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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 34

Lyra se miró una última vez en el espejo antes de salir de su dormitorio. Había quedado con Leah en el Callejón Diagón para pasar la tarde juntas y, aunque sabía que su amiga no era precisamente puntual, no quería llegar demasiado tarde. Recorrió el pasillo rápidamente y bajó hasta el salón, donde estaban su madre, Carina y su abuela Astoria viendo una película en la televisión - a sus abuelos todavía les sorprendía aquel aparato muggle -.

  • Me voy ya. - Anunció apoyándose en el marco de la puerta.

  • ¿A qué hora volverás? - Le preguntó Rose, un poco preocupada. Tal y como estaban las cosas no le gustaba que su hija anduviera sola por la calle, pero no podía  encerrarla sin más.

  • No muy tarde, además, la auror se viene conmigo, no tienes por qué preocuparte. - Contestó con una media sonrisa. - Solo voy a mirar algunas tiendas, no va a pasarme nada.

  • Ten cuidado de todas formas, ¿vale?

  • Que sí, pesada.

  • De pesada nada, solo me preocupo por tu seguridad.

  • Tu madre tiene razón, Lyra. - Intervino su abuela, dedicándole una sonrisa preocupada. - No os alejéis del centro y no te separes de la auror.

  • De verdad, ¿qué creéis que va a pasarme? - Puso los ojos en blanco antes de acercarse y darle un beso a cada una y revolverle un poco el pelo a su hermana. - Bueno, ya es la hora, lo mejor será que me vaya, a ver si Leah aparece pronto por una vez.

  • Hasta luego, cielo. - Se despidió su madre.

  • Adiós.

Dicho esto intercambió una mirada con la auror y se desapareció para aparecer de nuevo en el Caldero Chorreante. Saludó a Frank Longbottom, el hijo del director, que estaba en la barra ayudando a su madre y se sentó, aunque apenas tuvo que esperar unos minutos. Leah llegó acompañada de Dan y Matt con una expresión un poco molesta.

  • Bueno chicos, ya podéis iros, Lyra está allí. - Dijo la morena, señalándola.

  • ¿No nos dejas saludarla? - Le preguntó su hermano enarcando una ceja. La rubia se levantó de su asiento y se acercó a ellos, un poco extrañada por su comportamiento.

  • ¿Qué pasa?

  • Mi padre está en modo paranoico y no quería que saliera de casa sola, así que les ha dicho a estos que me acompañaran. - Explicó Leah, señalando a los chicos con la cabeza.

  • También veníamos aquí. - Replicó su hermano. - Además, un poco de razón sí que tiene.

  • Tranquila, mi madre estaba igual, me ha dicho que tenga cuidado un millón de veces y vengo con carabina. - Señaló a la chica que todavía seguía sentada.

  • Por Merlín, ni que fuera a pasarnos algo. - Se quejó la morena.

  • Eso mismo opino yo. - Su amiga suspiró. - ¿Nos tomamos algo antes de ir de tiendas?

  • Me parece bien, vamos a pedir. ¿Vosotros dos os quedáis?

  • Tenemos planes. - Matt se encogió de hombros. - Pasadlo bien, chicas.

  • Hasta luego. - La mayor de los Potter se despidió con un gesto con la mano antes de dirigirse hacia la barra. - Hola, Frankie, ¿no está hoy por aquí mi prima?

  • No, Dora tenía que trabajar, pero creo que dijo que se pasaría más tarde. - Respondió el chico sonriendo. Llevaba casi dos años saliendo con la metamorfamaga y era prácticamente uno más de la familia. - ¿Qué os pongo?

  • Tres cervezas de mantequilla, por favor. - Pidió Lyra.

  • En seguida. - El chico empezó a prepararlas, aunque no dejó de hablar. - Me han dicho que casi os ganáis la expulsión, tenéis a mi padre contento y a Dora también. Menuda bromita le hicisteis a Remus.

  • Solo fue una tontería de nada. - Contestó la morena.

  • Sí, es que a la gente le gusta exagerar mucho. - Corroboró la rubia. - Además, ya ha pasado un tiempo desde eso y no hemos tenido que volver a pisar el despacho de tu padre.

  • Bueno, yo sí. - Frank la interrogó con la mirada y ella suspiró. - Solo me subí a una mesa del comedor para pedirle a un chico que viniera conmigo al baile.

  • Qué romántica.

  • Ni en broma, fue solo una medida desesperada. - Replicó.

  • No la escuches, Frank. Es una cabezota, pero todos sabemos que tiene su corazoncito. - La mayor de las Malfoy le guiñó el ojo antes de soltar unas monedas sobre el mostrador y coger dos jarras. - Anda, vámonos, tenemos mucho que hacer. Ya nos vemos, Frank.

  • Hasta luego, Frankie.

  • Adiós, chicas, tened cuidado.

Las dos volvieron a la mesa y le dieron una de las cervezas a la auror, que sonrió en agradecimiento. Al final tanto ella como las dos chicas se habían acostumbrado a aquella situación y no se llevaban del todo mal. Hablaron de cosas sin mucha importancia mientras se bebían sus respectivas jarras y, una vez hubieron terminado, salieron del local dispuestas a pasar la tarde mirando diversas tiendas y paseando.

  • ¿Dónde quieres ir primero? - Preguntó Leah.

  • Quiero comprarme un libro, pero si quieres mirar primero ropa podemos ir a la tienda de la prima Molly.

  • Sí, mi madre dice que había unos vestidos nuevos preciosos, deberíamos ir. - Contestó Lyra.

La otra asintió y se dirigieron hacia allí. Estuvieron un buen rato dentro con Molly - que aquel día estaba en la tienda - mirando y probándose distintas prendas hasta que finalmente se decidieron. La rubia compró un vestido de diario de manga larga y falda hasta la rodilla de color rojo y la morena una falda alta de color verde oscuro y una blusa beige con escote en la parte de la espalda. Salieron e iban hacia la librería cuando unos hombres llamaron la atención de las chicas, que no pudieron evitar estremecerse.

  • Leah, no me dan buena espina esos. - Murmuró Lyra, removiéndose incómoda.

  • Tranquila, no pasa nada, seguro que son solo imaginaciones nuestras. - Respondió la otra, tratando de aparentar serenidad y caminando como si nada. - Vamos, no va a pasarnos nada.

  • ¿Estás segura?

  • Por supuesto, ¿cómo iban a atacarnos en medio de…?

No pudo terminar la frase. Un rayo se dirigió directamente hacia ellas y alcanzó a Lyra en el brazo. La rubia lanzó un grito de dolor y se lo agarró mientras su amiga y la auror sacaban sus varitas y se apresuraban a responder a aquellos dos hombres. La gente comenzó a gritar y correr, asustada, sin comprender qué sucedía. La rubia notó cómo su visión empezaba a nublarse y sus piernas flaqueaban. Quiso pedir ayuda, pero no pudo. Cayó de rodillas y Leah, a su lado, contuvo un grito de preocupación. Lanzó un desmaiuscon todas sus fuerzas y, sin comprobar si había alcanzado su objetivo o no, se agachó junto a su amiga, que ya estaba prácticamente tumbada y realmente pálida. Su mano había empezado a ponerse negra.

  • ¡Dime algo, Lyra! - Le pidió, zarandeándola un poco, pero ella no contestaba. Estaba al borde del desmayo. No lo pensó ni un instante, la agarró del brazo sano y miró a la auror. - ¡Avisa a los señores Malfoy! La llevo a San Mungo.

  • ¡De acuerdo! - Respondió la otra.

Leah se desapareció y, en seguida, ambas estaban en el hospital. Al verla llegar varios sanadores se acercaron a ella y le preguntaron que qué había pasado.

  • Nos han atacado en el Callejón Diagón, le ha dado un rayo, no sé qué es, supongo que alguna maldición, ha sido hace apenas unos minutos. - Explicó rápidamente, intentando tranquilizarse. No podía pasarle nada a Lyra. - Por favor, tienen que hacer algo.

  • No se preocupe, señorita, nosotros nos encargamos. - Se apresuró a responder una mujer. En seguida la pusieron en una camilla y la llevaron a una sala. La morena la siguió y no se separó de ella en ningún momento.

  • ¿Has avisado a sus padres? - Le preguntó la misma mujer, sentándose a su lado mientras otro sanador le hacía pruebas a la chica.

  • Sí, le dijo a su auror que los avisara. - Respondió, con la voz entrecortada y sin poder quedarse quieta.

  • Está bien, supongo que no tardarán en llegar pero, mientras tanto, ¿podrías ir rellenando tú este formulario?

  • Sí, claro, no se preocupe. - Asintió y cogió la hoja que la mujer acababa de sacar de una carpeta y una pluma.

  • Muchas gracias, señorita Potter.

Empezó a rellenar los papeles, aunque Rose y Scorpius no tardaron mucho en llegar. Entraron rápidamente a la habitación, donde seguían haciéndole pruebas a su hija, y Leah se levantó.

  • Por Merlín, ¿qué ha pasado? ¿Cómo está mi hija? - Preguntó el hombre, angustiado.

  • Le han lanzado una maldición. - Explicó el sanador. - Afortunadamente la han traído a tiempo y hemos podido detenerla antes de que avanzara más.

  • Menos mal. - La mujer suspiró. - Se recuperará pronto entonces, ¿verdad?

  • Sí, aunque deberá pasar aquí la noche, por si acaso, y tiene que tomarse una poción para recuperar por completo la movilidad del brazo. Como ya les he dicho, es una suerte que esta señorita la haya traído a tiempo.

  • Tenía que hacerlo, no podía dejar que nada malo le pasara. - Susurró ella.

  • Leah. - Rose se dio cuenta por primera vez de que la chica estaba también en la habitación y se acercó a ella. La abrazó con fuerza. - ¿Estás bien? ¿Saben tus padres que estás aquí?

  • No, no los he avisado todavía, pero sí, estoy bien.

  • ¿Segura?

  • Sí, Rose. - Asintió. - Pude sacar la varita a tiempo, siempre la llevo en la bota por si acaso.

  • Bien. - La pelirroja se mordió el labio. - Gracias por sacarla de allí.

  • No podía dejar que le hicieran nada. - Leah suspiró. - Deberíais terminar de rellenar los formularios, había cosas que yo no sabía. Voy a salir fuera a enviarles un patronus a mis padres, pero si necesitáis cualquier cosa avisadme, no pienso irme del hospital hasta que le den el alta.

  • Vale y, gracias, de verdad.

La chica salió de la habitación y, reuniendo todas sus fuerzas, conjuró un patronus. Una preciosa cierva apareció y ella le dijo el mensaje que debía enviar a su casa. Cuando desapareció se dejó caer sobre una silla y subió las piernas al asiento para poder abrazárselas. Recordaba perfectamente la primera vez que su abuelo había visto su patronus. Sus ojos se pusieron brillantes y dijo que era "muy Potter" y es que era evidente que Leah no podía estar más orgullosa de su familia y de todo lo que habían hecho por el mundo mágico. Por eso tenía esa forma, por su abuelo y sus bisabuelos, por lo mucho que ella los admiraba. Lizzy y James no tardaron en llegar. Nada más verla, corrieron hacia ella para comprobar que todo estaba bien.

  • Ya os he dicho que a mí ni me han rozado, tranquilos. - Les dijo, sonriendo levemente.

  • Sabía que era peligroso que salieras sola.

  • Murmuró James. - Qué susto nos has dado, menos mal que sabes defenderte. No quiero ni pensar lo que habría pasado si no hubieras reaccionado rápidamente.

  • Estoy bien, tranquilos. No podemos vivir con miedo, tenemos que seguir saliendo y continuar con nuestras vidas.

  • Ojalá todo fuera tan simple. - Su madre la abrazó y ella se aferró a su espalda con fuerza. No quería que la soltaran en aquel momento. - Menos mal que estás bien, cielo.

  • Rose y Scorpius están dentro, deberíais entrar a verlos. - Dijo cuando se separaron. - Necesitan apoyo ahora.

  • ¿Cómo está Lyra?

  • Se recuperará.

  • Esto es una maldita locura. - James se alborotó el pelo. - No podemos seguir así.

  • No podemos hacer nada tampoco. - Lizzy negó con la cabeza. - Anda, vamos a entrar a ver a estos, no puedo ni imaginarme cómo tienen que estar.

Él asintió lentamente. No quería ni pensar en cómo estaría él si la que estuviera en esa cama fuera Leah. Ya había pasado por eso con Lizzy, no quería ver en la misma situación a ninguno de sus hijos. Entraron a la habitación y la chica volvió a hacerse una bolita en la silla. Victoire llegó corriendo a los pocos minutos y, tras saludarla rápidamente y preguntarle cómo se encontraba, pasó a ver a su ahijada. Toda la familia estaba alterada, ya no solo los habían atacado a ellos, ahora estaba claro que también iban a por sus hijos. James fue el primero en salir del cuarto. Se sentó junto a su hija y rodeó su hombro con sus brazos, dejando que ella apoyara su cabeza en su hombro.

  • ¿Estás bien de verdad? - Le preguntó.

  • Sí, ha sido solo el susto, pero no han podido hacerme nada. - Contestó. - No nos lo esperábamos, no creímos que fueran a atacarnos ahí en medio. Los vimos y tuvimos un mal presentimiento ambas, pero creímos que eran solo paranoias. Bueno, yo lo creí más bien.

  • Lyra se va a poner bien.

  • Ya lo sé, pero no quiero tener miedo cada vez que salga a la calle. - Suspiró y se incorporó un poco. - Los aurores no sirven para nada, papá. Van a por nosotros y nada va a detenerlos.

  • No vais a salir de casa hasta que la cosa se tranquilice.

  • ¿Qué? - Leah abrió mucho los ojos. - No puedes estar hablando en serio.

  • Lo hemos hablado los cuatro y creemos que es lo mejor, lo más seguro. - Respondió el hombre. - Se lo diremos a los demás también. Lo más importante ahora mismo es vuestra seguridad.

  • No va a servir para nada y parecerá que estamos asustados.

  • Es que lo estamos. - Dejó que su hija volviera a acurrucarse junto a él y le dio un beso en la cabeza. - No quiero verte tumbada en una cama de hospital como a tu madre.

  • Papá, estaremos bien, saldremos de esta. - Murmuró.

  • Por supuesto que sí, pero de momento esto es lo más seguro. - James suspiró y se removió un poco en la silla, con cierta impaciencia. Leah se separó de él y, de repente, recordó que su padre aquel día tenía un partido y debía estar a punto de empezar.

  • Vete, yo se lo diré a mamá.

  • Esto es importante, no me necesitan, mis ayudantes pueden dirigir el equipo por un día. - Contestó él. - No creo que sea el momento más apropiado para marcharme.

  • Demuéstrales que no nos detendrán, que, por mucho que nos ataquen, nosotros seguiremos con nuestras vidas. - Sonrió. - Venga, estoy perfectamente y aquí no haces nada. Además, tenéis que ganar este partido sí o sí o las Arpías os adelantarán en la clasificación y ninguno de nosotros quiere darle esa satisfacción a mamá y Dan, ¿verdad?

  • Está bien. - Se puso de pie y dio otro beso en la cabeza a la chica. - Te veré luego, avisa a tu madre.

  • Lo haré, tranquilo.

James se desapareció y Leah negó un poco con la cabeza. Sabía que sus padres tenían razón, pero aquello de encerrarlos durante todas las vacaciones le parecía excesivo. Su madre no tardó en salir y ella le contó a dónde había ido su padre. Ella asintió antes de explicarle que iba a por algunas cosas que Rose le había pedido, pero que no tardaría en volver y después ambas podrían volver a casa. La chica se encogió de hombros. No pensaba irse hasta que le dieran el alta a Lyra, pero no tenía ganas de discutir con su madre en ese momento.

Poco a poco la sala de espera empezó a vaciarse y la chica no pudo evitar empezar a sentirse un poco incómoda. Llevaba horas sentada en aquella silla, sin moverse ni hacer nada. A lo mejor tendría que haberse ido con su madre cuando se lo dijo - aunque, siendo sinceros, tampoco insistió tanto, ni se lo tomó tan mal como ella había temido -. Sabía que realmente no hacía falta en el hospital, pero no podía irse sin más. Esperó en silencio hasta que unos pasos resonaron por el pasillo y su tía Caroline apareció.

  • Leah, no me digas que sigues aquí. - Dijo, sorprendida.

  • No podía irme, tita. - Se encogió de hombros y suspiró.

  • ¿Te importa si me siento contigo?

  • Claro que no.

  • Está bien. - Caro se sentó junto a su sobrina y la miró con preocupación. - Quería haberme pasado antes por aquí, pero estaba en una clínica en Francia y no me ha dado tiempo a llegar antes y tu tío está blindando la casa.

  • Ya, es normal.

  • Estás bien, ¿verdad?

  • No me han hecho nada.

  • No me refiero solo a físicamente. - Contestó la mujer. - ¿Necesitas hablar con alguien?

  • Ya he estado hablando con mi padre.

  • James es majo de vez en cuando. - Ambas sonrieron debido al comentario. Su tía había confesado mucho tiempo atrás que siempre pensó que él era simplemente un chulo y tardó mucho en entender qué había visto Lizzy en él.

  • Con su princesita lo es siempre, pero no le digas a Dan que yo he dicho eso.

  • Mis labios están sellados, tranquila. - Contestó, haciendo un gesto sobre sus labios. - Pero si necesitas algo, no dudes en avisarme, ¿vale?

  • Gracias, tita.

  • ¿De verdad vas a pasar la noche aquí?

  • Es que no quiero dejarla sola. - Confesó.

  • Sus padres están con ella y no va a pasarle nada, está en un hospital muy seguro. - La rubia suspiró. Podía entender perfectamente a su sobrina pero, después de lo que había vivido aquel día, lo que necesitaba era descansar. - Entraré a verla y te llevaré a casa.

  • Pero tita…

  • Nada de excusas. - La cortó. - Es una prescripción médica, debes descansar.

Sin dejarla decir nada más, se puso de pie y entró en la habitación. Leah suspiró. Sabía que su tía tenía razón. Lo mejor sería irse y dormir en condiciones. Cuando la mujer salió de la habitación, se puso de pie y sonrió.

  • ¿Sabes qué? Eres realmente valiente, Leah.

  • Dijo, de repente, sorprendiéndola. ¿A qué venía eso? - Rose y Scorpius han estado hablando con la auror y les ha contado lo que hiciste.

  • Solo nos defendí, hice exactamente lo mismo que ella.

  • Sí, pero el primer hechizo fue tuyo y eso dice mucho de ti. - La cogió del brazo. - Anda, vamos a casa.

Ambas cerraron los ojos y, apenas unos segundos después, llegaron a la casa de los Potter-Collins. Lizzy y James, que estaban en el sofá esperando a su hija, se incorporaron rápidamente para recibirla y le dieron las gracias a Caro por llevarla. La chica subió rápidamente a su dormitorio para cambiarse y tomarse la poción y, nada más abrir la puerta, se encontró a Dan sentado sobre su cama. La abrazó antes de que pudiera decir nada y ella le devolvió el abrazo con la misma intensidad. Entre ellos no hacían falta palabras.

  • ¿Puedo dormir contigo esta noche? - Le preguntó con preocupación. Había querido ir a ver a su hermana nada más enterarse, pero sus padres le habían prohibido salir de la casa por motivos de seguridad y no había podido hacerlo.

  • Iba a pedirte justo lo mismo.

Ambos sonrieron levemente y el chico acarició lentamente el pelo de ella, consciente del mal rato que estaba pasando. Las cosas iban de mal en peor.


Hola a todos ^^

Aquí os traigo un nuevo capítulo. Pobres Leah y Lyra, se han llevado un buen susto... :/ Y sus padres también, a ver qué pasa ahora. Y, no sé a vosotros, pero a mí Caroline me parece un amor de persona :3

Espero que os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ^^ Y mucho ánimo si alguien empieza hoy el segundo cuatrimestre (como yo jeje).

Un beso y nos leemos el miércoles,

María :)