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Please, don't go — capítulo 1

-¡Hey, Potter!

Un niño de 10 años con el pelo azabache y ojos esmeralda se dio la vuelta al oír su nombre, pero fue una mala decisión. Un balón aterrizó directo en su cara, concretamente en sus gafas, rompiéndolas. Una vez más…

-¡Hey, Potter! - repitió el autor del balonazo, acercándose a él.

Cómo no, era su primo Dudley seguido por sus amigos. Los malditos abusones de la escuela que se metían con cualquiera más bajito que ellos. Especialmente si se trataba de él: Harry Potter.

Siguieron acercándose hasta que estuvieron lo bastante cerca.

-Vaya, Potter… Otra vez rompiéndote las gafas. Son las cuartas este curso. Qué desperdicio, además de inútil, sales caro.

Una mirada de odio fue lo único que Harry pudo manifestar, ya que no iba a meterse con ellos. Estaba harto, sí, pero él no podía hacer otra cosa, era más débil y con una palmada de su primo o de uno de sus amigos podría acabar en el cubo de la basura. Se quedaría calladito, aguantando lo que le venía, como siempre.

Dudley acercó la mano al cuello de la camisa, tres tallas más grande, de Harry para agarrarle y levantarle. Se elevó del suelo cual pluma, debido a su baja estatura y su poco peso. Recibió tres o cuatro puñetazos en el estómago y, al final, empezó a pedirles que pararan. Ellos se reían.

-Jajaja. ¡Mira cómo llora el pequeño Popotter!

-¡¡Dejadle en paz!!

Todos se quedaron quietos ante la potencia de la voz femenina que había interrumpido la habitual sesión de "molestar a Harry".

Harry se giró y vio a una niña de su edad, con el pelo castaño enmarañado y ojos del color de la Coca-Cola. Nunca la había visto antes, y eso que llevaba toda la vida en la escuela. En sus ojos se leía el miedo que tenía,  pero aún así se mantenía firme ante los agresores, que la miraban divertidos.

-Qué gracia la pequeñaja - dijo Dudley.

-Todo lo que tengo de pequeñaja lo tengo de inteligencia, al contrario que vosotros - dijo eso último con una sonrisa de suficiencia.

Harry no pudo evitar soltar una risa ante ese comentario. ¿Quién era esa chica que se atrevía a hablar así a los matones de la escuela?

Dudley y los demás parecían confundidos. Se ve que no habían entendido el comentario de ella, que tenía mucha razón, además.

-Vámonos - dijo Dudley al final.

Harry cayó al suelo con un golpe seco y la misteriosa chica se acercó para tenderle una mano, algo que nunca nadie había hecho por él.

-¿Estás bien, Harry? - dijo ella preocupada, como si fueran amigos de toda la vida.

  • Mmmm, claro. - dijo él un poco aturdido y confundido. De verdad que no recordaba haber visto nunca a esa niña, y ahora le ayudaba como si se conocieran mucho.

-¿Estás seguro? Te estaban dando una buena paliza. Serán fanfarrones… - replicó la chica indignada.

-Ya… No importa. Estoy acostumbrado. Es lo que hay.

-Pero no deberías quedarte aguantando mientras violan tus derechos como persona.

Harry se quedó impresionado por como hablaba esa chica. Era muy inteligente.

-Por cierto… - ahora parecía un poco más tímida -. Soy Hermione - se presentó con una sonrisa.

-Ah, encantado. Yo soy…

-Harry Potter, lo sé.

Hora de resolver dudas.

-¿Cómo sabes quién soy? ¿Nos hemos visto antes?

  • Pues… Bueno, yo sí te he visto a ti en muchas ocasiones, desde la distancia y eso. Y además estoy enterada de toda la gente que hay aquí.

-¿Y cómo es que yo no te conocía?

Hermione bajó la mirada, un poco triste, pero aún sonriendo.

-Es que paso bastante desapercibida. No tengo mucha vida social. Prefiero quedarme con un buen libro.

-Ya veo… - efectivamente, era una chica inteligente -. Yo tampoco tengo mucha vida social - respondió Harry con una risita nerviosa.

Harry no estaba seguro de haber dicho algo malo, porque Hermione parecía a punto de explotar, pero no de enfado.

-¿Quieres ser mi amigo? - soltó ella rápidamente, como si llevara horas ensayando la frase.

A  Harry le sorprendió que alguien le propusiera eso. Siempre había estado sólo y daba por hecho que seguiría así. Pero conocer a una chica y que le propusiera amistad, le hacía mucha ilusión.

-¡Sí, claro! - respondió él entusiasmado y sonriente.

Hermione sonrió al instante como si no se lo pudiera creer y dio un saltito de alegría. Harry analizó durante un momento su físico. No era una chica muy guapa para él, con ese pelo enredado y los dientes desproporcionadamente grandes y separados, pero transmitía sinceridad y esperanza, y para él contaba más el interior.

-¡Qué bien!

Y dicho esto, se fueron a almorzar juntos.

Durante unos días fueron juntos a todas partes, disfrutando de su amistad. A Harry le encantaba tener alguien con quien estar a gusto. Aunque muchos les decían que parecían novios, él decía que no lo eran. Hermione era muy simpática, pero no le gustaría una novia como ella. Además, ¿qué sabían ellos de amor? Eran pequeños.

Harry le contaba a Hermione cosas sobre su vida. Le contó que era huérfano, que sus padres habían muerto en un accidente de coche, que se había hecho la cicatriz en forma de rayo, que vivía con sus tíos y su primo que le odiaban, que dormía en la alacena bajo la escalera… Ella le escuchaba fijando su mirada canela en la de él y sonriendo, como si le fascinara lo que escuchaba, y le decía que era injusto y que si necesitaba cualquier cosa o quería ir a pasar días en su casa que ella siempre estaría allí para él.

Pero Hermione también le contaba sobre ella. Le decía que sus padres eran dentistas, que le encantaban los gatos, que leía mucho, que se ponía muy nerviosa en los exámenes… Una chica normalita, pensó Harry, pero aún así era su única amiga.

Con Hermione Harry podía ser lo que nunca había sido: él mismo. Podía soltarse y confesar sus sentimientos porque Hermione le escuchaba y le apoyaba. Era la primera vez que alguien hacía cosas así por él, pero se acostumbró muy rápido.

Un día, Harry le contó que, a veces, si estaba asustado o enfadado, ocurrían cosas raras, como si fuera magia. Pensó que ella le tomaría por un loco, pero, al contrario, le creyó y, como siempre, tenía una respuesta inteligente:

-El poder de la mente es extraordinario, más de lo que nos pensamos.

A Harry le maravillaba la capacidad de Hermione para entender las cosas y su manera de pensar.

A partir de entonces Harry aprendió a soltarse y ser más social. No tardó mucho en convertirse popular, tanto entre chicos como entre chicas. Esto no molestaba en absoluto a Hermione, ya que Harry era muy feliz y, por lo tanto, ella también.

Terminó el curso y Harry apenas podía salir porque se pasaba el día haciendo de criado para sus tíos, pero en cuanto podía, se escapaba para ver a todos los amigos que había hecho.

Hermione le llamaba constantemente para ir a pasear o hacer algo juntos, pero él se excusaba diciendo que no se encontraba bien.

"Claro" pensaba ella "Debe de estar cansado de servir todo el día a sus tíos".

Pero Harry iba con grupos de niños más sociables que ella. Así de simple: ¿Por qué conformarse con una aburrida sabelotodo cuando podía estar con más gente y pasárselo bien?

Hermione sabía que Harry trabajaba duro y era buena persona. Y, por encima de todo, confiaba en él. O más bien quería confiar en él. Para ella Harry era la persona más importante, exceptuando a sus padres. Pero no estaba segura de ser igual de importante para Harry, porque últimamente no se veían y ella se quedaba sola en casa con sus libros.

No era tonta. Sabía perfectamente que Harry ya se estaba cansando de la listilla anti-social Hermione. Por eso, decidió no decirle nada, a pesar de que hubiera empezado a sentir algo por él. Simplemente le bastaba con verle feliz. ¿Qué sabía ella de amor? Ni siquiera había tenido nunca un amigo, ya le bastaba con eso. Así que ella siempre velaría por la seguridad y felicidad de Harry sólo como una amiga más, aunque en el fondo le doliera.

Llegó el mes de julio, y con él una carta. Era para Harry. No podía creerlo. Una carta para él… Pero la felicidad duró poco gracias a su desagradable tío, que no le permitió ver la carta.

Llegaron más y más cartas, todas iguales. Y Harry no pudo leer ninguna. Le pareció, además de injusto, curioso. Y poco normal. Tratándose de una cosa así, decidió hablar con Hermione, ya que a nadie más le había contado tantas cosas de él.

Cuando Hermione supo que Harry quería hablar con ella, se alegró mucho de saber que podría disfrutar de un momento con Harry.

-Hermione… Pasan cosas raras. Todos los días llegan cartas dirigidas a mí. Llegan a montones. No sé de quién ni sobre qué. Pero debe significar algo. Y mis tíos no me dejan leerlas.

Esta vez Hermione no tenía respuesta para eso.

-Sí que es raro… ¡Harry, debes conseguir una carta como sea!

­-¿Cómo?

-Has dicho que llegan todos los días, tiene que haber alguna manera.

-Supongo…

Pasaron los días, llegaban las cartas… Hasta que un día el tío de Harry se hartó y decidió marcharse.

Obviamente, todos los amigos de Harry se enteraron y Hermione también.

No podía ser. ¡Eran finales de julio y no podría estar con él el día de su cumpleaños!

Por eso, la noche antes de que Harry se marchara, Hermione fue hasta su casa y dejó en la puerta su regalo de cumpleaños. Era una tontería, pero sólo quería que se acordase un poco de ella.

La noche siguiente, a media noche, Harry recibió la noticia.

Dos días después, todos sabían que Harry Potter había vuelto.

Lo primero que hizo fue contarle a Hermione todo lo que había descubierto: era mago, iría a la escuela Hogwarts…

Se lo dijo todo, simplemente a modo de despedida, porque Harry Potter ya no tendría que ver a Hermione Granger ni inventarse excusas para no estar con ella.

-¡Hermione, no te lo vas a creer! El día de mi cumpleaños, un gigante apareció y me dijo que era un mago, que mis padres no murieron en un accidente de coche, y que tengo que ir a estudiar a la escuela de magía, Hogwarts… ¡Fue una locura!

  • Harry… - un mar de emociones arreciaban contra el corazón de Hermione en esos instantes -. Me alegro por ti. ¡Mucho!

-Ya sabía que todas las cosas raras que pasaban tenían un significado…

-Sí…Oye, Harry… ¿Viste el regalo de cumpleaños que dejé para ti?

-Ehh… ¿Qué regalo?

  • Dejé un regalo en la puerta de tu casa por… Nada, olvídalo.

Hermione se alegraba infinitamente por Harry, aunque supiera que en el fondo estaba destrozando su corazón.

Porque ella no había recibido ninguna carta. Por mucho que le doliera no estaba destinada a estar con él.

La mañana de la partida, Hermione fue a casa de Harry a despedirse.

-¡Harry! - decía ella, abrazándole mientras aún podía, aún sabiendo que él se sentía incómodo -. ¡Te voy a echar tanto de menos!

-Ya… bueno, supongo que algún día, quizás nos veremos - respondió Harry por no ser maleducado.

-Por cierto... - saltó ella -. Toma - dijo dándole un paquete envuelto -. Ya que no recibiste el regalo de cumpleaños, te doy uno de despedida.

-Oh…Muchas gracias, Hermione

  • aceptó Harry, quien en el fondo estaba conmovido y, quizás, un poco triste por no volver a ver a esa sabelotodo que había sido su primera gran amiga.

Y se despidieron, marchando Harry con la alegría de su nueva vida, y dejando a Hermione con la tristeza de un amor no correspondido al que nunca más vería, pero con la satisfacción de verle feliz.