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La Tercera Generación de Hogwarts III — capítulo 37

Capítulo 23: In fraganti.

Tarde o temprano, aquello estaba destinado a pasar.

Dejó su expresión atormentada atrás y la cambió por una más serena que logró forzar tras una larga respiración profunda. El corazón podía serle arrancado de tantas formas que sintió la necesidad de buscar un antídoto para aquella sensación. Se apuró en acomodarse la chaqueta que colgaba holgadamente sobre sus hombros y se levantó con un falso ímpetu del trono que, para bien o para mal, le había sido impuesto. Carraspeó unas palabras para alejar de su voz aquel tono derrumbado.

Habían llamado a su puerta justo en uno de los instantes que marcarían el futuro transcurso de su vida. Pese a que podía rechazar, como tantas otras veces, aquella constante y persistente conversación que solía ser aplazada; supuso que necesitaba cambiar de aires. Aunque aquel aire fresco fuese la mismísima Rita Skeeter.

No le deseaba ningún mal, pero no era la persona a la que más aprecio tuviese. Recordó cuando Hermione descubrió que Skeeter era un animago no registrado que adoptaba la forma de un escarabajo para buscar entrevistas, y cómo su vieja amiga la encerró en un frasco con la orden de no transformarse y pasó a renunciar a su empleo, bajo la amenaza de que si no lo hacía la delataría al Ministerio y sería enviada a Azkaban. Aquella mujer que destripaba con la mirada se quería mucho más a sí misma que a su empleo, por muy mal parada que saliese tras enfrentar el paro. Aquello le ayudó a crear cierto recelo hacia la joven Gryffindor y sus ideales, quizás por eso escribió un libro despotricando la vida de Albus Dumbledure, hombre al que la muchacha admiraba. Su final, como muchos otros seguidores de su propia salvación, fue compartir la paz con todos los demás ciudadanos que habían luchado con sus vidas por ella. En ocasiones, trabajó para el Departamento de Seguridad Mágica, quien le pidió -algo extraoficialmente- que utilizase su habilidad de animaga para luchar contra el Clan del Ojo. Aquello le dio prestigio en el Ministerio y Shacklebolt no dudó en recomendarla como modelo para los alumnos de Transformación de Hogwarts.

Cuando Neville Longbottom le abrió la puerta de su despacho, sabía que aquella presencia en los pasillos de su Escuela de Hechicería, traería sus consecuencias. Y ahí estaban. Probablemente todas las que le tendía en un cuaderno de notas de color carmín.

-Debe ser un honor poder ver el rostro de un hombre tan ocupado.- dijo con cierto sarcasmo. No necesitó el permiso de Neville para entrar y acomodarse sobre un mullido sillón que secretamente reservaba para él mismo. La observó. Era como si no hubiese cambiado nada desde sus años de Hogwarts. Su cabello rubio seguía extrañamente rígido y rizado gracias a cualquier modificación mágica que habría salido en las últimas décadas. Seguía con sus cejas delineadas y al entre abrir la boca podía apreciarse sus tres dientes de oro. Sus masculinas manos con uñas pintadas de rojo le tendieron el cuaderno sin abrir, mientras le examinaba bajo unas gafas de diamantes. Neville cogió el cuaderno. Al abrirlo, se familiarizó con los trazos de su pluma mágica de color verde ácido. - Considero que debería leer atentamente ciertas anotaciones que he ido haciendo a lo largo de mis esporádicas estancias en el castillo. Puesto que ya cuenta con aurores que protegen a sus alumnos del exterior, le recomendaría que empezase a proteger a sus alumnos de… Ellos mismos. Estoy segura de que no sabe ni la mitad de lo que se cuece en el interior de sus aulas, director Longbottom. Por eso me he tomado la libertad de hacérselo saber. Lo tiene delante de usted, léalo.- ordenó, como si Neville fuese un hombre sin ambiciones que tenía que acudir a la ayuda de aquella indeseada mujer. El hombre sabía que aquella antigua periodista, en la opinión de los más sabios, desprestigiada, haría lo que fuera por sacar los trapos sucios de todos los que habitaban aquel lugar. Incluso los suyos propios, si hacía falta. Además, ya lo había hecho con uno de los directores más amados de la historia, él sería para ella un necio suplente.

-Me temo que esto es violar la privacidad de mis alumnos, señora Skeeter.

-Señorita.- corrigió, a pesar de que ambos sabían que rozaba los setenta años. - Por favor, Neville.- pidió, suavizando su tono.- No me podrá negar que no le pica la curiosidad. Es un elaborado informe. Ya sabe que he trabajado con notables resultados para el gobierno… Simplemente léalo.- sentenció con una sonrisa forzada.

-El documento será destruido en cuanto lo haga, se lo advierto.

-¿Cree que no tengo una copia de seguridad en mi cerebro? - Le retó, mientras le insistía con gestos que comenzase el informe.- En voz alta. -añadió. Neville puso los ojos en blanco. Esa mujer tenía el autoestima por las nubes.

No tenía pinta de ser un informe. Neville lo calificaría como un diario de una adolescente en el que se dispone a sacar todos los secretos más íntimos de sus compañeros de clase. Por su puesto, era mucho más que eso. No pudo negar que temía que su hija tomase un lugar importante. Pretendió no parecer nervioso. Desvió sus pensamientos de Alice. Cambio de aires, se recordó.

-"*…No hay nada como los pasillos de Hogwarts para esconder los secretos más oscuros de los alumnos. Mientras el castillo volvió a acogerme para impartir unas clases magistrales sobre la Transformación, no pude resistirme a saber qué se cocía en aquel horno de secretos. La magia de este lugar no podía defraudarme. Podía haber empezado por cualquier otra familia, pero lo cierto es que los Potter y los Weasley siempre dan que hablar. Con Albus Potter desaparecido, sus hermanos estaban más intranquilos de lo normal. ¿Son los angelitos que la prensa nos presenta? ¡En absoluto! James Sirius Potter es un líder nato y ha movido a varios alumnos en la búsqueda de su hermano: Rose Kárate Kid Weasley, Draco Malfoy 2.0, Fred Gruñón Weasley y el Repelente Hugo Weasley, con la colaboración especial de Susan Jordan y la Sabelotodo Cornelia Brooks. ¿Alice Longbottom, el claro affaire de Albus Severus, se queda atrás? Está muy ocupada escabulléndose a los pasadizos de Hogwarts con Renata Mata Driggs para salir de Hogwarts a escondidas de su bonachón padre…"*Eso es ridículo.- comentó Neville sin que la expresión de deleite ante las propias palabras de Skeeter cambiase.- *"¿Y qué hay de Lily Potter? Sin duda su mal humor ha hecho mella, pero tengo la fiel teoría de que no solo se debe al triste y trágico secuestro de su hermano, sino a que Frank Badmood abusa un poco de su autoridad como abusón y la amenaza con el futuro de su hermano… Sí, ellos también salieron de Hogwarts. Y antes de pasar al bando de los que desparecen de Hogwarts, sigamos con los episodios que he podido percibir de la demás rama Weasley: Lucy Weasley está deprimida o amargada y busca consuelo en la sección prohibida de la Biblioteca en lo que esconde los pantalones de Tim Marrs, su aparente archienemigo, ¡eso debe estar penado como mínimo! Louis Weasley ha contactado con Beauxbatons para cambiar su expediente… Cuando su amado Chris Nott ha despertado de un coma extraño. Hay que añadir que Fred Weasley ha sido acusado de pegar una paliza a algún miembro de Slytherin en secreto, y está siendo amenazado con la inmediata expulsión de Hogwarts, por lo visto, no le dejarán pasar una más… Y llegando a las senior, Molly Weasley es secuestrada por las noches por Leo Livingston y ambos abandonan Hogwarts, en ocasiones con Susan Jordan y Derrick Collingwood. No he podido sacar nada más al respecto, pues tienen mucho cuidado a la hora de las apariciones secretas. Y, por último, Dominique Weasley va con demasiada frecuencia al Bosque Prohibido para tener contacto directo con criaturas mágicas con el fin de conseguir la ayuda que concede el Ministerio de ofrecer unas prácticas en este ámbito. Debe recordársele que el contacto con animales del Bosque Prohibido así como la entrada en él está terminantemente prohibido y penado con la expulsión. Más comportamientos que merezcan la pena mencionar es, por ejemplo, el secretismo que  Moniq Jordan ejerce en torno a un diario y encuentros furtivos con una antigua paciente del Centro de Salud Mental de Edimburgo; el comportamiento sospechoso que Annie Gallagher hace en torno al hijo del Ministro y su aparente chantaje al Sombrero de Elección… Y por supuesto, el hecho de que todo el mundo sabe que Zoe Badmood es en realidad McOrez y tanto ella como sus amigos pertenecen al Ojo. Espero que pueda contestarme, Neville Longbottom"…*Señora Skeeter, soy consciente de mucho de los casos que usted menciona pero para enfrentarlos hace falta tiempo y medidas judiciales que usted no entendería. - Respondió con fiereza.- Así que si no le importa, deja de entrometerse en la vida de mis alumnos.

-Roxanne Weasley fue asesinada por Zoe McOrez según Fred Weasley, pero nadie le ha hecho caso. ¿Eso también le parece un caso que puede aplazarse? Por no mencionar el daño que le hace Frank McOrez a Lily Potter o… ¡La colaboración de su propia hija con el Ojo! ¡Estoy muy segura de que es también consciente de ello y de…!

-¡Basta!- le gritó Neville mirando de forma amenazante a Rita Skeeter. -¡Haga el favor de salir por esa puerta y dejar esa clase de asuntos a los profesionales!

-Si el país se va a la mierda es por líderes ineptos como usted…- siseó Rita Skeeter en un impulso que fue castigado por la concisa mirada de Neville.

-La más estricta justicia no creo que sea siempre la mejor política, dejemos que esos niños acarreen con las consecuencias sobre sus propios hombros hasta que haya algún medio para salvarlos… Mientras tenemos que confiar en ellos, señora Skeeter.

-Eso mismo pensaron de Tom Ryddle… Y se llevó la vida de tus padres, si bien creo recordar.

Rita Skeeter abandonó el despacho con un aire de impotencia marcado.

Neville se dirigió a su sillón, que tenía impregnado un apestoso perfume empalagoso. No tenía fuerzas de hacer un hechizo que disolviera aquel aroma. De hecho, no tenía ni fuerzas para pensar. Aquello había sido un golpe bajo. Y le había dolido demasiado. Tenía una pequeña tradición en la que todos los domingos visitaba la tumba de sus padres y les contaba qué tal le había ido. Lo hacía desde pequeño, influenciado por su abuela, quien no quería que el pequeño Longbottom perdiese sus raíces o el recuerdo de sus padres. Aquella tradición se había visto truncada por la guerra, por los años difíciles en los que su hijo Frank nació y por aquellos días en su despacho en Hogwarts. Sus padres eran los únicos héroes a los que no dejaría de admirar. Habían muerto para prometerle un futuro mejor. Y no permitiría que aquella vieja metomentodo ensuciase su nombre y su honor. No podía dejar que le acusase de tomar medidas que podían matar a personas. O juzgarle como un símil de asesino indirecto de sus padres. Eran circunstancias diferentes y había medidas de seguridad muy dispares. Por supuesto que a Neville le encantaría expulsar a todos los alumnos que tenían algo que ver con el Ojo, y sabía cuáles eran, sabía todos sus nombres. Y solo los sabía él. Sabía lo que eran capaces de hacer o lo que harían, para lo que tenía las profecías de Ivonne. Y sabía que si estaba arriesgando todo el peligro que causarían no era solo porque estaban vetados políticamente por algún infiltrado en el Ministerio, sino porque estaba protegiendo a su hija Alice. Si expulsaba a todos ellos y los sometía a juicio, también tendría que hacerlo con su hija, pues o había justicia para todos o simplemente no existía. Era la decisión más arriesgada que fue a tomar en su vida, estaba poniendo a tantas almas en peligro. Él había visto sus muertes en las bolas de cristal. Él tenía el poder de detenerlas, ¿no? A no ser que se tratasen de profecías irretractables, entonces estarían todos condenados.

Se percató de que alguien estaba a punto de entrar en la su despacho. Había olvidado por completo su segunda cita del día. A la que más temía. Para la que él no estaba preparado. Se le quebró el corazón cuando su hija entró en el habitáculo, con una expresión de aparente inocencia que siempre engañaría a la razón del director.

-¿Querías verme, papá?- preguntó, conforme se fue acercando a él y sin mirarlo directamente a los ojos se sentaba en el sillón de enfrente. El que dejaba para ella cuando quería que le contase la semana, cuando no sabía que probablemente todo lo que decía era mentira.

La examinó, aquella vez viéndola con los ojos de un padre que conocía la traición de su hija. No podía ser cierto. Él quería que no lo fuera. Pero sus miradas escondidas y su respiración a trompicones eran suficientes como para delatarla.

-Alice.- dijo, con un tono que jamás usó con ella. De reproche. Tenía que admitir que con ella jamás se había enfadado. Que era su ojo derecho y probablemente su debilidad. Que si hubiese sido Frank le habría mandado al infierno en seguida. - ¿Qué has hecho, Alice?

Él mismo podía contestar la pregunta. Pero quería que ella no le engañase. Quería que se descubriese ante él para poder perdonarla.

Alice alzó la mirada y pudo ver la acusación en la expresión de su padre por primera vez. Neville percibió cómo su hija se derrumbó por dentro en un segundo. Realmente jamás pensó que la descubrirían. ¿Era por eso por lo que era una Slytherin? No quiso recordar la decepción que sintió cuando el Sombrero la adjudicó en aquella Casa. Su mujer le dijo que no le extrañaba. Fue entonces cuando empezó a considerar que tenía una imagen de su hija muy dispar a la realidad.

-Me estás preguntando algo que ya sabes.- dijo con algo de dureza en su voz. Ella no quería aquel momento. Él tampoco. Pero tenía que sacar algún motivo, a parte de la familia, por el cual defenderla.- Me amenazaron, en un principio con matar a Albus. - Neville se removió en el asiento, sabía que no diría quién pero podía imaginárselo.- Eso fue el año pasado.

-¿Cuándo robaste la piedra filosofal?

Hubo un silencio ensordecedor.

Alice suspiró. Neville seguía expectante a una respuesta.

-Sí.

-¿Sabes lo que le has dado? ¿Sabes lo peligrosos que los has hecho? ¡ALICE, PODÍAS HABER PEDIDO AYUDA! ¡NOS VAS A MATAR A TODOS!

-No podía dejar que matara a Albus… Vi lo que le hicieron a Roxanne… Y… No podía, ¿vale? -sus ojos se emborronaron en lágrimas.

Aquella vez, fue Neville el que echó un largo suspiro. Podía llegar a entenderla. No era valiente. Alice no era valiente como él lo había sido. O como Frank lo era. O como sus padres. Toda su familia. Alice era una cobarde. Le dolió pensar aquello pero era la verdad. Se había rendido. Igual si hubiese peleado, Albus hubiese acabado muerto. Y Alice sería un alma errante. Pero si hubiese peleado, ellos no tendrían un arma peligrosa que usar en contra de ellos.

-¿Y por qué seguiste con ellos?

Alice bajó la mirada.

-Gwendoline Cross es la Gwen de Frank, papá. Lo tienen bajo vigilancia, bajo constante amenaza. Tanto para utilizarme a mí como para hacerlo contigo. Saben qué harías lo que fuera por protegerle. Y saben que yo también. Por eso sigo con ellos, porque no quiero que mi hermano muera.

-Por Merlín…- musitó Neville. Se llevó la mano a la boca. Su hijo. Frank. Recordó su sonrisa inocente. Él sí era un inocente. No quería saber nada del mundo mágico ni de lo que le ocurría a su familia en él. Él sí era valiente. El Ojo podría jugar hasta con el secreto más guardado de su familia, que solo sabía él y Hannah. - Hay que sacar a Frank de aquel lugar.

-Le seguirán, papá. Le siguieron en Navidad y le seguirán siguiendo hasta que consigan lo que sea que quieran de nosotros. Creía que solo era la piedra filosofal, pero ahora pienso que lo hacen para dividirnos entre nosotros, ¿sabes? Eso de divide y vencerás lo aplican contra nosotros porque a vosotros siempre os unió la fuerza de estar todos juntos.

-Alice, tienes que dejar de estar con ellos. Si quieres que todos sean castigados, sal de esa red de influencia sobre ti. Quítatela. Ahora que sé lo de Frank podré protegerlo…

-No puedo.

-No digas estupideces, Alice, claro que puedes… ¡Estás ayudando a una secta terrorista, maldita sea!

-¡No puedo, papá! Se aseguraron de que no dejaría de ayudarles…

Neville le lanzó una mirada de infinita preocupación. Alice comenzó a sollozar.

-¿A qué te refieres?

-Claro que quiero dejar de estar con ellos, son horribles… No sabes las cosas que hacen… Pero… Pero me amenazaron con matar a Albus en su celda… ¡No te imaginas lo demacrado que estaba! ¡Y Frank! ¡Podían matar a Frank en cualquier momento! Sobre todo después de ver cómo Gwendoline Cross mataba a McGonagall delante de todos nosotros…

-¿Qué has hecho, Alice? - preguntó, aquella vez sin saber la repuesta.

La muchacha apartó la mirada bruscamente y sollozó de nuevo. Cuando se hubo calmando susurró unas palabras que Neville no quiso escuchar, pero que oyó perfectamente.

-Un juramento inquebrantable.- Alice miró a su padre, con tristeza.- Prométeme que no se lo dirás a nadie… En el contrato expresaron que solo mi propia sangre podía ser consciente del juramento. Por favor, papá, no puedes decir nada a nadie.

El rostro del director de Hogwarts quedó petrificado.

Si su hija incumplía aquel contrato mágico, moriría.

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-Remus, ¿te has hecho caca? - preguntó Victoire dulcemente.

El bebé pareció negar con la cabeza, aunque era imposible que hubiese entendido a su madre. Ella conocía la respuesta y el pequeño Remus no podía negar la evidencia. Las señas eran inequívocas: un bulto sospechoso en el pañal que le hacía colgar más de la cuenta y un leve hedor saliendo del menudo pantalón a modo de nubes tóxicas.

Victoire soltó una risa cantarina que no tardó en contagiar a la inocente sonrisa de su hijo.

Podía culpar al azar, o quizás era un desliz, pero se había convertido en madre. La naturaleza la había dotado a mansalva del instinto maternal con la finalidad de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría a ver a aquella criatura minúscula y frecuentemente llorona, a la que estaba a punto de cambiar el pañal, sería arrojarla. Sin embargo, y gracias a ese instinto, miraba a su hijo embobada, le parecía que era el bebé más precioso del mundo y se obligaría a cuidarlo hasta que cumpliese como mínimo los 21 años. Ser madre le había hecho considerar que sonar narices y cambiar pañales podía llegar a ser más noble que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada -cosa que hacía sin problema alguno. Era ejercer aquella vocación sin descanso, siempre pendiente de que se acostase temprano, de que tuviese el pañal limpio, de darle de comer y que tuviese los nutrientes necesarios para un crecimiento adecuado.  Estaba entregando su amor y su tiempo sin esperar que Remus se lo agradeciese.

Había otras personas, en cambio, que sí que podían agradecerle todo el sacrificio que estaba haciendo por su hijo. El padre, por ejemplo. Ella había hecho reducir su horario, y por tanto salario, en el despacho de la doctora Crawford porque Ted tenía que trabajar. Obviamente su trabajo era más importante. Como todo lo que Ted hacía. Ted era profesor en Hogwarts. Ted era hombre lobo y metamorfo. Ted podía interrogar a gente en el Ministerio sin tener licencia. Ted podía hacer que Vic cuidase de Remus cuando a él no le viniese bien. Ted podía ignorar lo que Victoire quería. Incluso tenía el apoyo de sus propios padres. Ted era huérfano, pobrecito. Ted no tiene a nadie, pobrecito.

Antes se hubiese odiado a sí misma por pensar aquello. En cambio, la convivencia muestra lo peor de cada uno. ¿Era ella envidiosa? Sí. ¿Era ella ambiciosa? Sí. ¿Era ella, después de todo, una buena madre? ¿Sí? ¿Amaba a Ted?

Hubo un silencio en su mente. Sacudió la cabeza y sonrió hacia su hijo. Este junto sus delicadas manos y las dirigió hacia la comisura de los labios de la joven. Había achinado sus ojos y despertado un brillo en ellos. Un brillo tan parecido al de Ted que Victoire tuvo que apartar la mirada.

Dejó a su hijo en la cuna de madera azul pastel de su habitación, cantando una tierna nana francesa en voz baja. Le tocaba un pequeño descanso después de haberle dado de comer. Y a ella también. Se giró para buscar la mecedora y sentarse en ella. Pero se llevó un susto de muerte.

-He visto que hay seguridad más oficial de la cuenta y no he querido arriesgarme a pasar por allí…

-¿¡CÓMO TE ATREVES A BURLAR MI SEGURIDAD?!

-Oh.- dijo con algo de sorpresa Charlotte Breedlove, meciéndose con serenidad.- Veo que estás en la fase en la que vuelves a desconfiar de mí.

-No tienes derecho a venir aquí cuando a usted le plazca… ¡Sin saber siquiera si lo que dice es cierto!

-¿Por qué te mentiría, Victoire?

-Podrías ser el Clan del Ojo.

-Podría.- contestó ella.- Pero si fuese del Ojo ya estarías muerta, querida. Y no habrías conocido a tu hijo.

-¿Qué quieres?

-Veo que has empezado a trabajar. ¿Te va bien en la clínica? He escuchado que la doctora Crawford puede ser muy estricta.

Victoire la miró, incrédula.

-Usted conoce a la doctora, ¿por qué no le pregunta a ella? O, mejor aún, ¿por qué no deja de mentir?

-Si vamos a empezar a dejar de ocultar cosas, podrías empezar tú, cielo.

La joven enmudeció por un momento.

-Yo no tengo nada que ocultar.

-Victoire, sé que me has traicionado. O, al menos, lo has intentado.-acusó la mujer hacia una joven que echó la mirada hacia un lado.- Le diste mis huellas a la señora Crawford.

-¿Y? Seguro que lo ha arreglado y nunca conseguiré los resultados.- Charlotte Breedlove rio con aire de suficiencia.- ¡Sabía que usted era el Benefactor!

Los labios de la mujer de color se tensaron.

-Me temo que no, querida.

-Ha dicho que dejásemos de ocultarnos cosas…- recalcó Victoire.

-Muy bien. ¿Quieres saber la verdad? El Benefactor no soy yo. Ni Ivonne, por si te da por pensarlo. De hecho, el Benefactor para el que trabaja la doctora Crawford es anónimo por razones obvias.

-No la entiendo.

-Quizás no me quiere entender. -le indicó a la joven que se sentara en una silla que había cerca de la mecedora. Ella obedeció y miró con preocupación sincera hacia la mujer. Podía estar mintiéndole. Pero sabía que lo que estaba a punto de decirle era verdad. Igual que cuando le dijo que su hijo Remus estaba en peligro. Era una intuición que seguramente estaba mezclada con magia para asegurar su eficacia.- No sé si estás preparada para saber esto, pequeña Weasley.

  • Nada de ocultar, ¿no?- dijo con seguridad en su tono de voz.- Puedo soportar las consecuencias.- añadió bajo una mirada de advertencia.

-El Benefactor es Graham McOrez.

Se hizo un silencio y un nudo extraño en la garganta de Victoire.

-¿Qué? ¿QUÉ? ¡NO PUEDE SER! ¡¿ESTOY TRABAJANDO PARA GRAHAM MCOREZ?!- se levantó de la silla con ímpetu y se alejó de la mujer que la miraba con cierta preocupación. La señaló con el dedo.- ¡ME HAS HECHO TRABAJAR PARA ÉL! ¡POR MERLÍN! ¡TED TENÍA RAZÓN!

Charlotte Breedlove la miró con comprensión. Victoire se separó aún más de ella. Echó un vistazo hacia Remus, para asegurarse de que aquella mujer no lo tuviese en su campo de visión.

Al segundo, se sintió tan estúpido que sintió unas ganas inmensas de llorar. Ted había tenido razón todo aquel tiempo y ella se odiaba por no haberle hecho caso. Quizás todo el favoritismo hacia el padre de su hijo no era en vano. Era ella la que estaba estropeada. La que se había dejado exponer ante una mujer envuelta en un halo de misterio tan ambiguo que cuando más creía que podía ayudarla, más la estaba traicionando.

La joven miró de reojo la expresión de preocupación que había ocupado el rostro de Charlotte. No parecía arrepentida de haberle dicho aquello, como si meramente no quisiera ocultarlo. Más bien parecía estar esperando con miedo al momento en el que Victoire estallase en pedazos de cristal.

-Victoire.- la llamó Charlotte.- Déjame que te lo explique.

Se debatió entre seguir escuchándola o callarla y olvidar todo aquello. Ya que estaba allí, no perdía nada en volver a oír sus historias, las cuales, en aquel momento, le parecían todas falsas. Y sí que perdía si no la oía. Perdía el trabajo, pues se negaría a seguir trabajando para el asesino más despiadado de la historia del mundo mágico.

-Prométeme que dirás la verdad.- se sintió tan estúpida al decir aquello que tuvo que morderse el labio. Tenía miedo.- Haz lo que sea para que deje de trabajar para él. No quiero seguir con esto. No quiero seguir ocultándole a mi familia que puedo ser una traidora…

Charlotte cerró los ojos, como armándose de paciencia.

-Victoire. Tranquila.

La joven arrugó la frente.

-¡No! ¡No soy tu marioneta! ¡No soy el Clan del Ojo!

-Oh, por favor, Victoire, yo tampoco lo soy. - le contestó sagazmente.- Dentro de poco me creerás. - añadió.

-Si no eres el Clan del Ojo, por qué razón el Benefactor es Graham McOrez… ¡Es como mi jefe! Seguro que él sabe quién soy yo… ¿Entonces la doctora Crawford también es miembro del…? Oh, dios mío.- se tapó la mano con la boca, sin poder creerse aquello. No podía estar ocurriendo aquello. La había cagado. Y no solo por hacerle caso a una vieja loca, sino por algo más que había hecho confiando en la privacidad de aquella clínica. Tenían el ADN de su hijo y de Ted. Fue en una duda imperial que le surgió a raíz de un momento de tensión con el joven. Quería asegurarse de que era el padre. Y ahora el Clan del Ojo tenía todos los datos necesarios para no sabía hasta dónde podía llegar con aquello. Miró a Charlotte y vio que parecía estar esperando a ser escuchada.- Cuéntamelo todo y podré creerte.- La mujer asintió. - Y ve al grano.

-Debo remontarme más allá de lo que tú deseas saber para que lo entiendas todo…

-No tengo todo el tiempo del mundo.- aquello era una mentira sucia, y sabía que Charlotte la pasaría por alto. Y también que haría lo que le viniese en gana.

-No puedo permitirme que me vaya y que te queden dudas de por qué todo esto.

-Adelante.

-Tu hijo Remus es muy especial. -Dijo enigmáticamente.- Ya te dije que el Clan del Ojo lo quería en su poder para cumplir una profecía a su favor, y lo cierto es que aún no sabemos cómo acabará eso. Y tú eres su madre, por lo que eres la persona que está más dispuesta a salvarle de eso, ¿no es cierto? - La joven asintió al segundo.- Por eso acudí a ti en primer lugar. Al ser la madre de una criatura tan poderosa, harías lo que fuera por protegerla, aunque solo seas casi una adolescente… Vine a ti para ayudarte, aunque no me creas… Debes saber que en el segundo que ellos tengan a Remus, estaremos todos muertos. - Victoire tragó saliva.- Te voy a contar una historia que viene a explicar por qué trabajas para quién trabajas, y necesito que me prometas que no dejarás de confiar en mí después de eso.

-Lo intentaré.

-Está bien.- suspiró Charlotte. Se volvió a sentar en la mecedora y Victoire tomó asiento al lado de la cuna de Remus. - Ivonne también era una niña muy especial… Mucho más especial que Remus, desde luego. Cuando llegó a Hogwarts solo con once años, había gente que ya la estaba esperando. El Sombrero no tardó en colocarla en Hufflepuff, aunque te extrañe. Yo la veía desde la mesa Slytherin, donde era repudiada por la mayoría por, además de ser sangre sucia, hablar el inglés con un acento extraño. Te puedes imaginar la que se armó cuando Ivonne vino a abrazarme o, simplemente, estaba conmigo. Los magos eran y son tan clasistas que no pueden consentir la mezcla de ideales. A pesar de que Ivonne era una niña adorable, no hizo casi ningún amigo. Se ganó el corazón de Minerva McGonagall, y el de una niña con problemas mentales, Vivian, creo recordar. Si te soy sincera, envidiaba la facilidad que tenía Ivonne para codearse con gente extraña. Al contrario que yo, que solo le dirigía la palabra a un Slytherin: Graham McOrez. - Charlotte sonrió melancólicamente.- Por supuesto, nadie podía enterarse de que yo era amiga del hijo de uno de los magos más importantes del Norte de Europa. Pero eso yo no lo sabía entonces. Tampoco sabía qué era el Clan del Ojo. Ni que mi amigo Graham estaba allí para secuestrar a Ivonne. Se escandalizó cuando supo que yo era su hermanastra. Dejó de hablarme durante semanas. Puedes imaginarte el odio que desarrollé hacia la hija del novio de mi madre. Era una adolescente enamorada de un chico demasiado guapo que se había fijado en mí desde el primer momento. Intentó reclutarme. Fue el quién me contó casi todo lo que sé del Ojo. Hubiese caído ciega en sus mentiras si no hubiese sido por un joven rebelde que nos escondió a mí y a Ivonne del Ojo durante años. Graham se enfureció, fue entonces cuando desató toda su rabia con los asesinatos más brutales vistos en el mundo mágico. Enloqueció. No solo había fracasado en su misión de coger a Ivonne, cuyo padre la había escondido desde el día en que nació, sino que también me había perdido para siempre.

-¿Estaba enamorado de usted?

-Me gustaría pensar que no, pero me temo que solo el amor puede volver a alguien rematadamente loco.

-¿Intentó matarla? ¿Le vio después de aquello?

Charlotte suspiró.

-Fingí un accidente en el que moría para estar muerta para el Ojo. Incluso un miembro se atribuyó mi asesinato. Mandaron miembros del Ojo a verificar el cadáver de una persona muy parecida a mí. Fue Graham McOrez quien determinó que estaba muerta.

-Eso es imposible.

-Eso pensé yo… Hasta que un día recibí su visita. Me pilló por sorpresa. Estaba cabreado, llevaba décadas buscando a Ivonne y creía que yo sabía dónde estaba. No era así, por desgracia. Yo le perdí la pista cuando me contó que estaba embarazada. No quería que yo sufriera más de lo que lo había hecho.

-¿Y qué hizo?

-Descuartizó a mi prometido ante mis ojos, un mago que también estaba huyendo del Ojo. Era una especie de venganza, supuse. Pero me di cuenta de que jamás volvería a entender las decisiones que tomase. No me delató al Ojo. Nunca lo ha hecho. Sé que en el fondo de su oscura alma, soy la única persona que le recuerda a sus tiempos de cordura.- volvió a suspirar.- Mi misión es que el Ojo no lleve a cabo su misión.

-¿Recuperar a Ivonne?

-En eso no puedo ayudar mucho, estoy ciega en cuanto a lo que quiera hacer Ivonne. No sé nada de ella. Podría estar muerta y el Ojo sigue buscándola.

-¿Entonces?

-Hacer fracasar los pequeños objetivos del Ojo. Como por ejemplo, evitar que consigan a Remus.

-¿Por qué Remus?- preguntó con profunda preocupación Victoire.

-Es una profecía, con eso les basta.- Charlotte se acomodó en el asiento.- Hace tiempo, me enteré de que el Ojo había comenzado a dirigir una clínica que trabajaba con los genes, lo cual me interesó muchísimo, porque Graham me había contado que había muchos magos científicos en el Ojo. Debía de pararles.

-¿Con la Doctora Crawford?

-Es una muggle cuyo padre fue un siervo de la familia de los McOrez durante un tiempo. Sabía que la magia existía pero nunca ha podido emplearla. Su padre estaba en contra de todo lo que el Ojo hacía, pero sabía que no podía oponerse cara a cara contra él. Les estuve investigando durante un tiempo. Hasta que descubrí que aquel hombre sabía mucho más de lo que decía: había conocido a Ivonne. Por supuesto, el simple hecho de conocer a Ivonne en su momento de desaparecida es un punto de inflexión vital en la vida de alguien, pues te da una meta que debes cumplir. Yo al principio me opuse a ella, pero es necesario para que el mundo sea un lugar mejor… Somos los soldados de su ejército invisible. Somos la hierba que oculta a la víbora hasta que de su ataque final.

-Así que, se interesó por su hija y la condujo a trabajar para aquella empresa porque sabían de antemano que Graham era el Benefactor, y que la familia de Crawford trabajaba en realidad para Ivonne, como usted hace. Pero McOrez lo único que ve es la lealtad de una familia de muggle hacia ellos, de generación en generación.

-Algo así, sí.

  • ¿Y yo qué pinto ahí?

-Estás ahí por varios motivos. En primer lugar, el mérito que presuntamente Crawford ha ganado para el Ojo al reclutarte indirectamente, lo que a ellos les encantan, pues creen tener a todos bajo su control. En segundo lugar, estás de infiltrada en una misión del Ojo que aún no sé para qué sirve y confío en que tu instinto te ayude a resolverlo. Y, por último: estás destinada.

-¿Soy un soldado invisible de Ivonne? ¿O soy el peón que tú utilizas?

Charlotte sonrió.

-Cuando Ivonne profetizó lo que Remus era capaz de hacer, yo estaba a su lado. Me acuerdo perfectamente de aquel día porque fue el que supe que siempre apoyaría y protegería a Ivonne. Fue el día que desapareció para siempre. Me dijo que tenía que encargarme de que el Ojo no tuviese a Remus, que él vendría a mí de algún modo y yo tenía que enseñarte a protegerlo. Sus palabras fueron: Será una madre inexperta, insegura… Pero en su corazón late el más puro amor de una madre. Enséñale a utilizarlo. Sólo ella puede evitar que el bebé sucumba a la Oscuridad.- Se le erizó el vello y echó un vistazo para observar el estado de su hijo.- Yo no he decido qué es lo que tienes que hacer. Fue ella. Mucho antes de que tus padres nacieran. Ella te dio la oportunidad de ser su soldado invisible… La repuesta la tienes tú.

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La bofetada sonó a lo largo de todo el desolado pasillo.

-¡No vuelvas a redactar un artículo de mí!- chilló con furia la joven pelirroja.- ¡Ni de mis amigos!

El muchacho se rio con sorna.

-Vaya, no sabía que seguían siendo tus amigos…

El artículo del periódico fue estampado en su cara con tanta fuerza que le impulsó hacia atrás.

"Lucy is in the sky with dynamite.

No os adelantéis, no estamos de nuevo ante un GRAN COTILLEO. Pero sí que me he tomado la libertad de hacer un análisis sobre la muchacha con el corazón más roto de todo Hogwarts. Ya sabéis de quién estoy hablando… ¡Lucy Weasley! La pobre cornuda lleva encerrada en su entorno tanto tiempo que enloquece cada vez que alguien intenta hacer contacto con ella… Una pena para los que quieran intentar algo con la pelirroja. Un desperdicio de belleza.

La chica con más genio de todo Hogwarts ha empeorado, lectores, ahora no soporta ni ser cuestionada por trivialidades en clase… ¡Pobre Binns! Lo único que parece calmarla es su familia… Y depende de qué miembros, ya que tenemos que recordar que el gran traidor es su propio primo. Su hermana pasa de su culo. La que era su prima favorita está muerta. Y todos los demás primos siguen conmocionados por el paradero de James Potter. Todo digno del drama Weasley.

Por si fuera poco su genio, Chris Nott ha vuelto a las andadas después del coma que le ha borrado toda la memoria… Muy oportuno cuando tiene que hacer frente a la fiera de su ex novia. ¿Y qué pasa con Louis Weasley? ¿Le habrá recordado por qué cortó con la agridulce Lucy para irse con el misterioso Louis? Un misterio debe ser también la respuesta, pues ni Nott ni los Weasley se hablan entre sí. Menudo triángulo amoroso.

Ya hay fuentes que confirman que Nott se ha vuelto a enamorar de Lucy, lo que ha supuesto la total aislación de Louis… ¿Nos darán más cotilleos?

Sin parar de informar,

Tim Marrs"

Tim Marrs no dejaba de ver a Lucy con una expresión socarrona que la joven estaba odiando máximamente en aquel momento. ¿Cómo podía ser tan sumamente imbécil? ¿Eso era legal, el jugar con su propia privacidad? Le había dolido saber que el colegio entero la veía como la cornuda enfurecida. No era así, ¿no? Simplemente siempre había tenido mucho genio y las circunstancias lo habían agravado.

-¡La próxima vez te denunciaré!- le advirtió, dándole un empujón fuerte.

Fue sorprendida, cuando Marrs le cogió el brazo con el que había dado el empuje. Seguía teniendo esa sonrisa burlona en el rostro.

-Oh, venga ya… Lucy, no te enfades… No querrás aumentar tu reputación de fiera.- le comentó bajo la furiosa mirada de la joven.

-No sé ni por qué me has llamado.

El joven soltó una risotada, como intentando romper la tensión.

-No te lo vas a creer, pero es para pedirte perdón por el artículo.

Lucy se señaló la cara con aspecto incrédulo.

-¿Es que crees que soy tonta? Oh, perdón… Que el que tiene deficiencia cerebral eres tú... ¡Vete a la mierda, Marrs! Solo he venido para que confirmes mi mal humor.

-Esto es serio, Weasley, si no, no me atrevería a llamarte.- La joven puso los ojos en blanco y chasqueó la lengua.- El artículo era para alejar los rumores de que tú y yo nos hemos liado. Y algo más que eso.

-¿QUEÉ? ¿Quién coño se cree esa barbaridad? -exclamó Lucy con los ojos desorbitados.

-Al parecer, muchísima gente. Por eso he venido… Verás el rumor lo expandimos nosotros. No el rumor, sino más bien… Esto te va a hacer gracia…

-Te aseguro que no.

-Desde Navidad, un anónimo nos ha estado mandando información sobre alumnos de Hogwarts. Información que no te imaginas, peligrosa, de la que debería tener el Ministerio, no nosotros. Muchos de los alumnos implicados tacharon a esa fuente de blasfemia y no tuvimos otro remedio…

-¿Más remedio que soltar por ahí que nos hemos liado?- inquirió sumamente indispuesta.

-No exactamente.- susurró Tim Marrs con un aire pillo.- Pedimos a una pareja que colabora con el periódico que tomase Poción Multijugos hecha para ser transformados en ti y en mí.

-No me gusta cómo está avanzando la historia, Marrs…- advirtió.

-Te dije que te iba a hacer gracia.- su tono de voz era casi inaudible.- Se fueron a la sección Prohibida de la Biblioteca. Se aseguraron con magia de que no había nadie. Y se lo montaron allí.

-Con nuestra forma.

-Sí, pero siendo ellos.

-Creo que me voy a desmayar.

Marrs se encogió de hombros y se rio.

-A mí tampoco me gustó la idea en absoluto… Pero piénsalo: era un cotilleo jugoso. Somos enemigos declarados en Hogwarts. Nadie se imaginaría lo nuestro. Solo si alguien tiene el suficiente poder para abarcar todo Hogwarts con los cotilleos lo sabría.

-¿Y?

-Al día siguiente nos notificaron de ello. A mí, ya que soy el redactor jefe.

-¿Y?

-Nada, apagamos el cotilleo y los rumores como se pudo, con el artículo sobre todo.

-¿Y?

-Muchos miembros del periódico quieren encontrar a la fuente. Pero me huele que no la quieren encontrar para tener una charla o darle un tirón de orejas… Sino que pueden ser mucho más peligrosos que eso. Lo que cuentan sobre ellos, aunque digan que es mentira, suena muy muy mal.

Lucy frunció el entrecejo.

-¿A qué te refieres?

-Algunos que salen del castillo a medianoche, otros relacionados con Badmood aunque jamás se les ha visto juntos, quedadas con encapuchados… Si la fuente nos mandó un cotilleo que era real, nuestro cotilleo falso, todo lo demás es muy probable que sea cierto.

La joven se quedó pensativa. Marrs parecía realmente preocupado. Que estaba hablando en serio. Le parecía surrealista todo aquello.

-¿Y qué vais a hacer? Si todos tus compañeros de redacción son tan misteriosos… ¿Qué…?

-Por eso te he llamado. Quiero descubrir si lo que dicen de ellos es verdad. Por ahora me lo creo y… Sé que soy Ravenclaw y que no es propio de mi Casa jugar a ser el héroe ni nada, pero la curiosidad me mata. Sobre todo, si sé que dentro del castillo ya han pasado cosas… ¡Todos vimos que Cross mató a McGonagall y estaba sentada a nuestro lado en Herbología!- Lucy suspiró. No se esperaba aquello en absoluto. Había decidido quedarse al margen de toda aquella movida desde el principio. Tenía bastante con sus problemas en la relación como para meterse en problemas en los que podía arriesgar su vida. Su familia no podía permitirse otra pérdida.- Quiero que me ayudes, Lucy.

-¿De qué estás hablando? ¿Yo contigo? Ni de coña, chaval.

Marrs pareció un tanto decepcionado.

-Vamos, Weasley… Tienes que llevarlo en la sangre. Sólo yo sé toda la información de la fuente, solo confía en mí. Y no puedo confiar en nadie de mi entorno porque son todos aparentemente peligrosos.

-¿Y por qué sí en mí?

-Siento ser prejuicioso, pero porque eres Weasley. Además, te conozco desde Primero por todas las clases en las que coincidimos: no eres ingenua, tienes genio y puedes llegar a ser valiente.

-¿Y los otros Weasley qué?

El joven puso los ojos en blanco.

-O son muy pequeños y tienen sus conspiraciones, o son muy grandes y tienen otros problemas.

-Ah, porque yo no tengo problemas, ¿no?  Que va, en absoluto… No te cansas de escribirlos…

Marrs negó con la cabeza.

-Pero así puedes distraerte, piénsalo.

Lucy ladeó la cabeza.

-¿Y sería descubrir a la fuente?

-No, no.- negó Marrs, con un brillo de ilusión en la mirada.- No pienso descubrir la fuente porque puede pasarle algo malo. Estoy seguro de que él o ella confían en mí, y voy a protegerle. Lo que quiero es comprobar todo lo que nos ha dicho hasta ahora.

La joven suspiró.

-De acuerdo, te ayudaré momentáneamente. Pero no te emociones… -Marrs le miró con cierta picardía.- ¿Por cuál vas a empezar?- El joven se rascó la cabeza, cambiando a una expresión más pícara y secreta.- ¿Qué?

-No es casualidad que te lo esté diciendo justo ahora, Weasley.

-¿Qué quieres decir?

-Tu primo Louis se va hoy a Beauxbatons.

-No.- negó rotundamente ella.- Imposible.

-Compruébalo.

Antes de que pudieran despedirse, cosa que Lucy no tenía planeado hacer, se fue corriendo hacia la Sala Común. Le dolía admitirlo pero creía en Tim Marrs. Nunca había mentido. Y, aunque podía llegar a ser un imbécil, no era mala persona del todo. Había peores como Chris o Louis. Marrs por el momento había hecho su trabajo: que todo Hogwarts se enterase de su situación sentimental. No esperaba nada más. Y el hecho de formar con él un equipo de investigación, lejos de agradarle del todo, era cierto que le había interesado. No por estar con él, sino por el hecho de descubrir a los posibles miembros del Ojo. Un sentimiento que jamás había experimentado estaba surgiendo en la base de su estómago. ¿Era adrenalina exagerada o el sentimiento de un héroe en potencia?

No tardó en llegar a la Sala Común porque no estaba muy lejos. Supuso en seguida que Marrs también había previsto aquello. Puto Ravenclaw. Se las sabía todas. Quizás solo la quería porque era Weasley y a él le daba miedo ir por los pasillos de noche. Porque por lo demás estaba segura de que él se las podía apañar muy bien solito.

No podía ser cierto.

No.

Era imposible.

Louis Weasley estaba con una maleta en la mano izquierda. Y Chris Nott, a pesar de ser Slytherin, estaba en la Sala Común a su lado, sin entender muy bien la situación, incómodo al no saber que Louis huía del posible rechazo de su novio que no sabía que lo era. Lucy puso los ojos en blanco. ¿Cómo podía ser tan inseguro y cobarde? Ella era la única que verdaderamente conocía a su primo. Podía llegar a ese extremo, a pensarlo más bien, pero el hecho de hacerlo era lo único que le hacía Gryffindor: la valentía de huir. Louis no era noble. Louis no pintada nada allí y siempre lo había pensado. Pero lo quería y evitaba pensarlo.

Louis estaba haciendo lo que en el fondo siempre quiso. Salir de Hogwarts.

Aquella situación era tan rara que a Lucy le dieron ganas de vomitar. Estaba nerviosa. Iba a despedir a su mejor amigo que ya no podía serlo. E irremediablemente se sentía culpable. Porque si ella no hubiese tenido tanta ojeriza hacia ellos no le hubiera dado de lado. Y seguiría tan feliz a su lado. Pero es que se dignaba a ser tan tonta. Que acarrease con las consecuencias.

-Lucy, me voy.

-Lo sé.- dijo ella, bajo la atenta e incómoda mirada de Chris sobre ella. Louis pareció sorprenderse. Olvidó que aquello solo lo sabía el Diario de Hogwarts y la fuente misteriosa. -Me han avisado de que te ibas, y quería despedirte.- Eso era una excusa más probable, pues Longbottom sabría de aquello, ¿no? Louis asintió. No la había cagado. Punto para Lucy.- Pues nada, que te vaya bien.

Louis asintió. No, no le iba a ir bien. Si Hogwarts estaba plagado de miembros del Ojo, Beauxbatons más, pues su Ministro era un miembro del Ojo, según su padre. Se estaba adentrando en la boca del lobo para quizás no salir de ella. ¿Y si era la última vez que le veía?

Impulsivamente le abrazó. Louis apretó el agarre y le besó la coronilla.

-Siento dejarte sola, Lu. Pero no puedo seguir aquí.- le susurró, mientras un nudo horroroso se formaba en el estómago de la joven. Malditos sentimientos y hormonas.

-Siempre has estado perdonado, Louis.- musitó, quizás más para no sentirse culpable que para quitarle a su primo de la carga con la que viviría mucho tiempo. Fuese lo que fuere era la verdad.

Ante la sorpresa de Lucy, su primo se expiró en el aire sin decir nada a Chris. Aquella relación estaba en sus últimas, pero no sabía que había llegado hasta aquel punto. Miró a Chris algo atontada, como pidiéndole explicaciones con la mirada como muchas veces había hecho. Fue instintivamente. Y el muchacho no supo leer la expresión de Lucy. Aquello le partió el corazón.

-¿Puedo hablar contigo?- le preguntó Chris.

No. Gritó Lucy en sus pensamientos. Ser Lucy Weasley aquel día estaba siendo muy complicado.

-Claro.

Él tampoco sabía que él tenía la culpa.

-Es sobre…- hizo un gesto con las manos que Lucy supo entender. Recordó que en el hospital Chris le había dicho que veía a su prima Roxanne.- Ha vuelto. Ahora la veo más, creo que es por Hogwarts.

La joven suspiró.

-¿Te manda saludos o qué?- preguntó, arrepintiéndose de usar el sarcasmo. No es tuviese plena confianza en aquellas visiones de su ex novio.

-No exactamente. Me cuenta muchas cosas sobre cómo yo era antes de… Dice que lo sabe gracias a ti. Así que, gracias, supongo. También dice que hay algo que me tienes que contar.- ¿Roxanne puteando a Lucy? Sonaba como ella indudablemente.

-¿Cómo sabes que es cierto y no son tus imaginaciones? Es decir, solo la ves tú.

-Porque es peligroso si lo ve alguien más… Pueden hacerle cosas horribles. Ya está atrapada en este mundo… Hay hechizos horribles para torturar a los fantasmas y…

Lucy cerró los ojos. No podía permitirse que en caso de que aquello fuese cierto, su prima sufriera aún más.

-Basta. Quiero verla. ¿Dónde se esconde?

Chris se asustó ante la determinación de Lucy. Bajó la mirada.

-Bajo el Sauce Boxeador.

Aquello no podía ser cierto. Chris no sabía dónde había sido asesinada Roxanne. Ni dónde iba cuando tenía que esconderse de todo el mundo. O el sitio secreto de Roxanne. Se lo había enseñado su tío George. Dijo que aquel lugar era el sitio de los Merodeadores.

Roxanne era un fantasma.

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Queridos lectores:

Siento la espera, y espero que os haya merecido la pena.

¿Qué tal os ha parecido este pequeño capítulo? Supongo que hay muchas cosas que asimilar todavía…

Con cariño,

*-A.*3: In fra