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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 22
Lyra mantenía la vista fija en la planta que tenía frente a ella mientras escuchaba al profesor que aquel día, misteriosamente, todavía no se había desprendido de sus guantes. Leah estaba a su lado y hablaba en susurros con Chad, sentado justo en frente, con Ryan junto a él. Sabía que el chico pertenecía a ese grupo: tenía la mano un poco manchada y, además, Leah se lo había confirmado y lo único que quería era terminar esa clase como fuera. No sabía cómo la morena podía estar tan tranquila con él en la mesa, ¿cómo podía disimular tan bien? ¡Él podía haber sido uno de los que atacó a Jane! Aunque, claro estaba, sabía por qué lo hacía. Desvió un poco la vista y la vio riendo mientras Chad le contaba algo. No entendía por qué no empezaban a salir de una vez, no había más que ver cómo se miraban y cómo sonreían para saber que se querían, ¿por qué se empeñaban en ser solo lo que quiera que fueran? Sintió una punzada en el estómago. Celos. No le gustaba estar celosa de su mejor amiga, pero no podía evitarlo. Lo que Leah tenía era exactamente lo que ella quería, ¿por qué ella no lo aprovechaba? Ojalá ella estuviera en su situación, ojalá tuviera al chico que quería junto a ella, pero era imposible. Y era completamente imposible porque ese chico era el mismo que miraba a su amiga con inmensa devoción. Llevaba desde quinto curso enamorada de Chad, pero él solo tenía ojos para Leah. No tenía nada que hacer y le daba mucha rabia que la otra no supiera apreciar lo que tenía. Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz del profesor.
- Bueno, eso es todo por hoy chicos. - Dijo.
- Por favor, llevad las plantas a su sitio con mucho cuidado, como os he explicado son realmente valiosas. Una lástima que no hayamos encontrado a nadie capaz de abrirlas por completo, hace mucho que no ocurre, se requiere una sensibilidad muy especial, pero bueno, ¿qué se le va a hacer? - El hombre sonrió. - Nos vemos el próximo día y no os olvidéis de la redacción.
Todos empezaron a levantarse de sus asientos y a recoger el material que habían usado aquel día. Las dos chicas intercambiaron una mirada y la rubia asintió, recordando las palabras que le había susurrado Leah: "No me acerques esa planta, mi madre me ha dicho que ni se me ocurra tocarla". No le había dicho por qué pero, por el tono de su voz, supo que lo mejor sería hacerle caso. Ya le preguntaría más tarde en la torre.
-
Yo llevaré esto. - Se apresuró a decir, cogiendo las cosas.
-
Deja que te ayude. - Ryan cogió la maceta y miró a la morena de reojo. Sabía que ocultaba algo y estaba dispuesto a descubrir qué.
-
No hace falta, yo puedo sola. - Lyra agarró también la planta, un poco inquieta. No se fiaba de él y no quería arriesgarse a que descubriera lo que fuera que le pasaba a la otra chica.
-
Insisto. - El chico tuvo que reprimir una sonrisa. Le estaba dando la excusa perfecta. Tiró un poco y fingió que se le resbalaba, consciente de que Leah lo cogería.
-
¡Cuidado! - Exclamó ella al ver que iba a caerse. No pudo evitar correr para cogerlo, olvidando la advertencia de su madre.
-
Leah. - Trató de advertirla la rubia, pero ya era demasiado tarde. La otra sostenía el macetero y la planta había comenzado a abrirse ante la atónita mirada de los dos chicos. Ella abrió mucho los ojos, sorprendida. Se había esperado muchas cosas, pero no aquello y la flor era, desde luego, preciosa. - Vaya…
-
Señorita Potter, - El profesor se acercó a su mesa y enarcó una ceja. - deduzco que no ha estado trabajando mucho durante esta clase, 10 puntos menos para Gyffindor.
-
Pero ha abierto la planta. - Intervino Chad con una mirada desafiante. - Creo que eso no merece precisamente un castigo.
-
Otros 10 puntos menos para Gryffindor. - Dijo el hombre con una amplia sonrisa. Aquel era el único lugar en el que podía poner a ese niñato malcriado y prepotente en su sitio. - Esto no es de su incumbencia, señor Crawford. - Volvió a mirar a Leah. - Y usted, señorita, espere un momento, tengo que recoger el polvo para llevárselo a la enfermera.
-
Está bien. - Murmuró ella, un poco nerviosa.
Ryan intercambió una mirada con su amigo. Aquello era bueno y debían informar al líder cuanto antes. Sabía de su interés por Leah y eso lo único que haría sería incrementarlo. Seguro que se llevaba una buena recompensa, al fin y al cabo había sido idea suya.
-
Los demás pueden irse. - Dijo el hombre mirando a los dos chicos un poco enfadado. - Supongo que tendrán cosas que hacer.
-
Yo me quedo. - Contestó rápidamente Lyra, aunque no estaba muy segura de si también se refería a ella o no. - Vosotros dos podéis marcharos si queréis.
-
No hace falta, tengo hora libre. - Contestó Chad mirando a la chica que mantenía la vista fija en la planta.
-
No quiero mi invernadero atestado de gente.
-
Lo mejor será marcharnos. - Ryan lo cogió del brazo y tiró un poco de él, que tardó unos instantes en reaccionar. - Vamos.
Los dos chicos se marcharon finalmente, aunque Chad no podía evitar estar inquieto. Las cosas se estaban empezando a descontrolar. Sabía que Leah y los demás ya los habían identificado y que las marcas que Ryan y tantos otros tenían en las manos y brazos eran obra suya. No sabía exactamente cómo lo habían averiguado, pero estaba seguro de que habían sido ellos los que habían dejado esa poción en el aula. Sabía que el profesor Reynolds lo sabía también y no le gustaba dejar a la chica a solas con él aunque, como se atreviera a tocarle un solo pelo, las consecuencias serían fatales. No solo tendría que enfrentarse a él, sino también a su líder que quería a Leah viva, aunque no estaba muy seguro de por qué. Suspiró sin poder evitarlo. Era la única capaz de drogarlo para que los demás no descubrieran que también pertenecía a la organización que quería acabar con ellos. No sabía si estaba loca o era una suicida, pero le debía mucho en aquellos momentos. Estaba seguro de que si Dan Potter se enteraba de que el chico con el que estaba liado su hermana pertenecía a las filas enemigas, no dudaría ni un minuto en mandarlo a San Mungo o hacerle algo peor aunque, claro estaba, si él no estuviera ahí, no sabía qué habría sido ya de Leah - por muy fuerte y valiente que fuera había muchos que no dudarían en atacarla ni un minuto -. Ella lo protegía a él cuando no sabía que, realmente, era él quien debía protegerla. Estaba dispuesto a jugárselo todo por ella.
Cuando las dos chicas salieron finalmente del invernadero diez minutos más tarde, Dan se acercó a ellas rápidamente, con expresión enfadada y los brazos cruzados.
-
¿Por qué lo has hecho? - Le recriminó a su hermana. - Ya sabes lo que dijo mamá.
-
Ha sido sin querer, ¿vale? - Trató de defenderse ella. - A Ryan se le resbaló la maceta, ha sido un acto reflejo.
-
Te recuerdo que pertenece a ese grupo, ¿de verdad crees que ha sido un accidente? - Negó con la cabeza. - Deberías haberla dejado caer, ahora todo Hogwarts va a enterarse de lo que puedes hacer.
-
¿Me podéis explicar de qué va esto? - Los interrumpió Lyra, con ambas cejas enarcadas.
-
Mis padres creían que esto podría pasar y no querían que llamara la atención...
-
Como si no la llamara ya lo suficiente. - Dan puso los ojos en blanco.
-
Sí, bueno, el caso es que creen que puede tener algo que ver con la maldición porque mi madre, mi abuela y mi bisabuela también pudieron abrirla. - Terminó de explicar la morena. - No es bueno tener un poder que no tiene nadie más.
-
Ya, entiendo lo que quieres decir. - La rubia suspiró. - ¿De verdad crees que lo ha hecho a propósito?
-
Es probable. - El Slytherin suspiró. - No sé cómo habéis podido sentaros con él, puede ser peligroso.
-
Por favor, es Ryan, no podría matar ni a una mosca. - Leah puso los ojos en blanco. - Además, no me he sentado con él, sino con Chad.
-
¿No crees que deberías advertirle?
Sintió una pequeña punzada en el pecho, pero se obligó a sonreír. Siempre había sido una buena mentirosa y debía seguir siéndolo, aunque fueran Dan y Lyra. Era la primera vez que iba a mentirles en su vida.
-
No. - Negó con la cabeza. - Ya es mayorcito para saber lo que hace, no pienso entrometerme en su vida igual que no me gustaría que él lo hiciera en la mía.
-
Yo creo que deberíamos decirle algo. - Lyra se mordió el labio, un poco preocupada. - Debería tener cuidado.
-
¿Y cómo estáis tan seguros de que no lo sabe?
-
Porque él jamás permitiría que te hicieran daño. - La respuesta salió de los labios de su amiga casi sin darse cuenta. - Está claro que te quiere, no va a ser amigo de alguien que lo único que quiere es acabar contigo y con toda tu familia.
-
Sí, claro.
-
No sé por qué no empezáis a salir, es evidente lo que sentís el uno por el otro y, por si no te has dado cuenta, ni él ni tú os habéis visto con nadie más desde que empezó el curso y ya llevamos aquí dos meses. Eso significa algo.
-
Porque no.
-
Es que no lo entiendo, de verdad, si tú le quieres y él te quiere, ¿qué problema hay?
-
No insistas.
-
Pero…
-
¡Déjalo estar, Lyra! - Le gritó, lo que provocó que la mirara sorprendida, con los ojos muy abiertos. - No insistas y no hables de lo que no sabes.
-
Leah…
-
Y tú no te metas, Dan. - Cortó a su hermano. Sentía un gran nudo en la garganta, pero se esforzó por sonar normal.
-
No existe ningún futuro para nosotros, ¿qué más da entonces lo que hagamos o dejemos de hacer?
Se marchó rápidamente de allí con la sensación de que tenía que haber dejado que esa maldita planta se estrellara contra el suelo y los ojos completamente empañados. Dan y Lyra se miraron durante unos instantes.
-
¿No creerás…?
-
No, no puede ser. - Murmuró él, aunque conociendo a su hermana cualquier cosa era posible. Solo Leah sería capaz de jugar con fuego de esa manera.
-
Esta traducción está muy bien, Cassie. - La felicitó Ed con una sonrisa que hizo que ella también sonriera.
-
¿De verdad?
-
Sí, has mejorado mucho. - Contestó. - Eres una muy buena alumna, aprendes muy rápido.
-
Eso es que eres un buen profesor. - Dijo ella rápidamente. La verdad es que no solía tener muchos problemas con las asignaturas, pero hacerse la tonta con Runas le estaba saliendo muy rentable.
-
Bueno, a veces tengo la sensación de que pasamos más tiempo hablando que estudiando así que no estaría tan seguro de eso.
Y es que aquello era verdad. Ed seguía con su plan de conquistar a Cassie para poner celosa a Emma - que había comenzado a mirarlos un poco mal -, pero se había dado cuenta de lo increíble que era la chica. Para estar solo en cuarto era muy madura y tenía las ideas muy claras en cuanto a lo que quería hacer en el futuro. Lo único en lo que parecía más inexperta y temerosa era en el amor y quería aprovecharse un poco de eso. Nunca se había considerado una mala persona, y tampoco creía que en ese momento estuviera siéndolo exactamente, pero quería que aquella chica cayera sí o sí, ya no solo por Emma, sino también por él mismo. Nunca estaba de más salir con una chica como Cassie. Se dio cuenta de que lo miraba de reojo y se mordió el labio. Era tan adorable.
-
Oye, Cassie, ¿qué haces el sábado? - Le sugirió utilizando la mejor de sus sonrisas.
-
Pues creo que nada, ¿por qué? - Su corazón se aceleró y su estómago se encogió, aunque en seguida se recordó que solo era su profesor particular. - ¿Quieres que demos clase?
-
No, nada de eso, quería dar una vuelta contigo por los jardines.
-
¿En serio? - Abrió mucho los ojos, sorprendida, aunque en seguida carraspeó y trató de recuperar la calma. - Quiero decir, por mí bien, puede ser divertido.
-
Genial, pues ya concretamos hora. - Le dio un beso en la mejilla antes de levantarse y marcharse.
Ella se acarició un poco el lugar donde la había besado y notó cómo se sonrojaba. Sonrió sin poder evitarlo. Ya sabía ella que su plan iba a funcionar.
Hola a todos ^^
Al final he podido subir hoy así que no tendréis que esperar hasta el martes ;) El gran secreto de Lyra ha sido desvelado, ¿os lo esperabais? Ayy vaya panorama...
En fin, espero que os haya gustado y, como siempre, dejad vuestros comentarios.
Nos leemos el miércoles, muchos besos.
María :)