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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 18
Dan y Alex volvían al castillo cogidos de la mano, en silencio. Habían pasado un día estupendo en Hogsmeade y al chico casi se le habían olvidado todos sus problemas. Miró a la pelirroja de reojo y suspiró. Muchas veces tenía miedo de que le hicieran algo a ella, de que sus acciones no repercutieran en su familia - que estaba perfectamente protegida - sino en Alex. Ella no tenía nada que ver con aquello, no había hecho nada malo, su único problema era ser la novia del chico equivocado. Se detuvo bruscamente y ella arrugó la frente.
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¿Qué ocurre, Dan?
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¿No te preocupe que vayan a por ti por mi culpa? - Preguntó a bocajarro. Su novia lo soltó de la mano y se colocó frente a él. - ¿No te da miedo?
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Claro que no. - Contestó. - Si hacen eso es que son unos cobardes.
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Sabes que eso es exactamente lo que son.
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No te preocupes por mí, sé cuidarme solita.
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Alex sonrió y apoyó una mano en la mejilla de su novio. - Son las desventajas de salir con un Potter, sabía dónde me metía. ¿Sabes que a mi madre no le hizo ninguna gracia cuando se enteró?
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Creía que le caía bien.
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Y te adora, pero en un primer momento me preguntó que si estaba loca. - La chica sonrió de forma distraída. - Decía que no eran buenos tiempos para salir con un Potter y yo le contesté que me daba igual, que me enfrentaría a lo que hiciera falta por ti.
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Te quiero, Alex, ¿te lo he mencionado alguna vez? - Le dedicó una media sonrisa, realmente enternecido por lo que acababa de decirle.
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Alguna que otra. - Ella se puso de puntillas y lo besó.
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En serio, eres realmente valiente. Ninguna otra haría esto.
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Dan, lo hago porque te quiero, no es una carga que me pese. - La pelirroja se mordió el labio levemente. - Si vienen a por mí, lucharé y si van a por ti, también lo haré. Estamos juntos en esto, puedes confiar en mí, puedes pedir mi ayuda cuando lo necesites y puedes desahogarte conmigo cuando estés asustado. Ya que no tienes un auror siguiéndote, deja que yo me encargue de ayudarte.
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Eres la mejor.
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No, solo soy tu novia. - Se encogió de hombros y rodeó su cuello con los brazos. - Te quiero y, pase lo que pase, seguiré haciéndolo.
Volvieron a besarse con dulzura, dejando atrás todas las preocupaciones. Dan se obligó a pensar que Alex estaría a salvo aunque, de todas formas, siempre procuraría tenerla vigilada, solo por si acaso. Siguieron besándose hasta que unas risas y una voz muy conocidas los interrumpieron.
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Señores Delegados, esto es un escándalo. - Ambos se separaron y fulminaron a Leah con la mirada. La morena los miraba cruzada de brazos y, a su lado, Lyra no paraba de reír. - Debería avisar a alguien, al mismísimo director si hace falta, y advertirle de que los alumnos que mejor ejemplo deben dar andan besuqueándose como colegiales.
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¿No podíais seguir vuestro camino sin más, verdad? - Dan resopló. Su hermana siempre aparecía en los momentos más inoportunos.
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No he podido resistirme, es tan raro veros acaramelados que me he quedado en shock. - Respondió ella, con una de sus características medias sonrisas. - Tranquilo, no se lo contaré a nadie, supongo que querrás mantener tu reputación.
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Igual que tú la tuya. - El moreno también sonrió. - ¿Quieres algo?
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Me ofendes, ¿no puedo ni siquiera venir a saludarte?
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En estas circunstancias no. Yo nunca te he interrumpido cuando te he visto con un chico.
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¿Cómo que no? - Enarcó una ceja. - En cuarto año le dijiste a uno que ni se le ocurriera acercarse a tu hermana.
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Eso fue necesario. - Replicó su hermano. - Estaba en séptimo e intentaba meterte mano en mitad de un pasillo abarrotado de gente.
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Bueno, a lo mejor me habría encontrado con una escena similar si hubiera pasado por aquí cinco minutos más tarde.
Alex se puso completamente roja al escuchar aquel comentario mientras los dos hermanos estallaban en carcajadas, aunque todos sabían que el comentario de la chica había sido solo una exageración, que, tal y como eran los dos, cinco minutos más tarde ya no habrían estado siquiera ahí.
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Por Merlín, chicos, mirad. - La voz preocupada de Lyra los alertó. Leah sacó la varita rápidamente mientras miraba en la dirección que señalaba la rubia.
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No es posible. - Murmuró Dan, a su lado, apretando un poco los puños. Definitivamente, alguien iba a morir aquella tarde.
Matt llevaba a Jane en brazos. La chica, bastante borracha después de haberse tomado tres chupitos de whiskey de fuego, uno de hidromiel y otros tres de una bebida muggle llamada tequila, no podía parar de hablar y le había contado cosas que, estaba seguro, no le habría dicho jamás estando sobria como todo lo relacionado con su vida amorosa - que todos los chicos que le habían gustado antes habían pasado de ella, que estaba demasiado ocupada como para mantener una relación con nadie, que él la tenía completamente desconcertada y no sabía qué hacer - o sus problemas con sus padres - según ella, querían que fuera perfecta y le exigían demasiado alegando que podía con eso y con mucho más -. Ahora hablaba de ropa, más concretamente de su ropa interior y los problemas que solía tener para encontrar sujetadores que no parecieran hechos para niñas de diez años. Tragó saliva. ¿Cómo había acabado hablando de aquello?
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Jane, no es que quiera interrumpirte, pero creo que deberías cambiar de tema de conversación. - Murmuró.
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¿Por qué? - Hizo un puchero y él sonrió casi sin darse cuenta. - Lo que te digo es verdad, por suerte el que llevo hoy es muy bonito, ¿quieres que te lo enseñe?
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Por Merlín, no me hagas esto. - Él negó con la cabeza. ¿Cómo podía haberle hecho aquella pregunta? Era obvio que no se daba cuenta de nada, pero él estaba recurriendo a todo el autocontrol que había en su cuerpo para no hacer algo de lo que después se arrepentiría.
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Bueno, pues tú te lo pierdes, es precioso.
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Se encogió de hombros. - En realidad me lo he puesto pensando en nuestra cita, no sé por qué porque no soy de esas que caen a la primera de turno, pero cuando me estaba vistiendo lo he visto y he pensado que era perfecto para salir contigo.
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Joder, Jane, no puedes decirme esas cosas.
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Dijo, cada vez más nervioso. Iba a volverlo completamente loco.
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¿Por qué no? - Volvió a hacer un puchero.
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Porque no. - Negó con la cabeza. - Cuando una chica sexy le dice esas cosas a un chico…
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¿Crees que soy sexy? - Abrió mucho los ojos, sorprendida.
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Creo que eres preciosa. - Confesó él. Total, estaba borracha, ¿qué más daba lo que le dijera? Probablemente no se acordaría del todo bien. Él todavía tenía lagunas de su primera borrachera. - Y me importas tanto que, por mucho que insistas, no voy a quitarte la camiseta.
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Sabes que soy virgen, ¿verdad? - Preguntó ella, de repente.
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Lo imaginaba. - Respondió Matt.
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Quiero que mi primera vez sea contigo. - Dijo sin más, como si acabara de decirle la hora que era. Él la miró asombrado, sin saber qué decir y la rubia lanzó una carcajada. - Lo sé, es una locura, hace algo más de un mes me eras completamente indiferente, pero ahora todo es distinto. Nadie me hace reír como tú y me haces sentirme tranquila y a gusto, como nadie o, bueno, casi nadie, Orion también pero es mi primo y no cuenta, no hablo de la mismo, no es el mismo sentimiento, ni mucho menos, ¿sabes a lo que me refiero? Sí, seguro que sí o no, no lo sé, el caso es que me haces sentirme yo misma y eso casi nadie lo había logrado y, desde luego, nadie de fuera de mi familia y siento mariposas en el estómago cuando te veo y sé que es lo que quiero. Contigo no bastan solo los besos, quiero más.
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Jane, no puedes estar haciéndome esto.
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¿Por qué? ¿A ti no te gusto?
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Claro que me gustas, joder, ¡me encantas! Pero me estás poniendo ahora mismo en una situación muy difícil. - Negó con la cabeza. - No sabes lo que estás diciendo, estás borracha, cómo mañana te acuerdes de esto te arrepentirás de todo lo que me has dicho y, si yo hiciera algo, me estaría aprovechando de ti.
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Mañana sobria seguiré pensando lo mismo. - Susurró ella. - Que no lo diga, no quiere decir que no lo piense.
Matt suspiró y se recordó a sí mismo que debía tener autocontrol. Levantó un poco la vista, intentando calcular cuánto le quedaba para llegar al castillo, y se encontró de frente con cuatro figuras conocidas. Tragó saliva. Aquello podría ser su salvación o su condena. Conforme se fue acercando notó que estaban tensos y vio que Leah le apuntaba con la varita. Aquello era una mala señal.
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Baja el arma, Potter. - Dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos para que lo oyeran. - No le estoy haciendo nada, solo está borracha.
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¿Has emborrachado a mi prima? - Dan enfatizó el posesivo y lo miró con expresión enfadada.
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Yo le di un chupito porque me dijo que nunca había probado el alcohol. - Explicó él, deteniéndose junto a ellos. - Pero después de ese parece que le cogió el gusto y acabamos bebiendo tequila.
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¡¿Le has dado tequila?! - Exclamaron los mellizos al mismo tiempo.
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¡Lo tomó ella sola, no la obligué a nada!
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Por Merlín, Matt, deberías haberla parado antes de que esto pasara. - Lyra negó con la cabeza. - Aunque claro, ella es mayorcita, debería haber tenido más cuidado.
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¿Me ayudáis a subirla a su dormitorio? - Les preguntó él entonces, prefiriendo ignorar el tema. - No puedo subirla hasta las habitaciones de las chicas así como así.
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No creo que quiera que sus compañeras la vean así, no sé si te has dado cuenta pero se llevan bastante mal. - Contestó Leah.
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¿Mal? ¿Por qué?
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Son unas zorras y me tienen envidia porque soy más lista y más guapa que ellas. - Dijo Jane, lanzando una carcajada. - O eso dice Leah.
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¿Es una borracha de las que habla mucho? - Preguntó la morena, abriendo mucho los ojos. Jamás había visto a su prima en ese estado, pero parecía que dejaba de lado las inhibiciones. El día que ella le había dicho aquella frase la reprendió y ahora la decía ella tan alegremente.
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Y de cualquier cosa. - Explicó el chico antes de suspirar. - ¿Qué hacemos entonces? ¿La subo a mi dormitorio?
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Se morirá de la vergüenza en cuanto se le pase. - Lyra negó con la cabeza. - Lo mejor será que duerma esta noche con nosotras.
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Sí, bájala, la llevaremos hasta la Torre de Gryffindor.
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Está bien. - Matt miró a Jane, que hizo otro puchero. - No me mires así.
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Pero, ¿qué pasa con lo que te he dicho?
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Cuando estés sobria, lo hablamos. - La cortó rápidamente. Lo único que le faltaba es que dijera aquello delante de los demás. Le dio un beso en la frente antes de ponerla de pie. - Ahora vete con Leah y Lyra, ellas cuidarán de ti.
Las dos chicas la cogieron con cuidado - cada una de un brazo - y empezaron a andar hacia el castillo tras despedirse con una leve sonrisa. Matt suspiró y se revolvió el pelo de forma nerviosa.
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Bueno parejita, os dejo, tengo que irme urgentemente.
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¿A dónde? - Dan frunció el ceño.
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A darme una buena ducha de agua fría. - Murmuró. - Por Merlín, tu prima va a acabar conmigo.
Orion esperaba inquieto en la puerta de la Sala de los Menesteres a la hora acordada. ¿Y si Ingrid había cambiado de opinión y no iba? Sacudió la cabeza y se obligó a pensar en que iría, probablemente solo se estaba retrasando un poco. Decidió esperarla unos diez minutos, si en aquel tiempo no llegaba regresaría a su dormitorio. Por suerte, en seguida escuchó unas pisadas y vio a la morena girando la esquina del pasillo. Le dedicó una sonrisa nerviosa al verlo y él suspiró aliviado.
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Por un momento temí que no vinieras. - Murmuró antes de besarla.
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¿Cómo no iba a hacerlo? - Ingrid se sonrojó un poco. - ¿Entramos?
Orion asintió y abrió la puerta. La sala se había transformado en un amplio y cómodo dormitorio para ellos y el chico no pudo evitar morderse un poco el labio.
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Bonito sitio. - Murmuró Ingrid, mirándolo de reojo. - Creo que en esa cama podremos dormir bien.
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Seguro que sí. - El rubio sonrió antes de cogerla por la cintura y acercarla a él, dejando sus rostros a muy poca distancia. Notó su respiración entrecortada y le acarició la espalda de forma cariñosa. - No va a pasar nada que no quieras, lo sabes, ¿no?
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El problema es que no estoy muy segura de lo que quiero. - Bajó un poco la mirada, pero en seguida volvió a subirla. - O quizás el problema es que sí lo sé, pero me da un poco de miedo seguir adelante con esto.
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Si no quieres…
-
Como te acabo de decir, creo que el problema es que sí lo quiero, pero me desconciertas tanto que no estoy muy segura de si es lo correcto.
Él no respondió, sino que se limitó a besarla con dulzura. Ella correspondió su beso y pronto comenzó a acariciar su cuello y su torso. Lentamente él comenzó a besar su cuello, haciendo que se mordiera el labio.
-
¿Por qué dices que te desconcierto? - Se atrevió a preguntar, antes de subir un poco y volver a unir sus labios.
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No lo sé. Me empeñé hace mucho tiempo en no salir contigo, me dije que solo eras una diversión, pero ambos sabemos que eso cambió hace ya bastante. - Paró de hablar cuando un nuevo suspiró se escapó de sus labios al sentir sus labios en su clavícula. - Orion, sé que no me lo has vuelto a preguntar, pero espero que tu propuesta siga en pie.
-
¿Mi propuesta? - Él frunció un poco la frente, pero siguió a la suyo, repartiendo besos y acariciando la piel de la chica bajo su camiseta.
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Quiero salir contigo. - Dijo ella finalmente. - Te estoy respondiendo que sí.
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¿En serio? - Abrió mucho los ojos y se separó un poco de ella, incapaz de creérselo. El curso anterior se lo había preguntado varias veces y siempre le había dicho que era mejor seguir siendo solo un juego, pero aquello lo cambiaba todo. ¡Por fin había dicho que sí!
-
En serio.
Volvió a besarla con pasión y, antes de que pudiera darse cuenta, la levantó del suelo y la llevó hasta la cama donde siguió repartiendo besos y caricias. Ingrid no se quedó corta y lo siguió, consiguiendo deshacerse en seguida de su camiseta y sus pantalones. Orion tampoco tardó demasiado en deshacerse de la ropa de la chica. Siguieron besándose y acariciándose como si no hubiera mañana hasta que - tal y como había predicho Ingrid cuando él le propuso dormir juntos -, llegaron al momento que los dos ansiaban y temían a partes iguales.
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¿Estás segura? - Le preguntó.
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¿Y tú?
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No te traje aquí con esta intención.
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Ambos sabemos que sí. - Ingrid lanzó una carcajada a pesar de los nervios. - Y también sabemos que yo venía exactamente a lo mismo cuando acepté. Es lo que quiero, aunque haya dudado un poco.
Él volvió a besarla y ella no pudo evitar estremecerse. No le hizo falta pedirle que tuviera cuidado, Orion fue todo lo tierno que pudo y mucho más y ella se lo agradeció. Aquella sería una noche que ninguno de los dos jamás olvidaría.
A la mañana siguiente, después de levantarse y vestirse entre sonrisas y miradas cómplices, los dos salieron de la habitación cogidos de la mano, aunque acordaron no decirle a nadie lo que había pasado esa noche. La primera vez de los dos sería un secreto que quedaría entre ellos y la Sala de los Menesteres.
Hola a todos ^^
¿Qué tal la vuelta a la rutina? Yo tengo mucho sueño jajajaja
Espero que os haya gustado el capítulo :3 La verdad es que me reí mucho escribiéndolo (Jane borracha es lo más xD), así que espero vuestros comentarios contándome qué os ha parecido ^^
Muchos besos y nos leemos el lunes,
María :)