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Please, don't go — capítulo 6

McGonagall retiró el sombrero de la cabeza de Hermione, mientras ésta organizaba las ideas en su cabeza.

¡Era una Gryfindor! ¡¿Cómo?! Ella no se consideraba valerosa ni nada por el estilo. Pero estaba muy feliz porque, aunque sólo fuera un poco, podría estar al lado de Harry. Se levantó de la silla por orden de la profesora.

-¡Espléndido! - exclamó Dumbledore -. Madame Malkin,ya puede venir.

Al momento, apareció una señora que, con un ágil movimiento de varita, hizo que varias cintas métricas rodearan a Hermione, tomándole las medidas.

Cuando acabaron, Madame Malkin se quedó pensativa y desapareció. Al momento, apareció con una túnica que llevaba bordado el escudo de Gryffindor.

-Toma - dijo la señora.

Hermione la cogió y se la puso, comprobando,maravillada, que era perfecta para ella.

-Y ahora, señorita Granger - dijo Dumbledore -,puede irse. Nos veremos en el Gran Comedor.

-Gracias, señor - se despidió Hermione alegremente y con entusiasmo.

Y salió del despacho del director, sin saber que era observada por dos pares de ojos tras una capa.

Hermione llegó al Gran Comedor rebosante de ilusión y con una sonrisa de felicidad en la cara. Corrió hacia la mesa de Gryffindor, parándose a saludar a Luna antes. Busco a Ginny para sentarse con ella, y la encontró.Acompañada por sus hermanos y por Harry.

-¡Hola, chicos! - saludo con entusiasmo, haciendo que todos se giraran a verla -. ¡Soy una Gryffindor, acaban de seleccionarme!

-¡No me digas! - respondió Ginny, ignorando la expresión malhumorada de Harry -. ¡Eso es genial!

-¡Al final sí que podremos estudiar juntos! -exclamó Ron.

-¡Oh, sí! - saltó Harry con tono de burla -. ¡Será genial tener que compartir casa contigo!

Hermione bajó la mirada, como si quisiera desaparecer. Los comentarios de Harry la afectaban mucho.

Todos miraron a Harry tajantemente. No hacían falta ese tipo de comentarios.

-¡Siéntate, Hermione! - ofreció Ginny, apartándose para dejar un sitio a la chica, que lo aceptó con una renovada sonrisa.

Hermione presenció la Selección de todos los alumnos de primero y el anuncio del Torneo de los Tres Magos, que se celebraría ese año en Hogwarts. Lo cual no la incumbía mucho, ya que sólo podían participar alumnos mayores de diecisiete años. Había visto llegar a Hogwarts a brujas de la escuela Beauxbatons, que habían dejado impresionados a todos los chicos, y magos de Durmstrang, que había provocado una ola de cuchicheos entre todas las chicas, excepto ella y Ginny. Los primeros días habían sido geniales. Pasaba todo el tiempo que podía con Luna y Ginny. Ningún profesor la criticaba por ser nueva y… bueno, el único fallo era que Harry la ignoraba. Más bien, despreciaba y, por inercia, Ron también, a pesar de que muchas veces le había pedido ayuda con deberes.

Ya le habían dado los libros para empezar a estudiar lo de los cursos anteriores y pasaba la mayor parte del tiempo en la biblioteca.

Un día, Hermione se dirigía hacia allí para hacer los deberes y seguir estudiando. Tomó asiento y empezó con los deberes. Cuando los terminó, empezó a estudiar.

Estaba muy concentrada. Todo lo que había aprendido esos días era genial y por lo menos ya no se sentía tan fuera de lugar, pero sabía que le quedaba mucho por aprender, y se esforzaba al máximo en estudiar lo de los cursos anteriores.

Tan absorta estaba, que no se percató de que alguien se había sentado en frente de ella hasta que le oyó carraspear.

Hermione alzó la vista y la sorpresa no podía ser más desagradable: allí, ante ella, se había sentado Draco Malfoy.

Ella le saludó con un ligero movimiento de cabeza y volvió a fijar la vista en su libro.

-¿Qué haces? - le preguntó arrogantemente Malfoy.

-Estudiar - contestó ella sin ni siquiera levantar la vista de su libro.

-¿Por qué?

-Para un examen.

-Te repito, ¿para qué estudias? ¿Acaso crees que por estudiar vas a ser alguien aquí o qué? No puedes ponerte al día y aún así sigues siendo una sangre sucia, así que yo que tú invertiría mi tiempo en algo mejor, como hacer las maletas.

¿Y ese de que iba? Hermione estaba irritada. Pero ya se lo había dicho el primer día. Le había dicho que no duraría. Y ahora estaba tratando de desquiciarla para hacer que abandonara. Pues no señor, a cabezotanadie la ganaba. No la iban a echar de Hogwarts ni a palos.

-Desde luego, no tengo tiempo para perderlo en alguien como tú, Malfoy.

Si a Draco le había ofendido ese comentario, no lo mostró.

-Me he dado cuenta de que eres bastante rara.

-Me he dado cuenta de que me importa un bledo lo que tú digas.

-Oh… Qué arisca eres, Granger. Decía que eres rara porque es… sorprendente que no tengas tiempo para mí, cuando todas las chicas de Hogwarts se partirían un brazo porque les concediera un poco de mi tiempo.

Hermione alucinaba con los egocéntricos comentarios de aquel rubito.

-No te he pedido que me explicaras por qué te parezco rara. Aunque, como respuesta, te diré que porque las demás chicas beban los vientos por ti, no significa que yo también. Yo no me parto el brazo por ningún cretino arrogante como tú

Malfoy se quedó un poco descolocado con ese comentario, pero en seguida se recompuso.

-Ya, tú no te partes el brazo por nadie, porque nadie te quiere.

-¿Y tú qué sabes? ¿Acaso has venido aquí para conseguir información sobre mi vida privada? - preguntó insinuante, ya que sabía que ese tipo de preguntas callaban a Malfoy.

Y así fue. Malfoy se calló y se puso serio.Hermione, victoriosa, regresó de nuevo a su libro y se dejó llevar por las transformaciones de segundo curso.

Era fascinante y Hermione estaba disfrutando el estudio cuando, de repente, notó un aireo de varita bajo la mesa y su libro se cerró de golpe. No necesitó pensar mucho para averiguar la fuente de aquello.

-Malfoy, no vuelvas a cerrarme el libro.

-¿Qué? - se indignó Draco, sonriendo pícaramente -.¿Acusaciones sin fundamento, Granger?

Hermione decidió ignorarlo. Volvió a abrir el libro y retomó el hilo de la lectura. El libro se volvió a cerrar.

-¡Ya basta, Malfoy! - chilló, llamando la atención de la señora Pince, la bibliotecaria.

-Qué mala eres, Granger. Conseguirás que te echen.

Hermione echaba humo por las orejas.

Metió el libro en su mochila y se levantó para irse.

-Te olvidas algo - oyó a Draco por detrás.

Hermione giró la cabeza y vio su libro en sus manos.

Malfoy le sonreía pícaramente y agitaba el libro en sus manos.

Hermione sacó la varita y convocó el libro, que voló hacia sus manos.

Pero aquel rubio no iba a conseguir sacarla de sus casillas, ni mucho menos.

Volvió a la sala común y se encontró con Harry y Ron sentados frente a la chimenea con un montón de libros y pergaminos en la mesa.

-¡Hermione! - saludó Ron -. ¿Puedes ayudarnos? Es que no nos aclaramos muy bien con pociones.

-Claro…