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Un último suspiro. — capítulo 40

Todo parecía a cámara lenta, todo y cuando la rodeaba parecía que iba lento. Sus pies se movían lo más rápido que se lo permitían los tacones, su vestido estaba sujeto casi en puños con sus manos, para intentar no tropezar, sus rizos sueltos se movían de manera indiferente.

No había podido detener sus lágrimas mientras corría por los pasillos blancos de San Mungo, ni si quiera había podido pensar en llegar a perderle. Sentía su corazón agitado, palpitando rápidamente como si en cualquier momento fuera a salir desbocado de su pecho, como si en cualquier momento se fuera a parar…

Deseó volver meses atrás, incluso años, volver a aquellos tiempos en los que no había preocupación de nada, donde sabía que sus padres la esperarían al volver de Hogwarts, donde cogería al vuelvo a su pequeño hermano que recién estaba aprendiendo a caminar, donde con una sonrisa de despediría de sus amigos y hasta el siguiente año escolar.

Pero por más que quisiese volver a aquellos momentos sabía que lo único que le quedaba eran simples recuerdos, y que ya no había vuelta atrás, lo supo en el momento en que su hermano cayó en aquella horrible enfermedad. No podía perder a alguien más, no podía volver a sentir aquella sensación y caer en la tristeza, quería paz y sabía que la tendría en el momento en que su hermano se recuperase. Pero, ¿y si le perdía? ¿Qué haría ella? ¿Dónde quedaría aquel futuro que tanto pensó? ¿Y qué pasaría con Draco? ¿Tendría la suficiente fuerza como para seguir con él?

Le dolía el corazón, le dolía tanto, que aquella sensación se parecía a la misma que tuvo en el momento en que vio a Ginny sin vida, cuando su respiración se paró, y cayó al suelo, totalmente blanca. Desechó aquel pensamiento al instante, a pesar de que Derek era un niño de tan solo cuatro años, sabía que era lo suficientemente fuerte como para superar aquella operación, solo esperaba que así fuera…

Se paró al ver al doctor Smith rodeado de medimangos, hablando y hablando, como si fuera aquella una reunión. Hermione se mantuvo a metros de ellos, con los ojos perdidos, pronto sintió como alguien la cogía del brazo.

-Hermione, cariño…- Susurró la señora Dooley. - Ya está dentro, no te preocupes todo saldrá bien.

-Quiero… quiero verle. - Dijo con la voz quebrada. - Necesito verle.

Suplicó con los ojos llenos de lágrimas.

-Lo siento.

  • Respondió la mujer mayor.

Sabiendo la mujer mayor lo que Hermione iba a hacer, fue sujetada por dos enfermeros hombres, por los brazos, intentando calmarla. Sus gritos desgarradores eran horribles, las lágrimas caían como si el mundo se fuera a acabar, sintió ganas de que todo desapareciera por un momento, de que simplemente todo fuera un vil sueño. Pero era verdad, ella estaba allí llorando a lágrima viva, gritando su nombre en susurros, sujetada fuertemente por aquellos dos hombres que no tenían intención de dejarla sola, sintiendo su mundo caer. No duró mucho así, al beber un poco de una poción la dejaron sentada en la sala de espera, observando el reloj mágico, eran las nueve.

Camino y camino, de un lado para otro. Allí nadie hablaba, parecía que todos estaban muertos, los enfermeros no la miraban y pasaban por su lado como si ella no existiera, la señora Dooley había desaparecido de repente, dejando una taza llena de café humeante seguramente con un tranquilizante, esperando ser tomado por ella.

Pero no bebió absolutamente nada, lo único que hacía era mirar aquella doble puerta, donde seguramente su hermano estaría dentro de algunas de aquellas habitaciones, completamente sedado, sin saber del mundo que lo rodeaba, sin saber nada de ella. Y aquello era lo que más le preocupaba, que él no supiese que su hermana estaba allí, esperando por verle, desesperada por tocar su pequeña mano.

Draco corría por los pasillos de San Mungo, habían tenido un pequeño percance él, sus amigos y Potter, para salir del colegio, algo que consiguieron después de que McGonagall suspendiera el baile al ver que no podría continuar sin ellos. Caminó y caminó, dirigiéndose como un perro rabioso, no quería dejarla sola, no quería que ella sufriera, debía estar a su lado. Quería abrazarla, estrecharla contra su pecho y susurrarle palabras consoladoras, besarle la frente con amor, y decirle que todo iría bien, que no tenía nada que temer.

Sintió sus ojos ponerse de aguosos, pero no iba a llorar. Él más que nada tenía que ser fuerte, él tenía que estar con ella y darle su apoyo, no iba a llorar. Caminó un poco más rápido. Y entonces la vio, a metros de él. Su espalda desnuda por el vestido rojo que cubría su cuerpo, sin moverse, con los brazos a los lados, respirando pausadamente. Detuvo su andar para admirar su belleza perfecta, para admirar como aquel vestido resaltaba sus perfectas curvas.

Al volver a andar, caminó un poco más lento. Y no lo pensó dos veces, rodeo su cintura con sus brazos, pegando la espalda de ella a su torso, y hundió su cabeza en su cuello, aspirando el aroma de su perfume al instante. Hermione sin si quiera girarse supo que se trataba de él, se sintió en paz y sin fuerzas para girarse y rodearlo con sus brazos. Se quedó allí, sintiendo como él cada vez la apretaba con más fuerza, sollozando de vez en cuando. Sabiendo que ahora podía llorar con calma, ya que él estaba allí.

Draco no aguantó mucho en aquella posición, en cuanto el momento le dio la oportunidad, la giro y la pegó contra su pecho. Sintió lo fría que se encontraban sus brazos, y sin pensarlo dos veces, se quitó la chaqueta y la colocó sobre sus hombros. Luego la sentó sobre su regazo, acarició durante mucho tiempo sus brazos, besó su mejilla y frente, incapaz de poder decir algo más.

-No… no puedo perderle. - Dijo con la voz quebrada, pegando su frente en la mejilla de él.

Draco la zarandeó como su fuera un bebé.

-No lo harás, amor. - Susurró él con amor, sintiendo como aquellas palabras le quemaban la garganta. - Verás como todo sale bien…

-Tenía…

Dejó la frase en el aire, Draco sabía que estaba demasiado vulnerable para hablar, y no dijo nada, dejo que ella se tranquilizara hasta que se viera con ganas de poder seguir hablando.

-Tenía…-Susurró otra vez mirando sus ojos. - todo planeado…

Draco sintió su corazón encogerse, sintió como las ganas de llorar con ella volvían a él. Observó sus ojos completamente rojos e hinchados, y simplemente besó sus labios, en un pequeño casto beso.

La tristeza también lo consumió a él.

-Y todo aquello, - Hizo una pausa. - que has planeado, lo cumplirás. - Ella lo miró esperanzada. - Como que me llamo, Draco Malfoy.

Hermione asintió sintiendo como volvían a caer sus lágrimas por sus mejillas, sabía que aquellas palabras eran para tranquilizarla, sin embargo, fueron tan honestas que lo único que pudo hacer fue recostar su cabeza en el hueco de su cuello.

Respecto a los demás, Draco sabía que estaba en otra sala de espera. Aquella en la que estaba Hermione y él, solo eran para familiares, y el rubio había podido entrar gracias a la señora Dooley, porque había estado a punto de pegarle a un enfermero si no hubiese sido por la entrada de la mujer mayor…

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Harry no había dicho ninguna palabra desde habían llegado, Theo estaba sentado junto a Luna hablando en pequeños susurros y Pansy sintiendo como una tristeza incomparable la inundaba. Ninguno de los cuatro fue capaz de hacer como si nada pasaba, tenían miedo por Hermione, los cuatro sabían cuánto había tenido que sufrir la chica, y que ahora ocurriera aquello era inimaginable.

-No puedo seguir aquí. - Susurró Pansy levantándose. - Iré a fuera.

Theo y Luna, solo asintieron. Harry la vio marchar a paso pausado hacía fuera. Luego la siguió sin decir nada.

-No quería que esto fuera así. - Dijo él con la voz normal, pero con un ápice de tristeza.

Pansy lo miró a los ojos.

-Siento que tu noche sea está. - Dijo ella.  - Tu chica debe de haberse quedado muy mal.

La pelinegra bajo su mirada, sentándose en uno de los peldaños de las escaleras, Harry hizo lo mismo.

-Ya, yo también lo siento por ella. - Hay otra, pensó Pansy con tristeza. - Había pensado darle una sorpresa, llevarle algún pequeño regalo, ofrecerle mi mano para ir juntos a la pista, y bailar, -Susurró mirándola. - y bailar, y bailar. - Dijo con amor. - Durante toda la noche, hasta que ella, me dijera con voz adolorida que le dolían los pies y yo como todo buen caballero la habría cogido en brazos y la habría llevado hasta su torre. - Pansy limpió una lágrima sin que él se diese cuenta. -  Una vez allí, le habría pedido volverla a ver una vez salir de la escuela y ella con una sonrisa de oreja a oreja me habría respondido con un sí. - Esta vez se acercó más a la chica. - Y después la hubiera besado, con ternura, porque eso es lo que te mereces tú, Pansy. - La chica se quedó perpleja, hablaba de ella. - Esto no era lo que yo tenía planeado, siento que las cosas sean así. - Acarició su mejilla.

Con los ojos llorosos sonrió. Harry limpió un par de lágrimas.

  • ¿Eras tú, entonces? - Preguntó en un susurro. - ¿Él de los regalos?

-Siempre he sido yo. - Respondió él. - Quería que todo fuera una sorpresa hasta hoy, en el baile. Pero las cosas no han salido como esperaba…

Pansy se lanzó a sus brazos, sonriendo aun con lágrimas en los ojos.

-No me importa la sorpresa. - Dijo sobre sus labios. - Me basta con saber que soy yo, la única chica a la que quieres. ¿Por qué lo soy verdad?

Harry sonrió.

-Lo eres. - Besó sus labios. - lo eres, lo eres. - Y la volvió a besar. Y la estrujó contra sus brazos, por fin después de mucho tiempo, de haber llenado el vació de Hermione, y haber dejado otra parte vacía, ya estaba completa.

-Llevo enamorada de ti, desde hace tiempo. - Se sinceró ella besado su mejilla. - Tenía miedo de que tuvieras a otra.

-Y yo tenía miedo de que tú tuvieras a otro. - Respondió con una sonrisa. - Ahora que lo tenemos todo aclarado, creo que debemos decirles a nuestros amigos.

Ella rio.

-Hermione estará muy feliz. - Dijo en un susurro. - A Draco le costará un poco, pero con el tiempo te aceptará. - Besó sus labios con ternura. - Y en cuanto a Theo lo mismo, pero tardará menos que Draco. Luna, bueno ella supongo que se pondrá feliz.

-Si… -Respondió observándola con amor. - Lo aceptaran.

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Draco pensaba y pensaba en su chica, no parecía estar durmiendo, pero podía oír su respiración tranquila y acompasada. Bajo su pecho y entre sus brazos era donde él la quería tener toda su vida, sentía que aquel era el lugar correcto para que ella estuviera.

Sintió su vida caer en pedazos con tan solo pensar en que si después de aquello, las cosas no salían bien y ella le dijese que no quería continuar con lo que tenían, sabría que no lo podría soportar. No podría no tenerla con él, ni si quiera podía imaginar que ella llegase a estar con otro… Simplemente la amaba demasiado como para dejarla marchar.

No hablaron más que aquella pequeña conversación. Ninguno de los dos fue capaz de decir ninguna palabra, Hermione no parecía querer moverse, ni si quiera cuando él le dijo que iría a por un café para ella, ni se inmutó simplemente se apegó más a él. Tampoco tenía ganas de contradecirla, así que no insistió.

Y dieron la una de la mañana*. Las dos. Las tres*. Y nadie salía a decirles nada, los médicos se paseaban de un lado para otro sin decirles nada. Las puertas se abrían, pero no venía ningún médico que ella conociese, ni el doctor Smith, ni le señora Dooley. Era una tortura agotadora.

-Duerme un rato. - Susurró el acariciando su mejilla, ella negó. - Prometo despertarte si viene algún médico, de verdad.

Aquello pareció relajarla un poco, se acomodó bajo los brazos de él, y cerró sus ojos.

-Háblame. - Susurró ella. - Dime en que piensas.

Draco se quedó pensando un momento antes de comenzar a hablar.

-En nosotros. - Respondió él en un susurro. - En nuestra nueva casa. En el color de las paredes, yo las querré pintar de verde y tú de algún tono rojo. - Ella sonrió. - Entonces discreparemos, y nos enfadaremos durante horas, luego volveremos a hablar. Y el color de las paredes no será ni verde ni rojo, será uno neutral, quizá beige. - Hizo una pausa. - Yo querré limpiar los platos de la cena con magia, y tu no.  Querré limpiar la casa con magia y tu preferirás hacerlo a lo muggle, y yo acabaré aceptando. - Draco soltó una pequeña carcajada. - Solo después de verte con el ceño fruncido, aceptaré. - Besó su frente. - Luego te sorprenderé con la cena, preparé pasta y me quedará buenísima. - Solo escucho de sus labios un creído junto con una sonrisa. - Entonces comenzaremos a besarnos, y todos los problemas que ha habido durante el día se disiparan. - Draco cerró sus ojos. -  Y luego pensaremos en comprar un perro, y será uno parecido a un osito pequeño, como aquellos que te gustan a ti. Y Derek lo adorara. Y así irá pasando el tiempo, iremos conociéndonos profundamente, nos quedaremos los sábados abrazados hasta tarde y los domingos para que decir, saldremos a pasear si hace buen tiempo y si hace mal tiempo nos quedaremos en el sofá, acurrucados mirando una película. - Suena bien, susurró ella. - Planeáramos viajes para verano, a alguna isla paradisiaca o simplemente al lugar que desees ir. Y los días en los que caiga enfermo, me cuidarás e incluso no irás al trabajo para quedarte a mi lado, y yo haré lo mismo. Me encargaré de sacarte cada día más de una sonrisa, y los días en los que nos enfademos, serán tan solo un par de horas porque no tardaremos en reconciliarnos, y creo que aquellas reconciliaciones serán las mejores.

Hermione suspiró.

  • ¿Qué hay de crear nuestra propia familia? - Preguntó ella después de que él dijera todo aquello.

-No tardarás en quedarte embarazada, y yo no tardaré en comenzar a trabajar desde casa para cuidarte. - La chica sonrió. - Te darán antojos, y yo tendré que complacerte, aunque sea a la una de la mañana o a las cinco. Nos pelearemos porque querrás seguir haciendo cosas normales, pero yo no te dejaré al ser muy protector. E irás descalza por la casa, tarareando alguna canción con la pequeña ropa del bebé entre tus manos. Y… y luego llegaremos a algún acuerdo respecto al nombre del bebé, yo se lo pondré si es niño y tu si es niña… y llenaremos nuestra casa de protecciones y su habitación de peluches. Pintaremos la habitación del bebé del color que te parezca más adecuado y lo haremos los dos, luego elegirás la cuna y todas las demás cosas y yo te dejaré solo para verte sonreír. Y así irá pasando nuestra vida, esperando deseosos la llegada de aquel pequeño o pequeña bebé, y te tocaré la barriga para sentir como da patadas, te acompañaré al médico y simplemente me encargaré de amarte…- Susurró cerca de su oreja. - Y de amar al bebé.

-Suena perfecto. - Susurró ella con lágrimas en los ojos.

Draco besó su cabello.

-Sí…-Suspiró él. - Suena perfecto…

Y allí se quedaron, sentados suspirando de vez en cuando, sintiendo como sus corazones latían rápidamente sin dejar de pensar en Derek. Velando su sueño, deseando que en cualquier momento de la noche viniera alguien y les dijese que todo había salido bien.

Pero entonces dieron las *cuatro, y las cinco.*Y nadie decía nada. Y luego las seis.

Entonces se sintió un ruido, pequeño pero lo suficiente para que Draco lo escuchase. Levantó sus ojos hacía la doble puerta, viendo como de ella salía el doctor Smith junto con otro, al que no pudo reconocer. El primero fue a otra sala, el segundo se quedó allí con unos papeles. Los miró, y Draco no pudo reconocer que tipo de mirada era aquella.

¿Familiares del pequeño, Granger? - Preguntó el hombre.

Las personas que había en la pequeña sala, esperanzados por la llamada de su apellido, se sentaron esperando a que nosotros lo hiciéramos.

-Hermione. - Susurró Draco. - Esta aquí el médico.

La chica se levantó rápidamente, como pudo. Draco la cogió de la cintura para que no cayera.

-Debo decirle, señorita, - El hombre hizo una pausa. - Que su hermano, ha sido muy fuerte. - Le sonrió. - Hemos estado a punto de perderle, pero todo ha salido bien. -Susurró viendo como Hermione sonreía y se tiraba a los brazos de Draco quien la elevó del suelo y le dio un par de vueltas.

-Muchas gracias por todo. - Dijo Hermione con lágrimas en los ojos.

-No hay de qué.

  • Respondió el hombre regalándole una sonrisa amable.

  • ¿Puedo verle? - Preguntó con ganas.

-Todavía no.- Dijo el hombre. - Ahora mismo está en observaciones, pero hoy a las 6 de la tarde podrá hacerlo.

Hermione solo asintió sonriendo.

No pudo contener su alegría, que rodeo el cuello de Draco y lo besó efusivamente. Una y otra vez, sintiendo como él tocaba su espalda desnuda bajo su chaqueta, sintiendo como cada vez más la apretaba. Ahora lo tenía todo, y no tenía nada más que perder…

-Te dije que todo iba a salir bien. - Susurró él besándola otra vez.

-Eres lo mejor. - Susurró ella. - Gracias por quedarte conmigo.

-No podría haber estado en otro lugar. - Contestó él. - Yo estoy donde tu estés. ¿Lo comprendes?

  • ¿Aunque me vaya al fin del mundo?

-Aunque te vayas al fin del mundo.

Hermione sonrió de oreja a oreja.

-Tengo hambre. - Susurró sobre sus labios. - ¿Podemos ir a desayunar algo?

-Claro. - Respondió él. - Pero antes tenemos que ir a avisar a nuestros amigos de que todo ha salido bien, deben estar cansados.

Hermione se sorprendió.

  • ¿Están aquí?

-Sí, han estado desde que he llegado yo…

-Tengo a los mejores amigos que alguien puede tener. - Susurró ella cogiendo la mano de Draco.

-Si. - Respondió apretándosela.

Aquella mañana todos pudieron demostrar su alegría, sin importar nada. Hermione sonreía todo el tiempo e incluso Draco, quien no pudo contener su mala cara al ver como besaba las mejillas de su novia, la abrazaba y luego cogía la mano de su mejor amiga diciéndoles a todos que habían comenzado una nueva relación. Theo en cambio lo tomó bien, se alegraba de que por fin Pansy tuviese alguien que cuidara de ella.

Aquella mañana fue una de las mejores mañanas que Hermione pudo recordar, que, si en la mesa en la que faltaba gente, era cierto, pero no por ello se iba a deprimir. Era hora de salir y comerse el mundo, sin importar lo que la gente fuera a decir o pensar, sin importar nada. Era momento de vivir, y ella lo sabía. Harry había estado allí, y a pesar de todos los malos momentos se lo agradecía, al igual que a Luna que demostró ser lo suficientemente madura como para admitir que lo había hecho estaba mal.

Y los observó reír, los observó hablar unos con otros, como si nada importara. La imagen era graciosa, todos vestidos de gala, los chicos con smoking, las chicas con vestidos de fiesta, sentados alrededor de una mesa redonda llenas de pastas, galletas y café con leche, rodeados por muggles, y supo que no necesitaba más. Que todo allí era perfecto, justo en el momento en que todos soltaban una carcajada, ella los observó con una sonrisa, y supo que ellos valían la pena.  

-Un galeón por tus pensamientos. - Susurró Draco a su oído.

-Más quisieras. - Rio ella.

Draco la miró a los ojos.

  • ¿Va todo bien? - Preguntó él.

Ella apretó su mano.

-Sí. - Respondió sonriéndole.

Sintió ganas de quedarse allí para siempre, junto a él, y por un instante fue así. Sintió como todo a su alrededor desaparecía, las voces, las personas, incluso la luz del sol que se filtraba por la ventana, absolutamente todo. Solo ellos dos, observándose con amor infinito, sintiendo de que por fin todo estaba bien, de que lo tenían todo y que no hacía falta más.

  • ¿Qué pasará mañana? - Preguntó ella en un susurro.

-Que podremos comenzar nuestra vida, juntos. - Respondió el cerca de sus labios.

Hermione sonrió.

  • ¿Qué quieres decir?

-Quiero decir, que - Hizo una pausa. - que deseo pasar el resto de mi vida junto a ti, Hermione Granger.

  • ¿Qué-que? - Preguntó perpleja.

Pansy gritó al ver como Draco se arrodillaba y sacaba de su bolsillo una cajita de terciopelo verde.

-Quería…quería esperar al final de baile, pero no ha podido ser así. - Hizo una pausa para abrir la cajita, Hermione no salía de su asombro. - Ya no puedo imaginar una vida sin ti, y eso es lo que me ha llevado a esto. Deseo pasar el resto de mis días a tu lado, solo a tu lado. No quiero a nadie más, Hermione, solo a ti. Por eso, ¿me concederías el placer de casarte conmigo?

Todos esperaron a la respuesta de Hermione. Por la mente de la chica pasaron miles y miles de recuerdos buenos y malos, cientos de ellos. Y por más que pensase en alguien más sabía que, jamás de los jamases encontraría a alguien como él, y que, aunque ella le contestase que no, él no se daría por vencido, lo haría cada día, hasta que la respuesta fuese que sí.

Asintió sin poder hablar.

-Sí. - Respondió sonriendo. - Sí. - Repitió asintiendo. - Sí, me casaré contigo.

Él hizo que se levantara y la besó y le dio miles de vueltas, mientras ella reía bajo sus brazos.

Draco comprendió en el momento en que Hermione le había pedido tiempo, de que, si ella no era la chica de su vida, no iba a ser nadie más. Que la amaba. Lo supo cuando sus lágrimas cayeron y su única compañía era la luz de la noche, y la luna. Cuando sintió que estaba perdido, y que no encontraría el camino de vuelta a casa si no era con ella.

Plantearse el pedirle matrimonio surgió una de las noches que pasaron en Malfoy manor, una noche en la que se quedó despierto, observando como ella se aferraba a su torso desnudo, como lo abrazaba con dulzura, la noche en la que vio su cara perfecta, escuchó su corazón latir acompasadamente y su respiración tranquila y constante. Cuando observó sus bellos rizos caer bajo su espalda desnuda, cuando acarició su piel suave, allí, en aquel momento pensó en pedirle matrimonio, no sabía cuándo lo iba a hacer, pero tenía más que claro que no iba a dejar pasar demasiado tiempo. Y así fue. No espero mucho, pero sí lo suficiente para que ella contestara que la respuesta de que él deseaba oír.

Y lo dijo, y en ese momento de felicidad comprendió que no necesitaba nada más que una sonrisa de ella para ser feliz.

Y ella de que lo amaba y lo amaba.

  • ¿Preparada?
  • Preguntó Draco cogiendo su mano para dirigirse hacia la mansión Malfoy e ir a contárselo a su madre.

Ella dio un último suspiro y sonrió.

-Preparada.


Bueno…

¿Qué os ha parecido?

Debo decir que me ha costado mucho escribir este capítulo, pero al fin lo conseguí y bueno, aquí esta. Ha sido magnífico escribir este fic, porque quería escribir más que nada sobre el sufrimiento de la perdida, sobre el amor y la amistad, y las consecuencias de estas cosas.

Me lo he pasado muy bien escribiendo sobre todo las partes de amor. Que me encantan.

En fin… Aquí os dejo el último capítulo, aun no la pondré como acabada, porque haré un epílogo, si os parece bien. Ya que hay algunas cosas que quiero que sepáis, como ¿Qué fue de Derek? ¿Cuál era la cláusula del contrato de las empresas? ¿Qué fue de Daphne? ¿Dónde quedó Ron? Y algunas otras cosas más.  

¡Muchísimas gracias a todas mis queridísimas fieles lectoras!

A los 169 comentarios, y a los 300 favoritos.

¡Me habéis hecho muy, pero que muy feliz!

En fin, nos leemos prontito…

¡Besos!