Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Tercera Generación de Hogwarts III · de

La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 28

Capítulo 19: Ad Astra

No había nada como un día tranquilo en Hogwarts. Mitad de marzo, un frío apacible y un sol acogedor. Daba gusto poder pasearse por los pasillos de un lugar que con tan solo echarle un vistazo se sabía que era histórico. Y no precisamente porque las piedras de sus muros, pálidas al sol, reflejasen milenios, sino, más bien, por el aire que se escapaba de los recovecos por los que entraba un escalofrío que recordaba que dentro de aquellos pasillos uno estaba a salvo. También era la magia que hacía vibrar el castillo lo que lo hacía peculiar. No se escapaba ni un centímetro que hubiese rozado lo extraordinario. Incluso su mullido colchón, en los dormitorios femeninos de la Casa Gryffindor, pudieron haber pertenecido a grandes brujas que hicieron historia mucho antes de que ella conociese la magia. Quién le iba a decir hacía cuatro años que la magia, eso que tanto su padre como ella siempre habían descartado como posible realidad debido a que la ciencia era superior, existía. Y, consecuentemente, muchas de las leyendas del mundo mágico que eran simples leyendas en su mundo muggle.

Le gustaba pasear por los pasillos. Sola. Aspirando la magia. Los que no habían nacido muggles no sabían apreciarla como correspondía. Estaba segura de que si hubiese sido de algún mago, como una mayoría en su Casa, no sentiría tanta fascinación por ella ni tanto afán por aprender más -y no con el objetivo de ser poderosa, sino por el reto que suponía descubrir todos los misterios que se ocultaban tras las runas de hechizos ocultos. Para ella, todo ese mundo era un tesoro secreto.

No era justo que le hubiese tocado una etapa de guerra, ¿no? ¿O era siempre así? ¿Era el tener el don de la magia inherente a tener un conflicto mágico? ¿Era ese el precio a pagar? Tenía sentido: si cuando a los muggles se les da poder se vuelven corruptos, aquellos magos más poderosos podían tornarse en los más oscuros. No le disgustaba del todo, aunque sabía que aquellos peligros eran incesantes y que estaban mucho más cerca de lo que muchos pensaban. Además, no podía negar que le gustaba encontrar misterios que parecían no estar dispuestos a ser resueltos.

Percibió cómo una muchacha se acercaba a ella. Tenía sus frondosos labios fruncidos, su conocida mirada sagaz transmitía temor y su alborotado cabello intentaba contenerse en una desordenada cola de caballo. Conocía a esa chica, era su compañera de cuarto, la única con más de una neurona en funcionamiento, quizás.

-Brooks, necesito hablar contigo.- le ordenó. No era una necesidad, era una obligación. Estaba acostumbrada a que aquel particular grupo de amigos acudiesen a su ayuda, como si ella fuese sabia o algo por el estilo.

Cornelia Brooks asintió como si entendiese perfectamente la situación, que en el fondo lo hacía, porque nunca diferían mucho de las anteriores. No había nadie en el pasillo, así que se retiraron a la cornisa de una ventana, tal vez para no quedarse en mitad del pasillo o porque Susan Jordan necesitase apoyarse en la ventana para que así tuviese apoyo externo de alguna forma.

-¿Qué ocurre, Jordan?- lo preguntaba preocupada de verdad. La expresión de su compañera de cuarto era temerosa. No podría estar ocultando algo todo el tiempo y que fuese ella la primera en saberlo, ¿no? Tenía a sus amigos, a Potter y a Weasley, se lo hubiese dicho a ellos. En cambio, su expresión representaba justo lo contrario.

Jordan suspiró. Estaba nerviosa, eso pudo deducirlo porque evitaba mirar a Brooks a los ojos.

-Cuando… ¿Cuándo sabes que una visión, de esas que tienes, no es una visión y es real?- su pregunta acabó con sus dientes clavándose con fuerza a sus labios. Seguía sin hacer contacto visual.

-No funciona así.- respondió Brooks extrañada por la pregunta.- Es decir, cuando tienes una visión es una visión porque lo sabes. Es imposible que se confunda con la realidad… Está distorsionada y normalmente tan borrosa que no sabes ni lo que es.- Brooks tuvo que fruncir el ceño: su respuesta había asustado aún más a Susan Jordan.

Esta negó con la cabeza. Después asintió, volviendo a mirar a la nada.

-Era una visión, tenía que serlo.- se reafirmó en su idea.

-¿Qué era…? No tienes por qué responderme… Pero quizás así pueda ayudarte.

Por primera vez, Susan Jordan encontró los grandes ojos claros y penetrantes de Brooks. La joven morena negó con la cabeza de nuevo.  Se llevó las uñas a la boca y comenzó a morderlas.

-No. No. No quiero ponerte en peligro… Es una visión, estoy segura. Pero… Pero parece real y me da muchísimo miedo… Solo que yo no soy de tener visiones y tenía dudas de si era una visión o no…

Cornelia ladeó la cabeza. Ella, que sí estaba acostumbrada a las tediosas visiones que le acompañaban muchas noches en sus sueños -aún seguía sin saber por qué-, no creía que lo que Susan Jordan tuviese fuesen visiones. Como le había comentado, las visiones son fáciles de reconocer. Y si estaba tan asustada… Temía que a lo que Susan Jordan tenía miedo fuese real.

-¿Por qué no se lo dices a Potter o a Weasley?- le aconsejó con sinceridad, realmente preocupada.

Volvió a mirarla a los ojos, terriblemente asustada, y negó, otra vez, como volviéndose a reafirmar en su propia idea. Quizás para sentirse mejor consigo misma. O a saber por qué.

-Ni se te ocurra decirle nada de esto a nadie. -le pidió seriamente. Cornelia Brooks asintió sin dudar. -Quizás me esté volviendo loca o algo peor…-exhaló un suspiró. Se despegó del alfeizar de la ventana. Contempló  a Brooks con cierta vergüenza.- Gracias, Brooks.- Aunque, en realidad, Brooks no había hecho absolutamente nada. Y se marchó.

Tuvo que asimilar aquella extraña conversación. Susan Jordan estaba en peligro, lo presentía, se lo acababa de demostrar. Pero, ¿qué hacía? No tenía esa capacidad de tomar decisiones impulsivas que caracterizaba a su compañero de Casa James Potter. Tampoco es que la desease, pues la prudencia era un rasgo sabio en el que le gustaba encasillarse. Se encogió de hombros. Hallaría una forma de ayudar a Jordan. Dormía a su lado y podía llegar a conocerla mejor.

Sintió una punzada en la parte izquierda de la cabeza. Un pinchonazo que sacudió todo el cuerpo. Tuvo que agarrarse al alfeizar de la ventana en la que antes estaba Susan Jordan para no caerse de bruces al suelo. Y así era como empezaban las visiones. Dolían como una migraña. El pasillo se volvió borroso de pronto. Por suerte no había nadie que la viese como una loca. Conocía la opinión de los alumnos respecto a la Adivinación y las predicciones. Todo empezó a dar vueltas y el pasillo desapareció como si fuese un cuadro de acuarelas borroso.

Un grito rasgó el lugar en el que se encontraba en ese momento. Era blanco y cegador. Con algún árbol, pinos, alrededor. Era nieve. Estaba en un lugar nevado. Demasiado nevado. Como del Polo Norte.

Se miró las manos. Las tenía casi sangrando, agrietadas, frías. Su respiración estaba acelerada. Sus pies se movieron sin su permiso. Estaba corriendo. ¿O huyendo? No, se dirigía hacia algún lugar. Hacia los gritos. Eran de un hombre. De un joven.

Lo vio de lejos.

Una criatura abominable. Alta, robusta, con pelo. Muchísimo pelo. Era una bestia. Un lobo pero con el morro más corto y las pupilas más…Humanas. Inyectadas de sangre. Cornelia tuvo ganas de gritar. Más bien de llorar. Sollozó.

El hombre lobo tenía algo entre sus dientes. Como ropa. Una capa. Era una capa de un alumno de Hogwarts. Estaba segura. Quería acercarse, pero su cuerpo no le dejaba. Se sacudía en sollozos. Debía de conocer aquel alumno, ¿no?

Quería verlo.

El hombre lobo se removió, pisoteando algo en sus pies. Un cuerpo lleno de sangre. La mano de Cornelia le tapó su propia vista. Como si no quisiese ver a la víctima. ¿Al muerto? Ya no se oían gritos, tan solo sus sollozos. Y el hombre lobo se percató. La miró a ella y esbozó una sonrisa sádica.

Su cuerpo se tensó.

El hombro lobo se acercaba a ella. Dejó a su despedazada víctima en el suelo. Pudo ver su cabeza derramando sangre sobre la blanca nieve y tintando el lugar de violencia. Su cabello estaba desordenado y mugriento. Sus ojos estaban abiertos. Mirando a la nada. Muertos.

Respiró con dificultad. Seguía apoyada en el alfeizar. Sintió las lágrimas surcar su rostro. No podía dejar de sollozar. Había sido un fogonazo. Como todas las visiones. Tan rápida que no le daba tiempo a apreciar la mayoría de los detalles que serían necesarios para poder descifrar mejor aquello. Sin embargo, aquella vez había visto a aquel alumno claramente.

-James.- susurró con voz temblorosa.

Tenía que encontrarle y avisarle. Como siempre hacía, aunque aquella vez fuese para prevenirle a él, no a los demás. Aquella vez era ese valiente e intrépido muchacho el que estaba en peligro. Y ella tenía que salvarlo. Ni siquiera se preguntó quién podría ser el hombre lobo. Conocía a varios después de todo: sabía que Ted Lupin era un hombre lobo, y Moonlight -lo había visto en el atentado del tren-, y, por supuesto, el hombre lobo del Clan del Ojo.

Aceleró su paso. Sabía que siempre traía malas noticias a James Potter, pero era lo único que le unía a él. Lo vio en un patio interno del castillo, sentado en el césped. Leyendo. Ni siquiera se preguntó si realmente estaba leyendo o estaba pensando en sus cosas. Se sentó a su lado. No había casi nadie a su alrededor. Convocaría un Muffliato pero quizás no era necesario.

James Potter la miró con curiosidad. Lógico, Cornelia jamás se había presentado ante él casi sollozando y con la respiración desbordada. Nunca después de una visión. Y, oh, sí, las visiones siempre eran así. Por eso sabía que Susan Jordan no había tenido una. Se lo diría. Le diría que estaba mareada. O que lo que sintió en la visión era lo que sintió al volver a la realidad. Y ella sentía miedo y ganas de llorar.

-¿Estás bien, Brooks?

Tuvo que dejar el libro al lado. Parecía preocupado por ella, de verdad, ¿qué pintas tendría en ese momento para despertar eso en Potter? Sentía su rostro conmovido por las emociones que le transmitieron la visión. Sus manos seguían temblando. Sí, quizás pensaría que le había pasado algo horrible -y no iba lejos de la realidad. Y también estaría preocupado porque normalmente ella siempre venía con malas noticias. Tenía sentido.

-Tranquilo, no es nada.- Sabía que Potter no la creería. La estaba mirando con escepticismo justo en ese momento. No se había dado cuenta, pero se había acercado más a ella, se había posicionado en frente y tenía sus hombros cogidos por las manos. La contemplaba atentamente. Sus ojos avellana intentaban descubrir qué le pasaba.- Ha sido una visión.- James suspiró, más aliviado.- Eras tú, James.

Él asintió, mordiéndose el labio. Como si estuviese esperando aquella fatídica noticia.

-Vaya, no tenías que ponerte así porque me pase algo malo.- Cornelia Brooks enrojeció. Aquel comentario relajado pareció calmarla.- ¿Qué pasaba, Cornelia?

No se acostumbraba del todo a que él no la llamase por su apellido. De hecho, le era hasta incómodo, puesto que no tenían tanta confianza. Ella se aclaró la garganta, en busca de que su voz sonase segura como siempre.

-Te atacaba un hombre lobo en la nieve. Y bueno… Creo que morías.- Cornelia asintió ante sus propias palabras, mordiéndose el labio.- Lo siento, ojalá algún día te diga algo bueno.

-¿En la nieve dices?

James Potter tenía el ceño fruncido y la miraba con intriga. Parecía que no le había afectado el hecho de que muriese. Ni se había inmutado. Aquello le sorprendió y le intrigó. Tampoco quería insistir en el hecho de que iba a morir. Pero, ¿y si no lo había entendido? Moría. James Potter muere.

-Sí, como en el Polo Norte… Solo que con algunos pinos…Y… y nada más.- Definitivamente no iba a recalcar su muerte.- ¿Por?

El joven se llevó la mano a la barbilla. Pensativo. Pero no dejaba de mirarla, como si en ella estuviese aquello que estaba buscando para encender la bombilla de su mente.

-¿Viste un Palacio de Hielo?- preguntó. Recibió una negativa. Potter asintió.- Aun así creo que es allí. El año pasado, cuando descubrimos que Hagrid era un impostor… Fuimos a un Palacio de Hielo que estaba rodeado de nieve blanca por todos lados…

Cornelia comprendió entonces su teoría. James había sido rápido al deducir aquello, ella se había quedado atascada en el simple hecho de que moría, porque, quizás para ella fuese más importante -y era normal, ¿no?

-¿Crees que allí tienen a tu hermano?- era una pregunta que no necesitaba respuesta positiva porque era intrínseca.

-¿Y si voy, muero? Qué irónico. -bufó el joven. La miró con cierta curiosidad. Y entonces pudo ver cómo en el fondo tenía miedo. Como todos los alumnos de Hogwarts. Solo que él parecía no mostrarlo nunca. Tal vez Cornelia había descubierto una grieta en su coraza.

-Te ayudaré a traerlo de vuelta, James.- le prometió. De todos modos, ella estaba allí en el bosque con él. Porque el lobo la había visto. Y era ella. Eran sus manos. Si un elemento de la visión la veía, era porque ella estaba allí. Siempre había sido así. Y a lo mejor lo salvaba de ese modo. -No lo he visto en ninguna visión, quizás eso sea bueno. Además, ya sabes el lugar…

-Es más complicado de lo que piensas. Sé el lugar, sí, pero cogimos unos polvos flú que dejó el impostor de Hagrid en el Bosque Prohibido.

-Podemos conseguir más.- dijo Cornelia enigmáticamente. Con suerte, sabía que los elfos domésticos de las cocinas le darían unos pocos ilegalmente- Por eso no te preocupes. -Entonces, James le miró con preocupación. Sabía en qué pensaba. En su muerte. Era obvio. Pero Cornelia no permitiría aquello. Se le ocurriría algo. Le salvaría a él y a Jordan. -Tampoco te preocupes por mi visión sobre tu muerte.- le intentó tranquilizar. Y entonces tuvo la necesidad de soltarlo.- Tengo visiones constantes sobre mi muerte, y mira, sigo viva.

James se dio cuenta de que intentaba quitarle peso a aquel asunto. La observó, preocupándose aún más por ella. Al principio, le había asustado su estado, como si la hubiesen atacado, y reaccionó rápido para tranquilizarla, porque su corazón se había acelerado al ritmo del ella. Y, después, tras saber que se ponía en peligro así mismo si rescataba -o intentaba rescatar- a su hermano, fue ella la que intentó tranquilizarle. Pero su forma de calmarle era peor. Le puso más en tensión. Nunca dudaría del poder de las visiones o de lo que dijese Cornelia. Era poderosa, estaba seguro. Si predecía su muerte, ocurriría. Como ocurrió la de McGonagall porque estaba seguro de que ella lo sabía. Y que solo confirmó la veracidad de sus predicciones. Y ella también moría. Y sabía que lo haría. Y no le daba importancia. Necesitaba preocuparse por ella porque parecía no ver la magnitud de aquello que veía. Más que preocuparse, protegerla. Al fin y al cabo siempre había tenido aquella necesidad. No porque fuese débil, todo lo contrario, porque era demasiado fuerte.

-Vale.- dijo simplemente. ¿Y qué más podía decir?- Gracias, Cornelia.- Sí, quizás eso era lo adecuado. Observó cómo ella se levantaba. Como si estuviese de pronto incómoda con él. Lo mismo que hacía últimamente Fred con él. ¿Es que repelía a los demás? Entendía que Fred huyese de él. Pero Cornelia, bueno, quizás es que no estaba acostumbrada a pasar tanto tiempo con alguien un poco desconocido. Porque, sí, se conocían. Pero no podían llamarse amigos, ¿no? Eran más bien… Camaradas. ¿Esa palabra siquiera existía? -¿Dónde vas?

La pregunta sorprendió a Cornelia que se volteó. Forzó una sonrisa tímida.

-Voy a recoger a Ivi de la lechucería.- contestó. Se sonrojó.- A mi lechuza, quiero decir. Quizás tenga cartas.

-Te acompaño.- se ofreció James al levantarse. Ella asintió. Se encaminaron hacia la lechucería que quedaba a unos diez minutos andando desde allí. - ¿Sabes?- dijo, rompiendo un silencio fugaz que se estaba empezando a forjar. La miró, sin dejar de parecer preocupado por ella, pero quizás no podía evitarlo. Ambos estaban destinados a morir, al fin y al cabo.- Tus visiones me recuerdan un poco a las que tenía mi padre con Voldemort. -los ojos de Cornelia se abrieron como platos.- ¡No te asustes!- le pidió riéndose un poco.- Pero, ¿has pensado que tal vez alguien te esté mandando las visiones? Porque, no sé, llámame loco pero es muy raro que si nunca has tenido que te den así, de pronto… ¿Me entiendes?

-Ya, sé a qué te refieres… Pero he estado investigando...- James puso los ojos en blanco, gesto que no pasó desapercibido por Cornelia, quien frunció los labios.- Sé que es extraño, y solo puedo investigar… No puedo preguntarle a… Bueno a nadie, supongo. -Suspiró.- Puede que sea normal, después de ver tantas tazas y ver la bola de cristal, como efectos secundarios de un tratamiento.

-Yo no descartaría mi teoría.- recalcó James con cierto aire de suficiencia. -Aunque bueno, si lo dicen los libros… ¡Son intocables! ¡Incuestionables!

-¿Siempre eres así con tus amigos?- preguntó Cornelia Brooks con cierta burla.

James, de pronto, se sintió cohibido.

-Solo en confianza.

-Ah.- alcanzó a decir Cornelia, entendiendo perfectamente a qué se refería con aquello. Salieron del castillo y el frío azotó su rostro. James miró como sus grandes ojos se entornaban con el aire con gracia y se rio por lo bajo.- Dime, ¿cómo estás tan seguro de que es el Palacio de Hielo al que fuisteis hace un año?

El joven se encogió de hombros y se acomodó la bufanda. Marzo era helador, por mucho sol que fuese. Odiaba ese mes. Realmente esperaba que llegase ya abril, aunque fuese solo porque sus padres se acordarían de él y le felicitarían por su cumpleaños.

-Tengo un presentimiento.-dijo enigmáticamente.- Tú tienes visiones, yo intuiciones… Y dicen que normalmente son más propios de las mujeres.- chasqueó la lengua con desaprobación. Cornelia sonrió hacia él.- Y si no es allí, no se me ocurre otro maldito lugar.- añadió, esta vez con algo de desesperación tras sus palabras. Necesitaba a Albus aunque cuando estuviese con él no le hiciese caso. Joder, era su hermano. Era una de las pocas personas por las que merecía arriesgar su vida de verdad. Era su hermano pequeño y lo quería demasiado.

Alcanzaron poco después la torre de las lechuzas. Observó cómo Cornelia iba directa a una lechuza gris y pequeña. Puso una graciosa mirada de tristeza al comprobar que no tenía ninguna correspondencia. Le reprochó a James con la mirada que se riese de ella, de forma seria. Lo que hizo que diese un respingo.

-¿Tú no tienes lechuza?

James asintió. Y, sorprendentemente, allí se encontraba. Con una carta. Oh, por favor, cómo odiaba que los magos no se acostumbrasen al correo electrónico.

-Hedwig II. -la nombró mientras aquella lechuza de plumaje blanca y ojos ambarinos se acercaba a él. Ojalá no le mordiese aquella vez, era una maldita lechuza que era más un capricho de su  padre que un animal útil para las cartas. Era inútil, por mucho que su padre dijese lo contrario. Lo único que tenía era un inmenso y supuesto parecido a la lechuza de la infancia de su padre. Pero siempre metía la pata con los destinatarios. Si a las lechuzas se les midiese el coeficiente intelectual, a Hedwig II le darían una paga por discapacidad mental.- Es mía y de mis hermanos… Compartimos lechuza, por desgracia.

-¿Eso no es una falta de privacidad? Es decir, tus hermanos pueden leer tus cartas por equivocación, ¿no?

El joven se encogió de hombros.

-No solemos recibir algo realmente importante… Normalmente son cartas de mis padres y una carta para los tres. Patético, ya lo sé.- dijo poniendo los ojos en blanco y cogiendo una carta algo extraña de la pata de Hedwig II. Ojalá no se hubiese confundido. De nuevo.

-A mi padre le gusta mandarme carta con lechuzas… No es que le guste mucho la magia, pero sí que siente curiosidad por cómo funciona vuestro mundo.- dijo mientras acariciaba con ternura a su lechuza. Otra loca amante de los animales. ¿Era su imaginación o todas las chicas eran así?- Bueno, supongo que ahora también es mi mundo. -Cornelia echó un vistazo a la carta y alzó las cejas.- Te dejo leer tu carta, parece importante.

-¿Eing?

-Lleva un sello del Departamento de Seguridad Mágica…

-Oh, será de mi padre.

Cornelia frunció el ceño, no del todo convencida.

-¿Tu padre te escribe en cartas de color azul pastel?

Bueno, para James ese azul era simplemente azul, pero ahora que lo decía vio que no encajaba mucho. De hecho, quizás por eso le resultaba extraña. Tenía el sello del Departamento de su padre pero por fuera. Como si fuese una carta que hubiese llegado a manos del Departamento después de ser mandada desde… Fuera. Desde el mundo muggle. Vio el remitente. Lola Cavanaugh. ¿Qué?

-Quizás tengas razón.- le dijo a Cornelia. Esta asintió y se marchó. Dejando a solas a James con su carta.- ¿Qué cojones…?

Abrió rápidamente la carta. No era muy larga… Como si Lola se pusiese a escribir más de una carilla. Pero el hecho de que Lola escribiese a mano y le llegase a él. Se llevó la mano al pelo y lo desordenó, nervioso.

Con un bolígrafo azul, una letra redonda y menuda se dirigía a James.

"Hola James,

*¡Sorpresa!*Sé que te extraña que te mande una carta a mano… Pero no me dejas otra opción. No sé tu Facebook, ni tu número de móvil… Nada. Por suerte, sé tu nombre. ¡Lo único si me paro a pensar! Oye, no pienses así no he hecho nada ilegal. Solo he buscado en Correos tu nombre y me salía una dirección de un sitio de Londres en el que dudo que vivas… ¿Es tu padre agente secreto?

¿Y por qué tanta urgencia? Pues es que no sabía a quién contárselo (mi novio, el de los 20, más bien mi ex novio, o mi pandilla a la que llamarías drogatas, cuando en realidad son la mitad, les importa una mierda lo que me pase), y dado que tú eres una persona de mundo que quizás me entienda… Bueno, que mi tío abuelo se ha traído a una loca a casa. Se llama Samantha Vivier. O Smith. Un día me dijo un apellido y al otro día otro. Smith es muy…sospechoso, común… Así que creo que Vivier es el de verdad. Y no sé. No sé qué hace en mi casa.

Y si te cuento esto es porque creo que estamos en peligro. Wow. Sueno paranoica total. Menos mal que esto no lo ve el doctor Morgan o me encerraría. Pero bueno, han pasado una serie de cosas en mi familia que… Creo que estamos en peligro. Y que la Samantha esta sabe algo. No ALGO, pero algo.

Que se le va la pinza vaya. Que un día, seamos honestos, el alcohol es como un suero de la verdad; la emborraché… Y soltó unas cosas. Que no está curada, vaya. O que la han vuelto loca. Jajajajaja. Dice que la magia existe blablablá que ella está siendo perseguida blablablá que mi abuelo lo sabe blablablá…. Tú sabes, cosas de loca. Pero me dijo que la gente tenía el poder de desaparecer de la nada. Y, dado que puede que me haya pasado algo que no te pienso contar, creo que puede tenga en parte razón. A ver, quitando lo de la magia y eso… Creo que pertenece a una mafia. ¡Y estoy en peligro porque duerme en el mismo cuarto que yo! Y si mi tío abuelo, que es más raro que mezclar la leche con Coca Cola, la ha entrado a casa es por algo… ¡Y quiero echarla a patadas de mi casa! ¡O irme yo!

Si hasta este punto no te has enterado de nada, no te preocupes. Yo tampoco. Me explico como el culo. Te lo digo a ti porque si nos secuestran, tú tienes pruebas de que el doctor Morgan y la loca están implicados y que yo soy inocente. (Es que los policías ya me conocen y están esperando que me meta en un lío y me metan en un centro de menores, por eso te lo digo, porque a mis amigos les da igual… Pero yo no quiero ser como ellos en unos años).

Como probablemente esta carta no te llegue, sino que llegará a un James Potter del barrio del Sur de Londres inexistente…

Hombre de Correos, jódete.

Lola la Rebelde."

James exhaló aire suficiente como para quedarse sin oxígeno en los pulmones. Lo que le faltaba. Antes de pensar en lo que suponía aquella carta, se dio cuenta de que había otra carta, más cuidada y gruesa dentro del sobre.

Resopló.

"Estimado James Sirius Potter,

Debido a que esta carta contiene información que pone en riesgo la seguridad del mundo mágico, ha sido investigada por los Agentes del Departamento de Seguridad Mágica, y todos los sujetos mencionados en la carta pasarán a ser vigilados.

Por esta razón, la señorita Samantha Vivier pasará a ser amenaza para el Ministerio por lo que en unos minutos, agentes de seguridad se dirigirán en su búsqueda. El doctor Morgan y la señorita Lola Cavanaugh contarán con vigilancia permanente hasta nueva orden.

Le avisamos de esta medida dada la cercanía que presenta con la autora de la carta.

Atentamente,

Harry James Potter, o como mejor me conoces, tu padre."

Y cuando creía que algo podía salir mal, salía terriblemente peor. Que le diesen a la jodida ley de Murphy.

^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^^

Queridos lectores (mis fantasmillas o enanitos muditos de Blancanieves y los que tienen comentarios que adoro, encasillarse donde prefiráis)

¡Taráaan!

No sé si es mucha información en tan solo una parte del total del capítulo (que espero subirlo u hoy o mañana).

¿Qué opináis sobre Sue? ¿Qué le pasa? No ganamos a disgustos. ¿Y la visión sobre la muerte de James de Cornelia? O las de su propia muerte… ¿Creéis que han acertado y saben dónde está Albus? ¿Y qué me decís de Lola? ¿O del Ministerio tomando medidas?

Con cariño,

-A.