← Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo · de
Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo — capítulo 8
Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J.K. Rowling El Callejón Diagon
Bueno, ¿ahora ya podemos seguir? - dijo Harry.
Por supuesto, señor Potter - dijo Dumbledore -. ¿Te importaría empezar el siguiente capítulo, Molly?
A regañadientes, la señora Weasley volvió a abrir el libro por la página siguiente.
El Callejón Diagon
¿Te llevó Hagrid a comprar tus cosas el primer año? - preguntó Hermione recordando su primera visita al callejón Diagon.
Sí. Fue el mejor cumpleaños de mi vida - respondió Harry sonriendo. Entonces todos recordaron que era justo el cumpleaños del chico. Con todo lo que habían leído y todo lo que había pasado se les había olvidado eso.
Harry se despertó temprano aquella mañana. Aunque sabía que ya era de día, mantenía los ojos muy cerrados.
¿No estabas emocionado por ir a por tus cosas para Hogwarts? - se extrañó Ron. Él había estado tan nervioso que había saltado de la cama apenas había salido el sol, algo que solo había ocurrido ese día y el día que se iba a Hogwarts.
No creía que hubiese sido verdad - se encogió de hombros algo sonrojado -. Parecía demasiado bueno para ser cierto.
Y demasiado extraño - añadió Hermione, a la que le había pasado algo parecido -. A la mañana siguiente de que me lo contase la profesora McGonagall apenas me creía que hubiese sido verdad, pero luego mis padres también habían pensado lo mismo y teníamos la carta, así que no podía ser mentira ni un sueño.
Los nacidos de muggles asintieron todos de acuerdo, algunos sonriendo al recordar las cosas tan extrañas que habían pensado esa mañana. Era difícil creer que fuese cierto que existía la magia y al principio parecía todo un sueño del que vas a despertar en cualquier momento. Los nacidos de magos les miraban entre confundidos y divertidos por esto. Ellos habían crecido con la magia y les costaba ponerse en el lugar de los otros.
«Ha sido un sueño —se dijo con firmeza—. Soñé que un gigante llamado Hagrid vino a decirme que voy a ir a un colegio de magos. Cuando abra los ojos estaré en casa, en mi alacena.»
¿Ves? - sonrió Hermione mientras Harry se sonrojaba todavía más -. Un sueño. Lo mismo que pensé yo.
Se produjo un sú****bito golpeteo.
«Y ésa es tía Petunia llamando a la puerta», pensó Harry con el corazón abrumado. Pero todavía no abri****ó los ojos. Había sido un sueño tan bonito...
Eres igual que tu padre, Harry - rio Sirius -. Él tampoco quería levantarse nunca.
A mí me lo vas a decir - bufó Remus, pero estaba sonriendo -. Tú eras igual que él y cada mañana, cuando intentaba levantaros, siempre hacíais lo mismo. Que si cinco minutos más, que estabas teniendo el mejor sueño de vuestra vida, que no os encontrabais bien y debíais quedaros todo el día en la cama... Siempre buscabais alguna excusa para seguir durmiendo.
Y tú nunca nos dejabas - recordó Sirius -. Recuerdo cuando volcaste el colchón de James y le tiraste al suelo para que saliese de la cama.
¿Y cuando tuve que colgarte de un tobillo del aire para conseguir que abrieses los ojos? - rio Remus.
Eso fue cruel, Lunático - fingió enfurruñarse -, pero no estuvo tan mal como cuando me empapaste de pies a cabeza para que me levantase.
Y lo conseguí - dijo triunfante.
Ya lo creo que lo conseguiste. Te estuve persiguiendo por toda la torre de Gryffindor hasta que te devolví el favor y acabaste tan empapado como yo y tuviste que cambiarte de nuevo.
Preferí eso a cuando James me dejó el pelo naranja brillante por gritar que Lily se estaba besando con otro para que saltase de la cama. Se mosqueó conmigo, pero era la mejor forma de conseguir que se levantase. Nunca fallaba.
Señor Black, señor Lupin - les llamó la atención la profesora McGonagall -, por muy divertidas que sean esas anécdotas, deberíamos continuar leyendo si queremos terminar y tener un descanso. Entonces podrán seguir comentando todas sus travesuras.
Por supuesto, Minnie. Ya nos callamos - contestó Sirius sonriendo al ver la mueca de la profesora ante el mote.
Toc. Toc. Toc.
—Estábien**—rezongó Harry—****. Ya me levanto.**
Por lo menos él no tarda tanto como vosotros dos en ceder y levantarse - le susurró Remus a Sirius.
También ha salido a la pelirroja. Ella era de los primeros en estar en pie - murmuró Sirius.
Cierto. Ella se levantaba todavía antes que yo. Algo se le tenía que haber pegado a su hijo - dijo el hombre lobo.
Se incorporóy se le cay****ó el pesado abrigo negro de Hagrid. La cabaña estaba iluminada por el sol, la tormenta había pasado, Hagrid estaba dormido en el sofá y había una lechuza golpeando con su pata en la ventana, con un periódico en el pico.
Y ahí están tus pruebas de que lo de la noche anterior fue real - sonrió Hermione.
Hombre, era imposible no creerlo cuando vi al gigante con el que había soñado durmiendo en el sofá y a una lechuza trayendo el periódico - dijo Harry.
Harry se puso de pie, tan feliz como si un gran globo se expandiera en su interior.
Harry, ¿sabes que haces las comparaciones más extrañas que he oído nunca para describir las cosas? - preguntó Ron divertido -. ¿Un globo? ¿En serio?
Yo que tú no me reiría, Ronnie - dijo George con una sonrisa traviesa.
Sí, después de todo, tu descripción no puede tardar mucho más en aparecer - dijo Fred con una sonrisa idéntica a la de su hermano.
Ron perdió la sonrisa y fulminó a sus hermano con la mirada antes de girarse hacia Harry entrecerrando los ojos.
Que conste que yo no he escrito esto - se defendió Harry.
Son tus pensamientos, que es lo mismo - replicó Ron.
Uno no puede controlar lo que piensa - dijo el chico de pelo azabache -. Además, ¿cómo demonios iba a saber yo que los iban a leer delante de todo el comedor?
El pelirrojo solo se giró para escuchar la lectura a regañadientes. Sabía que no podía culpar a su amigo por sus pensamientos, después de todo, eran supuestamente privados.
Fue directamente a la ventana y la abrió. La lechuza bajó en picado y dejó el periódico sobre Hagrid, que no se despertó.
Menudo sueño más profundo - se asombró Tonks -. Si a mí me tirasen un periódico encima, saltaría del susto que me llevaría.
Exacto. No se puede bajar la guardia nunca, ni siquiera dormido - asintió Ojoloco -. ¡ALERTA PERMANENTE! - gritó sobresaltando tanto a todos que más de uno se cayó de su asiento. Otros sacaron sus varitas pensando que había algún peligro antes de guardarlas avergonzados al darse cuenta de que no pasaba nada.
¡Alastor! - le regañó la profesora McGonagall -, no hace falta que nos des un ataque con esos gritos.
Tienen que estar todos preparados para lo inesperado, Minerva - la contradijo -. No hay mejor manera que sorprenderles en el momento en el que empiezan a bajar la guardia. Así aprenderán a no hacerlo nunca.
McGonagall solo frunció el ceño molesta, pero sabía que era una batalla perdida.
Entonces la lechuza se posó en el suelo y comenzó a atacar el abrigo de Hagrid.
—No hagas eso.
Solo quiere que le pagues, Harry - dijo Charlie casi riéndose.
¿Y cómo iba a saber yo eso? - preguntó el chico a la defensiva -. Era tan solo la segunda vez que veía una y jamás se me habría pasado por la cabeza que pudiesen encargarse de repartir el periódico.
Charlie se sonrojó avergonzado al no darse cuenta de eso. Los gemelos se reían en silencio a sus espaldas porque no se atrevían a decirle nada a él directamente ya que era como dos veces más grande que ellos.
Harry trat****ó de apartar a la lechuza, pero ésta cerró el pico amenazadoramente y continuó atacando el abrigo.
—¡Hagrid! —dijo Harry en voz alta—. Aquí hay una lechuza...
—Págala —gruñó Hagrid desde el sofá.
Hagrid, no te va a entender - rio Hermione.
No me di cuenta - murmuró Hagrid y, por suerte para él, su barba escondía casi todo su sonrojo.
Se va a quedar con cara de estúpido preguntándose a qué demonios te refieres - dijo Fred sonriendo sin haberle oído.
Como si le hubiesen dado un golpe en la cabeza - rio George.
Qué va. Harry no haría eso - les contradijo Ron poniendo los ojos en blanco -. Solo intentará enterarse de lo que tiene que hacer para librarse de la lechuza y ya no se sorprenderá por una cosa así. Después de todo, ni siquiera le extrañó ponerse a hablar con una serpiente sobre Brasil.
Los gemelos se miraron un segundo.
Muy cierto, ¿no crees, Gred? - dijo George.
Muy cierto, Feorge - asintió Fred.
—¿Qué?
—Quiere que le pagues por traer el periódico. Busca en los bolsillos.
¿Buscaste algo en los bolsillos de Hagrid? - preguntó Remus con una mueca.
¿Qué pasa con eso? - preguntó Ginny -. Me refiero, sé que tardará un poco en encontrar el dinero, pero no pasa nada.
Lunático tuvo que buscar algo en ellos una vez y algo le pegó un mordisco en la mano - rio Sirius al recordarlo.
¿En serio? ¿Qué era? - preguntó Neville entre curioso y temeroso por la respuesta.
Nunca lo supimos - se encogió de hombros -. Soltó el abrigo de golpe y no sabíamos en qué bolsillo había metido la mano.
Algunos miraban el abrigo de Hagrid suspicaces mientras el gigante solo se sonrojaba una vez más.
El abrigo de Hagrid parecía hecho de bolsillos, con contenidos de todo tipo: manojos de llaves, proyectiles de metal, bombones de menta, saquitos de té... Finalmente Harry sacó un puñado de monedas de aspecto extraño.
Bueno, tampoco encontraste cosas tan extrañas - dijo Remus algo aliviado.
¿No te parece extraño llevar proyectiles de metal en el bolsillo? - preguntó Sirius antes de girarse hacia Hagrid -. ¿Para qué los llevabas, por cierto?
Ni idea - se encogió de hombros mientras los buscaba en sus bolsillos -. Ni siquiera sabía que llevaba algunos encima.
Los amigos del grandullón se echaron a reír al darse cuenta de que lo decía totalmente en serio. Solo Hagrid podría olvidarse de que llevaba proyectiles de metal en los bolsillos.
—Dale cinco knuts**—dijo soñoliento Hagrid.**
Y tampoco va a saber qué son los knuts - rio Hermione.
Por lo menos podrá empezar a familiarizarse con el dinero del mundo mágico - dijo Remus.
—¿Knuts?
—Esas peque****ñas de bronce.
Harry cont****ó las cinco monedas y la lechuza extendió la pata, para que Harry pudiera meter las monedas en una bolsita de cuero que llevaba atada.
¿Y la lechuza estuvo ahí quieta esperando a que le pagases? - preguntó Bill sorprendido.
Eh... sí. Creo que sí - respondió Harry confundido por la pregunta.
Menuda paciencia que ha tenido la lechuza esa - silbó sorprendido -. Porque no creo que tardases solo unos segundos en encontrar las monedas, ¿no?
No, la verdad es que tardé un buen rato - sonrió.
Entonces tuviste suerte de que no te soltase un picotazo - dijo Charlie -. Normalmente no suelen tener tanta paciencia las lechuzas que traen el periódico.
Solo vienen, entregan el periódico, cobran y se marchan en un tiempo récord - dijo Remus.
Y salió volando por la ventana abierta.
Hagrid bostez****ó con fuerza, se sentó y se desperezó.
¿Por qué no le echaste una mano al pobre niño si estabas a punto de levantarte de todas formas? - preguntó Molly frunciendo el ceño.
En realidad, señora Weasley - intervino Harry para sacarle del apuro a su amigo -, como tardé bastante en encontrar las monedas, no estaba a punto de levantarse. Además, no importa, no me molestó en absoluto.
La señora Weasley se relajó al oír eso y Hagrid le mandó una mirada agradecida al chico, pero él solo le quitó importancia con un gesto. Era cierto, hasta le había gustado pagar él a la lechuza.
—Es mejor que nos demos prisa, Harry. Tenemos muchas cosas que hacer hoy. Debemos ir a Londres a comprar todas las cosas del colegio.
Harry estaba dando la vuelta a las monedas mágicas y observándolas. Acababa de pensar en algo que le hizo sentir que el globo de felicidad en su interior acababa de pincharse.
¿Y ahora qué clase de pensamiento estúpido se te ha ocurrido? - suspiró Ron con una sonrisa.
¡Hey!, no fue un pensamiento estúpido - se defendió sonrojándose ligeramente -. Era una duda totalmente válida.
Sí, ya - bufó divertido -. Ya veremos.
—Mm... ¿Hagrid?
—¿Sí? —dijo Hagrid, que se estaba calzando sus colosales botas.
—Yo no tengo dinero y ya oíste a tío Vernon anoche, no va a pagar para que vaya a aprender magia.
¿Eso era lo que te preocupaba? - preguntó Remus incrédulo.
Harry asintió algo avergonzado mientras Ron sacudía la cabeza divertido por las ideas de su amigo.
Harry, los Potter son una de las familias más ricas de Inglaterra, como los Black o los Malfoy, por ejemplo - dijo Sirius.
¿Qué? - se sorprendió Harry.
¿Cómo que caracortada es tan rico como yo? - frunció el ceño Draco.
Cállate, Malfoy - gruñó Sirius -. ¿No lo sabías, Harry?
Eh... no. No sé cuánto hay en mi cámara de Gringotts - se sonrojó de nuevo.
Eso no es nada, Harry - replicó Sirius sonriendo -. Esa es solo la cámara que preparó Lily para tus cosas del colegio. Podrás acceder a la cámara de la familia cuando alcances la mayoría de edad.
¿Qué? - volvió a preguntar sorprendido. No se le ocurría qué más decir.
Eso da igual ahora - dijo Remus -. Nos quedan muchos años hasta que cumplas diecisiete para explicarte todo esto. Ahora vamos a seguir leyendo.
Harry sacudió la cabeza para volver a centrarse en la señora Weasley, que estaba leyendo de nuevo.
—No te preocupes por eso —dijo Hagrid, poniéndose de pie y golpeándose la cabeza—. ¿No creerás que tus padres no te dejaron nada?
No, ya me he enterado de que no... - murmuró Harry aún muy sorprendido. ¿Tan rico como Malfoy?, pensaba. Luego apartó esos pensamientos. Le daba lo mismo. No iba a empezar a gastarse el dinero a lo tonto aunque tuviese de sobra. Era algo que había aprendido con los Dursley: derrochar daba asco y solo te convertía en un avaricioso.
—Pero si su casa fue destruida...
¿Por qué iban a guardar su dinero en su casa? - preguntó Ron confundido.
¿Y yo qué sé? ¿Por qué usan los magos lechuzas en vez de teléfonos? - se defendió rojo como un tomate. Sus primeras preguntas sobre el mundo mágico habían sido un tanto estúpidas cuando pensaba en ellas.
—¡Ellos no guardaban el oro en la casa, muchacho! No, la primera parada para nosotros es Gringotts. El banco de los magos. Come una salchicha, frías no están mal, y no me negaré a un pedacito de tu pastel de cumpleaños.
—¿Los magos tienen bancos?
¿En serio, Harry? - sonrió Hermione -. Incluso yo supuse que tendrían algún banco antes de McGonagall nos dijese dónde intercambiar el dinero muggle por dinero no muggle.
Yo... Es que... Pensé que... - intentó justificarse totalmente rojo -. Bueno, vale. Pregunta estúpida. Pero es que después de lo fantasioso que sonaba todo el mundo de la magia me parecía raro que tuviesen algo tan normal como un banco.
Sí, bueno, tampoco es un banco como los que te puedes encontrar en el mundo muggle - sonrió Bill -. Esos no envían a gente a romper maldiciones para conseguir oro ni tienen maldiciones por todos lados para impedir que entren ladrones.
—Sólo uno. Gringotts. Lo dirigen los gnomos.
Harry dejó caer el pedazo de salchicha que le quedaba.
¡Harry! - exclamó Ron indignado -, ¿a qué viene eso? Por fin algo decente que cocina Hagrid y vas tú y lo dejas caer - refunfuñó por lo bajo.
Vamos, Ron - dijo Hermione con una sonrisa -, no puedes decirme que tú no te hubieses sorprendido. Yo también me quedé con la boca abierta cuando me enteré y mis padres estuvieron a punto de dar media vuelta y salir del banco la primera vez que los vieron.
Vale, sí, me habría sorprendido - aceptó a regañadientes -. ¿Pero tenía que dejar caer la salchicha?
Todos pusieron los ojos en blanco al escucharle. Nunca cambiaría cuando se hablaba de comida.
—¿Gnomos?
—Ajá... Así uno tendría que estar loco para intentar robarlos, puedo decírtelo.
No le digas eso, Hagrid - gruñó Fred.
Ahora seguro que lo intenta - dijo George sonriendo.
Harry soltó un bufido divertido y todos le miraron curiosos.
¿Por qué me miráis así? Ni siquiera yo estoy tan loco - se defendió cruzándose de brazos.
Ahora fue Ron el que soltó un bufido.
Lo siento, Harry, pero en dos años has hecho cosas que no me había imaginado que fuesen posibles.
¡Hey! ¡No es cierto! - pero de calló al ver las miradas que le dirigían sus dos mejores amigos -. Bueno, no mucho. Solo algo... arriesgadas.
Sí, ya - dijo Hermione con una ceja alzada -. Eso ya lo veremos. A ver qué opina el resto cuando leamos los dos primeros libros.
Y yo no quiero ni empezar a imaginarme lo que viene en los siguientes
-
añadió Ron -. Al parecer es ahí donde empieza lo bueno.
Si vosotros dejáis ya los comentarios que nadie más entiende - dijo Fred.
A lo mejor el resto podemos seguir leyendo la historia - terminó George.
Estoy deseando que llegue el tercer libro - le murmuró Charlie a Bill mientras su madre reanudaba la lectura -, así estarán tan perdidos como nosotros.
Nunca te metas con los gnomos, Harry. Gringotts es el lugar más seguro del mundo para lo que quieras guardar, excepto tal vez Hogwarts.
El trío evitó mirarse entre ellos para no hacer algo que les fuese una pista a los demás. Iban a tener que averiguar lo que pasaba con las mismas pistas que ellos o esperar a que lo dijesen en el libro.
Sin embargo, los tres sabían que este comentario les había ayudado a saber qué había escondido en el colegio. Hogwarts, el sitio más seguro del mundo para guardar algo.
Por otra parte, tenía que visitar Gringotts de todos modos. Por Dumbledore. Asuntos de Hogwarts. —Hagrid se irguió con orgullo—. En general, me utiliza para asuntos importantes. Buscarte a ti... sacar cosas de Gringotts...
¡Hagrid! - se exasperó McGonagall -, no puedes decir eso delante de un niño.
Delante de Harry - puntualizó Remus recibiendo una mirada fulminante de su antigua profesora -. ¿Qué? Es cierto. Cualquier otro niño se habría olvidado al cabo de un rato, en cuanto viese el callejón, seguro. Pero no sé por qué me da a mí que Harry no va a hacer eso, ¿verdad? - afirmó, más que preguntó, girándose hacia el chico.
Mmm... ¿Lo siento? - dijo Harry encogiéndose un poco de hombros con una pequeña sonrisa -. No es como si alguno de vosotros lo hubiese dejado pasar si veía algo raro.
Pero no iríamos al fin del mundo por resolverlo - señaló Sirius -. Hay cosas más entretenidas.
¿En serio? Entonces supongo que no quieres enterarte de la historia. Ni tampoco saber a qué se refería Hagrid - dijo Harry con una sonrisa burlona.
Yo no he dicho eso - se apresuró a decir Sirius.
Sí, ya - puso los ojos en blanco -. ¿Le importa seguir, señora Weasley?
él sabe que puede confiar en mí. ¿Lo tienes todo? Pues vamos.
Harry siguió a Hagrid fuera de la cabaña. El cielo estaba ya claro y el mar brillaba a la luz del sol. El bote que tío Vernon había alquilado todavía estaba allí, con el fondo lleno de agua despué****s de la tormenta.
¿No tendría que haber otro? - preguntó Tonks confusa -. Digo, Hagrid tuvo que haber llegado de alguna forma y no puede aparecerse porque necesitas tu varita para eso y a él se la partieron. Así que, aunque tenga los trozos escondidos en ese paraguas rosa, no le sirve.
¿Con un traslador? - sugirió Remus poco convencido.
Ahora lo veis - dijo Harry -. Yo también tuve curiosidad...
¿Cuándo no? - sonrió Ron.
... y se lo pregunté - terminó ignorando olímpicamente a su amigo.
—¿Cómo llegaste aquí? —preguntó Harry; mirando alrededor, buscando otro bote.
—Volando**—dijo Hagrid.**
¿Perdón? - dijo Tonks incrédula, y no era la única. Mucha gente miraba al gigante con el ceño fruncido como si estuviesen intentando imaginárselo y otros tenían las cejas alzadas por la sorpresa, sin acabar de creérselo.
¿Ha dicho volando? - preguntó Sirius creyendo haber oído mal.
Sí. Volando - asintió Harry divertido, aunque él había tenido una reacción similar la primera vez.
¿En plan pájaro? - preguntó consiguiendo que muchos rieran -. Porque las escobas no le sujetan, los animales no pueden sostener su peso y si hubiese llevado mi moto estaría allí.
No lo sé - se encogió de hombros Harry -. Nunca lo he averiguado.
Todos volvieron a escuchar, pero seguían mirando a Hagrid de vez en cuando.
—¿Volando?
—Sí... pero vamos a regresar en esto. No debo utilizar la magia, ahora que ya te encontré.
Subieron al bote. Harry todavía miraba a Hagrid, tratando de imaginá****rselo volando.
No puedo - suspiró Sirius resignado -. Imaginármelo - explicó al ver las miradas interrogativas de muchos -. Llevo intentándolo desde que lo ha dicho, pero no soy capaz.
No te culpo - dijo Tonks sonriendo -. Yo también lo he intentado.
¿Cómo diablos fue volando Hagrid? - preguntó Ron en un susurro. Era como pensar que salía volando una montaña.
¡Ron, cuida tu lenguaje! - le regañó Molly levantando la vista del libro.
Lo siento, mamá - se disculpó con una mueca. Al parecer no lo había dicho lo suficientemente bajo.
No llegaron a saberlo. Nadie quería preguntar a Hagrid, no fuese a ser algo realmente extraño o peligroso o que le ofendiese. Con Hagrid nunca se sabía.
—Sin embargo, me parece una lástima tener que remar —dijo Hagrid, dirigiendo a Harry una mirada de soslayo—. Si yo... apresuro las cosas un poquito, ¿te importaría no mencionarlo en Hogwarts?
Claro que le importa, Hagrid. ¡Cómo se te ocurre ofrecerle ver algo de magia! - exclamó George fingiendo estar ofendido.
Eso. ¿Por qué va a querer ver magia un niño que acaba de descubrirla? - se mofó Fred.
Señores Weasley. Los gemelos - intervino McGonagall y tuvo que explicarse de nuevo cuando se giraron todos los pelirrojos hacia ella. Merlín, esto iba a ser muy raro -. No importa si Harry quería ver más magia o no. Hagrid no debería haber hecho eso - añadió girándose hacia el gigante con esa expresión que sus alumnos conocían tan bien.
Lo siento, profesora - se disculpó Hagrid sonrojándose.
Profesora, en realidad no fue para tanto. Solo fue eso y no lo vio nadie - intentó defenderle Harry -. Además, así no me quedaría mirando tan embobado cada vez que viese a alguien hacer magia.
McGonagall bufó y se giró hacia Molly escondiendo una sonrisa. Ese chico siempre sabía cómo quitarle importancia a las cosas y justificar lo que había pasado, aunque todos supiesen que esas no habían sido las razones del gigante.
Hagrid le miró agradecido, pero Harry solo sonrió. Menos mal que no se había enfadado demasiado...
—Por supuesto que no —respondió Harry, deseoso de ver más magia.
Fred y George abrieron la boca para hacer un comentario de nuevo, pero Ginny, sentada a su lado, fue más rápida.
Ni se os ocurra - les amenazó -. Ya lo hemos entendido. Harry es curioso. Y cualquier niño querría ver magia. Ahora a callar o no vamos a terminar este capítulo nunca, y ya quiero que llegue el descanso.
Los gemelos cerraron la boca de inmediato y pusieron cara de inocentes. La pequeña Weasley había heredado el carácter de su madre y cada vez se parecía más a ella cuando se enfadaba.
Hagrid sac****ó otra vez el paraguas rosado, dio dos golpes en el borde del bote y salieron a toda velocidad hacia la orilla.
—¿Por quétendría que estar uno loco para intentar robar en Gringotts? —preguntó Harry.
Estupendo - ironizó Sirius -, los gemelos tenían razón. Ahora se te ha metido en la cabeza.
Ya he dicho que no estoy tan loco - se defendió Harry, pero veía que muchos no se lo creían -. Mira, no lo he hecho nunca...
Eso espero. Solo tienes doce años - murmuró Remus, pero sonreía divertido.
... y no tengo planes de hacerlo - siguió el chico ignorándole -. ¿Por qué querría yo entrar a robar en Gringotts? ¡Es de locos!
Sí, ya - bufó su padrino.
¡Hey!, ¿no se supone que tú debes defenderme? ¿No es eso lo que hacen los padrinos? - protestó Harry.
¿Padrino? - preguntaron muchos a su alrededor.
Harry hizo una mueca y se regañó mentalmente. ¿Cómo había podido olvidarse de que el resto del comedor no sabía la historia, mucho menos la relación entre ambos?
Eh... Lo sabréis en el tercer libro - dijo Harry rápidamente -. La carta decía que no os contásemos nada.
Nadie estaba contento con esto, pero no le iban a sacar nada así que volvieron a la lectura a regañadientes.
—Hechizos... encantamientos —dijo Hagrid, desdoblando su periódico mientras hablaba—... Dicen que hay dragones custodiando las cámaras de máxima seguridad. Y además, hay que saber encontrar el camino. Gringotts está a cientos de kilómetros por debajo de Londres,¿sabes? Muy por debajo del metro. Te morirías de hambre tratando de salir, aunque hubieras podido robar algo.
Como si cualquiera de esas cosas fuese a detener a Harry - resopló Fred.
Unas pocas decenas de protecciones de hechizos, un laberinto, posibles criaturas potencialmente peligrosas... Bah, Harry lo superaría con los ojos cerrados - dijo George antes de estallar en risas con muchos a su alrededor.
Solo el trío de Gryffindors de segundo curso sonreía mirando al resto.
¿Sabéis? Dicho así se parece a lo que hicimos el año pasado - murmuró Harry para que nadie más les oyese -. Digo, no era un laberinto, pero sí tenía varias protecciones de hechizos y criaturas peligrosas - los tres se callaron un segundo recordando a Fluffy, el ajedrez, el troll (que gracias a Merlín no tuvieron que quitar ellos de en medio), el espejo...
Aún así, ni se te ocurra siquiera pensar en ello - le advirtió Hermione medio en broma, medio en serio.
¡Hermione, creía que me conocías! - se quejó Harry -. Yo no haría eso.
A no ser que hubiese una razón noble y estúpida como la de ir a rescatar la piedra - aportó Ron.
¡Hey!, nunca habría algo parecido.
¿Qué murmuráis vosotros tres? - les interrumpió Sirus.
Nada - dijeron a la vez. Para nada sospechoso.
Sí, claro. Podríais esperar unos cuantos años antes de empezar a planear cómo atracar Gringotts - se mofó.
¡No vamos a atracar Gringotts! - exclamaron los tres indignados haciendo reír a todos. Incluso la señora Weasley, a pesar de que no le hacía gracia considerar siquiera al pequeño Ronnie haciendo una cosa así, no pudo evitar una sonrisa divertida.
Harry permaneció sentado pensando en aquello, mientras Hagrid leía su periódico, El Profeta. Harry había aprendido de su tío Vernon que a las personas les gustaba que las dejaran tranquilas cuando hacían eso, pero era muy difícil, porque nunca había tenido tantas preguntas que hacer en su vida.
No me habría importado, Harry - dijo Hagrid sin saber muy bien si sentirse ofendido por que le hubiese comparado con esa morsa, avergonzado por no haberse dado cuenta de la incomodidad del niño o apenado por que un niño pensase así.
Lo sé ahora. Lo siento, Hagrid - se disculpó un poco sonrojado.
No es tu culpa - le quitó importancia el gigante, pero el chico seguía tenso en el asiento.
Harry, es verdad lo que dice Hagrid. Lo sabes, ¿no? - insistió Sirius al ver que su ahijado no parecía convencido -. Harry, no es tu culpa y no has ofendido a Hagrid ni nada por el estilo. Es culpa de tus tíos, ¿lo entiendes? Solo queremos que sepas que a nosotros puedes preguntarnos cualquier cosa.
Harry asintió con la cabeza, pero seguía sin mirar a nadie a los ojos. Sirius suspiró frunciendo el ceño, iba a tener que hablar con su ahijado con más calma, cuando estuviesen a solas en vez de con todo el comedor delante.
—El Ministerio de Magia está confundiendo las cosas, como de costumbre —murmuró Hagrid, dando la vuelta a la hoja.
Cornelius Fudge había estado callado durante toda la lectura hasta el momento. Sabía quién era Harry Potter, por supuesto, pero no tenía ningún tipo de relación con él. Le daba algo de pena que un niño hubiese pasado por eso, pero había estado más preocupado por lo que eso significaría para él si la gente se enteraba de cómo había sido tratado el salvador del mundo mágico.
Por lo tanto, el libro no le interesaba en lo más mínimo. Hasta ahora. Ahora el ministerio hacía su aparición en la historia. Sería estupendo si el niño que vivió se llevaba una buena impresión la primera vez que oía hablar sobre él.
—¿Hay un Ministerio de Magia? —preguntó Harry, sin poder contenerse.
—Por supuesto —respondió Hagrid—. Querían que Dumbledore fuera el ministro, claro,
Fudge frunció el ceño y se removió en su asiento incómodo. Nunca conseguía librarse de la sensación de que cualquier día Dumbledore querría el puesto que le habían ofrecido. Y sabía que en cuanto lo dijese, la gente le apoyaría.
Sabía que él solo estaba porque el anciano director había rechazado el ofrecimiento, sabía que él no había sido la primera opción del mundo mágico. No podía evitar sentirse como si fuese un segundo plato, alguien prescindible, alguien a quien podrían desechar en cualquier momento. Y eso no le gustaba. Le aterrorizaba que la gente estuviese más dispuesta a respaldar al anciano que a él.
Sin embargo, no podía hacer nada salvo intentar tomar las mismas decisiones que el anciano tomaría, con la esperanza de que algún día le respetasen tanto. Y mientras tendría que mantener un ojo puesto en Dumbledore, pero sin llevarle demasiado la contraria o se volvería contra él. Debía mantenerse de buenas con él, costase lo que costase.
pero él nunca dejará Hogwarts, así que el viejo Cornelius Fudge consiguió el trabajo. Nunca ha existido nadie tan chapucero.
Hagrid se sonrojó cuando se dio cuenta de que el ministro estaba oyendo todo esto. Nunca pensó que podría pasar algo así.
El resto solo miraba aguantando las carcajadas carcajadas cómo Fudge lanzaba dagas por los ojos al pobre grandullón.
Hagrid... - empezó el ministro.
Cornelius, es solo una opinión que Hagrid ha expresado delante de un niño - le interrumpió Dumbledore -. No puedes hacer nada contra eso.
De pronto era mucho más complicado sofocar las risas. Incluso el propio Dumbledore sonreía un poco y tenía un brillo divertido en los ojos. El ministro solo se puso todavía más rojo de furia y vergüenza. Esa no era la primera impresión que él había pensado que se llevaría el niño que vivió.
Así que envía lechuzas a Dumbledore cada mañana, pidiendo consejos.
Muchos ya no pudieron contenerse y soltaron risitas por lo bajo.
Fudge seguía sonrojándose cada vez más con cada palabra que leía la señora Weasley. Esto era mortificante. Le estaban haciendo creer al niño que el ministro era un incompetente, un total y completo inútil.
Tendría que arrinconar a Potter en algún descanso para que se diese cuenta de que no era así, pensó formando ya un plan en su cabeza. Dumbledore no colaboraría en esto, así que tendría que hacerlo por su cuenta. Complicado, sobre todo cuando el chico estaba vigilado casi constantemente, pero algo se podría hacer.
—Pero ¿qué hace un Ministerio de Magia?
Depende de qué es lo que quieras saber - dijo Sirius divertido -. Hay dos respuestas: lo que hace en teoría y lo que hace en realidad. ¿Cuál de ellas te dio Hagrid?
Me parece que la teoría - respondió Harry igual de divertido que él -. Ahora lo verás.
—Bueno, su trabajo principal es impedir que los muggles sepan que todavía hay brujas y magos por todo el país.
Sí, te dio la teoría - asintió Sirius -. En realidad el ministerio no hace mucho, básicamente nada, y lo que hace suele ser más un incordio que otra cosa - añadió por lo bajo.
Todos a su alrededor se echaron a reír ante la mirada furiosa del ministro, pero eso solo les hizo reír con más fuerza. No hacía falta que les hubiese oído para saber de lo que estaban hablando, pero no podía demostrarlo con pruebas. Y, de todas formas, aunque pudiese, no había ninguna ley que impidiese expresar tu opinión sobre el ministerio de magia.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Vaya, Harry, todos querrían soluciones mágicas para sus problemas. No, mejor que nos dejen tranquilos.
Es cierto - dijo Hermione -, pero es una pena que no se relacionen más ambos mundos.
Muchos solo la miraban como si estuviesen pensando que necesitaba ser ingresada en San
Mungo. ¿Por qué iban a querer ellos relacionarse más con los muggles?
¿Qué? Es verdad - se defendió cuando vio cómo la miraban -. Que sean muggles no significa que sean estúpidos.
Hermione tiene razón - intervino Harry y la chica le dio una mirada agradecida por apoyarla -. Nosotros tendremos magia para hacer de todo, pero ellos han inventado muchas cosas que el mundo de la magia no tiene y que son muy útiles.
¿Como qué? - preguntó Sirius interesado. No lo decía por dejar en ridículo a los dos chicos, sino que de verdad estaba interesado. Lily ya le había demostrado que había cosas en el mundo muggle que merecían la pena.
Los ordenadores, por ejemplo, si encontrásemos la forma de que funcionasen hay magia presente y estoy seguro de que en alguno de los libros saldrá algún otro ejemplo - dijo Harry -. Pero podemos hablar de esto luego.
En aquel momento, el bote dio un leve golpe contra la pared del muelle. Hagrid dobló su periódico y subieron los escalones de piedra hacia la calle.
¿Y tus tíos? - preguntó Tonks -. ¿Cómo volvieron? No es que me preocupe por ellos en lo más mínimo, pero me da curiosidad saber cómo volvieron a su casa si el bote ya no está en la isla.
Eh... La verdad es que no tengo ni idea - admitió Harry después de pensarlo un poco -. A lo mejor llamaron al que les había alquilado el bote para que fuese a buscarles o algo, porque sí que llevaban el teléfono encima. Y cuando volví a casa por la tarde ya estaban ahí, así que no tardaron mucho en encontrar una forma de salir de ahí.
Por mí se podían haber quedado ahí abandonados - gruñó Sirius. No les iba a perdonar nunca, jamás en la vida, que le hubiesen hecho eso a Harry, a su ahijado.
¿No te has enterado todavía, Sirius? Yo no tengo tanta suerte - bromeó Harry ignorando el tono serio en el que había hablado su padrino. Funcionó, más o menos, porque consiguió muchas sonrisas divertidas, una de ellas de Sirius.
Los transeúntes miraban mucho a Hagrid, mientras recorrían el pueblecito camino de la estación, y Harry no se lo podía reprochar: Hagrid no sólo era el doble de alto que cualquiera, sino que señalaba cosas totalmente corrientes, como los parquímetros, diciendo en voz alta:
—**¿Ves eso, Harry? Las cosas que esos muggles inventan, ¿**verdad?
Hagrid, eso no es ser discreto - le regañó McGonagall -. No puedes ir hablando en voz tan alta sobre esas cosas, de muggles y señalando cosas por la calle.
Dio igual, profesora - la tranquilizó Harry saliendo al rescate de su amigo una vez más -. Como dice el libro, ya le estaban mirando por lo enorme que es. Lo demás ya solo era algo extra.
Además, probablemente estaban tan impresionados con su tamaño que la mitad ni escuchó lo que estaba diciendo - bromeó Ron valientemente a pesar de la mirada que les estaba dedicando su profesora.
McGonagall entrecerró los ojos, pero no podía negar que tenían razón en eso. Hagrid era enorme.
—Hagrid —dijo Harry, jadeando un poco mientras correteaba para seguirlo—, ¿no dijiste que había dragones en Gringotts?
Eso, Harry, cambia de tema - aprobó Remus satisfecho.
Pero no es mucho mejor ponerse a hablar sobre dragones delante de los muggles - dijo Molly con el ceño fruncido.
Eso no importa, señora Weasley - le quitó importancia Harry -. Lo más probable es que pensasen que estábamos hablando de un videojuego o algo así. En ellos hay dragones a menudo, creo, o eso le he oído decir a Dudley.
¿Vide-qué? - preguntó Ron confundido. Todos los nacidos de magos tenían la misma expresión confusa.
No importa - se apresuró a decir Harry antes de que Hermione se pudiese lanzar en una larga explicación de lo que eran los videojuegos -. Solo importa que no habrían pensado nada raro.
Los nacidos de magos encogieron de hombros y siguieron escuchando la lectura. La mayoría tenía asumido que nunca iban a entender las cosas que creaban los muggles. Solo algunos recordaron lo que habían dicho Harry y Hermione hacía un rato y se dieron cuenta de que a lo mejor sí que había cosas que merecían la pena.
—Bueno, eso dicen**—respondió Hagrid—. Me gustaría tener un dragón.**
El trío miró a Hagrid, que se sonrojó hasta las orejas, y estalló en carcajadas sorprendiendo a muchos. ¿A qué venía esto? ¿Qué había de gracioso? Un dragón no era gracioso.
Solo Charlie entendía de que se reían y tuvo que esconder una sonrisa para que no le preguntasen.
¿Queremos saberlo? - les preguntó Sirius.
Sí - respondieron los gemelos.
No - respondieron los otros tres a la vez que ellos -. Saldrá en los libros - aclaró Harry.
¿No habréis...? - empezó Remus con una mirada suspicaz.
Saldrá en los libros - repitió Harry interrumpiéndole -. ¿Puede seguir, señora Weasley?
Nadie parecía convencido. Esto era muy extraño. De pronto la profesora McGonagall recordó lo que había pasado el año pasado. ¿Era posible que hubiese habido un dragón de verdad en el colegio esa noche?
—¿Te gustaría tener uno?
—Quiero uno desde que era niño... Ya estamos.
Los tres pequeños Gryffindor volvieron a reírse al oír esto. Los demás estaban cada vez más confundidos y Hagrid cada vez más sonrojado, aunque por suerte la barba lo ocultaba estupendamente.
Puede que la primera vez lo hubiesen pasado fatal y aquella semana en la que Norberto estuvo en el colegio fuese una de las que más agobiados habían estado y hubiesen acabado castigados por ello, pero mirándolo ahora... Era gracioso, tenían que admitirlo.
Habían llegado a la estación. Salía un tren para Londres cinco minutos más tarde. Hagrid, que no entendía**«el dinero muggle»****, como lo llamaba, dio las monedas a Harry para que comprara los billetes.**
La gente los miraba más que nunca en el tren. Hagrid ocupó dos asientos y comenzó a tejer lo que parecía una carpa de circo color amarillo canario.
¿Una carpa? No puede ser. ¿Qué es eso de verdad? - preguntó Remus.
La verdad es que no llegué a preguntárselo - se encogió de hombros Harry -, y luego tuve otras cosas más importantes en mente.
De nuevo, nadie quiso preguntar a Hagrid, en parte porque la señora Weasley había seguido leyendo y no querían interrumpir, y en parte porque muchos temían la respuesta.
A lo mejor era una manta para cierto perro enorme de tres cabezas, pensó Harry divertido. Había visto a Hagrid cantarle nanas y darle ositos de peluche a un dragón, no le extrañaría que hubiese tapado en las noches de invierno a Fluffy con esa manta. Sería tan típico de Hagrid.
—¿Todavía tienes la carta, Harry? —preguntó, mientras contaba los puntos.
¿Cómo no va a tenerla? - preguntó Tonks.
Sería estúpido que, después de todo lo que le ha costado conseguirla, la perdiese o la tirase a la basura en menos de un día
- dijo Bill sonriendo.
Harry sacó del bolsillo el sobre de pergamino.
La estuve agarrando todo el rato desde que salimos de la cabaña - confesó Harry -. No quería perder lo que me iba a sacar de los Dursley.
Yo la estuve llevando a todos lados conmigo el día que la recibí - dijo Ron con las orejas algo rojas.
Yo no me lo creí - dijo Hermione -. Parecía algo demasiado... fantasioso para ser verdad. A la profesora McGonagall le costó mucho convencernos a mis padres y a mí.
—Bien —dijo Hagrid—. Hay una lista con todo lo que necesitas.
Harry desdobló otra hoja, que no había visto la noche anterior, y leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:
Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
¿Alguien ha usado ese sombrero alguna vez? - dijo Sirius.
Solo los de primero los primeros día de curso, después se queda olvidado en el fondo del baúl el resto de los siete años - sonrió Remus.
A mí solo me ha sido útil una vez, en una clase de encantamientos - dijo Harry recordando el día que aprendieron el encantamiento levitatorio.
¿En encantamientos? - preguntó Sirius confundido -. ¿Cómo te iba a ser útil en esa clase?
Bueno, fue por algo que ocurrió... Pero no importa porque estoy bastante seguro de que esa clase tiene que aparecer en el libro - respondió mirando de reojo a sus dos amigos, que no podían parecer más incómodos recordando esa clase en concreto.
Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
Una capa de invierno (negra, con broches plateados).
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
Una historia de la magia**, Bathilda Bagshot.**
Teoría mágica**, Adalbert Waffling.**
Guía de transformación para principiantes**, Emeric Switch.**
Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.**
Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.**
Animales fantásticos y dónde encontrarlos**, Newt Scamander.**
Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección**, Quentin Trimble.**
RESTO DEL EQUIPO
1 varita.
1 caldero (peltre, medida 2).
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑ****O NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
Odio esa regla - suspiró Sirius, y entonces se le ocurrió algo y se giró hacia su ahijado -. ¿Tienes una? ¿Se te da bien volar?
No, no tengo escoba. No me gusta demasiado el quidditch - mintió intentando mantener una cara seria.
¿No te gusta el quidditch? - Sirius parecía desolado -. ¿Cómo no te va a gustar el quidditch?
Sirius, puede que James fuese un fanático de ese deporte, pero Lily no tanto - intervino Remus, pero él también parecía en shock -. Supongo que habrá salido a ella.
Bueno... - dijo no muy convencido -. ¿Entonces no estás en el equipo? ¿No te has presentado a las pruebas este año?
No, qué va. No me he presentado a las pruebas - dijo intentando desesperadamente no reírse -. No me interesaba demasiado.
Sirius y Remus asintieron tratando de superar la amarga sorpresa. Estaban tan sumidos en sus pensamientos que no se dieron cuenta de cómo el resto del comedor escondía una sonrisa o reía discretamente en silencio. ¿Harry Potter sin jugar al quidditch? ¿Que no le gusta? ¿Que no está en el equipo? Sí, ya. Por suerte casi todos se habían enterado ya de la broma y pudieron callar a los que habían estado a punto de fastidiarla. Hasta los Slytherin estaban participando en esto.
Los que lo tenían más difícil para contener las risas eran los que habían estado presentes en la primera clase de vuelo de Harry y el equipo de quidditch de Gryffindor. Ellos habían visto mejor que nadie la habilidad del chico para volar y era imposible que no le gustase el quidditch. Merlín, era casi tan obsesivo como Oliver.
—¿Podemos comprar todo esto en Londres? —se preguntó Harry en voz alta.
—Sí**, si sabes d****ónde ir —respondió Hagrid.**
Harry no había estado antes en Londres. Aunque Hagrid parecía saber adónde iban, era evidente que no estaba acostumbrado a hacerlo de la forma ordinaria. Se quedó atascado en el torniquete de entrada al metro y se quejó en voz alta porque los asientos eran muy pequeños y los trenes muy lentos.
—No s****é cómo los muggles se las arreglan sin magia —comentó, mientras subían por una escalera mecánica estropeada que los condujo a una calle llena de tiendas.
¿Escalera mecánica? - preguntó el señor Weasley -. ¿Cómo funciona eso? ¿Usa eclectricidad? ¿Y suben solas, sin usar siquiera magia?
Arthur, ¿puedes esperarte hasta el descanso antes de ponerte a bombardear a preguntas a Harry y a Hermione? - preguntó la señora Weasley con el ceño fruncido -. No estamos ni a mitad de capítulo y no vamos a terminar nunca, pero el descanso es justo después.
Sí, cariño - respondió el hombre.
Luego se lo explicamos, señor Weasley - dijo Hermione -. Puede preguntarnos también sobre algún otro aparato muggle que haya aparecido, si quiere.
Los ojos del señor Weasley se iluminaron totalmente ilusionados ante la perspectiva de poder aprender sobre tantas cosas muggles.
Hagrid era tan corpulento que separaba fácilmente a la muchedumbre. Lo único que Harry tenía que hacer era mantenerse detrás de él. Pasaron ante librerías y tiendas de música, ante hamburgueserías y cines, pero en ningún lado parecía que vendieran varitas mágicas. Era una calle normal, llena de gente normal. ¿De verdad habría cantidades de oro de magos enterradas debajo de ellos? ¿Había allí realmente tiendas que vendían libros de hechizos y escobas? ¿No sería una broma pesada preparada por los Dursley?
¡Harry, esos no tienen sentido del humor! - exclamó Fred casi horrorizado.
Nadie que haga un chiste como el de la carta-bomba lo tiene - dijo George fingiendo reprimir un escalofrío.
Lo sé. Ya veréis como justo ahora dice algo por el estilo - dijo Harry.
Si Harry no hubiera sabido que los Dursley carecían de sentido del humor, podría haberlo pensado.
¿Veis? - dijo Harry contento -. Yo sé mejor que nadie el poco y sádico sentido del humor que tienen - murmuró para sí mismo al recordar, por ejemplo, lo mucho que tío Vernon se había reído cuando le había arrastrado escaleras arriba el verano pasado para encerrarle.
Bueno, pequeño Harry, parece que no estás perdido del todo - dijo George.
Sí, a lo mejor todavía estamos a tiempo de enseñarte el mundo de las bromas y cómo gastar una buena de verdad - sonrió Fred con anticipación.
No necesita ayuda para saber gastar una broma, ¿o habéis olvidado la que le está gastando a Sirius y a Remus delante de todo el mundo?
-
les susurró Ginny, que estaba sentada a su lado -. Me parece a mí que se las apaña bastante bien.
Cierto - asintieron ambos en un susurro -. El pequeño Harry tenía eso muy bien escondido. Tendremos que convencerle de que venga con nosotros de vez en cuando.
¿No te gustan las bromas? - preguntó Sirius sin oír la conversación entre los tres pelirrojos. Esto le parecía casi peor que lo del quidditch. Que al hijo de un merodeador no le gusten las bromas...
No especialmente. Me gusta verlas, pero no organizo yo ninguna - se encogió de hombros el chico mientras muchos tenían dificultades para no reírse al recordar la broma que les estaban gastando en ese momento.
Los merodeadores asintieron distraídos. Al hijo de James no le gustaban las bromas ni el quidditch... Había salido totalmente a la pelirroja, y no es que fuese malo, ¿pero no podían gustarle un poquito alguna de las dos cosas?
Sin embargo, aunque todo lo que le había dicho Hagrid era increíble, Harry no podía dejar de confiar en él.
Hagrid es así - dijo Ron -. En cuanto le conoces un poco es casi imposible no confiar en él.
Es un poco como lo de Harry - dijo Hermione.
¿Cómo el qué mío? - preguntó confundido -. ¿A qué te refieres?
La gente tampoco puede evitar confiar en ti, Harry, ni seguirte cuando haces uno de esos discursos morales tuyos - explicó Hermione encogiéndose de hombros -. No sé, es algo que pasa. No se puede evitar confiar en Hagrid igual que no se puede evitar confiar en ti.
Harry se sorprendió al oír esto, pero todavía más cuando vio que, no solo no contradecían a Hermione, sino que muchos asentían de acuerdo con ella. ¿De verdad pasaba eso con él? Bueno, era cierto que podían confiar en él. Él nunca traicionaría a un amigo.
—Es aquí —dijo Hagrid deteniéndose—. El Caldero Chorreante. Es un lugar famoso.
Era un bar diminuto y de aspecto mugriento. Si Hagrid no lo hubiera señalado, Harry no lo habría visto. La gente, que pasaba apresurada, ni lo miraba. Sus ojos iban de la gran librería, a un lado, a la tienda de música, al otro, como si no pudieran ver el Caldero Chorreante. En realidad, Harry tuvo la extraña sensación de que sólo él y Hagrid lo veían.
Es que los muggles no lo pueden ver - explicó McGonagall -, a no ser que un mago les lleve hasta dentro. Es de esa forma como los padres de los nacidos de muggles pueden entrar en el callejón Diagon, solo porque sus hijos les llevan hasta la misma puerta.
Mis padres no se lo creían hasta que los arrastré hasta dentro del Caldero Chorreante - rio Hermione al recordarlo.
Y los magos necesitan señalárselo unos a otros - dijo Dumbledore -. Es parecido a un encantamiento Fidelio. Un mago se lo señala a otro y es como si ese se convirtiese en otro guardián secreto.
Los dos merodeadores y Harry se tensaron un poco con la mención del encantamiento Fidelio. Ese era el que había fallado (por culpa de una rata) y habían muerto James y Lily por ello.
Ron y Hermione notaron cómo su amigo se tensaba entre ellos dos y le miraron entre curiosos y preocupados. ¿Qué había pasado para provocar esa reacción en él? Harry solo negó con la cabeza disimuladamente y les hizo un gesto de que ya se lo explicaría luego.
Antes de que pudiera decirlo, Hagrid lo hizo entrar.
Para ser un lugar famoso, estaba muy oscuro y destartalado.
Que sea famoso no significa que sea un bar impecable - dijo Tonks sonriendo -. Pero es cómodo y el dueño, Tom, es simpático. Siempre está dispuesto a reírse un rato con cualquiera que pase.
Nadie podía negar eso. Tom siempre saludaba y sonreía a todo el mundo, y no solo porque fuese bueno para el negocio, sino porque de verdad se llevaba bien con todos los que le saludaban. Normal si lo piensas, ya que ve a un montón de gente en su bar.
Unas ancianas estaban sentadas en un rincón, tomando copitas de jerez. Una de ellas fumaba una larga pipa. Un hombre pequeño que llevaba un sombrero de copa hablaba con el viejo cantinero, que era completamente calvo y parecía una nuez blanda.
Harry, te fijas en todos los detalles - se sorprendió Ron -. No creo que ir siquiera Hermione pueda hacer eso. ¿Cómo demonios lo haces?
No sé - se encogió de hombros incómodo -. Solo lo hago. Era necesario aprender a fijarse en esas cosas en mi casa. Podías evitar una sartén o un bastón si sabías cuando venía el golpe. O cuando debía mantenerme alejado de tío Vernon porque estaba enfadado.
Harry, yo... - intentó disculparse el pelirrojo por haber sacado otra vez un tema como ese. Tenía ganas de pegarse a sí mismo por haber sido tan estúpido de no haber pensado en eso.
Ni lo menciones. No es tu culpa, Ron. No pasa nada - rechazó sus disculpas sabiendo lo que iba a decir -. No me molesta haber aprendido a fijarme en las cosas, porque sino nos habría ido peor estos dos años, ¿no crees? - también pensaba que gracias a eso era mejor buscador, pero no podía decirlo sin estropear la broma.
Ron casi sonrió con esto. Era cierto, más o menos, que la habilidad de Harry para detectar cosas que a las que nadie más daba importancia les había sido muy útil a veces.
El suave murmullo de las charlas se detuvo cuando ellos entraron.Todos parecían conocer a Hagrid. Lo saludaban con la mano y le sonreían, y el cantinero buscó****un vaso diciendo:
—¿Lo de siempre, Hagrid?
—No puedo, Tom, estoy aquí por asuntos de Hogwarts —respondió Hagrid, poniendo la mano en el hombro de Harry y obligándole a doblar las rodillas.
Harry gruñó por lo bajo. Ahora empezaba a hacerse presente su inevitable fama, pero no era capaz de enfadarse con Hagrid por haber atraído la atención hacia él. Probablemente en aquel momento ni pensó en ello.
Harry, lo siento... - empezó Hagrid ya que ahora sabía lo poco que le gustaba al chico su fama.
No importa, Hagrid - dijo Harry -. Iba a suceder de todos modos en algún momento.
¿Eh? ¿De qué habláis? - preguntó Sirius confundido.
De lo que va a pasar cuando se den cuenta de quién soy - explicó Harry con una mueca. No culpaba a Hagrid, pero eso no quitaba que la situación hubiese sido de lo más incómoda -. Ahora lo ves, Sirius. No va a tardar mucho.
—Buen Dios —dijo el cantinero, mirando atentamente a Harry—. ¿Eséste... puede ser...?
¡Oh, Merlín! - exclamó Fred intentando meterle algo de humor a esto y hacer sonreír a su único hermano no pelirrojo.
¡Es Harry Potter! - imitó George a su gemelo.
Callaos los dos - dijo Harry, pero estaba sonriendo sin poder evitarlo. Esto le recordaba a lo que habían hecho los gemelos por él ese año gritando por los pasillos lo del "heredero de Slytherin malo de veras". Y como en esa ocasión, prefería mil veces que se lo tomasen a chiste que con miradas y disculpas incómodas.
El Caldero Chorreante había quedado súbitamente inmóvil y en silencio.
—Válgame Dios—susurró el cantinero—. Harry Potter... todo un honor.
Salió rápidamente del mostrador, corrió hacia Harry y le estrechó la mano, con los ojos llenos de lá****grimas.
—Bienvenido, Harry, bienvenido.
Los dos gemelos se levantaron de su asiento a la vez y se acercaron a Harry corriendo.
Es un placer, Harry - le estrechó la mano Fred -. Un verdadero placer.
Es todo un honor haber conocido a un canijo con gafas - bromeó George estrechándole la otra mano.
Con esto todos estallaron en carcajadas, incluso Harry, aunque intentaba fulminar con la mirada a los dos pelirrojos por llamarle canijo.
¡Fred! ¡George! - les regañó su madre, pero hasta ella estaba luchando contra una sonrisa que quería aparecer en su rostro.
Ellos solo estrecharon una vez más las manos de Harry y volvieron a su asiento fingiendo limpiarse una lágrima y murmurando todavía "un honor...", "un placer conocerle...", "pequeño canijo con gafas..."
Harry no sab****ía qué decir.
¿Sabes, Harry? - empezó Sirius con una sonrisa nostálgica -. Te pareces más a Lily en carácter que a James.
Cierto. James probablemente se habría subido a alguna de las mesas a hacer un discurso o algo así - rio Remus.
Todos lo miraban. La anciana de la pipa seguía chupando, sin darse cuenta de que se le habí****a apagado.
Todos se dieron cuenta ahora de a lo que se refería Ron antes. Sí que se fijaba en todo, hasta en la pipa de la señora desconocida de la esquina de un bar mágico en el que acababa de entrar por primera vez. Nadie era capaz de hacer eso.
Ojoloco miraba radiante a Harry. Eso era instinto de auror, algo que no podía aprenderse por mucho que entrenamiento que se recibiese. Era algo que se tenía o no, no había término medio. Estaba deseando averiguar si ese chico tenía pensado ser auror en el futuro para saber si iba a poder entrenarle. Tenía que ser maravilloso entrenar a alguien con los instintos ya metidos en el cuerpo, no como todos los que ahora estaban en proceso, que le tomaban por exagerado y paranoico. Solo esa chica de pelo rosa le hacía caso, más o menos, y comprendía por qué era como era y hacía todas las excentricidades que hacía.
Hagrid estaba radiante.
Entonces se produjo un gran movimiento de sillas y, al minuto siguiente, Harry se encontró estrechando la mano de todos los del Caldero Chorreante.
Wow - dijeron muchos.
¿En serio? - preguntó Remus impresionado -. Sabía que eras famoso, pero esto...
Tú espera un poco - suspiró Harry resignado -. Aún no has visto todo.
Todos se giraron hacia la señora Weasley ansiosos por saber cómo se tomaría Harry esta introducción a su fama y cómo habían reaccionado todos en el Caldero Chorreante.
—Doris Crockford, Harry. No puedo creer que por fin te haya conocido.
—Estoy orgullosa, Harry, muy orgullosa.
—Siempre quise estrechar tu mano... estoy muy complacido.
Los gemelos estuvieron a punto de volver a levantarse y repetir lo que habían hecho antes, pero Ginny les agarró de la camiseta y los devolvió al sofá de un tirón.
Ya vale, vosotros dos. Dejadle un rato tranquilo a ver si así pasamos la parte de su fama pronto - les regañó -. ¿No veis que está incómodo leyendo esto? ¡No se lo pongáis más difícil y dejad que acabe cuanto antes! - dijo en un susurro señalando a Harry con la cabeza disimuladamente.
Era cierto. El pobre apenas levantaba la mirada de su regazo y no parecía querer mirar a nadie a los ojos. Bueno, ya le avergonzaremos más tarde, pensaron a la vez relajándose contra el respaldo.
—Encantado, Harry, no puedo decirte cuánto. Mi nombre es Diggle, Dedalus Diggle.
—¡Yo lo he visto antes!—dijo Harry, mientras Dedalus Diggle dejaba caer su sombrero a causa de la emoción—. Usted me saludó una vez en una tienda.
Estupendo - suspiró Sirius -. Ahora le dará un ataque de la emoción por que Harry Potter se acuerde de haberle visto.
¿Deberíamos tener un ataque de emoción nosotros también? - bromeó Ron en voz baja para que solo Harry y Hermione le oyesen -. Digo, si él tiene uno porque le has reconocido, nosotros por ser tus mejores amigos...
¡Hey! - protestó Harry mientras ellos dos estallaban en risas antes de unirse a ellos.
No me lo puedo creer - dijo Fred mirándoles como todos los demás.
Yo tampoco, Gred - dijo George -. Estamos sentados a un metro de ellos y aún así se las apañan para seguir teniendo sus secretos. ¿De qué se están riendo ahora?
Pues imaginaos como nos sentimos nosotros - intervino Dean señalándose a Seamus, Neville y él mismo.
Eso, que nosotros compartimos habitación con dos de ellos y seguimos sin enterarnos - dijo Neville.
Me parece que nunca les vamos a entender del todo - suspiró Bill -. Ni leyendo los pensamientos de Harry.
Poco después, la señora Weasley decidió que iba a seguir leyendo aunque no la escuchasen, y el resto se calló rápidamente para oír.
—¡Me recuerda! —gritóDedalus Diggle, mirando a todos—. ¿Habéis oído eso?¡Se acuerda de mí!
Hey, ¿este no era el de las estrellas fugaces? Las del primer capítulo - recordó Tonks.
Eh... Creo que sí - dijo Remus intentando recordar -. No me puedo creer que te acuerdes de eso.
Bueno, quiero ser una auror y con ese como mentor - dijo señalando a Ojoloco, que gruñó en su dirección - no te queda otra opción que aprender.
Estoy seguro de que serás una auror estupenda, Nymphadora - dijo Remus, antes de sonrojarse un poco y apartar la mirada. ¿Qué demonios haces, Lunático?, se regañó a sí mismo.
Tonks le dirigió una sonrisa radiante y su pelo se puso, si era posible, de un color rosa mucho más brillante. Ni siquiera le importó que la hubiese llamado Nymphadora, apenas se dio cuenta de ello.
Sirius fue de los pocos que se dieron cuenta de la interacción entre estos dos y contuvo una sonrisa. Sabía que iba a ser complicado que hubiese algo entre los dos, porque Remus iba a intentar alejarse de ella con todas sus fuerzas, pero también sabía que su sobrina era de las personas más testarudas y persistentes que podías conocer cuando perseguía algo que quería. Y sabía que al final eso rompería las barreras de Remus, aunque tendría que tener una conversación con él antes.
Harry estrechó manos una y otra vez. Doris Crockford volvió a repetir el saludo.
Un joven pálido se adelantó, muy nervioso. Tenía un tic en el ojo.
—¡Profesor Quirrell! —dijo Hagrid—. Harry, el profesor Quirrell te dará****clases en Hogwarts.
El trío se tensó en sus asientos al oír este nombre. Quirrell. Gruñeron por lo bajo, aunque no todos por las mismas razones.
Ron y Hermione todavía estaban furiosos con este hombre porque había estado a punto de matar a Harry. La primera vez delante de todo el colegio durante el partido de quidditch y después los dos a solas con Voldemort. Nunca habían estado tan preocupados por Harry como esos tres días después de ver cómo Dumbledore le llevaba en una camilla a la enfermería, tan pálido e inmóvil que parecía que había sido demasiado tarde.
Harry solo gruñía porque estaba molesto consigo mismo. Le había estrechado la mano en el callejón Diagon y había aparecido cada vez que algo raro ocurría, pero aún así jamás se le había pasado por la cabeza que ese tartamudo pudiese ser el que quería robar la piedra.
No podías saberlo, Harry... - murmuró Hermione para que nadie les oyese, ya que todos seguían metidos en la lectura.
A ninguno se nos ocurrió que pudiese ser él - dijo Ron en el mismo tono.
Y vosotros podéis dejar de torturaros con lo que pasó - contraatacó Harry sabiendo lo que estaban pensando -. Eso ocurrió hace un año y estoy bien. No me pasó nada.
Los otros dos bufaron exasperados. "No me pasó nada". ¡Ja!, sí, claro, por eso había tardado días en despertar siquiera y más en poder salir de la enfermería.
—P-P-Potter —tartamudeó el profesor Quirrell, apretando la mano de Harry—. N-no pue-e-do decirte l-lo contento que-e estoy de co-conocerte.
Seguro que estaba contentísimo - murmuró Harry sarcástico -. Más bien contento porque iba a intentar robar algo para su amo.
¡Calla, no vaya a ser que te oigan! - le regañó Hermione en un susurro pegándole un codazo en las costillas -. No les fastidies la historia.
—¿Qué clase de magia enseñ****a usted, profesor Quirrell?
Ninguna - dijo Harry.
Nada - añadió Ron.
Ni un hechizo útil - dijo Fred.
Solo nos ayudó a practicar cómo gastarle bromas a alguien - sonrió George.
¿Tan mal profesor era? - preguntó Remus algo escéptico. Él creía que el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras tenía que ser alguien cualificado.
Los cuatro Weasley, Harry y Hermione se miraron e intentaron sofocar una carcajada.
No tienes ni idea - dijeron a la vez.
Ahora lo verás, Remus - le dijo Harry al ver que seguía escéptico.
—D-Defensa Contra las Artes O-Oscuras —murmuró el profesor Quirrell, como si no quisiera pensar en ello—. N-no es al-algo que t-tú n-necesites, ¿verdad, P-Potter?—Soltóuna risa nerviosa—. Estás reuniendo el e-equipo, s-supongo. Yo tengo que b-buscar otro l-libro de va-vampiros. —Pareció aterrorizado ante la simple mención.
Vale, ya lo entiendo - hizo una mueca Remus -. Solo le he oído decir un par de frases y ya me parece un incompetente. ¡¿Cómo demonios puede tenerle miedo a su asignatura?!
¿Incompetente? - intervino Sirius con las cejas alzadas -. Ese no es incompetente. Es irremediablemente estúpido. ¿A qué se refiere con que Harry no necesita aprender a defenderse?
Os lo dijimos - sonrió Ron. Era de las primeras veces que le había hablado directamente a Sirius y, para su sorpresa, no era tan malo como había pensado. Le estaba cayendo bien ese tipo.
No me digáis que le habéis tenido dos años - gruñó Remus desesperado al pensar en lo atrasadísimos que estarían en defensa si era ese el caso.
No, no, qué va - dijo George.
Hace mucho que no hay ningún profesor de Defensa que haya durado más de un año - añadió Fred.
Bueno, ¿entonces a quién tuvisteis este año? - preguntó Sirius curioso -. No puede ser peor que este idiota.
Eh... No sé qué decirte - Harry no conseguía decidirse qué era peor, si tener a un profesor con Voldemort en la nuca o al idiota de Lockhart y sus tonterías -. Casi que mejor seguimos y tú decides.
Eso no me tranquiliza, Harry - gruñó Sirius.
Lo siento - se encogió de hombros el chico, pero sonreía divertido.
Pero los demás, no permitieron que el profesor Quirrell acaparara a Harry.Éste tardó más de diez minutos en despedirse de ellos. Al fin, Hagrid se hizo oír.
—Tenemos que irnos. Hay mucho que comprar. Vamos, Harry.
Por fin - suspiró Bill -, eso estaba durando una eternidad.
¿Sigues aguantando eso? - le preguntó Tonks a Harry con los ojos como platos.
No me queda otra - se encogió de hombros incómodo -. No me hacen caso cuando digo que no me gusta mi fama o algo así.
Merlín, yo ya habría huido - murmuró Charlie.
Algunos estaban empezando a ver qué era lo que tanto le molestaba a Harry de su fama. Todos decían conocerle y le reconocerían en cualquier parte, pero ninguno tenía interés en conocer a Harry de verdad.
Si eso había sido solo una vez, en un pequeño bar mugriento, no podían imaginarse cómo debería de haberse sentido, por ejemplo, cuando llegó a Hogwarts y le miraban y señalaban cientos de personas.
Solo una palabra para definirlo. Incómodo. Realmente incómodo.
Doris Crockford estrechó la mano de Harry una última vez
¿Otra vez? - se sorprendió Charlie -. ¿Cuántas veces lleva?
Ni idea - Tonks frunció el ceño molesta por ese personaje -. Perdí la cuenta hace rato, y esas eran las veces mencionadas. Serían seis o siete veces como mínimo, supongo.
y Hagrid se lo llevóa través del bar hasta un pequeño patio cerrado, donde no había más que un cubo de basura y hierbajos.
Hagrid miró sonriente a Harry
—Te lo dije, ¿verdad? Te dije que eras famoso.
Pero no me esperaba serlo tanto - dijo Harry -. Digo, una cosa es ser famoso, pero eso me parece simplemente absurdo. Además, después de todo lo que me contaste la noche anterior, se me olvidó ese detalle.
Hasta el profesor Quirrell temblaba al conocerte, aunque te diré que habitualmente tiembla.
Ni que lo digas - bufó Ron -. No os hacéis una idea de lo difícil que era entenderle en clase cuando hablaba.
Vamos, Ron, seguro que no era para tanto - dijo Remus dubitativo. Después de oír las cosas que decía ese "profesor" ya no estaba tan seguro.
Sí que lo era - afirmó Ron -. Hasta Hermione le tuvo que pedir varias veces que repitiese lo que había dicho.
Aunque al cabo de un par de meses era la única que intentaba entenderle - le sonrió Harry a la chica -. El resto nos dimos por vencido en cuanto nos dimos cuenta de que no nos iba a enseñar nada útil.
Y luego me pedíais ayuda con las redacciones que mandaba - resopló Hermione, aunque sonreía divertida -. Y yo me negaba a daros la mía.
Pero luego nos explicabas cómo se hacía - sonrió Harry.
Pero lo importante es que tú tampoco entendías bien a Quirrell - volvió al tema Ron.
Con esto sonrieron los tres y se giraron hacia Molly para seguir escuchando la lectura.
—¿Está siempre tan nervioso?
No lo estuvo en todo momento - murmuró Harry recordando aquella noche en la sala del espejo.
Por suerte, solo le oyeron Ron y Hermione, quienes le dieron un apretón en las manos para darle apoyo y tuvieron que reprimir un escalofrío al recordar lo cerca que había estado Harry de morir aquella vez.
—Oh, sí. Pobre hombre.
¡Ja! Ni pobre hombre ni nada - gruñó Harry por lo bajo.
Una mente brillante.
Y mente estúpida, más bien - añadió en el mismo volumen.
Sus dos mejores amigos le apretaron las manos una vez más para que se mantuviese tranquilo, aunque ellos mismos estaban teniendo dificultades para mantener su temperamento bajo control.
Estaba bien mientras estudiaba esos libros de vampiros, pero entonces cogió un año de vacaciones, para tener experiencias directas... Dicen que encontró vampiros en la Selva Negra y que tuvo un desagradable problema con una hechicera...
Ojalá eso fuese lo único que se hubiese encontrado en la selva - murmuró Harry cerrando los ojos con fuerza. A veces el rostro de Voldemort en la nuca de Quirrell se le seguía apareciendo en pesadillas, por mucho que odiase siquiera pensar en ello.
¿Eh? ¿Qué decías, Harry? - preguntó Sirius que le había oído decir algo, pero era en un tono demasiado bajo para entenderle.
Nada - respondió rápidamente Harry. Tal vez un poco demasiado rápidamente.
Sirius, Remus, Tonks y todos los Weasley excepto Ron entrecerraron los ojos mirando suspicaces a Harry. El chico sabía algo, y por las caras de los dos que estaban a su lado podían ver que ellos también, pero le conocían lo suficiente para saber que no diría ni una palabra.
Tiene que ver con el libro, ¿verdad? - afirmó más que preguntó Remus.
Eh... Puede - respondió evasivamente Harry.
¡Te dije que te iban a oír! - susurró Hermione furiosamente en el oído de su mejor amigo cuando todos habían devuelto su atención a la lectura.
Y desde entonces no es el mismo. Se asusta de los alumnos, tiene miedo de su propia asignatura...
Más bien tiene miedo de alguien contra quien su asignatura enseña a pelear, pensó Harry, pero se contuvo de decir algo por miedo a que le volviesen a oír.
Ahora ¿adó****nde vamos, paraguas?
"¿Adónde vamos, paraguas?" - rio Fred -. ¿Estabas hablándole a tu paraguas rosa?
¿Tienes conversaciones con él a menudo? - se mofó George -. Seguro que son fascinantes.
Seguro - asintió Fred fingiendo estar serio -. "Buenos días, paraguas. ¿Cómo estás hoy?"
"Buenos días, Hagrid" - contestó George imitando el tono de su hermano -. "Oh, bueno, anoche llovió un poco y me empapé hasta las varillas. Creo que voy a coger un resfriado..."
¡Fred! ¡George! - les regañó la señora Weasley interrumpiéndoles -. ¡Ya basta los dos! ¡No quiero oír ni una palabra más sobre este tema!
Lo siento, mamá - se disculparon a la vez, pero no parecían arrepentidos en absoluto. Sabían que Hagrid no se había ofendido porque, aunque algo sonrojado, se estaba riendo junto a todos los demás en el Gran Comedor.
¿Vampiros?¿Hechiceras? La cabeza de Harry era un torbellino.
Yo me sentí igual - sonrió Hermione.
Yo también - asintió Dean -. A mi madre casi le da un ataque cuando se enteró de que era mago y estuvo a punto de darle otro todavía mayor cuando entramos en el callejón Diagon y empezamos a oír hablar de escobas voladoras, gnomos, vampiros y yo qué sé cuántos cachivaches mágicos más.
¿Y por qué le iba a pasar eso? - preguntó Ron entre confundido y perplejo -. Digo, sé que hay gnomos en Gringotts, pero no es tan raro y tampoco es como si se hubiese encontrado con algún vampiro ahí, ¿no?
Ron, para los hijos de muggles no existe la magia hasta que llega alguien de Hogwarts a demostrarlo - explicó Hermione pacientemente por lo que parecía la centésima vez -, y entrar de pronto en un sitio en el que todo, absolutamente todo, es mágico es...
Inolvidable - terminó Harry por ella cuando vio que no encontraba la palabra adecuada. Estaba sonriendo al recordar su propio asombro.
Ron, junto a los nacidos de magos, frunció el ceño aún confuso. Entendía que ninguno conocía la magia y todo les era nuevo, pero tampoco podía ser tan extraño, ¿no? Era algo que al parecer nunca iban a ser capaces de entender por completo por muchas veces que se lo explicasen. Había que haber crecido lejos de la magia para entenderlo.
Hagrid, mientras tanto, contaba ladrillos en la pared, encima del cubo de basura.
—Tres arriba... dos horizontales... —murmuraba—. Correcto. Un paso atrás, Harry.
Dio tres golpes a la pared, con la punta de su paraguas.
El ladrillo que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande hasta para Hagrid, un paso que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la vista.
—Bienvenido —dijo Hagrid—al callejón Diagon.
Es impresionante la primera vez que vas, ¿verdad? - sonrió Neville.
Totalmente de acuerdo - asintió Harry.
Yo nunca me habría esperado que la entrada a un lugar tan mágico estuviese en el sucio patio trasero de un pequeño y oscuro bar en medio de Londres - dijo Hermione recordando su escepticismo al llegar por primera vez a esa pared.
Sí, bueno, ya hemos aprendido que las cosas no son siempre lo que parecen, ¿no? - sonrió Harry mirándola -. Que a veces la verdad es todavía más extraña que los más retorcidos rumores.
Ni que lo digas - bufó Ron poniendo los ojos en blanco.
¿A qué os referís vosotros tres? - preguntó Bill curioso.
¿Todavía no os habéis dado cuenta de que no vamos a decir nada? - preguntó Ron divertido -. Tendréis que seguir leyendo para saberlo.
Algunos resoplaron molestos. Querían saber ya la historia, no solo a trocitos y les fastidiaba enormemente que hubiese tres personas que supiesen perfectamente lo que iba a pasar y no dijesen nada.
Sonrió ante el asombro de Harry. Entraron en el pasaje. Harry miró rápidamente por encima de su hombro y vio que la pared volvía a cerrarse.
**El sol brillaba iluminando numerosos calderos, en la puerta de la tienda más cercana.«****Calderos
- Todos los Tamaños - Latón, Cobre, Peltre, Plata - Automáticos
- Plegables****», decía un r****ótulo que colgaba sobre ellos.**
—Sí, vas a necesitar uno —dijo Hagrid— pero mejor que vayamos primero a conseguir el dinero.
Siempre es así - asintió Sirius con los ojos brillantes de ilusión -. La primera visita es siempre Gringotts y la mejor parte es el carrito.
¿A ti también te gusta? - preguntó Harry entusiasmado.
¿A ti te gusta? - preguntó el hombre consiguiendo de alguna forma que su sonrisa se hiciese aún más amplia de lo que ya era -. Solo nos gustaba a James y a mí. Remus y... Remus siempre se mareaba en el viaje - se mofó ignorando la casi mención de Peter.
¡A mí me pasa lo mismo! - exclamó Harry encantado -. Solo me gusta a mí, y a los gemelos también, pero el resto se marea o dicen que van muy rápido o algo así.
Ambos se volvieron a sonreír contentos de tener algo más que los unía. Puede que fuese una tontería en el fondo que a ambos les gustase el carrito, pero era algo más en común que tenían.
Harry deseótener ocho ojos más.
¡Harry! - protestó Ron reprimiendo un escalofrío al imaginarse a su mejor amigo con ocho ojos.
Lo siento, Ron - se disculpó, pero contenía una sonrisa. Comprendía el miedo de su amigo, y no le podía culpar por estremecerse ante la mención de ellas cuando hacía un par de semanas habían escapado por los pelos de Aragog.
Me he vuelto a perder - dijo Charlie mirándoles confundido. Él no veía nada extraño en esa frase ni ningún motivo por el que Harry debiese disculparse.
Está en los libros - intervino Hermione sonriendo ella también. Apenas habían tenido tiempo de contarle lo que había pasado mientras ella estaba petrificada en la enfermería y solo le habían podido dar una explicación muy por encima del encuentro con las arañas, por lo que no sabía que ahora el miedo estaba totalmente justificado.
Movía la cabeza en todas direcciones mientras iban calle arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que estaban fuera y la gente haciendo compras.
Muchos sonrieron al imaginarse al chico de alborotado pelo negro, más pequeño de lo que era ahora, girándose hacia todos lados e intentando ver todo al mismo tiempo mientras saltaba entusiasmado.
Era una imagen adorable. Con una sonrisa enorme, y los ojos brillantes de alegría, y las mejillas arreboladas por la emoción... Un niño. Una imagen que Harry estaba dejando rápidamente atrás. Demasiado rápido para el gusto de muchos.
Una mujer regordeta negaba con la cabeza en la puerta de una droguería cuando ellos pasaron, diciendo:«Hígado de dragón a diecisiete sickles la onza, están locos...».
Un suave ulular llegaba de una tienda oscura que tenía un rótulo que decía:«El emporio de las lechuzas. Color pardo, castaño, gris y blanco».
Harry sonrió todavía más al recordar con cariño la tienda donde encontró a Hedwig, la única que le había acompañado siempre había estado con los Dursley después de aquel día.
Puede que para muchos solo fuese otro animal, un pájaro cualquiera, pero para Harry era una amiga. Había podido contar con ella cuando había estado en Privet Drive y le parecía una lechuza más inteligente que el resto. Como si entendiese cada una de sus palabras, algo que cada vez estaba más seguro de que era cierto.
No la cambiaría por nada del mundo. Era una lechuza muy especial.
Varios chicos de la edad de Harry pegaban la nariz contra un escaparate lleno deescobas.«Mirad —oyó Harry que decía uno—, la nueva Nimbus 2.000, la más veloz.****»
Harry casi sonrió al oír la aparición de su escoba, pero se contuvo para que no le viesen ninguno de los dos merodeadores. Por muy contento que estuviese por oír sobre la Nimbus 2.000, iba a ser mucho, mucho mejor ver la cara de esos dos cuando se diesen cuenta de la broma.
No necesitaba haberse preocupado. Sirius casi babeaba al escuchar que esa era la escoba más veloz que existía, hasta que recordó que a Harry no le interesaba el quidditch ni volar. Intercambió una mirada con Remus y vio que estaba pensando lo mismo. No iban a culpar a Harry, ya que no tenía por qué gustarle, pero era casi doloroso pensar que al hijo del fanático del quidditch James Potter no le gustase volar.
Estaban tan absortos en sus pensamientos que no se dieron cuenta de que varios volvían a estar sonriendo o riendo discretamente.
Algunas tiendas vendían ropa; otras, telescopios y extraños instrumentos de plata que Harry nunca había visto. Escaparates repletos de bazos de murciélagos y ojos de anguilas, tambaleantes montones de libros de encantamientos, plumas y rollos de pergamino, frascos con pociones, globos con mapas de la luna...
Merlín, Harry, te fijas en todo - se sorprendió Tonks -. Sé que Ron ya lo ha dicho antes, pero es que es... Todo. Absolutamente todo. ¿Hay algo que no veas?
Eh... Supongo que si no lo he visto no puedo saber que estaba ahí y por tanto no puedo saber si lo vi o no, ¿no? - respondió sonriendo.
Cierto - le devolvió la sonrisa -. Aún así. Fijarse en todo es una de las cosas que supuestamente nos enseñan a aprender a hacer a los aurores.
¿En serio? - se interesó Harry -. ¿Luego me puedes explicar qué hacen los aurores? Aún no sé de qué va eso.
Claro - aceptó contenta -. Hey, a lo mejor te gusta y en el futuro acabamos trabajando juntos en el mismo departamento.
—Gringotts —dijo Hagrid.
Habían llegado a un edificio, blanco como la nieve, que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, con un uniforme carmesí y dorado, había...
—Sí, eso es un gnomo —dijo Hagrid en voz baja, mientras subían por los escalones de piedra blanca. El gnomo era una cabeza más bajo que Harry.
¿Solo una cabeza? - se sorprendió Bill -. Merlín, Harry, a mí no me llegan ni a la cintura. ¿Cómo de canijo eras?
¡Hey!, no soy tan canijo - se sonrojó Harry al escuchar esto. Sabía que sí lo era.
Sí, ya - resopló Ron divertido -. Yo no me habría creído que eras de primer año de no ser porque sino no podrías haber subido al tren aquel día.
¡Hey! - protestó de nuevo inútilmente.
¿Qué? Es cierto, Harry, y tú lo sabes - dijo Ron sonriendo -. Sigues siendo el más pequeño del curso.
Con un amigo como tú, ¿para qué quiero enemigos, Ron? - resopló Harry, pero estaba intentando en vano esconder una sonrisa -. Muy gracioso. ¿Ya seguimos? Y que conste que no soy tan canijo.
Hubo algunos bufidos en desacuerdo, pero todos guardaron silencio en seguida para escuchar a la señora Weasley.
Tenía un rostro moreno e inteligente, una barba puntiaguda y, Harry pudo notarlo, dedos y pies muy largos. Cuando entraron los saludó. Entonces encontraron otras puertas dobles, esta vez de plata, con unas palabras grabadas encima de ellas.
Fred y George se pusieron en pie y recitaron a la vez el poema entero de memoria antes de que su madre pudiese empezar a leerlo. Todos se les quedaron mirando con la boca cada vez más abierta según iban avanzando. ¿Se lo habían aprendido entero?
Entra, desconocido, pero ten cuidado
Con lo que le espera al pecado de la codicia,
Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,
Deberán pagar en cambio mucho más,
Así que si buscas por debajo de nuestro suelo
Un tesoro que nunca fue tuyo,
Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado
De encontrar aquí algo más que un tesoro.
¿Cuándo os aprendisteis eso? - Bill rompió el silencio que se había formado cuando los gemelos acabaron.
¿Y por qué lo habéis hecho? - preguntó Ginny.
La primera vez que fuimos - respondió George orgulloso.
Y por diversión - dijo Fred contestando a la segunda pregunta -. Ese poema es genial.
Pues más os vale utilizar esa memoria vuestra el año que viene para los TIMOs - les amenazó Molly con los ojos entrecerrados.
Ambos tragaron y asintieron rápidamente, aunque sabían que la mayor parte de su esfuerzo iba a a estar dedicado a preparar su futura tienda de bromas. Solo estudiarían para los TIMOs de las asignaturas que más útiles podían serles para crear más productos. Era su sueño y sabían lo que debían hacer para alcanzarlo. El resto les daba lo mismo.
—Como te dije, hay que estar loco para intentar robar aquí —dijo Hagrid.
Yo no soy ese loco - repitió Harry al ver que le volvían a mirar varios.
Son siete libros, cinco de los cuales no conoces absolutamente nada - sonrió Sirius. Adoraba molestar un poco de vez en cuando a su ahijado, era como volver a bromear con James pero completamente distinto a la vez. Ni mejor ni peor, solo distinto, único -. No puedes saberlo con certeza y todo es posible.
Harry puso los ojos en blanco y ignoró completamente las sonrisas de todos. Ni siquiera él estaba tan loco como para hacer eso, ¿no? Nah, qué va, él no haría algo así a no ser que hubiese una muy buena razón y no se le ocurría ninguna lo suficientemente buena.
Dos gnomos los hicieron pasar por las puertas plateadas y se encontraron en un amplio vestíbulo de mármol. Un centenar de gnomos estaban sentados en altos taburetes, detrás de un largo mostrador, escribiendo en grandes libros de cuentas, pesando monedas en balanzas de cobre y examinando piedras preciosas con lentes. Las puertas de salida del vestíbulo eran demasiadas para contarlas, y otros gnomos guiaban a la gente para entrar y salir. Hagrid y Harry se acercaron al mostrador.
—Buenos días —dijo Hagrid a un gnomo desocupado—. Hemos venido a sacar algún dinero de la caja de seguridad del señor Harry Potter.
—¿Tiene su llave, señor?
—La tengo por aquí —dijo Hagrid, y comenzó a vaciar sus bolsillos sobre el mostrador, desparramando un puñado de galletas de perro sobre el libro de cuentas del gnomo.
Hagrid - gruñó Bill tapándose los ojos con una mano -, eso no les va a gustar ni un pelo.
Después de trabajar varios años con ellos, conocía a los gnomos bastante bien y cómo tratarlos, sus costumbres y esas cosas. Y estaba casi seguro que una cosa así les parecería una falta de respeto por parte del gigante.
Hagrid se sonrojó un poco.
Lo siento - se encogió de hombros -. No lo sabía y tengo muchos bolsillos con muchas cosas en ellos.
Eso ya lo sabemos - rio Charlie.
Éste frunció la nariz. Harry observóal gnomo que ten****ía a la derecha, que pesaba unos rubíes tan grandes como carbones brillantes.
—Aquí está —dijo finalmente Hagrid, enseñando una pequeña llave dorada.
El gnomo la examinó****de cerca.
—Parece estar todo en orden.
—Y también tengo una carta del profesor Dumbledore—dijo Hagrid, dándose importancia—. Es sobre lo-que-usted-sabe, en la cámara setecientos trece.
Estupendo - ironizó Tonks -. Ahora la curiosidad de Harry le hará estar pendiente de todo, todavía más que de costumbre, y querrá descubrir hasta el último detalle.
No me voy a molestar siquiera en preguntar qué es lo-que-usted-sabe de la cámara setecientos trece - sonrió Remus -. Supongo que no tardarás ni treinta segundos en preguntarlo, ¿no, Harry?
El sonrojo del chico fue respuesta suficiente para todos y no pudieron evitar reírse un poco.
El gnomo leyó la carta cuidadosamente.
—**Muy bien —dijo, devolviéndosela a Hagrid—. Voy a hacer que alguien los acompañe abajo, a las dos cámaras.¡**Griphook!
Griphook era otro gnomo.
No me digas - dijo sarcástico George.
¿Qué esperabas? ¿Un vampiro? - se mofó Fred.
¡Hey!, y yo qué iba a saber - protestó Harry sonrojándose una vez más.
No sé, ¿a lo mejor el que ya te habían dicho que el banco lo dirigían gnomos? - ironizó Fred.
No, Gred, eso sería demasiado obvio - negó con la cabeza George.
Oh, callaos los dos - gruñó Harry sobre las risas.
Cuando Hagrid guard****ó todas las galletas de perro en sus bolsillos, él y Harry siguieron a Griphook hacia una de las puertas de salida del vestíbulo.
—¿Qué es lo-que-usted-sabe en la cámara setecientos trece? —preguntó Harry.
¡Ja!, ni treinta segundos - rio Sirius -. Lunático, parece que es todavía más curioso que cualquiera de sus padres.
Pero no lo va a averiguar - sonrió Remus -. Puede que Hagrid de a entender que hay un secreto, pero no lo revelaría nunca.
Pero estamos hablando de Harry - le contradijo Tonks -. No se va a olvidar de lo-que-usted-sabe en la cámara setecientos trece.
—No te lo puedo decir —dijo misteriosamente Hagrid—. Es algo muy secreto. Un asunto de Hogwarts. Dumbledore me lo confió.
Vale, ahora hay menos posibilidades todavía de que Harry descubra qué es - suspiró Remus sin saber si sentirse frustrado por no averiguar qué es o aliviado porque no fuese posible que Harry averiguase qué era.
Te lo repito, Remus. Estamos hablando de Harry - repitió Tonks -. Si él deja el asunto en paz sin averiguar lo que es, yo no soy una metamorfomaga.
Lo siento, Lunático, pero estoy de acuerdo con mi sobrina - sonrió Sirius antes de tirarse hacia su ahijado -. ¿Lo descubristeis, Harry? ¿Qué era?
Sí lo descubrimos - respondió el chico y Sirius y Tonks sonrieron victoriosos mientras Remus abría los ojos incrédulo -, pero no os vamos a decir qué era.
Con esto todos fruncieron el ceño y gruñeron molestos. Algunos hasta protestaron, pero casi todos sabían que no había nadie mejor en todo el castillo que ese trío a la hora de destapar secretos y esconder los suyos propios.
Griphook les abrió la puerta. Harry, que había esperado más mármoles, se sorprendi****ó. Estaban en un estrecho pasillo de piedra, iluminado con antorchas. Se inclinaba hacia abajo y había unos raíles en el suelo. Griphook silbó y un pequeño carro llegó rápidamente por los raíles. Subieron (Hagrid con cierta dificultad) y se pusieron en marcha.
Al principio fueron rápidamente a través de un laberinto de retorcidos pasillos. Harry trató de recordar, izquierda, derecha, derecha, izquierda, una bifurcación, derecha, izquierda, pero era imposible.
Vale, es impresionante que recordases tanto teniendo en cuenta la velocidad a la que va el carrito y lo seguidos y rápidos que van los giros - se sorprendió Bill -, ¿pero por qué demonios querías memorizar eso? Es todavía más ridículo que lo que han hecho los gemelos de aprenderse el poema de la puerta.
Eh... ¿Curiosidad? No sé - se encogió de hombros Harry.
Sí, ya. No mientas, Harry - intervino Fred y el chico le miró confundido -. Ya sabemos toda la verdad.
Sí, sabemos que has estado preparando desde la primera vez que fuiste a Gringotts la forma de atracar el banco - dijo George fingiendo estar completamente serio.
¡Que yo no estoy tan loco como para atracar Gringotts! - dijo exasperado Harry.
Ya veremos - respondió George simplemente.
Ahora, ¿te importa seguir leyendo, mamá? - preguntó Fred inocentemente.
El veloz carro parecía conocer su camino, porque Griphook no lo dirigía.
A Harry le escocían los ojos de las ráfagas de aire frío, pero los mantuvo muy abiertos.
Ron y Hermione sonrieron y pusieron los ojos en blanco. Maldita curiosidad Potter, pensaron a la vez. Y, a pesar de todo, ninguno le cambiaría nada a su amigo, ni la curiosidad ni el complejo de héroe ni nada.
En una ocasión, le pareció ver un estallido de fuego al final del pasillo y se dio la vuelta para ver si era un dragón, pero era demasiado tarde.
¡¿Hay dragones de verdad ahí abajo?! - se horrorizó Charlie girándose hacia su hermano mayor -. ¿Tú lo sabías?
No sé si los hay, Charlie - se apresuró a defenderse levantando las manos y abriendo mucho los ojos -. Yo rompo maldiciones, ¿recuerdas? No he estado nunca tan abajo en los túneles del banco.
¿Pero lo hay? ¿Has oído algo? - insistió desesperado -. Los dragones no pueden estar encerrados bajo tierra, Bill. No les gusta. Necesitan espacios abiertos, el cielo...
Charlie, no lo sé. Los gnomos son muy recelosos con sus sistemas de seguridad así que ni siquiera los humanos que trabajamos con ellos conocemos todos.
Pero...
Charles, hermano, no te preocupes - intervino Fred intentando meter algo de humor al asunto.
Claro, cuando Harry atraque el banco seguro que averigua si hay dragones o no - dijo George. Ambos sabían la pasión de su hermano por los dragones y el lío que montaría contra Gringotts si tenían de verdad a alguno encerrado.
¡¡Que no voy a atracar el banco!! - gritó Harry exasperado, pero le ignoraron olímpicamente.
¡Esto no es un juego, sino un animal! - exclamó Charlie -. ¡Y no me llaméis Charles! Bill, como haya un dragón ahí abajo voy a ser yo el que atraque Gringotts si hace falta para sacarle - añadió mirando muy serio a su hermano.
Ni siquiera sabemos seguro si lo hay, Charlie - puso los ojos en blanco, aunque estaba nervioso por lo que podría ocurrir -. Harry pudo habérselo imaginado, ¿no? Ahí decía que no lo vio con claridad.
Ambos Weasley miraban intensamente al chico, uno suplicante por que confirmase lo que acababa de decir y otro tan tenso que parecía a punto de levantarse e ir a registrar Gringotts en ese instante.
Eh... Claro, el carrito iba muy rápido. No lo vi bien - mintió descaradamente. Estaba casi seguro de que sí era una llamarada de fuego y solo se le ocurría que pudiese proceder de un dragón -. Probablemente es por lo que me contó Hagrid antes de posibles dragones en el banco.
Charlie se relajó un poco y Bill le mandó una mirada agradecida antes de poner de nuevo una expresión calmada.
¿Lo ves, Charlie? - rio -. No pasa nada.
Él solo frunció un poco el ceño, pero lo dejó pasar por el momento. Ya investigaría cuando saliesen de ahí.
Iban cada vez más abajo, pasando por un lago subterráneo en el que había gruesas estalactitas y estalagmitas saliendo del techo y del suelo.
—Nunca lo he sabido —gritó Harry a Hagrid, para hacerse oír sobre el estruendo del carro—. ¿Cuál es la diferencia entre una estalactita y una estalagmita?
Una estalactita crece desde el techo a medida que se van acumulando los minerales de las gotas de agua, mientras que las estalagmitas crecen del suelo a partir de los mismos materiales que las otras - recitó Hermione rápidamente sin apenas respirar. Seguía con el mismo hábito de contestar las preguntas antes de que nadie pudiese haber podido procesar lo que había dicho el profesor.
Merlín, Hermione, no estamos en clase - se quejó Ron y luego sonrió burlonamente -. Y le estás hablando a un libro.
Bueno, por lo menos ahora sé la diferencia - intervino Harry al ver que la chica iba a replicar ofendida. Mejor cortar la discusión antes de que pudiese empezar -. Me gustó más la respuesta de Hagrid, pero esa no es la diferencia que buscaba.
¿Qué? - preguntó Hermione confundida -. Solo hay esa diferencia, Harry. Unas del techo y otras del suelo.
Oh, no - negó divertido -. Hay otra que es del tipo en el que se fijaría Hagrid.
Todos se giraron curiosos por averiguarlo.
—Las estalagmitas tienen una eme —dijo Hagrid—. Y no me hagas preguntas ahora, creo que voy a marearme.
Todos rieron mirando a Hagrid, colorado hasta las orejas. Los amigos del grandullón sonreían con cariño o sacudían la cabeza divertidos.
Vale, tenías razón - rio Hermione -. Esa es una diferencia muy de Hagrid.
Y es cierto - añadió Ron riendo -. A mí también me gusta más la respuesta de Hagrid.
Su cara se había puesto verde y, cuando el carro por fin se detuvo, ante la pequeña puerta de la pared del pasillo, Hagrid se bajó y tuvo que apoyarse contra la pared, para que dejaran de temblarle las rodillas.
Griphook abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los envolvió. Cuando se aclaró, Harry estaba jadeando. Dentro había montículos de monedas de oro. Montones de monedas de plata. Montañas de pequeños knuts de bronce.
Wow - se sorprendieron muchos.
¿Todo eso es tuyo? - preguntó Hermione con los ojos como platos -. ¿Y es solo lo de tus cosas para el colegio?
Eh... Al parecer, sí - asintió Harry con un sonrojo tan llamativo que rivalizaba con el de los Weasley -. No lo sabía.
Wow - volvieron a decir algunos. Les era difícil imaginarse tanta cantidad de dinero que perteneciese a una sola persona.
Lunático y yo te lo explicaremos todo, Harry - dijo Sirius sonriendo al verle tan incómodo con la atención -. Cuando salgamos de aquí te contaremos más cosas sobre eso, pero ahora no hace falta preocuparse.
—Todo tuyo —dijo Hagrid sonriendo.
No me lo podía creer - murmuró Harry todavía sonrojado.
¿A qué te refieres, Harry? - preguntó Hermione en un murmullo que nadie más, excepto los dos chicos en el mismo sofá que ella, oyó.
No era tanto como la cantidad de dinero, sino que mis padres me lo habían dejado - explicó Harry en un susurro -. Se habían preocupado por si les pasaba algo, para que aún así tuviese suficiente para que no me faltase nada. Había sido suyo, y era lo primero que recibía de ellos.
Había ido bajando el volumen cada vez más, y al final Ron y Hermione tuvieron que esforzarse por entender sus últimas palabras. Sintieron un nudo en la garganta al imaginárselo. Lo primero que recibe de sus padres, lo primero que SABE que fue de sus padres lo recibió con once años...
Ambos le agarraron el brazo, como señal de apoyo, de que había sido una mala época, pero ahora los tenía a ellos. Siempre.
Todo de Harry, era increíble. Los Dursley no debían saberlo, o se abrían apoderado de todo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cuántas veces se habían quejado de lo que les costaba mantener a Harry? Y durante todo aquel tiempo, una pequeña fortuna enterrada debajo de Londres le pertenecía.
¡¿Cómo que les costaba mantenerte?! - se enfadó Sirius -. ¿Qué tontería es esa? ¿En qué se gastaban dinero en ti? No te daban ropa o una habitación y apenas te daban comida. ¡No les costó nada!
Y esos animales jamás van a tocar el dinero de un Potter - gruñó Remus -. No solo no se lo merecen, sino que es totalmente imposible. Solo Harry, y todo aquel a quien él dé permiso, pueden acceder a esa cámara.
Bueno, entonces fantástico - dijo Harry con un tono falsamente alegre. Tenía que romper la tensión lo antes posible, otra vez -. No saben que lo tengo, y en caso de que lo averigüen no pueden tocarlo. Así que estupendo. No hay problema.
Sirius y Remus gruñeron una vez, pero guardaron silencio para seguir escuchando la lectura.
Hagrid ayudó a Harry a poner una cantidad en una bolsa.
—Las de oro son galeones —explicó—. Diecisiete sickles de plata hacen un galeón y veintinueve knuts equivalen a un sickle, es muy fácil. Bueno, esto será suficiente para un curso o dos, dejaremos el resto guardado para ti. —Se volvió hacia Griphook—. Ahora, por favor, la cámara setecientos trece.
¡Ja!, Harry va a ver lo que hay dentro - celebró Sirius -. Ahora lo va a averiguar en seguida y no vamos a tener que esperar mucho más.
Harry, Ron y Hermione se miraron y apenas pudieron contener las carcajadas. Si él lo supiese...
Canuto, me parece que no lo descubre todavía - dijo Remus dubitativo mirando cómo los tres pequeños Gryffindor del sofá reían en silencio.
¿Qué? ¿Por qué? ¿Cómo que no? - preguntó desanimándose un poco. Siguió la mirada del hombre lobo hasta donde estaba mirando -. ¿No te dejaron ver lo que había en el interior de la cámara, Harry?
Bueno... Sí que lo vi - respondió despacio y Sirius sonrió triunfante antes de que las siguiente palabras de su ahijado le borrasen la sonrisa -, pero no entendí lo que era.
¿Qué? ¿Cómo no vas a entender lo que era? - preguntó confundido.
Ahora lo ves, Sirius. No te voy a decir nada - dijo Harry impaciente -. Tú deja que siga la lectura y ya verás a qué me refiero.
¿Y podemos ir un poco más despacio?
No. Lo siento, Hagrid - sonrió Bill -. Una sola velocidad.
—Una sola velocidad —contestó****Griphook.
¿Ves? - sonrió triunfante -. Siempre llevan el carrito a esa velocidad.
Malditos gnomos - gruñó Charlie -. Siempre nos hacen lo mismo.
Fueron más abajo y a mayor velocidad.
¡Hey!, ¿cómo puede ir a mayor velocidad si Griphook ha dicho que sólo hay una? - protestó Tonks con el ceño fruncido -. Si puede acelerar, ¿por qué no puede frenar un poco?
Me parece que Griphook se refería a que la velocidad ya está predeterminada en todo el recorrido - explicó Bill -. No es la misma en todos los puntos, pero no se puede cambiar.
Pues ya podían haberla puesto más baja cuando construyeron esos malditos carros - gruñó la metamorfomaga por lo bajo. Cada vez que tenía que ir, el mareo no le ayudaba para nada a mantener el equilibrio y era todavía más torpe que de costumbre.
El aire se volviócada vez más frío, mientras doblaban por estrechos recodos. Llegaron entre sacudidas al otro lado de una hondonada subterránea, y Harry se inclinó hacia un lado para ver qué había en el fondo oscuro,
¡Harry! - gritó Remus sobresaltando al chico -, ¿se puede saber en qué diablos estabas pensando?
Eh... No he hecho nada, Remus - dijo Harry dubitativo. ¿A qué venía esta explosión?
¿Cómo que "no he hecho nada"? ¿Y inclinarte sobre el borde del carrito qué es? - preguntó frunciendo el ceño.
Ah, eso - respiró aliviado ahora que sabía de lo que estaban hablando -. No pasa nada, Remus. No te preocupes.
Oh, Harry, ¿y si te hubieses caído por culpa de la velocidad? ¿O si hubieses volcado el carrito por inclinarte hacia un lado? - preguntó la señora Weasley preocupada.
No pasó nada, señora Weasley, de verdad - repitió Harry a punto de poner los ojos en blanco.
Los dos gruñeron un poco más por lo bajo cosas que sonaban como "maldita curiosidad Potter", "pudo haberle pasado algo" o "esa estúpida valentía Gryffindor le va a matar algún día".
Si se ponen así solo porque me he asomado en el carrito, ¿cómo van a reaccionar con el resto de los problemas que hemos tenido? - murmuró Harry muy bajo para que solo le oyesen sus dos amigos.
Ni idea, Harry - susurró Ron -. Probablemente nos castiguen todo el verano y a ti te van a encerrar en una habitación para intentar alejarte de los problemas - medio bromeó, pero no era una posibilidad tan extraña.
A lo mejor tenemos que conseguir pociones tranquilizadoras durante el descanso - dijo Hermione en un murmullo -. Sino no creo que aguanten los dos primeros libros, ni hablar ya de los siete, sin tener un infarto.
Probablemente - asintió Harry -. Luego buscamos en algún lado.
pero Hagrid gruñó y lo enderezó, cogiéndolo del cuello.
Remus y la señora Weasley, sobre todo ella, suspiraron aliviados por que hubiese alguien sensato.
Gracias, Hagrid - dijo Molly con una sonrisa.
Es un placer, Molly - respondió él devolviendo el gesto.
La cámara setecientos trece no tenía cerradura.
—Un paso atrás —dijo Griphook, dándose importancia. Tocó la puerta con uno de sus largos dedos y ésta desapareció—. Si alguien que no sea un gnomo de Gringotts lo intenta, será succionado por la puerta y quedará atrapado —añadió.
—**¿Cada cuánto tiempo comprueban que no se haya quedado nadie dentro? —**quiso saber Harry.
Harry, esas son cosas que de verdad no nos hace falta saber - se quejó Ron -. Maldita curiosidad. ¿Por qué no puedes dejar un misterio, una duda sin resolver?
Ron tiene razón - dijo Hermione, y el pelirrojo se giró tan rápido que se hizo daño en el cuello -. A veces es mejor dejar ciertas cosas sin explicación.
¿Tengo razón? - preguntó Ron sonriendo como un bobo.
Sí, Ron, tienes razón - respondió la chica poniendo los ojos en blanco -. A mí tampoco me apetece conocer la respuesta a eso.
—Más o menos cada diez años —dijo Griphook, con una sonrisa maligna.
¿Ves? Respuesta escalofriante - dijo Ron -. Podía haber vivido sin saber eso.
Algo realmente extraordinario tenía que haber en aquella cámara de máxima seguridad, Harry estaba seguro, y se inclinó anhelante, esperando ver por lo menos joyas fabulosas, pero la primera impresión era que estaba vacía.
¿Qué? ¿Cómo que estaba vacía? - preguntó desilusionado Sirius reclinándose de nuevo contra el respaldo del sillón. Él, al igual que casi todos en el Gran Comedor, había ido inclinándose expectante hacia delante ansioso por saber qué era lo que había en esa cámara.
Dice que esa fue su primera impresión, Sirius - señaló Remus -. Así que en realidad no estaba así. Probablemente era algo pequeño en lo que no se fijó al principio.
Con esto todos se volvieron a impacientar. Harry miraba a todos divertido. ¿No se acordaban de que les había dicho que no lo descubría en el banco?
Entonces vio el sucio paquetito, envuelto en papel marrón, que estaba en el suelo.
¿Qué? ¿Eso es todo? - preguntó Fred desilusionado.
¿Solo un paquete marrón diminuto? - dijo George igual de desanimado.
Las cosas no son casi nunca lo que aparentan cuando Harry está involucrado - dijo Ron sonriendo. Le encantaba saber algo que los demás se morían por saber.
Y esto de verdad que era bastante más impresionante que el papel que lo envolvía - añadió Harry -, pero tardamos bastante en averiguar cuánto de impresionante.
No fue hasta después de Navidades, ¿no? - preguntó Ron pensativo.
Sí, fue después - respondió Hermione -, pero no mucho, creo.
Vais a tener que esperar - les dijo Harry a todos los que les estaban mirando con esperanzas de que les dijesen algo más. Hubo gruñidos de frustración por parte de casi todos.
Hagrid lo cogió y lo guardó en las profundidades de su abrigo. A Harry le hubiera gustado conocer su contenido, pero sabía que era mejor no preguntar.
Wow, Harry, has aprendido a no preguntar - fingió sorprenderse Ron.
¡Hey! - protestó -, yo sé controlar mi curiosidad cuando quiero. En primero lo hice, ¿o no? Lo que pasa es que casi nunca quiero.
Sí, ya - se mofó el pelirrojo -. ¿Cuánto aguantaste?
Yo creo que apenas llegó a dos meses - dijo Hermione sonriendo -. Y solo tuvo un momento en el que debió controlarse. La siguiente vez ya fue incapaz.
Bueno, no me podéis decir que no era un buen motivo para meterse - replicó Harry.
Eso no quita que lo hicieses, Harry - dijo Ron -. Bueno, te acompañamos, así que se puede decir que fuimos los tres, pero la idea fue tuya y tú fuiste quien lo descubrió todo.
—Vamos, regresemos en ese carro infernal y no me hables durante el camino; será mejor que mantengas la boca cerrada —dijo Hagrid.
Después de la veloz trayectoria, salieron parpadeando a la luz del sol, fuera de Gringotts. Harry no sabía adónde ir primero con su bolsa llena de dinero. No necesitaba saber cuántos galeones había en una libra, para darse cuenta de que tenía más dinero que nunca, más dinero incluso que el que Dudley tendría jamás.
—Tendrías que comprarte el uniforme —dijo Hagrid, señalando hacia«Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones**»—****. Oye, Harry; ¿te importa que me dé una vuelta por el Caldero Chorreante? Detesto los carros de Gringotts.**
¡Hagrid!, ¿cómo pudiste dejarle solo? - le regañó la señora Weasley.
Se suponía que tenías que acompañarle, Hagrid - dijo la profesora McGonagall con una expresión severa -, no irte a otro lado a la primera oportunidad.
Eh... Esto... Yo... - el pobre no sabía qué decir para calmar a las dos mujeres que le miraban con el ceño fruncido.
No pasó nada - intervino Harry rápidamente para intentar sacarle del apuro -. Estaba solo a unos metros de Madame Malkin y Hagrid fue a comprarme un helado. No pasó nada malo, en serio.
Las dos brujas se relajaron al oír que había ido a comprarle un helado al niño. Eso tampoco estaba tan mal, sobre todo si de verdad la tienda estaba al lado.
—Todavía parecía mareado, así que Harry entró solo en la tienda de Madame Malkin, sintiéndose algo nervioso.
Madame Malkin era una bruja sonriente y regordeta, vestida de color malva.
—¿Hogwarts, guapo? —dijo, cuando Harry empezó a hablar—. Tengo muchos aquí... En realidad, otro muchacho se está probando ahora.
Draco abrió mucho los ojos al darse cuenta de qué día era y vio por el rabillo del ojo que Potter le miraba.
Ese era el día que se habían conocido y él era el otro muchacho que se estaba probando túnicas. Él seguía pensando igual que lo hacía aquel día, pero ahora había muchos más que oirían lo que había dicho. Gente que apoyaría a Potter antes que a él, más o menos tres cuartas partes del comedor.
En el fondo de la tienda, un niño de rostro pálido y puntiagudo estaba de pie sobre un escabel, mientras otra bruja le ponía alfileres en la larga túnica negra.
Algunos miraron a Malfoy, pero el chico tenía una expresión imperturbable. Estaba decidido a no mostrar ninguna emoción en ese momento.
Madame Malkin puso a Harry en un escabel al lado del otro, le deslizó por la cabeza una larga túnica y comenzó a marcarle el largo apropiado.
—Hola —dijo el muchacho—. ¿También Hogwarts?
Me parece que esa ha sido la frase más educada que me ha dicho Malfoy en toda su vida - murmuró Harry con una pequeña sonrisa.
Totalmente cierto - asintió Ron -. En el tren ya no fue tan amable. Si no fuese por que ya me habías dicho que le conociste en Madame Malkin la primera vez que fuiste al callejón Diagon, no me hubiese creído que eso lo había dicho Malfoy.
Los dos rieron en silencio con Hermione, que era la única que había oído todo.
Me pregunto cuánto tardará en mostrar lo idiota que es - susurró ella pensativa.
Nada. La siguiente frase ya fue de su yo egocéntrico normal - respondió Harry encogiéndose de hombros.
—Sí —respondió Harry.
—Mi padre est****á en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba para mirar las varitas —dijo el chico.
Eso no sirve de nada - dijo Sirius frunciendo el ceño -. La varita elige al mago, o eso dice Ollivander constantemente, así que si el mago no está, la varita no puede elegir. Mi prima tendría que saber eso de sobra.
¿Tu prima? - preguntó Harry confundido.
Narcisa Malfoy, antes Black - explicó él -. Porque estoy asumiendo, y estoy casi seguro de que estoy en lo cierto, que ese chico de la tienda es Draco Malfoy - dijo señalando al rubio que estaba más allá.
Ahora todos miraban al pequeño Slytherin, que seguía ignorándoles a todos.
Estás en lo cierto, Sirius - dijo Harry y su padrino sonrió triunfante -. Sí que era Malfoy.
Tenía voz de aburrido y arrastraba las palabras—.
Malfoy - dijeron muchos a la vez riendo.
¡¿Quién te crees que eres, Potter?! - rugió Draco furioso y avergonzado -. ¡Yo no hablo así! ¡¿Cómo te atreves a decir una cosa así sobre mí?!
Se había sonrojado al darse cuenta de que no solo era Potter el que pensaba de esa manera, sino también todos los que se habían reído.
No te dejes en ridículo a ti mismo, Malfoy. Tu yo del libro ya lo está haciendo estupendamente sin que tú empieces a ponerte histérico - sonrió Harry cerrándole la boca eficazmente.
Los cercanos a Harry volvieron a reír y los gemelos le chocaron los cinco, orgullosos de considerarle su hermano.
El rubio solo les miró furioso mientras seguía planeando su venganza. Tendría que esperar a que estuviese solo, porque solo con la ayuda de Crabbe y Goyle no iba a poder librarse de todos los Weasley y esa sangre sucia de Granger.
Luego voy a arrastrarlos a mirar escobas de carrera. No sé por qué los de primer año no pueden tener una propia. Creo que voy a fastidiar a mi padre hasta que me compre una y la meteré de contrabando de alguna manera.
Señor Malfoy, espero que no lo hiciese y que sus padres tuviesen el sentido común necesario para darse cuenta de que eso no sería una buena idea - dijo la profesora McGonagall con la expresión muy seria y las gafas centelleando peligrosamente.
No lo hice, profesora - dijo Malfoy rápidamente -. Era solo una broma.
Los gemelos Weasley y los merodeadores parecieron ofendidos ante la obvia mentira. Eso no era una broma. Por suerte, la jefa de la casa de Gryffindor tampoco se lo creyó.
Señor Malfoy, si descubro que sí que lo hizo se va a meter usted en serios problemas - amenazó.
No lo hice, profesora - repitió aliviado por que esto fuese completamente verdad -. Además, Potter ya ha pedido que no se puede castigar a nadie por algo que aparezca en los libros y el profesor Dumbledore ha aceptado - añadió sonriendo triunfante por haber descubierto algo que lo protegía de futuros castigos.
No hay castigos por los libros, señor Malfoy - admitió ella -, pero sí los hay por mentir a un profesor. Usted me ha dicho que no la trajo, así que si descubro que sí lo hizo, le repito que se va a meter en graves problemas.
Malfoy tragó saliva agradeciendo una vez más que no hubiese conseguido convencer a su madre por que le dejase traerla de contrabando.
Harry recordaba a Dudley.
¡Yo no soy un estúpido y patético muggle! - gritó Draco enfadado de nuevo nada más oír esto -. ¡No te atrevas a compararme con él, Potter!
Puede que él sea un muggle y tú, un mago - dijo Harry tranquilamente ignorando, y casi disfrutando, el enfado del Slytherin -, pero ambos sois igual de estúpidos y patéticos, Malfoy.
Malfoy se levantó con la varita en alto para hechizarle, pero se encontró con que Harry había sido más rápido y ya le estaba apuntando con la suya.
Venga, Malfoy, atrévete a intentar hechizarme delante de todo el comedor - se mofó Harry. Estaba calmado, porque sabía que Draco no podía hacer nada con tanta gente en la misma sala, muchos de los cuales ya estaban sacando sus varitas dispuestos a defender a Harry.
Malfoy apretó la varita furioso. Deseaba más que nada lanzarle una maldición en ese instante, pero los profesores estaban delante. Además, aunque no lo admitiese nunca, sabía que no podía ganarle en un duelo de magia. Se había dado cuenta en el club de duelo de ese año, cuando, de no haber sido por que Snape detuvo la pelea, habría perdido estrepitosamente contra Potter.
Espera a que estés solo y con la guardia baja, Potter, y entonces veremos quién se ríe el último, pensó mientras guardaba la varita y se sentaba a regañadientes.
—¿Tú tienes escoba propia? —continuó el muchacho.
—No**—dijo Harry.**
Sí, pensó Harry mentalmente recordando su Nimbus 2.000. Todo gracias a la profesora McGonagall.
—¿Juegas al menos al quidditch?
—No**—dijo de nuevo Harry, preguntándose qué diablos sería el quidditch.**
A Oliver Wood pareció a punto de darle un ataque de nervios al pensar que alguien, no alguien cualquiera sino su buscador estrella, no supiese qué era el quidditch ni tuviese una escoba. Ya le estaba costando controlarse para no ponerse a gritar a los cuatro vientos lo bien que volaba el miembro más joven del equipo para no destapar la broma, pero esto casi le supera.
Solo se calmó un poco cuando Katie se levantó de su asiento junto a las otras dos cazadoras de Gryffindor y se sentó en un hueco libre a su lado.
Ahora ya lo sabe, Oliver, y es casi tan obsesivo como tú en los entrenamientos - le tranquilizó cogiéndole la mano.
Fue el gesto, más que las palabras, lo que consiguió que el guardián del equipo se relajase de nuevo contra el respaldo y le devolviese el apretón. Katie siempre sabía qué decir para tranquilizarle.
Angelina y Alicia se miraron y sofocaron unas risitas. Ellas y Katie eran las mejores amigas a pesar de no estar en el mismo año porque el quidditch las había unido y sabían que desde hacía unos meses Katie se fijaba mucho más en Oliver. Algo de lo que él no se daba cuenta, al parecer.
—Yo sí. Papádice que sería un crimen que no me eligieran para jugar por mi casa, y la verdad es que estoy de acuerdo.
No eres tan bueno, Malfoy - se mofó Ron -. Si lo fueses no hubieses tenido que comprar tu puesto en el equipo.
Nadie ha pedido tu opinión, Weasley - gruñó el rubio de mal humor.
Muchos rieron discretamente. Sabían que Harry era el mejor buscador de todo Hogwarts en ese momento y que ni siquiera con una escoba más rápida Malfoy podía superarle. Era imposible, y se veía claramente cuando los veías a ambos volar en un partido. Harry era el que mejor volaba en todo el campo, a pesar de ser el más joven, pero tenía un talento natural único.
¿Ya sabes en qué casa vas a estar?
—No**—dijo Harry, sintiéndose cada vez má****s tonto.**
—Bueno, nadie lo sabr****á realmente hasta que lleguemos allí, pero yo sé que seré de Slytherin, porque toda mi familia fue de allí. ¿Te imaginas estar en Hufflepuff? Yo creo que me iría, ¿no te parece?
Todos los Hufflepuff, incluyendo a la profesora Sprout, miraron mal al rubio.
Señor Malfoy, si no fuese por que usted aún no estaba en el colegio y por que hemos prometido no castigar a nadie por algo que aparezca en los libros, le castigaría por decir algo así - dijo la normalmente bondadosa profesora de Herbología que ahora mismo echaba chispas por los ojos -. Tampoco sería capaz de pertenecer a mi casa, señor Malfoy. No tiene lo que hace falta.
Draco no sabía si sentirse ofendido. Nunca querría pertenecer a la casa de los tejones, pero le molestaba profundamente que le dijesen que había algo fuera de su alcance. Bueno, por lo menos sé que Potter tampoco tiene lo que hay que tener para entrar en Hufflepuff o Ravenclaw, pensó satisfecho. No podía decir lo mismo de Slytherin después de descubrir ese año que el chico hablaba pársel.
—Mmm —contestó Harry, deseando poder decir algo más interesante.
Ja, estúpido, Potter, pensó Draco sonriendo internamente. Estaba deseando que la gente empezase a reírse también del Gryffindor, pero solo hubo sonrisas comprensivas en su mayor parte y los pocos que intentaron abrir la boca para burlarse se encontraron que eran el blanco de las miradas furiosas de un montón de pelirrojos, una chica de pelo castaño encrespado, una chica con el pelo rosa chicle, un supuesto asesino de masas y un hombre lobo (porque aunque no sabían que lo era, seguía teniendo un brillo peligroso en los ojos).
Hubo pocos tan estúpidos como para intentarlo cuando se dieron cuenta. Los cercanos a Harry no iban a permitir que le hiciesen sentir mal por no conocer más cosas sobre la magia y cualquiera que hiciese siquiera el amago de burlarse iba a sufrir la furia de todos ellos.
—¡Oye, mira a ese hombre! —dijo súbitamente el chico, señalando hacia la vidriera de delante. Hagrid estaba allí, sonriendo a Harry y señalando dos grandes helados, para que viera por qué no entraba.
Todos sonrieron al gigante por el detalle, sobre todo la profesora McGonagall y la señora Weasley cuando se dieron cuenta de que de verdad había ido a comprarle un helado a Harry. Por lo menos no había ido de verdad al bar, como había dicho al principio.
Quizás había sido lo mejor que Hagrid fuese el que llevase a Harry al callejón Diagon. Podía cuidarle perfectamente y se convertiría en su amigo, alguien a quien podría recurrir en Hogwarts, algo que le costaría más si fuese un profesor.
No sé si te di las gracias - dijo Harry pensativo antes de encogerse de hombros -. Bueno, muchas gracias, Hagrid, por si acaso.
No fue nada - respondió poniéndose colorado.
—É****se es Hagrid —dijo Harry, contento de saber algo que el otro no sabía—. Trabaja en Hogwarts.
—Oh —dijo el muchacho—, he oído hablar de él. Es una especie de sirviente, ¿no?
¡Hagrid no es un sirviente, Malfoy! - exclamó Hermione indignada -. Cualquiera sabe la diferencia entre un sirviente y un guardabosques, o eso creía yo - añadió en un tono de burla.
Cállate, Granger - bufó Malfoy deseando hechizarla a ella también.
No la hables así, Malfoy - gruñó Ron.
¡Ya basta! - interrumpió McGonagall antes de que el rubio pudiese contestar -. ¡Ya es suficiente! ¡Todo el mundo en silencio!
Nadie se atrevió a llevarle la contraria.
—Es el guardabosques —dijo Harry. Cada vez le gustaba menos aquel chico.
Con razón - murmuró Ron.
Así que ya desde el principio empezasteis a llevaros mal vosotros dos - dijo Remus mirándoles a ambos -. Con una sola conversación.
Sí - asintió Harry -, ¿pero puedes culparme por ello? - preguntó sonriendo como si supiese ya la respuesta.
No, no puedo - admitió el hombre lobo al cabo de un segundo -. A mí tampoco me habría gustado mucho un chico como ese.
—Sí**, claro. He o****ído decir que es una especie de salvaje, que vive en una cabaña en los terrenos del colegio y que de vez en cuando se emborracha. Trata de hacer magia y termina prendiendo fuego a su cama.**
Hagrid bajó la cabeza avergonzado y sonrojado hasta las orejas. Sabía que era cierto que nunca había sido el más hábil con la varita (o con el paraguas en este caso), menos desde que le habían expulsado, y que cuando estaba en un humor depresivo se tomaba alguna copa. No podía negar eso aunque quisiese.
Malfoy sonrió victorioso al ver la reacción del gigante, pero no contó con que no fue el único que la había visto y ahora volvía a ser el blanco de las malas miradas de todos los amigos de Hagrid.
Ni se te ocurra volver a decir algo contra Hagrid, Malfoy - amenazó Harry y muchos se alegraron de no ser ellos los que estaban en el otro extremo de la furia del Gryffindor -. No fue culpa suya que le culpasen de algo que no hizo, pero ahora que su nombre está limpio podrá conseguir una varita nueva y terminar su educación mágica si quiere. Y nosotros - dijo señalándose a sí mismo, Ron y Hermione - vamos a estar ahí cuando necesite cualquier cosa. Así que no tiene nada de lo que preocuparse o avergonzarse. Te lo repito una vez más, Malfoy. Ni una palabra más contra Hagrid.
Todos estaban tan callados que se podría haber oído caer un alfiler en la sala. Nadie se atrevía a decir nada por miedo a convertirse en el siguiente blanco de Harry. Ciertamente tenía un don con discursos como esos.
Hagrid le miraba tan agradecido que parecía que sus ojos estaban a punto de llenarse de lágrimas, más todavía cuando vio que no solo Ron y Hermione asintieron de acuerdo con las palabras de Harry (aunque ellos más decididos que nadie).
Ahora que hemos dejado claro eso - siguió Harry cuando Malfoy no pudo soportar la mirada del Gryffindor más tiempo y bajó la cabeza -, ¿le importa seguir, señora Weasley?
Ella aceptó encantada. No podía estar más orgullosa de Harry, un sentimiento que compartía la profesora McGonagall. Ella miraba a su león con un brillo de fiero orgullo en los ojos y una sonrisa de mal disimulada satisfacción.
—Yo creo que es estupendo —dijo Harry con frialdad.
Exacto - estuvo de acuerdo Harry consigo mismo. ¡Fue su primer amigo, por supuesto que era estupendo!
Vaya, otro signo de locura, Feorge - suspiró Fred dramáticamente -. ¿Crees que todavía podemos salvarle a tiempo?
No lo creo, Gred - dijo George sacudiendo la cabeza -. Responderte no solo a ti mismo, sino también a un libro, es un síntoma de que está demasiada avanzada. El pequeño Harry ya no tiene salvación.
No te preocupes, Harry. Nosotros te buscaremos una bonita habitación acolchada cuando llegue el momento.
Y una camisa de fuerza a juego.
Ja, ja. Muy graciosos - dijo Harry sarcástico por encima de las risas, pero él también sonreía divertido.
—¿Eso crees?—preguntó el chico en tono burlón—. ¿Por qué está aquícontigo?¿Dónde está****n tus padres?
Todos fulminaron con la mirada a Malfoy. ¿Por qué diablos tenía que sacar el tema de sus padres horas después de que averiguase lo que les había pasado en realidad? Era cierto que el niño no sabía con quién estaba hablando, ¿pero tenía que decir justamente eso?
—Est****án muertos —respondió en pocas palabras. No tenía ganas de hablar de ese tema con él.
No tienes que hacerlo si no quieres, Harry - dijo Remus.
Por supuesto que no - dijo Sirius tan decidido que nadie tuvo ninguna duda de que hechizaría a cualquiera que intentase forzar a Harry a hablar sobre algo que no quería. Después se giró hacia su ahijado -. Pero si en algún momento necesitas hablar de algo, de cualquier cosa, puedes contar conmigo, cachorro. Soy todo oídos.
Todos, excepto Harry y Remus, miraron a Sirius extrañados por el mote. ¿Cachorro? ¿A qué diablos venía eso?
Sin embargo, Harry solo sonrió un poco luchando por retener las lágrimas y asintió sin confiar en su voz en ese momento. Sabía por qué era lo de cachorro, después de todo Sirius era un perro, y eso significaba que lo quería como suyo, como a un hijo. Ni siquiera se sintió avergonzado por el mote porque quería decir que había alguien que se preocupaba por él y que le quería como a un hijo, aunque no fuese su padre biológico.
Le miró agradecido y Sirius pareció comprender todo porque asintió devolviéndole la sonrisa.
—Oh, lo siento —dijo el otro, aunque no parecióque le importara—. Pero eran de nuestra clase, ¿no?
Eres... Eres un... ¡¿Cómo puedes ser tan insensible?! - gritó Hermione furiosa -. Me da igual que no supieses quién era Harry o que le acabases de conocer, pero te acaba de decir que sus padres han fallecido. ¡¿Y tú vas y dices una barbaridad como esa?!
Hermione, tranquilízate, no me importa - intentó calmarla Harry -. Ya me había dado cuenta de que era un idiota y no le hice ni caso. No te preocupes por eso.
Draco ni se molestó por el insulto. Cualquier cosa antes de que Granger decidiese hechizarle.
Pero, Harry... Yo...
No pasa nada - insistió él -. No le hice caso y no me afectó por eso. Estoy perfectamente bien.
Hermione le abrazó con fuerza y Ron le cogió del hombro dándole también su apoyo mientras le mandaba una mirada asesina al rubio aprovechando que Harry estaba de espaldas a él. ¿Cómo podía ser así de estúpido y hablar así de la muerte de los padres de su hermano?
—Eran un mago y una bruja, si es eso a lo que te refieres.
Bien dicho, Harry - felicitó Sirius con una sonrisa satisfecha -. No hagas ni caso de toda esa tontería de la pureza de sangre. Es repugnante.
Los Weasley, como orgullosos traidores de la sangre, asintieron decididos con la barbilla en alto, retando a que alguien se atreviese a decir lo contrario.
—Realmente creo que no deberían dejar entrar a los otros ¿no te parece?
Eres un idiota, Malfoy - bufó Ron -. Siempre estás con la misma basura sin sentido.
Si los magos se hubiesen limitado a casarse solo entre ellos, hace mucho que nos hubiésemos extinguido - dijo Sirius de acuerdo con Ron -. ¿Quieres echar a todos los que no son "sangre pura", como tú dices? Tendrías que echar a casi todo Hogwarts. La mayoría están en Slytherin y ni siquiera son la mitad de la casa, sino que son de "sangre mestiza". Es ridículo.
Además, no sé si te has dado cuenta en estos dos años, Malfoy - añadió Harry fulminándole con la mirada cuando vio de reojo que Hermione bajaba la cabeza con una expresión herida -, pero los nacidos de muggles pueden ser tan buenos magos como cualquiera. ¿O te has olvidado de quien es la mejor de nuestro curso?
Hermione levantó la cabeza de golpe y le miró agradecida con lágrimas en los ojos mientras Harry le pasaba un brazo por los hombros y la estrechaba para reconfortarla.
No le hagas ni caso - le murmuró para que solo la chica le oyese -. Eres mil veces mejor bruja de lo que él podría llegar a imaginarse.
Gracias, Harry - susurró ella abrazándole por la cintura.
Para eso están los hermanos - respondió él dándole un apretón más.
No son como nosotros, no los educaron para conocer nuestras costumbres.
Como si tú conocieses alguna costumbre de los muggles - se mofó Charlie.
Él y sus hermanos podían decir que sí conocían alguna por la obsesión de su padre con los muggles y, más tarde, porque habían "adoptado" como de la familia a un mago de ojos verdes y una bruja de pelo castaño criados lejos del mundo mágico.
Malfoy se estaba poniendo más rojo con cada frase que leían y los comentarios que decían todos al respecto. De furia o de vergüenza, eso no se sabía.
Algunos nunca habían oído hablar de Hogwarts hasta que recibieron la carta, ya te imaginarás.
Sí, tengo experiencias de primera mano - dijo Harry con la voz cargada de sarcasmo, pero Ron y Hermione oyeron también una pizca de dolor.
De pronto, se dieron cuenta de que todo eso que estaban pensando que iba a herir a Hermione también estaba haciendo daño a Harry porque, aún siendo hijo de magos, se había criado con muggles y se lo estaba tomando en serio en el libro.
Hermione, que seguía abrazada a él con el brazo de su amigo sobre sus hombros, le abrazó con más fuerza y Ron le dio un apretón en el brazo. En seguida sintieron como su amigo se relajaba entre ellos.
Sabían que no iba a hacer caso a Malfoy, pero aquella primera vez le había hecho daño. Solo esperaban que Hagrid no hubiese tardado mucho en quitarle esas estúpidas ideas de la cabeza.
Yo creo que debería quedar todo en las familias de antiguos magos. Y a propósito, ¿cuál es tu apellido?
Como me habría gustado estar ahí para ver la cara que puso cuando se enteró de quién eres, cachorro - suspiró Sirius antes de fruncir el ceño -. Aunque, pensándolo mejor, no sé si quiero que Malfoy sepa quién eres.
Yo tampoco vi su cara cuando se enteró, Sirius - dijo Harry sonriendo al volver a oír al apodo -. No se enteró en la tienda.
¿Te negaste a decírselo? - preguntó Sirius riendo encantado -. Eso es todavía mejor.
No, no me negué - rio Harry -. Alguien me salvó de tener que responder.
Pero antes de que Harry pudiera contestar, Madame Malkin dijo:
—Ya está listo lo tuyo, guapo.
¡Ja!, le tengo que dar las gracias la próxima vez que la vea - rio Sirius.
Ella siempre supo cuándo debía intervenir entre sus clientes - sonrió Remus -. Seguramente reconoció a Harry en cuanto entró por lo parecido que es a James y se dio cuenta del poco tacto de la pregunta sobre sus padres. Después de todo eso, seguro que decidió decir algo para salvar a Harry de responder.
Siempre me ha caído bien Madame Malkin - dijo Molly y Arthur, a su lado, asintió de acuerdo.
A todo el mundo le cae bien Madame Malkin - señaló Bill -. Siempre trata cortésmente a todos los que entran en su tienda, incluso si no le caen especialmente bien.
Bueno, en el fondo eso es algo que deben hacer todos los que tengan una tienda, ¿no? - puntualizó Charlie -. Digo, si quiere que vuelvan, tendrán que estar a gusto mientras hacen sus compras.
Bueno, sí, Madame Malkin es simpática con todos. Ya lo tenemos claro - se impacientó Ron -. ¿Podemos seguir leyendo?
Nunca pensé que le oiría preguntar eso - le susurró Hermione a Harry y ambos se echaron a reír mientras Ron, que lo había oído, les fulminaba con la mirada.
Y Harry, sin lamentar tener que dejar de hablar con el chico, bajó del escabel.
—Bien, te ver****é en Hogwarts, supongo —dijo el muchacho.
Ya me habría gustado a mí que no - gruñó Harry.
Nos habríamos ahorrado un montón de problemas, ¿verdad? - suspiró Hermione recordando sobre todo a Norberto.
Ni que lo digas - dijo Ron pensando lo mismo.
Bueno, hubo una ocasión en la que me alegré de que estuviese en Hogwarts - dijo Harry pensativo. Le parecía que todos los problemas que habían tenido y que tendrían valían la pena solo por haber conseguido entrar en el equipo de quidditch en primer año sin presentarse a las pruebas.
¿Qué? Hay una muy buena razón - se defendió de las miradas incrédulas y escépticas de casi todos. Solo Ron y Hermione sabían de qué momento estaba hablando y reían a su lado -. Ya lo veréis en cuanto avance un poco el libro.
Nos hemos vuelto a perder algo - murmuró Tonks viendo desconcertada como reían el pelirrojo y la chica y Harry sonreía recordando Merlín-sabe-qué.
Eso no es ninguna novedad - respondió Charlie.
Yo solo espero que para cuando terminemos el segundo libro sepamos de qué están hablando cada vez que susurran entre ellos - suspiró Bill pasándose la mano por la cabeza. Era raro no saber qué había hecho tu hermano pequeño, no tener ni idea de lo que sentía o de lo que pensaba mientras que los otros dos a su lado le conocían y lo sabían con apenas un vistazo. Se sentía mal hermano mayor y no sabía qué hacer para corregirlo.
Harry estaba muy silencioso, mientras comía el helado que Hagrid le había comprado (chocolate y frambuesa con trozos de nueces).
Estupendo - ironizó Ron -, ahora has hecho caso a Malfoy y te estás comiendo la cabeza con esas tonterías.
No pasa nada. Hagrid no tardó ni cinco minutos en quitármelas de la cabeza - le sonrió Harry al gigante.
Eso espero - dijo Hermione -. Tú eres el que siempre me dice que no le haga caso, que no vale la pena, que solo es como un disco rayado que repite cosas que no entiende - siguió sonriendo un poco con la metáfora muggle, que no todos comprendieron -. Más te vale estar siguiendo tus propios consejos, Harry, o te juro por Merlín que vamos a tener una charla muy seria después de que le eche tal maldición a Malfoy que no volverá a abrir la boca en su vida. Literalmente.
Muchos reprimieron un escalofrío, en especial el rubio del que hablaban, al ver los ojos de la chica brillando con decisión y ni una pizca de duda. No se lo pensaría dos veces antes de proteger a su amigo.
Por mucho que me gustaría ver cómo hechizas a Malfoy - sonrió Harry y Draco abrió mucho los ojos asustado -, no hace falta. Esa fue la única vez que me afectaron los insultos que me decía.
Más te vale - repitió Hermione.
Gracias, Hermione - le susurró cuando todos volvían a la lectura.
Para eso están las hermanas - ella repitió las palabras que él le había dicho hacía un rato cogiéndole con fuerza de la mano.
—¿Quésucede?—preguntó Hagrid.
—Nada —mintió Harry. Se detuvieron a comprar pergamino y plumas. Harry se animó un poco cuando encontró un frasco de tinta que cambiaba de color al escribir.
¿Sabes?, a tu madre le encantaban esos - sonrió Remus al pensar en su amiga.
Sí, y cuando James se entero en sexto curso le compró un paquete entero. ¿Cuántos venían? ¿Treinta? ¿Cuarenta? - rio Sirius al recordarlo.
Cuarenta - respondió el hombre lobo -. Pero Lily le dijo que no los quería y le hizo creer que los había devuelto a la tienda. Solo le confesó que los tenía guardados y que los había seguido usando sin que él lo viese poco antes de que empezasen a salir.
Es verdad - rio todavía más fuerte Sirius -. James se ilusionó tanto cuando lo descubrió que le ofreció comprarle tres paquetes más si ella quería. Pero ella se negó antes de que él pudiese salir corriendo a pedirlos vía lechuza.
Harry sonreía de oreja a oreja escuchando esto. Tener algo en común con su madre tan simple como el que le gustase la tinta que cambia de color la hacía parecer muchísimo más cercana. Ya no solo se parecían en los ojos verdes o en el carácter, sino un detalle, que, por extraño que pareciese, Harry atesoraba mucho más que el resto de cosas.
Cuando salieron de la tienda, preguntó:
—Hagrid, ¿qué es el quidditch?
Por lo menos ahora lo sabes, ¿no? - suplicó Sirius.
Sirius, es imposible ir a Hogwarts y no saber qué es el quidditch - respondió él. Bueno, es verdad, aunque no hubiese entrado en el equipo me habría enterado tarde o temprano, pensó -. Que no me guste no significa que no sepa lo que es. Aquí todo el mundo está obsesionado con ello.
Fred, sentado al lado de Ginny, se escondió detrás de ella para poder reírse en silencio sin que le viesen, pero George se las tuvo que apañar para disimular una carcajada con una tos. Por suerte, ambos merodeadores estaban demasiado ocupados como para fijarse en esto.
Todos se reían disimuladamente o escondían una sonrisa con la mano. McGonagall encontraba esto especialmente divertido: gastarles una broma a los bromistas que más problemas le habían dado.
—Vaya, Harry; sigo olvidando lo poco que sabes... ¡No saber qué es el quidditch!
Oh, Hagrid, no le hagas sentirse mal - se quejó Hermione.
Lo siento, Harry - se disculpó rápidamente.
No te preocupes - le quitó importancia con un gesto -. Ahora sé que tampoco es como si me estuviese perdiendo algo muy importante.
Los dos merodeadores y Oliver pusieron una expresión de dolor al oír esto. ¿Cómo que el quidditch no es importante?
No pasa nada si no le gusta, no podemos obligarle a jugar, también tenía que heredar cosas de la pelirroja, le seguimos queriendo igual, pensaban los dos merodeadores al mismo tiempo. Era totalmente cierto. Le iban a seguir queriendo igual, pero era tan... raro que no le gustase.
No es cierto, sabes que le encanta casi tanto como a ti, y es tu buscador estrella desde el año pasado, pensaba Oliver respirando hondo. Casi dolía oír eso de la boca de un miembro de su equipo.
De nuevo, todos los demás tuvieron que ahogar las risas.
—No me hagas sentir peor —dijo Harry. Le contó a Hagrid lo del chico pálido de la tienda de Madame Malkin.
—... y dijo que la gente de familia de muggles no deberí****an poder ir...
No le hago caso, Hermione - habló Harry antes de que la chica, que se había estado girando hacia él abriendo la boca para "quitarle esas ideas de la cabeza" -. Hagrid lo arregló todo.
Hermione le miró un momento más y asintió decidiendo que le estaba diciendo la verdad.
Espero que tú tampoco - le dijo Harry por lo bajo -. No tendré que ser yo el que te meta sentido común en esa mente brillante que tienes, ¿no?
Hermione le sonrió y negó con la cabeza para dejarle tranquilo.
Pues yo sigo queriendo pegarle una paliza por haberos hecho sentir mal - gruñó Ron fulminando con la mirada al rubio -. Se mete con uno, se mete con los tres.
No te preocupes, Ron - le tranquilizó Harry -. En cuanto abra la boca, en el presente, claro, le hechizamos con todo lo que tengamos, ¿de acuerdo?
Puedes apostar por ello - respondió el pelirrojo sonriendo.
—Tú no eres de una familia muggle. Si hubiera sabido quién eres...
Se habría caído del escabel de la impresión - rio Ginny al imaginárselo.
Todos rieron con ella excepto, obviamente, el rubio, que la fulminó con la mirada. No se atrevía a meterse con ella cuando los seis hermanos mayores de la chica estaban presentes, así que se tuvo que contentar con las miradas asesinas
É****l ha crecido conociendo tu nombre, si sus padres son magos.
¡Pues claro que lo son! - exclamó Draco indignado -. ¿Cómo te atreves a insinuar lo contrario?
¡Eh, Malfoy! - dijo Harry dirigiendo la atención del rubio hacia él -, te he dicho que ni una palabra contra Hagrid - amenazó entrecerrando los ojos -. Yo no sabía tu nombre y era una duda totalmente razonable, no un insulto. No hay nada de malo en que tus padres no sean muggles, eso no es lo más importante.
Draco resopló en desacuerdo, pero no atrevió a decir nada delante de todos. Se lo iba guardando todo para cuando le pillase desprevenido en el primer momento que se presentase.
Ya lo has visto en el Caldero Chorreante. De todos modos, qué sabe él, algunos de los mejores que he conocido eran los únicos con magia en una larga línea de muggles. ¡Mira tu madre! ¡Y mira la hermana que tuvo!
Un ejemplo perfecto - asintió Remus satisfecho.
Yo todavía no puedo creerme que la pelirroja pudiese tener como hermana a alguien como Petunia - dijo Sirius con una mueca -. Lily era la persona más amable y paciente que he conocido, cuando no estaba enfadada, claro, y me cuesta encontrar alguna buena cualidad en su hermana.
Ni te molestes en esforzarte con eso, Sirius - dijo Harry -. Yo lo he intentado durante once, digo, casi doce años y aún no la encontrado. Por las fotos que he visto ni siquiera se parecen físicamente.
Antes ambas tenían la misma alegría, pensó Snape, pero luego Petunia se enteró de que Lily era bruja y ella no y empezó a usar el odio y los insultos para ocultar la envidia que le tenía. Si no hubiese sido por eso probablemente habrían sido inseparables toda su vida y Petunia no estaría tan amargada que lo está ahora.
—Entonces ¿qué es el quidditch?
Por favor, explícaselo, Hagrid - murmuró Sirius -. Mi ahijado, el hijo de James, no puede permanecer más tiempo sin saber qué es el quidditch.
—Es nuestro deporte. Deporte de magos. Es... como el fútbol en el mundo muggle, todos lo siguen. Se juega en el aire, con escobas, y hay cuatro pelotas... Es difícil explicarte las reglas.
Oh, vamos, Hagrid - gruñó Sirius desilusionado -. No es difícil explicar las reglas. Y ya es hora de que Harry aprenda lo que es el quidditch.
Sirius, ahora lo sé - le recordó escondiendo una sonrisa -, pero tampoco me molesta no haberlo aprendido antes. Como te he dicho, no me estaba perdiendo nada importante.
Otra vez, los merodeadores y Oliver hicieron una mueca y respiraron hondo.
Lo sé, Harry, lo sé - dijo Sirius pensando que su ahijado se podría ofender con la reacción que había tenido -. Y estás en tu derecho de que no te guste. No pasa nada. Sigues siendo mi ahijado pase lo que pase.
Harry sonrió, pero por dentro de pronto estaba hecho un manojo de nervios al pensar en las cosas que no le había dicho nunca a nadie. ¿Aparecerían en los libros? Si así era, esperaba que Sirius de verdad opinase lo de "pase lo que pase", ya que, después de todo, tampoco es como si él lo hubiese elegido así.
—¿Y qué son Slytherin y Hufflepuff?
—Casas del colegio. Hay cuatro. Todos dicen que en Hufflepuff son todos inútiles, pero...
¡Hey! - protestaron todos los Hufflepuff al mismo tiempo.
Señores, señoritas, ha dicho "pero" - les calmó la profesora Sprout, pero ella también tenía el ceño fruncido molesta.
Lo siento - se disculpó Hagrid ante todos -. Yo no quería decirlo así...
Era casi imposible seguir enfadado con el gigante cuando veías lo azorado que estaba buscando las palabras correctas para disculparse con todos los tejones. Era casi imposible.
—Seguro que yo estaréen Hufflepuff—dijo Harry desanimado.
¡Hey! - volvieron a protestar los Hufflepuff todavía más ofendidos.
Lo siento - Harry se disculpó en seguida avergonzado -. Lo prometo, de verdad. Ahora mismo, aunque prefiero Gryffindor, no me importaría estar en Ravenclaw o Hufflepuff - las serpientes fruncieron el ceño al sentirse excluidas -. Ni siquiera me importaría tanto estar en Slytherin de no ser por Malfoy y porque básicamente me odian - añadió rápidamente al verlo. Después de todo, en esos dos años se había dado cuenta de que no todas eran antipáticas o crueles y lo que le había contado Sirius no hacía más que sostener esa teoría.
Algunas serpientes sonrieron ante esto. No todas odiaban a Potter y se alegraban de que el sentimiento fuese mutuo y que solo se negase a estar en su casa por Malfoy.
En aquel momento no tenía ni idea, solo sabía lo que me dijo Malfoy
-
siguió disculpándose sin darse cuenta de que ya nadie parecía enfadado, sino que se reían disimuladamente por su apuro -. De verdad, siento haber dicho eso. Era un estúpido que no tenía ni idea de lo que hablaba, pero ahora ya no opino lo mismo, en serio. Lo siento muchísimo. Yo...
Harry, nadie está enfadado - le interrumpió Hermione con una sonrisa.
¿Qué? - preguntó confundido.
Nadie te culpa por algo que dijiste hace casi dos años - sonrió haciendo un gesto abarcando a todo el comedor -. No hay nadie enfadado.
Harry miró a su alrededor entre sorprendido y avergonzado y se dio cuenta de que Hermione tenía razón, como siempre. Todos sonreían y sacudían la cabeza divertidos.
¿Cómo van a estarlo? - dijo Ron sonriendo también -. Es imposible después de cómo te has disculpado. He perdido la cuenta de las veces que has dicho "lo siento" o "no tenía ni idea"
-
bufó divertido.
No se preocupe, señor Potter - dijo la profesora Sprout con una pequeña sonrisa -. No hay resentimiento por parte de nadie, se lo aseguro.
—Es mejor Hufflepuff que Slytherin —dijoHagrid con tono lúgubre—. Las brujas y los magos que se volvieron malos habían estado todos en Slytherin. Quien-tú-sabes fue uno.
Es escalofriante imaginarse a Quien-tú-sabes de adolescente - dijo Bill estremeciéndose -. O de niño. No quiero ni saber cómo era, pero seguro que ya entonces no tramaba nada bueno.
Ni que lo digas, pensó Harry reprimiendo un escalofrío. Había conocido al Voldemort adolescente el día anterior y todavía no había decidido cuál le gustaba menos, si el de primer año que aparecía en la nuca de la gente o el de segundo año que se guardaba a sí mismo en diarios para poseer a niñas cincuenta años más tarde.
Ron y Hermione tuvieron que utilizar todo su auto-control para no girarse hacia Harry y lanzarle una mirada comprensiva. Ellos dos y Dumbledore eran los únicos en el comedor, aparte de Harry, que sabían quién era Riddle.
—¿Vol... perdón... Quien-tú-sabes estuvo en Hogwarts?
—Hace muchos años —respondió Hagrid.
¿Creéis que Hagrid sabe que fue Voldemort el que hizo que le expulsaran? - preguntó Harry en un murmullo.
¿Te refieres a si sabe que Riddle y Voldemort son la misma persona?
-
dijo Hermione en el mismo tono. Harry asintió mientras Ron se inclinaba para poder oír mejor a la chica -. No lo sé. No sé si Dumbledore se lo ha contado.
Se va a enterar de todas formas cuando leamos el segundo libro así que no importa mucho si lo sabe o no ahora mismo - se encogió de hombros Ron antes de que los tres se enderezaran en sus asientos para no volver a tener que esquivar preguntas incómodas por parte de todos.
Compraron los libros de Harry en una tienda llamada Flourish y Blotts, en donde los estantes estaban llenos de libros hasta el techo. Había unos grandiosos forrados en piel, otros del tamaño de un sello, con tapas de seda, otros llenos de símbolos raros y unos pocos sin nada impreso en sus páginas. Hasta Dudley, que nunca leía nada, habría deseado tener alguno de aquellos libros.
Ahora que lo pienso, a lo mejor eso es llevarlo un poco al extremo - dijo Harry sonriendo un poco -. Además, tío Vernon y tía Petunia preferirían que Dudley se metiese a ballet o algo así antes que dejarle tener un libro de magia.
Durante un segundo todos se quedaron en silencio intentando imaginárselo y de pronto estallaron en carcajadas cuando le pusieron un vestido de bailarina a la imagen del cerdo que tenían en la cabeza.
¿Pero tu primo sabe leer, Harry? - preguntó Tonks medio en broma medio en serio -. Digo, si no sabe sumar dos no estoy segura de que sepa leer.
Eh... Creo que sí - respondió Harry después de unos segundos pensativo -. No le gusta nada, pero en los videojuegos te hace falta leer de vez en cuando alguna frase que te pone el programa en la pantalla o algo así. Así que supongo que sí que sabe, pero nunca le he visto.
No hemos entendido la mitad de lo que has dicho, pero creo que pillamos la idea - sonrió Charlie -. Tu primo solo lee lo mínimo estricto y necesario.
Sí, básicamente - rio Harry.
Hagrid casi tuvo que arrastrar a Harry para que dejaraHechizos y contrahechizos (encante a sus amigos y confunda a sus enemigos con las más recientes venganzas: Pérdida de Cabello, Piernas de Mantequilla, Lengua Atada y más, mucho más), del profesor Vindictus Viridian.
¿Le podían poner un título un poco más largo al libro o es que ya no se les ocurría qué más añadir? - dijo Sirius sarcástico -. Merlín, todo eso para decir solo que es un libro de maldiciones.
¿Y tú para qué querías un libro de maldiciones? - preguntó la señora Weasley mirando suspicaz a Harry.
Le iba a poner un buen uso, señora Weasley, se lo aseguro - respondió Harry con una brillante sonrisa.
Y ese uso era... - insistió Molly impaciente.
Estoy seguro de que Hagrid también me lo preguntó y se lo contesté, así que la respuesta tiene que estar en las próximas líneas del libro - evadió la pregunta sin dejar de sonreír.
La señora Weasley volvió de inmediato al libro buscando dónde se había quedado.
—Estaba tratando de averiguar cómo hechizar a Dudley.
Muchos rieron con fuerza y tanto los merodeadores como los gemelos felicitaron a Harry.
Ese sí que es un buen uso - dijo Remus sonriendo de oreja a oreja.
Es el espíritu merodeador heredado de su padre. Ya sabía yo que tenía que estar por ahí en algún lado - rio Sirius encantado con su ahijado.
El pequeño Harry nos ha hecho sentir orgullosos, ¿verdad, George? - preguntó Fred fingiendo quitarse una lágrima inexistente.
Muy cierto, Fred - asintió él -. Todavía pienso que sigue habiendo esperanza para él para que consigamos que se convierta en un auténtico bromista.
¡No vais a hacer una cosa así! - les advirtió la señora Weasley amenazándoles con el dedo.
¿Nosotros? - dijo George con cara de inocente.
Nosotros no vamos a hacer nada - dijo Fred de la misma forma.
Ya lo podemos hacer nosotros por ellos - sonrió Sirius frotándose las manos con anticipación.
Los bromistas se sonrieron entre ellos antes de mirar los cuatro a la vez a Harry, como pensando por dónde empezar.
Vale, esto sí que es escalofriante - les susurró Harry a sus dos amigos, que se partían de risa a su lado.
Suerte a la hora de sobrevivir - dijo Ron entre carcajadas.
—No estoy diciendo que no sea una buena idea, pero no puedes utilizar la magia en el mundo muggle, excepto en circunstancias muy especiales —dijo Hagrid—.
Y ni siquiera eso - gruñó Harry -. Si me culpan por la magia que hizo un elfo doméstico en mi casa, no quiero pensar si fuese yo el que tuviese que realizar algún hechizo aunque fuese porque el propio Voldemort está en mi puerta.
Bueno, con el segundo libro Fudge te tendrá que quitar ese aviso, ¿no? - dijo Hermione -. Ahora tendrán pruebas de que tú no has hecho magia.
No sé si harán caso, después de ver lo que le hicieron a Hagrid solo "por si acaso" era él - dijo casi con desprecio el chico.
No te preocupes, Harry - intentó animarle Ron -. Ahora lo oirá mucha gente y eso no puede negarlo.
Pareció funcionar un poco porque una pequeña sonrisa apareció en la cara de Harry.
Y de todos modos, no podrías hacer ningún hechizo todavía, necesitarás mucho más estudio antes de llegar a ese nivel.
¿Sabes?, yo creo que sí que habrías conseguido hacer esos hechizos
-
dijo Hermione pensativa y se apresuró a explicarse al ver que Harry la miraba como si estuviese loca -. Me refiero, mira lo rápido que aprendes las maldiciones y los hechizos en defensa.
Eso es cierto - intervino Ron -. Como cuando te hiciste el encantamiento de desarme a la primera después de solo haber visto una vez cómo lo hacía otra persona.
Es verdad - dijo Percy con voz pomposa -. Yo me quedé sorprendido al ver a un niño de segundo poder hacerlo, pero ahora más al saber que era la primera vez que lo intentabas. Impresionante, Harry.
Harry se sonrojó cuando todos se giraron para mirarle asombrados y su padrino y Remus con el pecho tan hinchado de orgullo que parecía que iban a salir volando en cualquier momento como no se agarrasen a los brazos de los sillones.
Hagrid tampoco dejó que Harry comprara un sólido caldero de oro (en la lista decía de peltre) pero consiguieron una bonita balanza para pesar los ingredientes de las pociones y un telescopio plegable de cobre. Luego visitaron la droguería, tan fascinante como para hacer olvidar el horrible hedor, una mezcla de huevos pasados y repollo podrido.
Todos miraron a Harry como si le hubiese crecido una segunda cabeza y el más sorprendido era el profesor de Pociones. No era ningún secreto que Harry odiaba las clases de Pociones con toda su alma y que el sentimiento por parte de Snape era el mismo.
¿Qué? - se defendió empezando a sonrojarse un poco -. Pociones era de las asignaturas que más me interesaba hasta que conocí al profesor. En ese momento dejó de valer la pena la asignatura. ¿Por qué me voy a esforzar si el profesor me odia y me va a suspender de todas formas?
Snape tuvo que admitir que era un buen punto y que el chico, en las pocas clases en las que le dejaba más o menos tranquilo mientras hacía la poción, no obtenía malos resultados en absoluto. Sin embargo, eso no había ocurrido más que un puñado de veces en esos dos años. A lo mejor tenía que hacerlo más a menudo para ver si el chico había heredado de verdad parte del talento de su madre.
No te preocupes, Harry - dijo Sirius fulminando con la mirada a Snape antes de girarse hacia su ahijado -. Lunático y yo te enseñaremos Pociones este verano si quieres. No fue nuestra mejor asignatura en el colegio, y tu madre era como mil veces mejor que nosotros, pero no se nos da mal y podemos enseñarte todo lo que deberías haber aprendido en estos dos años.
¿En serio? - preguntó Harry entusiasmado. Ahora que sabía que su madre era buena con las pociones quería hacerlo lo mejor posible para que hubiese estado orgullosa de él.
Por supuesto que sí, cachorro - dijo Sirius y Remus asintió a su lado, ambos con una sonrisa al verle tan emocionado.
Severus, más te vale no estar torturando a Harry en tu clase o tú y yo vamos a tener un problema - amenazó la profesora McGonagall mientras los merodeadores y Harry seguían hablando. Sentía como surgía el sentimiento de protección que siempre tenía hacia su león cada vez que alguien le hacía daño.
Me parece que tenemos que tener una charla sobre tus métodos de enseñanza, Severus, si es cierto lo que ha dicho el señor Potter - dijo Dumbledore muy serio.
Snape no tuvo otra opción que aceptar resignado que iba a recibir una charla llena de gritos por parte de su antigua profesora y otra del tipo "me has decepcionado" del director. No podía decidir cuál de ellas le apetecía menos.
En el suelo había barriles llenos de una sustancia viscosa y botes con hierbas. Raíces secas y polvos brillantes llenaban las paredes, y manojos de plumas e hileras de colmillos y garras colgaban del techo. Mientras Hagrid preguntaba al hombre que estaba detrás del mostrador por un surtido de ingredientes básicos para pociones, Harry examinaba cuernos de unicornio plateados, a veintiún galeones cada uno, y minúsculos ojos negros y brillantes de escarabajos (cinco knuts la cucharada).
Fuera de la droguería, Hagrid miró otra vez la lista de Harry.
—Sólo falta la varita... Ah, sí, y todavía no te he buscado un regalo de cumpleaños.
Harry sintió que se ruborizaba.
Eso mismo estaba haciendo Harry en el comedor, esperando alguna burla o comentario sarcástico por parte de alguien. Bajó la cabeza para no mirar a nadie a los ojos, pero al cabo de unos segundos no había pasado nada y decidió que valía la pena levantar la vista.
Para su sorpresa, ninguno a su alrededor tenía siquiera una sonrisa burlona. Todos ellos comprendían que Harry no había recibido nunca ningún regalo en condiciones y que, como es lógico, no estaba acostumbrado a que le diesen uno.
Por eso todos ellos, en especial Ron, Hermione, los gemelos y los merodeadores, estaban fulminando con la mirada a todo el que parecía que tenía siquiera intenciones de hacer un comentario que pudiese molestar a Harry. Se merecía por lo menos que no se burlasen de la reacción que tuviese con su primer regalo de cumpleaños de su vida.
¿Qué te compró, Harry? - preguntó Ginny intentando distraerle un poco.
Funcionó, más o menos. Apareció una sonrisa tan grande en la cara de Harry que parecía que se le iba a partir en dos.
No fue tanto un qué, sino un quién - respondió él y solo algunos se dieron cuenta de que se refería a su lechuza, Hedwig -. Fue alguien que hizo mucho más soportable el último verano con los Dursley, porque sino habría estado solo con ellos. Pero seguid leyendo un poco y no creo que Hagrid tarde mucho en decirme lo que me iba a regalar.
Poco a poco todos devolvieron su atención al libro, aunque los seis que antes parecían más dispuestos a defender a Harry siguieron lanzando miradas a algunos del comedor que parecía que aún no habían pillado que estaba prohibido burlarse sobre esos temas.
—No tienes que...
—Sé que no tengo que hacerlo. Te diré qué será**, te comprar****é un animal. No un sapo, los sapos pasaron de moda hace años, se burlarán...**
Lo siento, Neville - se disculpó Hagrid en seguida al ver que el niño parecía herido por sus palabras.
No pasa nada, Hagrid - respondió él con una sonrisa forzada.
¿Neville Longbottom? - preguntó Sirius mirándole y el chico asintió dubitativo -. Remus y yo conocimos a tus padres. ¿Sabías que tu padre también tenía un sapo cuando iba a Hogwarts? Él iba un curso por delante de nosotros, pero siempre nos llevamos bien y todo el mundo en la torre le había ayudado alguna vez a atrapar su sapo.
Los Gryffindor sonrieron, sobre todo Neville y los que compartían cuarto con el chico. Con Trevor pasaba lo mismo y era una verdadera odisea atraparlo algunas veces.
Fue una de esas veces que se escapó, el sapo acabó sobre el regazo de una chica que estaba sentada en frente de la chimenea y ella lo cogió antes de que pudiese irse a otro sitio. Esa chica era tu madre y fue gracias a ese sapo que empezaron a hablar y a conocerse porque, aunque tu padre llevaba mucho tiempo queriendo hablar con ella, no se atrevía. Esa noche, gracias al sapo, hablaron por primera vez y un par de meses después empezaron a salir juntos. No te avergüences de tu sapo, Neville. Yo siempre pensé que el de Frank era más listo de lo que parecía y que fue a propósito al regazo de Alice.
Neville le miraba embobado. Nunca había oído eso sobre sus padres, solo que su padre había tenido uno en el colegio, pero eso era todo.
Luego... Te importaría... Sino no pasa nada, ¿pero luego me podrías contar más cosas de ellos? - preguntó en voz baja para que solo el oyesen los que estaban más cerca. Ya estaba suficientemente colorado y nervioso como para que lo oyese todo el comedor.
Claro, Neville - aceptó Sirius, pero por dentro estaba confuso. Había salido hacía unas horas de Azkaban y no sabía todo lo que había pasado en esos años. ¿Le había pasado algo a Frank y a Alice?
Miró a Remus interrogante y este le hizo un gesto de que se lo contaría luego, aprovechando que en ese momento Neville ya no estaba mirando, sino que estaba escuchando a otra persona.
¿Te quieres venir con nosotros en el descanso, Neville? - le preguntó Harry -. Probablemente salgamos a los jardines.
Él comprendía mejor que nadie lo que era querer saber más cosas sobre tus padres, aunque no sabía qué les había pasado a los de Neville. Solo sabía que su compañero iba a estar muy incómodo si le preguntaba, porque era lo que le pasaba a él mismo, y que debía tratarle igual que antes, no como si de pronto fuese de cristal, como la gente que se empeñaba en hacer. Solo se iba a asegurar de que Neville supiese que estaba ahí si lo necesitaba para que, cuando estuviese preparado, hablase de eso si quería.
Eh.. Sí, me encantaría. Gracias, Harry - le agradeció no solo por la oferta, sino por no presionar por respuestas. Después de todo, si él no lo entiende nadie lo hará, pensó el chico para sí mismo.
y no me gustan los gatos, me hacen estornudar.
La profesora McGonagall miró entre ofendida y divertida al gigante. No podía culparle por que fuese alérgico a los gatos, aunque ella misma fuese uno.
Lo siento, profesora - se disculpó rápidamente al ver que ella le miraba.
No tiene importancia, Hagrid. Es perfectamente comprensible - dijo quitándole importancia.
Te voy a regalar una lechuza.
Te regaló a Hedwig - dijo Ginny comprendiendo.
Sí - sonrió Harry -. Esa lechuza me ha hecho compañía durante un mes en Privet Drive y menos mal que la tenía a ella o habría acabado hechizando a los Dursley o escapándome a la semana de estar ahí. Aunque quizás eso habría sido lo mejor... - terminó pensando en los últimos días de Privet Drive.
Ron y los gemelos se miraron recordando las condiciones de las que le habían rescatado a principios de agosto. Por mucho que les habría gustado que su hermano no hubiese pasado por eso, si se hubiese escapado, no solo habrían seguido sin llegarle de todas maneras las cartas, sino que no habrían sabido dónde buscarle. La verdad es que la vida de Harry era de lo más complicada. Ellos nunca tenían que considerar si era mejor aguantar abusos en casa o escaparse.
Todos los chicos quieren tener una lechuza. Son muy útiles, llevan tu correspondencia y todo lo demás.
A mí de momento me ha sido mucho más útil para hacerme compañía más que para llevar mi correspondencia - dijo Harry pensativo -. Solo he mandado alguna carta a Hagrid y a Hermione.
Sí, bueno, ahora podrás mandarnos cartas a nosotros - dijo Sirius decidido a formar parte de la vida de su ahijado desde ese momento en adelante.
La cara de Harry se iluminó con la perspectiva de tener correspondencia con alguien fuera de Hogwarts y tener la posibilidad de recibir una carta durante el desayuno como el resto de sus compañeros.
Veinte minutos m****ás tarde, salieron del Emporio de la Lechuza, que era oscuro y lleno de ojos brillantes, susurros y aleteos. Harry llevaba una gran jaula con una hermosa lechuza blanca, medio dormida, con la cabeza debajo de un ala.
Harry sonrió recordando ese momento. Había entrado en la tienda y había sido como si Hedwig fuese un imán que atrajese su mirada. A pesar de estar apartada en una esquina oscura sobre un armario, había sido el primer animal que había captado su atención nada más entrar unos pasos en la tienda.
La había mirado y había visto los enormes ojos ámbar de la lechuza mirarle desde la penumbra antes de que ella volase desde el armario hasta su hombro dejando boquiabierto al dueño porque, según les dijo, esa lechuza nunca había confiado en un humano hasta ese momento y nunca, jamás, había hecho eso.
Aunque no le hubiesen dicho eso, no había duda posible. Hedwig iba a ser su lechuza. No se había molestado siquiera en echar un vistazo por la tienda, y apenas había mirado a las que estaban a un par de metros de él. Hedwig era el animal que buscaba y lo sabía instintivamente.
Desde ese momento había confiado ciegamente en ella, en que las pocas cartas que quería enviar las llevaría a su destino, en que le iba a hacer compañía cuando creyó que el resto no se preocupaba por él. Hedwig se había convertido en su amiga, más que en su mascota.
Y no dejó de agradecer el regalo, tartamudeando como el profesor Quirrell.
¡No vuelvas a pensar eso! - siseó Hermione por lo bajo para que nadie les oyese.
¡No te vuelvas a comparar con él! - dijo Ron en el mismo tono.
Ambos le miraban entre horrorizados y enfadados y Harry se apresuró a explicarse antes de que empezasen con su charla de "eres mejor que eso y no te atrevas a dudarlo ni un instante" que le habían tenido que dar ya alguna vez en esos dos años.
No me estoy comparando. Sé que él era un cobarde. Solo he pensado que estaba tartamudeando tanto que llegaba a lo ridículo.
Con esto ambos se enlazaron y hasta sonrieron un poco. Sí que era ridículo el tartamudeo de Quirrell.
—Ni lo menciones —dijo Hagrid con aspereza—. No creo que los Dursley te hagan muchos regalos. Ahora nos queda solamente Ollivander, el único lugar donde venden varitas, y tendrás la mejor.
Al oír esto Harry se dio cuenta de lo que venía ahora. Por mucho que desease con todas sus fuerzas que ese secreto no saliese jamás a la luz, sabía que era imposible que una cosa así no estuviese en los libros cuando estos habían aparecido para contarles todo lo necesario para derrotar a Voldemort.
Solo Ron y Hermione se dieron cuenta extrañados de cómo se había tensado de pronto su amigo entre ellos. ¿A qué venía eso? Era solo ir a buscar su varita. ¿O es que había ocurrido algo más que no les había contado?
Una varita mágica... Eso era lo que Harry realmente habí****a estado esperando.
Eso es lo que todos esperamos - sonrió Bill.
Sí, pero los padres casi siempre esperan hasta que eso es lo único que queda por comprar antes de ir a Ollivander - suspiró Charlie.
Yo creo que eso es casi mejor - dijo Remus -. Así los niños no están el resto del día jugando con la varita mientras están en las tiendas.
Cierto - asintió Tonks -. Además, así cada vez estás más ilusionado con la perspectiva de tener tu propia varita. Yo cuanto más me emocionaba, menos atención ponía en lo que hacía y más cosas tiraba, pero seguía emocionándome cada vez más - dijo sonriendo.
Mientras todos hablaban, Ron y Hermione se giraron hacia Harry para confrontarle en voz baja porque se había ido poniendo cada vez más tenso.
Harry, ¿qué pasa? - preguntó Hermione preocupada -. ¿Es por el libro? ¿Ocurrió algo malo?
No sé si es malo... Bueno, supongo que bueno no es... - respondió él intentando calmarse sin éxito y alarmando todavía más a sus dos amigos -. Es raro e inesperado, eso seguro...
Harry, sabes que puedes contarnos cualquier cosa y eso no va a hacer que cambie nada - le aseguró Ron casi asustado.
Yo... Lo sé, pero es que esto... No lo sabe nadie, que yo sepa, excepto Ollivander y yo porque Hagrid estaba distraído buscando algo en sus bolsillos cuando Ollivander me lo contó.
¿Qué es, Harry? - presionó Ron nervioso -. No puede ser tan malo,.
Yo... Eh... Supongo que merecéis saberlo antes de que lo diga el libro - admitió Harry estrujando su túnica en un puño.
Harry, esto no va a cambiar nada entre nosotros tres - prometió Hermione y el pelirrojo asintió de acuerdo.
Harry respiró lentamente para calmarse y, tras un vistazo para asegurarse de que todos seguían entretenidos hablando, les respondió bajando todavía más la voz.
Mi varita es... Que conste que yo no lo elegí, pero no puedo evitarlo - dijo interrumpiéndose a sí mismo -. Mi varita es la hermana gemela de la de Voldemort. Yo no lo elegí, de verdad. Y eso no significa nada para mí y no significa que me vaya a unir a él. Y mi varita me funciona estupendamente y no quiero cambiarla... - explicó casi suplicando por que lo entendiesen.
Harry, ¿eso es todo? - le interrumpió Ron antes de que siguiese explicándose.
Sí, pero de verdad que no significa nada. Yo...
Harry, no importa. Tú lo has dicho. No significa nada - ahora fue Hermione quien le interrumpió -. Es más, creo haber leído en algún sitio que sería una ventaja para ti - murmuró casi para sí misma.
Espera. ¿No os importa? - preguntó Harry sintiendo cómo se llenaba de esperanza.
Por supuesto que no, Harry. Merlín, qué susto nos has dado. Con lo nervioso que estabas, ya estaba pensando que habías asesinado a alguien - bromeó Ron sacudiendo la cabeza -. Somos hermanos, Harry, y nada va a cambiar eso. Menos todavía algo que, según Hermione, podría ayudarte en el futuro.
Entonces probablemente debáis saber otra cosa que va a aparecer seguro en los libros y que no sabía absolutamente nadie hasta que se lo conté ayer a Dumbledore - dijo Harry dubitativo. Había decidido que debía aprovechar y contarles todo.
¿Qué pasa, Harry? - preguntó Hermione preocupándose otra vez.
Si de verdad has asesinado a alguien, que conste que no lo decía en serio - medio bromeó Ron para aliviar la tensión. Funcionó. Harry sonrió un poco antes de ponerse serio de nuevo.
No, es sobre nuestra Selección. Es solo que... - dudó sin saber cómo decirlo -. El Sombrero Seleccionador me quería poner en Slytherin y solo acabé en Gryffindor porque yo se lo pedí - dijo de golpe antes de esperar el rechazo conteniendo la respiración.
Harry - suspiró Hermione relajándose -, sigue sin importarnos. Lo que nos importa es que ahora estás en Gryffindor con nosotros y que gracias a que quedaste aquí somos amigos.
Es verdad, Harry - dijo Ron -. Me alegro de que quedases en Gryffindor, porque sino sé que no nos llevaríamos los tres así de bien. Probablemente Hermione y yo nos habríamos matado el uno al otro en la primera semana de curso y tú y yo no seríamos hermanos porque yo he crecido aprendiendo a apartarme de las serpientes. No me gustan demasiado. Lo siento por eso, Harry - se disculpó avergonzado.
No me importa. Lo entiendo, Ron - le quitó importancia rápidamente antes de seguir asombrado -. ¿No os importa de verdad?
Qué va. Solo que hemos salido ganando por mucho los leones porque sino Slytherin habría ganado la copa de la casa otros dos años seguidos y nos habría machacado en quidditch - rio Ron junto a los otros dos.
Harry se sintió mas aliviado que en mucho tiempo y más ligero de lo que recordaba. Por fin se había quitado de encima un peso que no sabía que llevaba cargando desde el primer día de curso.
Siempre vas a ser un Gryffindor, Harry - dijo Hermione sonriendo -. Y siempre vamos a estar apoyándote. No permitas que te digan lo contrario.
Los tres se callaron rápidamente al ver que empezaban a atraer miradas curiosas de nuevo.
La última tienda era estrecha y de mal aspecto. Sobre la puerta, en letras doradas, se leía:«Ollivander: fabricantes de excelentes varitas desde el 382 a.C.». En el polvoriento escaparate, sobre un cojín de desteñido color púrpura, se veía unaú****nica varita.
Siempre me he preguntado por qué está ahí esa varita - dijo el señor Weasley en voz alta -. ¿De quién fue para que esté ahí expuesta?
Yo le pregunté una vez con James - dijo Sirius -. Nos contó que había sido una de las primeras que sus antepasados habían fabricado.
¿Así que esa varita tiene más de dos mil años de antigüedad? - preguntó Tonks sorprendida -. ¿Funcionará todavía?
Supongo que sí, ¿no? Si la han cuidado bien todos estos años... - dudó Remus.
Claro que funcionaría todavía - intervino Luna Lovegood sobresaltando a muchos -. La Varita de Saúco es más antigua y funciona.
¿La Varita de Saúco? - preguntó Harry confundido.
La de la fábula de los tres hermanos - respondió ella con voz soñadora -. Te puedo hablar sobre ella luego si quieres. Mi padre lleva buscándola mucho tiempo y me ha contado todo lo que sabe.
Eh... Claro, Luna - aceptó con una sonrisa. Empezaba a caerle bien esta chica.
Cuando entraron, una campanilla resonó en el fondo de la tienda. Era un lugar pequeño y vacío, salvo por una silla larguirucha donde Hagrid se sentó a esperar. Harry se sentía algo extraño, como si hubieran entrado en una biblioteca muy estricta. Se tragó una cantidad de preguntas que se le acababan de ocurrir, y en lugar de eso, miró las miles de estrechas cajas, amontonadas cuidadosamente hasta el techo. Por alguna razón, sintióuna comezón en la nuca. El polvo y el silencio parecían hacer que le picara por alguna magia secreta.
Harry estaba experimentando exactamente eso en ese instante, según lo iba leyendo la señora Weasley. Los pelos de la nuca de punta, pero no como advertencia, sino como reconocimiento de esa magia descrita en el libro. Parecía que ese fallo en el hechizo era cierto e iba a sentir todo lo que fuese suficientemente fuerte.
¿Que sentiste qué? - se extrañó Ron.
Eh... No sé. Era raro - Harry se encogió de hombros azorado.
Solo magos muy poderosos son capaces de sentir ese tipo de cosas, señor Potter - habló Dumbledore.
¿Sentir el qué? ¿A qué se refiere, profesor? - preguntó Tonks confundida.
A la magia, señorita Tonks - explicó él -. Solo magos especialmente poderosos son capaces de percibirla en el ambiente. Por eso nadie más sabía a qué se refería el libro y, si no me equivoco, también sintió algo parecido cuando llegó a Hogwarts, ¿no, señor Potter?
Sí, profesor - confirmó Harry.
¿En serio? ¿Y cómo es? ¿Qué se siente?
Fue como dice el libro - explicó Harry empezando a sonrojarse -. Como... No sé. Como cuando tienes la sensación de que hay algo nuevo que no conoces, pero no malo, aunque tampoco bueno. Solo que está ahí y es... raro, pero agradable.
Y si no me equivoco - repitió Dumbledore -, lo estás sintiendo en este momento, ¿no, Harry?
Sí, profesor - asintió Harry perplejo. Había decidido no decir nada para no recordarles a todo el mundo ese problema con los libros porque ahora, tal y como había previsto, todos le miraban con los ojos muy abiertos preocupados -. ¿Cómo lo ha...?
¿Cómo lo he sabido? - terminó el director por él -. Decía fuertes sensaciones y, si la percibes, no se me ocurre nada más fuerte que la magia misma.
No te duele, ¿no, Harry? - se preocupó Sirius en seguida.
No, para nada. Ya os he dicho que solo la sientes. Está ahí siempre, pero ya está - se encogió de hombros incómodo.
Todos le miraban asombrados. Ese chico era uno de los magos más poderosos al parecer, y a simple vista no muchos lo dirían. Solo los más cercanos a él sonreían orgullosos porque sabían desde hacía mucho el potencial de Harry. Era un gran mago, ya se lo había dicho Hermione el curso anterior.
—Buenas tardes**—dijo una voz amable.**
Harry dio un salto. Hagrid también debió de sobresaltarse porque se oyó un crujido y se levantó rápidamente de la silla.
¡Por eso estaba rota cuando fui después con mi abuela! - exclamó Neville antes de explicarse -. Recuerdo entrar en la tienda justo cuando Ollivander estaba agitando su propia varita para repararla y preguntarme cómo podía haberse roto en una tienda de varitas.
Un anciano estaba ante ellos; sus ojos, grandes y pálidos, brillaban como lunas en la penumbra del local.
Sus ojos siempre me han puesto los pelos de punta - dijo Sirius con una mueca -. Son... antinaturales, demasiado grandes y brillantes.
¿Verdad que sí? - rio Tonks -. Da escalofríos.
Eso no puede ser bueno para el negocio - dijo Charlie -. Si no fuese el mejor con las varitas no sé si ahí entraría mucha gente.
Por suerte lo es - dijo el señor Weasley -. El mejor de Inglaterra.
—Hola —dijo Harry con torpeza.
—Ah, sí —dijo el hombre—. Sí, sí, pensaba que iba a verte pronto. Harry Potter. —No era una pregunta—. Tienes los ojos de tu madre. Parece que fue ayer el día en que ella vino aquí, a comprar su primera varita. Veintiséis centímetros de largo, elástica, de sauce. Una preciosa varita para encantamientos.
Lily era increíble en encantamientos - sonrió Remus -. Era a la que mejor se le daba, aunque pociones tampoco andaba lejos, y era la mejor de nuestro curso en la clase de Flitwick.
Entendía los hechizos a la primera y no había quién la superase en alguno de ellos. Habría sido genial si nos hubiese ayudado con las bromas - rio Sirius.
Cierto. Cada vez que conseguía hechizarnos a alguno de nosotros, nos costaba días o semanas encontrar el contrahechizo y aprender a hacerlo - dijo Remus riendo -. ¿A ti también se te da así de bien, Harry?
No, no tan bien - negó con la cabeza -. Se me da muchísimo mejor Defensa Contra las Artes Oscuras, pero no soy malo en encantamientos tampoco. Si me centro, claro.
El señor Ollivander se acercó a Harry. El muchacho deseó que el hombre parpadeara. Aquellos ojos plateados eran un poco lúgubres.
Exacto - se alegró Tonks -. Me encanta que nos entiendas, Harry.
¿Pero es que hay alguien que no lo piense? - preguntó Remus con una sonrisa -. Hay que estar loco para no sentir eso la primera vez que le ves.
—Tu padre, por otra parte, prefirió una varita de caoba. Veintiocho centímetros y medio. Flexible. Un poquito más poderosa y excelente para transformaciones.
Esa fue la asignatura estrella de James - sonrió Remus recordando a su amigo.
Sí, bueno, ya sabemos lo bien que se le daban las transformaciones a James, ¿no? - dijo Sirius con una sonrisa guiñándole un ojo a Harry y recordando que James había sido al que le había sido más fácil transformarse en animal por primera vez.
Los tres se echaron a reír bajo la mirada incrédula de todos.
No importa - dijo Harry cuando se calmó un poco y pudo dar una respuesta a las miradas interrogantes de todos -. Ya lo averiguareis más adelante, pero aún no podemos contar nada.
Bueno, he dicho que tu padre la prefirió, pero en realidad es la varita la que elige al mago.
Eso nunca lo he acabado de entender - dijo Ron frunciendo el ceño.
Yo sí lo entiendo - dijo Harry. Lo estaba comparando con lo que le había pasado con Hedwig. Él no había elegido a la lechuza, sino que ella le había encontrado a él y él había estado más que encantado con ello -. Yo creo que las varitas no son solo palos de madera con una pluma o un pelo en su interior. Tienen una conciencia o como lo quieras llamar. No quiero decir que estén vivas, pero no son palos muertos.
La expresión de los demás seguía siendo de total confusión, excepto la de Dumbledore, que tenía una pequeña sonrisa orgullosa.
Cuando encontrasteis vuestra varita, ¿no sentisteis algo que no habíais sentido con el resto? - intentó explicarse de nuevo -. ¿Cómo si algo encajase de pronto dentro de ti cuando la cogisteis por primera vez?
Muchos asintieron dubitativos, pero otros empezaban a asentir comprendiendo lo que intentaba describir.
Si la varita fuese un palo muerto, sentiríamos eso mismo con todas o con ninguna, ¿no? - siguió Harry con más confianza al ver que algunos entendían -. Sin embargo, solo es con una y de pronto serías capaz de reconocerla con los ojos cerrados en cualquier lugar y el resto dan igual. Si la varita no te eligiese, no serías capaz de hacer eso, sino que con los ojos cerrados la podrías confundir con la de cualquier otro.
Ahora todos sonreían entendiendo a la perfección lo que Harry había comprendido hacía mucho tiempo. La varita elegía al mago. Ahora la frase sí que tenía sentido.
Vaya, Harry, no sabía que fueses tan inteligente - dijo Fred fingiendo estar asombrado.
Sí, creíamos que lo tuyo era más actuar por instinto sin pensar - se mofó George.
¡Hey!, que sepa pensar en el momento no significa que no use el cerebro - protestó Harry haciendo reír a todos. Sabían que Harry era inteligente, más que de sobra y todavía más al leer sus pensamientos, pero era divertido tomarle el pelo.
El señor Ollivander estaba tan cerca que él y Harry casi estaban nariz contra nariz. Harry podía ver su reflejo en aquellos ojos velados.
—Y aquí es donde...
El señor Ollivander tocó la luminosa cicatriz de la frente de Harry, con un largo dedo blanco.
¡Hey!, ¿por qué hace eso? Que deje en paz a mi ahijado - protestó Sirius frunciendo el ceño antes de abrir mucho los ojos cuando se le ocurrió algo y se giró de golpe hacia Harry -. ¿Te duele cuando te tocan la cicatriz?
No, no me duele - negó Harry y Sirius se relajó visiblemente -. Por lo menos no aquella vez, pero esa ha sido la única vez que alguien lo ha hecho, que yo recuerde.
Pues no debería hacer una cosa así - Molly estuvo de acuerdo con Sirius -. Eso es cosa de Harry y es de muy mala educación, además de que no sabía cómo iba a afectarle eso.
—Lamento decir que yo vendí la varita que hizo eso —dijo amablemente—. Treinta y cuatro centímetros y cuarto. Una varita poderosa, muy poderosa, y en las manos equivocadas... Bueno, si hubiera sabido lo que esa varita iba a hacer en el mundo...
Negó con la cabeza y entonces, para alivio de Harry, fijó su atenció****n en Hagrid.
—¡Rubeus!¡Rubeus Hagrid! Me alegro de verlo otra vez... Roble, cuarenta centímetros y medio, flexible... ¿Era así?
—Así era, sí, señor —dijo Hagrid.
—Buena varita. Pero supongo que la partieron en dos cuando lo expulsaron —dijo el señor Ollivander, súbitamente severo.
Se toma muy en serio las varitas. Más en serio que partiesen una de las varitas que él hizo que el que expulsasen a Hagrid - sacudió la cabeza el señor Weasley.
Ya sabíamos que Ollivander era un genio - dijo George.
Pero, como todos los genios, se le va un poco la cabeza de vez en cuando - rio Fred.
¡Fred! ¡George! - les regañó su madre -, no digáis esas cosas de la gente. Es de mala educación.
Pero, mamá, es totalmente cierto - se defendió Fred con una sonrisa.
Yo creo que es justo eso, el que su cabeza funcione de un modo raro, lo que los convierte en genios - aventuró George.
Así que en el fondo decir que se les va la cabeza no es un insulto - siguió Fred.
Sino un cumplido - terminó George sonriendo.
Muchos soltaban risitas, pero su madre solo les miró entrecerrando los ojos antes de volver al libro porque, si era sincera con ella misma, se estaba cansando de este capítulo y quería acabarlo cuanto antes.
—Eh..., sí, eso hicieron, sí —respondió Hagrid, arrastrando los pies—. Sin embargo, todavía tengo los pedazos —añadió con vivacidad.
Eso no sé si le va a gustar - dudó Bill.
No. No le va a hacer ni una pizca de gracia - negó Remus sonriendo -. Te has metido tú solo en el problema, Hagrid, porque ahora se va a preocupar por si los estás usando, cosa que ahora sabemos todos que sí que haces.
Bueno, Hagrid está a salvo siempre que Ollivander siga sin saberlo - sonrió Charlie.
Esperemos que nunca se entere - dijo Tonks imaginándose lo que podría pasar en caso contrario. Si Ollivander creaba las varitas, seguro que sabía manejar una perfectamente.
—Pero no los utiliza, ¿verdad?—preguntó****en tono severo.
¿Ves? - rio Remus -. Ahora va a estar pensándolo durante mucho rato hasta que se le presente un nuevo problema o desafío.
Entonces no pensó en ello mucho rato - sonrió Harry.
¿Qué quieres decir, Harry? - preguntó Sirius curioso.
Vamos, Sirius, no pensarías que buscar la varita de Harry iba a ser sencillo, ¿no? - se mofó Fred.
Si hasta es complicado que reciba una carta, no quiero imaginarme cuánto habrá tardado en encontrar su varita - rio George.
Cierto - asintió Harry con una risita -. Ahora veréis cómo fue.
—Oh, no, señor —dijo Hagrid rápidamente. Harry se dio cuenta de que sujetaba con fuerza su paraguas rosado.
Menos mal que eres tú, Harry, el que se fija en todos esos pequeños detalles y no Ollivander - dijo Remus -, o sino Hagrid se habría quedado sin su paraguas en ese mismo instante.
Todos rieron al imaginarse al delgado y larguirucho señor Ollivander intentar quitarle el paraguas rosa al enorme y aparentemente amenazador Hagrid. La imagen era de risa totalmente, sobre todo sabiendo sabiendo que ganaría el delgado y larguirucho.
—Mmm —dijo el señor Ollivander, lanzando una mirada inquisidora a Hagrid—. Bueno, ahora, Harry... Déjame ver.—Sacó de su bolsillo una cinta métrica, con marcas plateadas—. ¿Con qué brazo coges la varita?
—Eh... bien, soy diestro**—respondió Harry.**
—Extiende tu brazo. Eso es. —Midió a Harry del hombro al dedo, luego de la muñeca al codo, del hombro al suelo, de la rodilla a la axila y alrededor de su cabeza.
Nunca he entendido para qué mide todo eso - se preguntó Sirius en voz alta -. Me refiero, no sé qué tiene que ver con la varita que luego te llevas porque sino la conseguirías al primer intento y no probando las que va sacando Ollivander por instinto.
Además, no mira los resultados y a veces te empieza a entregar varitas antes siquiera de que la cinta terminé de medir - añadió Tonks de acuerdo con su tío.
Todos negaron con la cabeza igual de confundidos. A nadie se le había ocurrido preguntarle al señor Ollivander, y algunos ni siquiera habían pensado en eso nunca.
¿Será todo una fachada? - aventuró Harry encogiéndose de hombros -. A lo mejor solo lo hace para que los clientes tengan la sensación de que no saca las varitas por instinto. O a lo mejor es algo de los fabricantes de varitas, algo que solo entienden ellos. Hay muchas cosas que solo ellos comprenden, me parece a mí.
Ni idea de cuál de las dos teorías es - se encogió de hombros Hermione -, o si es alguna de esas, ya que estamos con ello, pero ambas me parecen posibles.
Sí, bueno, muy interesante, ¿pero podemos dejar de hablar sobre varitas y seguir con la historia? - se impacientó Ron -. Solo nos queda terminar este capítulo antes del descanso.
Algunos rieron suavemente ante la ironía de que el pelirrojo quisiese leer, seguía siendo demasiado raro, pero accedieron a callarse y escuchar.
Mientras medía, dijo—: Cada varita Ollivander tiene un núcleo central de una poderosa sustancia mágica, Harry. Utilizamos pelos de unicornio, plumas de cola de fénix y nervios de corazón de dragón. No hay dos varitas Ollivander iguales, como no hay dos unicornios, dragones o aves fénix iguales. Y, por supuesto, nunca obtendrás tan buenos resultados con la varita de otro mago.
¿Cómo? - se sorprendió Ron -. ¿Necesitas una tuya propia?
Eh... Claro, Ron - asintió Remus confundido -. ¿No lo has oído antes? La varita elige al mago y funcionará bien para ese mago, no para cualquiera que la coja y la use.
Pero entonces la que tengo yo... - dijo Neville sacando su propia varita del bolsillo y mirándola con los ojos como platos.
¿Qué le pasa, Neville? - preguntó Tonks tan confundida como el hombre lobo.
Es la de mi padre - explicó él.
Y la mía es la que tenía Charlie - dijo Ron mirando la suya con la misma cara que Neville.
¿Y siempre habéis usado esas? - se alarmó un poco Sirius -. ¿Por qué?
Eh... Sí - respondió Ron sonrojándose un poco y eso fue respuesta suficiente para Sirius, que averiguó que era por problemas de dinero.
Arthur, Molly, sé que no os gusta aceptar dinero de otros - les dijo Sirius en voz baja -, pero esto es distinto. Ron necesita una varita propia y yo quiero dársela por estar ahí siempre para mi ahijado. Consideradlo un regalo o lo que queráis, pero Ron necesita una varita que le haya elegido, no una heredada de su hermano.
Sirius, no... - empezó a rechazar el dinero Molly.
No, Molly - negó Sirius -. Es peligroso para Ron. Podría reaccionar mal la varita en cualquier momento, por no hablar de que está rota. De momento no ha pasado nada por suerte, probablemente porque Charlie y Ron son hermanos, pero un hechizo podría ir mal de pronto. Sobre todo cuando empiecen con encantamientos más complicados.
Ahora los hermanos mayores de Ron y sus padres miraban al pequeño pelirrojo sonrojado con los ojos como platos. No habían pensado en eso, en que Ron podría haber salido herido porque se habían negado a aceptar la ayuda de alguien y se habían empeñado en que el niño se podría apañar con esa.
Sobre todo Bill y Charlie, que sabían los problemas de dinero que tenía su familia, estaban avergonzados y horrorizados. Los dos, cuando habían conseguido un trabajo, podían haberles mandado algo de dinero a sus padres para ayudarles con las cosas que necesitaban sus hermanos. Charlie, por ejemplo, cuya varita estaba desgastada y había decidido comprarse una nueva y dejarle la vieja a su hermano, podría haberle comprado él mismo la varita a Ron. Bill podría haber hecho lo mismo, porque ambos cobraban lo suficiente con los trabajos que habían encontrado al salir de Hogwarts.
Solo ahora se daban cuenta de lo que podría haberle pasado a su hermano pequeño. Y Arthur y Molly también estaban horrorizados al pensar en que le hubiese podido pasar algo a su hijo. Ya era hora de tragarse su orgullo por la seguridad de sus hijos.
Yo... Está bien - aceptó Molly agachando la cabeza.
Gracias, Sirius - le agradeció con una sonrisa Arthur.
No es ningún problema - le quitó importancia rápidamente antes de girarse hacia el otro Gryffindor -. ¿Y a ti por qué, Neville?
Era de mi padre - repitió el chico sonrojándose -. Mi abuela dice que debería ser como él y debería estar orgulloso de usar la varita que él usó en el colegio, que él lo hizo estupendamente con ella.
Claro que lo hizo estupendamente. La varita le eligió a él, no a ti
-
puso los ojos en blanco Sirius -. Tú necesitas tener la tuya propia para hacerlo lo mejor que puedas o te va a ser mucho más difícil que a los demás. Yo no he hablado nunca con Augusta, pero... - dijo levantando la mirada hacia su antigua profesora.
Ya hablaré yo con ella, señor Longbottom - dijo la profesora McGonagall asintiendo decidida -. Cuando empiece el siguiente curso, lo hará con una varita propia. No se preocupe.
Gracias, profesora - dijo con una sonrisa brillante -. Gracias, señor Black.
Nada de señor Black - dijo rápidamente -. Solo Sirius.
Neville - le dijo Harry en voz baja inclinándose por encima de Hermione. Sabía que había otra cosa que estaba molestando a su amigo, pero que el resto parecía haber ignorado -, luego tengo que hablar contigo de algo - le envió una sonrisa para que supiese que no era nada malo o preocupante.
Eh... Claro, Harry. Cuando quieras - aceptó confundido pero devolviendo la sonrisa.
De pronto, Harry se dio cuenta de que la cinta métrica, que en aquel momento le medía entre las fosas nasales, lo hacía sola. El señor Ollivander estaba revoloteando entre los estantes, sacando cajas.
—Esto ya está —dijo, y la cinta métrica se enrolló en el suelo—. Bien, Harry. Prueba ésta. Madera de haya y nervios de corazón de dragón. Veintitrés centímetros. Bonita y flexible. Cógela y agítala.
La gente se estaba inclinando hacia delante expectantes en sus asientos, deseando saber cuántas varitas había tenido que probar Harry antes de encontrar la que estaba usando en ese momento.
Solo había tres personas que no parecían ansiosas y a las que les traía sin cuidado cuántos intentos necesitase. Uno de ellos estaba tenso y con un manojo de nervios donde debería estar su estómago porque, que sus dos mejores amigos lo hubiesen aceptado y no le diesen importancia, no quería decir que el resto tampoco se la fuese a dar.
Esos dos amigos eran las otras dos personas, que estaban completamente a la defensiva por si la reacción era mala y muertos de preocupación por cómo afectaría a su amigo si así era. Estaban dispuestos a maldecir al primero que le hiciese sentir mal por algo que no podía controlar, ya que en esto Harry tenía tanto, o menos control todavía que con lo de la lengua pársel.
Harry cogi****ó la varita y (sintiéndose tonto)
Todos nos sentimos tontos agitando una tras otra varita - rio Tonks.
Hasta que, como ha dicho Harry, encuentras la tuya - sonrió Sirius -. Entonces ya no te sientes tonto, sino como si estuvieses haciendo algo completamente normal.
Pues me parece a mí que la teoría de Harry está bien encaminada entonces - sonrió Remus -. A lo mejor podemos investigarlo en el futuro o preguntarle a Ollivander.
la agitó a su alrededor, pero el señor Ollivander se la quitó****casi de inmediato.
—Arce y pluma de fénix. Diecisiete centímetros y cuarto. Muy elástica. Prueba...
Harry probó, pero tan pronto como levantó el brazo el señor Ollivander se la quitó.
A mí me gustaría que te explicase qué diablos busca cuando estás probando las varitas - se quejó Sirius -. Sé que cuando la encuentras lo sabes de inmediato, pero es que hasta ese momento te sientes extraño y ridículo.
Si Ollivander tuviese que explicarle y describirle a todo el mundo la conexión entre un mago y su varita, se pasaría más tiempo explicando que vendiendo - dijo Remus con una sonrisa ante la impaciencia de su amigo.
—No, no...Ésta.Ébano y pelo de unicornio, veintiún centímetros y medio. Elástica. Vamos, vamos, inténtalo.
Harry se iba poniendo más y más nervioso con cada varita que se mencionaba. Y cuanto más se tensaba Harry, más preocupados y a la defensiva se ponían Ron y Hermione.
Harry, no te van a decir nada - le dijo Hermione en un murmullo dándole un apretón reconfortante.
Y el que te diga algo es un idiota y ya nos encargaremos de él Hermione y yo, probablemente con ayuda de Sirius, Remus, Fred y George - gruñó Ron entrecerrando los ojos como planeando ya una venganza contra el que dijese algo.
La gente a la que le importas, y que a ti te importa, no va a pensar dos veces en ello - le siguió diciendo Hermione con una pequeña sonrisa por lo dicho por Ron. No podía estar más de acuerdo con él.
Harry respiró hondo algo más tranquilo y cerró un segundo los ojos para ordenar sus pensamientos y convencerse a sí mismo de que sus amigos tenían razón. Solo le importaba la opinión de los que eran más cercanos a él. El resto podía pensar lo que quisiese siempre que no le molestasen con ello.
Harry lo intentó**. No ten****ía ni idea de lo que estaba buscando el señor Ollivander. Las varitas ya probadas, que estaban sobre la silla, aumentaban por momentos, pero cuantas más varitas sacaba el señor Ollivander, más contento parecía estar.**
¿Cuántas probaste, Harry? - preguntó Tonks sonriendo.
No lo sé - se encogió de hombros disimulando sus nervios lo mejor que podía, que por suerte para él era estupendamente -. Perdí la cuenta en torno a veinte.
Todos rieron. La mayoría había encontrado la suya al quinto o sexto intento, y casi nadie conocía a alguien que hubiese probado más de una decena de varitas distintas. Parecía que Harry rompía todas las expectativas de todo el mundo.
—Qué cliente tan difícil, ¿no? No te preocupes, encontraremos a tu pareja perfecta por aquí, en algún lado. Me pregunto... sí, por qué no, una combinación poco usual,
Sí, bueno, ya sabemos que Harry es un mago muy poco usual - sonrió Sirius -. Casi me sentiría decepcionado si tu varita no fuese especial o rara en algún sentido.
Inconscientemente, Sirius acababa de tranquilizar inmensamente a su ahijado, pero Ron y Hermione lo notaron perfectamente y tuvieron que reprimir el impulso de darle las gracias. Le acababa de decir que no le parecería mal que su varita no fuese una varita normal y la de Harry definitivamente no era normal, sino muy rara. Ahora, si tan solo supiese cómo de rara...
acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros, bonita y flexible.
Es esta - murmuró Harry mordiéndose el labio inferior y respirando hondo. Ahora lo sabrían todos. Ron y Hermione le dieron un apretón en las manos para apoyarle y se prepararon por si de verdad tenían que defenderle.
Harry tocóla varita. Sinti****ó un súbito calor en los dedos.
¡Sí! ¡Es esta! - celebró Sirius como un niño haciendo reír a muchos, incluido a su ahijado a pesar de todo.
Sabías que la tiene aquí ahora mismo, ¿no, Canuto? - dijo Remus alzando una ceja y sonriendo burlonamente.
Por supuesto que sí, Lunático - respondió muy digno -, pero voy a celebrar de todas formas que mi ahijado haya encontrado su varita.
Remus sacudió la cabeza divertido. Por suerte, ni siquiera Azkaban había conseguido acabar con la actitud infantil que tenía de vez en cuando su amigo.
Levantóla varita****sobre su cabeza, la hizo bajar por el aire polvoriento, y una corriente de chispas rojas y doradas estallaron en la punta como fuegos artificiales, arrojando manchas de luz que bailaban en las paredes. Hagrid lo vitoreó y aplaudió y el señor Ollivander dijo:
—¡Oh, bravo! Oh, sí, oh, muy bien. Bien, bien, bien... Quécurioso... Realmente qué curioso...
Oh - se sorprendió Sirius y Harry sintió que un peso le caía en el estómago al pensar que le iba a rechazar antes de que su padrino se echase a reír -. ¡Genial! Así que tu varita de verdad tiene algo raro. ¿Y qué es?
Ahora lo vez, Sirius. No creerías que a Harry le dicen eso y se queda con la duda, ¿verdad? - dijo Ron salvando a su amigo de tener que responder.
Pues venga - metió prisa Sirius -. ¿Puedes seguir, Molly?
Puso la varita de Harry en su caja y la envolvió en papel de embalar, todaví****a murmurando:
«Curioso... muy curioso»****.
—Perd****ón —dijo Harry—. Pero ¿qué es tan curioso?
Todos se inclinaron todavía más hacia delante en sus asientos deseando saberlo. ¿Qué era tan curioso?
Harry solo cogió con más fuerza su varita porque, no le importaba lo que le dijesen, él estaba muy a gusto con ella y no pensaba cambiarla si podía evitarlo.
El señor Ollivander fijó en Harry su mirada pá****lida.
—Recuerdo cada varita que he vendido, Harry Potter. Cada una de las varitas. Y resulta que la cola de fénix de donde salióla pluma que está en tu varita dio otra pluma, sólo una más. Y realmente es muy curioso que estuvieras destinado a esa varita, cuando fue su hermana la que te hizo esa cicatriz.
Todos se quedaron en silencio estupefactos, mirando con los ojos como platos al niño que había bajado la cabeza sonrojado. Eso fue solo un segundo, antes de que Ron y Hermione, que seguían agarrando con fuerza las manos de Harry, les dirigiesen una mirada amenazadora a todos los cercanos a ellos para que superasen la sorpresa.
Los Weasley, los merodeadores y Tonks sacudieron la cabeza y sonrieron antes de mirar mal a los demás que seguían mirando descaradamente a Harry.
¿Te importa seguir leyendo, Molly? - la voz de Sirius resonó en el silencio del Gran Comedor y pareció poner en movimiento a todos.
¿Cómo que seguir leyendo? - exclamó Fudge -. ¡La varita de ese niño tiene una conexión con la de Quien-vosotros-sabéis!
¿Y qué? - cortó Sirius entrecerrando los ojos al ver como Harry hacía una mueca al oír eso -. Eso no significa que se vaya a convertir en el siguiente mago tenebroso, si es lo que estás sugiriendo.
Ahora todos los cercanos a Harry estaban fulminando al ministro con la mirada.
Pero... Pero él... Y la varita...
La varita no tiene nada que ver con cómo sea Harry - ahora fue Bill quien le habló ignorando olímpicamente que era al ministro de magia a quien acababa de interrumpir -. Esa conexión puede salvarle la vida en el futuro porque usando varitas hermanas, los que las están usando no pueden hacerse verdadero daño entre ellos. Los hechizos de ambas varitas no reaccionan bien.
Ahora más gente iba saliendo de su estupor y se daban cuenta de que tanto las palabras de Sirius como las de Bill eran completamente ciertas. Harry seguía siendo el mismo Harry de quien ya habían dudado una vez y les había salvado a todos de todas formas el día anterior.
Pero... - insistió Fudge antes de intentar otra cosa -. Pues como mínimo la varita va a ser destruida.
Harry levantó la cabeza de golpe agarrando con fuerza su varita. Se lo había estado temiendo, pero no pensaba dejar que rompiesen su varita sin luchar. Por suerte parecía que hasta los aurores pensaban que Fudge estaba completamente loco por sugerir una cosa así. Ya no era solo idiota por insinuar que Harry se podría volver un mago tenebroso, ahora también era idiota por querer quitarle una protección contra uno que quería matar al niño.
¿Está usted sordo? - saltó sorprendentemente Percy antes de que nadie pudiese hablar. No daba crédito a sus ojos al ver lo incompetente e inútil que era el ministro de magia. Cada vez veía con más claridad que el que alguien esté en el poder no significa que lo sepa todo o que sea magnífico y perfecto -. ¿O está loco? ¿No ha oído lo que ha dicho mi hermano? Esa varita le puede proporcionar una protección única a Harry contra Quien-vosotros-sabéis y ya nos han dicho que tendrá que enfrentarse de nuevo a él. Habría que estar loco para pensar en quitársela.
¡Pero es la hermana de la de Voldemort! - protestó Fudge otra vez.
Ese es el punto - gruñó Ron por lo bajo -. Si no fuese por eso, no le protegería.
Cornelius, me parece que esa no es razón para quitarle al señor Potter su varita - intervino Dumbledore muy serio -. Eso es justamente lo que le ofrece un protección.
Pero, Dumbledore...
Estoy seguro de que en alguno de los libros de verá el tipo de protección que le proporciona - siguió el director como si no hubiese dicho nada.
Ya lo decidiremos al final de los libros - dijo Fudge al cabo de unos segundos de silencio en los que se dio cuenta de que nadie le apoyaba. Él seguía convencido de que había que destruir la varita del chico Potter e iba a hacer todo lo posible por lograr su objetivo.
¿No os importa? - preguntó Harry en voz baja cuando todos se relajaron poco a poco. Sus ojos estaban brillando de esperanza y estaba empezando a sonreír sin poder evitarlo. No es como si quisiese.
¿Importarnos? - resopló Sirius -. Más bien estoy encantado con que sea así.
Te protegerá un poco en un duelo contra Voldemort - dijo Remus -, y cualquier cosa que haga eso es bienvenida.
A ti no te afecta en absoluto y el resto se ha dado cuenta de eso - dijo Charlie -. Excepto el idiota de Fudge, pero no es nada nuevo que sea así.
Por cierto, Perce - sonrió Fred -. Impresionante el discurso de antes.
Verdaderamente impresionante - concordó George -. No sabíamos que eras capaz de gritarle así al ministro de magia.
Percy se sonrojó, pero todos los demás rieron y asintieron de acuerdo. La verdad es que estos libros estaban cambiándole. Después de unos minutos todos se calmaron y siguieron escuchando a la señora Weasley, Harry sintiéndose mucho más ligero.
Harry trag****ó, sin poder hablar.
—Sí, veintiocho centímetros. Ajá. Realmente curioso cómo suceden estas cosas. La varita escoge al mago, recuérdalo... Creo que debemos esperar grandes cosas de ti, Harry Potter... Después de todo, El-que-no-debe-ser-nombrado hizo grandes cosas... Terribles, sí, pero****grandiosas.
No sé cómo sentirme ante eso - dijo Arthur frunciendo el ceño.
Ya sabíamos que Ollivander era extraño - se encogió de hombros Remus -. Y solo está admirando la magia que hizo Voldemort - todos pegaron un respingo excepto Harry, Sirius y Tonks -, y eso hay que admitir que era impresionante - admitió a regañadientes ignorando los respingos.
Bueno, tiene razón en una cosa - dijo Sirius sonriendo -. Harry va a ser un gran mago y va a marcar la historia, más que hasta ahora, me refiero. Va a hacer grandes cosas, y no es por la varita esa.
Harry se sonrojó hasta la raíz del cabello al oír esto y la señora Weasley, compadeciéndose de su vergüenza, siguió leyendo para quitarle la atención de encima.
Harry se estremeció. No estaba seguro de que el señor Ollivander le gustara mucho.
Yo tampoco, Harry - sonrió Tonks -. Es normal. Nadie lo está cuando termina la primera visita, pero debo reconocer que la tuya ha sido especialmente rara.
Ni siquiera puedes hacer una visita normal a una tienda - se mofó Ron recordando el incidente de Flourish y Blotts.
Ninguna de las dos veces fue culpa mía - se defendió Harry levantando las manos -. En realidad las dos fueron culpa de mi cicatriz, no mía.
Sí, ya, lo que tú digas - dijo Ron en un tono que dejaba claro que seguía pensando que era culpa de Harry.
Pagó siete galeones de oro por su varita y el señor Ollivander los acompañó hasta la puerta de su tienda.
Al atardecer, con el sol muy bajo en el cielo, Harry y Hagrid emprendieron su camino otra vez por el callejón Diagon, a través de la pared, y de nuevo por el Caldero Chorreante, ya vacío. Harry no habló mientras salían a la calle y ni siquiera notó la cantidad de gente que se quedaba con la boca abierta al verlos en el metro, cargados con una serie de paquetes de formas raras y con la lechuza dormida en el regazo de Harry. Subieron por la escalera mecánica y entraron en la estación de Paddington. Harry acababa de darse cuenta de dónde estaban cuando Hagrid le golpeó el hombro.
—Tenemos tiempo para que comas algo antes de que salga el tren —dijo.
Eso es importante - se interrumpió a sí misma la señora Weasley -. No habíais comido nada desde el desayuno. ¿Harry, tienes hambre, cariño?
No, señora Weasley, para nada - respondió él escondiendo una sonrisa. Esa pregunta era tan típica de la señora Weasley.
¿Seguro, cariño? Sigo pensando que estás muy delgado - dijo pensativa.
Usted por eso no se preocupe - dijo Harry rápidamente lanzándole una mirada a la medi-maga del colegio para ver si lo había oído.
No me he olvidado, señor Potter. Hoy después de la cena - dijo la enfermera Pomfrey escondiendo una sonrisa al ver el gruñido del chico.
Le compró una hamburguesa a Harry y se sentaron a comer en unas sillas de plástico. Harry mir****ó a su alrededor. De alguna manera, todo le parecía muy extraño.
—¿Estás bien, Harry? Te veo muy silencioso —dijo Hagrid. Harry no estaba seguro de poder explicarlo. Había tenido el mejor cumpleaños de su vida y, sin embargo, masticó su hamburguesa, intentando encontrar las palabras.
—Todos creen que soy especial —dijo finalmente—. Toda esa gente del Caldero Chorreante, el profesor Quirrell, el señor Ollivander... Pero yo no sé nada sobre magia. ¿Cómo pueden esperar grandes cosas? Soy famoso y ni siquiera puedo recordar por quésoy famoso. No sé quésucedió cuando Vol... Perdón, quiero decir, la noche en que mis padres murieron.
Harry, no tienes que demostrarle nada a nadie - dijo Sirius -. Tus padres estarían muy orgullosos hagas lo que hagas, aunque estoy seguro de que a tu madre no le haría gracia que suspendieses alguna asignatura - bromeó consiguiendo sacarle una sonrisa al chico.
Ahora en serio, Harry - habló Remus -. Tus padres estarían orgullosos. Ya lo estaban antes de que cumplieses los dos años. Recuerdo la cara de James cuando dijiste tu primera palabra o cuando empezaste a andar.
No hablaba de otra cosa - sonrió Sirius recordándolo -. Todo era "Harry ha hecho esto", "hoy Harry ha dicho", "Harry esto", "Harry lo otro", todo le encantaba.
Y Lily era igual - rio Remus -. En sus cartas todo era sobre ti y luego había un párrafo sobre otra cosa. Los tenías a los dos idiotizados y ellos le iban contando a todo el que escuchase lo que hacías, mientras rebosaban orgullo por todos lados.
Todos rieron un poco al oír esto y Harry tenía una enorme sonrisa plantada en el rostro.
Lo que queremos decir, Harry, es que a tus padres no les habría importado si eres famoso o no - se serenó Sirius -. Sino que hicieses las cosas lo mejor que pudieses y que hicieses lo que sientas que es lo correcto. Tienes buenos instintos, Harry. Hazles caso.
Lo que el resto opine no importa - dijo Remus con una pequeña sonrisa -. Nosotros también estamos muy orgullosos de quien eres. Ayer diste la cara por un inocente por seguir tus instintos y defendiste lo que creías usando la cabeza. No podríamos pedirte otra cosa.
Harry respiró hondo para calmar el torbellino de emociones que tenía por dentro y asintió con una enorme sonrisa.
Hagrid se inclinó sobre la mesa. Detrás de la barba enmarañada y las espesas cejas había una sonrisa muy bondadosa.
—No te preocupes, Harry. Aprenderás muy rá****pido.
Y tanto - bufó Ron -. Puede que Hermione sea la primera normalmente en dominar los hechizos, pero tú tampoco tardas mucho.
Y no importa que te hayas criado con muggles - dijo Tonks -. O sino mira a la nacida de muggles que tienes a tu lado.
Harry miró a Hermione y le sonrió.
Todos son principiantes cuando empiezan en Hogwarts. Vas a estar muy bien. Sencillamente sé tú mismo. Sé que es difícil. Has estado lejos y eso siempre es duro. Pero vas a pasarlo muy bien en Hogwarts, yo lo pasé y, en realidad, todavía lo paso.
Todo el mundo adora Hogwarts - suspiró Bill.
Yo no me lo podía creer en el tren de vuelta en mi último curso - dijo Charlie - y darme cuenta de que era la última vez que me subía a él.
Todos lo echan de menos y adoran tener una ocasión para volver - sonrió Tonks -. Yo me alegro de haber tenido esta.
Hagrid ayudó a Harry a subir al tren que lo llevaría hasta la casa de los Dursley y luego le entregó un sobre.
—Tu billete para Hogwarts —dijo—. El uno de septiembre, en King's Cross. Está todo en el billete. Cualquier problema con los Dursley y me envías una carta con tu lechuza, ella sabráencontrarme... Te veré pronto, Harry.
El tren arrancó de la estación. Harry deseaba ver a Hagrid hasta que se perdiera de vista. Se levantó del asiento y apretó la nariz contra la ventanilla, pero parpadeó y Hagrid ya no estaba.
Ya está - suspiró la señora Weasley cerrando el libro -. Este capítulo ha sido más largo que los anteriores.
Sí, pero ahora por lo menos tenemos un descanso - dijo Arthur justo cuando el director empezaba a hablar.
Como dijimos, ahora vamos a tener un descanso de una hora - dijo Dumbledore -. Podéis aprovechar para disfrutar del buen tiempo en los jardines.
Fue todo lo que necesitaron para ponerse en movimiento.