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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 32
No tardaron ni un minuto en coger a Dan y Jane y, tras inventar una excusa para Alex y Matt, salir del Gran Comedor.
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¿Pero estáis seguras? - Jane andaba detrás de ellas con la preocupación pintada en el rostro.
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No, pero no me fío. - Confesó su prima. - Es una intuición, sé que algo va mal.
Aceleraron el paso. La rubia más pequeña estaba muy nerviosa y asustada, no quería que le hicieran a Orion lo mismo que a ella. No sabían hacia dónde iban, solo que tenían que darse prisa. De repente, escucharon un grito femenino y los cuatro se detuvieron de golpe. Ingrid. Leah señaló un pasillo - estaba casi segura de que venía de allí - y lo recorrieron rápidamente. No tenían tiempo que perder.
Ingrid salió del baño tranquilamente, pero palideció al ver que, en la puerta, la esperaban tres encapuchados. Se quedó quieta, paralizada, sin saber qué hacer o decir.
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Vaya, por fin sales, te estábamos esperando. - Dijo uno de ellos.
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¿Qué… qué queréis? - Consiguió preguntar, con voz temblorosa. Sabía que aquello podía pasar, pero había tenido la esperanza de que no le sucediera.
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Lo sabes perfectamente. - Intervino una voz femenina. - No tenemos nada en tu contra, eres una privilegiada pues has podido escapar del mundo muggle y unirte al nuestro, pero has empezado a salir con la persona equivocada.
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Estáis locos.
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No, solo somos unos idealistas. - La chica lanzó una carcajada. - Esa gente nos está frenando, nosotros lo único que queremos es que dejen su lucha y nos dejen revelar el secreto y conquistar a los muggles.
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¿Para poder esclavizarlos? - Poco a poco la morena se había ido armando de valor. - No entendéis nada, ellos no son vuestros enemigos, dejadlos vivir en paz.
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Pobrecilla, ¿tienes miedo de que a tus papás les pase algo? - Se burló otra chica, la que había permanecido en silencio todo el tiempo.
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Ni se os ocurra tocarlos.
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Si les pasara algo solo sería culpa tuya y de tu querido novio, pero ahora no estamos aquí para hablar de ellos, sino para enviarle un mensaje a Orion y al resto de su grupito.
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No os tengo miedo. - Su voz tembló e Ingrid supo que nadie se había creído su mentira.
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No sé a quién pretendes engañar, Scott. - La primera chica la apuntó con la varita y ella buscó la suya corriendo en la parte interior del vestido. - ¡Ni se te ocurra moverte o lo mataremos!
Ingrid se quedó quieta. Dejó caer la falda de su vestido y levantó ambas manos lentamente. No podía permitir que le hicieran algo a Orion.
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¿Te han contado lo que le pasó a Jane?
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¿A Jane?
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Supongo que eso es un no. - La chica lanzó una carcajada. - Me lo pasé muy bien esa noche. La cruciatus no se me da mal, la verdad, puedes preguntarle si es que vuelves a verla alguna vez. - La morena se notó palidecer y ella volvió a reír.
-
No tengo nada en tu contra, pero esto le servirá de advertencia a tu novio.
Antes de que pudiera darse cuenta de lo que pasaba, sintió una fuerte punzada en su brazo. Se lo tocó y sus dedos se mancharon. Sangre. Recibió otra maldición punzante, esta en el estómago y tuvo que contener un grito. Su mente se puso entonces a trabajar rápidamente y cogió su varita. Empezó a responder a los ataques de la chica, pero los otros dos se unieron y siguieron lanzándole maldiciones. Apretó un poco más la varita, intentando que no se le cayera a pesar del dolor. Siguió luchando con todas sus fuerzas hasta que escuchó unos pasos tras ella.
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¡Dejadla en paz! - Orion lanzó un rayo que dio de lleno a uno de los encapuchados. - ¡Esto es conmigo, no con ella!
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Oh, me alegra ver que por fin llegas, creí que no vendrías a proteger a tu querida novia.
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Pues te equivocabas. - La miró de forma desafiante. - ¿Tanto miedo nos tienes que no eres capaz de quitarte esa capucha?
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No te hagas el tonto, sabemos que sabéis quiénes somos.
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No vais a tocarle ni un pelo a Ingrid.
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Creo, mi querido Malfoy, que ya lo hemos hecho. - Agitó la varita y la lanzó por los aires, haciendo que lanzara un grito antes de golpearse contra una pared. La chica cayó al suelo desmayada y ella rió. - Oh, vaya, lo siento.
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Eres una… - El rubio no terminó la frase. Agitó la varita y empezó a luchar contra los tres con ferocidad.
Los ataques siguieron sucediéndose, cada vez más rápidos, cada vez más justos. Orion recibió varios golpes, su brazo izquierdo estaba dormido y tenía varios cortes debido a maldiciones punzantes que no había podido evitar, pero aún así sabía que debía seguir por él y por Ingrid. Si caía sabía que podían acabar muertos.
- ¡Creo que esta pelea es un poco injusta!
La voz de Leah hizo que el rubio suspirara aliviado. La morena llegó corriendo, seguida de Lyra, Jane y Dan y derribó a uno de los encapuchados con un desmaius.
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¡Jane, comprueba si Ingrid está bien! - Le gritó a su prima. - ¡Y Lyra, encárgate de tu hermano! Dan y yo podemos con esto.
-
Tú lo has dicho.
Los dos hermanos empezaron a luchar contra los encapuchados. Leah derribó al suyo rápidamente con otro hechizo aturdidor y él estaba a punto de derrotar a la otra cuando esta agitó la varita e hizo que cayera hacia atrás.
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Creo que será mejor hablar esto cara a cara contigo. - Jane se estremeció al oír aquella voz y se giró rápidamente. - Vaya, creo que alguien se acuerda de nuestro pequeño encuentro.
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Sí, creo que te gusta mandarme mensajitos a través de otras personas en lugar de dármelos directamente a mí. - Leah enarcó una ceja. - ¿Tanto te asusto? Es lógico, no creo que seas más que una cobarde.
-
Soy mucho más valiente que tú, Potter.
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Veamos cómo de valiente eres cuando te quite esa capucha. - Hizo un movimiento y esta cayó hacia atrás sin que la otra pudiera hacer nada. - Hola, McLaggen, ¿no crees que es mejor enfrentarnos así?
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Da igual que esté cubierta o descubierta, vamos a seguir venciéndoos. - Sonrió. - Esto ha sido solo otra advertencia. Dejadlo de una vez o no solo vosotros, sino todos los que queréis resultarán heridos.
-
Creo que ya hemos demostrado que no os tenemos miedo. Esto no va a terminar así, McLaggen.
-
Eres una inconsciente, Potter. - Negó con la cabeza. - Esto es un adiós por ahora, no os creáis que este será el último ataque. Iremos uno por uno hasta que lo dejéis. Estáis en nuestro punto de mira y no pensamos perder.
Dicho esto, pegó una patada en el suelo y se tocó detrás de la oreja, desapareciendo y llevándose a sus dos compañeros al instante.
-
¡Buena suerte con eso! - Gritó Leah, a pesar de que ya no pudiera escucharla. Suspiró antes de volverse hacia su hermano, que la miraba sentado en el suelo. - ¿Estás bien?
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Sí, tranquila, solo ha sido una caída sin importancia. - Contestó, levantándose. La preocupación se veía reflejada en sus ojos y la chica no pudo evitar abrazarlo.
-
No le pasará nada, yo me encargo. - Susurró en su oído.
Él asintió y sonrió cuando se separaron. Alex estaría a salvo, nadie iba a hacerle daño, él haría todo lo que hiciera falta y sabía que su hermana y los demás lo ayudarían. Se convenció a sí mismo de que no le sucedería nada.
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¿Cómo estáis? - Preguntó la morena, acercándose ahora a los demás.
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Solo unos cortes sin importancia. - Orion se encogió de hombros, con la mirada todavía fija en su novia.
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Ingrid se va a poner bien, no te preocupes. Se ha dado un golpe en la cabeza pero he hecho un par de hechizos que me enseñó mi madre y todo está bien. - Explicó Jane, dedicándole una sonrisa tranquilizadora al rubio.
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Lo mejor será reunirnos todos y hablar de lo que ha pasado. - Dijo entonces Leah. - Jane, Dan id a por Matt y Alex. Creo que ha llegado la hora de contarles la verdad.
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¿Y Chad? - Le preguntó Lyra, con el ceño fruncido. - ¿No crees que debería saberlo también? Pueden ir a por él.
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Él no tiene nada que ver con esto, no es mi novio. - Se apresuró a decir.
-
Matt tampoco el mío.
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No es lo mismo, Jane. - La morena suspiró.
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Id a por ellos y os veremos en la Sala Común de Slytherin. No tardéis.
Los dos asintieron finalmente y se dirigieron de vuelta al Gran Comedor. Lyra miró a la otra y negó con la cabeza, un poco molesta. ¿Tan poco le importaba la seguridad del chico? Podrían hacerle lo mismo que acababan de hacerle a Ingrid y parecía que no le importaba nada. ¿Qué le pasaba? Por unos instantes volvió a recordar lo que dijo, lo de que no existía ningún futuro para ellos, la mirada que intercambiaron ella y Dan aquel día, pero en seguida descartó aquella idea. Leah era una temeraria, pero no estaba loca. Jamás estaría con alguien que quisiera dañar a su familia, además, estaba claro que Chad tampoco le haría daño a ella. Apretó un poco los labios. Jamás la entendería del todo.
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¿Crees que puedes llevarla en brazos? - Le preguntó Leah al rubio.
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Sí, tranquila. - Orion cogió a Ingrid con delicadeza y la levantó. La chica, todavía inconsciente, apoyó su cabeza en su pecho y él sonrió levemente. - Vamos.
Empezaron a andar en silencio por los pasillos. Menudo baile, ¿dónde estaban los aurores cuando más los necesitaban? Habían decidido que aquella noche no correrían peligro ya que estarían rodeados de gente, pero se habían equivocado por completo. Cuando estaban a punto de llegar a las mazmorras, la Hufflepuff empezó a moverse un poco y su novio se tensó sin poder evitarlo, aunque en seguida se relajó al ver que abría los ojos. Sus miradas se cruzaron y él besó su frente con delicadeza.
- Te quiero.
Las palabras lo pillaron por sorpresa. ¿Acababa de decírselo de verdad?
-
¿Ingrid?
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Te quiero, Orion, siento no habértelo dicho antes. - Repitió. - Te quiero, te quiero, te quiero.
-
Yo también. - La besó. - Muchísimo. Siento todo esto.
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Sabía a lo que me exponía. - Se encogió de hombros.
-
Entenderé que quieras dejarme.
-
¿Estás de broma no? - Sonrió. - No podrán hacer que te dejara ni con todas las maldiciones del mundo. Estamos juntos en esto y, si una cosa tengo clara, es que no se abandona nunca a aquellos a los que queremos.
Orion volvió a besarla una última vez antes de entrar a su Sala Común. La dejó con cuidado sobre un sofá y se sentó junto a ella. Leah y Lyra también se sentaron cerca. Los cuatro guardaron silencio unos largos minutos pensando en lo que había pasado, en lo que cambiarían las cosas a partir de entonces, hasta que llegaron los demás.
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Está bien, ¿qué pasa? - Preguntó Matt, algo preocupado. Sabía que ocultaban algo.
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Me han atacado. - Ingrid habló antes de que los demás pudieran decir nada.
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¿Qué? - Alex palideció.
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¿Recuerdas lo que hablamos?
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Claro. - La pelirroja asintió, provocando que los demás arrugaran la frente.
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Pues eso ha pasado.
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Oh, Ingrid. - Se levantó de su sitio y la abrazó. - Lo siento mucho, pensé que irían a por mí antes que a por ti.
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Esperad, ¿qué? - Dan miró a su novia con una ceja levantada.
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Sabíamos que esto pasaría, cielo. - Explicó ella, sentándose sobre sus rodillas. - Lo hablamos después de lo de tu madre, creíamos que podrían hacernos algo a nosotras también por salir con vosotros.
-
Así que esa gente no va a solo a por vuestra familia sino también a por todos los que os rodeamos, ¿no? - Preguntó Matt.
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Exactamente y eso no es todo. - Jane suspiró. - No es el primer ataque que ha habido en el colegio.
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Me lo dijo. - Murmuró la morena de Hufflepuff. - La encapuchada me dijo que te preguntara.
-
No estuve en la enfermería por una crisis nerviosa, bueno, sí, pero la crisis no me la provocó el estrés sino la situación. - Bajó un poco la mirada. - Me lanzó una cruciatus y amenazó con atacar a mi hermano si trataba de luchar.
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¿Por qué no lo dijiste? - Matt la abrazó y ella enterró la cara en su pecho, dejando que dos lágrimas solitarias se le escaparan.
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Porque no podía permitir que le hicieran nada a Thomas.
-
Todo esto es mi culpa.
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No empieces otra vez, Leah. - La cortó Lyra. - Ya dejamos claro que eso no era así, que ellos están locos y lo único que haces tú es tratar de defender nuestra libertad.
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Por eso esa noche dormiste con Dan, ¿verdad?
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Le preguntó Matt. - Porque creías que era tu culpa.
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Lo es.
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No lo es. - Contestaron todos los demás al mismo tiempo haciendo que ella abriera mucho los ojos, un poco sorprendida. ¿De verdad todos creían eso?
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Lo que sea. - La Gryffindor suspiró. - El caso es que tenéis que tener mucho cuidado los tres a partir de ahora. De todas formas, estaremos pendientes; tres personas más o menos no cambia nada.
-
¿Qué es exactamente lo que estáis haciendo?
-
Preguntó Alex.
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No podemos decíroslo. - Respondió Dan. - Confiad en nosotros, sabemos lo que hacemos. Tenemos la astucia de tres Slytherin y el valor de dos Gryffindor, somos prácticamente imparables.
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Tened cuidado. - Murmuró, consciente de que no le dirían nada más. Él la besó y ambos sonrieron.
-
Tranquila, lo tendremos.
-
Bueno, creo que lo mejor será irnos a dormir. - Leah se levantó y Lyra la imitó. - Nosotras nos vamos pero, sinceramente, creo que vosotras dos deberíais quedaros a dormir aquí.
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No me lo digas dos veces. - Comentó Ingrid riendo, haciendo que su novio apartara un poco la mirada pero sonriera.
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Por mí bien. - La pelirroja se encogió de hombros.
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Por cierto chicos, de nada.
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Gracias, Leah. - Su hermano le sacó la lengua. - Pero no necesito tu ayuda para que mi novia se quede a dormir.
-
Lo que tú digas. - La chica rió. - Nos vemos mañana en el tren. Intentad dormir al menos un poco.
Las dos salieron y se dirigieron a la Torre de Gryffindor en silencio. Demasiadas emociones para una noche. Cuando cruzaron el retrato de la Dama Gorda y pasaron a la Sala Común, ambas se detuvieron. Chad estaba sentado en un sofá y se levantó rápidamente al verlas.
- Creo que sobro. - Murmuró la rubia. - Mañana nos vemos.
Esperaron hasta que se hubo ido para acercarse el uno al otro. Chad cogió la mano de Leah y ella empezó a juguetear con sus dedos, con la mirada gacha.
-
Lo siento. - Susurró él. Se sentía fatal, tendría que haber hecho algo, haber impedido aquel ataque. Ingrid no tenía culpa de nada.
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¿Por qué? - Ambos sabían que no le preguntaba por qué se había disculpado, sino por qué lo habían hecho. Y él no sabía qué contestar. Quitó la mano y lo miró, por fin, a los ojos. - Me voy a dormir.
-
Está bien.
-
Nos vemos mañana en el tren.
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Buenas noches, Leah.
Ella se puso de puntillas y le dio un beso rápido antes de subir a su dormitorio, cambiarse rápidamente y meterse en la cama, deseando que todo aquello terminara cuanto antes y preguntándose por qué ella tenía que estar en medio de todo aquel asunto.
Hola a todos ^^
Pues al final parece que todo ha quedado en un susto... Pobre Ingrid, con lo simpática y adorable que es, menudo susto se ha llevado.
Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios :)
Nos leemos el viernes.
Muchos besos,
María :)