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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 23

Todos los del grupo sabían que debían tener mucho cuidado, que los habían descubierto y que los Potter-Malfoy iban a por ellos directamente. Habían decidido cambiar los puntos de reunión cada noche e iban a todas partes con las varitas siempre preparadas y mirando cada esquina. Muchos se daban la vuelta al ver a Leah o Lyra - que, siendo sinceros, eran las que más miedo les daban -, aunque Amber estaba muy tranquila y estaba deseando que intentaran hacer algo contra ella. El profesor Reynolds sospechaba que la ausencia de Chad aquella noche no había sido una casualidad e informó rápidamente al líder, con la esperanza de quitarle algo de poder al chico, pero la respuesta del hombre fue contundente: "Deja que Crawford siga con su misión". No terminaba de fiarse de él y no entendía cómo podían haberle dado tanto poder. Era cierto que era el más cercano a Leah - y todos sabían del interés que el hombre tenía en la chica, aunque no del motivo -, pero aún así creía que aquello era un error y no iba a descansar hasta demostrar que Chad podía convertirse en un traidor. Mientras tanto lo único que podía hacer tener cuidado y tratar de proteger al resto del grupo, aunque eso no iba a ser tarea fácil.

  • Sabes lo que tenemos que hacer, ¿verdad? - Lyra le dedicó una media sonrisa a su amiga que asintió.

 Estaban en un pasillo desierto - todo el mundo seguía cenando - esperando a dos chicos de sexto año de Ravenclaw que, sabían, pertenecían a esa organización. Habían engañado a la auror de Lyra ya que, supuestamente, esta se encontraba mal y estaba en su dormitorio, descansando. Cada una se colocó a un lado y ambas prepararon sus varitas. Sabían que ya no tardarían en pasar por allí, los habían adelantado gracias a la capa de invisibilidad justo cuando salieron del comedor. Cuando los escucharon llegar salieron de su escondite. Los dos chicos palidecieron, pero sacaron sus varitas rápidamente.

  • Parece que os lo veíais venir. - Comenzó a decir Leah, dedicándoles una media sonrisa. - ¿Algo que ocultar, chicos?

  • Dejadnos pasar. - Exigió uno de ellos.

  • Creo que no. - Contestó, ahora, Lyra. - Os habéis metido con la familia equivocada.

Se miraron la una a la otra antes de lanzar un hechizo que los ató de pie y manos y otro que los colgó bocabajo. Los chicos dejaron caer las varitas y la morena suspiró.

  • ¿No has han enseñado que jamás debéis quedaros desarmados? - Negó con la cabeza. - Muy mal chicos, creo que alguien estará muy decepcionado con vosotros.

  • Soltadnos, nosotros no tenemos nada en contra de vuestra familia. - Dijo el moreno rápidamente, mirando el suelo asustado. - Nosotros solo…

  • ¡No lo digas! - Lo reprendió el otro, un chico rubio.

  • ¿De verdad creéis que no lo sabemos ya? Nada de lo que digáis cambiará esto. - Lyra puso los ojos en blanco.

  • Se lo diremos al director, le diremos que nos habéis atacado de forma injustificada. - Las amenazó.

  • Tenemos una lista con los miembros de vuestra organización, ¿queréis que le contemos la verdad? Se lo diría a los aurores y no creo que tengan inconveniente en encerrar a unos niñatos de 16 años de por vida en Azkaban.

  • No pueden encerrarnos, no hemos hecho nada.

  • Volvió a decir el moreno. - Yo solo quiero poder revelar la verdad al mundo, no tengo nada en contra de ningún mago.

  • Pertenecéis a esa banda, eso ya os hace culpable, puede que no hayáis torturado o matado todavía, pero tiempo al tiempo. - Leah se acercó a ellos y apuntó al moreno con la varita. - ¿Quién le hizo eso a mi prima?

  • ¡No os lo vamos a decir! - Exclamó el rubio. - Jamás los traicionaremos.

  • ¿Estáis seguros?

  • Sabemos que no vais a hacernos nada. - Insistió. - Solo queréis asustarnos, pero no lo conseguiréis.

  • Así que esas tenemos. - Lyra suspiró. - Una pena.

  • Tú eres una Malfoy, deberías apoyarnos en lugar de defender a los sucios muggles.

  • ¡Ni se os ocurra repetir eso! - Exclamó, furiosa. Odiaba que dieran por hecho aquello solo por su apellido. Agitó la varita y los dos empezaron a dar vueltas.

  • Lyra… - Leah la miró con una media sonrisa.

  • ¿Querías hacerlo tú?

  • No, es solo que me ha sorprendido, no me esperaba que lo hicieras. - Negó con la cabeza. - Se lo merecían por ese comentario.

  • Los Malfoy hemos aprendido de nuestros errores, vosotros deberíais hacer lo mismo. - Les dijo.

Leah agitó la varita y ambos cayeron al suelo. Se levantaron rápidamente y cogieron sus varitas, pero no intentaron hacer nada, estaban demasiado asustados. Solo querían salir corriendo.

  • Mandadle saludos de nuestra parte al resto de vuestros amiguitos. - La morena sonrió. - Y ahora largo de nuestra vista.

Los dos salieron corriendo, pero la chica agitó la varita otra vez haciendo que sus túnicas, camisas y pantalones se rompieran. Se miraron el uno al otro, pálidos, pero siguieron corriendo por los pasillos en ropa interior. Las dos chicas se abrazaron, con la adrenalina corriéndole por las venas.

  • Das mucho miedo enfadada, tía. - Le dijo Leah, todavía riendo.

  • ¿Y tú qué? Menudo hechizo de última hora, a ver cómo explican el haber vuelto a la Sala Común en ropa interior. - Se separaron y chocaron la mano. - No saben con quiénes se han metido, ¿has visto sus caras?

  • El moreno iba a llorar.

  • Somos las mejores.

Volvieron a abrazarse pero, justo entonces, una voz furiosa las interrumpió.

  • Decidme que no habéis tenido nada que ver con los dos chicos medio desnudos con los que acabo de cruzarme. - Las dos chicas se separaron para enfrentarse a la mirada acusadora de Remus.

  • A ver, deja que te expliquemos. - Empezó a decir Leah.

  • Creía que este año habíais empezado a comportaros. - La interrumpió él. - ¿Qué les habéis hecho? Estaban aterrorizados.

  • Todo esto tiene una buena explicación, Remus. - Dijo Lyra mirando de reojo al auror que acompañaba al chico.

  • ¿Sí? Pues quiero oírla. A mi despacho inmediatamente.

Las dos suspiraron, pero lo siguieron hasta el despacho. El auror se quedó en la puerta mientras ellos tres pasaban al interior. El chico se sentó tras su escritorio y les señaló las dos sillas que tantas veces habían ocupado ya desde que él era profesor.

  • ¿Y bien?

  • A ver, no ha sido una broma ni nada de eso.

  • Leah, que no quería que Remus supiera lo que estaban haciendo realmente, no sabía cómo explicarlo. - Tienes que creernos cuando te decimos que se lo merecían.

  • ¿Y qué han hecho los pobres? ¿No besar el suelo que pisas, Leah? ¿Han osado no suspirar cual enamorados cuando has pasado por su lado? - Vio que los comentarios le habían dolido a la chica y apretó un poco los labios. Solo quería que se diera cuenta de la gravedad de sus actos, ya no era una cría y no podría protegerla siempre.

  • Remus, - Lo cortó Lyra. - no es nada de eso.

  • ¿Entonces?

  • No podemos decírtelo, pero dice la verdad, se lo tenían merecido.

  • No voy a decírselo al director porque no quiero que os expulsen, pero voy a escribir a vuestros padres chicas. - Suspiró. - Tienen que saberlo, no puedo permitir que vayáis atemorizando estudiantes así como así.

  • ¿Qué? - Las dos se miraron.

  • Lo que habéis oído.

  • Venga, no puedes hacernos esto. - La morena puso su mejor cara de niña buena. - Si no lo haces por mí hazlo por mi padre, ¿de verdad quieres que se lleve este disgusto tu pobre padrino?

  • No me habéis dejado otra opción.

  • Bueno, pues hazlo por mi madre, todos dicen que cuando eras pequeño estabas enamorado de ella, supongo que algo de cariño todavía le tendrás y ya sabes cómo es.

  • ¿Tú te preocupas por la reacción de tus padres?

  • Lyra la miró con el ceño fruncido. - ¿Y los míos qué? Por favor, no se lo digas a mi madre, se pondrá hecha un basilisco, ya sabes cómo es Rose Malfoy, la eterna prefecta.

  • Sé perfectamente cómo se lo van a tomar, pero me da igual chicas, lo siento. - Remus suspiró. - Lo hago por vuestro propio bien, no podéis seguir así.

  • No lo volveremos a hacer. - Insistió la rubia.

  • Eso decís siempre. - El chico negó con la cabeza. - Ya os he encubierto demasiadas veces, ha llegado la hora de que asumáis las consecuencias de vuestros actos. Ambas sois mayores de edad, ya no sois unas niñas pequeñas.

Leah mantenía la vista fija en la mesa mientras Lyra se mordía el labio. Sabían que tenían que hacer algo si querían seguir adelante con su plan. La morena suspiró, no quería utilizar aquello, pero no le quedaba otra.

  • Angela Shepard.

Remus palideció al escuchar aquel nombre y la rubia la miró sin entender qué pasaba con aquella chica.

  • ¿Cómo…? - No pudo si quiera terminar la pregunta.

  • Tarde o temprano me entero de todo lo que sucede en este colegio. - Le dedicó una media sonrisa. - Estoy segura de que al director le interesará saber lo que haces con ella o, mejor, seguro que a su madre, que es muy amiga tanto de mi madre y la de Lyra como de mi tía Caro y Martha, le gustará saber lo que pasa entre su hija de 15 años y su profesor de 21.

  • No serás capaz.

  • No me pongas a pruebas.

  • Si crees que así conseguirás que no escriba a tu padre estás muy equivocada. - Dijo, levantándose un poco de la silla para poder encararla. - Se acabó Leah, no voy a dejar que me chantajees. Si antes estaba decidido a avisar a tus padres, ahora estoy completamente convencido de que es lo mejor. No puedes salirte siempre con la tuya, deja de comportarte como una princesita malcriada y madura de una vez.

  • No soy el que se está tirando a una cría de 15 años. ¿Haces eso con todas tus alumnas o solo con ella? ¿Piensas dejarla en cuanto puedas ligarte a otra niña indefensa que te mire como si fueras un ser superior? - Remus tuvo que contenerse para no abofetearla debido a sus palabras y, sobre todo, a su mirada altanera.

  • 20 puntos menos para Gryffindor. - Masculló él antes de señalar la puerta. - ¡Y ahora fuera! ¡Las dos!

Se levantaron de las sillas y salieron rápidamente al pasillo. Lyra interrogó a Leah con la mirada, que suspiró antes de empezar a hablar.

  • Kate se lo contó a Adèle. - Le explicó. - Angela y ella son muy amigas y se suponía que era un secreto y no podía decírselo a nadie, pero se le escapó delante de ella y Adèle me lo comentó el otro día. Llevan viéndose unas semanas, todo empezó con ella viniendo a su despacho a preguntarle algunas dudas.

  • Remus podría meterse en un buen lío si alguien se enterara.

  • Lo sé y no pensaba decirlo, solo quería evitar que le contara a mis padres lo que hemos hecho. - Suspiró otra vez. Se sentía fatal, no debería haberle dicho todas esas cosas. ¿Pero qué le pasaba? - Siento habernos metido en un lío todavía peor.

  • Bueno, ahora solo nos queda esperar los vociferadores.

  • O las cartas llenas de reproches, no sé yo qué es peor.

Las dos llegaron a la Torre de Gryffindor y subieron a su dormitorio en silencio, aunque sus compañeras todavía no dormían, sino que charlaban las unas con las otras. Empezaron a cambiarse, pero Leah se detuvo antes de ponerse el pijama. Cogió una bata y se la puso por encima antes de salir del cuarto. Lyra no tuvo que preguntarle nada para saber hacia dónde se dirigía, ni el resto de sus compañeras tampoco. Adèle y las otras dos chicas pusieron los ojos en blanco y Amber tuvo que morderse la lengua. La morena cruzó hasta los dormitorios de los chicos y entró al de séptimo sin pegar. Cuando la vieron allí, todos interrumpieron sus conversaciones.

  • Fuera.

No hizo falta que dijera nada más. Todos, exceptuando a Chad, se pusieron de pie y salieron del dormitorio. Ya estaban más que acostumbrados a eso así que sabían que, cuanto antes salieran, antes podrían volver. Una vez hubieron salido, Leah hizo un par de hechizos para bloquear la puerta y silenciar cualquier ruido y se quitó la bata, quedándose en ropa interior. Chad, que seguía sentado en su cama, enarcó una ceja, pero no pudo evitar sonreír. Le hizo un hueco y ella se sentó junto a él.

  • ¿Crees que soy una mala persona, una princesita malcriada e inmadura? - Le preguntó entonces, fijando sus ojos en los suyos.

  • ¿Por qué dices eso? - Él acarició su pelo con delicadeza. Fuera lo que fuera lo que le había pasado, estaba realmente afectada, tenía los ojos más brillantes de lo habitual y el labio inferior le temblaba un poco.

  • Tú solo contesta a mi pregunta.

  • Pues no, no eres una mala persona, ni una malcriada, ni mucho menos una inmadura, aunque un poco princesita sí. - Sonrió un poco al decir aquello y le arrancó a ella también una sonrisa. - No sé quién te ha dicho eso, pero se equivoca.

  • ¿Puedes hacerme sentir mejor?

  • Déjamelo a mí.

Chad la besó y ella notó su cuerpo destensare. Lo necesitaba más de lo que estaba dispuesta a reconocer.


Ay, Leah. Desde luego esta vez se ha pasado de la raya, pobre Remus...

En fin, hola a todos ^^ Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ;)

Muchos besos y nos leemos el viernes,

María :)