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Memorias de Idhún IV- Archimago — capítulo 1

Regresaban a casa. Pero, de repente, un movimiento entre los árboles alertó a los chicos. Las miradas de Victoria y Jack se miraron inquietos y protegieron los cuerpos de Erik y Eva del posible ataque sorpresa.

-Nunca os daremos a la niña.- dijo Jack, desafiante.

Observó con atención el lugar donde las hojas producían ruido y desenvainó a Domivat, para neutralizar al posible agresor. Al parecer, sí, estaba en lo cierto, pues detrás de aquel montón de hojas y árboles se encontraba una persona.

Pero poco o nada tenía que ver con los Nuevos Dragones. De este lugar salió la figura de un humano. Medianamente alto, de pelo negro como el carbón, liso y un poco despeinado; con el rostro del color carne, ojos marrones y con un brillo de interés; vestía una camiseta y pantalones, y unas botas encerraban los pies. Esta persona era yo.

-Hola.- saludé- ¿de qué niña hablas?

-¿Cómo te llamas?- preguntó Jack.

Observé la espada que portaba el hombre rubio y el miedo se apoderó de mí.

-Escucha, no te voy a hacer nada malo, guarda eso, por favor.- supliqué.

-¿Cómo te llamas?- repitió Jack.

-Jaenor, me llamo Jaenor.

-¿Eres miembro de los Nuevos Dragones?

-No,-respondí.-pero les he visto merodear por la zona, creo que están buscando a alguien.

Jack sonrió, pero no era una sonrisa feliz.

-Nos están buscando a nosotros.

En medio de la conversación entre Jack y yo, se introdujo la voz de Victoria.

-Ya están aquí. Ya han llegado.

Observé el lugar que ambas personas observaban y me estremecí. Una flota de nueve o diez dragones venían hacia nosotros.

-Bien, Jaenor. Tienes dos opciones, elige rápido una. O te escondes entre los árboles, o vienes con nosotros. Pero hazlo ya, que ellos están aquí.

Un dragón, que se había acercado demasiado, se vio sorprendido por una ondulación en el aire y se vio obligado a dar marcha atrás. El bastón que la mujer sostenía algo había tenido que ver.Con intriga, pensé rápidamente: volverme a casa del paseo que estaba realizando, o irme con unos fugitivos, a los cuales no conocía de nada.

-¿Quiénes sois vosotros?

Jack y Victoria se miraron, extrañados ante mi duda.

-¿No sabes quiénes somos?- preguntó Jack.

-No. ¿Debería saberlo?

-Somos... somos Yandrak y Lunnaris. Derrotamos a Ashran y liberamos Idhún de la tiranía de los sheks.

-¡Los héroes de la profecía!- musité.- Pero, ¿por eso os persiguen?

Dos dragones más se acercaron a escasos metros de nosotros y Victoria volvió a ondular el aire.Estar junto al dragón y el unicornio de la profecía quizá no fuese una mala idea. Pero, si son héroes, ¿por qué los buscan?

-Tenemos a la nieta de Ashran, la niña que sostiene Victoria. Y ellos creen que supone un peligro para Idhún. Pero no lo es.

Había oído su historia en las calles: habían venido, Victoria se había enamorado de Jack y Kirtash, el hijo del Nigromante. Más tarde varios fenómenos sobrenaturales sucedieron en Idhún, y parece que ellos tuvieron bastante que ver. Hay gente que dice que fueron los dioses, otros que fueron los sheks, y otros que fueron los mismos héroes, pero lo dudaba. Parecían buena gente. Estaba casi convencido de mi decisión.

-¿Y qué pasará con mi familia?- pregunté.- se preocuparán por mi.

-Alguien de confianza nuestra les avisará de tu posición.-respondió Jack.

Los dragones estaban aquí. Todos. Ya abrían sus fauces para matar a la niña que Victoria sostenía en brazos y, de paso, a todos los humanos que la rodeaban. Con miedo, realicé una decisión desesperada, pero que ya tenía en mente.

-Vale, voy con vosotros.- dije.-Pero, ¿cómo vais a escapar?

Ir acompañado por un hombre con la espada de fuego no era mala idea si te protege, y además alguien en el que confían avisaría a mi familia de mi repentina desaparición.

-Con magia, naturalmente.-sonrió Victoria.

Me agarró del brazo y pronunció algo que no entendí, pero todo empezó a dar vueltas, y las figuras de los dragones se vislumbraban cada vez peor, pero peligrosamente cerca.

"¿A dónde vamos?" Quise preguntar, pero no me salían las palabras. Estaba mareado, y me daban náuseas.

En ese momento, no lo sabía. Pero me había ido de Idhún.