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Un último suspiro. — capítulo 41
Unos meses después de la operación de Derek, la familia Malfoy celebró una gran fiesta de compromiso. En la que no faltó de nada, lleno de champagne, flores, las exquisiteces más deliciosas y los pasteles más refinados. Todo el mundo acudió aquel día, incluso el ministro y MccGonagall, quien no podía faltar obviamente.
Hermione estaba más feliz que nunca, después de salir del hospital fueron directos a su nueva casa. Derek corría por todas partes, subía y bajaba las escaleras riendo seguido por Draco, tirando cajas y rompiendo algunos adornos que hacía que Hermione se pusiera de los nervios. Aun así, no podía dejar de pensar que era la mujer más dichosa del mundo. Tenía todo y cuanto deseaba.
Derek parecía un niño nuevo, jugaba la mayor parte del tiempo con el nuevo integrante de la familia, un perro que parecía un oso pequeño, y solía irse a tomar helado con Narcisa por las calles de Londres muggle. No necesitó más médicos y medicamentos, a veces él y Hermione iban a ver cómo iba evolucionando, pero no tenían nada de qué preocuparse Derek era alguien completamente nuevo y sano. Draco intentaba pasar la mayor parte del tiempo con ellos, había dejado un par de mudas en casa de Hermione las dos primeras semanas, hasta que aquello acabó.
-Me siento muy solas a veces. - Susurró ella sobre sus labios. - Sobre todo en esta cama tan grande.
- ¿Quieres que pase más tiempo aquí? - Preguntó el haciéndose el tonto.
-No estaría mal. - Sonrió. - De cualquier manera, ¿no tardarás mucho en venir aquí, ¿no?
Draco acarició su mejilla.
-Vendré cuando lo desees tú, amor. - Dijo con ternura. - Puedo venir hoy mismo si así lo deseas.
- ¿Qué hay de tu madre, Draco?
-Ya se ha hecho la idea. - Respondió suspirando. - Es más, quería que me viniera aquí el primer día.
Hermione se sorprendió.
-Bien. - Susurró al fin con amor. - Puedes venir ya.
-Estaba deseando que lo dijeras. - Respondió él apretándola contra su cuerpo.
Y se besaron, y se quedaron allí toda la tarde mientras Derek disfrutaba de una tarde maravillosa con la que sería su abuela política.
Hermione trataba de que Derek viviera una vida plena, la vida que sus padres le dieron a ella. Le llenó la habitación de juguetes y otro tipo de cosas para que estuviera feliz, y a pesar de todo aquel tiempo en que pasó en el hospital sufrió tanto ahora por fin podía sonreír con tranquilidad cuando veía a Draco sentado con en la alfombra haciendo funcionar un tren de juguete que Narcisa le había regalado nada más salir del hospital.
Con el tiempo el verano fue acabando y con ello las tardes en la piscina de la casa, los batidos de mango y salidas por la mañana. Con el tiempo Hermione y Derek se fueron acostumbrando a su nueva vida junto a Draco, quien había comenzado a trabajar en las empresas de su padre.
Ella no había comenzado a trabajar aún, se quedaba en casa con Derek, enseñándole cosas del mundo muggle y el mágico, enseñándole a leer, viendo películas y haciendo todo tipo de cosas. A veces cuando Narcisa se llevaba a Derek a pasar los fines de semanas con él, ella ayudaba a Draco con los papeles de la empresa de su padre, se quedaban horas y horas en la cama llenos de papeles y café recién hecho, y cuando el cansancio los invadía, ambos se entregaban al otro.
-Esto es lo que más me gusta de ayudarte. - Le susurró a Hermione abrazándolo bajo las sabanas. - Te echo de menos.
Draco acarició su mejilla.
-Lo sé. - Le contestó besando su frente. - Pronto te acostumbrarás.
-No quiero acostumbrarme. - Dijo ella con tristeza. - Podría irme contigo a trabajar los días en que Derek se vaya con tu madre. - Sugirió.
Draco sonrió.
-Te aburrirías. - Dijo él. - Además, no sé aquí en casa siempre puedes hacer cosas.
- ¿Cómo qué?
- Preguntó ella con rabia. - Desde que Harry se fue con Pansy de viaje, yo paso más tiempo sola que nunca…
Draco pareció pensarlo. Al final dijo.
-Buscaremos una solución, ¿vale? - Ella asintió.
Realmente le molestaba pasar tiempo sola, que a veces eran semanas enteras, porque Narcisa decidía hacer un viaje a otro país y Derek parecía encantado queriendo ir con ella, Hermione no podía quitarle esa felicidad, así que, con mucho pesar, lo dejaba ir.
A veces Theo venía a verla, y otras lo hacía Luna, pero pocas veces. Hablaban de cosas triviales y sobre cómo iban las cosas en el mundo mágico, pero jamás de los jamases tocaban el tema de Ginny, ni mucho menos lo ocurrido por aquellos tiempos, porque para Hermione estaba más que cerrado, y no quería que la tensión volviera a ella. En cuanto a esta pareja poco común, se habían ido a vivir juntos y tenían demasiados planes de futuro, algunos tanto descabellados, pero otro realmente hermosos.
En lo que respecta a su mejor amigo y Pansy, no tardaron mucho tiempo en comprometerse, Harry había aprendido cosas de ellas increíbles, y ella de él. También comprendió que por más que quisiera a Ginny jamás dejaría de amarla, no con la misma intensidad con la que lo hacía con su pelinegra, pero si lo suficiente como para saber que la pelirroja iba a estar en su corazón durante mucho tiempo. Pansy también comprendió esto último, le costó al principio, pero al final acabó aceptándolo solo por amor a él.
-Me duele a veces, sobre todo cuando despierta sudoroso y gritando por las noches. - Le dijo Pansy mientras cortaba zanahorias. - Y no sé… ¿crees que soy suficiente para él?
- ¿De verdad estas con eso ahora? - Preguntó Hermione. - Te ama, y demasiado.
-Lo sé, pero…
-Pero nada Pansy. Harry ha sufrido mucho, muchísimo, todas las personas a las que ha amado se han ido, casi todas… - Dijo con tristeza. - Si a veces se comporta así, es porque tiene miedo de que te vayas a ir…
-No me iré. Es solo que… Acepto el hecho que antes de mi hubo otra, y que la amó, y que iban a tener un hijo y se casarían, lo acepto, ¿sabes? Pero a veces es como si el miedo me invadiese y no me dejase pensar con tranquilidad…
Hermione abrazó a su amiga.
-Pronto la vida os dará una alegría, y te darás cuenta que esto que estas pensado ahora, dentro de un par de años no será nada. Piensa con claridad, ¿sí?
Y vaya que le dio una alegría, dos años y medio después Pansy estaba esperando un bebé, un bello varón al que Harry llamaría James. La felicidad de ambos, hacía también la felicidad de Hermione, quien no cabía de alegría.
Hermione por aquellos tiempos aún no había querido poner la fecha de la boda, Draco estaba esperando a que ella lo hiciera, sin embargo, el rubio se estaba desesperando tanto hasta el punto de formar una pelea por nada.
-
¿Qué pasa?
-
Dijo enfadado un día. - ¿Es que no te quieres casar conmigo o qué?
-
¿Es que lo que pasa contigo, Draco? ¿Por qué dices esas cosas?
-Hemos esperado casi tres años, Hermione. ¡Tres! - Gritó rojo como un tomate. - ¿Y te atreves a decir que por qué digo estas cosas?
-Draco, cálmate.
-Nuestros amigos van a tener pronto a su primer hijo, y nosotros seguimos así. ¿Qué quieres, Hermione? ¡Dímelo, porque no me entero!
A Hermione se le llenaron los ojos de lágrimas.
- ¿Así que es por eso? Draco…
-Estoy harto Hermione… - Gritó con rabia. - Harto de esto, somos novios, vivimos juntos. ¿Por qué no nos casamos ya? ¿Qué pasa? Dime que quieres….
-A ti. - Dijo con la voz quebrada. - Draco, yo…
Este negó con la cabeza enfadado.
-Si has tenido un mal día, no las pagues conmigo… - Intento acercarse a él.
-Para. - Dijo el frío y cortante.
Draco se pasó las manos por el pelo, fue hasta la cama donde había dejado su saco y salió por la puerta.
-Me voy.
-Draco, no, ven aquí. - Dijo ella limpiándose un par de lágrimas. - No te vayas… Te estás equivocando, hablemos…
-Déjame…
- ¿Dónde vas?
-Adiós.
Aquella fue la primera pelea fuerte que tuvieron desde el tiempo en que llevaban viviendo juntos. Hermione lloró mucho, ni si quiera ella sabía porque había esperado tanto para poner la fecha, y tampoco lograba entender porque Draco se había puesto como lo había hecho, de cualquier manera, daba igual, se alegraba al menos que Derek estuviera fuera de casa, porque había llorado como nunca.
Recordaba perfectamente haberse levantando aquella mañana, haberse dado una ducha caliente y haber tomado café sin azúcar. Draco estaba en el sofá, y parecía no tener buen aspecto, sin embargo, estaba tan enfadada que no le importó tirar un jarrón al suelo y romperlo en mil pedazos con tal de despertarlo.
El rubio despertó al instante, trato de acercarse a ella y pedirle perdón, pero Hermione estaba tan triste que no fue capaz ni de mirarlo a los ojos.
- ¿A dónde vas tan arreglada? - Preguntó Draco viendo como aquel vestido color crema resaltaba su figura y sus curvas, y dejaba ver sus largas piernas.
-Tengo que salir. - Dijo como si nada.
¿Quieres…quieres que te lleve? - Preguntó él intentando apaciguar las cosas.
-No.
- ¿No crees que ese vestido es demasiado corto?
-No me vengas con eso ahora. - Dijo ella enfadada, mirándolo a los ojos.
Draco trago en seco al ver lo hinchados que estaban.
-Me voy.
Y así lo hizo, y fue a la agencia de bodas. Donde se pasó toda la mañana hablando con la administradora para preparar las invitaciones. Tenía una lista llena de nombres, una lista que había hecho hacía prácticamente un año, pero que sin embargo no se había armado de valor para enviarla.
No contestó a las llamadas de Draco, a ninguna de ellas, que fueron como unas treinta y cinco, lo único que le envió fue un sobre color crema con un sello de los Malfoy, bastante sofisticado.
Draco lo abrió con cuidado y cuando leyó lo que ponía se quedó sin habla.
Hermione Jean Granger
&
Draco Lucius Malfoy
Tenemos el honor de invitarles a nuestra boda, y requerimos vuestra presencia en la celebración de nuestro matrimonio.
Que se celebrará el día 18 de junio, en la Mansión Malfoy.
- ¿Por qué no me lo habías dicho? - Preguntó Theo sonriendo entrando a su despacho y levantando el sobre.
Iba a mentir.
-Íbamos a esperar un poco, pero … -Draco suspiró. - Hermione decidió enviarlas.
-Me alegro que por fin haya alguna fiesta que celebrar. - Sonrió su amigo. - Pronto Hermione pasará a ser una Malfoy, ¿no estas feliz?
Draco estaba en shock.
-Claro…- Sonrió.
- Claro que estoy feliz, por fin podrá ser legalmente mi mujer.
-Toda tuya…
- Theo parecía ensimismado en sus pensamientos, incluso parecía más feliz que Draco, quien no podía salir de su asombro.
-Me tengo que ir. - Dijo levantándose de golpe.
- ¿A ver a Hermione?
Este asintió y salió del despacho lo más rápido que pudo. Y en cuanto piso el suelo de su casa se encontró con una embarazada furiosa, Pansy no estaba para juegos aquel día y después de la llamada de su amiga no podía haberse enfadado más de lo que ya estaba. Draco trató de calmarla, pero al instante comprendió su error, su gran error y era que no sabía que ellas tenían todo planeado sobre la boda, y que pensaban decirle el día de la boda muy pronto ya que Hermione quería darle una sorpresa. Se sintió a morir…
Aquella noche intento acercarse a ella, intento abrazarla, pero Hermione no lo dejaba, estaba tan triste y enfadada con él, que sabía que por más que él le diese abrazos y le hiciese mimos no conseguiría nada, absolutamente nada. Intento enmendar su error, durante todo los días y las semanas siguientes pero la castaña estaba empeñada en no dirigirle la palabra, no fue hasta una noche en la que se encontraba sentada con Derek en la alfombra mirando el álbum de fotos sobre los viajes con Narcisa.
-Son hermosos, mi niño. - Susurró Hermione cansada o más bien mareada.
-Lo son. - Dijo con entusiasmo el niño. - ¿Mañana podemos ir a tomar helado? Hace mucho que no salimos. - Susurró el pequeño.
Hermione sonrió.
-
¿A tomar helado y al cine? - Preguntó acariciando el pelo rizado de su hermano.
-
¡Si! - Gritó feliz.
-Vale. - Respondió ella débilmente. - Pero tendrás que ir a dormir pronto eh…
-Antes léeme un cuento, por favor.
Hermione le leyó el cuento y en menos de lo que canta un gallo Derek estaba dormido en su regazo, sin querer apartarse de allí.
-¡Draco! - Gritó como pudo, este apareció rápido a su llamado. - ¿Puedes llevártelo a la cama?
Draco asintió, llevo rápido a Derek a la cama, y lo arropó lo mejor que pudo, luego bajo para intentar hablar con Hermione quien seguía en la alfombra.
-Ayúdame. - Pidió.
Draco pudo sentir lo débil que estaba.
- ¿Estas bien? - Preguntó cogiéndola de la cintura y poniéndola de pies.
-Si… Puedo sola. - Dijo separándose de él.
-Hermione. - Le reprendió.
-Draco… -Fue lo último que dijo antes de caer en los brazos de él.
Aquella noche Draco no durmió nada, Hermione no despertaba y el médico había dicho que llegaría en una hora y no lo había hecho, se sentía incapaz de separarse de ella, sobre todo después de lo que había ocurrido semanas atrás…
El médico llego, para su suerte era un mago, con un movimiento de varita la despertó, algo desorientada pero despierta al fin. Hizo las respectivas pruebas, bajo la atenta mirada de Draco quien no quiso marcharse de allí, preguntó a la castaña como se sentía y sus preguntas variaron desde, ¿has tenido mareos? Hasta, ¿tomas algún tipo de anticonceptivo?, y por último, le dio una poción que cambio de color nada más tocarla con sus dedos.
-Señor Malfoy, ¿sería tan amable de dejarnos solos un momento?
Draco lo miró con enfado.
-No.
-Draco…- Pidió dulcemente la castaña.
Eso pareció hechizarlo y decidió salir sin decir palabra.
-Bueno parece que los resultados son correctos y por lo que usted me ha dicho, señorita Granger, he llegado a mis propias conclusiones, en cualquier caso, creo que usted misma debería comprobarlo, ya que siempre puedo equivocarme. - El médico comenzó a recoger sus pociones. - Aunque no creo que me haya equivocado. - Rio como si fuera un chiste, Hermione negó con la cabeza. - Bien… ¿Está usted preparada?
-Si… -Susurró Hermione cautelosamente.
-Está usted embarazada. - Dijo con entusiasmo. - Felicitaciones, señorita Granger, creo que será un bebé muy saludable. Si me lo permite, me gustaría seguir la evolución del pequeño o pequeña, y también ser su médico particular. Le dejó el número aquí. Adiós
La castaña se quedó en shock.
Al salir Draco se levantó, el médico le hizo una señal con el sombrero y no se despidió, lo único que dijo fue un:
-Felicitaciones, señor Malfoy.
Draco se quedó paralizado, su mente voló y voló durante bastante tiempo, no salía de su ensimísmenlo, hasta que sintió como una voz dulce lo llamaba.
-Draco…
Él solo se acercó a la cama y la abrazo con fuerza. Ella se apretó a él, sus lágrimas cayeron mientras besaba sus labios, le había echado tanto, pero tanto de menos que aquellos besos se sentía como el mismísimo cielo…
-Lo siento… no quería hablarte así aquella noche… no me importaba lo de la fecha, me da igual…- Dijo con voz quebrada.
-Shhh…- Lo intentó tranquilizar Hermione. - No importa.
-Te amo. - Le dijo él cogiendo su rostro y limpiando con sus pulgares las lágrimas de ella. - Y si quieres que sigamos así, seguiremos así… Podemos cancelar la fecha.
-No cancelaremos nada. - Dijo ella y sonrió. - No querrás que a tu abuela le dé un ataque al enterarse de que tendremos un hijo y aun no nos hemos casado, ¿verdad?
- ¿Qué?
-Vas a ser padre, Draco.
Draco se quedó paralizado y su tristeza cambió radicalmente a una felicidad extrema. No podía estar más que feliz. Abrazó y besó cuanta piel encontró en Hermione, le dijo que la amaba y amaba una y otra vez durante toda la noche, la vio dormir mientras acariciaba su espalda desnuda y pensó en lo afortunado que era, porque lo era y aquello nadie lo podía cambiar.
Días después las felicitaciones de su familia y amigos no se hicieron de esperar, la alegría estaba allí donde iba, Draco no podía estar más feliz. Deseaba que fuera un niño, no importaba si iba a ser niña, pero algo dentro de su corazón le decía que iba a ser un niño.
La boda fue lo más grandioso que alguien pudo esperar, fueron los más prestigiosos magos del mundo mágico, no todos los días la heroína del mundo mágico se casaba y Hera como era de esperar hizo de aquella boda lo mejor que pudo, su alegría aumento cuando se enteró de que iba a conocer a su bisnieto y que tendría el placer de cogerlo en brazos.
Y entonces los días fueron pasando y los meses y con ello el embarazo de Hermione que fue evolucionando bastante bien, entre quejas y cosas como *cuando este como una vaca no me querrás…*Y llantos interminables, noches en las que se le antojaba algo y Draco corría para ir a buscárselo fuese lo que fuera, sin embargo, no le importaba desvelarse a su lado, si aquello significaba acompañarla en cada paso del embarazo y ver su evolución…
Scorpius Malfoy nació en una noche tranquila, donde su llanto fue lo que lleno de alegría a sus padres. Era algo como perfecto, facciones de su padre, cabello rubio platinado, ojos marrones claros parecidos a los de su madre y una tez blanca característica de los Malfoy. Era los ojos de Hera y Narcisa, el preferido, Derek por su lado estuvo un poco celoso, pero cambió de actitud poco a poco, su hermana más que una hermana era como una madre, y para él la llegada de aquel niño fue como un hermano pequeño.
Y lo fue también la pequeña, que tres años después llegó a casa de los Malfoy.
La casa de llenaba de niños los domingos, cuando los Potter- Parkison iban a comer, y llevaban a sus dos hijos, James y Albus el más pequeño. Luna y Theo también los iban a visitar los domingos, estos últimos habían decidido irse de viaje antes de pensar en bebes y pañales, querían disfrutar un poco más por así decirlo.
En cuanto a los señores Weasley se hicieron la idea de ver poco a poco a Hermione, quien a pesar de todo quiso perdonarles, y ellos aceptaron gustosos al ver que podían compartir un poquito de su vida con ella. Fue una decisión que la hizo debatirse durante noches, pero, aun así, por amor a su amiga decidió hacerlo y no se arrepentía. Ya que ellos, después de todo, formaban parte de su familia y de su vida.
Respecto a Ron nunca más volvió a saber nada de él, desde aquel día en que se despidieron años atrás en Hogwarts. Algunos decían que vivía muy bien en Rumania y que le encantaba su trabajo, otros decían que tenía una mujer e hijos, y otros que se había ido de mochilero por el mundo, pero Hermione nunca estuvo segura de que aquellas cosas fueran ciertas, y tampoco de atrevía a preguntar nada a los señores Weasley, en realidad poco le importaba, para ella aquella puerta estaba más que cerrada…
Acerca de Daphne, ella desapareció completamente de sus vidas, como si jamás hubiera existido. Años después Draco y Hermione se enterarían de que había muerto en un accidente automovilístico en el mundo muggle y que, quedo en un estado tan grave que fue imposible hacer algo por ella, por lo que murió dos días después de ingresarla.
Sin embargo, quien sí volvió a aparecer en sus vidas fue Blaise, disculpándose por todo lo que había ocurrido en el último año en Hogwarts, por haberse separado de Draco y haber estado de parte de Daphne. El rubio le terminó perdonando y paso a paso fue formando parte de sus vidas como si jamás hubiera ocurrido nada.
Draco no tardó mucho en decirle que, para volver a tener las empresas de su abuelo, tenía que casarse con él, pero como ya estaban casados, se excusó diciendo de que lo había tenido todo planeado y en caso en que ella dijese que no, Draco utilizaría aquello para chantajearla. Hermione pensó en lo loco que estaba como para poder hacer algo así, sin embargo, le amaba tanto que ya poco le importaba.
-Estás loco, ¿lo sabes? - Preguntó Hermione preparando el biberón.
-Loco por ti. - Dijo Draco con la pequeña en brazos.
Hermione negó con la cabeza.
-No hay quien pueda contigo, eh.
-Ni el más invencible.
- Dijo riendo bajito para no hacer llorar a la bebé.
La castaña le pasó el biberón.
-No me puedo creer lo mayor que se ha hecho. - Dijo mirando a Derek en el patio trasero con Scorpius de tres años intentando mover la pelota con el pie. - Y tampoco que mañana se vaya a ir a Hogwarts, - suspiró. - le echaré de menos.
-Si ya estas así, amor, - Draco hizo una pausa para mirarla a los ojos que los tenía llenos de lágrimas. - No me quiero imaginar cuando Scorp se vaya a ir.
-Ni yo. - Dijo ella con la voz quebrada.
Pero fue menos difícil de lo que creyó despedirse de Derek en el andén 9 ¾ , la mañana se pasó rápido sobre todo en el desayuno al cual vinieron los Potter , y Narcisa quien deseada compartir ese recuerdo con Derek.
Le pregunto cómo se sentía, y el pequeño de cabello rizado igual que su hermana respondió que bien, que estaba muy entusiasmado, le dijo que la quería y que la echaría de menos. Hermione le hizo prometerle que se portaría bien, y él entre risas juró que sería el alumno más aplicado, que no se preocupara. Hermione le arregló el cabello, y su chaqueta, le besó la mejilla y le dio un fuerte abrazo.
- ¿Qué consejo me das?
Ella pareció meditarlo con los ojos llenos de lágrimas, como si jamás lo volviese a ver.
-Que disfrutes de cada momento. - Dijo al fin.
Y lo dejó irse. Y aquel fue el mejor consejo que ella le pudo dar. Pensó en su hermano, en ella y en todo lo que le rodeaba. Había vivido la pérdida, el amor y la amistad, y estaba tan preparada para seguir escribiendo cada capítulo de su vida con mucha más alegría y entusiasmo que el día anterior, sabiendo que donde quiera que sus padres estuviesen estarían tan orgullosos de ella, como ella lo estaba de Derek…
- ¿Estás bien? - Preguntó Draco abrazándola por la cintura y conectando sus ojos.
Aquella pregunta pareció genérica, como si le preguntase por todo sobre su pasado, y con una sonrisa en sobre lo labios de él, pudo responder con seguridad y tranquilidad.
-Ahora sí. - Dijo en un pequeño susurro. - Ahora sí, Draco.
-Bien. - Respondió tranquilo besando sus labios con amabilidad.
No necesitaron más, aquello lo dijo todo. Fue como dar un respiro después de tanto tiempo, fue como un suspiro en invierno, fue lo correcto.
Porque para Draco así era.
Y al menos para Hermione también…
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¡Aquí tenéis el esperado epílogo!
Que decir... que ha sido maravilloso escribirlo. Quise escribir como pequeñas partes de la vida de ellos (las conversaciones), sobre todo la relación de pareja.
Bueno, esto no es una despedida, por que pienso volver y con una nueva historia que estoy preparando, y quizás alguna que otra pareja diferente a los Dramiones que estoy acostumbrada a escribir.
Espero con todo mi corazón que os haya gustado la historia en sí, y que la hayáis disfrutado tanto como yo al escribirla día a día.
Muchísimas gracias a todas aquellas lectoras que la siguieron fielmente, y si hay algún lector, también.
Los comentarios los contestaré ahora.
¡Muchísimos besitos!
¡Nos leemos prontito!