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La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 15
Capítulo 12: Un paso atrás.
-¿Te gusta Annie Gallagher, Hugo?
Justo en ese instante, el joven Weasley se dio cuenta de hasta dónde había llegado su patética situación.
El séquito de Lorcan había decidido saltarse aquel baile como acto de rebeldía ante las convenciones sociales con las que no se sentían cómodos. ¿Cómo iba a rechazar Hugo aquel evento, siendo sus padres los protagonistas? No era solo una falta de respeto, sino, más bien, prevenir un posible castigo. La búsqueda de pareja fue la primera tarea que le hizo plantearse si realmente aquello merecía la pena. Parecía que el hecho de ser Ravenclaw le asignaba el calificativo de raro de por vida. Habría ido con ganas de la mano de Lyslander, pero, al parecer, tenía a Hufflepuff y Gryffindor a sus pies. Y quería estar más tiempo con gente que acababa de conocer. No deseaba desperdiciar su simpatía con Hugo, claro estaba. Y Lily parecía estar en una maldita película Disney con Malfoy. De algún modo, aunque al principio le caía bien el chaval, a Hugo le estaba empezando a andar mala espina…Tanto acercarse a su familia.
Así que ahí estaba Hugo, cuya pareja, Sia Cadwallade, una Ravenclaw -a la que sí le hacía justicia el calificativo "rarita"-, había desaparecido nada más entrar. Y no la encontraba por ningún sitio. Y tampoco tenía mucho interés en ella. Como ambos habían acordado, lo suyo era pura y simple conveniencia. De hecho, Sia estaba demasiado enamorada de Lorcan y Hugo tenía ojos solo para la dulce Annie Gallagher.
Debido al aburrimiento que estaba suponiendo aquel tedioso baile, el joven había decidido acomodarse entre sus padres, algunos de sus tíos -tan solo Ginny y Harry-, y varios miembros de la política de Inglaterra. Había sido su padre el que se había percatado de hacia dónde enfocaba sus ojos Hugo.
-¿Qué?- el muchacho hizo como si no lo hubiese escuchado. Y lo había hecho perfectamente. Así como todos los alumnos en un diámetro de dos metros.
-Oh, vamos, Hugo… ¡No me digas que estás enamorado!
-¡Papá!
Dejar en evidencia a Hugo era un proceso tan natural en su padre, que parecía no tener otra forma de demostrarle cariño.
-No es nada malo, creéme.
-Papá… Al menos podrías bajar el tono…- eso pareció causar algo de risa en el hombre, que se calló por un segundo. Un bendito segundo.
-¿Y de qué Casa es esa tal Annie?
Hugo resopló.
-Gryffindor.
Ronald se asombró del gusto de su hijo. Creía que al ser Ravenclaw acabaría dejándose llevar por las excentridades esas suyas y se enamoraría de alguna persona de Slytherin. Su sobrino era de Slytherin y la hija de Longbotton, pero aquello era una extraña excepción.
-Vaya, buena elección.- su hijo le respondió con una mirada de desdén.- Quiero decir, no es que sea la mejor Casa… Claro que no, todas son iguales excepto Hufflepuff…
-Lys es Hufflepuff.
-Lys no cuenta, mírala, es un prodigio del Quidditch…Eso fue un error del Sombrero. -Por si no había tenido bastante, Annie Gallagher, cuya sonrisa se extendía así como la longitud de su vestido burdeos, se acercó a ellos arrastrando consigo a Joseph McKing, quien había sido -"sorprendentemente"- su pareja. Por su parte, Hermione también entró en escena. - Las dos mujeres de nuestras vidas.- susurró ganándose un leve pisotón.
-¡Hugo! Te he estado buscando… Creía que venías con la chica esa, pero no estabas con ella…
-La he estado buscando pero me he rendido, hay demasiada gente aquí.- mintió descaradamente. Se sintió cohibido. ¿Qué demonios se suponía que tenía que decir delante de su padre y de su madre? Seguramente se habría puesto colorado como el pelo de su padre.
-Soy Ronald Weasley, señorita.- se presentó, disfrutando el momento, su padre.- Un placer conocerla, he oído hablar muy bien de usted.
Los ojos de la joven brillaron. Joseph McKing optó por irse a tomar algún vaso de ponche. Odiaba aquellas situaciones. Al menos no había ido su padre para recriminarle su falta de motivación. Con suerte, tenía a Annie que respondía por él en las ocasiones en las que se quedaba mirando a un punto fijo y no atendía a lo que le estaban preguntando.
Echó el ponche y observó cómo Lily Potter le miraba fijamente y se acercaba a él rápidamente. La joven parecía angustiada y le apretó el brazo con fuerza. La conocía de haber coincidido con ella en la Sala Común. Y de que ambos eran Gryffindor que no querían saber mucho de sus compañeros de Casa.
-¿Has visto a Albus Potter?
Aquella pregunta le hizo preguntarse si la joven sabía algo realmente acerca de su personalidad o si estaba tan desesperada por buscar a su hermano que no se había parado a pensar en que Joseph McKing siempre estaba ausente. Nadie le daba crédito.
-Está dónde ponen el trifle.- y lo cierto era que aquel joven era un excelente observador. La joven asintió y le dio las gracias con la mirada.
Siguió apartando gente hasta llegar a la mesa donde aquel pudding lleno de fruta parecía atraer a todo aquel cuyo peso corporal superase la media. Por suerte Rose no lo había visto todavía.
Se centró en la búsqueda de Albus.
No tuvo que poner mucho empeño. Estaba sentado en una silla observando detenidamente las burbujas del ponche.
-¡Albus!-el joven dio un brinco.
-¿Lily?
-¡Rápido! Es James…- su hermano no tardó en seguirle, aun sin pensar exactamente qué demonios quería su hermano ahora.
Antes de desaparecer del Gran Comedor, Rose Weasley captó su huida desde el rabillo del ojo. Había visto como James se llevaba Scorpius. Y ahora… ¿Lily y Albus? Por pura intuición, asegurándose de que Cedric Kato no se percatase de que estaba algo nerviosa por los extraños movimientos de sus amigos, buscó con la mirada a Fred y Susan Jordan. Ni rastro de ellos. Aquello olía a que estaban tramando algo que no saldría bien.
-Cedric…- el joven paró de relatar su apestoso viaje en avión hasta Londres y le sonrió dulcemente. Merlín. Tenía una sonrisa arrebatadora.- ¿Te importa si voy al baño un segundo…?
El joven se extrañó. Había ido al baño hacía unos minutos.
-Te acompaño.- Rose titubeó.
-En realidad, voy a perseguir a mis primos porque no sé qué se traen entre manos. Ya sabes, Hogwarts no es tan seguro y todo el rollo que te he contado. - confesó mientras se le subían los rubores.
-Entonces, mejor tener a dos guerreros en caso de conflicto…- respondió.
-Vamos.
Su huida del Gran Comedor fue la menos disimulada de todas. Es más, muchos de los alumnos pensaron que se escapaban como jóvenes amantes cuyas hormonas estaban en plena Revolución Élfica.
Los pasos de Albus y Lily se escuchaban en las escaleras que conducían al segundo piso. Ellos, quizás con un físico más entrenado, les alcanzaron casi al entrar al baño de las chicas. Había que tener en cuenta que Albus estaba en rehabilitación de los cien huesos rotos que le habían dejado en la prueba de Quidditch -a pesar de que estuviese mejorando gracias a los entrenamientos.
-¿Qué pasa aquí?- exigió saber Cedric Kato bajo la mirada asesina de Albus y Scorpius.
Ante Rose y Cedric, se encontraban Albus, James y Lily Potter, junto con Scorpius Malfoy, Fred Weasley, Susan Jordan y Cornelia Brooks. Quizás lo que más les impactó fue el hecho de que la Cámara de los Secretos estuviese abierta. Y Rose lanzó un grito, no sabía si de sorpresa o de miedo.
-¡Avisad a papá!- la joven Weasley, que conocía de primera mano la violencia de aquellos que estaba segura de que la habían abierto, prefería que fuesen combatidos por verdaderos expertos, y no simples amateurs.
-Weasley, tranquilízate. - Pidió Brooks mientras miraba detrás de ellos asegurándose de que no hubiese nada más.- No ha salido ningún basilisco ni ninguna otra criatura de ahí.
-Eso no es cierto, Brooks.- rebatió Susan Jordan señalando con el índice un punto en el suelo.- Ahí hay varias huellas de barro.
-¡Hay dos zapatos!- aseguró Scorpius Malfoy acercándose más al suelo para comprobarlo.- Y uno es demasiado pequeño y delgado como para ser de un hombre.
-No vimos ninguna mujer cuando conocimos a los encapuchados, Malfoy.- le recordó James.
Entre ellos, comenzó a surgir una avalancha de suposiciones y conjeturas que se sostenían en un vacío dotado por el desconocimiento.
-Yo sé perfectamente quién es esa mujer.- sentenció Rose creando un silencio extraño.- Gwendoline Cross.
Cedric Kato, que no había pronunciado ni una palabra desde su entrada, se impuso ante todos ellos con una expresión de perplejidad ante la actitud de aquellos críos.
-¿Os creéis acaso vuestros padres…?- todos detuvieron sus palabras y depositaron sus ojos en él.- Esto es un sinsentido… ¡No podéis cargar con una responsabilidad tan grande!
Albus Potter se acercó a él con cierto fuego en la mirada.
-Estás invitado a abandonar la sala, Kato.
-Por si no os habéis dado cuenta… Esas dos personas que han entrado deben de estar dentro del Gran Comedor, camuflados por cualquier poción multijugos.- espetó.- Así que, mejor avisamos a los superiores de que hay alguien dentro del castillo que es…
No le dio tiempo a acabar.
La puerta del cuarto de baño se cerró de sopetón.
Lily lanzó un aullido. Rose y James corrieron a la puerta. Tiraron con todas sus fuerzas de ella. Fred, Susan, Albus y Scorpius acudieron a su ayuda.
-Estamos jodidamente jodidos…- recalcó Scorpius.
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El tic-tac de un triste reloj colgado en la triste y gélida pared de una silenciosa habitación marcaba los latidos de un hombre, cuyos ojos rasgados por la cicatriz de una zarpa miraban atentamente a un espejo. Su corazón estaba siendo marcado por las agujas de aquel antiguo mecanismo. Con suerte, lograría estabilizar sus nervios en unos minutos.
Montdark, como le conocían todos desde hacía mucho tiempo, hacía crujir los nudillos de sus manos con el fin de causar alguna clase de perturbación en el joven que le observaba detrás del cristal del espejo. Mantenían una mirada tensa. Probablemente, jamás habían estado tanto tiempo en silencio.
El joven bufó, con frustración. Su expresión de estar harto de algo de lo que Montdark también parecía estar nervioso, acabó por romper el hielo que se había formado en aquel rincón del Palacio de Loring.
-Tú deberías de estar impidiéndolo…-soltó el joven. Montdark le fulminó con la mirada y se mofó de su propuesta.- McGonagall lo hubiese hecho por ti.- le acusó deliberadamente.
-McGonagall no me recuerda.
-No es su culpa. De hecho, tú fuiste el que te encargaste de borrar tu huella de todo registro mágico, ¿recuerdas? - le respondió un sonido gutural. - Va a morir por tu culpa.
Se levantó del banco de madera desde el que observaba a su acompañante y cerró los puños. Dejaba escapar el aire por la nariz a trompicones, como si la rabia fuese superior a él.
-Cállate, Celius. - Cogió el marco dorado con sus mugrientas manos mientras acercaba su rostro al del joven atrapado allí.- Túno eres nadie para juzgar. ¿Recuerdas quién es el culpable de todo esto?- el joven bajó la mirada, sin dejar de mostrar la misma furia que parecía correr por la sangre de Montdark.- Si tú no hubieses cometido semejante estupidez, quizás McGonagall no habría muerto. - escupió las palabras con saña, abriendo sin mediación una herida que sangraba en los pensamientos de aquel joven con mirada melancólica.
-¿Crees que no me culpo? ¿Crees que no sé que soy yo la razón por la que Ivonne ha tenido que huir toda su vida de…Nosotros? ¡Claro que me culpo! ¡Llevar encerrado más de medio siglo aquí no es suficiente castigo para mí!
-Créeme que propuse métodos más crueles para torturarte. Si no te maté aquel día, fue por ella. Para mí, estás más que muerto.
Celius le miró con tristeza. Reconociendo su error, sus errores. Aceptando con desgana el odio que le profesaba aquella persona desde hacía tanto tiempo que apenas recordaba las sonrisas afables que Montdark sabía esbozar.
-La traerán de vuelta. Seguro que lo estás deseando. - Admitió el joven mientras sus ojos se achinaban a causa de la furia que volvía a emerger.- ¡Joder, Adolf, después de tanto tiempo aun no te das cuenta! Le harán daño. Todo el mundo. Tantos aquellos que se creen buenos, como los que son nombrados como malos. Los héroes la temerán y los villanos querrán tanto su poder que acabarán destruyéndola. ¡Ivonne debe seguir estando lejos de sualcance!
-Debe de estar donde le corresponde.- sentenció Montdark.- Este es su lugar. Aquí sabemos cómo tratarla y aquí reside su destino. No podrá cambiar eso. Nadie podrá hacerlo. Las profecías son inquebrantables…
-¡No sabes de qué estás hablando, Adolf!- los puños del aludido se cerraron fuertemente sobre el marco del espejo.- Te han comida la cabeza con promesas falsas… Te dije que no podías confiar en nadie, pero claro… Los hermanos mayores siempre llevan la razón, ¿no? ¡Mira en lo que te has convertido! ¡Eres su sabueso! ¡Eres un asesino sin piedad al que todo el mundo teme! Te aseguro que ella no estaría orgullosa de ti.
-No busco su aprobación.
-Oh, por supuesto que no, siempre buscarás la aprobación de los McOrez porque ellos son los únicos que pueden coronarte como un héroe en el estúpido mundo que has creado en tu mente. Pues te recordaré una cosa, Adolf: Tú eras el niño que quería salvar vidas cuando éramos pequeños, no el que las arrebataba con los dientes.
Montdark le miró con desprecio. Escupió en el espejo manchándolo y haciendo borroso el rostro de Celius.
-No sabes cuáles son mis verdaderas intenciones en todo esto.- Celius se burló de sus enigmáticas palabras.
-Eres demasiado predecible… Siempre te dolió que me escogiese a mí.
Un silencio se propagó por la habitación. De nuevo, tan solo se escuchaba el tic-tac del reloj. Celius seguía siendo una imagen difuminada por la saliva impregnada en el espejo. Montdark se había vuelto a sentar en el banco.
De pronto, soltó una risa de suficiencia.
-Te estás perdiendo muchas cosas desde que estás ahí metido, hermanito.- acto seguido, miró hacia arriba para comprobar la hora.- A Minerva McGonagall le queda media hora de vida. Media hora menos para sus restos se los coman los gusanos.
-¿En qué clase de monstro te has convertido?
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Algo devastador se estaba acercando. No se había dado cuenta del gran error que estaba cometiendo aquella noche hasta que oyó el aullido. Le encantaban las noches de Luna Llena, el lago era especialmente misterioso. Las criaturas reaccionaban ante ella de forma extraordinaria. Acogían en sus brazos aquella luz como si les renovase las fuerzas. Por supuesto, tenía otros efectos no tan admirables en otras criaturas mágicas. Cuando Dominique Weasley decidió salir aquella noche para abrazar la luz de la luna, no pensó en la posibilidad de encontrarse con algún peligro en el Lago. De hecho, llevaba poción matalobos y zapatillas de correr, solo en caso de emergencia extrema.
Al haber oído el aullido, su vello se erizó y comenzó una carrera sigilosa de vuelta al castillo. Un pitido continuo sonaba en sus oídos avisándole de exceso de adrenalina. Sus pies se convirtieron en torpes extremidades cuando se acercó a la orilla del Lago. Pensaba bordearlo y llegar más fácilmente al castillo. Cuando Dominique Weasley decidió salir aquella noche, no pensó en la posibilidad de que Alexander Moonlight decidiese convertirse en hombre lobo en mitad del bosque.
En realidad, tenía sentido.
Todo el mundo acudiría a una cita en el baile. Todos los alumnos estarían seguros tras las murallas de Hogwarts. A nadie se le ocurriría dar un paseo por el Bosque Prohibido a altas horas de la noche. Excepto a ella. Y estaba segura de que Moonlight no había pensado en ella como una excepción a la regla. Los alumnos de su edad estarían sorprendidos al descubrir la ausencia de la Reina del Baile por excelencia. Algunos la acusarían de cobarde por temor a no encontrar pareja. O por tener que enfrentarse a las miradas de odio de Nicholas Wood. Nadie optaría por suponer que simplemente no le apetecía calzar unos tacones aquella noche. Sobre todo cuando su hermana mayor podría estar dando a luz a su primer sobrino. No tenía permiso para salir de Hogwarts -lo que realmente le fastidió, tanto a ella como a Louis.
Necesitaba despejar su mente.
Nunca pensó que la relación de su hermana con Ted Lupin llegase tan lejos. ¿Un hijo? ¿Se habrían planteado el aborto o era su hermana demasiado tradicional? ¿No era acaso condicionar sus vidas con apenas 20 años? Dominique aparentaba aceptar, e incluso acoger, aquella decisión de su hermana mayor. Pero, en realidad, no estaba para nada de acuerdo. En ocasiones, se sentía algo egoísta por desear un conflicto en la relación. Victoire y Ted no se complementaban tan bien como todo el mundo creía. Sin embargo, el hecho de tener un hijo les uniría de por vida. No había vuelta atrás, nadie daría un paso atrás. Ted Lupin jamás la vería como una joven a la que conquistar. Era su cuñada. Y punto. Sí, aquella noche los más turbios pensamientos de Dominique salieron a la luz. Así como la Luna Llena.
El castillo parecía cada vez más lejos, y el temblor de los árboles detrás de ella más cerca. La pesadilla de su infancia que la había estado persiguiendo por años se repetía. Solo esperaba que aquella vez la transformación voluntaria que había aprendido Moonlight funcionase.
El sonido cesó.
Dominique se paró en seco. Aterrorizada. Una brisa movió las hojas de los árboles suavemente. Solo escuchaba su propia respiración entrecortada y las olas del lago acariciando la orilla.
-¡AAAARGH!
El rugido partió dos árboles en dos dejando ver la figura de un hombre lobo que se acercaba a toda velocidad hacia ella. Sus pies, que parecían paralizados, lograron reaccionar y corrió mientras un grito de horror surgía desde su garganta. En apenas unos segundos, el hombre lobo ya la había alcanzado y tiró de ella. Cayó de bruces en el suelo lleno de piedras y musgo, abriendo varias heridas por todo su cuerpo. La sangre que brotó hizo salivar la dentada boca del hombre lobo, que la acercó hasta situarla bajo sus patas.
La saliva le caía en el pelo, y el maloliente hedor de su aliento se metía con fuerza por los recovecos de su nariz. Su corazón palpitaba tan fuerte que creyó que se le iba a salir del pecho.
Mientras el hombre lobo la observaba como a una presa, Dominique soltó una lágrima. Tenía el cuerpo completamente tenso, y se sacudía con temblores involuntarios. La joven quería estar lo más calmada posible. Había aprendido cómo era una transformación voluntaria de un hombre lobo. Habían tardado décadas en perfeccionarla. Se había desarrollado en un pueblo de Estados Unidos en el que había numerosos casos de hombres lobos y vieron necesario hacer algo al respecto. Había sido su tío, Charlie Weasley, uno de los expertos llamados a ese suceso. Tenían que recibir un estímulo exterior. Algo que les recordase a quién exactamente eran. Al verlo, su subconsciente cómo hombre lobo entraría en contacto por tan solo unos segundos con su parte humana. Si el estímulo era el correcto, el humano dentro de aquella criatura tomaría el control. Y bien podría ser un hombre lobo controlado, o volver a su cuerpo humano. Les aconsejaron llevar una pulsera que con algún colgante que les provocase ese estímulo.
Comprobó las muñecas del hombre lobo. Vacías. Tampoco poseía colgante alguno. Miró de nuevo el pelaje negro y abundante de la criatura. Jamás olvidaría a aquel hombre lobo. Estaba muy segura de que era Moonlight. Y también estaba convencida de que alguien le había arrebatado su sistema de seguridad. Un diente de tiburón. La joven, desde aquel accidente de su infancia, se había percatado de que Moonlight llevaba siempre consigo un diente de tiburón colgado al cuello o en alguna pulsera. Tardaría años en saber que era su estímulo. Aquel día, estaba completamente vacío.
Su hocico se acercó al rostro de Dominique y sus babas la habían impregnado.
-Moonlight…- le llamó. Quizás había más estímulos externos que despertasen su lado humano.- No me hagas daño, por favor…- susurró entre lágrimas que acudían a sus ojos. El hombre lobo no reaccionó seguía atrapando a su presa y observando a su futura cena.- Alex…- volvió a sollozar mientras las babas llenaban su rostro. Aquel momento estaba siendo una tortura. Una idea surcó su mente. Una idea estúpida pero ante la cual no tenía nada que perder. Entonó su voz.- When you try your best but you don't succeed…- su voz sonaba temblorosa y apenas audible.- When you get what you want but not what you need…- Al alzar más su voz, recibió un peligroso gruñido por parte del depredador.- When you feel so tired but you can't sleep…Stuck in reverse- El sonido hizo un giro incierto que hizo fruncir el ceño del hombre lobo. Dejó de jadear repetidamente y la miró con extrañeza.- And the tears come streaming down your face. When you lose something you can't replace, when you love someone but it goes to waste…Could it be worse? - La voz de Dominique dejó de temblar, pues parecía tener algún efecto en su voz.- Lights will guide you home and ignite your bones. - Cuando Moonlight tenía trece años, entró en el cuarto de Dominique y Victoire con un aparato novedoso que le había comprado su abuela muggle, un mp4. Al parecer, tenía en su interior miles de canciones. Dijo que su favorita siempre sería una de Coldplay que le hacía recordar algo que su madre le solía decir de niño. La voz de Dominique se enterneció recordando aquel momento.-… And I will try to fix you.
El hombre lobo ya no generaba saliva. Se irguió y dejó de estar encima de Dominique, liberándola. Soltó un rugido mientras se transformaba dolorosamente en un cuerpo musculoso y afortunadamente humano. Las ropas hechas girones tapaban algo de su cuerpo, pero dejaba entrever los abdominales y los músculos que poseía. Su mirada sagaz estaba clavada en el cuerpo de la joven que yacía en el suelo.
Alexander Moonlight se acercó a ella y le tendió una mano llena de cicatrices. La joven aún estaba algo en shock y tardó en alzarla para ayudarse a levantar.
-Gracias.- la voz del auror sonaba más propia de un hombre lobo.
-Lo he hecho más por mí que por ti.- contestó secamente. Sus mejillas se ruborizaron al darse cuenta de que acababa de cantarle.
-Lo sé.- su voz se naturalizó poco a poco.- Aun así, gracias.
-¿No se suponía que debías llevar siempre tu diente de tiburón?- preguntó acusadoramente Dominique.
El joven reaccionó de forma brusca y agarró con fuerza sobrenatural a la joven pelirroja de la mano en una carrera hacia el castillo.
-¡Vamos! ¡Están todos en peligro!- por su rostro cruzó una expresión de terror que intensificó la adrenalina que estaba sufriendo la joven. Se quedó paralizada por un momento mientras Moonlight luchaba por tirar de ella en mitad del bosque.-¡Vamos, Dominique! ¡Hay que salvarles!
La joven no permitió que se le moviese. Se llevó las manos con horror a la boca y respiró profundamente varias veces. Tenía los ojos como platos mirando hacia la nada. Aprovechó que Moonlight tenía un brazo extendido hacia ella para apretarlo con fuerza.
-He visto a Gwendoline Cross en el pasillo.- volvió a temblar con fuerza y a sollozar.- Iba con un hombre. - miró expectante a Moonlight.- Cross ya no está en Hogwarts.
Moonlight asintió. Y, al ver que aquella muchacha estaba en shock, decidió cogerla en brazos y comenzar su carrera a Hogwarts convertido en un hombre lobo domado por la voz de la joven, que repetía en voz baja que protegiese a su hermano.
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-¿Sorpresa?
Un círculo de barrera mágica separaba en el centro del Gran Comedor a Gwendoline Cross y su acompañante, Octavio Onlamein, del resto de invitados al baile. McGonagall, en el centro de aquella barrera se mantenía con calma mientras observaba los rostros expectantes y horrorizados de todos aquellos que se sorprendieron de aquella intrusión en el castillo.
Eran sus últimos minutos de vida.
Le gustaría dedicar sus pensamientos a todas las personas que habían significado algo realmente importante para ella. A su padre Robert McGonagall, quien aceptó sus talentosas habilidades como bruja desde pequeña. A su madre Isobel Ross, cuyo amor era la magia más poderosa que jamás conoció. A Dougal McGregor, el amor de su vida que rechazó por vivir una vida rodeada de magia, pero a quién seguía amando y protegiendo en la oscuridad durante todo aquel tiempo. El hombre al cual visitó en el hospital cuando murió hacía una década y el destinatario del último beso que dio en el cual depositó todos sus pensamientos hacia él. A Ivonne Donovan, por haber sido una amiga especial en el momento oportuno. A Albus Dumbledure, el sabio más vulnerable que jamás conoció y su compañero de guerras del que nunca dudó. A Rubeus Hagrid, por ser el afable amigo que siempre le protegería. Y a los niños que vio crecer y a quienes crio como sus propios hijos, a quienes dedicó sus últimos años y quienes en ese momento la verían morir sin poder evitarlo.
Cuando Gwendoline Cross le tatuó con un cuchillo en el brazo desnudo y huesudo el nombre de su antigua amiga, Minerva clavó sus ojos en el niño al que profesó su protección. Harry Potter gritaba el nombre de la mujer que le había tratado como la madre que nunca pudo tener. Él sufría más que la torturada. Él lloraba las lágrimas que Minerva no dejaba escapar.
Las varitas lanzaban hechizos inútiles ante la barrera de defensa que alzaba Octavio. Todos los rostros se debatían nerviosos y frustrados entre miles de hechizos. Gwendoline Cross disfrutaba ante la impotencia de todos ellos.
El brazo de McGonagall sangraba y escocía. Dolía. Pero lo más doloroso era el sentimiento y todos los cabos sin atar que les dejaría. La guerra empezaría con su asesinato. Y ella no podía hacer nada para evitarlo. Tan solo morir sin ofrecer una visión de llanto.
-¡AVADA KEDAVRA¡
Todos se horrorizaron ante aquel encantamiento letal. Los alumnos lloraban y los más grandes ahogaban gritos y blasfemias. Las lágrimas se apoderaron de los ojos de Harry Potter. Se arrodilló ante el dolor que desgarró su corazón.
Murió como la Minerva que emanaba constantemente la magnanimidad y la severidad, cuyo respeto era bien recibido, que todo el mundo mágico conocía. Su rostro se apagó con la serenidad que siempre hacía sentir a los demás. Protegiendo, como siempre, a todas aquellas personas que amaba. Esperando a que la paz llegase a todo aquel que la mereciese.
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Queridos lectores fantasmas (y aquellas que se pronunciaron insistiendo la continuación del capítulo):
Espero vuestra reacción -de esta crónica de una muerte anunciada. Sé que sigue siendo un capítulo corto, a diferencia de los que le preceden. Me gustaría saber qué opináis del desarrollo de estos capítulos. Vuestras dudas. Vuestras propuestas. Vuestras conjeturas.
Aclaro información que veo necesaria adjuntar en este capítulo.
En primer lugar, la letra de la canción "Fix you", del grupo Coldplay. Me gustaría que escuchaseis esta cover de Lizzy King, pues su voz es algo similar a la que imagino que Dominique tendría: https://www.youtube.com/watch?v=PkwPpbI8nxM
Por otro lado, me gustaría que conocieseis la historia de Minerva y Douglas. Así que os la copio aquí desde la Wiki de Harry Potter ( http://es.harrypotter.wikia.com/wiki/Minerva_McGonagall )
"Después de graduarse de Hogwarts, a Minerva se le ofreció un puesto en el Departamento de Seguridad Mágica del Ministerio de Magia británico. Ella regresó a la mansión de su familia a pasar un verano con su familia antes de mudarse a Londres. Durante estos meses, Minerva, de dieciocho años de edad, conoció a Dougal McGregor, un muggle local, que era el hijo guapo, inteligente y divertido de un granjero local. Minerva cayó perdidamente enamorada de McGregor. Los dos llegaron a conocerse, y, finalmente, McGregor le propuso a Minerva casamiento y ella aceptó. Esa noche, ella fue incapaz de decirle a sus padres de su compromiso. Pensando en su futuro, Minerva se dio cuenta de que casarse con un muggle sería un error ya que seguiría los pasos de su madre y viviría infeliz con su varita encerrada, triturando todas sus ambiciones. Temprano en la mañana siguiente, Minerva fue a decirle a McGregor que ella había cambiado de opinión, y no podía casarse con él. Consciente de que si rompía el Estatuto Internacional del Secreto iba a perder el trabajo en el Ministerio decidió abandonarlo, ya que ella no podía darle ninguna buena razón para su cambio de opinión. Dejó a McGregor devastado y se fue a Londres tres días más tarde."
Como podéis comprobar, intento acercarme lo máximo posible al mundo que J.K creó y no desviarme demasiado de sus personajes.
Un saludo muy grande,
-A.
#JeSuisParis.