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Please, don't go — capítulo 4

-Y… ¿Sobre qué trata exactamente El Quisquilloso? - preguntó Hermione, intentando sacar tema de conversación entre aquella simpática rubia llamada Luna y ella.

-¡Oh! Pues trata cualquier tema sobre el que las demás revistas y periódicos no hablan, o lo que la gente consideraría poco usual. Son cosas bastante polémicas, la verdad, pero nadie habla sobre ellas. - respondió ella con su risueña sonrisa y dulce voz.

-¿Por qué trata temas sobre los que nadie habla? - inquirió ella.

  • Para que la gente conozca la verdad.

-Y,¿qué temas son esos?

-Te voy a leer algunos titulares: "Corrupción en la liga de Quidditch: cómo están los tornados tomando el control". "Revelamos los secretos de las Runas Antiguas. (Si las leías al revés, supuestamente revelaba un maleficio para convertir a tus enemigos en naranjas chinitas)". - Ahora Hermione no tenía que preguntar por qué Luna leía la revista del revés -. "Sirius Black ¿Víctima o Malvado?".

  • ¡¿Cómo?!

  • Sí, Sirius Black… Espera, ¡claro! Hermione, eres nueva aquí, ¿no?

-Sí… - contesto ella un poco avergonzada de ser la única alumna que empiece con catorce años.

-Ya me parecía a mí. Nunca te había visto. - dijo Luna, sin un solo prejuicio hacia Hermione -. Entonces, si eres nueva, no sabrás quien es Sirius Black…

-Tranquila, estoy al corriente.

  • ¡Oh, qué bien!

Y así siguieron hablando rubia y castaña, mientras en otro compartimento alejado, la conversación era distinta.

-Pero, ¡Harry! - replicaba Ron -. ¿Por qué diablos has tratado así a Hermione?

-Mmmm… - reflexionó él -. Así, ¿cómo, exactamente?

-Eh… - se indignó Ron sarcásticamente -. No sé, ¿tal vez no hablarle y cerrarle la puerta en las narices? Es un viaje muy largo, no puede pasarlo sola. ¿Es que no sois amigos, o qué?

Aquello era el colmo para Harry.

-¡No! - exclamó a un sorprendido Ron, que se calló al instante, haciendo que Harry se sintiera mal por hablarle así a su mejor amigo.

-Vale, tío…

-Lo siento, Ron. No debería haberte gritado. Lo que intentaba decir era que Hermione y yo no somos amigos. Nos conocimos con diez años y a veces pasábamos tiempo juntos. Pero no hemos vuelto a dirigirnos la palabra desde que entré en Hogwarts, y ya está. Sólo somos conocidos.

-Pero… ¿Por qué? - preguntó tímidamente Ginny, que había estado escuchando la conversación -. A mí me parece una chica muy agradable y simpática.

Harry puso cara de impaciencia, como si a sus amigos les costara mucho entender una obviedad, pero se armó de paciencia y volvió a hablar:

-Ya, Ginny, eso es al principio. Es una chica muy maja hasta que te das cuenta de que sólo sirve para leer y estudiar. Yo quiero hacer algo más en la vida y no me apetece una amiga así. Y si le das un poco de confianza y te acercas a ella, se te pega y es una pesada porque ella no tiene a nadie. Lo digo por experiencia. Entiendo que quieras hacer amigas, Ginny, pero hay muchas más mejores que Hermione. - Harry dijo todo esto sintiéndose muy en el fondo la peor persona del mundo, y eso es lo que más temía. Ser débil. Más bien, que Hermione le hiciera débil.

Ginny se dio por vencida ante el argumento del cabezota de Harry.

Ron expresó conformidad, y, aunque no estaba de acuerdo con la decisión de su amigo, la respetaba.

Hermione ya podía ver a lo lejos un castillo impresionante, que debía ser Hogwarts. A medida que se acercaban, crecían sus nervios y emoción.

-Parece que ya estamos llegando a la estación de Hogsmeade. - dijo Luna.

En cinco minutos, el tren paró y se convirtió en un amontonamiento de alumnos de todos los cursos atravesando los vagones para salir de él.

-Vamos, vayamos juntas a Hogwarts. - dijo Luna, levantándose y cogiendo su maleta

-¡Claro! - respondió Hermione, agradecida de tener alguien con quien entrar en aquel imponente lugar e imitando a Luna.

Se abrieron camino entre toda la gente que circulaba por el tren y salieron. A lo lejos, vieron a Harry y los demás saliendo y dirigiéndose hacia las carrozas.

-Vamos con ellos - sugirió Luna -. Ginny es mi amiga, soy de su clase, tengo su misma edad.

-Ya… - Hermione se alarmó ante la propuesta de la rubia -. Bueno, vale… Ginny también es mi amiga.

Y empezaron a caminar hacia ellos.

-¡Eh, esa es Luna! - gritó Ginny al ver a la rubia acercarse -. ¡LUNAAA! - la saludó.

-Hola a todos - dijo ella cuando ya habían llegado -. He conocido a Hermione en el tren. Es una chica muy interesante.

-Ya, nosotros también la conocemos, Luna - dijo Ron.

-¡Qué bien!

-¿Podemos irnos ya? - dijo Harry impaciente girando la cabeza. No había visto a Hermione hasta ahora.

-¡Hola, Harry! - saludó alegremente Luna.

¡¿Qué hacía Hermione allí?! ¿Cómo se podía ser tan pesada?

-Hola, Luna.  - saludó Harry amargamente.

Hermione quería desaparecer, que la tierra la tragase, todo menos aguantar el desprecio de Harry.

-¿Qué hace Hermione contigo, Luna? - preguntó él.

-Nos conocimos en el tren. Es una chica muy amigable. - respondió ella sonriendo a Hermione.

-Ya, no le queda otra que ser amigable, si es que quiere hacer algún amigo en su vida.

-¡Harry! - le recriminó Ron.

-¿Por qué dices eso? - preguntó inocentemente la confusa Luna.

-Olvídalo, pero no te juntes con quien no te conviene.

-Recuerdo haberte dicho algo parecido nuestro primer día, Potter.

Todos se giraron al oír la conocida voz de Malfoy.

-¿Acaso alguien te ha invitado a participar en la conversación? - preguntó Harry lo más cordialmente que pudo.

  • No necesito tu invitación para hacer nada, Potter. - respondió él desafiante.

-¿Qué haces aquí, Malfoy? - soltó Ron.

-Obviamente, he venido a esperar a que salgan las carrozas, como vosotros. Créeme, a mí tampoco me agrada vuestra compañía.

-¡Hola, Draco! - saludó Luna, quien había optado por ignorar la conversación interior y saludar a todos, como era su costumbre.

-No me hables, Lunática. - respondió el, a modo de "saludo".

Luna miró hacia otro lado, sin parecer demasiado afectada. Aún así, Hermione quedó estupefacta ante la arrogancia de aquel tipo. ¿Quién era él para insultar a una chica tan buena como Luna?

-Eh… Disculpa. - dijo tímidamente -. ¿Por qué has tenido que hablar así a Luna? Ella no te ha hecho nada.

Malfoy giró la cabeza y advirtió por primera vez la presencia de la chica nueva.

-¿Quién demonios eres tú? Desde luego, nadie lo suficiente importante como para dirigirte a mí de esa manera. Así que retira lo que has dicho. - respondió con gesto despectivo hacia Hermione.

La chica estaba que echaba humo por las orejas.

-¡¿Cómo has dicho?! ¡Que sepas que tú no eres más importante que ninguno de nosotros! ¡Ni siquiera sé quién eres, pero me pareces un arrogante egocéntrico! ¡Y Luna es mucho mejor que tú, así que no tienes derecho a insultarla porque te salga de las narices! ¡No te creas mejor, porque no lo eres!

Todos los que estaban alrededor se quedaron mirando a Hermione y esperaban la reacción de Draco, al que nunca nadie había hablado así. Ron soltó una risita. Hermione estaba colorada del enfado y la vergüenza, pero se mantendría firme.

Draco ni se inmutó. Respondió a los insultos de Hermione con una increíble calma.

-¿Eres tú la chica nueva?

Hermione asintió con la cabeza bien alta.

-Cómo trates así a todos tus superiores, no vas a durar nada, asquerosa sangre sucia.

-¡No llames así a Hermione! - exclamó Luna en defensa de Hermione.

-¿Qué quiere decir eso? - pregunto Hermione, totalmente confusa.

-Eso - prosiguió Malfoy -, es lo que tú eres. Una asquerosa sangre sucia hija de muggles que no merece poner un pie en Hogwarts.

Dijo esto con todo el desprecio del mundo, y a Hermione le afectó, porque sabía que era verdad, pero no lo demostró.

-Si toda la gente fuera como tú, el mundo sería un lugar muy triste.

Malfoy se puso rojo de la rabia.

-¡¿Cómo?! ¡Atrévete a repetir eso!

-Ya me has oído, no creo que haya necesidad de volver a decirlo.

Todos se quedaron boquiabiertos con la manera en que Hermione, una chica nueva que no conocía a nadie, trataba a Malfoy, Draco Malfoy, el rey de las serpientes, el que siempre se salía con la suya.

-¿Sabes quién demonios soy yo? - escupió él.

-Lo único que no sé es tu nombre, porque de todo lo demás ya me he dado cuenta.

Harry estaba alucinando con Hermione. Todo esto le recordaba a cuando lo defendió a él frente a Dudley y sus amigos… No quería pensar en eso, pero es que no había cambiado. Era un espectáculo muy agradable ver cómo alguien dejaba en ridículo a Malfoy.

-¡Estúpida niñata! ¡Yo soy Draco Malfoy! ¡A mí nadie me habla así! ¿Pretender quedar bien delante de Potter, los pobretones y la loca, cuando a ellos no les importas lo más mínimo?

-Un placer - respondió Hermione, sonriendo sarcásticamente -, yo me llamo Hermione Granger.

-Ya lo sé - dijo Malfoy, y se acercó hasta Hermione hablándole en el oído, de modo que sólo ella pudiera escucharle -, lo sé todo. Sé que no eres nadie y que si desaparecieras a nadie le importaría. Te he estado observando durante todo el viaje.

Se apartó de ella y sonrió victorioso.

-¿Por qué me dices eso al oído? - rebatió Hermione, negándose a dejarse intimidar -. ¿Acaso te avergüenza reconocer delante de todos que me has estado observando todo el viaje?

¡¿Qué?! ¿Cómo que observarla durante todo el viaje? Harry estaba confuso y, muy en el fondo, enfurecido con Malfoy. ¿Qué quería de ella? Pero no iba a pensar en eso ahora. Dios… acababan de llegar y Hermione ya estaba causando problemas.

Malfoy, ante la insinuante pregunta de Hermione, se ruborizó, aunque lo camufló con enfado:

-Esto no va a quedar así, Granger. Disfruta de tus días en Hogwarts, porque no serán muchos.

Y se fue hacia las carrozas que ya llegaban a lo lejos.

Todos estaban en silencio. Todos miraban a Hermione.

-¡Guau! - Ron fue el primero en romper el silencio -. ¡Bien hecho, Hermione, ha sido genial!

-¡Sí! - terció Ginny -. Ya era hora de que alguien pusiera en su lugar a ese chulito…

Harry miró a los dos pelirrojos tajantemente.

Hermione no estaba para nada contenta. Al contrario, estaba totalmente avergonzada de su actitud. ¿Cómo se le ocurría tratar así a alguien nada más llegar? Ni siquiera estaba segura de las cosas que le había dicho. Y, además, ya se había ganado un enemigo.

Montó con Luna en una carroza en la que iban varios alumnos, pero ninguno de ellos era Harry, Ron, Ginny o los gemelos. Se sentía apenada porque sabía que, en el fondo, ella no pintaba nada allí. Aunque hubieran ido a buscarla.

-¡Hermione! - saltó Luna, asustando a la chica -. Ahora que lo pienso, tú no has pasado la ceremonia de selección. Me pregunto en qué casa te colocarán.

Esa misma pregunta se hacía Harry en otra carroza.