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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 33

Las vacaciones de Navidad empezaron y toda la familia se reunió para pasar el día de Navidad en la Madriguera, como siempre hacían. El día 23, nada más llegar y tras pelearse por las habitaciones, empezaron a decorar la casa. Los más jóvenes hicieron tres equipos - uno por dormitorio -. Por un lado estaban los chicos (Remus, André, Dan, Orion, Gideon, Theo, Thomas, Harry y Percy) y, por otro, dos grupos de chicas (Leah, Lyra, Adèle, Jane, Kate, Cassie, Gin y Carina; Dora, Gabrielle, Marianne, Emma, Fleur, Audrey, Lucy y Alison). Entre todos, aunque picándose un poco, pusieron el árbol y decoraron el jardín. Habían decidido actuar como si nada estuviera sucediendo y fueran solo una familia normal. El día 24 lo pasaron jugando al quidditch, ultimando los preparativos y envolviendo los últimos regalos. Querían y necesitaban que llegara la Navidad para poder olvidarse un rato de sus preocupaciones, aunque algunas tenían otros planes. Aquella noche, de madrugada, las ocho chicas que ocupaban el dormitorio de la buhardilla se levantaron y bajaron hasta la primera planta, donde Gideon y Theo las esperaban.

  • ¿Habéis traído lo que os pedí? - Les preguntó Leah, en un susurro.

  • Sí. - Contestó el primero, dándole dos bolsas llenas de polvos verdes, rojos y dorados. - ¿Sabéis cómo utilizarlos? No pueden entrar en contacto con los ojos, según las anotaciones de mi padre podrían hacer que se les hincharan un poco, así que tened cuidado.

  • Lo tendremos, tranquilo. - Sonrió y rebuscó en su bolsillo. - Tomad, os lo habéis ganado.

  • Cinco galeones cada uno y salir indemnes. - Theo sonrió. - Es un placer hacer negocios con vosotras, chicas.

  • Anda, volved a la cama antes de que se den cuenta de que algo pasa. - Dijo Lyra, con una media sonrisa.

Los dos chicos asintieron y volvieron al dormitorio. Leah le dio una de las bolsas a la rubia y se dividieron en los dos grupos que ya habían hecho antes de bajar. La mayor de los Malfoy junto a sus dos hermanas pequeñas y Jane subió a la segunda planta, donde estaba el otro dormitorio de las chicas y la morena, junto a Adèle, Kate y Gin, esperó unos instantes antes de entrar al dormitorio de los chicos. Aquello iba a ser divertido.

A las siete de la mañana empezaron a sonar alarmas por toda la Madriguera y las chicas no tardaron en levantarse y bajar las escaleras, listas para el espectáculo. No tardaron en escucharse voces entonando villancicos y pasos acelerados. Empezaron a reír mientras los adultos salían de sus dormitorios, sin saber qué sucedía.

  • Id bajando al salón, por favor, tenemos un espectáculo preparado. - Dijo Leah a su padre, guiñándole un ojo.

  • Leah…

  • Mamá, por favor, sigue las indicaciones y baja con los demás. - La cortó antes de que pudiera decir nada más. - Vamos, no tardaréis en verlo.

Gideon y Theo llegaron hasta allí riendo sin parar e intercambiaron una mirada cómplice con ellas antes de empezar a dar palmas mientras bajaban. Sabían que eso atraería a los demás. Sus padres y abuelos los vieron bajar, con el ceño fruncido y sin comprender por qué actuaban así. Se pusieron al pie de la escalera y, a los pocos segundos, empezaron a llegar el resto, cantando y bailando de formas ridículas. La mayoría estalló en carcajadas, aunque algunos no pudieron evitar negar con la cabeza. Los bailarines terminaron de bajar las escaleras y siguieron haciendo aquello delante de todos, aunque dedicándoles miradas enfadadas a las ocho chicas y dos chicos que tocaban las palmas, obligándolos a ir más rápido o lento.

  • ¡Feliz Navidad a todos! - Exclamó Gin, dando un pequeño salto. - Esperamos que os haya gustado la sorpresa.

  • Un espectáculo precioso, desde luego. - Contestó su madre, sin poder parar de reír. - Lorcan, nuestro hijo baila igual de mal que tú.

  • ¡Por Merlín, Lyra! - Exclamó Rose. - Ya no solo les das mal ejemplo a Cassie y Carina, sino que las haces participar en tus bromas.

  • Mamá, lo hemos hecho porque hemos querido.

  • Defendió a su hermana la rubia.

  • Además, es muy divertido. - Añadió la pelirroja. - ¡Mira Orion!

  • La verdad es que es un número muy gracioso, Rose, tienes que reconocerlo. - Comentó Scorpius.

  • Fred, ¿no son esos los prototipos que estabas probando? - Le preguntó Martha, un poco preocupada.

  • Sí. - Contestó su marido. - Puede que me los trajera para que James los viera.

  • Desde luego son una pasada. - Dijo este.

  • Lo sé, pero Gideon, no deberías hurgar entre mis cosas. - Miró a su hijo. - Podría haber fallado algo.

  • Fred, dime que eso de que esto es un prototipo es mentira. - Roxanne lo miró enfadada.

  • ¿Tú lo has visto alguna vez en la tienda, Roxy?

  • Espero que tengas el contrahechizo. - Le dijo Victoire. Teddy a su lado no podía contener la risa y ella le pegó en el hombro. - ¡Mira tus hijos!

  • Pero si es muy gracioso, además, si no fuera seguro Fred no lo habría traído. - Replicó el metamorfamago.

  • Se pasarán los efectos pronto, creo. - Murmuró.

  • Sí, venga, no pasará nada. - Martha sonrió e intentó tranquilizar a los demás. - Seguro que pronto dejan de bailar y cantar.

  • ¡Fred! - Exclamaron casi todos los presentes.

  • Oye, que yo no se lo he dado a nadie. - Se quejó el hombre.

Todas las miradas se centraron entonces en Leah, que se cruzó de brazos.

  • ¿Por qué creéis que ha sido idea mía? - Se quejó. - Hemos sido… Bueno, vale, sí, fue mi idea, pero no he obligado a nadie a participar.

  • Ay, Leah. - Su madre suspiró.

  • Yo solo le pedí a Gideon algo bueno para daros una sorpresa de Navidad a todos. - Trató de excusarse.

  • Y yo había escuchado a mi padre decir que esos polvos podían convertir a cualquiera en el alma de la fiesta, nunca pensé que no hubiera hecho un antídoto por si acaso. - Añadió él.

  • En mis pruebas nunca hemos pasado más de media hora bailando.

  • 32 minutos el día que más. - Puntualizó su mujer. - Se les pasará pronto.

Los demás asintieron resignados. A unas malas tendrían que pasar el día de Navidad en San Mungo pero, por suerte, los efectos acabaron por pasarse. Cuando todos dejaron de bailar se quedaron quietos unos instantes, tratando de recuperar la respiración, antes de mirar fijamente a los que habían preparado aquello, que retrocedieron un par de pasos. Remus y Dan intercambiaron una mirada antes de salir corriendo seguidos de los demás, haciendo que los otros huyeran de allí. Los adultos negaron con la cabeza, pero empezaron a reír. Aquellas iban a ser unas buenas Navidades.

  • ¡Remus, suéltame! - Leah pataleó y aporreó un poco a su espalda mientras la llevaba al interior de la casa. La había cogido y la llevaba apoyada sobre su hombro.

  • Tú te lo has buscado.

  • Venga, profe. - Le pidió.

  • ¿Ahora sí que me llamas profesor? - Preguntó, entrando al salón.

  • ¡Remus! - Leah levantó un poco la cabeza. - ¡Papá, dile algo a tu ahijado!

  • Te lo has buscado tú solita, cielo. - Contestó él, encogiéndose de hombros.

  • ¡Papá! - Se quejó. - Teddy, por favor.

  • Remus, baja a Leah inmediatamente. - Intervino él.

  • Lo siento, tengo que esperar hasta que lleguen los demás. - Dijo. - Además, esta es la única forma que tiene de aprender.

  • Te odio, Lupin.

  • Lo sé, Potter, pero me da exactamente igual.

Poco a poco fueron llegando los demás. Todos los que habían participado en la broma protestaban y pataleaban, tratando de escapar, pero los otros los tenían bien sujetos y no los dejaban ir.

  • Venga ya, dejadnos. - Se quejó Lyra mientras intentaba que Dan la soltara. - Si ha sido divertido, todos nos hemos reído mucho y al final ha salido bien.

  • ¿Qué hacemos, Rem?

  • Pues no lo sé, igual podríamos colgarlas bocabajo un rato al lado del árbol, ¿no crees? - Sugirió el mayor.

  • Podría ser divertido. - Dijo Dan. - ¿Cómo lo veis los demás?

  • Dan, no seas malo con tu hermana. - Le reprendió un poco su padre.

  • Sí, anda, soltadlos a todos. - Intervino Dominique. - Es hora de abrir los regalos.

Con cierta resignación los fueron soltando y todos se acercaron al árbol de Navidad, para empezar a abrir los paquetes que llevaban sus nombres. Todos recibieron libros, ropa, accesorios, sets de Sortilegios Weasley, fotografías enmarcadas. Intercambiaron sonrisas, besos y abrazados, encantados por los regalos y, sobre todo, por poder pasar tiempo juntos. Recibieron también regalos de sus amigos: postales, fotos, pequeños detalles… Matt le envió un ramo de rosas a Jane que hizo que toda la familia la mirara y que sus padres la interrogaran durante casi media hora sobre su supuesto novio; Ingrid, una camiseta de su equipo de fútbol muggle a Orion; Alex, un libro sobre Pociones a Dan; Ed, una sencilla tarjeta a Cassie, que hizo que la rubia no parara de saltar, emocionada; Angela, una caja de chucherías a Remus; y Chad, una pequeña caja a Leah, para su propia sorpresa. La morena la abrió con curiosidad y sacó un pequeño ángel de cristal con la cabeza transparente, el cuerpo de un tono ámbar y las alas de plata. Estaba enganchado a una cadena y ella lo miró unos instantes antes de coger la nota que había en el fondo de la caja. "Mi abuela muggle siempre me dijo que los ángeles daban buena suerte y nos protegían del mal. Me regaló este cuando era pequeño y nunca me he desprendido de él, pero ahora quiero que lo tengas tú. Feliz Navidad, Leah. Ten cuidado. Chad.". Se lo colocó con cuidado y lo acarició durante unos instantes, sin saber muy bien cómo reaccionar. Se notaba que era algo muy importante para él, ¿por qué se lo había dado a ella? No era tonta, sabía lo que sentía, pero la situación era demasiado complicada. ¿Sería aquella su forma de decirle que la querría pasase lo que pasase? Negó con la cabeza y trató de apartar esos pensamientos de su cabeza. Lo único que le faltaba era que alguien se diera cuenta de lo que le pasaba y le hicieran un interrogatorio como el de Jane. Fingió una sonrisa y siguió bromeando con los demás. Nada podía empañar aquellas Navidades.

  • Tengo una pregunta. - Todos los presentes se giraron para mirar a Leah. Habían terminado ya el postre después de un abundante almuerzo y todos charlaban de forma despreocupada. - Estoy segura de que alguien de aquí tiene que saberlo y, como sé que mis padres no me lo van a decir, pues os pregunto directamente a los demás. ¿Por qué estuvieron a punto de expulsar a mi madre de Hogwarts?

  • Por Merlín, ¿estuvieron a punto de expulsarte aquel día? - Lily abrió mucho los ojos y miró a su cuñada sin creérselo. - ¡No me lo contaste!

  • No hacía falta que todo el mundo lo supiera. - Murmuró Lizzy, un poco sonrojada mientras James, a su lado, a duras penas aguantaba la risa.

  • Pero, ¿qué pasó? - Insistió ahora Dan con curiosidad.

  • Vuestra madre tuvo la genial idea de escaparse del colegio cuando tenía vuestra edad y, obviamente, la pillaron. - Respondió su abuela Mary (a la que Lizzy siempre se llevaba en Navidad, al igual que a su padre, para que no tuviera que pasar el día solos).

  • ¿Intentaste escaparte de Hogwarts? - Su hija abrió mucho los ojos, incapaz de creérselo. Aquello era muy fuerte.

  • No lo intenté. - Replicó la mujer. - Lo hice.

  • ¡¿Te escapaste?! - Leah seguía incrédula. - Por Merlín, mamá. A mí ni siquiera se me habría pasado por la cabeza.

  • ¿De verdad te tuvieron en cuenta para ser Delegada? Me cuesta mucho creerlo después de saber eso.

  • Sí, Dan, créetelo. De todas formas fue por un buen motivo, vuestro padre debutaba en la liga y yo no podía perdérmelo. Tenía 17 años, ¿qué os esperabais? - Se defendió Lizzy.

  • Luego dice que tú eres incontrolable, pero es que ella... - Rose miró a Leah y lanzó una carcajada. - Si yo te contara la de veces que acabó castigada.

  • Baño de prefectos, Rose Weasley, baño de prefectos.

  • La interrumpió la morena con una sonrisa haciendo que tanto la pelirroja como su marido se pusieran completamente rojos.

  • No he dicho nada, pero de todas formas creo que no era la única a la que le gustaban los baños. - Rose sonrió un poco. - ¿Hablamos del del tren, chicos?

  • Por Merlín, yo no quería saber eso. - Murmuró Lyra mirando a Leah.

  • Yo menos. - Añadió ella, arrugando la frente un poco y estremeciéndose al recordar lo que había hecho ella hacía apenas un par de días en ese mismo lugar. - Oh, por Merlín, no vuelvo allí jamás.

  • Leah, ¿estás bien? - Le preguntó Kate. - Te has quedado blanca.

  • Es que acaba de dejar de gustarle ese baño.

  • Contestó Lyra, empezando a reír.

La otra la miró enfadada y, ahora, completamente roja mientras todos en la mesa estallaban en carcajadas. James y Lizzy se miraron el uno al otro, un poco alarmados y algo rojos también. A lo mejor el mayor problema de Leah era que se parecía demasiado a ellos.


No sé vosotros, pero yo necesitaba un capítulo así <3 Si es que son una familia ideal, son tan únicos y tan ellos -

Releyendo el capítulo me he dado cuenta de que la nota de Chad a Leah u os va a dar una pista importante, u os va a despistar completamente así que si alguien tiene alguna duda, teoría o lo que sea que lo diga en los comentarios ;)

Dicho esto, muchísimas gracias por todo vuestro apoyo y espero vuestras opiniones :)

Un beso y buen fin de semana,

María :)