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Historia 184175 — capítulo 1

Erase una vez, hace mucho tiempo.... O en realidad... Unos veintitrés años.... Agh, contar toda la historia tardaría demasiado. Lo mejor sería resumirlo a los hechos mas... Importantes... Bella se casó con la Bestia, en una ceremonia con seis mil de sus amigos mas cercanos... Hubo un gran pastel, si. En fin, en lugar de ir de luna de miel, La Bestia unió a todos los Reinos y fue elegido Rey de los Estados Unidos de Auradon.... Como rey pues... Atrapó a los villanos y a sus secuaces... Es decir, a toda la gente interesante que habitaba Auradon y los encerró en la Isla de los Perdidos, con una Barrera Protectora Mágica la cual impedía que se escaparan.

Aquí.... Es donde vivo. Sin Magia. Ni WiFi. Ni salida.... O eso creía.... Descuiden. Ya me presentaré como es debido. Primero sería mejor que sepan lo que sucedió hace unos... Si, tres años mas o menos.

FlashBack

El joven de ojos verdes y cabello castaño yacía parado sobre el taburete en el enorme vestíbulo del tercer piso del Castillo de Auradon. Las paredes pintadas de color arena con todos los muebles de madera de roble, oscura. El fuego de la chimenea crepitaba a sus espaldas mientras uno de los sastres del Castillo levantaba el brazo del chico para tomas medidas de éste. Era de noche. Las estrellas y la luz de la luna eran lo único que iluminaban la sala penetrando por el enorme ventanal de vidrio que ocupaba toda la pared  izquierda a la puerta de entrada, con la ayuda del fuego de la chimenea y las débiles velas prendidas en sectores específicos de la habitación. 

El muchacho vestía una simple camiseta blanca mangas cortas con un pantalón largo de dormir de una delgada tela color negra. Estaba descalzo. Sin duda, no era la apariencia adecuada para el heredero al trono de Auradon.

La puerta principal se abrió, y por ella entró una pareja que miraba sonriente al joven príncipe. La mujer tenía el cabello castaño rojizo, largo hasta pasando los hombros y estaba recogido con un peinado tan refinado que parecía que se desarmaría con cualquier toque. Sus ojos celestes y piel pálida hacían juego con el tono rojizo de sus labios. Su vestido amarillo con bordados dorados hasta los tobillos y zapatos de tacón la hacían lucir seria y respetable.  Caminaba tomada del brazo de su esposo. Un hombre de expresión severa. Tenía el cabello marrón oscuro hasta los hombros del cual se dejaban ver unas pocas canas grises, del mismo color que los tormentosos ojos que aquella figura portaba. Su vestimenta constaba de una camisa amarillenta sobre un chaleco dorado y pantalones formales color negro, bajo una capa azul con un bordado dorado en los bordes. Sus botas de tacón lo hacían parecer mas alto. Sus arrugas y cicatrices en su rostro dejaban a la vista el monstruo que había resguardado en sí mismo hacía poco mas de dos décadas.

-¿Cómo es posible que solo falte un mes para tu coronación? -Preguntó Bella sin despegar la mirada de su hijo. Éste iba a contestar, pero el sastre lo interrumpió tomándolo de la barbilla. -Cabeza -Pidió. El príncipe giró su cabeza hacia a él quedando de perfil a sus padres. -Ya no es bebé, querida. Cumplirá dieciséis ¿Recuerdas? -Corrigió el Rey con una mirada de orgullo depositada en su primogénito. -Hola, pa -Saludó el joven Benjamin girando sus ojos hacia la derecha, intentando mirar al rey y a la reina de reojo. -¿Dieciséis? -Se preguntó a si mismo el Rey dándose cuenta de lo que acababa de decir- ¡Eres muy joven para ser rey! Vamos, yo no tomé una buena decisión hasta que tuve.... Cuarenta y dos.... -Bella frunció el ceño. -Decidiste que nos casáramos a los veintiocho.... -El rey miró a su hijo guiñándole un ojo y volvió la mirada a su esposa. -Eras tu o una tetera ¿No? -Preguntó bromeando besando la mejilla de su amada. Antes de que ella pudiese contestas el Rey se retractó- Sabes que no es cierto....

-Mamá, papá... -Los interrumpió el príncipe librándose de las manos del sastre y caminando hacia ellos, buscando la forma de decir lo que deseaba decir- Ya he.... Elegido mi primer proclamo oficial como Rey. ¿Recuerdan? Me dijeron que debía hacerlo. Que eso era muy importante en la vida de un príncipe, y bla bla bla.... -¡Y lo es! -Asintió el Rey alzando los brazos- Como ya dije, mi primera decisión inteligente.... -¡Adam! -Lo interrumpió su esposa cruzándose de brazos. Benjamin pudo notar con el rabillo del ojo, como el sastre ocultaba una risa ante el comportamiento de los reyes. Eso lo hizo sentirse algo mas.... Liberado, y se permitió a si mismo sonreír. -He decidido... -Comenzó- He decidido que la Descendencia de la Isla de los Perdidos ahora podrán... Volver.... Vivir aquí en Auradon.... -El rostro de la reina empalideció mientras dejaba caer la delicada taza de té que acababa de tomar, y estaba a punto de servirse. El rostro del Rey.... Mejor no mencionarlo. El príncipe caminó hacia el ventanal de vidrio de la pared izquierda y señaló a lo lejos. En el horizonte, oculta en la noche, como una sombra en el mar podía distinguirse la superficie de una pequeña isla negra. Nada comparado a Auradon. El príncipe miró a través del cristal una vez mas antes de volver la vista hacia sus padres- Cuando miro hacia la isla siento que fueron.... Abandonados.... -Los hijos.... De nuestros.... Enemigos.... ¡¿Entre nosotros?! -Estalló el Rey. Su esposa lo tomó del brazo al tiempo en que el príncipe asentía con la cabeza muy decidido. -Solo serán algunos al principio.... Los que necesiten que los ayudemos.... -El Rey miró a su esposa, y ésta miró a su hijo sin saber que decir. Seguía sin soltar a su esposa- Ya lo he decidido -Aclaró el príncipe Ben, y para dejar en claro que eso era cierto agregó- Y ellos.... Ya fueron elegidos....

Fin del FlashBack

Y como era de esperarse, el príncipe no mintió cuando dijo "Al principio". Hace tres años, cuatro idiotas salieron de la Isla con una misión. Una misión que nos daría lo que mereceríamos: Venganza.  Está demás decir que fueron un fracaso. No solo traicionaron a toda la Isla y se unieron a los villanos. Traicionaron a sus padres. Hay quienes dicen que Maléfica, la madre de una de las Elegidas de hace tres años, fue destruida en aquel lugar, ya que jamás se la volvió a la Isla. Maléfica era posiblemente la bruja mas malvada que haya existido alguna vez en Auradon. Aún así, ella no era la Reina. Nunca lo fue. Nuestra Reina se llama Regina. Es conocida por ser la madrastra de una de las princesas de Auradon. En fin. Me da igual.  Ahora, tres años después, nos están obligando a subir a una limusina. Y si, digo "Nos están" porque no soy el único. Tres adolescentes mas están junto a mi. Uno de ellos es mi mejor amigo, Kurt Jones. Es un muchacho alto y muy musculoso, de ojos y cabello café. La realidad es que tiene dos años menos que yo, siendo el menor de todos los que estamos subidos en la limo. Mantiene su mirada fija en la ventanilla sin decir nada intentando no prestarle atención a las dos cotorras que tenemos frente a nosotros. La descendencia de La Reina de Corazones y Madam Mim. Heather y Mitchelle, mejor conocida como "Mitchie" en la Isla.  La joven de diecisiete años, castaña con mechas rojas fuerte estaba arrodillada en su asiento, mirando hacia adelante, exigiéndole al chofer del vehículo que lo detenga en ese mismo momento y nos hiciese bajar. Una niña malcriada que desea que todo se haga a su gusto. No se podía esperar menos de la hija de la Reina de los sin cabezas.

La otra muchacha está sentada junto Heather, con un libro de hechizos en su mano. Lee en voz alta todos los hechizos buscando algo que la ayudase a salir de allí. Su madre es Madam Mim, la bruja, y enemiga de Merlín que intentó detener al Rey Arturo de... Agh, ¿Para que explicarlo? Ustedes ya conocen la historia.

Mi mirada se cruza con la de Kurt, y noto que el señala algo con la cabeza. Miro hacia adelante, a donde apunta, y noto que la limusina está comenzando a acercarse a la playa. Las peleas se detienen. Los hechizos también. Los cuatro nos asomamos por la ventanilla para echar un último vistazo a aquel lugar. O al menos, mis acompañantes creen que será la última vez que vean la isla. Recuerdo la converzación con mi madre hace dos noches y aprieto los puños. 

Comenzamos a flotar. Literalmente la limusina está flotando en un camino invisible por encima del agua. A casi un kilómetro a la derecha por la playa, se puede ver un enorme barco pirata  estancado en la arena, incapaz de volver al mar. Lo reconozco al instante. El Jolly Rogers. El hogar de Kurt. Intento no mirarlo a la cara y llevo mi mano a mi cuello. Mis dedos tocan la delicadeza de el caracol dorado que poseo colgado en mi cuello. Nuevamente el pedido de mi madre vuelve a mi mente, y mientras con la yema de mi pulgar acaricio el caracol, en mi cabeza solo aflora un solo pensamiento: <<Te vengaré, madre>>.