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Hermione y los merodeadores, nuevas amenazas — capítulo 22

Mientras Charlus escribía la carta de disculpas para los Bullstrode, Remus se encontraba en su despacho en el hospital muggle donde trabajaba a media jornada.

Cogiendo su teléfono llamo al registro, donde no tardaron mucho en responderle.

−Buenos días Olivia.

−Buenos días Remus.

−Necesito que me mires una ficha.

−Te la miro, ¿de cuándo es? ¿Y cómo se llama?

−Es bastante antigua de los años 40 o así y se llama Tom Sorvolo Riddle.

−Un nombre bastante extraño y la fecha muy antigua, ¿no tienes algo de este siglo?

Al escuchar eso, Remus se rio. −Es lo único que tengo, le diré a mi madre que te haga espacio para cenar en su restaurante.

−¿En serio? Porque el restaurante de tus padres parece que ha ganado 50 estrellas Michelin para poder encontrar mesa para cenar, tengo que pedir mesa con tres meses de antelación.

−¿Tanto?

−Si, así que si me consigues la mesa seré muy feliz, quiero llevar a mi maridin.

−Ahora mismo la llamo y le pido una mesa.

−Gracias, en cuanto tenga lo tuyo te llamo.

−Es importante no tardes.

−No tardare. −Y despidiéndose colgó.

Remus antes de ponerse a trabajar, llamo a su madre.

−Buenos días mama.

−Buenos días, cariño, ¿todo bien?

−Sí, una compañera me está haciendo un favor, ¿puedes buscarle una mesa para este milenio? Ya me he enterado de que tienes colas de tres meses.

−Y algunos días de más meses, por eso hemos decidido comprar el edificio que hay al lado y hacer una ampliación.

−Ese que lleva más de cinco meses en venta.

−Sí, ¿Qué te parece?

−Es una buena idea, y tenéis vuestros ahorros.

−Sí, pero para comprarlo como vamos a hipotecarlo nos piden un aval, y eso que nuestro restaurante solo tiene ganancias.

−Deja eso de la hipoteca, yo os daré el dinero.

−¿En serio?

−Claro que si, esta tarde me pasó y así lo hablamos.

−Sí, y la mesa para tu amiga la tendré para este viernes.

−Estupendo, hablamos esta tarde, te quiero besos.

Besos. Y colgó.

Remus cogiendo una tercera vez el teléfono volvió a llamar a Olivia.

−Remus, que rápido.

−Ya tengo tu mesa, es para este viernes.

−Gracias, llamare al restaurante para confirmarlo.

−Sí, no te olvides de lo mío.

−No ya estoy con ello.

−Gracias.

−De nada. −Y despidiéndose colgó.

Remus dejando el teléfono, se puso a trabajar.

Mientras los adultos trabajaban, en hogwarts después de desayunar, Marcus Flint se acercaba a William que como siempre estaba rodeado de sus fans, y le apunto con la varita.

−Todo es tu culpa maldita sea, tu padre no se podía callar que le tuvo que decir al director lo de mis botellas.

Will lo miro. −Flint no es mi culpa, si eres un idiota y te guardas las botellas de whisky en tu baúl, ¿Quién en su sano juicio guarda unas botellas que están prohibidas en su baúl? Nadie solo alguien que no tiene cerebro o sea tu, y será mejor que bajes esa varita, soy mucho mejor que tu, además mi padre no tiene la culpa de hacer bien su trabajo.

−Maldito sea. −Y le iba a lanzar un hechizo, cuando la profesor McGonagall, se acerco.

−¿Qué pasa aquí? −Y miro a Marcus que apuntaba a Will con su varita. −Señor Flint baje esa varita.

El slytherin miro mal a su profesora pero le hizo caso.

−Señor Flint sabe que está prohibido apuntar a sus compañeros con su varita, así que 10 puntos menos a slytherin. −Y miro a los demás. −Tenéis clases, así que ir a vuestras aulas.

−Si profesora. −Will pasando por al lado de Marcus le susurro. −La próxima vez usa mas el cerebro, que para eso lo tienes. −Y lanzándole una mirada de desprecio se fue con sus amigos y sus fans.

El slytherin se quedo allí maldiciendo y jurando que ese asqueroso león se la pagaría, no sabía cuándo pero lo haría.

De vuelta en el ministerio, Charlus ya había terminado la carta pidiéndole disculpas a los Bulstrode y con la carpeta que le dio su secretaria empezó a revisar todo bien.

En la primera hoja venia los datos de nacimiento de Tom.

Cogiendo una hoja, se puso apuntar los nombres que allí había escritos Merope Gaunt, Sorvolo Gaunt y Murfin Gaunt, con esa lista de nombres se levanto y se fue a ver a su secretaria.

−Astrid.

La mujer lo miro. −¿Si?

−Búscame información de estos nombres. −Dijo el auror y le dio la lista que había hecho.

Astrid cogiéndola se puso a mirarla. −Gaunt. ¿Hermanos, marido y mujer?

−No lo sé la verdad, por eso necesito que lo investigues, aunque yo creo que es la primera opción que eran hermana y hermano.

−Tardare un tiempo, son tres nombres.

−No te preocupes, pero que no salga de aquí, no quiero que haya gente metiendo las narices.

La secretaria lo miro. −¿Lo dices por el señor Dumbledore?

−Sí.

La mujer le sonrió. −No te preocupes, sabes que de mis labios no saldrá nada. −Y se levanto. −Voy a ver qué encuentro.

−Sí. −Y viendo como se iba volvio a su despacho.

Ahora que ya se habían desecho del basilisco, tendrían un año tranquilo para revisar bien la nueva información que iban consiguiendo.

Y sobre Peter, el auror había hablado con algunos de los jueces del wizarmon y habían decidido poner una recompensa por su captura, 50.000 galeones y aunque no era una cantidad muy grande, dinero era dinero y ya habían recibido información de algunos interesados.

Aunque sabía que muchas pistas no les llevarían a ningún lado, tenía a sus aurores comprobando todo bien, sabía que ahora Peter estaría en algún lugar escondido, preguntándose como es que habían descubierto el diario de su amo.

Pero a Charlus no le importaba lo que Peter tenía en la cabeza, su trabajo era encontrarle vivo o muerto e impedir que los Voldemort volviera a la vida.

Después de comer, Charlus volvió a su mesa cuando se encontró a Astrid que ya había regresado.

−Ya tengo lo que me has pedido, y te tengo que decir que es muy interesante.

−¿Qué es lo interesante?

−Que esos Gaunt son descendientes de Salazar Slytherin. −Y le paso una carpeta. −Dentro encontraras un completo árbol genealógico de la familia, y ese Tom Riddle es el último miembro de la familia, pero es un mestizo cuando los demás fueron sangres limpias.

−Gracias por encontrar la información, como siempre súper eficiente.

Astrid le sonrió. −Para eso estoy aquí, espero que consigas atrapar a ese hombre.

−Yo también lo espero. −Y se volvió a su despacho y empezó a revisar la carpeta.

Unas horas después, se había leído los dos informes y había descubierto muchas cosas, al día siguiente se reuniría con Seymour para que empezara a trabajar.

Hacía años había jubilado a Alastor, ese hombre era un gran auror, pero llego un momento que su obsesión por atrapar a asesinos y sobre todo mortifagos lo llevo a convertirse en un hombre muy peligroso, veía a malvados por todos lados, incluso uno de los aurores de su grupo estuvo a punto de morir por esa obsesión.

Desde entonces no sabía nada de él, solo que estaba bastante resentido con él y que hacia largos viajes.

Mejor así, cuando lo necesitara porque sabía que lo necesitaría pronto ya lo llamaría, mientras que descansara, viajara y sobre todo que despejara su mente.

Al día siguiente, nada más llegar al trabajo, Charlus se reunió con Seymour y su equipo.

−Hoy tengo un trabajo nuevo para vosotros. −Les dijo su jefe y les dio una carpeta. −Tenéis que encontrar información sobre esta gente.

Seymour cogiendo la carpeta que su jefe le daba, la abrió y empezó a mirar dentro.

−Merope Gaunt, Sorvolo Gaunt y Murfin Gaunt y has puesto que son descendientes de Slytherin.

−Sí.

−Y también que Murfin está en Azkaban.

−Sí, fue encarcelado en Azkaban por el asesinato de una familia muggle.

−Me ocupare de ir. −Y miro a su equipo. −Vosotros iréis a pequeño Hangleton y comprobareis todo.

−Tened cuidado. −Charlus miro al equipo de Seymour. −Allí puede que encontréis mortifagos.

−Iremos con cuidado.

−Jefe tranquilo. −Un auror le tranquilizo. −Siempre tenemos los ojos bien abiertos, para que no nos cojan con la guardia baja.

−Lo sé, sois el mejor equipo de todos. −Y miro a Seymour. −Nos vemos.

−Sí. −Y despidiéndose y dándole las últimas órdenes a su equipo se fueron.