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Historia 183757 — capítulo 11

"Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del Fuego fueron destruidas por el fuego."

Jorge Luis Borges, "Las ruinas circulares".

     Allí estaban los tres, perforándoles la cabeza con sus ojos; "curiosamente,- pensó Molly-todos son claros". Molly también pensó que era lógica su expectativa: un incómodo silencio atacaba -porque no era otra cosa que eso, un atacante desconocido hasta ese entonces para los primos Weasley-Potter, cuyas reuniones habían sido discretas, ruidosas, inconstantes e interrumpidas, pero jamás invadidas por tan violento visitante- el aula del tercer piso y los "anfitriones" o por lo menos, quienes los habían convocado, aún no se decidían a dar por comenzada la charla. Ninguno de los Gryffindors parecía lo suficientemente valiente para expulsar esa sensación incómoda, ni las dos Slytherins intentaban ser las primeras en exhibirse; Vic, la única Ravenclaw, aparentemente no podía encontrar ningún tema interesante de conversación e incluso ella misma, Molly con toda la amabilidad y simpatía que había llevado al Sombrero Seleccionador a ponerla en Hufflepuff sabía qué hacer para que la atmósfera asfixiante desapareciera.

   La verdad es que nunca lo habían hecho -conocer (estudiar) a quien sea que intentara entablar una relación con alguno de ellos- de aquella manera. Normalmente era sólo presentar a sus amigos a uno o dos primos a la vez, después reunir impresiones y quedaba a decisión de cada quién que hacer en base a eso, aunque en general se hacía lo que la mayoría pensaba, y solían estar de acuerdo.

   Porque era rara la vez, por lo menos en los primeros años, en que algún niño se acercaba a ellos absolutamente desinteresado, queriendo conocerlos sólo por sus méritos personales, en vez de los de sus padres. Sucedía además que desgraciadamente eran tantas las veces que lo contrario ocurría, que con el tiempo se habían vuelto expertos en reconocer a los que sí.

   Claro que habían perdido y aprendido muchas cosas en el camino, sobre todo Vic, la primera Weasley en entrar a Hogwarts. Molly sabía, aunque nunca se hubiera animado a recordárselo, que a su prima todavía le dolía pensar en Nadine, y creía que era la única que había presenciado como los ojos de su prima se volvían de un castaño dorado, semejantes a dos galeones sin bruñir -por no mencionar las manos repentinamente huesudas cual garras crispadas a punto de destrozar algo o la pelusa plateada que cubrió el rostro de Victoire cuando finalmente reconoció la verdad y enfrentó a la que había sido su mejor amiga por cuatro años- las contadas veces que se cruzaba con la morena.

   Dejando el pasado de lado, ésta vez era distinto porque el idiota de James había sugeridoinvitar a los amigos de Albus para "comprobar si representaban algún daño", porque se suponía que se trataba sólo de comprobar si alguien los buscaba por la fama de sus apellidos, pero, para ponerlo en boca de James: "Es el condenado hijo de Draco Malfoy. Díganme que no podría ser uno de esos retorcidos intentos de venganza". Para ponerlo en boca de Molly: "Sí, ¡pongamos al niño innecesariamente incómodo y nervioso sólo porque al tío Ron no le gusta su padre! James eres definitivamenteidiota". Pero, y ella no entendía cómo ni porqué, habían acabado haciéndole caso, y allí estaban los tres, perforándoles la cabeza con los ojos, ("curiosamente- pensaba Molly-todos son claros"), mostrando más determinación de la que probablemente tenían y más coraje que los seis frente a ellos.

   Quizás habrían pasado dos minutos, quizás diez, pero hubiera sido lo mismo esperar para siempre. Eso no estaba llevando a ningún lado y dado que nadie hablaba, a James le pareció un momento tan bueno como cualquier otro para decir lo que se escondía en su garganta desde que vio a su hermano sentarse en la mesa del Gran comedor junto al resto de las corbatas verde y plata con el hijo de Draco Malfoy. Honesta y contrariamente a lo que muchos creían, el hecho de que Albus fuera un Slytherin no podía importarle menos a él; Dom pertenecía a esa casa y era bastante genial -"De acuerdo, muy genial"- y Lucy tampoco estaba tan mal.

   Pero además conocía a su hermano: es cierto, James podía creer que Al tenía más madera de Hufflepuff por su sensibilidad, su resistencia a participar en peleas (aunque viviendo con James no lo pareciera) y su evidente preocupación su familia y amigos, y querer que terminara en Gryffindor para poder seguir tomándole el pelo y cuidándolo, pero a veces se le ocurría que quizás sus bromas habían tenido algún fundamento del que no se había percatado, porque Al era ,muchas veces, infantil comparado con Rose, consigo mismo o con Fred e inseguro respecto a un montón de situaciones, pero -y esto era algo que James sólo admitía algunas tardes en la cálida comodidad de su cuarto, cuando se encontraba completamente en soledad y únicamente para sí mismo- también su orgullo, el mismo que el mayor sabía picar como nadie, le impedía exteriorizar dichas inseguridades con nadie fuera de sus familiares más cercanos o gente de su extrema confianza y ni siquiera las mulas poseían su misma terquedad e insistencia cuando de conseguir algo se trataba.

   No, James no pensaba que su hermano fuera a cambiar, o peor, ser víctima de sus compañeros por estar en esa casa.

   James pensaba que Scorpius Malfoy era peligroso para Albus y eso debía ser solucionado.

-Malfoy, aléjate de mi hermano.- Así era él. Acostumbrado a mandonear a la gente con ese tono arrogante de su voz, especialmente a su hermano. Pero en Scorpius, que venía preparado desde su nacimiento, encontró la horma de su zapato.

-No.

   Jamás había escuchado James tono tan parecido al suyo. Y conocía a un montón de gente.

   ¿Pero aquella desafiante manera de levantar el mentón al remarcar una sílaba? ¿Aquella demostración de seguridad, indiferencia y superioridad en un solo monosílabo?

   Nunca.

   Un estafador que se encuentra con que el jugador enfrente también tiene los cuatro ases, eso era James en ese instante. Atrapado en su propio juego, pagado con la misma moneda, su propia medicina. Miles de expresiones para decir que estaba estupefacto. Pero se recompuso rápidamente y soltó con presteza:

-Mira Malfoy, aquí todos sabemos lo que planeas excepto Cassandra y mi hermano, que no sé si son demasiado ingenuos o qué,- no fueron sólo los aludidos los que profirieron quejas al oír eso-pero no te voy a dejar hacerlo.

-¿Y cuál es mi plan? Si se puede saber, claro.

-¡No te hagas el tonto! ¡Lo que tú quieres es sacarle información a Albus sobre nuestra familia para llevársela a los mortífagos de tus padres!- Si antes los presentes estaban escandalizados, ahora todo se volvió un griterío, donde los primos Weasley explotaron con todo el carácter de su familia. James y Fred se defendían a los gritos de la cuadrilla inexpugnable de féminas unidas a punto de caerles encima. Scorpius (a quien el discurso de Potter realmente le había pasado por encima, eufórico como se encontraba interiormente por su reciente "victoria") y Cass compartieron una mirada con Albus, que se encogió de hombros disculpándose con una mueca.

   Cuando finalmente todo se calmó, volvieron a la incomodidad previa, exacerbada por el episodio de recién, pero ésta vez todos parecían esperar algo de Scorpius; una contestación, una continuación de aquel curioso duelo que les había tocado presenciar: sin varitas aunque sus ojos siguieran los movimientos de los dos oponentes como si quisieran anticipar el siguiente hechizo a ser pronunciado.

   Pero esta vez el encantamiento -palabra nunca mejor empleada- llegó de otro frente de batalla. Más específicamente, de una esquina de la estancia.

-Fred, James.-Hubo aquí una pausa, premeditada o no, que intrigó no sólo a los destinatarios-Váyanse.

   Cass y Scorpius se dieron vuelta inmediatamente, ardiendo en urgencia de ver a la dueña de aquella voz. Incluso aquellos que ya la conocían inclinaron sin percatarse sus cuerpos hacia ella, solícitos a su sonido.

   Era difícil resistirse al encanto de Dominique Weasley.

   Scorpius sabía que la chica aún no había alcanzado la completa madurez de su sangre veela -no cumplía quince años aún- , pero, juzgando por la expresión de Cass, tampoco le hacía falta. Sin embargo, algo de aquello debía haber, porque Dominique se incorporó, se sacudió unos mechones de pelo de la cara y él pensó que parecía  que alguien lo había cortado con una tijera desafilada, casi con saña y se acordó de que debía preguntar si de verdad era así a… -la luz que ese cabello reflejaba era encandilante- a… ¿a quién? No conseguía recordarlo, y justo en ese momento las puntas desmechadas naranja furioso rozaban, acariciaban con suavidad la quijada de su dueña; tenía el nombre en la punta de la lengua, pero entonces Dominique sonrió… y él acabó de perderse.

   Una necesidad imperante, casi dolorosa de grabarse la figura ante sus ojos lo dominó, como si al apartar sus pupilas el recuerdo de las pecas y la forma de su nariz fuera a abandonarlo y si eso llegaba a ocurrir sería privado para siempre de esa memoria tan perfecta.

   Dejar de mirar a Victoire era difícil, y sí, había sentido el deseo de saltar, bailar, arrodillarse a sus pies  y en un momento dado, al fundirse un rayo de luz con su cabello, tocar éste para comprobar si además de lucir como el sol calentaba de igual forma.

   Pero quitar sus ojos de Dominique… quitar sus ojos de Dominique era sentir que le arrancaban una parte vital de su cuerpo, era saber que sin dudarlo se ahogaría en el mar Ártico, porque esa tenía que ser la única manera de hundirse, de rodearse, de empaparse y de llenarse entero de los ojos de la pelirroja.

   Percibió, embotado como estaba, un murmullo rozar su oído izquierdo intentando captar su atención, ¿pero qué podía sonido podía importarle a él si no era emitido por la boca de Dominique?

   Los codazos eran mucho más efectivos.

   Mientras él se apretaba las costillas y se doblaba en dos sobre el pupitre, producto de la brusca bajada a la realidad, su mejor amiga se elevó triunfante a su lado.

-Tenías la peor cara de estúpido que jamás he visto.

   Una mano suave y firme lo agarró por la mandíbula y lo hizo darse vuelta a su derecha. Albus le sostuvo la cara, se la escudriñó y de sorpresa pellizcó con fuerza entre sus dedos el antebrazo del niño, quien apretó con fuerza los ojos. Lo mantuvo así hasta que sintió que era tiempo suficiente. Cuando Scorpius abrió los párpados, sus ojos ya no estaban nublados.

   "Lo siento" fue lo único que dijo después. El rubio asintió y los tres se dieron vuelta para volver a la escena. El poder de Dominique se había desplegado por unos segundos, y ahora podía apreciar cómo se veía realmente. Hermosa, nadie lo dudaba, pero su hermana lo era más. Lo que poseía la menor era cierto atractivo intimidante, un poco salvaje, acentuado por su desprolijo corte por la mandíbula, los iris azul profundo que se entremezclaban con el negro de la pupila, y la media sonrisa confiada y burlona acompañada de las cejas enarcadas; y cierto aire de misterio y superioridad.

-Por lo menos intenten esconder cómo son frente a los invitados. Si van a comportarse como idiotas prejuiciosos creo que nadie, y yo sí hablo por todos, quiere que se queden.

-¡Dom…!

-James.-Lo cortó ella- ¿Te vas o te quedas?

   El mayor de los hermanos Potter miró a su alrededor.  Después miró a Fred y suspiró alzando los hombros. "Si no puedes vencer al enemigo pensó únete a él". Su mejor amigo le pasó el brazo por la espalda y le dio unas palmadas, como quien consola y ayuda a resignarse y se fueron a la esquina más cercana a la puerta. Dominique pareció satisfecha y volvió a su lugar junto a Lucy, que durante toda la escena había estado apoyada contra la pared con los ojos cerrados, como si todo aquello le resultara tremendamente aburrido. La pelirroja tocó suavemente su pierna y ésta alzó la cabeza, pareciendo recién levantada, y entendiendo que aquello por fin comenzaba se sentó más derecha.

-Bueno- la decidida voz de Dominique volvió a quebrar el hielo- ¿me repiten sus nombres?

*     *     *

   Eran casi las cinco y media y llovía copiosamente. Llovía tanto que si uno miraba por las ventanas del castillo, todo lo que podía ver eran las gotas de agua deslizándose a través del vidrio contra un borroso fondo gris y verde, y, si pegaba lo suficiente la nariz a la ventana, algunos puntos amarillos o rojos de los pocos árboles en Hogwarts que sí perdían sus hojas en otoño y que se aferraban a su follaje lo mejor que podían ahora que el invierno estaba a la vuelta de la esquina.

   Había alrededor de quince chicos en el Gran Salón, de diferentes edades, esperando a que llegara Miranda Tuddy, de sexto, junto con la profesora Brocklehurst, de Astronomía, a presidir el Club de Teatro. Era sabido que la última había hecho una pequeña carrera como actriz teatral muggle después de sus años en Hogwarts mientras cursaba la especialización en Astronomía, y que era la principal impulsora del proyecto. Se trataba de una mujer de mediana edad, enflaquecida, altísima, a veces seca en el trato, a la cual su costumbre de abstraerse en su mente cada tanto le había granjeado diferentes apodos entre los alumnos, pero que guardaba una profunda pasión por las artes y la enseñanza.

   Maggie la adoraba. Pero no era ella la única a quien esperaba. Impaciente, su pie hacía eco por la sala, ahora sin mesas a la vista.

   Cass estaba llegando tarde. De nuevo.

   Cuando por fin apareció, hacía cinco minutos que ya había comenzado la clase, después del usual momento de conversación que dedicaban a relajarse y soltarse antes de los ejercicios. La puerta había crujido al ser empujada y detrás apareció su mejor amiga; tiritando de frío, con los labios morados y el pelo inflado por la humedad como un arbusto, sostenido apenas por el gorro de Gryffindor. Y a la altura de las orejas de la brujita, explotaba y escapaba ocupando en apariencia más volumen que la propia Cassandra. Lo único que la salvó de las risas fue la voz que su profesora sabía proyectar por toda la estancia de piedra, movida ora por compasión, ora por burlarse un poco.

-¿Y esta vez por qué llegó tarde, Cassandra?- A la profesora Brocklehurst le gustaba llamar a sus alumnos por sus nombres.

   Cass sólo bajó la cabeza y movió los pies. Sabía que estaba en falta, pero por la ironía divertida en esa frase que también estaba a salvo. Sólo se escuchaba la lluvia mientras moviendo tímidamente los pies, se sumó al grupo de chicos que esperaba pacientemente.

   Hicieron unos cuantos ejercicios para proyectar la voz y después siguieron con los de movimiento e improvisación. De éstos últimos, el favorito de Cass era uno donde alguien planteaba una situación y uno a uno iban acoplándose todos, siguiendo y desarrollando la situación según les pareciera.

   La primera esa tarde fue Elizabeth Davies. Empezó a hacer movimientos al azar con su varita, causando que chispas de colores saltaran desde la punta. Era un comienzo moldeable, y segura de haber dado con la idea perfecta, Cass saltó, corrió hacia el centro con una expresión furiosa en su rostro.

-¡TÚ!- en ese momento, Cass ya no era Cass.- ¡¿Cómo se te puede ocurrir encender fuegos artificiales en un lugar cerrado?!

-¿Fuegos artificiales?- Si el desconcierto en la cara de Beth no era sincero debía ser una actriz asombrosa.

-¡No te hagas la tonta conmigo! ¿No es una bengala esto que veo ante mí? ¡Dámela!

   La joven bruja escondió el objeto incriminador detrás suyo, negando con la cabeza y visiblemente asustada. La furiosa mujer muggle que la había descubierto hizo ademán de ir a quitársela, y amenazada, la hechicera movió velozmente la varita que escondiese y la mujer salió despedida hacia atrás.

(LA MUJERestá tendida en el suelo, sin moverse.)

BRUJA:(Corriendo haciaLA MUJER*. La toma en brazos)* Oh por Merlín, qué hice, por favor ponte de pie, abre los ojos.

MUJER:(Levanta los párpados;LA BRUJAsuspira de alivio)¿Qué? ¡Tú! ¡Aléjate de mí! ¡Bruja! ¡Monstruo! (Se mueve desesperadamente para alejarse)¡Me atacaste!

**BRUJA:**No, yo… ¡Lo siento! Fue sin querer…

(DosDESMEMORIZADORESentran en escena. El primero toma a la muggle, que se revuelve y maldice.)

MUJER: ¡Bájame, bájame! ¡Maldito, voy a llamar a la policía!

BRUJA:(AlDESMEMORIZADOR #2*)*¡Gracias, gracias! *(Se fija en la cara del hombre)*Un segundo… ¿Mathew?

(La mujer muerde la mano del primerDESMEMORIZADOR #1*, quien la deja caer)*

   La situación se extendió hasta que todos participaron y aún entonces la mujer todavía no había sido desmemorizada. Tuvo que intervenir el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas para que al fin consiguieran que volviera a su casa, tambaleante y un poco perdida, después de preguntarle a todos los presentes adonde vivía, incluyendo la romántica reconciliación de la BRUJA con MATHEW (también conocido como DESMEMORIZADOR #2).

   Finalmente, los aplausos de la profesora los interrumpieron y todos regresaron al Gran Salón, a la semipenumbra de las nubes gris oscuro del techo, a sus propios cuerpos, sus propias voces y sus propias vidas, después de ser otros por un rato. Y percibieron el orgullo de ella y el propio en la sonrisa amplia y franca que les dedicó.

-Tengo un anuncio para ustedes-dijo-Lo estuve pensando hace rato y me acaban de demostrar que son capaces. El treinta y uno de octubre vamos a presentar una obra enfrente del resto del colegio. Ya tengo decidida cuál será y, en base a lo que pude ver en estos encuentros, casi todos los papeles.

   Los murmullos se extendieron por los chicos. ¿Una obra? ¿Con poco más de un mes para practicarla?

-No se preocupen. Hacen ya seis veces que nos juntamos y hablaré con la directora para aumentar las reuniones a dos por semana, así están lo suficientemente preparados. Si quieren-añadió con una sonrisa- puedo llegar a firmarles un permiso para saltarse Astronomía y que puedan usar este lugar para practicar durante ese tiempo, pero -cortó la felicidad automática de los niños - tendrán que recuperarlas después de Halloween con tutorías impartidas por alumnos de cursos superiores. Sé que hay miembros de todas las casas que ofrecen clases, así que no vale como excusa decir que no encontraron a nadie.

   Garrett levantó la mano.

-¿Cuál es la obra, profesora?

-Van a representar "El sueño de una noche de verano" de William Shakespeare- El reconocimiento y el desconcierto brillaban a partes iguales.- En la biblioteca encontrarán copias suficientes, para la próxima clase quiero que todos hayan leído el primer acto. En dos o tres días voy a poner en el tablón de anuncios de sus respectivas casas la lista de personajes e intérpretes, así que si alguien desea no participar tiene tiempo para avisarme en mi despacho.

   Y con un movimiento de mano y otra sonrisa -que parecían nunca acabársele- los despidió, para después irse ella y dejar por fin que los elfos prepararan la mesa para la cena.

*      *      *

   El castillo estaba dormido. Todos sus ocupantes descansaban, algunos respirando suavemente en sus camas, otros revolviéndose en algún sueño intenso; aunque quizás no era sólo eso.

   Era una noche idéntica a tantas anteriores, pero en lo que sucedería sería la misma de hace muchísimos años, que era a su vez otra que también formó parte del ciclo y así desde un momento que nunca se registró en los libros. Noches únicas, pero cada una era todas, y todas eran la misma.

   Esa noche, infinita, hubo un cambio. Algo, algo apenas perceptible, pero que dejaría a todos los durmientes con una sensación diferente por la mañana que no sabrían definir. Esa noche, cuyo eterno círculo tuvo un comienzo pero nunca final; como el viento, como una enfermedad, un rumor o una maldición, se extendió hasta el más escondido de los rincones, estremeció el más arraigado de los cimientos, hizo vibrar la magia del lugar, que cuando se detuvo era distinta. Esa noche, que siempre anochecía, lo que vendría quedó irremediablemente modificado.

   Esa noche, el castillo despertó.


Espero no haberlos ilusionado mucho con un nuevo capítulo. Ya sé que no se puede hacer notas con avisos y todo eso pero esto es importante:

Tengo -tenía- dos historias largas planeadas para poner aquí en Potterfics, dos argumentos distintos que decidí finalmente unir, por diversas cuestiones, que no vienen al caso, pero que me hicieron pensar que sería una buena idea unirlas. En este capítulo se puede ver al final la presentación de esta línea argumental que poco a poco se va a ir volviendo más presente SIN EMBARGO, hubo algunos ajustes a ambas tramas que tuve que considerar, lo que me llevó a tener que hacer más búsqueda de información canónica, es decir, creo que me leí Pottermore y la wikia enteros además de cuanta entrevista de Jo que pude encontrar, (porque como sabrán los que leyeron mi perfil, soy una fanática del canon, lo que no quiere decir que no lea historias con modificaciones, sólo que prefiero que las mías lo sigan y se fundamenten en él), y ante ambas cosas sumadas, y después de evaluar con cuidado, tomé la decisión de frenar momentáneamente la publicación de "Una historia..." para poder editar ligeramente los capítulos anteriores de manera que cumplan lo que descubrí y ayuden al arco argumental antes de que sea demasiado tarde. Los eventos en cada capítulo no cambiarán en esencia, será todo lo mismo, pero habrá ciertos cambios, algunos que realmente no hacen a la historia todavía (como el primer encuentro de Cass con la familia Potter, mi principal infracción) y otros que aportarán información que puede ser útil para deducir (sí, deducir, porque no pienso poner las cosas fáciles) de qué irá esto en el futuro. Además, y como no puedo evitar este rasgo de mi personalidad, aprovecharé para corregir algunas frases que ya no me gusten o partes mal redactadas a mi juicio. Y también ciertas partes en las que no ahondé, ya sea por falta de tiempo o alguna otra cosa, que realmente sienta que quedaron poco desarrolladas (como la "entrevista" con los primos Weasley).

Ya sé que suenan como muchos cambios, ¡pero les juro que no será para tanto! Espero que me tome como demasiado tres meses.

Si resulta más fácil y no es contra las reglas, en la descripción de cada capítulo estará aclarado que capítulos fueron editados.

Desde ya perdón por las molestias que les puede causar, y hasta la próxima, que ojalá no sea dentro de mucho,

Diana.