Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La cuarta generación: Una nueva amenaza · de

La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 19

Cuando Jane abrió los ojos a la mañana siguiente, los recuerdos de lo que había pasado la tarde anterior la asaltaron. Se incorporó en la cama de un salto y tuvo que contener un grito. ¿Pero qué había dicho? Miró a su lado y vio que Leah dormía profundamente. No quería despertarla - después de todo lo que había hecho por ella lo que menos quería era seguir molestándola -, pero necesitaba hablar con alguien. Aquello era una locura.

  • Leah… - La sacudió un poco, pero esta ni se inmutó. Le dio un poco más fuerte - Leah, por favor.

  • ¿Qué pasa? - Murmuró la morena, dándole la espalda.

  • Es importante. - La ansiedad se notaba en la voz de su prima y esta volvió a girarse para quedar frente a ella, aunque siguió con los ojos cerrados.

  • ¿Qué has hecho ya?

  • Puede que ayer le dijera a Matt que quiero, bueno, hacer… eso con él. - Susurró la rubia, notando cómo su cara se ponía completamente roja.

  • ¿Qué? - Leah se incorporó de la cama y abrió mucho los ojos. Tenía que haber escuchado mal, su Jane jamás habría dicho eso. - Dime que es solo una broma.

  • Por Merlín, ojalá lo fuera. - Enterró el rostro entre las manos y negó con la cabeza. - Le dije que quería perder la virginidad con él y también le pregunté si quería ver mi sujetador.

  • Jane, no puedes ir diciéndole eso a la gente así como así.

  • ¿Te crees que no lo sé? - Miró a su prima con el arrepentimiento pintado en su mirada. - Menos mal que él me detuvo, pobrecillo, lo puse en una situación realmente comprometida, por suerte no hizo nada.

  • Se habría aprovechado de ti y Matt no es de esos. - Trató de tranquilizarla Leah al notar que empezaba a temblar levemente.

  • Le había dado mi consentimiento, le estaba diciendo que lo hiciera, - Jane se mordió el labio levemente. - pero él dijo eso mismo, que estaría aprovechándose de mí y que le importaba demasiado como para hacerme eso.

La morena la miró sin saber qué decir. A lo mejor Matt no le había mentido al decir que Jane era distinta y que tenía buenas intenciones con ella. Suspiró y abrazó a la chica, que estaba completamente blanca.

  • ¿A ti él te gusta?

  • Creo que sí. - Confesó en un murmullo.

  • ¿Solo crees? - Insistió un poco ella.

  • Vale, sí, me gusta Matt, pero no termino de fiarme de él, además, no puedo permitirme perder el tiempo.

  • Jane, yo creo que deberías confiar en él. - La rubia la miró con los ojos muy abiertos y ella sonrió. - No te estoy diciendo que corras y te lances a sus brazos, pero después de lo de ayer creo que ha demostrado que no va buscando solo lo fácil.

  • ¿Tú crees?

  • Lo sé por experiencia propia. - Leah suspiró. Cualquier otro habría aprovechado la ocasión sin dudarlo ni un instante, Jane había tenido suerte. Ojalá hubiera más chicos como Matt. - Y respecto a lo de perder el tiempo… Creo que despejarte un poco de las clases, podría venirte bien.

  • ¿Crees que querrá hablar conmigo de lo que pasó ayer o ignorará el tema? - Se puso roja. - Es que es una locura, ¿cómo se supone que voy a poder mirarlo a la cara después de haberle dicho todo eso?

  • Yo creo que tendríais que hablarlo, que tendrías que decirle cómo te sientes. - La morena se encogió un poco de hombros. - Total, ya se lo dijiste ayer así que, ¿por qué no repetírselo?

  • No volveré a beber en mi vida.

  • Eso hemos dicho todos. - La fulminó con la mirada y ella rió. - No me mires así, es la pura verdad.

  • Creo que lo mejor será volver a mi Sala Común, tengo muchas cosas que hacer. - Se levantó de la cama de su prima y abrió un poco la cortina para poder salir. - Oye Leah, gracias, de verdad.

  • No me las des, para eso estoy. - La morena sonrió. - Y ya sabes lo que te he dicho, habla con él y dejad las cosas claras.

  • Lo haré. - Le devolvió la sonrisa, recogió su ropa, que su prima le había dejado doblada sobre su baúl, y salió rápidamente de la habitación, con la cabeza echa un lío.

  • Muchas gracias por ayudarme, Ed. - Dijo Cassie con una sonrisa nerviosa. Habían quedado para que él la ayudara con Runas y la chica no podía estar más feliz.

  • De nada, no me cuesta. - Se encogió de hombros y la miró con ternura. - Además, las chicas dicen que eres muy lista y apenas vas a darme trabajo.

  • Bueno, lo intentaré. - Lanzó una carcajada.

  • ¿Por dónde empezamos?

  • Creo que estaría bien empezar con una traducción sencilla para ver dónde fallas. - Sugirió él.- ¿Te parece bien?

  • Sí, claro.

  • Pues este texto, por ejemplo.

La rubia asintió y comenzó a trabajar mientras Ed la miraba con cierta curiosidad. Marianne había dejado caer algo sobre que a la chica le gustaba y él no sabía muy bien qué hacer. Cassie era guapa, probablemente era la más guapa de su familia, mucho más que Lyra y Carina - aunque esta era todavía demasiado pequeña para saber cómo sería en unos años -. A él le gustaba una chica, pero sabía que Emma pasaba completamente de él y a lo mejor verla tontear un poco con la otra la ponía celosa, además, no le vendría mal divertirse un poco. Cassie parecía una chica bastante madura para su edad pero, si tal y como decía Marianne le gustaba, no creía que opusiera mucha resistencia. La chica levantó entonces la cabeza y sus miradas se cruzaron. Vio que se estremecía y no pudo evitar sonreír de medio lado. Aquello sería muy fácil y, ¿quién sabe?, a lo mejor después de verla con su prima, Emma aceptaría salir con él.

  • Oye, ¿por qué no me cuentas cosas sobre ti?

  • Le preguntó.

  • ¿Cosas como qué?

  • No lo sé. ¿Qué te gusta hacer?

  • Pues lo normal. - Ella se encogió un poco de hombros y fijó su mirada en los apuntes. El corazón se le había acelerado. ¡Ed quería saber más cosas sobre ella! Su plan iba bien, muy bien, lo único que tenía que hacer ahora era no estropearlo. - Salir con mis amigas, leer, bailar, lo típico.

  • ¿Te llevas bien con tus compañeras de dormitorio? - Aquella pregunta, que sonó completamente inocente, tenía una clara intención: necesitaba saber cuántos apoyos tenía la chica y cuanta gente iría a matarlo si alguna vez se enteraba de su verdadero plan.

  • Sí, especialmente con Sophie, es mi mejor amiga. - Contestó de forma inocente.

  • Eso es genial. - Sonrió. Bueno, quizás solo esa chica acudiría en su ayuda, aunque no podía olvidarse de Marianne. A lo mejor a su amiga no le hacía mucha gracia que jugara con los sentimientos de su primita pequeña. - Yo me llevo más o menos bien con ellos, pero creo que me llevo mejor con tu prima y las gemelas.

  • Son geniales. - Comentó Cassie, un poco molesta ahora. ¿No estaría él enamorado de alguna de ellas, verdad? Desechó esa idea rápidamente. Si le gustara una de sus amigas, ya habría intentado algo y, hasta donde ella sabía, eso no había pasado. - Yo me llevo muy bien con ellas, fueron las que te recomendaron como profesor de Runas, de hecho.

  • Sí, Marianne me lo dijo. - Sonrió de lado. Aquella chica no sospechaba nada, aunque tenía que elaborar un plan, por si acaso. - ¿Habrías preferido a otro?

  • No. - Se puso roja al decir aquello. Había respondido demasiado rápido. - Quiero decir, me pareces simpático y creo que puedes ser buen profesor.

  • Espero serlo, me gusta mucho la asignatura de Runas, aunque mi favorita es, probablemente, Herbología.

  • La mía es Encantamientos. - Confesó.

  • Es también de mis favoritas, es apasionante. - Ed sonrió. A lo mejor la chica era más interesante de lo que había creído. A lo mejor podía darle una oportunidad real, a pesar de Emma.

  • ¿Verdad?

Cassie rió y ambos comenzaron a hablar, dejando de lado los apuntes. Ya tendrían tiempo de estudiar más tarde.

"Mezclarse con muggles es mezclarse con salvajes. Ten cuidado y vigila a tu "querida" mujer."

Louis salió corriendo del banco en cuanto leyó aquella nota. No podían hacerle nada a ella, no a Emma, ella no tenía culpa de nada, su único "pecado" era ser su mujer. Sus compañeros lo miraron asombrados, pero él hizo caso omiso a todo y se limitó a desaparecerse. Apareció frente a la puerta de su casa y un estremecimiento lo recorrió. La puerta estaba abierta de par en par y, en la fachada, pudo ver el símbolo de aquella gente, una gran M rodeada por un círculo y tachada, grabada a fuego en la piedra. Un estremecimiento lo recorrió de arriba abajo y entró en su casa corriendo.

  • ¡Emma! - La llamó, asustado. No podían haberle hecho nada, tenía que estar bien. - ¡Emma!

Nadie contestaba y su ansiedad crecía por momentos. No podría soportar que le hubieran hecho algo, a ella no, ni siquiera tenía poderes para defenderse. ¿Dónde estaba su auror? Esperaba que la hubiera sacado de ahí, pero tenía un muy mal presentimiento. La casa estaba completamente destrozada: las puertas arrancadas, las ventanas rotas, los muebles por los suelos…, pero en aquel momento nada de eso le importaba. Subió las escaleras corriendo, pero se quedó muy quieto al llegar arriba y ver el cuerpo del auror que le ayudaba a proteger su casa y que se encargaba, especialmente, de la seguridad de su mujer. El hombre estaba tumbado de espaldas, con los ojos muy abiertos y la varita junto a él. No había que ser muy listo para darse cuenta de que habían utilizado la maldición asesina contra él. Se detuvo solo un instante para cerrarle los ojos, con el corazón a punto de salírsele del pecho y miedo a seguir adelante. ¿Y si entraba en el dormitorio y se encontraba a Emma así? No lo soportaría. Aún así tomó aire y se obligó a seguir hacia delante. Cruzó la entrada de la habitación principal y no pudo evitar suspirar, aliviado, aunque aquella sensación le duró poco. Emma estaba sentada en la esquina, con las piernas encogidas y la mirada perdida.

  • Emma.

Corrió hacia ella y la abrazó, pero ella no se movió, ni dijo nada. Louis acarició su mejilla y su pelo y comprobó si le habían hecho algo. Vio algo de sangre en su camiseta y, cuando se la levantó, vio que tanto sus brazos como su pecho y su estómago estaban llenos de cortes. Habían utilizado una maldición contra ella y, tal y como estaba la chica, dudaba mucho que hubiera sido solo una punzante. Solo había una que provocara ese efecto en la gente: la cruciatus.

  • Emma, por favor, dime algo. - Suplicó, pero ella ni se inmutó. - Vas a ponerte bien, ¿de acuerdo? Te quiero y no puedes dejarme así como así, sé que algo dentro de ti puede oírme así que te prometo que vamos a salir de esta.

Reuniendo la poca esperanza que le quedaba, consiguió conjurar un par de patronus y avisó a Victoire y sus padres. Les contó lo que había sucedido y les pidió que avisaran a los demás. Levantó entonces a su mujer del suelo y salió a la puerta. No podía desaparecerse con ella y tenía que llevarla a San Mungo cuanto antes, solo allí podrían ayudarla. Levantó su varita y el autobús noctámbulo no tardó en aparecer.

  • A San Mungo y cuanto antes.

Pagó el doble del billete y el conductor asintió. Se sentó con su mujer todavía en brazos. Volvió a acariciar su pelo mientras el autobús se ponía en marcha a máxima velocidad.

  • Vas a ponerte bien, Emm, tienes que ponerte bien.

Fleur y Bill llegaron a San Mungo en cuanto pudieron y recorrieron los pasillos corriendo buscando a su hijo y su nuera. Cuando vieron a Teddy esperando en un pasillo, se detuvieron bruscamente.

  • ¿Cómo está? ¿Sabes algo? - Le preguntó su suegra, angustiada.

  • Vic ha salido hace cinco minutos y me ha dicho que estaban preparando una poción para tratar de sacarla de su estado de shock. - Explicó el metamorfamago. - Le han lanzado varias maldiciones y su mente se ha bloqueado para protegerse.

  • Pero, ¿se pondrá bien?

  • Sí, Fleur. - Asintió y forzó una media sonrisa. Sabía que se recuperaría, pero no estaba seguro de qué secuelas podrían quedarle a la chica.

La mujer pareció tranquilizarse un poco y le dedicó una mirada esperanzada a su marido. Aunque nunca lo hubieran dicho en voz alta, todos sabían desde hacía tiempo que Emma - que no tenía nada que ver con su mundo - iba a ser un objetivo clave para ese grupo. Por suerte todo había quedado en un susto, aunque el matrimonio sabía que Louis no volvería a ser el mismo después de aquello.

Cinco minutos más tarde, los dos hermanos salieron de la habitación. Louis se retorcía las manos, un poco nervioso mientras Victoire lo rodeaba con uno de sus brazos y le susurraba palabras de consuelo.

  • ¿Alguna novedad? - Preguntó Bill cuando sus hijos llegaron hasta él.

  • Le hemos dado un par de pociones y está durmiendo, esperamos que con esto baste para que salga del shock. - Explicó la rubia.

  • Son unos desgraciados y unos cobardes. - Louis negó con la cabeza.

  • Menos mal que has llegado a tiempo. - Fleur abrazó a su hijo.

  • Me han enviado una nota al trabajo, mamá, querían que llegara, que viera todo eso. - Negó con la cabeza y miró a su cuñado. - ¿Has avisado a la familia del auror?

  • Sí, no te preocupes.

  • Tenemos que hacer algo. - Siguió diciendo.

  • No puedo permitir que vuelvan a hacerle algo a Emma, ¿y las niñas? Me preocupa que les hagan daño, también podrían atacar a sus aurores y llegar hasta ellas. No puedo decirle nada de esto, no quiero asustarlas.

  • No pienses en eso.

  • Ya no nos vale solo con esto, tenemos que hacer algo más.

  • Avisaré a los demás y todos nos reuniremos.

  • Dijo Teddy. - No podemos dejar que nos tengan acorralados.


Hola a todos y feliz (?) lunes :)

Lo primero, lo sé, soy una persona horrible por lo de Emma, pero no me odies, todo esto es necesario :( Y lo de Cassie...Bueno, no todos los romances pueden ser de color de rosa, a ver qué pasa.

Esta historia es un poco más dura que la primera parte, lo aviso desde ya jajaja, pero aún así espero que os guste :)

Ya me diréis qué os ha parecido en los comentarios. Nos leemos el miércoles :3

Un beso,

María :)