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Please, don't go — capítulo 2

Pegada al cristal de su ventana, una niña miraba sin ver al rojizo cielo en el que ya se ponía el sol. Hermione suspiró por enésima vez ya en aquel interminable día, otro más de muchos. Después de cuatro meses, no había recibido ni una sola noticia o carta de Harry. Aunque en el fondo tampoco lo esperaba. Y ella no podía enviarle una carta. Ni siquiera sabía a dónde se había ido, y seguro que un cartero normal no podría ir allí.

Como siempre, ella estaba en casa con su libro. Se preguntaba dónde estaría él. Si había hecho amigos, si le trataban bien, si era feliz... A veces también se preguntaba si se acordaría de ella.

Así pasaron los días y los meses…

Harry no podía estar más feliz. Su vida había cambiado por completo. Su mejor amigo era un chico genial, llamado Ron. Tenía clases de todo lo relacionado con magia y le encantaba. El único detalle era que, cómo no, al igual que en todos los lugares, había abusones. En este caso Malfoy, Draco Malfoy. No era un matón, pero iba acompañado por matones, Crabbe y Goyle. Y un profesor le tenía manía; concretamente el profesor de pociones, Snape. Pasando por alto eso, todo le iba genial, y apenas recordaba a aquella niña castaña que conoció un año atrás.

La entrada de Julio trajo consigo la llegada de Harry y, cómo no, Hermione le esperaba con ansia cerca de su casa.

Cuando vio que el coche de los Dursley volvían, la emoción embriago todo su ser y, de repente, se puso muy nerviosa.

Tras un rato, decidió llamar a su casa. Tocó el timbre y…

-¿Quién eres tú? - vociferó el tío de Harry al abrirle la puerta.

-Yo… soy una amiga de Harry. Me he enterado de que ha vuelto. ¿Puedo verle?

El seño Dursley vaciló un  poco antes de contestar.

-Está bien, pero solo un minuto. ¡Harry, chico, sal aquí! Tienes visita.

La primera vista que tuvo Hermione de Harry fue él obedeciendo a su tío con cara de sorpresa.

-¡Harry! - exclamó ella abalanzándose sobre el chico.

-Ah… eres tú.

  • ¿Qué tal estás? ¿Cómo te lo has pasado? Te echaba mucho de menos…

-Vale, vale… Pues... me lo he pasado genial. Por fin he encontrado mi lugar.

Hermione, aunque lo intentó, no pudo evitar que ese último comentario la entristeciera un poco.

-Me alegro mucho por ti, Harry, de verdad.

-Y… bueno, no puedo contarte mucho más, porque no nos permiten revelar nada sobre el mundo mágico a los muggles.

-¿Muggles?

-Gente no mágica.

-Ah, claro… - Hermione casi podía notar una lágrima queriendo escapar de su ojo. ¿Qué hacía ella hablando con Harry? ¡No pintaba nada! -. Harry, ¿Cómo podría enviarte cartas?

-Es mejor que no lo hagas, en serio. - Harry no recibía cartas de nadie, pero no quería que ella le enviara cartas y tener que explicar a sus amigos que aquella marginada había sido su amiga.

-Bueno…vale. - dijo ella apenada, pero sonriendo para Harry.

Y esa fue la última vez en todo el verano que Hermione vió a Harry.

Hermione veía que una lechuza salía y llegaba casa de Harry. ¡Qué curioso, comunicarse a través de lechuzas! Le fascinó y quiso saber más cosas sobre la vida de los magos, pero Harry no podía decirle nada y, además, ella no tenía que inmiscuirse.

Otra vez empezó el curso y Hermione no dejaba de pensar en Harry.

Pasaron dos años. Harry y Hermione ya tenían catorce años. Era verano y faltaba poco para empezar el curso.

Harry esperaba con impaciencia que los Weasley fueran a buscarle y lo sacaran de aquella prisión. Miraba por la ventana, aburrido. Echaba de menos a sus amigos de Hogwarts. Allí por lo menos le importaba a alguien. Esto pensaba Harry, sin saber que unas manzanas más allá, había una chica que estaba día tras día pensando en él.

Y lo que vio le hizo acordarse de ella al instante. En la chimenea de la casa de Hermione, pudo reconocer perfectamente destellos verdes. No podía ser. ¡Los Weasley se habían equivocado de chimenea!

Salió de casa como un rayo hacia casa de Hermione.

Hermione estaba leyendo en el sofá de su casa cuando, de repente, la chimenea empezó a… ¿zarandearse?

Sus padres estaban trabajando y no sabía qué hacer. Estaba en shock.

Entonces, un grupo de pelirrojos y un señor calvo aparecieron por la chimenea. Hermione miraba boquiabierta con los ojos como platos cómo unos extraños habían invadido su casa. No dudó un instante y cogió un bate de emergencias que sus padres le habían dejado por si ocurría algo, ya que estaba sola la mayor parte del día. Se acercó a los extraños, bate en mano, dispuesta a atizarlos, cuando el señor calvo, que debía ser su padre, saco… ¿una varita? Sí, debía ser eso. Sacó una varita e hizo que el bate volara de las manos de Hermione y aterrizará en las suyas.

-¡¿Quiénes sois vosotros y qué demonios hacéis en mi casa?!

-Típica reacción… - comentó el que parecía ser el más pequeño.

Harry se apresuraba todo lo que podía, ya casi había llegado a casa de Hermione. Pero por mucho que el corriera, la magia era mucho más rápida, eso ya lo sabía él. No quería ni imaginarse lo que estaba pasando ahora mismo. Hermione se enteraría de todo, despedirían al señor Weasley… O… también estaba la posibilidad de que Hermione los atizara a todos por allanar su casa, con lo nerviosa que era ella… Aunque a lo mejor ya no era así. A lo mejor ya no era la Hermione que él conoció tres años atrás. No la había visto desde entonces. Sería muy raro verla ahora.

Por fin llegó a casa de Hermione. Llamó a la puerta, o más bien la aporreó, con todas sus fuerzas.

Hermione escuchó que llamaban a la puerta, pero estaba demasiado… Enfadada, confusa y nerviosa como reaccionar; hasta que uno de los pelirrojos habló:

-Creo que deberías abrir la puerta.

Hermione, sin saber aún muy bien por qué, le obedeció. Cuando abrió, la sorpresa no pudo ser más grata.

Harry suspiró aliviado de que le abrieran. Antes de poder ver lo que había pasado dentro, una confusa y alegre Hermione grito su nombre a modo de saludo:

-¡Harry! - dijo mientras se lanzaba a abrazarle.

Aunque Harry no le dio tiempo, porque se apartó y entro en la casa. Qué rara seguía siendo esa chica. Unos magos desconocidos aparecen en su casa y a ella sólo le preocupa darle un abrazo…

-¡Señor Weasley! - exclamó Harry, aliviado de que aún no hubiera pasado nada -. ¿Qué hace aquí? ¡Y Ron, y Fred y George! Os habéis pasado unas cuantas manzanas de mi casa.

  • Bueno - repuso el señor Weasley, sonriente, como si todo fuera muy normal -. Es que también teníamos que pasar por aquí, y no nos decidíamos o dónde ir primero.

-¡¿Cómo?! - exclamaron Harry y Hermione al unísono.