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Contraste Compatible — capítulo 3

Leche cuajada

-Aquí tiene su equipaje señorita Rose…-el encargado de la entrega de maletas observo mejor la etiqueta colgante en la maleta de la pelirroja- Weasley.

-Gracias, que tenga un lindo día- se despidió Rose.

Tal y como lo dijo llego el viernes por la tarde, un día antes de la celebración de su primo.

Por fin había regresado a Inglaterra después de 4 años de ausencia. Se quedó parada en medio de toda la gente que iba y venía por el blanco piso del aeropuerto británico. Pero pronto salió de sus cavilaciones nostálgicas post-regreso-a-casa y se dirigió a las puertas del edificio para tomar un taxi que la llevara a el lugar indicado para poder aparecerse.

Pronto encontró uno libre, el conductor la ayudo a subir su equipaje a la cajuela mientras ella subía al vehículo. Cuando el auto comenzó a avanzar, vio con emoción y alegría las calles de su ciudad natal pasar a través del cristal de la ventana ¡como extrañaba estar ahí! New York no era nada parecida a Londres, la primera estaba atestada de edificios, publicidad, transportes, personas, todo era tan modernizado y rara vez veía vegetación por las calles, lo único que le daba esa paz eran los paseos semanales por Central Park pero pronto esos paseos se vieron nulos por la demanda de trabajo que exigía su profesión en ascenso; por otro lado las calles principales de Londres eran más despejadas, se le iluminaron los ojos al ver otra vez la arquitectura antigua y conservadora de Inglaterra, los prados verdes de cuando en cuando, las personas sonrientes por la acera no hicieron más que intensificar la emoción de la pelirroja hasta el grado de acumularse en su pecho, una lagrima de felicidad rodo por su mejilla y un gritito de exaltación alegre salio de sus labios.

Había vuelto. Rose Weasley Granger estaba de regreso.

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-Muchas gracias, aquí tiene,  quédese con el cambio- le dijo al chofer del taxi al mismo tiempo que salía de este y agarraba una maleta en cada mano (llevaba unas 7 maletas dentro de cada una de ellas, siempre era bueno ser bruja y saber el hechizo del bolso sin fondo, pero había que despistar a los muggles, ¿de viaje y sin maletas? Sería ilógico)

-Emm, gracias señorita pero…- dijo el chofer observando el destino de la chica-¿en serio quiere bajar aquí? Es un lugar muy solitario con callejones oscuros, el sol ya se está poniendo y no sería conveniente…

-Descuide buen hombre- le dijo tranquilizadoramente la muchacha- no tardare mucho en llegar a casa, ya puede irse. Nuevamente gracias- y le obsequio una sonrisa antes de comenzar a caminar.

A ella tampoco le gustaba ese lugar tan solitario y si fuera muggle jamás se le ocurriría salir sola y deambular por esas callejuelas, pero precisamente por eso había bajado ahí, para poder aparecerse sin que nadie la viera.

Quería darles una sorpresa de su regreso a sus padres, así que su primer destino de aparición seria su antigua casa de infancia. La casa del matrimonio Weasley Granger.

-Todo estará bien Rose- se decía a si misma, no era extraño saber que a la pelirroja le desagradaba aparecerse- 1…2…3…

Y sintió esa ya familiar sensación de náuseas y tirones en el abdomen..

Y aterrizo en el porche de la casa de sus padres con el mareo latente aun, a pesar de ello pudo notar que las luces estaban apagadas, era extraño, observo su reloj de pulcera y vio que apenas eran las 7:34 pm.

No tenía la llave de la casa, pero su padre siempre tenía una de repuesto debajo de la macetilla de rosas que siempre había en el jardín.

Así que urgó ahí y se alegró al encontrarla. Abrió la puerta y dejando las maletas en el suelo después de cerrar la puerta, busco a tientas el apagador de las luces.

-¿Mamá?- pregunto en voz alta encaminándose a la biblioteca donde su madre estaba la mayoría del tiempo, y en donde de niña le leía Las Aventuras De Oliverio Twist, la nostálgica novela muggle favorita de su infancia- Que raro- dijo al encontrar la pulcra biblioteca vacía.

Así que salió de ahí y se dirigió a la habitación de sus padres, por si acaso estaban dormidos (que rezaba que si estaban ahí dentro estuvieran durmiendo y no haciendo otra cosa que le provocara un trauma como paso con Hugo una vez que entro a esa habitación por la noche sin tocar la puerta antes). Al recordar esto, a Rose se le escapo una risilla.

Pero no había nadie ahí dentro, la habitación color cacao estaba intacta.

Ya no había duda, no estaban ahí. Entonces se dirigió  a la cocina por un vaso de leche y en la puerta del refrigerador encontró una notita que decía:

Rosie:

Perdónanos por no recibirte como es debido pero tu padre y yo estamos en la Madriguera ayudando en el limpiado de la casa. Nos quedaremos ahí, así que puedes venir en el mismo instante en el que termines de leer esto. Todos estamos ansiosos de verte.

Con inmenso amor…

Mamá y Papá.

Lógico.

Si algo era de saberse era que su madre la conocía y ella sabía que iría a su casa primero.

Miro y releyó la nota escrita con la pulcra caligrafía de su madre y suspiro. En serio tenía ganas de verlos.

Se le hizo rara toda esa parte de limpieza de la casa pero no le dio importancia.

Abrió el refrigerador,  saco el cono de leche y se sirvió un vaso, luego fue a la puerta y busco en una de sus maletas un sobre que contenía chocolate en polvo y regresando a la cocina puso una cucharada en su leche. Era un gusto que tenía desde niña, a su familia no le gustaba mucho el chocolate así que era la única que tomaba la leche de esta forma y sorprendentemente siguió con este hábito hasta la adultez, siempre había chocolate en polvo en su almacén de despensa y decidió llevar un sobre que compro en el supermercado de NY.

-Mmmm…-dijo cerrando los ojos y saboreando detenidamente el sabor.

Se iría rumbo a la Madriguera en cuanto se terminara su vaso de leche, mientras tanto husmearía en su casa.

Y con el vaso en mano subió las escaleras hacia su antigua pieza.

Abrió la puerta y observo que estaba tal y como la había dejado años atrás antes de marcharse a cumplir su sueño en América, se notaba que seguían limpiando la habitación porque no había ni una viruta de polvo.

El color lila y rosa de los muros le recordaban los colores tan femeninos que de niña inundaban la mayoría de sus cosas. Se dirigió entonces a su colección de libros y observo los tomos pasando ligeramente un dedo por el lomo de estos.

Encontró su antiguo álbum de fotografías y se dirigió a su blanda cama  sentándose y colocando el vaso de leche ya por debajo de la mitad en el pequeño taburete blanco de al lado.

Hojeo el álbum. Había fotos de toda su vida hasta su graduación de Hogwarts. Desde que nació en donde sus padres besaban sus pequeñitas mejillas aun en la sala de partos, sus primeros pasos, su primer diente caído, cuando conoció a Hugo, llorando por berrinche, su abuelo enseñándola a andar en bicicleta, cuando jugo por primera vez quidditch con sus primos en las vacaciones de primer año en Hogwarts, fotos que ella misma tomo en el colegio, muchas fotos que la llenaron de recuerdos, la última foto del álbum era una que tomaron con toda su generación que se graduaba de Hogwarts, paso de cara en cara tratando de recordar a esas personas, vio a Lucy con su pose tan seria y perfecta,  Albus tan guapo como siempre, a Alice sonriendo como siempre y entonces  se vio a ella misma años atras con las mejillas coloradas y una mueca de enojo por algo que una persona detestable le estaba susurrando con una sonrisa de burla y autosuficiencia en el rostro y a ella misma gritándole algo de vuelta…y entonces recordó a ese alguien y las palabras que le dijo y se enojó de nuevo por ese recuerdo. Cerro abruptamente el álbum y se dio cuenta de tres cosas: que se había de repente acostado en la cómoda cama, que eran las 10: 26 pm y que de repente tenía mucho sueño, y entonces los parpados le empezaron a pesar mil toneladas.

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Un olor extraño inundo sus fosas nasales, algo apestaba.

Abrió los ojos y busco el origen, y lo encontró, claro era la leche cuajada que no se terminó, pero también encontró que eran las 12:14 de la tarde.

No lo pensó dos veces y se levantó como pudo, de alguna forma en sueños pudo quitarse los botines de zagueti que le había regalado Tony Costa de su colección que saldría en invierno y ahora estaban cerca de la puerta.

-Mierda, mierda, te van a matar Rose, y lo tienes merecido.-se regañó a sí misma.

Sus maletas seguían en la entrada así que tan pronto como se cambió de ropa y estuvo lista, salió de la casa de sus padres con maletas en mano y se apareció a unos cuantos metros de la entrada de La Madriguera.

Notitota de autora:

Hola, hoy vengo con un nuevo capi. Prdon por no actualizar pronto pero no he tenido tiempo. Pero ya actualizare mas seguido, eso es un hecho. Sin mas espero les haya gustado dejen su opinion, critica y preguntas en los comentarios que estare mas que dispuesta a leerlos. 

                                         KARINA DM