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Conquistando a mi esposo — capítulo 8
El carruaje se detuvo en seco. El camino estaba desierto salvo por unas aves que picoteaban unas plantas al borde del camino.
- Rápido chico ven- gritó la misma voz que lo ordenó detenerse.
Otros gritos se intensificaban en el coche mientras un muchacho bajaba de la silla del conductor.
-
Mi- mi señor
-
¿Qué sabes de medicina?
-
¿Yo?
-
Si, tú.
-
Nada mi señor, yo era panadero antes.
-
Excelente. Nada como manos suaves con para atender un parto.
Tyrion abrió la puerta para meter al chico a trompicones.
La esposa de Sir Bronn se encontraba recostada en el interior con las piernas flexionadas, su esposo sujetándole las manos hacía una cara extraña, como si estuviera haciendo mucha fuerza pero los moretones que tenía donde su esposa lo sujetaba no estaban ahí hace poco. Sansa estaba de rodillas a sus pies acomodando telas alrededor de la futura madre a modo de cama.
Llevarlos a visitar la nueva casa que Tyrion compró para ellos como regalo no fue tan buena idea después de todo. El bebé nacería donde el camino era un páramo, sin nadie a quien pedir ayuda, parecía que ellos serían las parteras.
-
Miserable!, no te atrevas a soltarme - las uñas de la mujer se clavaron en su esposo como garras.
-
Aaah- el alarido fue prolongado.
-
Sansa rápido - Tyrion la instó para que se colocara a su lado. Ellos dos más el cochero lo lograrían, o al menos eso esperaba - no tenemos agua caliente así que el niño tendrá que salir lo más rápido posible o ella puede salir muy lastimada.
-
Donde aprendiste…?
-
Después! - su tono autoritario no daba lugar a nada - tú pásame las telas dobladas cuando te diga- terminó dirigiéndose al chico.
-
Eso, eso.. , eso es…- el chico se desmayó al ver un poco de sangre.
-
Vaya, sin duda sería un Maestre excelente. Mi señora ayúdalo a salir- dijo Tyrion. Sansa lo empujó con su pie afuera para hacer espacio en el espacio reducido en que se encontraban.
-
Tuuuu, tu querias un mocoso! Tú me hiciste esto! - La madre estaba enloqueciendo. Y el enano vió a Bronn Blackwood nervioso y asustado por primera vez.
Tyrion tomó un profundo respiro y se colocó en posición, atrajo a Sansa para que lo ayude y miró a la madre.
-
Vamos necesito que pujes!- indicó Tyrion.
-
Aaaah.
Una hora después la madre yacía desmayada y empapada en sudor, tenía el rostro rojo por el esfuerzo y la voz ronca de tanto gritar, pero encima de todo la sonrisa en sus labios era enorme. El niño logró nacer en buenas condiciones.
Bronn se encontraba en camino al pueblo más cercano para traer ayuda, ya que él era más veloz que Tyrion o el conductor que seguía inconsciente.
Sansa sostenía al bebé envuelto en telas, mientras lo mecía un poco. Tenía las mejillas rosadas y algunos mechones de su cabello estaban fuera de lugar.
-
Te luciste!
-
Ayudé en un parto en las tierras libres. Pude recordar algo de lo que aprendí.
-
Estuviste increíble, míralo - ella tomó una manita del bebé y la acarició- Es un bebé hermoso.
-
Sí, no se parece en nada a su papá.
Ella lo golpeó.
- Diría que no es su hijo.
Ella lo golpeó otra vez.
- Ojalá Bronn no se dé cuenta.
Ella volvió a golpearlo.
-
Esta bien, esta bien, el HIJO de Bronn es igual a él.
-
Muy bien.
-
Que se apure. -Tyrion miró por la ventana.
Sansa lo miró algo curiosa.
-
¿Qué?
-
Ven, sujétalo.
-
No.
-
Vamos, no te morderá. - Sansa puso al bebé en sus brazos antes que pudiera alejarse.
Sostenerlo lo llenaba de un sentimiento nuevo, ¿cómo era posible que ese bebé provocara que se sintiera tan protector? Instintivamente lo acurrucó más contra su pecho. Sansa se agachó para darle un beso largo al bebé mientras cerraba los ojos. Verla tan cerca… de verdad era preciosa. Un temblor lo sacudía cada vez más seguido, solo cuando la tenía cerca o fantaseaba con ella. Ya estaba acostumbradose a esa sensación.
Ella abrió los ojos y lo miró, sin embargo no se alejó. No había cambiado mucho los últimos años, excepto que era más hermosa y su mirada reflejaba mucha madurez, por las cosas que tuvo que sobrevivir.
-
¿Qué nombre le pondrán? - preguntó Tyrion para evitar que la tensión creciera. Definitivamente el bebé no ayudaba en el nivel de autocontrol que necesitaba cerca a Sansa.
-
Tyrion ,mi señor.- La madre despertó y hacía gestos para que le acerquen a su hijo - mi esposo me contó que la reina anterior…
-
Mi hermana sí. - ella había asesinado al hijastro de Bronn que también se llamaba Tyrion hace varios años- ¿Están seguros? Tyrion es un nombre algo fe…
-
Mi señor se siente honrado - lo interrumpió Sansa.
La señora Blackwood sonrió. El se puso de pie y le llevó a su hijo para después salir del carruaje con Sansa y darle un momento de privacidad a la madre con el pequeño. El chico había salido en busca de agua una vez se despertó.
- Vamos, arriba a la silla.
Ambos se sentaron en el asiento estrecho y miraron el camino por donde Bronn se marchó antes para pedir ayuda. El sol se escondía rápidamente y ya se veían algunas estrellas, la luna llena empezaba a brillar.
-
Hay algo que no puedas hacer?. - preguntó ella.
-
Aún no logro honrar la fama de mi padre, sobre lo de cagar oro.
-
Tonto, no me refiero a eso - rió Sansa.
-
Aún no logro crecer.
-
Para mí estas bien así - dijo de manera coqueta mientras apoyaba la cabeza en su hombro y entrelazaba su brazo con el de él.
-
Eres muy amable.
-
Es la verdad.
-
Gracias.
-
Así juntos eres más alto que yo.
Sin pensarlo Tyrion depositó un beso en la frente de su esposa. Ella lo miró sonriendo y le dio otro beso en la mejilla mientras se acurrucaba contra él.
No debió besarla, pero fue un impulso, no podían culparlo por eso.
Permanecieron en silencio un rato mientras oían sus respiraciones acompasadas, no había necesidad de hablar. El perfume de Sansa lo inundaba, no había nada malo con abrazarse un rato, en poco tiempo ya no podría hacerlo, el tonto príncipe Tyrell lo haría.
-
Mi padre me dijo que todas significaban algo.
-
Mm?
-
Las estrellas - dijo su esposa mientras elevaba la vista.
La noche ya había llegado. Tyrion vió cientos de estrellas reflejadas en los ojos de Sansa. Sentía que sus fuerzas menguaban poco a poco mientras la miraba, ningún mortal podría resistir tanto pensó.
-
¡Mira! ¿!La viste?!
-
¡Una estrella fugaz! - respondió sorprendido.
-
Tenemos tres deseos, debemos pedirlos rápido. - parecía una niña, muy emocionada se abrazó a él y hundió el rostro en su cuello.
-
¿Qué haces?
-
Pido mi deseo.- sus ojos grandes lo atravesaban.
-
Pero debes mirar al cielo, mirando a los dioses o si no el deseo irá en la otra dirección.
-
Oh.
-
Yo pediré el primero y tu los otros dos.
-
Bueno.
-
Debemos cerrar los ojos, no lo olvides.
Cerró los ojos. A su alrededor todo dejó de existir, solo estaban ellos. Ella. Por su mente desfilaban imágenes de su pasado, todas tenían en común la mujer que tenía en brazos. Desde que aún era una niñita hasta la última vez que se besaron. En ese mundo fantástico de reinos increíbles y dragones solo le importaba Sansa.
- Ya, ahora es tu turno.
Sansa se abrazó más a él, miró al cielo y cerró los ojos. La contempló otra vez, sus pequeños labios tan cerca, su rostro relajado con una sonrisa y su cabello rojo brillando a la luz de la luna. ((Preciosa)) En pocos días dejaría de ser suya para siempre.
-
Ya pedí el segundo- dijo abriendo un ojo. Se veía adorable.
-
Uno más…- acarició su cabeza mientras sentía cómo la ternura lo inundaba y se mezclaba con una punzada de dolor -dale.
Ella volvió a su posición anterior. Después de unos segundos abrió la boca para decir algo pero él unió sus labios con los de ella silenciándola.