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Historia 183341 — capítulo 8

Los músculos de Hermione se tensaron de inmediato. No lo había visto en, prácticamente, un mes. ¿Qué debería hacer? Era cierto que lo echaba de menos pero se sentía decepcionada debido a su último encuentro. Sacudió la cabeza y se puso a estudiar.

Al cabo de unas horas, estaba tan concentrada que se había olvidado de la presencia de Malfoy. Cuando levantó la cabeza para empezar a recoger, él ya no estaba, pero sí estaba el libro que había estado leyendo. Le picó la curiosidad y se acercó, mirando a todos lados por si acaso regresaba, para ver qué libro era. ¿Perspectiva moral mágica? ¿A qué se debía ese libro? Pero no pudo seguir cuestionándose por si Draco volvía.

Los días pasaban y Hermione no volvió a ver a Draco. ¿Dónde podría meterse? La mañana de Navidad llegó y con ella los regalos. A los pies de la cama de Hermione había un pequeño montón. Comenzó a abrirlos: un álbum de fotos y un par de libros muggle de parte de sus padres; un libro "Traductor de Runas Avanzado" de parte de Harry; otro libro titulado 'Silabario del Hechicero' de parte de Ron; dulces de parte de la familia Weasley; y, cuando pensaba que había terminado de desenvolver los regalos, vio un paquete pequeño debajo de los trozos de papel de regalo rotos.

El envoltorio del paquetito era negro, y, al abrirlo, descubrió una cajita también negra. En su interior había un anillo de plata envuelto en un pañuelo de seda verde. No tenía nombre y en ese momento no se le ocurría de quién podría ser.

Esa tarde se dedicó a leer los libros que le habían regalado sentada delante del fuego en la sala común de Gryffindor. No le apetecía volver a la biblioteca y encontrarse con Draco otra vez. La hora de la cena llegó y se arregló un poco más para celebrar la Navidad con los profesores y los alumnos que se habían quedado en el colegio.

Se disponía a bajar al Gran Comedor con sus compañeros de Gryffindor cuando se acordó del anillo de plata. Sin saber por qué, dio media vuelta y fue a su dormitorio a cogerlo. Miró la hora y se dio cuenta de que llegaba con el tiempo justo. Comenzó a correr por los pasillos cuando empezó a notar que, a medida que se acercaba al Gran Comedor, el anillo iba calentándose. "Qué extraño…"

Se adecentó la falda antes de entrar, tomó aire y abrió la puerta. En el Gran Comedor no había tantas personas como era costumbre. Pequeños grupos de todas las edades se congregaban en el extremo de las mesas de cada casa más cercano a la de los profesores. Menos una persona. Draco Malfoy estaba sentado solo a la mitad de la mesa de Slytherin. En el momento en el que lo miró, el anillo le quemó y le apretó el dedo. El corazón de Hermione se paró durante unos segundos. En ese momento se dio cuenta de que estaba de pie y los de su casa la estaban mirando. Sacudió la cabeza y fue con ellos sonriendo, decidida a no prestarle atención a Draco.

El banquete fue como todos los años. Llegada la hora los alumnos se fueron a sus dormitorios a seguir hablando y festejando la Navidad. Hermione fue la última en salir ya que estaba hablando con Hagrid. Durante la cena se había acostumbrado al calor y la presión del anillo, por eso cuando salió del comedor fue cuando se dio cuenta de que hacía rato que ya no le quemaba.

Fue subiendo escaleras y recorriendo pasillos para llegar hasta su sala común. Pero el anillo comenzó a calentarse otra vez. No sabía por qué ni con qué relacionar el anillo, por lo que decidió irse directamente a la tranquilidad de su dormitorio individual y revisar la caja que contenía el anillo, el cual estaba incrementando su calor y presión mientras subía las escaleras hasta su cuarto.

Cuando agarró el pomo el anillo tembló incluso. Hermione sacó su varita y abrió lentamente la puerta. Encendió la luz y se encontró a Draco sentado en su cama.