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Please, don't go — capítulo 3

-Señor Weasley, ¿cómo que tenía que pasar por aquí? ¿No iban a venir a buscarme?

-Sí, eso es; pero Dumbledore nos encargó que viniéramos, porque así aprovechábamos el viaje y él no tendría que tomarse la molestia de venir.

-Pero, ¿cómo que Dumbledore os encargó venir a buscarla? ¿Por qué a ella?

Hermione se sintió un poco ofendida por ese comentario. Ella también era una persona, por si Harry no se había dado cuenta.

Aunque sí que era verdad que no se estaba enterando mucho de la conversación, y eso la irritaba un poco.

-Dumbledore - siguió el que se suponía que era el señor Weasley, por lo poco que se había enterado de la conversación-. Nos encargó que viniéramos a buscarla para llevarla con nosotros y que viniera a Hogwarts.

-Dijo que era tu amiga y que podría quedarse con nosotros. - añadió el más joven.

Puede que no supiera mucho, pero Hermione había entendido lo suficiente como para saber que la querían llevar a Hogwarts… Su cerebro trabajaba más lento de lo normal… ¡Iba a ir a Hogwarts!

-Espera… - saltó Harry -. ¿Dumbledore dijo que era mi amiga?

-¡Sí! - respondió el señor Weasley - Tú eres Hermione Granger, si no me equivoco, ¿verdad?

  • Sí… Sí, señor. - dijo ella ruborizada, tratando de ser amable para compensar el espectáculo que había montado.

A Harry no le cuadraba nada. ¿Cómo que era su amiga? En todo caso, una conocida. Y, además, aún así, ¿cómo sabía Dumbledore quién era ella? ¡No pintaba nada! Y aunque así fuera…

-¿Por qué la vienen a buscar ahora, cuando va a empezar el cuarto curso? ¿Por qué no le enviaron una carta a los once años, cómo a todos?

-No es a mí a quien corresponde responder eso, Harry…Dumbledore tiene sus motivos y es él quien te las explicará, cuando llegue el momento.

  • Bueno… - dijo uno de los pelirrojos -. ¿No nos vas a presentar, Harry?

-Claro… - respondió él no muy convencido -. Hermione, estos son el señor Weasley - señaló al hombre calvo -, Fred y George Weasley - señaló a los dos gemelos altos y delgados -, y Ron Weasley - señaló al más joven de todos, pecoso, alto y de ojos azules, que tendría también catorce años.

-Hola, Hermione - se apresuró a saludar Ron, con una risita nerviosa. A Hermione le cayó bien.

-¡Hola! - devolvió ella el saludo con una gran sonrisa.

-Pero no somos los únicos - dijo uno de los gemelos, ¿Fred? ¿George? Hermione no estaba segura -. Aún te quedan cinco Weasleys por conocer.

-¡Vaya! - exclamo ella -. Por cierto, siento mucho el escándalo que he montado antes… - se disculpó, avergonzada de su comportamiento -. Creía que eráis ladrones y me puse nerviosa.

-No pasa nada… - repuso Ron con una sonrisita bastante estúpida en la cara -. Yo habría reaccionado igual.

-No creo que eso sirva de consuelo, Ron - dijo… ¡Fred! Hermione ya los distinguía.

Ron se ruborizó de enfado ante ese comentario de su propio hermano.

-No les hagas caso, es que tienen envidia de que vas a ir conmigo a clase.

-¿En serio? ¡Qué bien! - dijo Hermione ilusionada.

-Dumbledore dijo que eras inteligente, podemos estudiar juntos…

-¡Ron! - le interrumpió el señor Weasley -. ¡No es momento de ponernos a hablar, hay que irse!

-Eso, Ron. -terció Harry -. Además, no adelantes acontecimientos. ¿Cómo sabes que es una Gryffindor?

-Pues… - Ron se quedó desarmado ante esta pregunta. La verdad es que no sabía en qué casa iría Hermione.

  • Ajá. - dijo Harry triunfalmente.

Ron se ruborizó otra vez.

-¿Qué pasa, Ron? - preguntó George, pícaramente -. Cualquiera diría que estas deseando pasar el curso con Hermione…

-¿Acaso te gusta? - terminó la frase Fred.

-¡¿Qué?! - la cara de Ron estaba más roja que su pelo -. ¡No les hagas caso, Hermione! - se apresuró a desmentir Ron - Eh… ¡Papá! ¿No teníamos que irnos?

  • Sí, sí, ahora mismo. Vamos, chicos.

-¿Cómo vamos a llegar al Refugio? - preguntó Harry, constantemente incómodo ante la cercanía de Hermione, a la que tendría que acostumbrarse de nuevo.

-Por la red de polvos flu, evidentemente. - respondió el señor Weasley.

-Perdón… -. Inquirió Hermione, quien hacía grandes esfuerzos por no sacar pergamino y pluma para apuntar todos los nuevos conocimientos mágicos -. ¿Qué es la red de polvos flu?

-Ahora lo verás. - fue la única respuesta que recibió por parte de Fred.

  • Señor Weasley... -  dijo Hermione, cayendo en la cuenta -. Me encantaría ir, pero... Mis padres no saben esto. ¿Qué dirán al no verme en casa?

  • No te preocupes, ellos están al corriente de todo. El mismo Dumbledore en persona mantuvo una charla con ellos, informándoles de todo y pidiendo permiso para llevarte a Hogwarts. Ellos, afortunadamente, accedieron.

  • ¡¿Qué?! ¿Y cómo es que no me han dicho nada?

  • Según me dijo Dumbledore, tus padres querían que fuera una sorpresa. Pensaron que te haría ilusión.

  • ¿De veras? Me alegro mucho pero si mis padres pensaran eso, deberían haber apartado el bate de emergencias o avisarme.

  • Ya... Supongo que se les pasaría ese pequeño detalle.

  • ¿Puedo llamarles? Para anunciarles que me voy. Me quedaría más tranquila.

  • ¡Claro!

-Bien, chicos. - dijo el señor Weasley, mientras Hermione hacía la llamda-. Acercaos a la chimenea.

Nadie hizo caso.

Cuando Hermione terminó la llamada su cara expresaba aún más sorpresa si era posible después de todo lo que le estaba pasando.

  • ¡Tenía usted razón, señor Weasley! ¡Ya lo sabían todo! Es increíble, jamás lo habría imaginado. Por cierto, ¿quién es Dumbledore?

  • Luego te hablaremos de él. Y de todo. Y ahora acercaos todos a la chimenea.

Hermione fue la primera en obedecer, algo que no sorprendió a Harry. Hasta ahora, no se había parado a fijarse en Hermione, no le interesaba mucho relacionarse con ella y, ahora que se fijaba, seguía igual. Obviamente, había adquirido nuevos (al menos desde la última vez que se había fijado) atributos femeninos. Pero seguía teniendo el mismo pelo rizado enmarañado y los dientes característicos suyos. Y… en cuanto a personalidad… mejor no decir nada. No había cambiado. Irritaba a Harry; o eso quería creer él. A ver cómo reaccionaban todos cuando vieran quién era la "amiga" de Harry Potter. Aunque, bien pensado, esa información podía quedarse entre Dumbledore y él y decir a los demás que en realidad sólo eran conocidos. Él sabía que no podría engañar a Dumbledore. Y aún no sabía cómo había averiguado quién era Hermione.

-Bien, chicos. - dijo el señor Weasley, sacando a Harry de su ensimismamiento -. Ya sabéis qué hacer. Ron irá primero, para enseñar a Hermione cómo funcionan los polvos flu.

-Estaré esperándote en el Refugio. - dijo Ron a Hermione.

-¿El Refugio?

-Así llamamos a nuestra casa. - respondió él.

Y dicho esto, Ron se metió en la chimenea (algo que sorprendió a Hermione, dado su altura), cogió un puñado de aquellos curiosos polvos, que dedujo que eran los polvos flu, y pronunció alto y claro:

-¡El Refugio!

Unas llamas verdes envolvieron a Ron y se lo tragaron ante los sorprendidos ojos de Hermione, a la que le entró un repentino pánico.

-Venga, Hermione, te toca. - dijo el señor Weasley sonriendo a la asustada Hermione.

-Yo… si no le importa, preferiría esperar otro turno.

-¿Seguro?

-Segurísimo.

-Bien, en ese caso, Fred y George irán delante.

Y así fue, primero Fred y luego George.

-Bien, Hermione. ¿Estás ya lista?

-¡Claro! - respondió ella entusiasmada esta vez.

Se metió en la chimenea y cogió un puñado de polvos flu. Estaba algo nerviosa, pero ilusionada por realizar su primera práctica mágica.

Pronunció con claridad:

-¡El Refugio!

Lo último que vio fue al señor Weasley sonriente como siempre y con su mirada paternal, y a Harry, mirándola fijamente de manera indescibrable.

Entonces, todo empezó a dar vueltas y comenzó a ascender, saliendo de la chimenea, y descendió aterrizando en otra.

Cayó entre las cenizas de la chimenea de lo que debía ser el Refugio.

Era el turno de Harry y, sin saber por qué, estaba nervioso, preocupado. Temía llegar y no encontrarse con Hermione, que se hubiera perdido o algo así. Pero atribuyó esa preocupación a que si tenían que buscarla sólo causaría problemas y pérdida de tiempo.

Hermione se levantó y se sacudió las cenizas.

En seguida acudió Ron en su ayuda­.

-¿Estás bien? - le preguntó, tendiéndole una mano.

  • Sí, claro. - respondió ella sonriéndole -. No te preocupes.

Hermione salió de la chimenea y vio a tres pelirrojos más; no cinco, como le había dicho Fred.

Entonces, llegó Harry y saludó a los Weasley evitando el contacto visual con Hermione y colocándose tan lejos de ella como pudo. Aunque no fue una decepción para ella. Seguro que sería una molestia para él. Lo mejor era apartarse…

-Chicos, - dijo el señor Weasley -, esta es Hermione, la chica de la que Dumbledore nos habló.

-Hola. - se apresuró a saludar tímidamente ella para no dar mala impresión. Les estaba muy agradecida por cuidar de ella y descubrirle ese nuevo mundo.

-¡Hola! - saludaron los cinco pelirrojos entusiasmados. "¡Qué acogida más cálida! ¡Qué familia más bonita!" pensó Hermione.

-Mira. - dijo Ron cogiéndola del brazo -. Estos son: Ginny - señaló a la más pequeña, pecosa, bajita y de ojos marrones -, este es Percy - señaló a uno alto de pelo rizado -, y esta es mi madre, Molly - señaló a una mujer bajita y regordeta, de una dulce mirada maternal -. Charlie está en Rumania estudiando Dragones y Bill trabajando en Gringotts.

-¡Hola, encantada!

-Bien - dijo el señor Weasley -, Hermione tiene que ponerse al día.

Y se sentaron en el salón a explicar a Hermione qué era Hogwarts, que había cuatro casas en las que podías ser seleccionado por el Sombrero Seleccionador, le hablaron sobre Dumbledor y todos los profesores, le explicaron qué era el quiditch, que era la final de los Mundiales de quiditch ese verano, le dijeron quién era Sirius Black, qué era Gringotts, los dementores, Azkaban, etc… Hasta que le explicaron quién era Voldemort y qué intenciones tenía respecto a Harry.

Esto hizo a Hermione sentirse… no sabía cómo definirlo. Ella, preocupada porque Harry estuviera bien, y, mientras, un mago tenebroso quería acabar con su vida. Era horrible… era… inhumano. Pero mientras ella siguiera con vida, nadie heriría a Harry. Como que se llamaba Hermione Jean Granger.

Harry sabía que Hermione no era tonta y lo había entendido todo. Y le preocupaba que fuera más allá. Es decir, que se metiera donde no debía. Necesitaba saber por qué Dumbledore quería llevar a Hogwarts y por qué había esperado tres años para hacerlo.

Dos semanas antes del comienzo del curso, fueron al callejón Diagón y compraron todo lo necesario para el curso. Hermione se maravilló por todo. La gente, las criaturas, los objetos… Era genial.

Fue a la final de quiditch con los Weasley y Harry, que la seguía evitando. Allí, pasó algo que dejó a todos preocupados: apareció la marca tenebrosa.

Lo que preocupaba a Hermione era no poder proteger a Harry. Porque ella no era nadie allí. No sabía usar la magia y además Harry no la quería tener cerca.

Llegó el gran día: 1 de septiembre, viaje a Hogwarts.

Ya le habían dicho como se cruzaba el andén, pero no esperaba que le fuera a resultar tan fácil.

Subió al tren, acompañando al grupo de Harry, Ron, Ginny, Fred y George. Se había hecho muy amiga de los Weasley durante ese mes. Eran gente encantadora. Se metieron todos menos ella en un compartimento y, cuando iba a entrar ella, Harry le cerró la puerta en las narices sin decir nada. Ron puso cara de extrañado, pero Hermione ya se lo esperaba. Aún así, no pudo evitar que un par de lágrimas recorrieran sus pálidas mejillas mientras buscaba otro compartimento y, de paso, sería mejor que buscara otros amigos, porque estaba claro que Harry no le iba a facilitar la existencia.

Buscó y buscó, hasta que vio un compartimento en el que solamente se hallaba sentada una rubia que leía una revista del revés.

Hermione se aclaró la garganta.

-Disculpa. - dijo, haciendo que la rubia girara la cabeza hacia ella -. ¿Te importa que me siente aquí contigo?

La chica sonrió al instante.

-¡No, en absoluto! - respondió, señalando las butacas libres.

Hermione sonrió también y se sentó frente a ella.

-Me llamo Hermione. -se presentó.

-Yo Luna. - respondió ella risueña.

-¿Qué lees?

-¡Ah, esto! Es la revista de mi padre, El Quisquilloso.

-Interesante… - dijo Hermione, tratando de leer la revista, que estaba del revés.

Lo que ella no sabía es que había sido observada por una gélida mirada desde que subió al tren.