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Historia 185216 — capítulo 15

Cap 15

-¡Oh, vamos jefe! No puede apartarme del caso...

Jane se removió con visible frustración frente al escritorio de su jefe que se encontraba de pie al otro lado del mueble, miraba a la detective pero cada tanto sus ojos preocupados se iban hacia Korsak que lucía tenso. Aquello a la morocha la tenía sin cuidado, solo eran exageraciones de todos y había intentado convencer a su compañero durante todo el trayecto desde la escena del crimen hasta el recinto aunque no daba su brazo a torcer.

-Te amenazo personalmente, Rizzoli...

-¿Y eso que?... Muchos lo han hecho y es solo para llamar la atención, este loco sabe que estoy en la investigación... -. Casi grito señalando a la pantalla del lugar que se encontraba siempre encendida -… hasta salí en las noticias con nombre y departamento, es obvio que de ahí obtuvo la información.

La detective casi sonrió al ver como su jefe asentía levemente dándole la razón a la vez que Korsak maldecía en silencio los convincentes argumentos de su compañera. Su jefe dejo escapar un suspiro.

-¿Están seguros de quién es?

Jane de inmediato asintió -Por supuesto, tenemos testimonios que lo colocan junto a la segunda víctima buscando ayudantes, era cómplice en el asalto del banco y los otros sobrevivientes lo han reconocido como autor intelectual. El asesinato de su ex mujer es casi una confesión.

El hombre asintió -Quiero que todos los agentes tengan una fotografía suya, no lo informaremos al público. El alcalde está molesto y no quiere más ruido sobre el tema del banco -. Los agentes asintieron dándose la vuelta para salir del lugar -Rizzoli tendrás un par de patrullas custodiando tu casa y no está a discusión -. La mujer soltó un bufido -Y no hagas nada estúpido de nuevo ¿entendido?

-¿De nuevo? -. Jane lo miro sin comprender.

El hombre gruño -¿Pensaste que los de narcóticos no me llamarían furiosos porque te entrometiste en su investigación? Casi señalas a su informante y lo peor de todo, es que te metiste a un bar de mafiosos rusos sin refuerzos o placa… ¡¿Eso no te suena estúpido? Porque a mi si y más te vale no repetirlo ¿escuchaste?!

La mujer asintió sin discusión, prefirió aceptar el regaño sin rechistar. Era mejor no tentar a la suerte y por el momento seguía en el caso así que bajo la mirada, susurro un "no se repetirá" y salió casi corriendo de la oficina.

Korsak la siguió visiblemente molesto por la actitud relajada de su jefe, era evidente que le importaba más cerrar el caso que la seguridad de la morocha y eso le hacía hervir la sangre aunque también miro con molestia a su compañera que no sabía aceptar cuando debía apartarse; en este trabajo se necesitaba ser temerario, él lo sabía pero no por ello debían ser descuidados, en especial cuando su propia seguridad peligraba.

Jane camino a la sala de informática ignorando la mirada de Korsak o la de su propio hermano que la vio con incredulidad -¿Te dejaron en el caso?

La morocha le sonrió y le apretó la mejilla -Por supuesto, el jefe entendió que no es nada importante -. El italiano se iba a quejar pero su hermana ya lo ignoraba mirando a las pantallas -¿Qué estamos haciendo para encontrarlo?

Nina amplio la fotografía de Charles Wells -Tengo su teléfono pinchado pero evidentemente está apagado, debe estar usando desechables así que estoy buscando en el registro telefónico de su ex mujer. Todos los agentes tienen su imagen pero no hay nada más que hacer sin que el de un movimiento en falso, o encontremos que son todas esas claves.

La mujer señalo hacia la pizarra que se encontraba en un rincón, Jane suspiro con los brazos sobre su abdomen mirando fijamente las balas con grabados.

-¿Qué sabemos de las víctimas de la casa?

Frankie tecleo en la computadora y aparecieron dos licencias de conducir diferentes -Te presente a la ex señora Wells… Vanessa Smith. Tiene 43 años, es encargada de una tienda de comestibles y gran entusiasta de la caminata; como ya sabemos su hija, Evelin, murió ahogada en un lago, seis meses después Wells fue corrido de la casa aunque no se divorciaron hasta un año después… la señora se volvió a casa al mes siguiente con el que suponemos es el otro cadáver… -. La imagen se centró en el hombre rubio de ojos azules y joven -Ron Cooper, 39 años e instructor de fitness aunque también es un competidor de maratones donde suponemos que se conocieron…

-¿Algún altercado con Wells? -. Jane froto suavemente sus manos sin dejar de ver la pantalla donde algunas fotografías de Facebook de la pareja transcurrían como una silenciosa presentación de unos lejanos buenos momentos.

-Algunos… dos en su trabajo y uno en el funeral de la pequeña -. Frankie negó -Según parece, se veía con ella cuando aún era la señora Wells y en la ficha policial de la muerte de la niña, el padre quiso declarar que la culpable era ella ya que se encontraba distraída con su amante. Cito textualmente "La perra descuido a mi nenita por restregarse contra ese pedazo de mierda"

La morocha asintió -Sin duda estaba muy enojado -. Se acercó a la pantalla deteniendo la última fotografía, la más actual de hace solo unas semanas atrás. Amplio el fondo y suspiro -Ahí está el detonante…

Frankie y Nina miraron hacia lo señalado horrorizándose al instante. Tras la sonriente pareja que se abrazaba con amor se encontraba la puerta principal de una de las clínicas de fertilización con mejor reputación de la ciudad.

-Voy a ver cómo van las autopsias -. Jane se dio la vuelta y miro a su hermano -Ve al trabajo de Vanessa y pregunta si la seguían o hubo altercados en el lugar, en cuanto tenga confirmación pasas por el de Ron… Ten cuidado, con 5 víctimas y 2 más posibles ya es un serial… está cayendo en espiral y no le va a importar llevarse a alguien por el camino -. El hombre asintió -Y no le digas nada a mamá, aún sigue bastante nerviosa con lo del banco.

Sin más la detective salió del lugar…


Maura preparaba un trozo de carne que colgó casi en medio del laboratorio, asintió satisfecha y en ese momento entro Susie cargando con mucho esfuerzo unos viejos guantes de box.

-Están listos, Dra. Isles.

-Gracias Susie -. Se giró al escuchar el estruendo que estos causaron al ser depositados en una de las mesas de autopsias, hizo un gesto de incertidumbre -Ahora tenemos el problema de la fuerza, si mis cálculos no fallan necesitamos a alguien que genere más Newton en un golpe de lo que nosotras podríamos alcanzar para causar un daño aceptable para la comparación de datos.

Se quedó mirando los guantes con duda junto a su ayudante -Tal vez debamos llamar a...

En ese momento la puerta del lugar se abrió y por ella entro Jane caminando tranquilamente hasta que se detuvo de golpe al ver al medio puerco colgante.

-... justo a tiempo, detective -. Susie le sonrió a la morocha que confundida asintió haciéndole una leve sonrisa que parecía más una mueca.

-¿Y esto que es? ¿Van a preparar la cena?

Maura rio levemente acercándose a ella -No...

La morocha soltó un bufido -Lastima, ahora tengo antojo de unas ricas chuletas.

Su amiga negó -Eso no es muy bueno para tu colesterol.

-Tranquila, la idea de un rico infarto suena delicioso -. La cobriza bufo y Jane sonrió -Bueno, entonces explícame que hace esto aquí.

-Oh... -. Maura sonrió con orgullo mostrándole el trozo de carne -Como sabrás, no me gusta suponer...

-Ok... -. Asintió la morocha mirándola extrañada pero sin burlarse.

-... soy una científica y la mejor forma de comprobar una hipótesis, es con la experimentación -. Volvió a asentir mirándola en cada uno de sus movimientos -Las heridas contundentes en el varón son bastante únicas, parecen infringidos por un puño pero el daño correspondiente no se acerca ni un poco a las heridas... descubrí que los chalecos antibalas de los asaltantes del banco habían sido cuidadosamente modificados -. La cobriza sonrió orgullosa mientras su amiga asentía a cada palabra a la vez que se mantenía expectante de la idea de la carne pero notaba el entusiasmo de la forense así que prefirió no acelerarla -... así que supuse ¿y si modifico algo más para dañar de aquella manera?

-Modificar ¿qué? exactamente.

Maura se acercó a los guantes y la detective la siguió -En los años 20's y 30's, el boxeo no se encontraba tan regulado así que con tal de ganar los peleadores modificaban sus guantes para provocar mayor daño en sus contrincantes.

-Eso suena a muchos dientes rotos de un golpe -. Agrego Jane.

La forense asintió -Entre otras cosas, como daños oculares por puntas de pica hielos ocultos en los pulgares o desgarre cutáneo por alambre de púas bajo el cuero -. La morocha hizo un gesto de dolor mientras su amiga tomaba uno de los guantes con cierto trabajo -Pero lo más común era el cuero de concreto -. Le entrego la pieza a la morocha que casi lo deja caer por el sorpresivo peso extra.

-Pero que... esto es una piedra y de las grandes -. Se quejó Jane levantándolo para medir su peso.

-Le inyectaban cemento fresco a los guantes y por supuesto, este tomaba su forma al endurecerse o directamente le ponían un ladrillo dentro.

Jane dejo el guante en la mesa -Ok, gracias por la clase de historia deportiva pero ¿esto que tiene que ver con el cuerpo?

Maura suspiro -Simple... ¿Y si uso la misma técnica?

La detective asintió lentamente -Bueno, eso querría decir que fue algo más que premeditado.

-Exacto -. La cobriza se acercó a su amiga y sin tapujo alguno comenzó a sobarle los bíceps, sonriendo con cierta satisfacción oculta.

Jane la miro extrañada pero no se alejó del tacto -¿Maur?

Esta salió de sus lindos pensamientos en cuanto escucho su voz y sonrió alejándose con las mejillas sonrojadas -Jane ¿sigues haciendo pesas?

-Solo lo necesario.

-Genial. ¿Te pones los guantes?

Jane brinco sorprendida -¡¿Las piedras estas?! -. La doctora asintió con una mirada llena de petición silenciosa, y solo eso basto para que la detective soltara un bufido pero obedeciera sin quejarse. Susie le ayudo a asegurarlos a sus brazos sonriendo silenciosamente por lo obediente que podía ser la quejumbrosa detective; al menos ahora sabía que si la doctora lo pedía, esta haría lo que fuera. Termino y se hizo a un lado, todo el tiempo Maura le había estado sonriendo a su amiga -¿Ahora qué?

-Golpea la carne -. Sentencio la doctora.

Jane asintió balanceando sus brazos y levanto los puños al posicionarse frente al trozo, hizo un leve gesto de molestia por el peso pero no se quejó.

-Lo siento, Peggy.

Sin más, lanzo un par de combinaciones contra el trozo escuchando casi desde el primer golpe como las costillas de este se rompían y la sangre que quedaba en la carne escurrió al suelo aunque se suponía que ya había sido desangrado. La detective se hizo hacia atrás con respiración normal pero sintiendo como sus músculos se habían tensado de sobremanera, se acercó hasta Susie que de nuevo la ayudo solo que esta vez a quitarse las poderosas armas. Mientras tanto, Maura se acercó al trozo y con lupa observo el daño.

Se sobo los nudillos y miro a su amiga que sonreía como niña pequeña que jugaba con sus muñecas, aunque sin duda Peggy no era una Barbie -Maur espero que te hagas responsable por mi daño corporal.

La cobriza sonrió -Sabes perfectamente que lo hare, te prometo un buen masaje y una cerveza.

Susie levanto una ceja silenciosamente mirando a la pareja mientras salía del lugar caminando hacia atrás, pensó que tal vez necesitaban algo de privacidad.

Jane sonrió -Ok... Y ¿se comprobó tu hipótesis?

La doctora se alejó del trozo y se quitó los guantes caminando hacia la morocha que le sonreía con ternura -Así es, debo decir que es una persona muy hábil... por desgracia, eso significa que la víctima sufrió mucho antes de morir gracias al corte transversal.

La detective hizo una mueca de dolor al imaginar lo que sufrió el pobre del occiso y también porque la doctora le había tomado la mano, masajeándola levemente para cerciorarse que no se hubiera lastimado ningún hueso -Así que ¿sus intestinos colgaron cuando aún estaba vivo?

Maura asintió con su atención centrada en las manos largas y suaves -Si, calculo que soporto de 10 a 20 minutos de esta manera antes de que su corazón sufriera un infarto fulminante... -. Levanto su mirada y no pudo evitar que de inmediato se uniera a la de la detective que la observaba con dulzura haciendo revolucionar su corazón, por unos instantes se quedaron de esta manera sonriéndose levemente hasta que despertaron y se voltearon a ver cualquier cosa al lado contrario -... pero no creo que deba comentarte esto.

Jane la miro confundida -¿Porque?

-Pues, porque estas fuera del caso ¿no? -. Aseguro Maura.

Jane enseguida soltó un suspiro -Tu también... y no, para tu información no lo hicieron.

La forense hizo una mueca molesta -¡Pero ¿cómo es posible?! ¡Te han amenazado directamente!...

-Eso es algo normal en mi trabajo -. Dijo sin ánimo la detective.

Maura negó -¡No! Puso tu nombre en una pared con ¡sangre! además de amenazar con cazarte...

Jane se dio la vuelta y suspiro -También me dijo conejita, no lo olvides.

-Jane, no estoy jugando.

Se dio la vuelta y encaro a la doctora -Yo tampoco, sé que es preocupante pero es mi trabajo... es normal que me amenacen si salgo en la televisión y es obvio cuando cazo asesinos locos. Esto es lo que hago y no voy a permitir que nadie me aparte por motivos tan débiles como sentimentalismos -. Bajo la mirada y apretó los puños, detestaba que la trataran como una pequeña niña tonta e impulsiva que no podía cuidarse sola -Dile a Susie que me lleve los informes de las autopsias cuando termines.

Maura sintió su corazón estrujarse pero no pudo decir nada mas ya que la detective se dio la vuelta y se fue del laboratorio...


Las horas pasaron pero ella no lo percibió, su mente no dejaba de ir y venir entre los recuerdos de la discusión aunque realmente solo ella grito así que eso la molestaba aún más, había perdido los papeles y no sabía la razón.

Solo sabía que lo había hecho pero aun así algo en su interior gritaba una y mil veces que ella tenía un buen motivo, debía defender sus creencias y lo que amaba hacer pero también existía una pequeña vocecita, casi inexistente que le susurraba que debía disculparse. Era la misma que cada mañana susurraba el nombre de la forense y le llevaba su imagen en aquel último instante antes de abrir los ojos a un nuevo día; aquella que le revolvía las ideas cada que intentaba comprender sus sentimientos y la misma que le decía que solo tenía miedo, un estúpido pero real miedo a la simple idea de perderla.

Por enésima vez; dejo escapar un sonoro bufido y con el ceño fruncido intento concentrarse en la pizarra frente a la que se había mantenido desde hace un largo par de horas aunque realmente no la había mirado.

Korsak, Frankie y Nina la observaban en silencio, se hacían los que trabajaban aunque realmente sin que el asesino diera algún indicio no podían hacerlo; el trabajo de la pizarra era algo que tenía las computadoras jugando entre las bases de datos lo más rápido que podía permitírselo pero eran demasiados datos, según los cálculos de la informática, sin una idea general esto podría tardar semanas o meses. Por ello, se mantenían ocupados jugando con ideas entre ellos pero principalmente observaban a la morocha.

-¿Hace cuánto esta así? -. Susurro Nina y los caballeros suspiraron bajando la mirada.

-Desde que regreso del laboratorio -. Afirmo Vince.

Frankie se dejó caer contra la mesa y suspiro desanimado -Demonios, de nuevo debe a verse peleado con Maura… pero ¿Por qué es tan cabezota?

Vince rió por lo bajo señalándolo con la mirada a lo que Nina también rio levemente -Debe ser culpa de tu madre…

De pronto un estruendo los hizo callar y al voltear hacia la morocha, esta se encontraba de pie apretando los puños y con la pizarra en el suelo, era más que evidente que ella lo había llevado hasta ese nivel. Su nariz resoplaba levemente y en semblante era algo confuso, entre el enojo y la desesperación.

-¡Rizzoli! -. Grito su jefa saliendo de la oficina.

-¡¿Qué?! -. Retorno el grito Jane volteando a verlo.

Vince enseguida se puso de pie y corrió hasta sostenerla, o mejor dicho, detenerla -Jane calma…

-¡¿Cómo me pides…?! -. La detective dejo de gritar al ver los serenos ojos azulados de su compañero y suspiro asintiendo ignorando como su jefe se acercaba a ellos.

-Aun no avanzan ¿cierto? -. Cuestiono mirando al de más rango y este asintió -¿Cuánto tienen aquí?

-Más de 3 horas… -. Afirmo Vince y era obvio al ver que ya faltaba su corbata, el botón de su camisa hace mucho que había liberado su cuello y su cabello lucía un poco alborotado por todas las ocasiones en que su mano había pasado por sobre el.

Su jefe miro a Jane y asintió -Esta bien; dejen a las computadoras trabajando, tal vez encuentren algo y ustedes vayan a descansar… en especial tú, Rizzoli… -. Esta se iba a negar pero ambos hombres la hicieron callar con sus miradas -Prepárate, una patrulla te escoltara a casa y  hay otra más rondando tu departamento.

Jane hizo una mala cara, una mueca de disgusto que fue evidente para los hombres que solo sonrieron levemente mientras esta dejaba escapar un suspiro vencido luego de un par de segundos en los que sin duda su cabeza había gritado negándose a ser tratada de tal forma pero al final se había dejado vencer.

-Si… señor -. Gruño dándose la vuelta de inmediato para no gritarles un par de cosas a esos hombres.


El sudor corría por su frente mientras sus movimientos agiles y veloces intentaban dejar escapar toda la frustración acumulada a lo largo del día pero había algo más, algo más aparte de sentir como todos trataban de interferir con su vida; tal vez era el hecho de que su corazón se había vuelto loco cuando ella se enojó porque el departamento no la protegía más.

Tal vez, porque en realidad sintió cierta alegría al ver cuánto le importaba. Tal vez, porque deseo tanto robarle un beso como jamás lo había hecho. Tal vez, porque en una milésima de segundo pensó en dejar el departamento solo para que ella pudiera vivir sin preocuparse por ella pero entonces la furia se acumuló en su garganta, sin que ella se lo insinuara ella estaba dispuesta a dejarlo todo por ella. Todo lo que siempre dijo que no haría por alguien, sin duda podría hacerlo por la forense y eso la molestaba, la hacía temer porque si estaba dispuesto a todo ello sin que aun hubiera besado sus labios ¿Qué pasaría si estuvieran juntas? ¿Le pertenecería? Y ella… ¿Lo aceptaría sin problemas? ¿Sería feliz de aquella forma?

El pobre de su monigote de entrenamiento comenzó a recibir mayor castigo, si hablara sin duda lloraría pero por el momento solo resistía puñetazo tras puñetazo mientras la detective trataba de no gritar y no porque no pudiera sino porque el patrullero que se encontraba oculto en el vestíbulo de su departamento sin duda subiría corriendo al escucharla, y eso ya sería demasiado. Decidió que lo mejor era dejar de golpear cosas, aunque en aquel momento no lo acepto ahora realmente tenía un dolor en los nudillos ocasionado por prestarse a los raros experimentos pero bien había valido la pena al verla sonreír satisfecha y con ilusión mientras revisaba el trozo de carne. Jamás había visto a alguien tan feliz por un cerdo, y eso que había ido a la feria anual de costillitas.

Entro en la ducha y dejo que el agua helada alejara cualquier molestia, sintió como sus músculos se relajaban y suspiro intentando mantener la mente quieta pero ahora que la furia la abandonaba junto al jabón, la necesidad de llamarla se hizo más creciente en su pecho.

Se secó y se vistió con una simple short y una playera del departamento, quería dormir cómoda ya que no olvidaba que aún no comprendía que eran esas pistas de la pizarra y entonces se tomó un momento para maldecir al asesino que evidentemente se sentía muy listo.

Se dejó caer en el sofá de su sala y en una libreta escribió las palabras, las miro en silencio mientras trataba de darles sentido pero no lograba nada. Literalmente eran unas agujas en un pajar de cualquier tema posible y por haber, necesitaban algo más. Tomo un cepillo y comenzó a pasarlo por su cabello húmedo pero un toquido suave, casi dudoso e inexistente llamo su atención.

Se puso de pie de un salto y tomo su arma que se encontraba sin seguro en la mesilla de centro, con una mirada firme hizo que su perrita se fuera a la habitación y entonces se fijó en la mirilla; dejo escapar un suspiro aliviado aunque casi al instante se arrepintió. Abrió la puerta dejando el arma de nuevo en su funda, dándole la espalda a la puerta mientras trataba de ganar tiempo para pensar en cómo comportarse.

-Traje pizza y cervezas -. Susurro Maura mirando su espalda, sintiendo el temor de que la morocha la apartara.

Jane suspiro y volteo a verla, había cierta seriedad en sus ojos pero no enojo y eso alegro a la doctora que le sonrió levemente -Espero que trajeras vino, que hace una semana que vaciaste mi nevera y no he pasado por el super -. La cobriza le mostro una botella y la detective sonrió -Lo imagine… pues vamos a comer, creo que no lo hice por la tarde…

Maura la miro preocupada mientras depositaba las cosas en la barra de la cocina -Eso no está bien, Jane.

-Ya se, ya se pero lo olvide… creo que la idea se esfumo luego de los cadáveres con mi nombre -. Susurro eso ultimo para sí misma pero fue perfectamente escuchada por su amiga que apretó los labios.

-Bueno, me alegro de haber traído dos -. Maura intento sonreírle pero la preocupación era más que evidente en su mirar así que prefirió darle la espalda a la morocha que suspiro -Pero las meteré un momento al horno, se enfriaron un poco.

-Está bien, yo voy por Jo Friday… -. Jane camino por el pasillo hasta su habitación y sonrió con cierto orgullo al ver a su perrita oculta bajo la cama, casi no le había podido enseñar nada pero al menos logro mostrarle que hacer en caso de emergencia o si quería ir al baño.

Regreso a la habitación y se encontró con la cobriza sentada en la sala, miraba hacia su copa y la movía inquietamente en sus manos. Jane la observo por algunos instantes en silencio y luego de respirar profundamente, sonrió levemente y se acercó sorprendiendo a Maura que dio un leve salto al verla pero no dijo nada, ni siquiera cuando esta le quito la copa de la mano y le entrego el cepillo para luego girarse a darle la espalda.

-En mi vida nunca he dejado que nadie me diga lo que debo y no hacer, ni a mi madre… -. La morocha comenzó a hablar y la doctora asintió empezando a cepillarle el cabello, una actividad a la que la detective usualmente se rehusaba aunque a ella le encantaba y a veces la forzada a dejarla, en especial en aquellos días difíciles. Porque estar tan cerca de aquella mujer la relajaba profundamente, había sido así desde que comenzaron su amistad -No me gusta ser tratada como tonta, sé muy bien que esto es peligroso pero yo elegí mi vida… yo elegí proteger a la gente de mi ciudad y no puedo hacerlo como se debe si siempre estoy al tanto o, pendiente de las preocupaciones de mis cercanos por mi… mi trabajo es parte de mí, y lo amo… y no pienso ni quiero dejarlo por nadie.

Maura asintió mirando la cabellera de la detective y sintió como un profundo orgullo brillaba en su interior al escuchar sus palabras aunque también una preocupación que le acelero el corazón además claro del amor que sentía enloquecer por ambas razones; sin pensarlo o analizarlo demasiado se lanzó a rodear con sus brazos el cuello de la morocha y la halo levemente para que se recargara en su pecho. Jane no volteo a verla, solo se dejó hacer sin quejarse.

-Eres una cabezota -. Fue lo primero que soltó la forense y la detective giro su cabeza para verla de costado con cierta sonrisa petulante en su rostro, a lo que la médica sonrió sin poderlo evitar sintiendo como su mente se aturdía por aquel gesto que tanto le gustaba pero lo dejo de lado y volvió a su semblante serio -Sé cuánto amas tu trabajo, tu ciudad y hasta la rebeldía con la que molestas a tu madre… -. Jane levanto un poco los hombros aceptándolo como si nada -… sé que eres la detective Rizzoli y como tal sirves pero por favor ten en cuenta, que no es que te tomemos como tonta o como una niña que no se sabe cuidar… cuando te vemos, no vemos a una extraordinaria detective. Vemos solo a Jane… a nuestra Jane… -. La morocha volvió a girarse para unir su mirada a la aceitunada de Maura que la aferra con firmeza entre sus brazos pero le dejaba espacio para que se moviera sin problemas así que giro un poco más su cuerpo para quedar de costado -… vemos a la Jane que nos ilumina el día con sus bromas… y el solo pensar que alguien pueda quitarnos a alguien que amamos tanto, nos aterra… me aterra…

Las palabras dejaron de ser escuchadas y solo se quedaron inmóviles, mirándose profusamente como jamás se habían permitido hacerlo porque ambas podían sentir el alboroto de su cuerpo que reaccionaba a la cercanía de la otra. Y Maura dejo de sentirse un bicho raro por un instante, y Jane olvido que no era suficiente a su parecer; y ambas dejaron de escuchar a su mente, solo se concentraron en aquella lejana voz que usualmente solo susurraba pero que ahora gritaba a todo pulmón o al menos eso parecía.

Y sin más, acercaron sus rostros sintiendo como el suave aliento de la otra rozaba sus mejillas y sus ojos casi a la vez bajaron a ver los labios de la otra por una milésima de segundo, sus rodillas temblaron y sus corazones se aceleraron mientras sus labios se robaban una tenue caricia dulce. Solo se rozaron unos instantes sin dejar de verse reflejadas en la mirada de la otra y de pronto, como un cristal que se rompe así lo hizo su calma; en un instante se volvieron valientes y se acercaron más, juntaron definitivamente sus labios en un beso dulce y suave que ambas sentían como se grababa a fuego en sus interiores.

Pero de pronto; golpes potentes contra la puerta seguidos por la voz de alguien a la que sin duda ambas querrían matar ya que las hizo alejarse de un salto, quedándose inmóviles por unos segundos mirando al suelo y luego volviendo a verse sin saber que debían hacer o decir pero por supuesto los golpes tampoco ayudaban a agilizar sus mentes.

-¡Janie! Ábreme de una vez… -. La morocha resoplo con fuerza y se puso de pie, se acercó a la puerta y coloco su mano sobre el pomo pero cuando se disponía a abrir se detuvo un momento para voltear hacia la cobriza que había saltado a ponerse de pie casi hasta el otro lado dela habitación y que al ver que era observada solo asintió secamente. La detective suspiro y abrió encontrándose con su madre y tras ella su hermano que la miro intentando disculparse -Janie ¿Por qué tardaste tanto?... oh, Maura querida, que bueno que estas aquí…

Angela entro seguida por Frankie -Ma ¿Qué haces aquí?

-¿Cómo qué? Pues vengo a cuidarte, el pobre de tu hermano estaba tan preocupado y yo… yo me estoy muriendo del susto pero tu como siempre no dejaste el caso, ya me conto Frankie -. Jane sonreía forzadamente mientras asentía mirando de la peor manera a su hermano que cada vez más se encogía -Pero veo que no soy la única, Maura querida… -. La italiana la miro detenidamente unos instante mientras está nerviosa se llevaba la copa a los labios -¿Estas bien? Te noto algo sonrojada.

Jane y Maura casi palidecieron a la vez, Frankie lo noto y las miro con duda aunque sonriendo levemente; la cobriza no podía mentir y la morocha de inmediato se atravesó en la mirada de su madre -Es el vino… creo que no a cenado y el vino la golpeo…

Angela asintió -Oh, querida. Tranquila que ahora mismo calentare la cena…

Maura le sonrió forzadamente para luego beberse de un trago su copa casi entera. Jane suspiro volteando a verla, tenía miedo de que todo hubiera cambiado pero cuando la cobriza le sonrió como siempre, como tanto le gustaba supo que todo estaba bien aunque luego tendrían que hablar de lo que paso.

-Perdón por decirle a mamá… no sabía que ibas a estar ocupada…

Jane dejo de ver a la doctora para fijarse en su hermano que se encontraba a su lado sonriendo con picares -No sé de qué hablas…

Frankie casi soltó una carcajada y observo como la forense se iba a ayudar a su madre -Claro, por eso tus labios son del mismo tono que los de la doc ¿no?

Y ya no pudo decir más, el puño de Jane se estrelló contra su abdomen a toda velocidad y con la máxima fuerza que podía utilizar con el -Déjate de tonterías y eso es por decirle a Ma.

Se alejó de su pobre hermano que se dejó caer en el sofá tomando aire con fuerza aunque la sonrisa no se le había borrado, a la vez que el sonrojo en la cobriza permanecía y ahora la morocha se acariciaba los labios con sus dedos sin parar; aunque ambas sonreían tontamente y no podían ocultarlo…