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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 24
Las respuestas de los Potter y los Malfoy no tardaron en llegar. A la mañana siguiente tanto Leah como Lyra recibieron vociferadores de sus madres y cartas de sus padres.
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"Debería darte vergüenza comportarte así, tienes que aprender de tu hermano, él sí que sabe comportarse como es debido en el colegio. El pobre Remus ha tenido que escribirnos porque estás completamente descontrolada, ¿a ti eso te parece normal? No vamos a pasarte ni una más, Leah, más te vale empezar a comportarte como es debido, ya tienes una edad, no eres ninguna cría. Se acabó, las cosas van a ponerse serias a partir de ahora, vamos a tener una larga conversación cuando vuelvas a casa".
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"Te lo advertí Lyra, te dije que te comportaras este año, ¿qué clase de ejemplo le estás dando a tus hermanas? Se supone que tú eres la mayor y que deberían aprender de ti, pero no, tú te comportas mucho peor que ellas, deberías estar avergonzada. Que sea la última vez que tiene Remus que escribirme pidiéndome ayuda para controlarte, el pobre está allí trabajando, no haciéndote de niñera y, desde luego, ni se te ocurra volver a engañar a tu pobre auror para salir a hacer el gamberro. Pobre chica, estoy segura de que si hubiera sabido cómo eras jamás habría aceptado el puesto. Es tu última oportunidad, te lo digo en serio. Replantéate lo que estás haciendo".
Tanto Dan como Orion se levantaron en cuanto ambas voces se extinguieron y se dirigieron desde la mesa de Hufflepuff, donde ambos estaban desayunando con sus novias, hasta la de Gryffindor para hablar con sus hermanas, que estaban leyendo las cartas. El menor de los Potter abrazó a su hermana por la espalda y empezó a leer también frases sueltas: "Deberías empezar a comportarte"; "Entiendo que quieres divertirte y que ahora te parecen buenas ideas, pero no lo son"; "Te estás pasando de la raya"; "¿Cómo se te ha ocurrido chantajear a Remus?", pero lo que más le sorprendió fue la última frase. Jamás creyó que su padre pudiera decirle eso a su hermana. *"Me has decepcionado".*La chica apretó los labios al leer aquello y arrugó la carta.
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Leah…
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Papá me odia.
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Claro que no. - Se agachó junto a ella e hizo que se diera la vuelta para quedar cara a cara. - Es solo que no se esperaba una carta de Remus. Este año todavía no habían tenido que venir y no se imaginaba esto.
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¿Pero qué habéis hecho? - Se atrevió a preguntar Orion, que tenía los hombros de su hermana rodeados con un brazo y sostenía la carta de su padre en la mano. No era mucho mejor que la otra, también cargada de reproches y decepción.
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Remus nos vio después de que hiciéramos lo que habíamos planeado. - Explicó la rubia en un murmullo. - Le dijimos que todo tenía una explicación, pero no quisimos contarle nada así que asumió que se trataba de una de nuestras bromas y dijo que iba a avisar a nuestros padres.
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Y entonces yo intenté chantajearlo. - Siguió la morena. - Creo que no le sentó demasiado bien.
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¿Qué le dijiste? - Preguntó su hermano.
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Que contaría que está liado con Angela Shepard. - Susurró la chica.
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¿Qué? - Orion abrió mucho los ojos. - Lo pueden echar e, incluso, denunciar. Ella es menor.
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Lo sabemos. - Lyra asintió. - Fue una medida desesperada, pero Leah no pensaba decir nada, solo asustarlo para que no escribiera.
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A saber lo que les ha contado para que mi padre me haya escrito esto. - Negó con la cabeza y se cruzó de brazos. - Me ha dicho que me estoy pasando, él, James Sirius Potter, el terror de Hogwarts durante muchos años. ¿Pero qué cree que he hecho?
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No tengo ni idea, - La otra suspiró. - pero nada bueno, desde luego. Estoy segura de que lo ha exagerado todo. Encima que estábamos intentando hacer algo bueno…
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Esto no va a acabar aquí.
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Leah… - Dan la miró preocupado.
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No pienso decirte nada, eres el Delegado y podrías detenerme. - Se puso de pie y le guiñó un ojo a su amiga. - Luego te cuento, he tenido una idea genial.
Lyra asintió con una media sonrisa. Nadie había dicho que por haberse convertido en la resistencia, no pudieran seguir siendo ellas.
- Buenos días, chicos. - Remus entró sonriente al aula aquel viernes y se sentó sobre el escritorio como siempre. - Espero que hayáis practicado el hechizo que os dije el otro día porque hoy vamos a dedicar la primera parte de la clase a hacer esa trasformación y la segunda a teoría así que, sacad vuestras varitas y…
No pudo terminar la frase porque, de repente, dos columnas de chispas salieron de sus lados y tuvo que contener un grito de sorpresa. Muchos empezaron a reír y, justo entonces, un montón de animales de fuego se dirigieron hacia él, que intentó moverse de su sitio y coger la varita, pero que no lo logró ya que se había quedado pegado a la mesa. Justo cuando los animales iban a alcanzarlo volaron hacia arriba y, del techo, cayó un líquido amarillento y apestoso que lo empapó por completo. Todos los chicos de la clase estallaron en carcajadas y Leah y Lyra chocaron la mano por debajo de la mesa. La morena agitó la varita y Remus pudo despegarse por fin de la madera. Las miró enfurecido y las apuntó con un dedo de forma acusadora.
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Leah Anne Potter y Lyra Jean Malfoy.
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Creía que en clase éramos la señorita Potter y la señorita Malfoy, Remus. - Lo interrumpió Leah.
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Ni se te ocurra hablar, os habéis pasado, vais directas al despacho del director. - Se acercó a ellas e intentó cogerlas del brazo.
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A mí con ese olor ni te me acercas. - Dijo Lyra.
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A mí menos.
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Os aguantáis. - Las agarró con fuerza y las obligó a levantarse.
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No tienes pruebas, no puedes culparnos así como así. - Trató de defenderse la morena. - Y no aprietes tanto, me estás haciendo daño.
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No necesito pruebas para saber que habéis sido vosotras. - Apretó los dientes y tiró de ellas hacia la puerta. - ¡La clase ha terminado! Señor Potter, encárguese de recoger las cosas de las dos.
Las sacó del aula y las llevó hasta el despacho rápidamente y sin pronunciar palabra. Estaba furioso con ellas, ¿cómo se habían atrevido? Estaban en un buen lío. Pronunció la contraseña y las empujó escaleras arriba.
- Que ya vamos, no hace falta ser tan bruto.
- Masculló por lo bajo la rubia.
Pegó en la puerta del despacho y, en cuanto el hombre le dio permiso, abrió y los tres pasaron al interior.
- ¿Pero qué ha pasado? - Neville abrió mucho los ojos al ver el aspecto de Remus.
Él le describió con todo lujo de detalles todo lo que había pasado y el hombre no pudo evitar ponerse completamente rojo. Aquello había sido demasiado.
- Esto es muy grave. - Señaló las dos sillas frente a su despacho y las dos se sentaron. - No es una falta como cualquier otra, voy a llamar inmediatamente a vuestros padres, debemos hablar sobre vuestra permanencia en este colegio.
Las chicas palidecieron al escuchar aquello. ¿Expulsarlas? Ahora sí que estaban en un buen lío. El director conjuró cuatro patronus con prácticamente el mismo mensaje y los envió a los padres de las chicas que no tardaron en aparecer. El primero en llegar fue James Potter que, tras echar un vistazo a Remus, miró a Leah sin saber qué decir; después llegó una enfadada Rose Malfoy, seguida a los pocos segundos de su esposo. La última en llegar fue Lizzy Collins, que le dedicó una mirada de profunda decepción a su hija mayor.
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Me alegra que hayáis podido venir los cuatro, por favor, tomad asiento. - Dijo el hombre. - Espero no haber interrumpido nada importante, pero se trata de un asunto muy grave.
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¿Qué han hecho ahora? - Lizzy se cruzó de brazos y apretó un poco los labios.
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Han preparado una pequeña broma para Remus.
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Señaló al chico con la cabeza. - Han puesto dos cañones de chispas en su escritorio, le han lanzado animales de fuego y después le han tirado…, bueno, ya podéis verlo.
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¡Leah! - Exclamó su madre, enfadada. Se levantó y se acercó a Remus. - Lo siento mucho, de verdad, ¿estás bien?
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Sí, Lizzy, no te preocupes, es solo que no he podido ignorarlo sin más.
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Has hecho bien, está descontrolada. - Miró a su marido, que estaba aguantándose la risa y lo fulminó con la mirada. - ¡James!
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Oh, sí, lo siento. - Miró a su ahijado. - Remus, has hecho bien al avisar al director. Nosotros nos encargaremos ahora de esto.
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¿Cómo has podido, Lyra? - Su madre la miraba profundamente decepcionada. - Esto es muy grave, no puedes atacar a un profesor en mitad de una clase porque ha tenido el valor de contarnos lo que haces.
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Mamá…
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Chicos, no sé cómo deciros esto pero, después de lo que ha pasado, estoy considerando la expulsión, sería el castigo más apropiado.
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¿Qué? - Los cuatro adultos palidecieron.
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No quiero hacerlo, de verdad, pero no sé qué hacer ya con ellas. - Neville suspiró. - Creía que este año las cosas habían cambiado.
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¿Nos va a expulsar entonces? - Leah tragó saliva y Lyra, a su lado, enterró la cara entre las manos.
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No lo sé.
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Por favor, dales una última oportunidad. - Dijo Rose rápidamente. - Nos encargaremos personalmente de que no hagan nada más, Neville.
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Sí, por favor. - Intervino James. - Se comportarán a partir de ahora, lo prometemos. Si las expulsas perderán el año.
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Sabéis tan bien como yo que no podéis prometerme eso. - El hombre suspiró. Sabía que no podían evitarlo, que ese comportamiento era parte de ellas. - Sin embargo, les daré una última oportunidad pero chicas, una sola bromita más y quedaréis expulsadas de inmediato, ¿os ha quedado claro?
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Sí, director. - Murmuraron las dos, aliviadas aunque un poco preocupadas. A partir de ese momento tenían que tener todavía más cuidado a la hora de enfrentarse a esa gente.
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Remus y yo tenemos que discutir sobre vuestro castigo, de momento le quitaré 200 puntos a Gryffindor, 100 de cada una. - Suspiró. - Os dejaré unos minutos a solas para que podáis hablar con vuestras hijas.
Neville salió de la clase seguido por Remus y los seis se quedaron solos. Lizzy y James miraron a Leah, que se encogió un poco en la silla, unos instantes antes de empezar a gritarle, al igual que hicieron Rose y Scorpius con Lyra.
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¡Esto es inadmisible! - Exclamó la pelirroja. - No sé qué vamos a hacer contigo, ¡han estado a punto de expulsarte! ¿No te das cuenta de lo grave de la situación?
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Lyra esta vez has ido demasiado lejos.
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Lo sé, lo siento.
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¿Que lo sientes? ¿Crees que eso cambia algo? - Su madre bufó. - Una sola cosa más y estarás fuera de Hogwarts.
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Te mandaremos a Durmstrang, a ver si allí aprendes un poco de disciplina al menos. - Dijo Scorpius, cruzándose de brazos.
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¿Qué? ¿A Durmstrang? - La rubia abrió mucho los ojos. - ¡No! Ya sabéis cómo son con las artes oscuras, no quiero ir allí.
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Pues no nos obligues a mandarte.
Lyra asintió y guardó silencio. Miró de reojo a su amiga, que discutía acaloradamente con su madre.
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Pero mamá te digo que esa carta estaba completamente sacada de contexto.
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Ya, claro, y yo te creo. - La mujer negó con la cabeza. - Atacaste a unos niños sin justificación y chantajeaste al pobre Remus a saber con qué.
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Había una justificación, ¡no era una broma ni nada de eso!
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Leah, deja de insistir. - Lizzy negó con la cabeza. - Una sola cosa más y vas directa a Beauxbatons, quizás allí aprendas a comportarte como es debido.
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¿A ese colegio de niñas pijas? - Abrió mucho los ojos. - ¡Ni hablar!
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Ya está decidido, así que cuidado con lo que haces. - Miró a su marido que estaba callado y enarcó una ceja. - Y tú dile algo, ¿no? Deja de reírle cada una de las gracias.
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No le río las gracias.
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Claro que lo haces, siempre lo has hecho, desde que era pequeña. - Lo señaló de forma acusadora. - Esto es tu culpa.
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¿Mi culpa? - James abrió mucho los ojos. - Estás de broma, ¿verdad?
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Por supuesto que no. Si no te hubieras pasado toda la vida animándola y contándole historias sobre lo que Fred y tú hacíais ahora no estaríamos en esta situación.
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Ah, claro, siempre es culpa mía y de mis genes. - La miró con un poco de arrogancia y le dedicó una media sonrisa. - Te recuerdo que no fue a mí a quien estuvieron a punto de expulsar de Hogwarts. ¿Buscamos tu expediente, Elizabeth?
Leah abrió mucho los ojos. ¿Habían estado a punto de echar a su madre del colegio? Aquello era muy fuerte. Lizzy apretó los dientes y los puños con fuerza.
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No me vengas con esas, James Sirius, sabes tan bien como yo que eso estuvo más que justificado y, además, lo hice por ti, no sé si te has dado cuenta pero cada vez que yo hacía algo tú estabas involucrado. ¡Me pasé meses limpiando este castillo por tu culpa!
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¡Y volvemos con lo de que todo es mi culpa!
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Es que eres un irresponsable, siempre lo has sido y Leah ha salido a ti.
Su hija bajó la mirada y trató de tranquilizarse al ver a su madre así. Le habían entrado ganas de llorar, como cada vez que los veía discutir. Sus padres peleaban mucho, desde siempre, pero últimamente siempre estaba ella en medio de la discusión y no podía evitar pensar que si algún día se divorciaban sería su culpa. Una lágrima recorrió su mejilla, pero se la limpió rápidamente antes de que alguien pudiera verla.
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Elizabeth esto es culpa de los dos, si no hemos sabido educar a nuestra hija…
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Yo sí que he sabido educarla. - Lo cortó ella. - Yo siempre he sido la mala para ella, la que la regañaba, la que le decía lo que se hacía y lo que no, la que le marcaba los límites, mientras que tú te has limitado a defenderla y malcriarla. ¿Te crees que ha sido fácil para mí? Pues no, pero alguien tenía que hacerlo y como tú no estabas dispuesto…
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Entonces el malo soy yo, ¿no?
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Tengo que irme, tengo una reunión.
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¿En el congreso internacional? - Susurró Leah atrayendo la mirada de sus padres.
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Sí, empezó hace unas horas y estaremos allí hasta pasado mañana. - Suspiró. - Espero que todo te haya quedado claro, Leah.
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Me encanta que tengas siempre una excusa para marcharte cuando tú quieres.
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Cállate, James. - Lo fulminó con la mirada.
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Me voy, ya volveré a casa cuando esto termine en un par de días.
Lizzy se desapareció y las palabras de James murieron en su boca. Los otros dos adultos terminaron la conversación y al final los tres se marcharon. Lyra y Leah se pusieron de pie y salieron del despacho en silencio y a paso lento. Aquello se les había ido de las manos.
Buenos días a todos ^^
La verdad es que Leah y Lyra se han pasado MUCHO, tienen que aprender a medir sus acciones... Y James y Lizzy en la misma línea de siempre, estos dos no cambian xD
Espero que os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios.
Muchos besitos y pasad un buen fin de semana,
María :)