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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 17
El sábado siguiente por fin llegó la primera salida a Hogsmeade - aquel año, debido a todos los ataques que había habido recientemente, la habían retrasado más de lo normal - y los cinco decidieron tomarse un descanso y disfrutar. Querían olvidarse de lo que había sucedido y de lo que pasaría pronto, solo querían ser unos adolescentes como cualquier otros.
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Ingrid. - La chica se giró un poco para poder ver bien a Orion, que la miraba con una sonrisa tonta en sus labios. Era una suerte que los aurores estuvieran dando vueltas por el pueblo y les hubieran dejado unas horas de tranquilidad.
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¿Sí?
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Todavía no me has dicho qué quieres hacer.
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El rubio volvió la vista al frente y siguió andando. - Nos conocemos lo suficiente como para saber que, proponga lo que proponga, dirás que quieres hacer otra cosa.
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Chico listo. - La morena lanzó una carcajada y lo cogió de la mano, obligándolo a detenerse. Se colocó frente a él y le dedicó una de esas miradas que tanto le gustaban. - Invitarte a una cerveza de mantequilla es demasiado típico así que, ¿qué te parece comprar algo en Honeydukes y comérnoslo sentado en alguna colina de los alrededores?
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Una buena idea. - El chico asintió.
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Genial, invito yo. - Tiró un poco de él y empezó a correr hacia la tienda, mientras él negaba con la cabeza. - ¡Vamos Malfoy, no tenemos todo el día!
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No seas tan mandona, Scott. - Dijo, tratando de aguantar la risa y andando con tranquilidad. Ella tiró un poco más fuerte y bufó un poco. - ¿Ocurre algo?
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Solo que me estoy arrepintiendo de haber aceptado tu invitación. - Contestó, arrugando la nariz. - Eres un imbécil.
Orion sonrió antes de soltar su mano y abrazarla por la cintura. Ella movió la cabeza con exasperación, pero no dijo nada, sino que se limitó a seguir andando, con su espalda pegada a su pecho y la piel de gallina. Siempre que él la cogía así se sentía abrumada, su corazón latía más rápido de lo normal, una corriente eléctrica recorría su estómago y, ¿por qué no admitirlo?, pensaba en cosas en las que, según su madre siempre le había dicho, una chica de 16 años no debía pensar.
- ¿Cuánto vas a admitir que estás loquita por mí?
Ingrid se estremeció al sentir su aliento en su cuello y escuchar aquellas palabras en su oído. "Contrólate", se dijo a sí misma. Cerró los ojos casi sin darse cuenta y suspiró.
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No lo estoy. - Consiguió murmurar, con la garganta completamente seca.
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Pues yo creo que sí. - El rubio miró a ambos lados antes de comenzar a besar su cuello y el lado de su cara. La sintió temblar y la sujetó con más fuerza. - Venga, admítelo.
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No. - Ingrid se mordió un poco el labio mientras él seguía besando su piel. - Reconócelo tú.
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¿El qué? - Lo notó sonreír y agarró sus manos casi sin darse cuenta.
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Que estás loco por mí.
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Puedo hacer algo mejor… - Le mordió la oreja y ella tuvo que contener un gemido. Le encantaba torturarla así. - Ven esta noche conmigo a la Sala de los Menesteres.
La chica se puso completamente roja al escuchar aquello. A pesar de todo el tiempo - desde cuarto curso - que llevaban con sus idas y venidas nunca habían pasado a mayores y, si él le tenía la mitad de ganas que ella a él, aquella noche cruzarían la raya.
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¿Y qué se supone que le diría a mis compañeras de cuarto? - Era la peor excusa del mundo, no sabía por qué había dicho aquello, pero ya era tarde para arrepentirse.
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¿Que vas a dormir conmigo?
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No lo sé, Orion. - "Si solo fuera dormir...", pensó.
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Bueno, hay más sitios.
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¿Qué quieres...?
No le dio tiempo a terminar la pregunta. El chico la levantó un poco del suelo y la llevó hasta una callejuela cercana. Antes de darse cuenta tenía la espalda contra la pared y los labios de Orion sobre los suyos. Le siguió el beso, pegándolo más a ella si aquello era posible. Él la aupó entonces un poco e hizo que ella enredara sus piernas alrededor de su cintura antes de empezar a besar su cuello y deslizar las manos bajo su camiseta. Ingrid volvió a estremecerse.
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Aquí no. - Dijo, rompiendo el beso y respirando entrecortadamente. Le retiró la mano, que estaba peligrosamente cerca del borde de su sujetador. Él la quitó y le dedicó una media sonrisa que hizo que ella apretara un poco los labios.
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Lo siento, no he podido evitarlo. - Se disculpó él. No quería incomodar a Ingrid, pero cada día que pasaba le tenía más ganas.
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Es que aquí cualquiera podría vernos.
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En serio, lo siento, Ingrid. - Acarició su mejilla lentamente y se acercó a su oído. - Por eso mismo, ¿por qué no vienes esta noche?
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Yo… - Empezó a mordisquear su cuello y ella gimió un poco. No sabía qué hacer, le apetecía mucho ir pero, al mismo tiempo, le daba un poco de miedo.
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No haremos nada, solo dormir, ¿vale? - Él pareció leerle la mente y ella sonrió.
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Está bien. - Orion se separó de ella y la miró sorprendido, incapaz de creerse que hubiera aceptado de verdad.
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¿En serio?
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Sí. - Ella asintió con la cabeza. - Pasaré la noche contigo.
La besó otra vez con pasión. Aquella noche iba a ser inolvidable.
- ¿Tu color favorito?
Jane lanzó una carcajada que atrajo la atención de los chicos de la mesa de al lado. Matt insistía en conocer todos los detalles de su vida, incluyendo cosas tan tontas como su color y su número favoritos. La rubia no podía evitar preguntarse si se esforzaba tanto con todas las chicas o si lo hacía solo porque era ella.
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El lila. - Contestó tras meditarlo durante unos instantes. - ¿Y el tuyo?
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El blanco.
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¿El blanco? - Arrugó un poco la frente.
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Sí, ¿qué pasa? - Matt le dedicó una media sonrisa. Se había dado cuenta de lo mucho que le gustaba a Jane hacer preguntas y comentarios sobre cualquier cosa.
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Es que es la unión de todos los colores. - Respondió. - Nunca había conocido a nadie cuyo color favorito fuera ese. Me has sorprendido.
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¿Para bien? - Enarcó una ceja y ella volvió a reír.
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Estamos solo hablando de un color.
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¿Y qué? - Insistió él. - Venga, ¿para bien o para mal? ¿Crees que el blanco es un buen color favorito o tengo que buscarme otro para impresionarte?
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Creo que es una mala idea cambiar tus gustos por gustarle a una persona. - Bebió un sorbo de su cerveza de mantequilla.
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Pero el blanco es un buen color favorito.
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Nunca cambiaría quien soy por una chica, tranquila. - Sonrió. - ¿Qué más puedo preguntarte?
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No lo sé, tú dirás. - Jane se encogió de hombros. - Creo que me has preguntado prácticamente por todo, llevamos más de tres horas aquí sentados y esta es mi cuarta cerveza de mantequilla.
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¿Quieres alguna otra cosa? - Se acercó un poco a ella y bajó el tono de voz. - Soy mayor de edad, puedo pedirte lo que quieras. ¿Un whisky de fuego o un hidromiel?
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Yo no bebo.
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¿Nunca has probado el alcohol? - Enarcó ambas cejas, sorprendido. - Espera, ¿alguna vez has estado en alguna fiesta?
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Bueno, en alguna. - Murmuró ella, sonrojándose un poco. - Es que no me gusta mucho trasnochar, ni la música alta, ni las aglomeraciones. He bajado a las de la sala común con Orion y Leah me llevó en verano a una discoteca de Londres.
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¿Y lo del alcohol?
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No, jamás lo he probado. - Contestó.
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¿Por qué?
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No lo sé, mis padres siempre dicen…
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¿Haces caso de todo lo que te dicen tus padres, Jane? - Él sonrió al ver su cara de desconcierto.
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No quiero decepcionarlos. - Confesó, bajando la mirada. No sabía cuándo se había vuelto tan seria la conversación.
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Vaya.
Algo encajó entonces en la mente de Matt. Ahora entendía un poco mejor a la chica, sus razonamientos, sus motivaciones. Por eso siempre estaba tan estresada e intentaba cargar con el peso del mundo sobre sus hombros, por eso algo se quebraba en sus ojos cuando pensaba en la posibilidad de fallar: le daba miedo decepcionar a sus padres.
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Ven. - Se levantó de la mesa y le tendió la mano. Ella arrugó la frente y él le dedicó una mirada de cariño. - Venga, confía en mí.
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Está bien. - Ella la aceptó y se puso también de pie.
Matt sonrió y la llevó hasta la barra donde se sentó en un taburete y le dijo a ella que hiciera lo mismo. La rubia lo hizo, aunque un poco extrañada. ¿Qué pretendía?
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Ponme dos chupitos de whisky de fuego. - Pidió. El camarero lo miró durante unos instantes, algo dubitativo. - Soy mayor de edad, ¿necesitas algo que lo acredite?
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No, no te preocupes. Serán…
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Aquí tienes. - El moreno dejó dos monedas sobre la mesa mientras el hombre los servía. Una vez estuvieron servidos se volvió hacia Jane que lo miraba con los ojos muy abiertos. - Es solo un chupito.
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No debería.
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No sabes lo que es la adrenalina hasta que llegas borracho a casa y tienes que fingir estar sobrio delante de tu madre. - Le acercó uno de los vasitos antes de coger el otro. - Siempre hay una primera vez para todo.
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¿Está bueno? - Preguntó, mirando el líquido. Algo dentro de ella quería probarlo, sabía que por un poco no pasaría nada y que nadie tenía por qué enterarse.
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A mí me gusta. - Zabini se encogió de hombros. - Dale una oportunidad.
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Supongo que por una vez no pasaría nada…
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Claro que no. - Él sonrió. - Todo el mundo lo hace.
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Está bien. - Sonrió de forma nerviosa y cogió el vaso.
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Brindemos. - Sugirió él, levantando el suyo.
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Por tu primera vez. - Ella se sonrojó al escuchar aquello y Matt no pudo evitar reír. Le encantaba lo inocente que podía llegar a ser. Se acercó a su oído, para aclarárselo en un susurro. - Tu primera vez con el alcohol, no pienses mal.
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No he… pensado mal. - Dijo, tartamudeando un poco. Se ponía muy nerviosa cuando le hablaba tan cerca. Él se separó con una sonrisa y ella levantó el vaso. - Por mi primera vez con el alcohol.
Ambos se lo tomaron de un solo trago y Jane no pudo evitar encoger la cara. El licor le había quemado la garganta y el estómago, pero al mismo tiempo le había sentado sorprendentemente bien. El moreno la miró de forma interrogante, queriendo saber qué le había parecido.
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¿Y bien?
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No está mal. - Contestó. - Arde, pero está bueno.
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¿Quieres otro?
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Pero solo uno más y ahora pago yo. - Dijo ella con una sonrisa. - Ya te has gastado demasiado dinero en mí hoy.
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Te dije que te invitaba, además, solo han sido unas cuantas bebidas. - Matt sacó más dinero de su bolsillo. - Ya pagarás tú otro día.
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¿Piensas repetir la cita? - Se acercó hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros de distancia.
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Solo si tú quieres. - Sonrió y terminó de acercarse a ella, hasta rozar sus labios. Jane cerró los ojos en un acto reflejo, aunque se echó para atrás. No quería que los demás la vieran besando al chico así como así y creyeran que era una más de su lista de conquistas. Matt volvió a sonreír y le hizo un gesto al camarero. - Otros dos, por favor.
Hola a todos y feliz año ^^
Aquí os dejo un nuevo capítulo de la historia, espero que os haya gustado. Ya me contaréis en los comentarios ;)
Tal y como os comenté, he empezado una historia sobre los primeros años de los chicos de la cuarta generación. Podéis encontrarla aquí: http://www.potterfics.com/historias/186787
Nada más por ahora. Feliz año, de nuevo, y espero que los Reyes os hayan traído muchos regalitos ^^
Muchos besos,
María :)