. Entonces a Harry se le ocurrió algo.

  • Hey, Hermione, ¿cómo llegué anoche a la torre? Solo me acuerdo de estar en el comedor esperando a Sirius y a Remus.

  • Te trajo Sirius. Ron y yo estábamos esperando en la sala común para ver si llegabas bien cuando entró con Remus. Te habían encontrado dormido en el Gran Comedor y Sirius no quiso despertarte así que te trajo en brazos. Y sinceramente, no le culpo por no querer despertarte. Parecías a punto de quedarte dormido en cualquier momento durante la lectura ayer.

  • Oh - fue lo único que respondió él poniéndose sonrojándose. ¿Qué habría pensado Sirius al tener que llevarle en brazos todo el camino como a un bebé? ¡Merlín, qué vergüenza!

  • Harry, sé lo que estás pensando y no es cierto - cortó sus pensamientos Hermione antes de que pudiesen llegar más lejos -. Sirius no piensa que seas débil ni ninguna de las tonterías que estés pensando. Si le hubieses visto ayer, Harry... Te quiere. Te quiere de verdad. Y ni él ni nadie piensa ninguna de esas tonterías. La señora Weasley no hacía más que mirarte durante todo el capítulo murmurando sobre que necesitabas irte a la cama y durante la cena oí a Fred y a George haciendo una apuesta sobre si llegarías al postre o no quedarte dormido sobre la mesa. Me parece que el que perdiese iba a ser el que tuviese que llevarte hasta tu cuarto...

Se quedó un segundo mirando a la nada intentando recordar antes de volver al tema.

  • Da igual. El caso es que no éramos los únicos que lo veíamos. Cualquiera podía ver que estabas exhausto, y dentro de poco sabrán por qué, no me extraña que te quedases dormido. Lo que me extraña es que aguantases tanto despierto. Y estoy convencida de que Sirius casi esperaba que te quedases dormido en su hombro al final del capítulo. Y no le molestó en absoluto. Así que ni se te ocurra ponerte a pensar tonterías de esas que solo se te ocurren a ti.

  • Gracias, Hermione - le agradeció con una sonrisa después de unos minutos de silencio -. Tú siempre sabes qué decir.

  • ¿Para qué están las hermanas si no es para eso? - le quitó importancia ella. Y era cierto. Para Harry, ella era su hermana y para Hermione, Harry era el hermano que siempre quiso.

En ese momento oyeron la puerta del cuarto de los de segundo cerrarse y en seguida bajó Ron.

  • Corred. Vamos a desayunar o no quedará nada bueno - les metió prisa, olvidándose ya de la ducha imprevista de esa mañana.

Apenas unos minutos antes de que Hermione subiese a levantar a los dos chicos, Sirius y Remus bajaban la escalera para ir a desayunar.

  • ¿Crees que habrá bajado ya al comedor? ¿Se habrá levantado ya? No, no creo - se respondió a sí mismo Sirius antes de que Remus pudiese abrir la boca -. Ayer estaba exhausto.

El hombre-lobo solo puso los ojos en blanco ante los ánimos de su amigo y sonrió divertido. ¡Cuánto le había echado de menos! Llegaron abajo y se toparon con Hermione, que se disponía a subir la escalera de los chicos.

  • Buenos días, Hermione - la saludó.

  • Buenos días, Remus. Buenos días, Sirius - respondió ella.

  • ¡Hermione, buenos días! ¡Perfecto, necesitaba encontrarte! - dijo a toda prisa Sirius -. ¿Has visto a Harry? ¿Sabes si se ha levantado ya?

  • No, no se ha levantado - respondió ella divertida -. Iba justo a ahora a despertarle a él y a Ron. ¿Vais a bajar a desayunar? Nosotros no creo que tardemos mucho, si consigo levantar a Ron, claro.

  • Estupendo - se alegró Sirius -. Nos vemos abajo, entonces.

Los dos merodeadores llegaron al Gran Comedor, que estaba lleno de estudiantes. Eran de los últimos en llegar, pero, después de todo, habían sido de los últimos en irse a dormir. Se sentaron al lado de los Weasley y en seguida Sirius se llenó el plato con todo lo que pudo alcanzar. ¡Merlín, cómo había echado de menos una buena comida!

  • Respira, Sirius - le recordó Remus entre divertido por la imagen y triste por la causa de todo ese hambre -. Nadie te lo va a quitar.

  • Respirar está sobrevalorado - replicó él entre bocados -. Las salchichas están mucho mejor. Si tengo que elegir entre las dos cosas, lo siento, pero me quedo con las salchichas.

Remus puso los ojos en blanco y siguió comiendo mientras los Weasley los miraban sonriendo. En pocos minutos, ya no quedaba ninguna salchicha ni huevos ni bacon cerca y solo entonces Sirius dejó los cubiertos satisfecho.

  • Buenos días - saludó Harry, que llegaba en ese momento con Ron y Hermione.

  • Buenos días, Harry - saludó Sirius contento -. ¿Todo bien? Ayer parecías cansado.

Harry y Hermione se miraron y la niña le lanzó una mirada que decía claramente "te lo dije", a lo que Harry solo puso los ojos en blanco y sonrió.

  • Todo perfecto, Sirius. ¿Tú estás bien? Después de lo de ayer... Al final no tuve ocasión de preguntarte.

  • Todo bien. Lunático siempre sabe qué decir.

Harry y Hermione volvieron a mirarse sorprendidos antes de estallar en carcajadas.

  • Creo que nos estamos perdiendo algo el resto.

  • Da igual - contestó Harry sonriendo todavía -. Es solo una conversación que he tenido hoy con Hermione y yo le dicho lo mismo. Siempre sabe qué decir.

  • ¡No quedan salchichas! - les interrumpió el grito de Ron -. ¿Cómo pueden haberse acabado todas?

  • Me parece que eso es culpa de este de aquí - dijo Remus señalando a Sirius.

  • ¿Te las has comido todas? - abrió los ojos como platos Ron.

  • Todas, todas, no - replicó Sirius frotándose la parte de atrás del cuello -. Solo casi todas. Ya faltaban algunas cuando yo he empezado a comer.

  • ¿Cómo has podido comerte todas? - le ignoró el pelirrojo.

  • ¡Hey!, que están buenas y tenía hambre - se defendió.

  • Eso ya lo veo - intervino Harry - porque tampoco quedan huevos ni bacon. Bueno, me gustan las tostadas - se encogió de hombros y alargando el brazo para coger un par de ellas con mermelada.

El desayuno siguió entre risas y chistes, hasta que Dumbledore se levantó y casi al instante todos se callaron.

  • Buenos días a todos. Hoy vamos a seguir con la lectura y, si no perdemos el tiempo a lo mejor podemos terminar el primer libro hoy - anunció -. ¿Quién quiere leer el segundo capítulo?

Apenas había terminado de hablar y la mano de Hermione ya se estaba agitando en el aire.

  • A mí me gustaría leer este, profesor, si no hay ningún problema.

  • En absoluto, señorita Granger - respondió él haciendo levitar el libro hasta la niña -. Que comience la lectura.