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Please, don't go — capítulo 5
-¡Cómo se ha quedado Malfoy! - comentaba Ron en la carroza, aún maravillado por lo sucedido antes -. Hermione le ha puesto en su lugar. No sabía que ella pudiera ser así.
-Sí…
- respondió Harry malhumorado -. Es bastante impulsiva…
A Ron no le pasó desapercibida su actitud.
-¿Qué te ocurre? - le pregunto bondadosamente.
-Ya sabes lo que opino de ella. - contestó Harry secamente.
-Ya, pero… Tienes que admitir que lo de Malfoy ha estado muy bien.
-Lo de Malfoy ha sido una prueba más de que Hermione sólo nos traerá problemas. Créeme, estábamos mucho mejor sin ella.
-Si tú lo dices… - concedió Ron no muy convencido.
-Sí, yo lo digo. Y perdóname Ron, nunca te obligaría a nada, pero es esto te ataña a ti también. Eres mi amigo, no quiero verte en problemas.
-¿Por qué iba a meterme ella en problemas?
-No lo sé… Pero el que ahora de repente Dumbledore quiera traerla a Hogwarts y que tu padre no me haya querido decir por qué… No me da buena espina, ¿entiendes?
-Pero ella es buena persona.
-Puede, pero no es para nosotros. En serio, Ron. Mejor olvídala. Por lo menos hasta que descubra por qué está aquí.
-Obviamente está aquí porque es bruja.
-No.
- contestó Harry tranquilamente, negándose a creer que Hermione fuera bruja -. Hay algo más.
-Entonces… tú eres Ravenclaw.
Hermione y Luna conversaban alegremente, a medida que la carroza se acercaba más y más a Hogwarts.
-¡Sí!
- respondió Luna sonriente -. Y fue una sorpresa para todos. Mis padres creían que iría a Hufflepuff. Yo no estaba segura, pero el Sombrero Seleccionador siempre tiene razón, así que no tenía miedo.
-¿Siempre?
- preguntó Hermione, interesada en cualquier cosa que pudiera aprender.
-Sí, eso es lo que creo.
-Pero… ¿Y si tú crees ser de una manera, y el Sombrero Seleccionador te coloca que una casa que crees que no es la adecuada?
-Entonces es que no te conoces del todo. Yo creo que la casa a la que perteneces te ayuda a definir mejor tu manera de ser. Por ejemplo, a mí todos me llaman Lunática, y supongo que es verdad que así es como me ven todos, pero yo sé que soy una Ravenclaw, lo que significa que soy ingeniosa e inteligente. Me ayuda a no perder el rumbo y a tener en todo momento presente quién soy yo.
-Entiendo… -.Hermione admiraba a Luna. Estaba fascinada con ella y su manera de ser -. ¿Sabes, Luna?
-Dime, Hermione.
-Me alegro de haberte conocido.
La sonrisa que dibujaron los labios de Luna no tenía precio.
-Y yo a ti, Hermione.
En ocasiones todos nos cuestionamos el sentido de la vida: ¿Qué hacemos aquí? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es nuestro objetivo? ¿Por qué seguir?
Hermione y Luna parecían haber encontrado las respuestas a todo eso en la amistad y supieron, de alguna manera, al ver sus sonrisas sinceras, que siempre se tendrían la una a la otra, aunque estuvieran en casas separadas, y que cuando se cuestionasen el sentido de la vida, ahí estarían para disipar las dudas.
Llegaron a Hogwarts y Hermione estaba totalmente impresionada. De cerca, aquel castillo era mucho más imponente.
Atravesaron el amplio y espacioso vestíbulo y bajaron por las numerosas escaleras hacia el gran comedor, con cuatro enormes mesas dispuestas paralelamente y otra en frente de todas.
-¿Señorita Granger? - oyó Hermione que la llamaban.
Miro hacía todos los lados para descubrir al propietario de la voz que la llamaba, cuando vio acercarse a una mujer de edad avanzada, con un traje de terciopelo verde y un sombrero puntiagudo del mismo color.
-Querida,
- le dijo la señora -. Te he estado buscando. Soy la profesora McGonagall, acompáñeme, por favor.
-Claro
- respondió Hermione tímidamente -. Luego te veo, Luna. - se despidió.
-Adiós, Hermione.
-¡Harry!
- exclamó Ron.
-¡¿Qué?!
- respondió Harry alarmado.
-¡Mira! ¡McGonagall se está llevando a Hermione! - dijo señalando un sombrero puntiagudo verde junto a un cabello castaño enmarañado que se abrían paso entre la multitud.
No hicieron falta palabras. Intercambiaron una mirada y ambos se apartaron del grupo para seguirlas.
-Por aquí, señorita Granger… - decía la profesora, guiando a Hermione por innumerables pasillos, que ésta trataba de memorizar, mientras se maravillaba con el castillo.
Finalmente, llegaron ante una fea gárgola de piedra.
-Fizzing Whizbee - pronunció con claridad la profesora, haciendo que la gárgola girara sobre sí misma y diera paso a una escalera de caracol -. Adelante - indicó la mujer.
Hermione obedeció y subió las escaleras, que la condujeron frente a una gran puerta de madera. La profesora llamó y la puerta se abrió sola.
Y ahí estaba el gran Dumbledore. Hermione no se creía que quisiera verla.
-¡Ah, señorita Granger! - saludó alegremente el director -. ¡Pase, pase! ¡No sea tímida! Tome asiento.
Hermione lo hizo y saludó nerviosa:
-Buenas noches, profesor.
-Buena noches, querida. Veo que ya has conocido a Minerva Mcgonagall. Será tu profesora de Transformaciones.
- Un placer - Se dirigió Hermione a la profesora.
-¿Has tenido un buen viaje?
-¡Claro!
-Bien, me alegro. Supongo que tendrás muchas preguntas. Ahora es el momento de hacerlas. Después, te colocaremos el Sombrero Seleccionador y se te entregará la túnica con el escudo de tu casa.
-¿Ya tienen la túnica preparada? - se sorprendió Hermione.
-¡No! - se rió Dumbledore -. De ninguna manera podemos saberlo antes de que lo decida el Sombrero Seleccionador. Hemos traído a Madame Malkin, que te confeccionará la túnica rápidamente.
-Ah… - asintió Hermione, avergonzada por su falta de conocimientos, algo poco usual en ella.
-No te preocupes - dijo Dumbledore comprensivo, al darse cuenta de cómo se debía sentir Hermione -. Ya irás acostumbrándote. ¿Ya tienes tu varita y todo lo que necesitas?
-¡Sí, señor! - respondió Hermione orgullosa de su habitual puntualidad y orden.
-¿Todos los libros?
-¡Sí! Y los he leído todos.
-¡Excelente! - dijo Dumbledore, divertido -. Ya estaba informado de tu excelente historial escolar.
Hermione sonrió orgullosa.
-Así que, supongo que no será problema para ti, debes hacer unos exámenes iniciales para estudiar en Hogwarts. Son exámenes que resumen todo el contenido que deberías haber estudiado durante estos tres años.
-¡Claro! - respondió ella, entusiasmada.
-Nosotros te facilitaremos los libros necesarios. Y ahora… Intentaré responderte todas las preguntas que pueda, ya que es normal que tengas muchas dudas ahora mismo.
Hermione intentaba organizar las preguntas en su cabeza.
-¿Cómo sabía quién era? - comenzó.
-Ah… - respondió Dumbledore -. Sabía que empezarías por ese tipo de preguntas. De momento no puedo revelarte cómo sabía quién eres. Y, sobre por qué te hemos traído aquí tres años más tarde de lo normal… Por ahora sólo te diré que puedes considerarlo un error.
-¿Cuándo podré conocer las respuestas?- inquirió Hermione.
-Ni siquiera yo lo sé - sonrió el anciano
Harry y Ron escuchaban la conversación tras la puerta, usando la capa de invisibilidad.
-Pues no nos vamos a enterar de mucho más. - comentó Ron.
-¡Calla! - ordenó Harry.
-Profesor - oyeron decir a Hermione -. Sólo una cosa más… ¿Está seguro de que yo debo estar aquí?
-Absolutamente. - dijo serio el anciano profesor.
-Bien.
-Y ahora… procedamos con la Selección. - anunció Dumbledore, mientras la profesora McGonagall traía un viejo y ajado sombrero marrón lleno de pliegues -. Pensamos que preferirías que el sombrero te seleccionase en un ambiente más privado, para evitar los interrogatorios de alumnos entrometidos - aclaró divertido el profesor -. Así que, me complace informarte de que eres la primera de este año en ser seleccionada. Después, Madame Malkin te tomará las medidas y te dará una túnica. Por último, acudirás a la Selección, sentándote en tu mesa correspondiente como si fueras una alumna desde siempre.
-De acuerdo - respondió Hermione -. Muchas gracias por la consideración.
-Debo advertirte - puntualizó Dumbledore -, lo que advierto a todos los alumnos nuevos: tus logros sumarán puntos a tu casa y, por supuesto, cualquier infracción de las normas supondrá que le quiten puntos a tu casa. Asimismo, me gustaría recordarte las cualidades que definen cada casa: Hufflepuff representa lealtad, dedicación y trabajo duro; Ravenclaw, inteligencia e ingenio; Slytherin, ambición, astucia, determinación, ingenio, auto-preservación; y, por último, Gryffindor, valor y caballerosidad.
A continuación, McGonagall colocó el Sombrero Seleccionador sobre la cabeza de Hermione.
-¿En qué casa crees que la colocarán? - preguntó Ron a Harry al otro lado de la puerta.
-No lo sé, quizás Ravenclaw…
-Mmmm… - reflexionaba el sombrero -. Ingenio... Inteligencia… Cualquiera podría darse cuenta de a qué casa perteneces; sin embargo… Hay algo… Dentro de ti… Que me lleva a colocarte en…
Harry estaba con los nervios a flor de piel. ¿Sería posible que Hermione fuera una…?
-¡Gryffindor!