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Hermione y los merodeadores, nuevas amenazas — capítulo 2
En King Cross, el matrimonio Black esperaba la llegada de su hijo mayor, Orión.
Hermione miraba divertida a su marido que no se podía estar quieto y de vez en cuando lanzaba miradas furtivas a las otras mujeres, que miraban descaradamente a Sirius sin importantes que ella estuviera delante o aun peor que sus maridos estuvieran con ellas.
Pero que se podía esperar, aunque Sirius era un auror, era el patriarca de los Black, una familia poderosa y muy rica, y era un hombre muy atractivo, aunque la bruja de su suegra había dejado todo a Regulus en su testamento al morir, el chico que quería ser profesor le paso la mitad de la fortuna y el titulo del jefe de la familia a su hermano mayor, así que los hermanos habían dejado todo en mano de sus abogados y ellos solo disfrutaban del dinero y lo pesado que era llevar las empresas y el control de sus bienes lo dejaron para otros bajo la supervisión de Charlus, todo iba bien.
−Cariño quédate quieto, me estas mareando. −La leona le cogió de la mano para que se parara. −Vimos a Orión en navidades y también en pascua así que no entiendo porque estas tan nervioso.
El hombre la miro. −No es que este nervioso, es que ya lo quiero ver.
−Lo sé, pero ya no tardara mucho en llegar. −Y de pronto se anuncio la llegada del tren. −Lo ves ya está aquí.
−Pues vamos. −Y cogiéndole de la mano, se acercaron a las vías.
Cinco minutos después, el tren hacía su entrada, no mucho tiempo después se paraba, las puertas se abrieron y los alumnos empezaron a bajar.
Sirius mirando a todos los niños, no tardo mucho en ver a su hijo, lo llamo. −Orión.
El niño moreno y de unos hermosos ojos grises iguales que los de su padre lo miro y sonriendo se acerco corriendo y lo abrazo. −Papa.
−Que bien que ya estás aquí.
−Sí, ya os echaba de menos. −Y soltando a su padre abrazo a su madre. −Mama.
−Cariño. −Hermione abrazándolo le dio un beso en la cabeza. −Espero que todo haya ido bien.
−Muy bien.
−Estupendo, pues ahora a casa. −Y miro a su marido. −¿Recoges sus cosas?
−Sí. −Y acercándose al vagón de equipaje busco las cosas de su hijo y reduciéndolo se lo metió en el bolsillo y volvió con su mujer y su hijo. −Ahora a casa.
−Estoy cansado.
−Pues vamos. −Y cogiéndolo de la mano se aparecieron para ir a la mansión de los Potter.
En la mansión Potter, la familia estaba esperando a Hermione, Sirius y Orión cuando estos entraron por la puerta hacia el salón.
−Abuelos. −Orión se acerco corriendo a sus abuelos y los abrazo. −Os he echado mucho de menos.
Charlus le sonrió. −Nosotros también, ¿Qué tal tu final de curso?
−Los gryffindor nos hemos llevado la copa de las casas, pero han sido los ravenclaw quienes se han llevado la copa de quidditch.
−Bueno el año que viene tu ya podrás jugar.
−Sí.
Dorea le sonrío. −¿Tienes hambre?
−Mucha.
−Pues ves a lavarte las manos y cenaremos, esta noche os quedáis aquí.
−Genial. −Y se fue.
Hermione viendo como desaparecia por la puerta, miro a su hija mayor. −¿Casi que tal el ultimo día de clases?
La niña que era idéntica a su padre y a su hermano la miro con los ojos brillantes por la emoción. −Me han dado muchos caramelos.
−Siento no haber podido estar.
−No te preocupes, se que estabas muy ocupada, además sí que fuiste ayer para la obra de teatro.
−Sabes que no me la hubiera perdido. −Y miro a su hija pequeña, Altea Jane, ella era castaña con los ojos castaños, un montón de pecas esparcidas por su nariz y sus mejillas y tenía el carácter del padre, mientras que Casi era idéntica a ella, con tan solo seis años era un terremoto. −¿Altea que tal todo?
−Muy bien mami. −Y poniéndose de rodillas en el sofá la abrazo por el cuello y le dio un beso en la mejilla. −Tengo hambre.
Al escuchar eso se rio y miro a su marido. −Es como tú, se pasa todo el tiempo con hambre.
−Claro a alguien se tenía que parecer. −Y miro a su hija pequeña. −Ahora comeremos.
−Si papi.
Sirius miro a su tía. −¿Qué tal se han portado?
−Muy bien. −Dorea le sonrió. −Después de clases, me las he llevado al cine y a comer una hamburguesa.
−Eso está muy bien. −Y miro a las niñas. −Iros a lavar las manos, que ya no tardaremos en ponernos a cenar, se nos ha hecho tarde.
Las niñas haciendo caso a su padre se fueron por la puerta abierta.
−Yo voy a dejar las cosas de Orión en su habitación y a dejar a la lechuza suelta, no creo que le haya hecho mucha gracia que la encogiera. −Y levantándose se fue por donde sus hijos habían desaparecido.
Mientras ellos cenaban, en casa de los Potter, James llegaba después de un día de trabajo y lo primero que hizo fue ir a saludar a su mujer, que a esa hora estaba preparando la cena.
−Lils ya he llegado.
Lily lo miro. −Sí que llegas tarde, ya me estaba preocupando, ¿ha ido todo bien?
El león acercándose la beso y le sonrió. −Todo ha ido bien, estaba terminando unos papeles para así mañana poder cogerme el día libre.
La pelirroja asintió. −Ya casi la cena está preparada, ¿te bañas antes?
−Sí, estoy todo sudado, pero antes iré a ver a los niños. ¿Dónde están?
−Charlus está jugando a la maquina, parece ser que no le sale un nivel, Harry está leyendo el ultimo comic que le regalaste y Dorea está terminando de hacer un oso de ganchillo.
−No tardo.
−Te esperamos. −Y besándolo de nuevo volvió con la cena.
James acercándose al salón vio que Harry estaba sentado a lo largo en el sofá leyendo un comic como Lily le había dicho y luego se fijo en sus hijos menores, Dorea que tenía 9 años y era pelirroja con los ojos marrones, estaba en uno de los sillones haciendo un muñeco de ganchillo, a su hija le encantaba hacerlos, y no perdía oportunidad de regalarlos a todos, en casa de los Black ya tenían cuatro y en casa de los Lupin otros tantos, y por último el pequeño de la familia Charlus de ocho años moreno con los ojos marrones, era una copia suya pero sin gafas y parecía que se estaba peleando con la maquina.
−Buenas noches chicos.
Los niños dejando lo que estaban haciendo lo miraron y sonrieron. −Buenas noches, papa. −Y volvieron a prestar atención a los que estaban haciendo.
−¿Charlus que no te sale?
El niño al ver a su padre puso pause y lo miro. −No, y ya se han comido cinco vidas setas.
−¿Quieres que lo intente?
−Si gracias. −Y dejándole espacio le paso el mando.
James sentándose al lado de su hijo cogió el mando y mientras intentaba el nivel, prestaba atención a los consejos de su hijo.
−Cuidado con la barra de madera no llega hasta el borde y te puedes caer y tienes que tener cuidado con las bolas de fuego que no dejan de subir y bajar.
−Lo tendré en cuenta. −Y siguiendo las instrucciones de Charlus fue pasándolo poco a poco y lo pudo pasar.
−Harry lo ha pasado. −El chico mayor dejo su comic y miro a su hermano sonriendo. −Eso esta genial. −Y miro a su padre. −Yo lo he intentado pero también me han matado.
−Es que era difícil. −Y levantándose se acerco a su hija. −¿Qué tal tu oso?
La niña se lo enseño. −¿Qué te parece?
James cogiéndolo lo miro bien. −Me gusta. −Y devolviéndoselo la miro. −¿Para quién es?
−Es para la abuela, para llevárselo mañana, por eso lo quiero terminar ahora antes de cenar.
−¿Te falta mucho?
−Solo terminar de juntar las diferentes partes.
−Te dará mas que tiempo, aun me tengo que bañar. −Y viendo como su hija volvía a prestar atención a su oso, miro a su hijo mayor. ¿Harry que tal el comic?
El niño lo miro. −Está muy bien, luego te lo prestare para que lo leas.
−Ya lo leeré. −Y viendo que sus hijos estaban bien, subió escaleras arriba hacia su cuarto, casi un cuarto de hora después, el auror con ropa cómoda bajaba a la planta de abajo y miro a los niños. −Ahora vamos a cenar, ya luego continuáis.
−Papa ya falta poco. −Protesto Dorea.
James le sonrió. −Luego, mientras vemos la tele.
−Está bien. −Y dejándolo guardado en su cesta para que no se perdiera se levanto y se fue a la cocina, y los niños hacían lo mismo.
Cuando estuvieron sentados alrededor de la mesa, James cogiendo un tenedor grande empezó a servir los bistec rellenos que Lily había preparado y su mujer les ponía salsa, cuando todos tuvieron los bistec en sus platos fue el momento de las patatas fritas, James repartió una gran cantidad a cada uno.
Lily viendo que ya todos tenían sus platos llenos, un trozo de pan y sus vasos llenos de agua y limonada dijo: −Ya podemos empezar.
−Sí. −Y se pusieron a cenar.
−Papa. −Charlus lo miro. −¿Me puedes comprar un juego nuevo para la game boy?
−¿Cuál quieres?
−Uno que se llama Castelvania.
−¿De qué es?
−Vampiros.
James miro a su mujer. −¿Tu qué dices se lo compramos?
−Esperaremos a ver como se porta mañana en casa de mis padres.
−Yo me porto bien. −Charlus la miro. −Solo que no me gustan los Dursley, siempre nos miran con muecas.
−Lo sé hijo, pero no los vamos a ver a ellos sino a tus abuelos.
−Y los abuelos me gustan, por eso no digo nada cuando ellos están presentes.
−Y es lo que tienes que hacer, si todo sale bien, mañana te compraremos ese juego.
−Gracias. −Y miro a su padre. −Necesito pilas.
−¿Otra vez?
−Si.
James miro a su mujer. −Eso de las pilas es un mal invento.
−Y que lo jures, se terminan enseguida.
−Mañana antes de ir a casa de tus abuelos comparemos las pilas. −Y miro a su hijo mayor que cenaba muy a gusto. −¿Tu quieres algo?
−El final fantasy IV.
−¿Cuántos juegos hay de esos? −Le pregunto James a su hijo. −¿No te compre uno el año pasado? y creo que tu compraste dos en la tienda que está al lado del restaurante de tus abuelos.
Harry le sonrió. −Que te puedo decir tienen muchas ideas y no quieren cambiarle el nombre, el primero salió en el 87 y el otro en el 88, y los gráficos cada vez son mejores ¿me lo compraras?
−Te digo lo mismo que tu hermano, si te portas bien te lo comprare.
Harry asintió y siguió cenando.
Y por ultimo quedaba la princesa de la familia, Dorea estaba comiendo sin prestar atención a la conversación. −¿Dorea quieres que te compre algo?
La niña al escuchar que le preguntaban dejo su cena y lo miro. −No, aunque me puedes comprar más lana.
−¿No quieres alguna muñeca o algún juego?
Dorea negó. −No papi, ahora no se me ocurre nada.
−Pues cuando lo sepas me lo dices.
−Sí.
James miro a su mujer. −¿Tu quieres algo?
−Que lleguen ya nuestras vacaciones.
El hombre le sonrió. −Yo también quiero que ya lleguen, y queda poco.
−Sí. −Y sonriendo siguió cenando, durante una semana no tenía que pensar en sus hijos ni en nada, James y ella cogían las maletas y se perdían por el mundo, y ya tenía que llegara ese día.