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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 3

  • ¡Si no os dais prisa no os dará tiempo a desayunar y os recuerdo que el viaje es muy largo!

  • Yo ya estoy listo, mamá, falta la princesita. - Respondió Dan Potter entrando a la cocina. Dio un beso en la mejilla de su madre antes de sentarse y coger una tostada.

  • Te he oído, enano. - Leah fulminó con la mirada a su hermano mientras entraba en la habitación, colocándose bien el escote de su blusa.

  • Solo por diez minutos. - Se quejó él.

  • Los peores diez minutos de la vida de mamá.

  • Eso no fue así, ya os lo he dicho muchas veces. - Murmuró su madre, Lizzy, un poco sonrojada. - Además, te queremos mucho, Dan. No puedo creerme que ya seáis tan mayores, vais a empezar vuestro último año en Hogwarts.

  • Mamá, por favor, no te pongas sentimental que esto también es duro para nosotros.

  • Mis pequeños…

  • Por favor, cuánto amor mañanero. Creo que voy a tomarme un café solo para contrarrestar tanta dulzura.

  • Me encanta tu buen humor por las mañanas. - James Potter entró también a la sala. Le dedicó una sonrisa burlona a su hija antes de acercarse y, tras sujetarla, empezar a hacerle cosquillas. La chica lanzó una carcajada y pataleó un poco mientras su madre y su hermano negaban con la cabeza. - Lo echaré de menos cuando estés en el colegio.

  • Ayy, déjame papá. - Se quejó, intentando librarse de él, aunque sin parar de reír. Cuando la soltó, se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. - Yo también te echaré de menos.

  • ¿Quién es ahora la empalagosa?

  • Cállate, Dan.

Le lanzó una servilleta a su hermano y ambos empezaron a reír.

  • Desde luego, no hay quién os entienda. - Se quejó su madre. James se acercó a ella y le dio un rápido beso.

  • Es que mi humor es muy especial, a veces creo que solo Lyra lo entiende.

  • Lo que yo no sé es cómo la pobre te aguanta. - Contraatacó otra vez su hermano.

  • Lo mismo me pregunto yo de Alex y mira, lleváis año y medio saliendo. - Replicó Leah con una media sonrisa.

  • Venga, ya está bien por hoy chicos, tenemos prisa. - Su padre sonrió. Le encantaba su familia, sus hijos eran únicos desde luego. - No querréis perder el tren en vuestro último año, ¿verdad?

  • No es mi intención. - Su hija abrió el periódico y comenzó a leer mientras desayunaba, aunque no tardó en dejarlo sobre la mesa de mala gana y con cara de asco. - No sé por qué seguimos leyéndolo, desde que echaron a la abuela y a Martha es una mierda.

  • Leah. - La reprendió Lizzy.

  • Cada día te pareces más a tu madre, cielo.

  • Comentó James riendo.

  • No, es solo que no puede decir eso así como así tal y como está la situación ahí fuera. - Respondió ella, cruzándose de brazos. - Lo de mi madre era ilógico.

  • Lo que tú digas. - La besó en la mejilla y ambos sonrieron.

Leah puso los ojos en blanco antes de terminar de beberse su café de un trago. Cogió una tostada, la untó en mantequilla y se puso de pie. - Me como esto mientras reviso mi cuarto una última vez, ¿vale?

  • Sí, pero date prisa. - Dijo su madre. - Aunque este año podáis apareceros, no podemos llegar justos de tiempo.

  • Vale, mamá.

Leah salió de la cocina y subió rápidamente las escaleras. Su baúl estaba ya en el pasillo, al igual que su lechuza. Se apoyó en el marco de la puerta y contempló el dormitorio lentamente, intentando recordar si había olvidado algo. Repasó mentalmente las cosas y se dio una vuelta rápida, pero parecía que lo tenía todo preparado. Suspiró y cogió un portafotos que siempre tenía en su estantería: Dan y ella de pequeños junto a sus padres.

  • ¿Nerviosa?

Se giró hacia la puerta, donde su hermano estaba apoyado de forma despreocupada. Le dedicó una media sonrisa y soltó el marco antes de contestar.

  • Más bien un poco triste, no me puedo creer que ya vayamos a séptimo.

  • Mamá está al borde del ataque nervioso. - Respondió él.

  • Lo sé, pero siempre que nos vamos se pone así, deberías estar acostumbrado ya. - Leah se encogió de hombros. - ¿Qué clases te has cogido al final?

  • Herbología, Pociones, Defensa, Encantamientos, Transformaciones y Cuidado de las Criaturas Mágicas. - Enumeró el chico. - Las necesarias para ser sanador y las demás porque me gustan. ¿Y tú?

  • Las mismas, pero en vez de Cuidado he cogido Estudios Muggles. - Contestó ella.

  • Te encantan los muggles. - Comentó Dan con una media sonrisa y enarcando una ceja. Era evidente que eso iba con un doble sentido.

  • Oh, cállate, no todos estamos prácticamente casados. - Le sacó la lengua y él le dedicó un gesto burlón. - Supongo que compartiremos alguna que otra clase. ¿También alguna con tu querida Alex?

  • Sí, hemos cogido casi lo mismo.

  • Espero que no os pongáis demasiado cariñosos aunque, conociéndoos, lo dudo mucho. - Leah rió y su hermano la fulminó con la mirada. Siempre se metía con ellos.

  • No todos somos como tú, princesita.

Leah tuvo que morderse la lengua. Odiaba que la llamaran así y su hermano lo sabía, por eso lo utilizaba contra ella.

  • ¡Chicos, vamos!

La voz de su madre retumbó por toda la casa y ellos se apresuraron a bajar sus cosas. Una vez en el salón, no tardaron en desaparecerse para llegar, cuanto antes, a la estación. Aparecieron cerca de esta y no tardaron en infiltrarse entre los grupos de muggles que andaban de forma rápida por los pasillos. Cuando llegaron a la entrada del andén, James cruzó con Leah y Lizzy con Dan. La plataforma ya estaba llena de gente, por lo que se acercaron unos a otros.

  • ¿Dónde estarán? - Preguntó Lizzy mirando a su alrededor sin parar. - No los veo entre tanta gente.

  • No hay tantas pelirrojas. - Comentó James, imitándola. - Supongo que estarán todos juntos.

  • Seguramente… - Su mujer suspiró. ¿Pero dónde se habían metido? Apenas faltaban diez minutos para que saliera el tren.

  • ¡Allí están! - Exclamó Dan señalando un grupito en el que destacaban cuatro melenas rojas.

Se acercaron allí rápidamente. Los Malfoy y Potter estaban allí, junto a los Scamander. Lyra fue la primera en verlos. Le dio en el hombro a su madre y los señaló con una amplia sonrisa. La pelirroja también sonrió. Todos empezaron a saludarse. Lyra y Leah se abrazaron y se alejaron un poco del grupo, para poder hablar.

  • ¡Tía que ya es nuestro último curso! - Exclamó la rubia, emocionada.

  • ¡Lo sé! - Volvieron a abrazarse. - Es nuestra última oportunidad para hacer algo grande, Lyra.

  • Tenemos que pensar algo muy bueno, le pediremos ayuda a Gideon si hace falta para que nos suministre productos de la tienda.

  • Nadie va a olvidarse en este castillo de nosotras. - Chocaron la mano y sonrieron.

  • ¿Ya estáis maquinando algo?

  • Como siempre, Jane, como siempre, pero no podemos decirlo delante de unos prefectos. No queremos que nos detengáis antes de saber si quiera qué hacer. - Leah pasó un brazo sobre los hombros de su prima y le dio un beso en la mejilla. - Hola, Orion.

  • Hola, Leah.

  • ¡Leah!

Cassie y Carina Malfoy se acercaron a ella, seguidas de sus otros tres primos: Thomas Potter y Harry y Gin Scamander. Las dos mayores intercambiaron una rápida mirada antes de que la morena empezara a saludar al resto de los presentes. Terminarían su conversación en el tren.

  • ¿Cómo está mi preciosa ahijada?

  • Hola, tita. - Leah le dio un beso a su tía Lily.

  • Por cierto, gracias por la blusa, me encanta.

  • Te queda muy bien. - Respondió ella mirando a su sobrina de arriba abajo. Sonrió. Después de todo lo que James la había intentado sobreproteger a ella, no podía evitar sentir una cierta satisfacción al saber que no podía controlar a su propia hija. - Estás guapísima, cielo. Seguro que vas a romper corazones este año en Hogwarts.

  • Esa es mi intención, pero no se lo digas a mis padres. - Las dos empezaron a reír.

  • Soy una tumba.

El silbato del tren sonó y todos comenzaron a despedirse rápidamente de sus padres.

  • Chicos, escribidnos mucho, ¿vale? - Dijo Lizzy. - Y, por favor Leah, compórtate. No queremos volver a recibir dos cartas semanales.

  • Sí, mamá. - Dijo ella, poniendo los ojos en blanco.

  • Espero que ese sí no signifique que serán tres.

  • Me conoces demasiado bien.

  • Por Merlín, Leah…

  • Pero me quieres. - La chica abrazó a su madre, que le devolvió el abrazo con fuerza.

  • Mucho, hija, mucho.

  • Y yo a ti también. - Le dio un beso en la mejilla. - Intentaré que no me pillen tan a menudo.

  • Ay, Leah.

  • Debería quitarte la capa, pero sería muy hipócrita por mi parte. - James sonrió antes de abrazar a su hija. - No te metas en muchos líos, anda.

  • Los líos me persiguen, papá, será el gen Potter.

  • Eso será. - Se separó de ella con una sonrisa y abrazó a su hijo. - Dan, ya sabes lo que te dije. Ten mucho cuidado con todo, especialmente con Alex.

  • Que sí, papá. - El chico se separó de él rojo debido a la vergüenza. Su madre le dedicó una tierna sonrisa. - Adiós, mamá.

  • Escríbenos, ¿vale? Y trata de controlar a tu hermana, señor Delegado.

  • Eso ya lo veo más difícil. - Sonrió y le dio un beso en la mejilla. - Os veré en Navidades.

  • Por favor, Lyra, por favor, no quiero seguir recibiendo esa cantidad de cartas. - Le pedía su madre. Su hija mayor era incorregible. - Hazlo por Carina, ¿qué ejemplo le estás dando comportándote así?

  • Lo que tú digas, mamá.

  • Scorpius, dile algo a tu hija. - Se quejó Rose. Sabía que a ella jamás le haría caso.

  • Lyra, ya has oído a tu madre, compórtate por una vez, estás en tu último año. - La abrazó. - Si haces algo, procura que no te pillen, que el que tiene que soportar sus quejas luego soy yo, ¿de acuerdo?

  • Vale, papá. - La chica lanzó una carcajada.

  • Además, ¿por qué queréis que yo sea una aburrida? Para eso ya tenéis a Orion el prefecto.

  • Que ganas tengo de empezar a quitarte puntos, hermanita. - Replicó él, que acababa de despedirse de su madre.

  • Para eso primero tendrías que pillarme con las manos en la masa y no vale pedirle el mapa a Jane para descubrir mis planes con Leah.

Scorpius puso los ojos en blanco y Rose suspiró mientras ambos terminaban de despedirse de sus dos hijas pequeñas. Desde luego, los dos mayores eran un caso.

  • Jane, cariño, escríbenos a menudo, ¿vale? - Pidió su madre. Su hija era muy olvidadiza y les escribía muy poco, en su opinión. - Y sigue como hasta ahora, recuerda que estamos muy orgullosos de ti.

  • Sí, mamá. - La abrazó con un fuerte nudo en su estómago. A veces se sentía demasiado presionada, pero no quería decírselo.

  • Te queremos, cariño, nos veremos pronto. - Albus, que acababa de despedirse de su hijo, la abrazó. - Sigue como hasta ahora y todo siempre te irá bien.

El tren volvió a silbar y todos se subieron rápidamente. Lily y Lorcan se despidieron de sus hijos rápidamente y estos se montaron en el tren apenas unos instantes antes de que este saliera. El Expreso de Hogwarts empezó a avanzar y los alumnos se despidieron una última vez a través de las ventanas. Empezaba un nuevo curso.


Hola a todos y feliz lunes ^^

No sabéis las ganas que tenía ya de subir el primer capítulo (oficialmente hablando) de la historia y poder presentaros un poco mejor a los personajes ^^

A todos los que estáis hechos un lío quería deciros que tranquilos, es normal. Son muchos nombres nuevos y todavía no sabéis muy bien quién es quién (yo, de hecho, tuve que hacerme un esquema a colores para no liarme cuando empecé a escribir la historia jajaja).

Muchas gracias por todo vuestro apoyo, ya llevamos más de 500 visitas y 60 favoritos, ¡y eso que ni siquiera había subido el capítulo! Gracias, de verdad, y espero vuestros comentarios ;)

La cuarta generación llega pisando fuerte.

Muchos besos y nos leemos el miércoles,

María :)