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Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 5
Las cartas de nadie
Este capítulo está ya terminado, ¿no, señorita Granger? - dijo McGonagall.
Sí, profesora.
Muy bien. Yo leeré el siguiente capítulo, si no les importa - dijo convocando el libro.
Las cartas de nadie - leyó con fuerza para que se la oyese en todos lados.
¿Cómo que de nadie? - se extrañó Neville.
A lo mejor se refiere a la carta de Hogwarts - dijo Dean encogiéndose de hombros.
Pero solo se recibe una, y dice "cartas" - replicó Seamus confundido.
Ahora lo veréis - dijo Harry con una sonrisa. Este capítulo iba a ser divertido, con la odisea que llevaron a cabo para intentar que Harry no recibiese su carta.
Lafuga de la boa constrictor le acarreó a Harry el castigo más largo de su vida. Cuando le dieron permiso para salir de su alacena ya habían comenzado las vacaciones de verano
Exactamente - interrumpió Hermione mirando a su mejor amigo -, ¿cuántos días faltaban para tu cumpleaños? Para hacerme una idea de cuánto tiempo estuviste ahí encerrado, no por otra cosa.
Harry se sonrojó violentamente y clavó la mirada en su regazo.
Harry - le llamó Sirius con la voz tensa. Él también estaba muy interesado en la respuesta, no porque fuese masoquista y quisiese tener otra razón para estar mal humor, sino para saber cuánto tenía que hacer sufrir a esos... animales.
El chico murmuró algo que sonó como "como un mes más o menos" y que hizo que todos tuviesen que respirar hondo para poder seguir. ¿Significaba eso que había estado un mes metido en ese armario?
y Dudley había roto su nueva filmadora, conseguido que su avión con control remoto se estrellara y, en la primera salida que hizo con su bicicleta de carreras, había atropellado a la anciana señora Figg cuando cruzaba Privet Drive con sus muletas.
Pues sí que le duran los regalos - murmuró Ron por lo bajo.
Le da igual - se encogió de hombros Harry con una mueca de desagrado -. Luego llora un poco, hace un berrinche y me echa la culpa y le compran todo lo que quiera.
Es... - dijo Hermione sin encontrar la palabra adecuada.
¿Repugnante? - propuso George.
¿Cruel? - dijo Fred.
¿Asqueroso?
¿Vomitivo?
¿Un niño mimado?
Horrible - interrumpió Hermione antes de que pudiesen seguir con sus sugerencias.
Oh, bueno - se encogió de hombros Fred.
Me gustaban más nuestras propuestas - dijo George haciendo sonreír a muchos. Como este par no había nadie.
Harry se alegraba de que el colegio hubiera terminado, pero no había forma de escapar de la banda de Dudley, que visitaba la casa cada día. Piers, Dennis, Malcolm y Gordon eran todos grandes y estúpidos, pero como Dudley era el más grande y el más estúpido de todos, era el jefe.
Me parece que eso no se cumple siempre, Harry - le susurró Ron señalando disimuladamente hacia Malfoy, Crabbe y Goyle -. Sino, Goyle sería el jefe.
Y los dos se echaron a reír mientras todos les miraban raro. Parecía que ni leyendo los pensamientos de Harry iban a entender a estos dos. A lo mejor cuando apareciese Ron en la historia...
Los demás se sentían muy felices de practicar el deporte favorito de Dudley: cazar a Harry.
Muchos gruñeron.
Cazar a Harry - repitió Sirius en voz tan baja que solo le oyó Remus -. Así que primero le persigue Voldemort y luego el gordo de su primo toma el relevo hasta que el idiota de cara de serpiente pueda seguir intentando matarlo.
No te preocupes, Sirius - le apretó el hombro Lupin -. Con estos libros cambiaremos todo lo que haga falta y vivirá feliz a partir de ahora.
Sirius volvió a gruñir. Su ahijado se había pasado toda su vida, e incluso antes de nacer, siendo perseguido por una persona u otra. Bufó atrayendo la atención de su ahijado, pero desdeñó su mirada preocupada con un gesto. No merecía la pena que Harry conociese tan pronto la profecía cuando seguro que aparecía en los libros.
Por esa razón, Harry pasaba tanto tiempo como le resultara posible fuera de la casa, dando vueltas por ahí y pensando en el fin de las vacaciones, cuando podría existir un pequeño rayo de esperanza: en septiembre estudiaría secundaria y, por primera vez en su vida, no iría a la misma clase que su primo. Dudley tenía una plaza en el antiguo colegio de tío Vernon, Smelting. Piers Polkiss también iría allí. Harry en cambio, iría a la escuela secundaria Stonewall, de la zona.
¿No estabas a punto de cumplir los once años, Harry? - preguntó Neville confundido -. ¿Qué pasa con Hogwarts?
Neville, ¿no has visto cómo son lo Dursley? - dijo Harry poniendo los ojos en blanco -. Si no me dijeron que era un mago y me castigaban por hacer magia, ¿por qué me iban a decir que iba a ir a un colegio donde aprendería a controlarla?
Neville se puso algo colorado al no ver lo obvio, pero una sonrisa amable de Harry le tranquilizó. El resto estaba otra vez echando humo por las orejas al oír estas injusticias.
Dudley encontraba eso muy divertido.
Ja, ja - dijo Fred -. Ah, no, espera. Que no tiene gracia.
Ya veremos si le sigue pareciendo divertido cuando Harry vaya a Hogwarts - dijo George mordazmente.
Sí, a ver quién se ríe entonces, cuando se muera de miedo de que le convierta en una cucaracha.
Más bien tenía miedo de que le convirtiese en un murciélago - señaló Harry recordando las bromas que le había gastado a Dudley el verano pasado.
—Allí, en Stonewall, meten las cabezas de la gente en el inodoro el primer día —dijo a Harry—. ¿Quieres venir arriba y ensayar?
¿En serio? Será matón de pacotilla - bufó Hermione. Su primo llegaba a ser ridículo -. ¿No se le ocurría nada mejor? Como si no hiciesen lo mismo todos los matones de colegio.
Es Dudley Dursley, Hermione, hijo de alguien que no aprueba la imaginación - dijo Harry -. No se le puede ocurrir otra cosa.
—No, gracias —respondió Harry—. Los pobres inodoros nunca han tenido que soportar nada tan horrible como tu cabeza y pueden marearse. —Luego salió corriendo antes de que Dudley pudiera entender lo que le habí****a dicho.
Genes de merodeador - dijeron Sirius y Remus con una sonrisa por encima de las carcajadas.
McGonagall daba gracias por que Harry no pusiese todo su ingenio en gastar bromas, sino solo Merlín sabe si el castillo seguiría en pie. Si usase la misma energía que usaba en resolver misterios y meterse en líos para gastar bromas... Se estremeció. Ella no daría abasto para castigarle, si conseguía pillarle, claro. Y es que con la señorita Granger para ayudarle a él y al señor Weasley a planearlo todo, probablemente saldrían impunes la mayor parte de las veces.
Los gemelos miraban interesados a Harry siguiendo más o menos la misma línea de pensamiento que la profesora, solo que a ellos les parecía maravilloso. Perfecto. Un compañero de bromas estupendo. Tenían que convencerle de que fuese con ellos alguna vez.
Un d****ía del mes de julio, tía Petunia llevó a Dudley a Londres para comprarle su uniforme de Smelting, dejando a Harry en casa de la señora Figg. Aquello no resultó tan terrible como de costumbre. La señora Figg se había fracturado la pierna al tropezar con un gato y ya no parecía tan encariñada con ellos como antes. Dejó que Harry viera la televisión y le dio un pedazo de pastel de chocolate que, por el sabor, parecía que había estado guardado desde hacía años.
Bueno, puede que sí supiese un poco así, pero estaba bueno - dijo Harry.
Harry, no se puede dejar el chocolate tanto tiempo guardado - se quejó Ron con una cara de horror -. ¿Cómo te pudiste comer eso? Seguro que no sabía ni parecido a chocolate.
Ron, ¿te crees que los Dursley me daban chocolate a menudo? - le recordó -. Hacía siglos que no lo probaba y no iba a desaprovechar la ocasión de comer un poco. Me habría dado igual que hubiese estado guardado desde que la señora Figg se mudó a Privet Drive. A mí me sabía estupendo.
El pelirrojo se sonrojó un poco por no haber pensado en eso, pero al ver la cara de ensoñación de su amigo no pudo evitar sonreír.
Aquella tarde, Dudley desfil****ó por el salón, ante la familia, con su uniforme nuevo. Los muchachos de Smelting llevaban frac rojo oscuro, pantalones de color naranja y sombrero de paja, rígido y plano.
Las chicas pusieron una mueca de desagrado pensando claramente que esa escuela no tenía sentido alguno de la moda, y probablemente tampoco de la dignidad porque hacer llevar eso puesto a unos niños...
Ni siquiera Fred y George gastarían una broma tan cruel. Les iba a dar vergüenza el resto de su vida mirar las fotos de la infancia.
También llevaban bastones con nudos, que utilizaban para pelearse cuando los profesores no los veían. Debían de pensar que aquél era un buen entrenamiento para la vida futura.
¿Pero qué clase de escuela es esa? - se escandalizó Alicia.
La que luego crea cerdos como Vernon Dursley - gruñó Katie.
Los profesores estaban claramente horrorizados imaginándose qué hubiese pasado si ellos hubiesen tenido que dar clase en una escuela así. No habrían aguantado ni una semana antes de tener que dimitir o estrangular a algún alumno.
Mientras miraba a Dudley con sus nuevos pantalones, tío Vernon dijo con voz ronca que aquél era el momento de mayor orgullo de su vida.
¿En serio? - dijo escéptico George con una ceja alzada -. ¿Ese es su mayor orgullo?
¿El que el cerdo de su hijo lleve pantalones nuevos? - dijo Fred.
Fingieron un estremecimiento y dijeron a la vez:
Menos mal que nosotros apuntamos a algo más en la vida que ver a un cerdo con pantalones...
Tía Petunia estalló en lágrimas y dijo que no podía creer que aquél fuera su pequeño Dudley, tan apuesto y crecido.
Sobre todo crecido - se mofó Harry -. Parecía que le iban a estallar los botones de ese frac tan horroroso de lo estrecho que le quedaba.
Todos rieron ante la imagen que se les formó en la cabeza.
Harry no se atrev****ía a hablar. Creyó que se le iban a romper las costillas del esfuerzo que hacía por no reírse.
Por suerte ahora no tenía ese problema y pudo reírse todo lo que quiso junto al resto sin tener que preocuparse porque no le viesen. Y en ese momento se le ocurrió que hasta que no había llegado a Hogwarts no había podido hacer nada de lo que le gustaba. Ni comer lo que quisiese, ni jugar con otros, ni reír siquiera. Parecía que su vida no había empezado hasta que había llegado a este castillo.
A la mañana siguiente, cuando Harry fue a tomar el desayuno, un olor horrible inundaba toda la cocina.
¿Tan mal cocinan ellos que, si no haces tú el desayuno, todo está incomible? - dijo Hermione con una mueca.
No es eso - dijo Harry intentando esconder una sonrisa. No creía que a Hermione le hiciese gracia que él supiese cocinar -. Ahora verás qué es lo que apestaba.
Parecía proceder de un gran cubo de metal que estaba en el fregadero. Se acercó a mirar. El cubo estaba lleno de lo que parecían trapos sucios flotando en agua gris.
¿Qué demonios es eso? - preguntó Fred asqueado.
¡Fred, esa boca! ¡Cuida tu lenguaje delante de tu hermana! - le regañó su madre mientras Ginny ponía los ojos en blanco. Como si ella no hubiese oído eso cientos de veces.
Lo siento, mamá - se disculpó rápidamente -. Pero sigo sin saber qué es eso.
No te preocupes - respondió Ron con una sonrisa -. Conociendo a Harry no podrá soportar quedarse con la duda. ¿Cómo crees que nos hemos metido en tantos líos si no es por su curiosidad?
Harry le fulminó con la mirada, sobre todo sabiendo que lo había preguntado nada más entrar en la cocina, mientras el resto sonreía disimuladamente. Se conocían de sobra el uno al otro.
—¿Qué es eso? —preguntó a tía Petunia.
¿Veis? - rio Ron y su amigo le volvió a fulminar con la mirada -. No me mires así. Sabes que tengo razón. ¿Cuánto has tardado? ¿Diez segundos desde que has entrado en la habitación? No. Eso es demasiado. No has tardado tanto en acercarte al cubo. Cinco como mucho.
El resto de estudiantes había estallado en carcajadas. Hasta Harry tuvo que sonreír mientras se despeinaba todo sonrojado.
La mujer frunció los labios, como hacía siempre que Harry se atreví****a a preguntar algo.
Los Ravenclaw fruncieron el ceño molestos. Ellos eran partidarios de preguntar todo lo que necesitases para entender todo y no entendían que alguien prohibiese eso.
Claro. Merlín no quiera que aprendas algo - dijo sarcástico Sirius -. ¡No se van a morir por responderte!
—Tu nuevo uniforme del colegio —dijo.
Hubo más gruñidos.
Es que... Esos... ¡Agrrr! - gruñó Hermione sin encontrar palabras -. Al cerdo le compran uno nuevecito con frac y sombrero y yo que sé qué otras tonterías, ¡y contigo ni se molestan en comprarte uno! ¡Aunque fuese de segunda mano o algo así!
Lo peor es que no me sorprende después de todo lo que hemos oído - bufó Sirius.
Sí, pero uno podría pensar que intentarían guardar las apariencias para que nadie sospechase que tratan a su sobrino peor que a un perro
- dijo Remus y el animago se giró para mirarle mal -. ¡Oh, no empieces, Canuto! ¡Ya sabes a lo que me refiero!
Nadie excepto Harry entendió este intercambio. ¿Empezar con qué? ¿De qué estaban hablando?
¿Podemos seguir? - les llamó la atención Harry -. Sabemos que no lo necesité porque fui a Hogwarts así que no importa.
Harry volvi****ó a mirar en el recipiente.
—Oh —comentó—. No sabía que tenía que estar mojado.
Buena esa, Harry - felicitaron los gemelos entre risas.
Sí, aunque tu tía no tenga cerebro para entender el sarcasmo - dijo Tonks con una sonrisa.
Los merodeadores y Snape estaban recordando a Lily. Las respuestas de la pelirroja cada vez que James la invitaba de nuevo a salir eran siempre de este estilo: sarcásticas y mordaces.
Parecía que el pequeño Harry había heredado el humor y el imán para los problemas de su padre y el sarcasmo e inteligencia de su madre. Había sacado lo mejor de ambos.
—No seas est****úpido —dijo con ira tía Petunia—. Estoy tiñendo de gris algunas cosas viejas de Dudley. Cuando termine, quedará igual que los de los demás.
Claro, Harry, ¿cómo no te has dado cuenta? - dijo Fred con la voz cargada de sarcasmo.
Sí, seguro que queda igual - dijo George.
Lo siento muchísimo - respondió él siguiéndoles el juego -. Tenéis razón. No sé que se me pasó por la cabeza.
No te preocupes, Harry - dijo George -. ¿No te acuerdas lo que te hemos dicho antes?
Sí - asintió Fred muy serio -. Ya te habíamos dicho que tu cabeza no funciona correctamente.
Los estudiantes estaban sonriendo de nuevo. Los gemelos conseguían mantener de buen humor a cualquiera.
Harry ten****ía serias dudas de que fuera así, pero pensó que era mejor no discutir. Se sentó a la mesa y trató de no imaginarse el aspecto que tendría en su primer día de la escuela secundaria Stonewall. Seguramente parecería que llevaba puestos pedazos de piel de un elefante viejo.
Todos volvieron a reírse. A Harry tampoco se le daba mal mantener ligero el ambiente con esos pensamientos tan extraños que tenía.
Unos de los pocos que no rieron fueron los gemelos. Estaban demasiado ocupados apuntando esto para que no se les olvidase la idea que se les había ocurrido para un nuevo producto para la tienda que pensaban abrir cuando saliese de Hogwarts.
Alguno diría que no pensaban en su futuro, pero la verdad es que se lo tomaban muy en serio. Habían empezado ya este curso a diseñar e inventar cosas.
Dudley y tío Vernon entraron, los dos frunciendo la nariz a causa del olor del nuevo uniforme de Harry. Tío Vernon abrió, como siempre, su periódico y Dudley golpeó la mesa con su bastón del colegio, que llevaba a todas partes.
Algunos bufaron exasperados. Este niño no podía ser agradable en ningún momento al parecer. Siempre queriendo restregarle algo en la cara a Harry o burlarse de él. Eso en el mejor de los casos.
Todos oyeron el ruido en el buzón y las cartas que caían sobre el felpudo.
—Trae la correspondencia, Dudley —dijo tío Vernon, detrás de su perió****dico.
¿Perdón? - dijo Sirius con la boca abierta -. Creo que no he oído bien.
Si has oído que estaba mandando al cerdo que hiciese algo de ejercicio, has oído bien, Canuto - dijo Remus con los ojos como platos.
Todos estaban sorprendidos. Los gemelos se habían quedado sin palabras y abrían y cerraban la boca sin que saliese ningún sonido.
Harry se sacudía con las carcajadas reprimidas al ver a todos en el Gran Comedor con la mandíbula por el suelo. ¿No se habían dado cuenta de cómo eran los Dursley todavía? Dudley no se levantaría de su asiento a no ser que le fuese la vida en ello.
—Que vaya Harry.
—Trae las cartas, Harry.
Ah... - suspiró Fred relajándose contra el respaldo de su asiento -. Por un momento pensé...
Sé lo que quieres decir, hermano. Yo también lo pensé - dijo George dramático.
Se oían suspiros y risitas nerviosas cuando oyeron que todo estaba en orden de nuevo. Vernon dando órdenes a Harry, Petunia gritando con voz chillona, el cerdo tan vago que no quería ni levantarse de la silla... Todo en orden.
Una carcajada inesperada interrumpió los pensamientos de todos. Harry se estaba riendo tan fuerte que tuvo que agarrarse el estómago.
Es que... Es que... - dijo intentando recobrar el aliento -. Vuestras caras...
Y le entró otro ataque de risa. Algunos empezaban a pensar que los gemelos tenían razón y algo en la cabeza del chico no funcionaba bien porque ellos no le veían la gracia a la situación.
En cambio, los gemelos, Ron y Hermione solo sonreían como un niño en la mañana de Navidad. No se acordaban de la última vez que le habían oído reírse así. A lo mejor en El Callejón Diagón antes de empezar el curso... No. Hay las cosas ya habían empezado a ir cuesta abajo de nuevo. Probablemente fuese en La Madriguera durante el verano... Sí, fue ahí.
Desde entonces todo había empezado a complicarse. Harry había empezado a oír esa voz extraña, había descubierto que hablaba pársel, todos le ignoraban y se apartaban de él... El pobre lo había pasado mal los últimos meses y eso se veía en las ojeras que una buena noche de sueño no había conseguido arreglar.
Llevaban desde antes de Halloween, quizás desde el primer castigo, intentando animarle. Porque el chico sonreía y reía con ellos a veces, pero nunca dejaba de tener una mirada de preocupación al saber que algo iba a ir mal ese curso, que los alumnos estaban en peligro. Maldito instinto de héroe, maldito impulso de hacer siempre lo correcto que le estaba quitando toda su infancia, maldijeron los cuatro en su cabeza. A lo mejor con estos libros conseguían quitarle un peso de encima y que todo terminase cuanto antes y pudiese volver a vivir una vida normal.
Por el momento, si encontraba algo que le hacía reír de esa manera y le hacía volver a aparentar los doce años que tenía, no se lo iban a reprochar. Llevaban demasiado tiempo buscándolo como para destruirlo ahora.
Da igual - dijo entre hipidos cuando se calmó -. No importa. Es algo absurdo. Vamos a seguir.
Le miraron un momento más, pero tuvieron que girarse para prestar atención al libro cuando McGonagall retomó la lectura. Solo que ahora el Trío de Oro (aunque aún no sabían que se les conocía por ese nombre en el futuro) y los gemelos tenían una sonrisa de oreja a oreja.
—Que lo haga Dudley.
¿De verdad esperabas que funcionase? - preguntó Ron girándose hacia Harry con una ceja alzada.
Hey, a lo mejor era mi día de suerte - dijo encogiéndose de hombros. Seguía de muy buen humor. Qué bien le había sentado reírse así -. Pensándolo mejor, viendo lo que llegó con el correo, sí que fue mi día de suerte.
Ese día empezó a cambiar todo, pensó para sí mismo.
Sí tú lo dices - dijo el pelirrojo -. Yo aún sigo esperando ver un día en el que tengas suerte.
—Pégale con tu bastón, Dudley.
¿"Pégale con tu bastón"? - gruñó Sirius -. ¿En serio, Dursley? ¿Te atreves a decir que golpeen a mi ahijado?
Sirius...
Sí, sí, ya lo sé, Harry, ya lo sé - refunfuñó -. "Esto ya ha pasado", "no merecen la pena", "no puedes alcanzarlos ahora"... Sí, sí, lo sé, ya me lo has dicho. Pero en cuanto salgamos de aquí sí que podré alcanzarlos.
Harry solo puso los ojos en blanco. Adoraba a su padrino y le encantaba que ahora hubiese alguien que estuviese dispuesto a cuidar de él, pero de vez en cuando le daba la sensación de que... ¿exageraba un poquito?
Harry esquiv****ó el golpe
¡Ja! - exclamaron los Gryffindor orgullosos de su jugador. ¡Buscador más joven del siglo!, pensaban todos los leones hinchando el pecho. Aunque no les gustaba que una de las razones de que fuese tan rápido esquivando y haciendo virajes fuese haber estado esquivando golpes durante diez años.
Al ver que los gemelos estaban a punto de gritar algo de "buscador" o algo por el estilo, Harry les lanzó una mirada de advertencia y señaló disimuladamente con la cabeza a Sirius y Remus, que miraban a todos confusos. Solo les hizo falta eso para entender lo que se proponía Harry. Se les iluminaron los ojos y empezaron a sonreír. "Pasadlo", les dijo Harry sin hacer ruido devolviéndoles la sonrisa. Ellos lo hicieron rápidamente, porque no querían que se fastidiase la broma, ¿verdad? ¡Ja, qué sorpresa se iban a llevar!
y fue a buscar la correspondencia. Había tres cartas en el felpudo: una postal de Marge, la hermana de tío Vernon, que estaba de vacaciones en la isla de Wight; un sobre color marrón, que parecía una factura, y una carta para Harry.
Todos se inclinaron hacia delante en sus asientos, expectantes. Esta era, probablemente, la carta más importante en la vida de un mago: la carta que te decía que ibas a Hogwarts.
Harry la recogió y la miró fijamente, con el corazón vibrando como una gigantesca banda elástica. Nadie, nunca, en toda su vida, le había escrito aél.
Esto bajó un poco los ánimos a todo el mundo. Era un poco triste no haber recibido nunca una carta de nadie. Sin embargo, se obligaron a no pensar en ello y centrarse en que Harry se iba a ir a Hogwarts, que esa carta le iba a cambiar la vida.
¿Quién podía ser? No tenía amigos ni otros parientes.
Sirius y Remus bajaron la cabeza empezando a ahogarse con la culpa de nuevo. El primero deseaba con todas sus fuerzas no haber ido a perseguir a la rata y el segundo se regañaba mentalmente por no haber ignorado a Dumbledore y haberle mandado una carta a Harry, aunque fuese solo una.
Sin embargo, antes de que pudiesen sumirse demasiado en la culpa, alguien se aclaró la garganta para llamarles la atención. Levantaron la cabeza y vieron que Harry los miraba serio y con los ojos entrecerrados.
Ni se os ocurra pensar eso - siseó fingiendo estar enfadado -. No es culpa de ninguno.
A ambos se les escapó una sonrisa. Parecía que el chico ya los conocía bien, igual que sus padres. Sacudieron la cabeza sonriendo más ampliamente y le hicieron un gestor a la profesora para que siguiese leyendo.
Ni siquiera era socio de la biblioteca, así que nunca había recibido notas que le reclamaran la devolución de libros. Sin embargo, allí estaba, una carta dirigida a él de una manera tan clara que no había equivocación posible.
La pluma automática para escribir las direcciones nunca se equivoca, señor Potter - dijo el director con un brillo en los ojos -. Siempre escribe la dirección exacta.
Señor H. Potter
Alacena Debajo de la Escalera
Privet Drive, 4
Little Whinging
Surrey
¡Sí! - se alegró todo el comedor -. ¡Es la carta de Hogwarts!
Albus, me parece que la pluma automática no tiene tantas ventajas como pensábamos - murmuró McGonagall con el ceño fruncido -. No vale la pena si nos perdemos cosas como estas.
Puede que tengas razón, Minerva - respondió Dumbledore con el semblante serio -. A lo mejor tendríamos que pensar otra forma antes de que empiece el curso nuevo. No podemos permitir que se nos escape otro caso como este.
La jefa de la casa de Gryffindor asintió decidida a que esto no ocurriese de nuevo, aunque ella se tuviese que leer personalmente los cientos de cartas que se enviaban cada verano.
El sobre era grueso y pesado, hecho de pergamino amarillento, y la dirección estaba escrita con tinta verde esmeralda. No tenía sello.
¿Sello? - preguntó Ginny -. ¿Qué es un sello?
Es un pedazo de papel que los muggles pegan en las cartas para enviarlas - explicó Hermione -. Pagando por ellos es como se paga para que el cartero lleve tu carta.
¿"Tarteros" dices? - preguntó el señor Weasley interesado -. ¿Y dices que ellos llevan las cartas en lugar de las lechuzas?
Arthur, ahora no - le cortó la señora Weasley -. Ya se lo podrás preguntar en el descanso.
Hermione sonrió al señor Weasley, que la seguía mirando ilusionado, y asintió para que supiese que sí se lo explicaría. El hombre acabó con una sonrisa tan amplia que la chica tuvo que apretar los labios para no echarse a reír.
Con las manos temblorosas, Harry le dio la vuelta al sobre y vio un sello de lacre púrpura con un escudo de armas: un león,
Todos los Gryffindor aplaudieron y chillaron creando todo el ruido posible para celebrar la aparición de su casa.
un águila,
Los Ravenclaw aplaudieron con fuerza imitando a los leones.
un****tejón
La casa de Hufflepuff hicieron lo mismo que las dos casas anteriores.
y una serpiente,
Ahora fue el turno de Slytherin de celebrar.
que rodeaban una gran letra H.
El comedor entero estalló en vítores y aplausos. Hogwarts era el segundo hogar para todos y el primero para algunos y, como tal, estaban orgullosos de su escuela y la defenderían siempre con uñas y dientes.
No sabían lo cierto que era esto, que en el futuro muchos estarían dispuestos a quedarse a pelear por ella (bueno, y por Harry, por supuesto).
—¡Date prisa, chico!—exclamó tío Vernon desde la cocina—. ¿Qué estás haciendo, comprobando si hay cartas-bomba? —Se rió de su propio chiste.
Los gemelos y los dos merodeadores hicieron una mueca de disgusto al escuchar el pésimo chiste. Era casi un insulto a los buenos bromistas.
Ugh - fingió estremecerse Fred -. Merlín, eso ha sido horrible.
Una ofensa a las bromas - estuvo de acuerdo George.
Entonces - dijo Sirius y Remus supo que se avecinaba algo gordo porque tenía el mismo brillo en los ojos que cuando organizaban una broma los cuatro merodeadores en el colegio -, habrá que ir a enseñarles como es una broma de verdad, ¿no?
Los cuatro tenían ahora sonrisas que no avecinaban nada bueno y la gente empezó a apartarse un poco de ellos, no fuese a ser que se cruzasen en su camino y acabasen también víctimas de la broma.
Vamos a esperar al descanso, ¿de acuerdo? - dijo Remus viendo a McGonagall por el rabillo del ojo -. No queremos hacer esperar a Minnie, ¿verdad?
En un momento estaban todos mirando al frente con expresiones inocentes que no se tragaba nadie.
Harry volvi****ó a la cocina, todavía contemplando su carta. Entregó a tío Vernon la postal y la factura, se sentó y lentamente comenzó a abrir el sobre amarillo.
¡Harry! - gritó Hermione -. ¿Cómo se te ocurre abrirla delante de ellos?
Lo sé. Movimiento estúpido - levantó las manos Harry como para defenderse -. Pero era la primera que recibía y estaba sorprendido. No estaba pensando, en realidad.
¿No me digas? - dijo Ron sarcástico -. Menos mal que empezaste a usar la cabeza cuando llegaste a Hogwarts - murmuró.
Tío Vernon rompió el sobre de la factura, resopló disgustado y echó una mirada a la postal.
—Marge estáenferma**—informó a tía Petunia—. Al parecer comió algo en mal estado.**
A lo mejor no se dan cuenta - dijo Dean con una chispa de esperanza.
—¡Papá! —dijo de pronto Dudley—. ¡Papá, Harry ha recibido algo!
No he dicho nada - suspiró Dean resignado -. Demasiado tarde.
Harry, de verdad, tienes la peor suerte que conozco - se lamentó Ron -. Nunca te hacen ni caso, ni te miran en todo el día, y justo cuando eso te viene de perlas deciden prestarte atención.
Harry solo los miraba divertido. En su momento la situación no había tenido gracia, pero ahora que ya había pasado todo...
Harry estaba a punto de desdoblar su carta, que estaba escrita en el mismo pergamino que el sobre, cuando tío Vernon se la arrancó de la mano.
¡Hey, devuélvele la carta a mi ahijado! - se enfadó Sirius.
¿Te quitaron tu carta de Hogwarts? - preguntó Remus apretando los puños
Sí, pero conseguí leerla al final - dijo Harry riéndose por lo bajo -. Aunque ya digo que no me devolvieron esa carta, así que no sigas pensando en ello, Sirius.
Los dos merodeadores le miraban con el ceño fruncido sin verle la gracia.
Mirad - suspiró Harry sonriendo -, esta carta no me la dieron. Pero al final sí que la recibí, aunque costó muchos, muchos intentos. Ya lo veréis. Mi tío está loco.
Hubo unos segundos de silencio cuando todos intentaron entender a qué se refería el chico con eso mientras Hagrid se sonrojaba bajo la barba. Después la profesora siguió leyendo y no les quedó otra opción que aguantarse y esperar a que avanzara la historia.
—¡Es mía! —dijo Harry; tratando de recuperarla.
Uh, va a estallar tu genio, Harry - dijo Ron con una sonrisa.
¡Yo no tengo tanto genio! - exclamó el chico indignado. El pelirrojo le miró con las cejas alzadas y no era el único. Hermione, los gemelos y algún otro Gryffindor le miraban de la misma forma -. Bueno, a lo mejor un poco - admitió pasándose la mano por el pelo.
Es una bomba de relojería, Lunático - susurró Sirius -. El carácter Evans dentro de un Potter.
Ni que lo digas, Canuto - respondió en el mismo tono -. ¿Te acuerdas de las discusiones que tenían James y Lily en los pasillos?
Los dos se sacudieron con risa silenciosa al recordarlo. Eran discusiones épicas entre ambos, conocidas por todos en el castillo.
—¿Quién te va a escribir a ti? —dijo con tono despectivo tío Vernon, abriendo la carta con una mano y echándole una mirada. Su rostro pasó del rojo al verde con la misma velocidad que las luces del semáforo. Y no se detuvo ahí. En segundos adquirió el blanco grisáceo de un plato de avena cocida reseca.
—¡Pe... Pe... Petunia! —bufó.
No me lo puedo creer - puso los ojos en blanco Ginny.
Será exagerado - murmuró Tonks -. Solo es una carta.
Tú lo has dicho - dijo Charlie que, estando sentado a su lado, la había oído -. No es que sea un dragón o algo. Esos sí que muerden.
Y los dos rieron al recordar la obsesión del chico por los dragones ya desde Hogwarts. Siempre relacionaba todo con ellos, eran su vida.
Remus vio como reían juntos por lo bajo y se sintió incómodo al ver la buena pareja que hacían. ¿Qué te pasa, Lunático?, se regañó mentalmente, no empieces a pensar cosas raras.
Dudley trató de coger la carta para leerla, pero tío Vernon la mantenía muy alta, fuera de su alcance. Tía Petunia la cogió con curiosidad y leyó la primera línea. Durante un momento pareció que iba a desmayarse. Se apretó la garganta y dejóescapar un gemido.
—¡Vernon!¡Oh, Dios mí****o... Vernon!
Como si no supiesen que la carta iba a llegar ese verano - bufó Remus -. Después de todo, Harry iba a cumplir los once y a esa edad recibió Lily la carta. Petunia lo debería saber de sobra.
Oh, y lo sabe, dijo Snape para sí mismo. Petunia sabe de sobra a qué edad empiezan los magos su educación. Si se leyó la carta que recibió Lily una docena de veces como mínimo... Apuesto a que se la sabe de memoria. Solo está así por recordar todo lo que pensó la vez que Lily abrió la suya y Petunia empezó a morirse de la envidia por no poder ir ella también. Seguro que esperaba que Potter no la recibiese.
Se miraron como si hubieran olvidado que Harry y Dudley todavía estaban allí. Dudley no estaba acostumbrado a que no le hicieran caso.
Awww... Al cerdito no le gusta que le ignoren, Fred. ¿Lo has visto?
-
dijo George.
Habrá que prestarle especial atención, ¿no, George? ¿Qué tal una broma extra? Eso es prestarle más atención y esfuerzo que al resto.
Y tendrá que ser una especial, Fred. Así el cerdito se sentirá importante.
Algunos casi sintieron pena por Dudley. Casi.
Golpeó a su padre en la cabeza con el bastó****n de Smelting.
Por Merlín, cualquiera de nosotros estaría enterrado bajo tierra si hiciésemos eso - murmuró Bill palideciendo un poco al pensar en la reacción que tendrían sus padres.
Los otros hermanos Weasley estaban igual. Hasta se habían quedado inmóviles del horror al pensar en el castigo que les caería encima si se les ocurriese siquiera hacer una cosa así.
Molly y Arthur les miraban divertidos. Sabían que sus hijos jamás harían algo así y estaban orgullosos de ellos.
—Quiero leer esa carta**—dijo a gritos.**
¡Pero si no es suya! - dijo Angelina perpleja.
¡Él no tiene derecho a leerla! - exclamó Alicia, que estaba sentada a su lado.
¿Y creéis que le importa? - preguntó Harry.
Las dos chicas se miraron y se echaron hacia atrás a la vez.
No, claro que no - suspiraron. Ya no les sorprendía nada sobre esta familia.
—Yo soy quien quiere leerla —dijo Harry con rabia—. Es mía.
¡Ah! Ya viene la explosión de genio, ya viene, ya viene - susurró Ron inclinándose hacia delante con anticipación mientras Harry le miraba divertido y sonrojado y Hermione ponía los ojos en blanco.
Tanto ella como Ron solo había visto el temperamento de Harry en toda su fuerza un par de veces, pero ya habían aprendido que no te gustaría estar en el otro extremo. Era algo de lo que aprendías a quitarte del camino porque, aunque el chico luego se disculpaba, en ese momento decía todo lo que se le pasaba por la cabeza, incluso si en el fondo no lo pensaba y nunca lo habría dicho si no estuviese tan enfadado.
—Fuera de aquí, los dos —graznó tío Vernon, metiendo la carta en el sobre.
Harry no se movi****ó.
—¡QUIERO MI CARTA!—gritó.
¡Ja! - rió Ron con una sonrisa malévola -. ¡Ya ha llegado!
Ugh... Es el temperamento de la pelirroja mezclado con el de un Potter - dijo Sirius con una sonrisa idéntica a la del niño -. Créeme, no quieres que esté dirigido hacia ti.
¿Lo dices por experiencia, Sirius? - preguntó Harry divertido.
Oh, sí que lo hace - rio Remus -. Aprendió muy pronto que había que dejar a James solo cuando estaba cabreado si no querías acabar mal.
Y aprendí antes todavía que nunca, bajo ninguna circunstancia, había que hacer enfadar a la pelirroja - dijo Sirius -. Eso fue algo que James tardó mucho en aprender.
¿En serio? - preguntó Harry con los ojos llenos de curiosidad.
Sí - rieron ambos. Después Remus siguió hablando -. Si quieres en el descanso o esta noche te podemos hablar sobre ellos.
Apenas había terminado de hablar y Harry ya estaba asintiendo tan rápido que se iba a hacer daño en el cuello. Sus amigos solo sonreían, contentos de que tuviese la oportunidad de aprender algo sobre sus padres.
—¡Déjame verla!—exigió Dudley.
¡Pero que no es suya! - gritó Angelina exasperada. No le entraba en la cabeza que alguien fuese tan... tan... estúpido y entrometido -. ¿No lo entiende?
No puede ni sumar dos - se burló George.
¿Cómo va a entender una cosa así? - dijo Fred.
—¡FUERA! —gritó tío Vernon y, cogiendo a Harry y a Dudley por el cogote, los arrojó al recibidor y cerró la puerta de la cocina.
¿Que te arrojó? - siseó Sirius entrecerrando los ojos -. ¿Cómo que te "arrojó" exactamente?
No me hice daño, Sirius - se apresuró a tranquilizarle Harry -. No pasó nada. Solo... fue un poco... brusco a la hora de sacarnos de la cocina.
Pero a juzgar por el entrecejo fruncido de su padrino, no le había hecho mucho caso.
Harry y Dudley iniciaron una lucha, furiosa pero callada, para ver quién espiaba por el ojo de la cerradura.
Harry, no te ofendas, pero... - dudó Hermione.
No tenías muchas posibilidades contra tu primo - terminó Ron de golpe consiguiendo que la chica se diese una palmada en la frente por su "falta de tacto".
Lo sé, pero no me iba a quedar de brazos cruzados sin intentar averiguar qué ponía en la carta - rio Harry -. Además, ya sabíais que no es nuevo que me pelee con otros cuatro veces más grandes que yo - susurró para que solo lo oyesen ellos dos.
Ambos sofocaron las carcajadas al recordar al troll gracias al que se habían hecho amigos. A lo mejor hasta le acababan recordando con cariño en unos años...
Ganó Dudley, así que Harry, con las gafas colgando de una oreja, se tiró al suelo para escuchar por la rendija que había entre la puerta y el suelo.
¿Veis? - dijo Harry -. Ya sabía yo que iba a perder y tenía preparada la segunda opción.
Algunos pusieron los ojos en blanco al oír esto.
—Vernon**—decía tía Petunia, con voz temblorosa—, mira el sobre. ¿Cómo es posible que sepan dónde duermeél? No estarán vigilando la casa, ¿**verdad?
—Vigilando, espiando... Hasta pueden estar siguiéndonos—murmuró tí****o Vernon, agitado.
Sí, ya, no tenemos nada mejor que hacer - dijo Bill sarcástico.
Y si les hubiésemos estado siguiendo nos habríamos dado cuenta de cómo trataban a Harry y no habría pasado allí ni una semana - añadió Tonks con el ceño fruncido.
Alastor Moody miró apreciativo a su alumna favorita. Ese tipo de pensamiento era el que buscaba en sus aurores, siempre anticipándose y previendo lo que harían otros.
—Pero ¿qué podemos hacer, Vernon? ¿Les contestamos? Les decimos que no queremos...
¿Querían impedir que Harry Potter viniese a Hogwarts? - dijo incrédula Parvati -. ¿Harry Potter? ¿Uno de los magos más famosos de la historia?
Es imposible - negó con la cabeza Neville -. Harry Potter tenía que venir.
Totalmente - estuvo de acuerdo Seamus -. ¿Os imagináis la que se hubiese armado si Harry Potter no aparece en Hogwarts?
Habrían ido a por los Dursley de inmediato - dijo Dean -. Mmm... A lo mejor eso no era tan mala idea. Los enviarían a Azkaban de por vida con que averiguasen la mitad de las cosas que hemos leído.
Harry pudo ver los zapatos negros brillantes de tío Vernon yendo y viniendo por la cocina.
—No**—dijo finalmente—. No, no les haremos caso. Si no reciben una respuesta... Sí, eso es lo mejor... No haremos nada...**
Como si eso fuese a funcionar, pensó Snape. No tenía paciencia con Petunia, quien le había complicado su infancia infinitamente cuando intentaba hacerse amigo de Lily, ni con la morsa de su marido.
Sí, ya, seguro que el mundo mágico se da por vencido cuando estamos hablando de Harry Potter - dijo sarcástico Sirius.
Seguro que se habrían conformado con enviar solo una carta - se mofó Fred.
Y luego seguro que se habrían olvidado todos de él - dijo George.
Harry sonrió. No le gustaba su fama ni mucho menos, pero se alegraba por que hubiesen insistido tanto en que recibiese su carta porque sino ahora mismo seguiría con los Dursley y vestido con lo que parecerían pieles de elefante.
—Pero...
—¡No pienso tener a uno de ellos en la casa, Petunia! ¿No lo juramos cuando recibimos y destruimos aquella peligrosa tontería?
¿Tontería? ¿Se refiere a la carta? - preguntó Padma horrorizada -. ¿La carta donde explicaba la muerte de los Potter?
A mí no me parece ninguna tontería la muerte de una hermana - dijo Parvati mirando a su gemela como si temiese perderla.
Eso si se refiere a que la tontería es la carta - dijo Remus sombrío.
¿A qué te refieres, Remus? - preguntó Sirius fulminando al libro.
Ya hemos visto qué es lo que opinan de la magia, Sirius - pero parecía que nadie comprendía lo que quería decir así que tuvo que explicarse un poco más -. Que es una tontería. Es lo que opinan los Dursley, que es una tontería y que es peligrosa.
Todos abrieron los ojos como platos al comprender. Lo peor es que tenía sentido. Y todos se habían dado cuenta de que los Dursley detestaban la magia y todo lo que tuviese que ver con ella. La prueba más clara de todas eran los crueles castigos que recibía Harry cada vez que hacía magia accidental. De pronto todos se encontraron rezando por que se hubiesen quedado en eso y no hubiesen intentado suprimir su magia de otra forma. Esos podía ser desastroso.
Ron se giró hacia su amigo horrorizado por lo que había descubierto. Con la suerte de Harry, seguro que no se había quedado en castigos, pero le daban escalofríos solo de pensarlo y volvió a sentir toda la rabia y el odio contra los Dursley que había sentido al final del capítulo anterior.
Hermione estaba igual de horrorizada. Había leído lo que podía pasarle a un niño si intentaban suprimirle sus poderes y las consecuencias nunca eran buenas para el niño. Le echó los brazos al cuello a Harry y le abrazó con fuerza, como si temiese que iba a desaparecer o que de pronto iban a aparecer esas consecuencias de las que hablaban los libros. Menos mal que Harry estaba bien, pensó reprimiendo un escalofrío al pensar en la otra posibilidad. Gracias a Merlín que su hermano estaba bien...
Sirius, Remus, los gemelos, el resto de los Weasley, Tonks, Neville... Todos pensaban lo mismo. Los Dursley habían firmado su sentencia de muerte como se sugiriese siquiera en los libros que habían intentado eso, porque de momento solo era una hipótesis de Remus. Pero como fuese cierta... Merlín, podría haberle pasado cualquier cosa a Harry.
La expresión de Dumbledore se oscureció al notar los parecidos con la historia de su hermana y recordar lo que había pasado cuando habían intentado destruir su magia. La pobre nunca había vuelto a ser la misma y las consecuencias de eso eran una de las causas de su muerte. Era pura suerte que a Harry no le hubiese pasado lo mismo si lo que sospechaba que le habían hecho sus tíos era cierto. Sirius y Molly tenían razón: Harry no podía volver jamás con ellos.
Después de un minuto, McGonagall sacudió la cabeza para intentar deshacerse de la mirada horrorizada y de los oscuros pensamientos que tenía, pero tuvo poco éxito así que, cuando reanudó la lectura, todos pudieron apreciar que le temblaba un poco la voz.
Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su alacena.
—¿Dónde está mi carta? —dijo Harry, en el momento en que tío Vernon pasaba con dificultad por la puerta—. ¿Quién me escribió?
—Nadie. Estaba dirigida a ti por error —dijo tío Vernon con tono cortante—. La quemé.
¿Quemó una carta de Hogwarts? - se escandalizaron muchos.
Y no cualquier carta - dijo Tonks -. La primera carta. La que te confirma que puedes ir a Hogwarts.
Yo todavía tengo la mía guardada - dijo Charlie y muchos más murmuraron y asintieron diciendo que ellos también tenían las suyas.
Todos los que habían sido alumnos de Hogwarts (así que todos los presentes) estaban horrorizados. Esto ya no era solo contra Harry. Era contra la propia escuela. Contra Hogwarts. Y ellos le tenían mucho cariño a su escuela porque habían pasado, o estaban pasando, unos de los mejores años de su vida. Muchos de ellos habían estado madrugando durante semanas, ansiosos por que llegase la carta que les permitiría ir. ¡¿Cómo se les ocurría a los Dursley despreciarla de esa manera?!
—No era un error —dijo Harry enfadado—. Estaba mi alacena en el sobre.
Y tanto que estaba mi alacena - murmuró Harry -. Menuda sorpresa me llevé al verla en la dirección del sobre.
—¡SILENCIO! —gritó el tío Vernon, y unas arañas cayeron del techo.
Por Merlín, Harry, ¿cómo podías dormir ahí? - se estremeció Ron ante la mención de las arañas cayendo del techo en el mismo sitio en el que su mejor amigo dormía.
Hermione tuvo que reprimir una sonrisa para no ofenderle y unas semanas antes Harry habría tenido que hacer lo mismo. Sin embargo, ahora la visita a Aragog estaba demasiado reciente y cada vez que pensaba en arañas se acordaba de esa noche. Y eso él, que no les tenía miedo. En cambio Ron, que les tenía pánico...
No creía que hubiese admirado nunca tanto al pelirrojo como esa noche que le acompañó al bosque. Sí, sabía que era valiente, pero ir de noche a buscar y seguir a lo que más miedo te da en el mundo... Ron era increíble, pero no lo veía. Tendría que decírselo más a menudo, se prometió Harry a sí mismo.
Respiró profundamente y luego sonrió**, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor.**
—Ah, sí, Harry, en lo que se refiere a la alacena... Tu tía y yo estuvimos pensando... Realmente ya eres muy mayor para esto...
¿Así que estaba bien que durmiese ahí de pequeño? - gruñó Hermione indignada -. ¡No hay un límite de edad hasta el cual es aceptable que duerma en un armario.
Harry le cogió de la mano intentando calmarla y funcionó un poco, pero la chica seguía echando chispas por los ojos.
Pensamos que estaría bien que te mudes al segundo dormitorio de Dudley.
Ahora sí que lo mato. ¡Suéltame, Remus! - gritó Sirius intentando zafarse del hombre lobo para levantarse e ir a por los Dursley -. ¡Mi ahijado dormía en un armario y el cerdo tenía dos dormitorios! ¡Yo lo mato!
Sirius, por favor, ya no importa - suplicó Harry. Lo único que quería era que los Dursley dejasen de aparecer para olvidarse del asunto -. Y ya te he dicho que ahora no sirve de nada que te levantes, ¿te acuerdas?
Su padrino se sentó a regañadientes de nuevo.
Ya hablaremos tú y yo, Harry - le dijo serio, sabiendo que su ahijado estaba ocultando aún muchas cosas -. Esto no va a quedar así.
Sirius, ya has oído que dejé de dormir ahí antes de cumplir los once años. Ya no importa.
Dormiste en un armario durante diez años - repitió apretando los dientes -. Sí importa. Y vamos a hablar de eso sí o sí.
Harry suspiró echándose hacia atrás de nuevo. Esa prometía ser una conversación incómoda para él y, sobre todo, muy, muy larga. A lo mejor para esta noche se le había olvidado, pensó esperanzado. Con el resto de cosas que iban a leer no le extrañaría.
—¿Por qué? —dijo Harry.
Vaya, Potter, no sabía que pudieses ser tan estúpido - se burló Malfoy -. Cuestionar por qué te dan un dormitorio. Eres penoso.
Los Weasley, Hermione, los merodeadores y la mitad del comedor se estaba levantando para maldecir al rubio cuando Harry habló parándoles a todos en seco.
Mira que eres idiota, Malfoy - se mofó Harry dejando confundido a Draco -. Así que tú no cuestionarías si yo ahora te hago un regalo, ¿verdad? Digo, en el fondo un regalo es algo bueno, así que no tienes que dudar de mí aunque nos hayamos odiado desde el primer momento, ¿no? - las mejillas del rubio se tiñeron de rosa al darse cuenta del ridículo que había hecho -. Piensa antes de abrir la boca, Malfoy.
El rubio apretó los puños furioso con Harry. Me las pagarás por esto, pensó. Esto no se va a quedar así, Potter.
Los demás se sentaron entre risitas, contentos de ver que Harry era perfectamente capaz de poner en su lugar al heredero de los Malfoy también cuando le insultaban a él. ¡Ja!, se lo merecía, el rubio oxigenado este.
Ojoloco miraba orgulloso a Harry. Eso es, muchacho, mente ágil, siempre alerta y preparado para responder a un ataque de cualquier tipo, pensaba mirándole interesado. No estaba claro todavía porque el chico era muy joven, pero era muy probable que en el futuro Potter fuese material de auror de primera.
—¡No hagas preguntas! —exclamó—. Lleva tus cosas arriba ahora mismo.
La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia, otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon), en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél.
Sirius estuvo a punto de volver a ponerse a despotricar contra los Dursley. ¡¿Dos dormitorios libres?! ¡¿En serio?! ¿Cómo... Cómo pueden...?
Sin embargo, ya estaba abriendo la boca cuando Remus le agarró del brazo. Le devolvió la mirada confundido y molesto. ¿No había entendido Lunático lo que acababan de leer? ¡Tenían dos dormitorios libres mientras que Harry tenía una alacena! Pero el hombre lobo negó con la cabeza y le hizo un gesto hacia el chico.
Se giró confundido y lo que vio le convenció de que debía permanecer callado, por lo menos esta vez. Casi todos los estudiantes del comedor estaban mirando a su ahijado con pena y simpatía y Harry se estaba pasando la mano por el pelo sin mirar a nadie, pareciendo más incómodo que en toda su vida. Hasta tenía algo de rubor en las mejillas. Solo pareció calmarse un poco cuando Ron y Hermione le dieron un apretón en la mano como gesto de apoyo y los gemelos empezaron a fulminar a todo el que seguía mirando para que le dejasen en paz.
Sirius sonrió, olvidada por el momento la injusticia de la alacena. Ahora solo estaba feliz de que su ahijado tuviese unos amigos como esos, que siempre le guardarían la espalda.
En un solo viaje Harry trasladó todo lo que le pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio.
¿En un solo viaje?, pensaron algunos sintiéndose mal. Estaban imaginándose que ellos mismos tuviesen que trasladar todas sus cosas a otra habitación, toda su ropa y demás pertenencias, y no se les ocurría ninguna forma con la cual no necesitasen hacer varios viajes.
¿De verdad Harry tenía tan pocas cosas que podía llamar propias? Entonces bufaron. Vivía con los Dursley, ¿por qué se estaban sorprendiendo?
Se sentó en la cama y miróalrededor. Allí casi todo estaba roto. La filmadora estaba sobre un carro de combate que una vez Dudley hizo andar sobre el perro del vecino, y en un rincón estaba el primer televisor de Dudley, al que dio una patada cuando dejaron de emitir su programa favorito.
No me puedo creer lo malcriado que es ese niño - dijo Tonks -. Rompe un televisor, que no es nada barato, por una tontería. ¡Y encima parece que este era solo el primero! ¡Eso significa que le compraron como otro!
No lo pillo - dijo Ron confundido. Esto de las cosas muggles siempre le perdía un poco -. ¿Qué es una "tevelisión"? ¿Y a qué se refiere con programa?
Es "televisión", Ron. A ver, te lo podría explicar... - dijo Hermione intentando encontrar una forma de explicarlo que no incluyese tener que explicar qué era de verdad una televisión o no terminarían nunca -. Por lo que hemos leído, para Dudley su televisión es su posesión más preciada, como tu escoba para ti - dijo haciendo asentir orgulloso al pelirrojo -. Bien, ¿tú romperías tu escoba? Porque él rompió su televisión.
¡¿Qué?! - exclamó Ron horrorizado -. ¡Ni loco rompería mi escoba!
Bueno, ¿y si te dijese que encima la rompió por una tontería? - añadió Hermione -. Una tontería en plan que tú rompes tu escoba porque los Chudley Canons pierden la liga.
Entonces habría tenido que haberla roto hace años - rio Fred.
Y cada año desde entonces - añadió George.
Cerrad el pico, vosotros dos - gruñó pequeño antes de girarse de nuevo hacia la chica -. Pero, Hermione, eso es ridículo. ¿Cómo va a haber alguien tan estúpido como para...? - luego se dio cuenta de que estaban hablando sobre Dudley Dursley -. Da igual. Es idiota.
Todos asintieron de acuerdo. En especial los nacidos de magos se acababan de llevar una sorpresa con esta comparación porque hasta ahora no se estaban aclarando demasiado con tantas cosas muggles. Seguían sin saber qué era una "tevelisión" o como se llamase la cosa esa, pero ahora entendían el alcance de la estupidez de ese niño.
También había una gran jaula que alguna vez tuvo dentro un loro, pero Dudley lo cambió en el colegio por un rifle de aire comprimido, que en aquel momento estaba en un estante con la punta torcida, porque Dudley se había sentado encima.
¿De verdad está tan gordo? - preguntó Ginny ligeramente verde.
No, no lo está - dijo Harry confundiendo a todos -. Esto era hace dos, no, tres años casi, pero Dudley ha seguido comiendo cada vez más sin moverse más de lo necesario. La última vez que le vi había engordado mucho más y le colgaba el culo por los laterales de la silla - dijo con una mueca al recordarlo -. Ahora ha pasado casi un año desde entonces y si ha seguido comiendo a ese ritmo...
Algunos en el comedor se habían puesto ligeramente verdes también, como Ginny, al imaginarse que alguien pudiese comer tanto. Era... repulsivo. Hasta se le quitaba el apetito.
El resto de las estanterías estaban llenas de libros. Era lo único que parecía que nunca había sido tocado.
Los Ravenclaw gruñeron indignados ante la mirada divertida de muchos de las otras casas. Mira que ignorar los libros...
Espero que tú ya les dieses algún uso, Harry - dijo Hermione entrecerrando los ojos.
En realidad, Hermione... No. No los he tocado en la vida - confesó -. ¡Pero ya verás por qué! ¡Hay una muy buena razón para no haberlo hecho! - se apresuró a tranquilizarla al ver que empezaba a echar chispas por los ojos.
Harry, tú tienes un deseo de muerte. ¿Cómo se te ocurre decirle eso a Hermione? - siseó Ron con los ojos como platos.
Calla, que es cierto - respondió -. Apenas pasé ahí unos días y estuve un poquito ocupado intentando conseguir una carta.
Esto pareció razón suficiente para Hermione, que asintió satisfecha y se giró de nuevo hacia la profesora mientras los chicos se relajaban aliviados de no haberla enfadado.
Desde abajo llegaba el sonido de los gritos de Dudley a su madre.
—No quiero que esté allí... Necesito esa habitación...Échalo...
Todos tenían caras escépticas y más enfadadas con cada momento que pasaba. ¿En serio necesitaba ese cuarto? Sí, ya, seguro. Mimado, pensaban casi todos. Pero un grito interrumpió sus pensamientos.
¡Tú no necesitas esa habitación, cerdo! - gritó Ginny colorada de rabia. Estaba aprendiendo rápidamente a actuar normal alrededor de Harry gracias a estos libros y ya no se sonrojaba cuando estaba en la misma habitación que él.
¡Ginevra Weasley, no uses ese lenguaje! - le regañó Molly.
¡Pero, mamá, es cierto! ¡Y todo el mundo le ha llamado así! - se quejó ante la injusticia.
En realidad, señora Weasley, Ginny está muy cerca de la verdad - intervino Harry para salvarle la reprimenda a la pequeña pelirroja. Miró de reojo a Hagrid con una sonrisa -. Los entenderéis en el próximo capítulo, creo.
Harry suspiró y se estiró en la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa por estar en aquella habitación. Pero en aquel momento prefería volver a su alacena con la carta a estar allí sin ella.
Pff... - bufó Ron -. No digas esas cosas. Con tu suerte seguro que se cumplen y vas a recibir la carta de todas formas.
Claro, y como yo eso lo sabía... - dijo Harry mirándole con una sonrisa sarcástica y consiguiendo que se sonrojase un poco -. Pero sí, ahora sí que parece un deseo un poco estúpido, ¿no? - dijo para acabar con su vergüenza.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley se hallaba en estado de conmoción.
¿Conmoción? - se extrañó Sirius -. ¿Por qué conmoción? ¡Si no le ha pasado nada!
Oh, pero sí que le ha pasado algo - sonrió Harry -. Por primera vez en su vida le estaban educando y le estaban negando algo.
La gente estaba perpleja. Si ellos entrasen en estado de conmoción cada vez que sus padres les decían que no a algo... Hasta a Malfoy le decían que no a veces.
Habí****a gritado,
Nosotros estaríamos castigados desgnomizando el jardín durante todo el verano si gritásemos a nuestros padres - dijo Bill pensando en cuánto tiempo durarían los gritos de su madre. Era imposible gritar más alto o más tiempo que ella.
había pegado a su padre con el bastó****n de Smelting,
Y con esto ya no volveríamos a ver una escoba a nuestra vida - dijo Charlie poniéndose pálido.
se había puesto malo a propósito,
Tendríamos que limpiarlo nosotros sin usar nada de magia y estaríamos castigados en nuestra habitación todo el verano - murmuró Percy conociendo perfectamente el carácter de su madre.
le había dado una patada a su madre,
Se les cortó la respiración a todos los hermanos Weasley.
Eso es tener un deseo de muerte - dijo Fred perdiendo todo el color.
Estaríamos bajo tierra antes de darnos cuenta - estuvo de acuerdo George.
arrojado la tortuga por el techo del invernadero,
¿Qué culpa ha tenido el pobre animal? Merlín, si yo hiciese daño a Scabbers por una rabieta... - dijo Ron -. Probablemente se me echarían encima mis hermanos además de mis padres. Por idiota.
Los dos merodeadores y Harry miraron a la rata, que Siriushabía bajado por la mañana para no perderla de vista en ningún momento y que ahora mismo se encontraba al lado de su sillón.
y seguía sin conseguir que le devolvieran su habitación.
Solo faltaba - bufó Ginny - que después del lío que ha montado consiguiese lo que quisiese.
En otras circunstancias se la habrían devuelto - dijo Harry -. Pero les preocupaba que los magos que supuestamente estaban vigilando la casa pensasen que no me trataban bien.
Algunos soltaron un bufido. La lógica era absurda, pero encajaba perfectamente con los Dursley.
Harry estaba pensando en el día anterior, y con amargura pensóque ojalá hubiera abierto la carta en el vestíbulo.
¿En serio, Harry? - suspiró Hermione -. Lo podías haber pensado un poco antes.
¡Hey! - se quejó el chico -. Ya te he dicho que era la primera carta que recibía. ¡No estaba pensando! No se me ocurrió que me la fuesen a quitar, por muy obvio que sea.
Tío Vernon y tía Petunia se miraban misteriosamente.
Cuando llegóel correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con Harry, hizo que fuera Dudley.
Pues sí que está intentando ser amable - dijo Remus algo sorprendido.
Un poco tarde para empezar a ser amable, ¿no? - dijo Sirius sarcástico -. Como unos diez años tarde, más o menos.
Sí, pero por una vez hubiese sido estupendo que mandase a Harry a por el correo en vez de a Dudley - suspiró Bill -. Así, si viniese otra, la podría coger él y esconderla para leerla luego.
Empiezo a estar de acuerdo con Ron - dijo Charlie girándose hacia Harry -. Lo siento, Harry, pero tu suerte es horrorosa.
Y aún no has visto lo peor - murmuró Ron por lo bajo.
Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó.
—¡Hay otra más! Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeñ****o, Privet Drive, 4...
Este chico no sabe pensar - negó con la cabeza Kingsley -. Quiere leer la carta y anuncia a todo el mundo que ha llegado en vez de esconderla. Harry por lo menos tenía excusa, porque era suya y era la primera y todo eso, pero nadie sería tan estúpido como para no saber que van a destruir esta carta también si se enteran de que ha llegado.
Con un grito ahogado, tío Vernon se levantó de su asiento y corrió hacia el vestíbulo, con Harry siguiéndolo. Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello.
Ron y Hermione se giraron de golpe hacia Harry atrayendo la atención de muchos. Los tres tenían los ojos como platos y la boca abierta.
No lo sabía - se defendió Harry levantando la manos y negando con la cabeza. Había adivinado que estaban pensando en lo que había hecho él cuando se encontraron con el troll.
¿Seguro, Harry? - le picó Hermione con una sonrisa.
¿Seguro que no habías empezado ya a practicar? - dijo Ron.
Muy graciosos. Tampoco se parecen tanto... - intentó defenderse, pero la mirada de sus amigos le dijo que no estaba haciendo buen trabajo -. Bueno, vale. Un poco sí se parecen.
Los tres se echaron a reír y solo entonces se dieron cuenta de que todo el comedor les miraba como si les hubiese salido una segunda cabeza a cada uno.
Va a salir en este libro - dijo Harry -. Es imposible que no aparezca.
El resto asintió extrañado y McGonagall retomó la lectura.
Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón, tío Vernon se enderezó con la carta de Harry arrugada en su mano, jadeando para recuperar la respiración.
Algunos, que estaban tan metidos en la historia que no se habían dado cuenta de que esto ya había sucedido, gruñeron desilusionados.
Oh, maldición, Harry - bufó Sirius -. Nunca pensé que fuese tan difícil que recibieses una carta.
¿Esto te parece difícil? - levantó una ceja su ahijado -. Pues solo estamos con la segunda que llegó. Y no te vas a creer lo dificilísimo que fue recibir una carta este verano - bufó por lo bajo al recordar lo que había hecho Dobby -. Además, ¿pensabas que podía ganar contra mi primo, que era como cuatro veces yo, y contra mi tío, que era como diez veces yo? Tenía todas las de perder ya desde antes de empezar.
Sirius gruñó sabiendo que su ahijado tenía razón. Merlín, probablemente él tampoco habría ganado una lucha contra Vernon Dursley sin usar la magia.
—Vete a tu alacena, quiero decir a tu dormitorio —dijo a Harry sin dejar de jadear—. Y Dudley... Vete... Vete de aquí.
Harry paseó en círculos por su nueva habitación. Alguien sabía que se había ido de su alacena y también parecía saber que no había recibido su primera carta. ¿Eso significaría que lo intentarían de nuevo? Pues la próxima vez se aseguraría de que no fallaran. Tení****a un plan.
Ron y Hermione negaron con la cabeza mientras Harry los miraba indignado.
¡Hey!, ya os he dicho que mis planes no son tan malos - protestó.
Sí, ya. ¿Y qué pasó con ese en el que nos pillaron en primero? - preguntó Hermione pensando en el plan de llevar a Norberto hasta la torre de Astronomía.
¡Eso no fue culpa del plan! ¡Solo se nos olvidó coger eso-que-vosotros-sabéis! ¡Y tú ibas conmigo, Hermione! - se quejó intentando no dar pistas sobre lo que pasó.
¿Y estas Navidades cuando intentamos ir al sitio ese y no sabíamos dónde estaba? - dijo Ron pensando en todo el tiempo que estuvieron vagando por la zona de las mazmorras buscando la sala común de Slytherin.
¡En ese momento tampoco iba yo solo! ¡Lo planeamos entre los tres!
Bueno, ese vale, ¿pero y tu plan en primero? ¿El de después de juntar todas las piezas y antes de ir al sitio ese? - recordó Hermione cuando intentaron vigilar a Fluffy y a Snape.
Ese no cuenta...
Sí, seguro - bufaron los dos divertidos. Luego siguió Ron -. Lo siento, Harry, tus planes no funcionan. Se te da mejor actuar sobre la marcha.
Ya lo descubriréis - dijo Hermione a todo el comedor, que volvía a mirarles extraño -. Va a salir en los dos primeros libros.
El reloj despertador arreglado sonó a las seis de la mañana siguiente.
¿Lo arreglaste tú? - preguntó Sirius sorprendido.
No se me da mal arreglar ese tipo de cosas - se encogió de hombros Harry -. Y tenía mucho tiempo libre para pensar.
Harry lo apagó rápidamente y se vistió en silencio: no debía despertar a los Dursley. Se deslizó por la escalera sin encender ninguna luz.
Esperaría al cartero en la esquina de Privet Drive y recogería las cartas para el número 4 antes de que su tío pudiera encontrarlas.
Pues a mí no me parece mala idea - dijo Tonks -. Podría funcionar si no fuese por que las cartas las traen lechuzas y no van a pasar por la esquina. Aunque a lo mejor se la llevarían directamente a él y todo saldría mucho mejor.
No - negó Hermione con la cabeza -. Algo saldría mal de todas formas. Ya lo veréis.
Siempre pasa con Harry - asintió Ron -. No es que sus planes sean malos, porque normalmente siempre parece que va a salir todo bien, pero luego interviene la suerte de Harry.
Y pasa algo totalmente inesperado - terminó Hermione -. Y le toca empezar a improvisar sobre la marcha para salvarse.
Los merodeadores se volvieron a mirar preocupados. ¿"Salvarse" de salvarse del castigo o "salvarse" de salvar la vida?
El corazón le latía aceleradamente mientras atravesaba el recibidor oscuro hacia la puerta.
—¡AAAUUUGGG!
¿Lo veis? - rieron Ron y Hermione satisfechos por haber acertado -. Nunca salen bien.
Harry le pegó un codazo a cada uno, pero sonreía.
¿Qué pasó, Harry? - preguntó Neville curioso.
Ahora lo ves, Neville - respondió aún sonriendo -. No es nada malo, solo que me volví a quedar sin la carta.
Harry saltó en el aire. Había tropezado con algo grande y fofo que estaba en el felpudo... ¡Algo vivo!
¿Es lo que creemos que es, Harry? - preguntó Fred sonriendo.
Porque si lo es, el plan no nos parece un fracaso en absoluto - dijo George deseando que fuese el tío de Harry.
El chico solo sonrió e hizo un gesto para que avanzasen.
Las luces se encendieron y, horrorizado, Harry se dio cuenta de que aquella cosa fofa y grande era la cara de su tío.
¡Sí! ¡Lo sabíamos! - celebraron los gemelos por encima de las risas.
Estoy de acuerdo con los gemelos, Harry - dijo Sirius secándose una lágrima de risa -. El plan no es un fracaso en absoluto.
Harry sonreía satisfecho. Le gustaba mucho más cuando todos se estaban riendo en vez de gruñir contra los Dursley, sobre todo Sirius. Él se merecía más que nadie disfrutar todo lo que pudiese ahora que había pasado tanto tiempo encerrado.
Tío Vernon estaba acostado en la puerta, en un saco de dormir, evidentemente para asegurarse de que Harry no hiciera exactamente lo que intentaba hacer. Gritó a Harry durante media hora y luego le dijo que preparara una taza de té. Harry se marchó arrastrando los pies y, cuando regresó de la cocina, el correo había llegado directamente al regazo de tío Vernon. Harry pudo ver tres cartas escritas en tinta verde.
No os molestéis en esperar lo imposible - dijo Harry antes de que alguien pudiese empezar a tener esperanzas de que recibiría por fin su carta -. No me iba a dejar acercarme a ninguna de esas cartas ni aunque se lo suplicase.
Eres todo optimismo, ¿eh, Harry? - le picó Sirius -. Ya nos has matado la esperanza que teníamos - suspiró dramático.
Ya sabes, Sirius, que siempre me encanta ayudar con esas cosas - dijo Harry con una sonrisa falsamente alegre, antes de que ambos sonriesen de verdad.
Remus los miraba contento de que se llevasen. Se necesitaban mutuamente más de lo que pensaban.
—Quiero... —comenzó, pero tío Vernon estaba rompiendo las cartas en pedacitos ante sus ojos.
¡¿Cómo?! - se sobresaltó Sirius enfureciéndose -. Esto ya es restregártelo por la cara. ¿Quién se cree que es?
Sirius, ¿no has leído todavía suficiente sobre mi tío como para saber que buscaba exactamente eso? Restregármelo por la cara y ver si me atrevía a protestar para poder castigarme - dijo Harry poniendo los ojos en blanco. Cualquiera pensaría que ya lo habían entendido.
Sirius refunfuñó un poco más por lo bajo. Seguía sin entrarle por completo en la cabeza que se pudiese ser así de mezquino.
Aquel d****ía, tío Vernon no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.
Eso no va a funcionar - dijo Angelina.
Claro que no - asintió Alicia -. Usarán magia para meter las cartas en la casa de otra forma.
Snape arqueó una ceja. Petunia conocía la magia y sabía perfectamente que eso no servía de nada, que igual no podían evitar que un mago entrase en la casa solo con cerrar la puerta, no podían impedir que entrasen las cartas solo tapiando el buzón. Era ridículo.
—¿Te das cuenta? —explicó a tía Petunia, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.
A este todavía no le entra en la cabeza que estamos hablando de Harry Potter - suspiró Charlie -. No se van a dar por vencidos por culpa de un par de muggles chiflados.
Claro que no - bufó Tonks divertida -. Esto se va a poner bueno.
¿A qué te refieres, prima? - preguntó Sirius.
¿No te das cuenta? - dijo con una sonrisa -. El hombre se está poniendo histérico, y por mucho que lo siga intentando no va a conseguir que dejen de venir las cartas hasta que Harry lea una y responda. ¡Se va a volver loco! - acabó riendo.
Todos empezaron a sonreír con anticipación y se inclinaron hacia delante en sus asientos. Era cierto. Esto se iba a poner bueno.
—No estoy segura de que esto resulte, Vernon.
¿No me digas, Sherlock? - dijo Remus sarcástico -. Te has criado con una bruja en la familia. Sabes perfectamente lo que podemos hacer y que esos intentos son absurdos.
¿Sherlock? - preguntó Sirius confundido -. Se llama Petunia, Lunático. ¿Te acuerdas? Hermana de la pelirroja, ¿te suena de algo? ¿De qué te ríes? - dijo todavía más confundido.
A Remus le había entrado tal ataque de risa al oír esto que tuvo que ser Hermione la que lo explicase, aunque ella también se estaba riendo junto a todos los nacidos de magos.
Es una especie de dicho muggle, Sirius. Para cuando alguien dice algo que es obvio, como esto que dice la tía de Harry de "No creo que vaya a funcionar". Es un dicho.
Sirius se sonrojó un poco y farfulló algo que sonó parecido a "cómo iba a saberlo yo... maldito Lunático..." consiguiendo que Remus riese aún más fuerte.
—Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia, ellos no son como tú y yo —dijo tío Vernon, tratando de dargolpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que tía Petunia le acababa de llevar.
Menos mal que no nos funciona de la misma manera - dijo Katie con una mueca.
Sí, me parece que con un Vernon Dursley en el mundo hay más que suficiente - dijo George -. Si hubiese alguno más, probablemente me volvería loco.
Solo a él se le ocurre una tontería así - añadió Fred -. No solo intentar ganar a la magia con clavos, sino usar un pastel para clavarlos.
Los dos gemelos se miraron.
Estúpido - dijeron a la vez.
El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las podían echar en el buzón, las habían pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo.
Todos se echaron a reír. Tenían ganas de decir un "te lo dije", pero si no estaba ahí Dursley perdía la gracia. Bueno, pensaron algunos contentos, habrá que ir a verle y decírselo, y podemos aprovechar para decirle alguna cosa más... Y alguna broma... Y se nos podría escapar algún hechizo...
Harry sonreía, contento por que hubiese desaparecido totalmente la tensión y todos estuviesen disfrutando por primera vez de la lectura. Sabía que no iba a durar mucho, pero, oye, Ron ya había dicho que él siempre esperaba lo imposible. Además, si se estaban riendo con esto, cuando avanzasen un poco más y su tío perdiese definitivamente la cabeza, ¿cómo estarían?
Tío Vernon se quedó en casa otra vez. Después de quemar todas las cartas,
¡¿Que sigue quemando las cartas de Hogwarts?! - se indignaron todos.
No, no todas - se apresuró a decir Harry
Otras las rompió en trocitos o las metió en la trituradora o... Bueno, estuvo muy creativo, añadió para sí mismo. No hacía falta darles más motivos para que se enfadasen. Ya lo hacían muy bien ellos solitos sin ayuda.
salió con el martillo y los clavos para asegurar la puerta de atrás y la de delante, para que nadie pudiera salir. Mientras trabajaba, tarareabaDe puntillas entre los tulipanesy se sobresaltaba con cualquier ruido.
Ya se ha puesto histérico - rio Tonks -. Ahora falta que empiece a ponerse paranoico, en plan Ojoloco, y eso ya sería perfecto - dijo tan contenta como un niño en Navidad.
El auror fulminó con la mirada a su alumna favorita, pero ella sólo puso los ojos en blanco ante esto, para diversión de muchos, y se giró hacia Harry.
Dime que se vuelve paranoico, Harry. Porfa, Harry, di que se vuelve paranoico - pidió juntando las manos.
Sí, Tonks, no te preocupes. Se vuelve paranoico. Mucho más que ahora - contestó con una sonrisa que se hizo más amplia cuando ella hizo un signo de victoria. Le caía bien esta chica.
El sábado, las cosas comenzaron a descontrolarse.
¿Hasta ahora era tener las cosas controladas? - abrió los ojos como platos Ron -. ¿En serio? Tapia las puertas y el buzón y siguen entrando cartas por todas las rendijas, ¿y cree que tiene todo controlado?
Es que ahora las cartas entraban por medios mucho más creativos - rio Harry -. Ya lo veréis. No se me habría ocurrido ni siquiera ahora que sé que existe la magia.
Todos se volvieron a inclinar hacia delante, deseando que McGonagall leyese más rápido.
Veinticuatro cartas para Harry entraron en la casa, escondidas entre dos docenas de huevos, que un muy desconcertado lechero entregó a tía Petunia, a través de la ventana del salón. Mientras tío Vernon llamaba a la oficina de correos y a la lechería, tratando de encontrar a alguien para quejarse, tía Petunia trituraba las cartas en la picadora.
Todos estallaron de nuevo en carcajadas, incluso Harry, a pesar de que ya había vivido esto. Pero es que la primera vez estaba demasiado sorprendido y ansioso por conseguir una carta como para apreciar la situación.
Vale, ya veo lo que querías decir con que se descontroló la situación - dijo Rin recuperando el aliento.
¿En los huevos? - seguía riendo Sirius -. ¿En serio?
Me parece que eres la única persona que ha recibido tantas "primeras cartas" de Hogwarts, Harry - dijo Fred limpiándose una lágrima.
Totalmente de acuerdo, querido hermano - dijo George entre hipidos -. Solo a Harry podría pasarle una cosa así. Todos piensan que es imposible, pues él demuestra que no lo es.
Harry les fulminó con la mirada, pero el efecto quedó en nada porque tenía una enorme sonrisa que no era capaz de quitarse.
—¿Se puede saber quién tiene tanto interés en comunicarse contigo? —preguntaba Dudley a Harry, con asombro.
Oh, nadie, solo casi todo el mundo mágico - dijo Ron poniendo los ojos en blanco. Y se sintió especialmente contento consigo mismo cuando por primera vez mencionó la fama de Harry sin sentir una punzada de celos. Estos libros ya le estaban sirviendo para mucho.
Por ejemplo tú, ¿no, Ginny? - le susurró Fred a su hermana, que estaba sentada a su lado, mientras George la miraba con una sonrisa traviesa -. ¿Te acuerdas cuando le escribías todas las semanas?
¡Cierra el pico! - siseó para que nadie más la oyese mientras se sonrojaba furiosamente y le pegaba un codazo en las costillas.
Podemos decírselo a Harry, si quieres - propuso George con voz inocente -. Seguro que le encantaría saberlo.
Ni se os ocurra - amenazó y les lanzó una mirada tan parecida a la de su madre que los dos chicos tragaron nerviosos y se giraron a escuchar la lectura.
La mañana del domingo, tío Vernon estaba sentado ante la mesa del desayuno, con aspecto de cansado y casi enfermo, pero feliz.
—No hay correo los domingos —les recordó alegremente, mientras ponía mermelada en su periódico—. Hoy no llegarán las malditas cartas...
¿Cómo que no llegan cartas? - preguntó Ron confundido -. ¿Por qué no iban a llegar?
¿Qué ha intentado esta vez para que piense que no llegarán? - preguntó Bill casi sonriendo.
-Uno pensaría que ya habría aprendido que eso no funciona, ¿no? - murmuró Neville para sí mismo -. Que ya habría visto que por métodos muggles no se puede.
No ha hecho nada - rió Hermione deseando ver la sorpresa que se iban a llevar -. Eso es lo mejor.
¿Entonces a qué se refiere? - preguntó Sirius igual de confundido -. ¿Por qué piensa que no van a llegar si no ha hecho nada nuevo?
Porque el correo muggle no llega los domingos - dijo Harry entre risas al ver que su amiga estaba ocupada agarrándose el estómago -. ¿Os acordáis de los carteros que hemos dicho antes? ¿Los que llevan las cartas en vez de las lechuzas? Bueno, pues ellos no trabajan los domingos y tío Vernon pensaba que las cartas las llevaban ellos.
Ahora todos entendieron y lentamente se les formó una sonrisa estúpida en la cara al imaginarse la reacción de los muggles cuando llegasen cartas también ese día.
Algo llegó zumbando por la chimenea de la cocina mientras él hablaba y le golpeó con fuerza en la nuca. Al momento siguiente, treinta o cuarenta cartas cayeron de la chimenea como balas.
La profesora McGonagall tuvo que parar porque no se la oía por encima de las carcajadas. Estaban imaginándose la cara que se la habría quedado a Dursley cuando le dio la carta en toda la nuca y empezaron a entrar decenas de cartas.
La imagen mental no tenía precio. Con la cara redonda poniéndose morada, el bigote temblando de rabia, los dientes tan apretados que se le iban a partir, a lo mejor hasta escupía un poco al hablar... No era una imagen preciosa, pero no tenía precio.
En especial se estaba riendo Harry, que estaba recordando tan claro como si hubiese ocurrido ayer ese momento en el que entró la primera carta por la chimenea y todos se quedaron helados en el sitio antes de saltar de los asientos cuando llegó el resto de golpe. Cada vez que pensaba en ello volvía a entrarle un ataque de risa.
Los Dursley se agacharon, pero Harry saltó en el aire, tratando de atrapar una.
Así me gusta, Harry - felicitó Oliver -. Bien hecho.
Harry se alarmó un poco pensando que se había fastidiado la broma, pero Sirius y Remus estaban demasiado inmersos en la historia como para hacer caso a Oliver. Y eso no iba a volver a pasar porque vio a Katie, que no estaba lejos del capitán del equipo, acercarse y susurrarle al oído. Oliver abrió mucho los ojos y miró a Harry, que asintió disimuladamente, antes de hacerle un gesto para decirle que lo había entendido.
En ese momento se le ocurrió a Harry. ¿Debería decirle a Wood que en ese momento no tenía ni idea de qué era el quidditch y solo había saltado porque no se le había ocurrido agacharse a coger una del suelo? No. Mejor no. Sino probablemente le daría un ataque al pensar que su buscador no había sabido lo que era el quidditch hasta poco antes de entrar en Hogwarts.
—¡Fuera! ¡FUERA!
Tío Vernon cogió a Harry por la cintura y lo arrojó al recibidor.
No me hice daño, Sirius, de verdad. No te preocupes. Estoy bien y no me salió ni un moretón - se apresuró a decir Harry al ver que su padrino volvía a tener un brillo asesino en los ojos.
Me da lo mismo - gruñó él -. Nadie lanza o arroja o lo que sea a mi ahijado. Otra cosa que va a tener que explicarme ese Dursley.
No había alzado la voz pero todos se estremecieron. La mirada de Black prometía problemas, muchos y muy grandes, y todos se alegraron de no estar en el pellejo de Vernon Dursley.
Cuando tía Petunia y Dudley salieron corriendo, cubriéndose la cara con las manos, tío Vernon cerr****ó la puerta con fuerza.
Pero bueno, ni que estuviese enfrentándose a un monstruo - rezongó Tonks.
Para los Dursley probablemente las cartas eran mucho peor que cualquier monstruo - dijo Harry -. No me extrañaría que en aquel momento hubiesen preferido que entrase un ladrón a que entrasen las cartas en la casa.
¿En serio? - hizo una mueca Hermione -. Qué idiotas.
Podían oír el ruido de las cartas, que seguían cayendo en la habitación, golpeando contra las paredes y el suelo.
¿Cuántas enviaron? - preguntó Neville sorprendido.
Ni idea - se encogió de hombros Harry -. No me dejaron volver a entrar y tía Petunia me hizo subir las escaleras con Dudley para no arriesgarse a que alguno de los dos cogiésemos una carta. Solo sé que pasó mucho, mucho rato hasta que tío Vernon salió de la cocina.
Algunos tenían los ojos como platos otra vez. Parecía que habían llegado cientos de cartas a través de la chimenea.
La ironía de la vida, que fuese justo el niño que vivió el que más cartas necesitase para poder ir a Hogwarts cuando todo el mundo mágico estaba esperando el día que pisase el castillo. Y todo por culpa de los muggles, que también eran otra ironía. ¿Quién habría pensado que el niño que vivió viviese con los más grandes muggles que se haya visto nunca?
—Ya está —dijo tío Vernon, tratando de hablar con calma, pero arrancándose, al mismo tiempo, parte del bigote—.
Ron ahogó una carcajada y se giró hacia Harry.
¿De verdad se arrancó parte del bigote?
Oh, sí - respondió riendo -. Se lo retorció tan fuerte que se quedó con él en la mano y eso solo sirvió para que se enfadase todavía y se pusiese ya paranoico del todo.
Los estudiantes volvieron a girarse hacia la profesora sonriendo y disfrutando de los libros por primera vez. Eran tan grandes las tonterías que hacían...
Quiero que estéis aquí dentro de cinco minutos, listos para irnos. Nos vamos. Coged alguna ropa. ¡Sin discutir!
¡Ja! Ya se ha vuelto paranoico - rio Tonks encantada -. Ahora sí se ha vuelto completamente loco.
Parece una bomba de relojería que va a estallar en cualquier momento
-
dijo Hermione sonriendo.
Sí, y estalló en el peor momento posible. Para él, por lo menos - dijo Harry recordando el garrafal error de tío Vernon cuando había insultado a Dumbledore en la cabaña delante de Hagrid.
Era de las peores cosas que podías hacer porque Hagrid era total y absolutamente fiel a Dumbledore y no aguantaba ni media palabra contra él.
Parecía tan peligroso, con la mitad de su bigote arrancado, quenadie se atrevió a contradecirlo.
Puede que en ese momento pareciese peligroso - murmuró Harry -. Ahora solo me parece que se había vuelto loco definitivamente.
Diez minutos después se habían abierto camino a través de las puertas tapiadas y estaban en el coche, avanzando velozmente hacia la autopista. Dudley lloriqueaba en el asiento trasero, pues su padre le había pegado en la cabeza cuando lo pilló tratando de guardar el televisor, el vídeo y el ordenador en la bolsa.
La señora Weasley frunció el ceño molesta.
Me parece estupendo que por fin empiece a educar a su hijo y a enseñarle que no puede conseguir todo - dijo en un tono de desaprobación -, pero ese no es motivo para pegar a un niño.
Cierto - estuvo de acuerdo el señor Weasley -. Molly y yo nunca les hemos la mano encima a nuestros hijos. No está bien.
Los siete hermanos Weasley les sonrieron. Adoraban a sus padres con toda su alma y no los cambiarían por nada del mundo, aunque a veces no entendiesen la obsesión de su padre por las cosas muggles o no les gustase que su madre gritase tanto. Les querían y punto.
Harry les miraba sonriendo, sabiendo lo que todos estaban pensando. Tal vez un par de días antes habría tenido envidia, pero ahora tenía a Sirius. A Remus también, por supuesto, pero sentía un cariño especial por Sirius, después de todo, era su padrino. Y sabía que Sirius le cuidaría y apoyaría de la misma forma que Molly y Arthur apoyaban a todos sus hijos. Sirius estaba en camino de convertirse en el padre que nunca pudo tener, y daba gracias por eso.
Condujeron. Y siguieron avanzando. Ni siquiera tía Petunia se atrevía a preguntarle adónde iban. De vez en cuando, tío Vernon daba la vuelta y conducía un rato en sentido contrario.
—Quitárnoslos de encima... perderlos de vista... —murmuraba cada vez que lo hacía.
Wow - se asombraron todos.
Vale, este muggle no está paranoico. Paranoico es Ojoloco - silbó Tonks sorprendida e ignorando el gruñido de su mentor -. Este está loco. Simple y llanamente loco. Como un cencerro.
Todos se echaron a reír. La chica tenía razón al pensar eso. Una cosa era estar paranoico, que por lo menos entonces te quedaba algo de cordura, pero a Vernon Dursley le había superado la situación y ahora era un peligro público.
No se detuvieron en todo el dí****a para comer o beber.
¿Nada de comer en todo el día? - se alarmaron muchos.
La cara de Ron sugería que ese era su propio infierno personal. Un día entero sin probar bocado... Se estremeció solo de pensarlo y le entró hombre a pesar de que no hacía tanto que habían desayunado.
Pero no era el único. Entre toda la tensión del libro y ahora la mención de que no había comida, todos empezaron a tener hambre.
Señor Potter, no se crea que me he olvidado - dijo la señora Pomfrey -. Hoy cuando acabemos la lectura se viene conmigo a la enfermería. ¡Y no me discuta, señor Potter! - dijo al ver que el chico abría la boca para protestar.
Hubo más risitas de nuevo mientras Harry suspiraba resignado. Pero ni loco iba a pasar allí la noche. Eso sí que no.
Al llegar la noche Dudley aullaba. Nunca había pasado un día tan malo en su vida.
Es un poco hipócrita tu primo, ¿no, Harry? - preguntó tranquilamente la chica rubia de Ravenclaw de antes. ¿Luna, verdad?, intentó recordar Harry. Sí, Luna Lovegood -. A él le parecía estupendo cuando eras tú quien lo pasaba así.
Harry se giró hacia ella sin saber qué decir. Era todo cierto, pero la chica lo había dicho tan calmada, sin una pizca de rabia o humor o... algo, que no se le ocurrió qué responder. Miró a Hermione de reojo, pero ella parecía tan confundida como él y Ron solo se había quedado mirando extrañado a la chica.
Supongo que sí lo es, Luna - dijo al final dubitativo -. Nunca pasado por eso, aunque uno de sus pasatiempos favoritos era verme pasar a mí por ello. Supongo que se dio cuenta que vivirlo no es tan divertido.
Y tras esto se prolongó el silencio en el que la única que parecía cómoda era Luna mientras el resto se removían en sus asientos y esperaban a que pasase algo. Al final Harry le dirigió una mirada suplicante a su profesora para que siguiese leyendo y ella accedió encantada.
Tenía hambre, se había perdido cinco programas de televisión que quería ver y nunca había pasado tanto tiempo sin hacer estallar un monstruo en su juego de ordenador.
Vaya, menudo problema - dijo Hermione sarcástica -. Así que es más importante que no has jugado a un estúpido videojuego antes que el que tengas hambre, ¿no?
No me extraña - resopló Sirius -. Esa bola de grasa podría pasar una semana sin comer y no se moriría de hambre. Solo volvería a parecer una persona normal.
Eso arrancó algunas sonrisas. Harry miró a su alrededor curioso. Parecía que la gente ya había superado la sorpresa de los Dursley y se tomaba las cosas con más calma. Al menos de momento. Ojalá que durase un poco más, porque estaba seguro que cuando oyesen lo que había pasado el último verano por culpa de Dobby, se iba a armar una buena. A lo mejor tenía que atar a Sirius al asiento. O mejor, si consiguiese que no escuchase ese capítulo...
Tío Vernon se detuvo finalmente ante un hotel de aspecto lúgubre, en las afueras de una gran ciudad. Dudley y Harry compartieron una habitación con camas gemelas y sábanas húmedas y gastadas. Dudley roncaba, pero Harry permaneció despierto, sentado en el borde de la ventana, contemplando las luces de los coches que pasaban y deseando saber...
Tu curiosidad otra vez - suspiró Ron divertido -. Nos va a seguir metiendo en problemas, ¿sabes? Y cada vez mayores.
Seguro que también nos sacará de muchos - replicó Harry mientras Hermione los miraba con cariño y una sonrisa.
No, tu curiosidad nos meterá en problemas y tu instinto de héroe nos sacará de ellos - corrigió ella consiguiendo que Ron se echase a reír y Harry pusiese los ojos en blanco al saber que le estaban tomando el pelo.
Ninguno se dio cuenta de las miradas que intercambiaba el resto. Otra vez con esos problemas. ¿A qué tipo de problemas se referían? Porque no sonaba nada bien que necesitan ese "instinto de héroe" que decían que tenía Harry para salir de ellos.
Al día siguiente, comieron para el desayuno copos de trigo, tostadas y tomates de lata.
¡Eso no es desayuno! - se quejó Ron con una cara horrorizada -. Un desayuno es lo de esta mañana, aunque no quedasen salchichas.
Sirius se frotó la parte de atrás del cuello sonrojado, aunque le dio igual al oír que su ahijado se reía.
Sí, y tampoco quedaban huevos, ni bacon. Pero quedaban tostadas con mermelada.
Solo los que habían estado cerca entendieron de qué hablaban y se echaron a reír. El resto les miraba como si se hubiesen vuelto locos. ¿Cómo que se habían acabado? ¡Si había de sobra todas las mañanas!
Estaban a punto de terminar, cuando la dueña del hotel se acercó a la mesa.
—Perdonen,****¿alguno de ustedes es el señor H. Potter? Tengo como cien de éstas en el mostrador de entrada.
Más carcajadas al imaginarse la cara perpleja de los Dursley.
¡Ja! - dijo triunfante George -. No te esperabas eso, ¿eh, Dursley?
No puedes escapar de la magia así - reía Fred -. Y seguro que pensaba que ahí ya estarían a salvo.
Todos estaban ansiosos por continuar, por ver cuál sería la siguiente locura que se le ocurriría.
Extendió una carta para que pudieran leer la dirección en tinta verde:
Señor H. Potter
Habitación 17
Hotel Railview
Cokeworth
Harry fue a coger la carta, pero tío Vernon le pegó en la mano. La mujer los miró asombrada.
¿Por qué será? - dijo George sarcástico.
No sé, pero seguro que no es porque acaba de pegar a un niño - dijo Fred en el mismo tono antes de mirar a su gemelo.
Nah, qué va. Seguro que es por la cara de morsa que tiene - dijeron a la vez haciendo reír a todos.
Puede que estuviesen haciendo reír al resto, pero a ellos dos ya se les estaba agotando la paciencia. Querían que su hermanito recibiese ya la carta. Por Merlín, para entonces el pequeño Ronnie estaba dando saltos de alegría por toda la casa desde hacía días, tan contento que ni siquiera ellos se habían atrevido a gastarle una broma por miedo a fastidiárselo.
Lo tenían totalmente decidido: los Dursley iban a ser el blanco de todas las bromas que pasasen por su cabeza. A lo mejor hasta se convertían en conejillos de Indias para probar sus productos...
—Yo las recogeré —dijo tío Vernon, poniéndose de pie rápidamente y siguiéndola.
Algunos gruñeron e hicieron gestos de frustración. Había faltado tan poco para que consiguiese la carta...
Probablemente pensó que tío Vernon era el "señor H. Potter" y que yo solo intentaba cotillear las cartas - suspiró Harry echándose hacia atrás.
¿Pero es que todavía no consigues leerla? - se asombró Sirius -. ¿Cuánto más pueden estar evitándolo? ¿Tardaste mucho más en recibir una ya por fin?
No, no tardé mucho más. Pero no la recibí de la forma que esperaba
- respondió con una sonrisa divertida que solo confundió a todos los que no conocían la historia y esos solo eran Hagrid y Ron, porque se lo había contado en el tren.
Hagrid mientras tanto estaba sonrojándose bajo la barba de nuevo. Se moría de ganas de aparecer, pero no sabía qué es lo que opinarían los demás. E iba a ser tan raro oír hablar de ti como si fueras otro...
—¿No sería mejor volver a casa, querido? —sugirió tía Petunia tímidamente, unas horas más tarde, pero tío Vernon no pareció oírla.
Escúchala, Dursley - gruñó Snape antes de poder darse cuenta -. Ella se crió con una bruja y sabe más sobre magia que tú.
Los alumnos le miraron sorprendidos por su reacción. Casi parecía como si estuviese de parte de Harry. Casi.
Harry tenía los ojos como platos. No se habría esperado esto en su vida.
¿He oído bien? ¿Snape ha dicho algo en mi favor? - murmuró para que solo le oyesen Ron y Hermione.
Ellos dos estaban igual que él y no supieron qué contestar. Solo asintieron boquiabiertos. Esto era todavía más inesperado que cuando se enteraron de que en primero Snape había estado intentando salvarle la vida a Harry. Por lo menos entonces lo había hecho a escondidas, en cambio ahora...
Qué era lo que buscaba exactamente,
Eso es lo que queremos saber - dijo Tonks.
nadie lo sab****ía.
Estupendo - resopló cruzándose de brazos. No fue la única que tuvo esta reacción. La gente ya se estaba cansando de esta carrera sin sentido. ¿No le podían dar la carta y punto? El resto era una pérdida de tiempo.
Al parecer no se podía. Otra vez, Dursley estaba en medio fastidiando esos planes.
Los llevó al centro del bosque, salió, miróalrededor, negó con la cabeza, volvió al coche y otra vez lo puso en marcha. Lo mismo sucedió en medio de un campo arado, en mitad de un puente colgante y en la parte más alta de un aparcamiento de coches.
Con cada sitio que mencionaban, la gente iba abriendo más y más los ojos.
¿A dónde os estaba llevando, Harry? - preguntó Sirius casi temiendo por la vida de su ahijado. Este hombre ya no era peligroso solo para sí mismo.
No lo sabía ni yo ni nadie en aquel momento - respondió encogiéndose de hombros -. Solo lo descubrimos cuando llegamos a ese sitio.
¿Y cuál...?
No te lo voy a decir, Sirius - le interrumpió antes de que pudiese terminar la pregunta que sabía que iba a hacerle. Solo recibió un gruñido como respuesta -. Vamos, Sirius, no te voy a fastidiar la historia. Creo que ni siquiera tío Vernon sabía a dónde íbamos hasta que llegamos allí, así que vosotros tampoco - terminó sonriendo.
No sabes cómo me tranquiliza eso - dijo Sirius sarcástico.
—Papá se ha vuelto loco, ¿verdad?—preguntó Dudley a tía Petunia aquella tarde.
Vaya, sí que te ha costado, Dudley - puso los ojos en blanco Ron -. Yo creía que eso ya lo habíamos aclarado hacía varias páginas.
Ron, estamos hablando del chico que no es capaz de sumar dos - le recordó Harry.
Cierto. Entonces no ha tardado tanto en comprenderlo, supongo. Tiene que haber mejorado desde su cumpleaños - dijo fingiendo estar totalmente de acuerdo.
Los gemelos les miraban interesados. Sobre todo miraban a Ron como si lo viesen por primera vez. ¿Dónde había estado escondido ese humor todos estos años?, se preguntaban. No se les ocurrió que solo salía a la luz cuando el pelirrojo estaba con Harry, que con él era el único con el que se sentía cómodo siendo él mismo porque sabía que su amigo no iba a pensar mal o raro de él dijese lo que dijese.
Tío Vernon había aparcado en la costa, los había encerrado y había desaparecido.
Comenzó a llover. Gruesas gotas golpeaban el techo del coche. Dudley gimoteaba.
—Es lunes —dijo a su madre—. Mi programa favorito es esta noche. Quiero ir a algún lugar donde haya un televisor.
¿Es que no se preocupa de otra cosa que no sea su preciada televisión? - bufó Ginny -. No sé cómo has podido vivir todos estos años con él, Harry, de verdad. Yo apenas he estado escuchando sobre él un par de capítulos y ya tengo ganas de estrangularle.
Harry reprimió una sonrisa ya que no creía que a la pelirroja le hiciese mucha gracia que él se riese cuando ella estaba enfadada.
Créeme, he querido estrangularle muchas veces. Pero pronto fue imposible cuando su cuello empezó a ser tan gordo que mis manos no habrían podido rodearlo - dijo intentando que se le pasase el mal humor.
Funcionó. La niña dejó de fruncir el ceño y soltó una risita al imaginarse la escena.
Lunes. Eso hizo que Harry se acordara de algo. Si era lunes (y habitualmente se podía confiar en que Dudley supiera el día de la semana, por los programas de la televisión), entonces, al día siguiente, martes, era el cumpleaños número once de Harry.
¿No te acordabas de que era tu cumpleaños? - preguntó triste Neville.
Bueno, no sé si lo dirán, pero supongo que después de oír cómo son los Dursley, te harás una idea de cómo eran mis cumpleaños. Nunca han sido algo que celebre exactamente - se encogió de hombros Harry.
Sirius y Remus apretaron los puños de mal humor y se miraron. Supieron que estaban pensando lo mismo: este año Harry iba a tener un cumpleaños mil veces mejor. E iban a buscarle el mejor regalo que se les ocurriese. A lo mejor los libros les daban una pista....
Ron y Hermione bajaron la cabeza. No había sido su culpa, pero no podían evitar sentirse mal por cómo había pasado Harry su último cumpleaños, cuando ya tenía a alguien que supuestamente le iba a felicitar y a enviar un regalo y todas esas cosas. Por el contrario, lo había vuelto a pasar con los Dursley, aislado del mundo mágico y no había recibido ningún regalo.
No fue vuestra culpa - les murmuró Harry cogiéndoles de la mano al adivinar lo que estaban pensando -. No penséis en ello. Da lo mismo. Sé que sí me felicitasteis, pero como siempre que estoy yo cerca, pasó algo inesperado y no me enteré. Así de simple. No es culpa de nadie.
Sus dos amigos no pudieron evitar sonreír ante la mención de su suerte. Puede que eso sí que haya tenido algo que ver...
Claro que sus cumpleaños nunca habían sido exactamente divertidos:
Ah, así que sí que va a mencionar algo - dijo Harry y luego miró al muchacho de cara redonda que estaba un poco más allá -. Ahora verás a lo que me refería, Neville.
el año anterior, por ejemplo, los Dursley le regalaron una percha y un par de calcetines viejos de tí****o Vernon.
¿En serio? - preguntó Ron tratando desesperadamente de que no se reflejase en su cara la pena que sentía por su amigo cuando se giró para mirarle.
¿Esos eran tus regalos? - dijo Hermione intentando lo mismo.
Ninguno tuvo éxito del todo, pero Harry no se lo tuvo en cuenta. Sí, estaba incómodo, pero sabía que, si cualquiera de ellos hubiese estado en su lugar, él habría sentido lo mismo. Y lo estaban intentando, así que no se lo podía reprochar.
Cuando recibía alguno, sí - se encogió de hombros. Quería terminar con este tema cuanto antes así que le hizo una seña a la profesora para que siguiese leyendo antes de que alguien pudiese comentar algo más.
Los Weasley, Hermione y los merodeadores apretaron los dientes y se prometieron a sí mismos que a partir de ahora harían todo lo posible para que los cumpleaños de Harry fuesen mucho mejores, empezando por hacerle un regalo en condiciones.
Sin embargo, no se cumplían once años todos los dí****as.
Exacto - dijo McGonagall interrumpiéndose a sí misma -. Es un cumpleaños importante para los magos porque es cuando empieza su educación mágica.
Yo estuve deseando llegar a cumplir los once - sonrió Ron sumido en sus pensamientos.
Yo también - estuvo de acuerdo Ginny, que los había cumplido ese año -. Estuve semanas ansiosa por que llegase.
Todos los alumnos se pusieron a contarle al de al lado las ganas que habían tenido de que llegase, cómo lo habían celebrado, lo contentos que habían estado, lo bien que se lo habían pasado... Y habrían seguido mucho más rato, si la profesora no se hubiese hartado y hubiese decidido que iba a seguir leyendo sí o sí, dejando sin otra opción a los estudiantes que no fuese callarse y escuchar.
Tío Vernon regresó sonriente. Llevaba un paquete largo y delgado y no contestó a tía Petunia cuando le preguntó qué habí****a comprado.
¿Descubriste qué era? - preguntó Tonks curiosa.
Ron resopló divertido antes de que Harry pudiese abrir la boca.
Es Harry - dijo como si eso lo explicase todo -. Todavía no he visto ningún secreto que esté a salvo con él cerca.
Harry le fulminó con la mirada pero el pelirrojo y Hermione estaban muy ocupados riéndose como para darle importancia a eso.
—¡He encontrado el lugar perfecto! —dijo—. ¡Vamos! ¡Todos fuera!
Ay, no - se lamentó Hermione dándose una palmada en la frente.
Si él opina que es perfecto será mejor mantenerse lo más lejos posible de ese lugar - dijo el señor Weasley abriendo la boca por primera vez en mucho tiempo.
Casi me da miedo preguntar cuál es ese lugar perfecto después de todos a los que os ha llevado ya - dijo Remus dubitativo.
No fue... agradable - dijo Harry con una mueca al recordarlo -. Ahora lo veréis.
Esto solo hizo que se pusiesen nerviosos. ¿A dónde les estaba llevando ahora este hombre? ¿Cómo de loco y desesperado se puede estar?
Hacía mucho frío cuando bajaron del coche. Tío Vernonseñalaba lo que parecía una gran roca en el mar. Y, encima de ella, se veía la más miserable choza que uno se pudiera imaginar. Una cosa era segura, allí no había televisión.
Dime que es una broma - soltó Bill incrédulo.
¡No puede llevar ahí a dos niños de diez años! - empezó a preocuparse Molly.
Sé que no se preocupa por Harry en lo más mínimo - dijo Charlie con expresión sombría -, pero también está llevando a ese sitio a su propio hijo.
Está como un cencerro - murmuró Tonks -. Antes lo había dicho en broma, pero es cierto. Está como un cencerro.
Sirius agarraba con fuerza los brazos del sofá. Por el momento ganaba la preocupación que sentía por su ahijado, pero como le pasase algo, cualquier cosa, ese Dursley iba a arrepentirse de haberse atrevido a tocar la primera carta.
—¡Han anunciado tormenta para esta noche! —anuncióalegremente tío Vernon, aplaudiendo—.
¿Y encima con una tormenta? - preguntó Remus débilmente. Le pasaba como a Sirius. Lo primero de todo era Harry y la preocupación por él. Cuando estuviese a salvo ya se ocuparía de buscar un castigo para los Dursley por llevarle a ese sitio en medio de una tormenta.
A lo mejor era mejor vengarse al estilo merodeador... Siempre era mucho más duradero y gratificante que lanzar una simple maldición. Eso lo podía hacer cualquiera, pero una broma de merodeador... Eso sonaba mucho mejor. Tendría que hablarlo con Sirius.
¡Y este caballero aceptó gentilmente alquilarnos su bote!
Un viejo desdentado se acercó a ellos, señalando un viejo bote que se balanceaba en el agua grisácea.
¡¿Qué?! - exclamó Hermione histérica -. Harry, ese bote no parece que pueda resistir siquiera el peso de una persona. ¡Y sois cuatro! ¡Dos de ellos que valen por dos o por tres!
Pero yo era tan canijo que casi no valía por ninguno, ¿te acuerdas?
-
bromeó para intentar calmarla -. Y tía Petunia es tan delgada que solo cuenta por medio.
¡Harry!
¿Qué? Estoy aquí, Hermione, y obviamente estoy bien. No me caí del bote, ni se hundió...
No me extrañaría que hubiese pasado - murmuró Ron por lo bajo, pero parecía preocupado.
Ni me puse enfermo ni nada - siguió Harry ignorando al pelirrojo -. Así que no merece la pena preocuparse por eso. Ya hemos hablado de esto, ¿recordáis?
Sí, pero eso no significa que nos guste - gruñó Sirius -. Como te pase algo, me va a dar igual lo que me digas, Harry, voy a ir a por él y va a tener que explicarme personalmente quién se cree que es para tratar así a mi ahijado.
Pero no me pasó nada - suspiró Harry. Iba a acabar odiando esa frase -, ¿así que podemos seguir?
—Ya he conseguido algo de comida**—dijo tío Vernon—. ¡Así****que todos a bordo!**
En el bote hacía un frío terrible. El mar congelado los salpicaba, la lluvia les golpeaba la cabeza y un viento gélido les azotaba el rostro. Después de lo que pareció una eternidad, llegaron al peñasco, donde tío Vernon los condujo hasta la desvencijada casa.
Los alumnos estaban horrorizados por lo que estaban escuchando. Intentaban imaginarse a sus padres en la situación de ese Dursley, pero ni los que tenían las ideas más descabelladas podían pensar que harían algo así.
Los adultos despotricaban contra Vernon Dursley por lo bajo. Estaba haciendo pasar a su familia por una horrible odisea. ¿Y para qué? Solo para INTENTAR que Harry no recibiese su carta. Es decir, para nada. ¡Menudo estúpido!
¿No ve que también está consiguiendo que su mujer y su hijo lo pasen mal? - preguntó el señor Weasley enfadado. Él tenía clarísimo que el bienestar de su familia era lo primero y no comprendía que este hombre pudiese arriesgar de esta manera el de la suya -. Ya he entendido que su meta en la vida es que Harry lo pase tan mal como sea posible - escupió con desprecio -, ¿pero está dispuesto a arrastrar a su familia en el proceso?
No lo ve así - murmuró Remus apretando los puños -. Como ha dicho Tonks, ha perdido la cabeza. No está pensando con claridad.
La bruja le miró sorprendida. No porque él hubiese recordado lo que ella había dicho, aunque eso le encantaba, sino porque cuando él había dicho su nombre, le había dado el corazón un vuelco. A lo mejor esa admiración que había sentido por él la primera vez que le vio cuando visitó a su tío Sirius se iba a convertir en algo más...
El interior era horrible: había un fuerte olor a algas, el viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera y la chimenea estaba vacía y húmeda. Sólo había dos habitaciones.
Tenía que hacer un frío terrible - dijo Ginny estremeciéndose -, siendo todo tan húmedo y con tanto viendo en medio de una tormenta.
Y no hay que ser un genio para saber quien se va a quedar sin habitación - dijo Bill apretando los dientes. Ya le había tomado cariño a Harry. No por ser el mejor amigo de su hermano, sino por él mismo. Había oído sobre él antes por sus padres y por sus hermanos más pequeños, pero ahora le había conocido. Le veía ahí sentado entre Ron y Hermione, ambos más altos que él (Ron le sacaba casi una cabeza), parecía muy pequeño... Y sintió que debía protegerle, que ya había sufrido suficiente y debía protegerle de todo lo que pudiese de ahora en adelante.
Los otros Weasley, Tonks, Remus, Sirius... Todos pensaban algo parecido. Si ahora parecía muy pequeño ahí hundido en el sofá, no querían ni imaginarse a ese niño tres años antes durmiendo en un sitio así. Pero ahora tenían que controlarse, que sabían que Harry odiaba inspirar pena y si seguían pensando en eso no iban a poder evitarlo.
Se obligaron a centrarse de nuevo en la voz de la jefa de la casa de Gryffindor, que seguía avanzando la historia con la voz tensa por la rabia.
La comida de tío Vernon resultó ser cuatro plátanos y un paquete de patatas fritas para cada uno.
Eso no es comida - gruñó Ron -. ¿Es que los Dursley no respetan la comida o qué? Por Merlín, yo meriendo más que eso.La comida es importante. Voy a tener que ir a explicárselo en persona.
Ron, tú comes tres veces más de lo normal - dijo Hermione poniendo los ojos en blanco, pero ella también estaba disgustada -. Pero es cierto, eso no es cena suficiente.
Sobre todo porque es lo único que han comido desde el desayuno - dijo la señora Weasley con el ceño fruncido. Iba a tener que vigilar las comidas de Harry más de cerca que lo que había pensado en un principio.
La señora Pomfrey también tenía una cara de desaprobación al oír todo esto. Cuanto más leían, más convencida estaba de que esa revisión era necesaria y de que debería haberla hecho mucho antes.
Trató de encender el fuego con las bolsas vacías, pero sólo salió humo.
—Ahora podríamos utilizar una de esas cartas, ¿no? —dijo alegremente.
Ja ja ja, qué gracioso - dijo George entrecerrando los ojos -. Gred, habrá que esforzarse más de lo que teníamos planeado para enseñarles lo que es una verdadera broma.
Totalmente de acuerdo, Feorge - asintió el otro gemelo -. Habrá que empezar a planear de nuevo.
Nosotros participamos, ¿verdad, Canuto? - dijo Remus con un expresión que no encajaba con el tono ligero de la conversación.
Creía que no lo ibas a proponer nunca, Lunático - dijo Sirius con una sonrisa macabra.
Por primera vez, nadie les regañó por planear una broma contra alguien. McGonagall y Molly tenían incluso que reprimirse para no hacer hacer alguna sugerencia, ya que ellas también habían visto muchas bromas, más de las que les hubiese gustado ver.
Estaba de muy buen humor. Era evidente que creía que nadie se iba a atrever a buscarlos allí, con una tormenta a punto de estallar. En privado, Harry estaba de acuerdo, aunque el pensamiento no lo alegraba.
Una tormenta no va a parar a un mago, Harry - dijo Seamus.
Lo sé ahora - puso los ojos en blanco de nuevo -. Pero yo no sabía que existía la magia. ¡Merlín, tenía prohibido decir esa palabra en casa! Y a los muggles sí que los detiene una tormenta, ¿así que qué iba a pensar?
Al caer la noche, la tormenta prometida estalló sobre ellos. La espuma de las altas olas chocaba contra las paredes de la cabaña y el feroz viento golpeaba contra los vidrios de las ventanas.
Merlín... - murmuraron algunos imaginándose en esa situación.
Tenía que hacer un frío horrible... Y estaría todo húmedo... ¿Se colaría más agua durante la noche?
Tía Petunia encontró unas pocas mantas en la otra habitación y preparó una cama para Dudley en el sofá. Ella y tío Vernon se acostaron en una cama cerca de la puerta, y Harry tuvo que contentarse con un trozo de suelo y taparse con la manta más delgada.
No sé ni por qué me sorprendo - bufó Hermione -. Ya sabía yo que le iban a hacer algo por el estilo.
Mira que hacerle dormir en el suelo mientras ellos están en la cama
- gruñó el señor Weasley. Si él acabase en esa situación con su familia, no dormiría en una cama tranquilamente si alguno de sus hijos estaba durmiendo en el suelo.
Sirius parecía el asesino que le habían acusado de ser al oír que Harry dormía en el suelo húmedo. Como se ponga enfermo..., pensó para sí mismo. Sabía Harry le había dicho que no había pasado, pero también sabía que no le habría dicho la verdad si pensaba que haría algo arriesgado si le decía lo contrario.
La señora Pomfrey parecía dispuesta a levantarse y llevárselo en ese instante a la enfermería en lugar de esperar a esa noche, pero se obligó a esperar. El chico estaba bien ahí sentado y no haría ningún bien que le avergonzase delante de todos, sobre todo sabiendo su aversión a la enfermería.
La tormenta aumentó su ferocidad durante la noche. Harry no podía dormir. Se estremecía y daba vueltas, tratando de ponerse cómodo, con el estómago rugiendo de hambre.
Ron bajó la cabeza avergonzado. Pensaba en cómo siempre había tenido todo lo que necesitaba y nunca, jamás, había pasado hambre mientras su amigo nunca estaba seguro de si iba a poder comer algo al día siguiente. Pensaba en cómo él en aquel momento seguro que estaba en su cama cómodo y calentito después de haber cenado y su mejor amigo no podía dormir por culpa del frío y del hambre. Y estos pensamientos lo atormentaban porque si no fuese por estos libros seguiría muriéndose de envidia por estar en el lugar de Harry.
Notó que alguien le ponía la mano en el hombro y se topó con la mirada de Harry, que sabía lo que pasaba por su cabeza en ese momento. Se miraron y tuvieron una de esas conversaciones silenciosas que nadie más entendía, esas en las que eran capaces de decirse todo sin decir nada.
No es tu culpa - decía Harry. En realidad solo sonreía de medio lado, pero Ron sabía lo que eso significaba.
Tenía que haberme dado cuenta, Harry. Lo siento - otra vez, lo único que hizo Ron fue fruncir un poco los labios y apretar los dientes, enfadado consigo mismo, y el otro niño entendió.
No es tu culpa. No te atormentes con eso - decía Harry negando con la cabeza.
Yo... Gracias, Harry - dio un suspiró Ron devolviendo la sonrisa de medio lado tras un momento de vacilación.
No hay problema. ¿Para qué están los hermanos? - decía Harry con un apretón en el hombro antes de que ambos se girasen hacia el resto y se encontrasen con que todos se habían quedado mirándoles en silencio.
Todos se habían dado cuenta de que estaban hablando sin decir nada y observaron el intercambio curiosos y sin entender nada. Para ellos solo eran un montón de medias sonrisas y gestos sin importancia, pero parecía que para ellos dos tenían mucho más significado.
Muchos los miraban con envidia, queriendo tener lo mismo que ellos. Queriendo encontrar a alguien en quien pudiesen confiar plenamente y que confiase en ellos de la misma forma. Querían entender a alguien con quien entenderse igual que ellos se entendían, pero no comprendían cómo lo habían hecho si se conocían desde hacía más que un par de años. Era algo especial y único y lo compartían ellos dos y la niña de encrespado cabello castaño que siempre iba con ellos. Eran un trío muy especial.
Sirius los miraba con nostalgia, recordando cuando él podía hacer lo mismo con James, como se entendían con una mirada, como estos dos chicos. Remus también los miraba igual porque también había sido capaz de entender tan claramente a James como Harry y Ron se comprendían. Entre Sirius y Remus nunca había habido ese grado de comprensión y por eso habían sospechado el uno del otro hacía doce años, pero sí lo tenían con James.
Por suerte para este trío, los tres compartían ese entendimiento. Confiaban entre ellos con los ojos cerrados, era la única forma de entenderse así. Los tres se entendían, se apoyaban y se defendían sin reservas entre ellos.
Sí, un trío increíble. Único.
Los ronquidos de Dudley quedaron amortiguados por los truenos que estallaron cerca de la medianoche. El reloj luminoso de Dudley, colgando de su gorda muñeca, informó a Harry de que tendría once años en diez minutos. Esperaba acostado a que llegara la hora de su cumpleaños, pensando si los Dursley se acordarían y preguntándose dónde estaría en aquel momento el escritor de cartas.
Teniendo en cuenta que es una pluma automática, supongo que estará guardada en un cajón, ¿no? - dijo Tonks con curiosidad.
Pero Harry aún no ha recibido su carta, así que no la pueden haber guardado todavía - dijo Remus -. A lo mejor sigue encima del escritorio, o donde sea que la ponen para que escriba todas las cartas y direcciones.
Se quedaron un momento pensando antes de encogerse de hombros. No era importante para la historia.
Cinco minutos. Harry oyó algo que crujía afuera. Esperó que no fuera a caerse el techo, aunque tal vez hiciera más calor si eso ocurría.
Harry - suspiró Hermione negando con la cabeza pero con una sonrisa -, solo a ti se te ocurren estas cosas.
El niño se encogió de hombros ignorando las risitas de algún alumno.
Cuatro minutos. Tal vez la casa de Privet Drive estaría tan llena de cartas, cuando regresaran, que podría robar una.
Ojalá pudieses, pero creo que, aunque volváis pronto, tu tío no te dejaría ni acercarte a la casa hasta que hubiese quemado hasta la última carta - suspiró Tonks.
Además, como tengas que esperar a que a tu tío se le pase el ataque de locura para conseguir una carta - dijo Sirius -, no la habrías conseguido todavía a día de hoy.
No falta mucho para que la consiga - respondió Harry intentando esconder la sonrisa de anticipación -. Creo que faltan cuatro minutos para que me den la carta.
¿Cuatro minutos? - se extrañó Remus -. ¿Por qué exactamente cuatro? ¿Y cómo lo sabes con tanta precisión?
Ahora lo ves - dijo Harry, ya sin poder evitar sonreír.
Tres minutos para la hora.
Remus se giró hacia Harry abriendo mucho los ojos al entenderlo y el niño asintió disimuladamente, aguantando la risa.
¿Por qué el mar chocaría con tanta fuerza contra las rocas? Y (faltaban dos minutos) ¿qué era aquel ruido tan raro? ¿Las rocas se estaban desplomando en el mar?
Espero que no - murmuró la señora Weasley asustada. Todo esto para evitar que vaya a un sitio a donde va a ir hagan lo que hagan, era ridículo -. Hay dos niños en esa cabaña...
No se preocupe, señora Weasley - la tranquilizó Harry -. Eso no era lo que provocaba el ruido. Era algo mucho, mucho mejor.
Hagrid se volvió a sonrojar y escondió una sonrisa.
Un minuto y tendría once años. Treinta segundos... veinte... diez... nueve... tal vez despertara a Dudley, sólo para molestarlo...
¡Sí! - exclamaron los gemelos Weasley.
Vamos, Harry, hazlo.
Lo hiciste, ¿verdad?
Lo siento - se encogió de hombros y ellos gruñeron -. Ocurrió algo que me despistó un poco.
tres... dos... uno...
BUM.
¿Cómo que BUM? - preguntó George extrañado.
¿No has dicho que no habías despertado a tu primo? - preguntó Fred.
Yo no fui - respondió Harry aguantando la risa y evitando mirar a Hagrid -, pero sí se despertó. Solo que por otra cosa. Seguro que lo explican ahora. No es nada malo - añadió antes de que pudiesen empezar a preocuparse.
Toda la cabaña se estremeció y Harry se enderezó, mirando fijamente a la puerta. Alguien estaba fuera, llamando.
¿Quién es? - preguntó Sirius tenso.
No lo pone - contestó McGonagall -. Ha acabado el capítulo.
No te preocupes, Sirius. Ahora se pone mejor - respondió Harry con una sonrisa traviesa. Luego se giró hacia el semi-gigante -. Hagrid, ¿por qué no lees tú el siguiente capítulo?
Yo... Eh, vale - aceptó sonrojado. McGonagall agitó la varita y le mandó el libro volando.