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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 37

James, Lizzy, Leah y Dan cenaban en silencio, realmente cansados. Era uno de enero y todos estaban agotados después de las celebraciones. Los mellizos estaban un poco nerviosos. En dos días volvían a Hogwarts así que esa noche era su última oportunidad para llevar a cabo su plan. Intercambiaron una mirada nada más terminar y el chico se levantó.

  • Me voy a mi cuarto. - Dijo. - Quiero empezar a recoger algunas cosas y, la verdad, estoy muy cansado.

  • Sí, creo que yo también me subo. - Su hermana también se puso de pie. - Leeré un poco y me iré a dormir pronto.

  • Nosotros tampoco tardaremos mucho en subir.

  • Contestó su madre, encogiéndose de hombros. - Buenas noches, chicos.

  • Descansad. - Su padre sonrió.

Dan y Leah hicieron un gesto con la mano y se apresuraron a subir a la planta de arriba.

  • ¿Crees que sospechan algo? - Preguntó él en un susurro.

  • Yo diría que no. - Murmuró ella. Había querido ir sola, pero no había podido evitar contarle a su hermano le que Chad le había dicho (aunque le había contado que eran solo las suposiciones del chico, nada realmente fiable) y él había insistido en ayudarla. - ¿Estás seguro de que quieres hacer esto?

  • Por supuesto, no pienso dejarte sola.

  • Está bien, prepara las cosas y ven a mi cuarto. - La Gryffindor asintió. - No tardes.

  • No lo haré, tranquila.

Cada uno entró a su dormitorio para poder cambiarse de ropa - habían acordado ir completamente de negro para poder camuflarse mejor - y deshacer las camas - por si a sus padres les daba por entrar al dormitorio -. El menor no tardó ni cinco minutos en abrir la puerta de la habitación de su hermana, que se estaba recogiendo el pelo en una coleta alta. Cerró con cuidado y le dedicó una sonrisa de ánimo.

  • Cuando quieras, Leah.

  • Está bien. - La morena se mordió el labio antes de coger la mano del chico. - Vámonos.

Apenas unos segundos más tarde llegaron al pueblo de Godric, a un callejón no muy apartado de la casa de sus abuelos. Ahora solo tenían que ir a buscarlos, aunque no estaban muy seguros de por dónde empezar.

  • ¿El bosque? - Susurró Dan, consciente de que ella pensaba lo mismo.

  • Es lo único que se me ocurre. - Su hermana asintió lentamente.

  • Pues vamos.

  • Creo que es la primera vez que tengo ganas de que se marchen a Hogwarts. - Murmuró Lizzy mientras ella y James terminaban de recoger la cocina.

  • Yo también. - Él suspiró. - Allí por lo menos estarán seguros, todavía no entiendo cómo pudiste darles permiso para salir sabiendo cómo están las cosas.

  • No pude evitarlo, insistieron mucho, prometieron no salir de la zona muggle… - La mujer suspiró. - Sabía que estarían bien, tu madre también lo dijo. No podemos tenerlos siempre dentro de una burbuja, ya tienen casi 18 años, este año acaban Hogwarts.

  • ¿Recuerdas el día que me dijiste que estabas embarazada? - Preguntó él, de repente.

  • Como para olvidarlo. - Ella sonrió de medio lado. - Creo que no he llorado más en toda mi vida, qué disgusto me llevé. Nunca me gustaron los niños.

  • Venga ya, eso no hay quien se lo crea. - Su marido rió. - ¿No te acuerdas de lo mucho que te gustaba ir a casa de Teddy y Vic para jugar con Remus cuando era pequeño?

  • Vale, deja que rectifique, nunca me gustaron los niños para más de un rato, pero menos mal que seguimos adelante con esto. - Miró a James, que bajó la mirada y se acercó a él.

  • No quiero que Leah sea auror, no quiero que Dan empiece a trabajar en San Mungo. No soportaría que algo malo les pasara. - Confesó en un murmullo.

  • No podemos detener el tiempo. - La mujer lo abrazó. - Ojalá pudiéramos.

  • Te quiero, Lizz, ¿te lo he dicho alguna vez?

  • Solo un millón o así.

  • Probablemente más. - La besó con dulzura. - Deja que yo termine con esto, tienes cara de cansada.

  • ¿Seguro?

  • Sí.

  • Está bien. - Volvió a besarlo. - Ahora nos vemos.

Lizzy subió al dormitorio mientras James acababa de recoger los últimos platos, todavía sumido en sus pensamientos. Él lo único que quería era un buen futuro para sus hijos. Apagó todas las luces y subió también al cuarto. Cuando abrió la puerta no pudo evitar sonreír. Su mujer estaba frente al espejo de cuerpo entero, probándose un vestido azul oscuro bastante ceñido que le quedaba simplemente perfecto. Cerró la puerta y ella se giró para mirarlo.

  • ¿Qué te parece? - Le preguntó. - Creo que voy a ponérmelo para la cena que organiza mi padre la semana que viene. Vienen muchos investigadores importantes y quizás alguno pueda ayudarme a conseguir apoyos de los gobiernos extranjeros.

  • Te queda genial, póntelo. - Contestó. - Y no te preocupes por eso, estoy seguro de que tarde o temprano alguien nos ayudará y, si no, nos las apañaremos bien solos.

  • No sé, Jamie…

Lizzy se quitó el vestido, lo colocó en su percha y lo colgó en el armario para, acto seguido, sacar otro, este de color rojo. Se lo puso por delante y volvió a mirarse en el espejo. James se acercó a ella y apoyó sus manos en su cintura antes de empezar a besar su cuello, provocando que soltara una carcajada. Dejó que el vestido cayera al suelo y apoyó las manos sobre las de su marido antes de cerrar los ojos, dejándose llevar.

  • Casi 30 años juntos y sigues haciendo lo mismo cada vez que me ves probándome ropa. - Murmuró.

  • ¿Tanto tiempo ya, Elizabeth? Se me ha hecho corto. - Sonrió antes de subir a su mejilla y besarla. - Además, no es mi culpa. Sabes que siempre he dicho que estás increíble.

  • Pero ya no soy lo que era. - Lizzy suspiró y abrió los ojos. Su mirada y la del hombre se encontraron en el espejo y ella se encogió de hombros. - Mírame, ya no soy la que podía volver a medio Hogwarts loco, he pasado por un embarazo de mellizos, he…

  • Para mí sigues igual de increíble que siempre, ¿sabes por qué, Collins? - Ella se giró para mirarlo y rodeó su cuello con los brazos. - Porque yo jamás me fijé en tu cuerpo, yo me enamoré de ti por esto de aquí - Tocó su frente - y esto de aquí. - Siguió diciendo, tocando ahora su pecho - Y también por tus ojos, pero solo por todo lo que transmiten.

  • Ya lo sé, Potter, y es por eso por lo que una y otra vez te elegiría a ti. - Lo besó primero con dulzura y después con pasión.

  • Oye, Lizz, ¿sabes que desde que volvieron los niños no hemos…?

Ella lo calló con un nuevo beso y sonrió antes de empujarlo hacia la cama con delicadeza. Pero justo estaba buscando James su varita para poder hacer un muffliato cuando un patronus apareció en la habitación. Ambos reconocieron el zorro plateado y se separaron rápidamente, conscientes de que solo podía significar malas noticias. La voz de Albus resonó por la habitación, haciendo que palidecieran.

  • Venid al Departamento de Aurores ya. Son Dan y Leah.

No tardaron nada en aparecerse, temblorosos y asustados. Lizzy se había puesto una camiseta y un pantalón rápidamente mientras salía al pasillo para mirar los dormitorios de sus hijos, incapaz de creerse que algo les hubiera pasado. Se suponía que estaban en casa, no podía haberles ocurrido nada malo, pero cuando llegó a los cuartos y vio las dos camas vacías no pudo evitar ponerse en lo peor. James la agarró del brazo y en cuestión de segundos llegaron al Departamento de Aurores. Un suspiró se escapó de los labios de ambos al verlos sentados junto a su tío. Los dos se pusieron de pie mientras sus padres corrían hacia ellos.

  • Podemos explic… - Leah no pudo terminar la frase. Lizzy no pudo contenerse y abofeteó a su hija, que se quedó completamente callada.

  • Mamá, espera, nosotros… - Lo mismo pasó con Dan. El chico se frotó la mejilla lentamente y bajó la mirada.

  • ¡Creía que estabais muertos! - Les gritó la mujer. - ¡¿Cómo se os ha ocurrido salir de casa?! No sabéis lo que he sentido cuando he visto vuestras camas vacías, cuando hemos recibido el patronus de vuestro tío, no os podéis hacer una idea… ¡Creía que habían entrado a casa y os habían hecho algo! ¡Creía que estabais muertos! - Repitió antes de echarse a llorar y enterrar el rostro entre sus manos. - Sois uno inconscientes, por Merlín, menos mal que estáis bien, creía que no iba a volver a veros jamás.

  • ¿Qué habéis hecho? - James dedicó a sus hijos una mirada llena de enfado mientras Albus se acercaba para tratar de tranquilizar a Lizzy.

  • Papá, no podíamos dejar las cosas así después de lo del Callejón. - Murmuró su hija, incapaz de sostenerle la mirada.

  • ¿Y por eso os escapáis de casa? - Negó con la cabeza. - ¡Sois unos irresponsables! Creía que podíamos confiar en vosotros, que eráis mayores y maduros, pero no. No sabéis lo que se me ha pasado por la cabeza cuando he visto que no estabais. ¿Sois conscientes de que os podrían haber matado?

  • Solo íbamos a echar un vistazo, creíamos que podían reunirse allí. - Murmuró Dan.

  • Por suerte hay patrullas vigilando todas las zonas sospechosas y los he visto antes de que les pasara algo. - Intervino el mediano de los Potter. - Podrían haberse metido en un buen lío si alguien los hubiera descubierto, podrían haberlos acusado de pertenecer a ese grupo.

  • Gracias, Albus, de verdad. - Su hermano le dedicó una pequeña sonrisa antes de volverse hacia sus hijos de nuevo. - Se acabó, esta ha sido la gota que ha colmado el vaso, vais a tener cada uno un auror pegado a vosotros durante todo el día que, no solo os protegerá, sino que me informará personalmente de todo lo que hagáis.

  • No puedes hablar en serio. - Leah agitó la cabeza. - Papá, no podía quedarme de brazos cruzados después de lo que pasó, ¡nos atacaron! Lyra acabó en el hospital con una maldición y Merlín sabe cómo podría haber terminado la cosa si no hubiera sido rápida. No podía no hacer nada.

  • ¿Crees que con eso arreglas algo? Solo lo empeoras, Leah, y no vas a hacerme cambiar de opinión de todas formas. Lo que habéis hecho es imperdonable, habéis arriesgado vuestras vidas, ¡nos han avisado de madrugada para que viniéramos a por vosotros!

  • Papá…

  • ¡Y mirad cómo está vuestra madre! - La cortó antes de que pudiera añadir nada más. - ¿Os parece justo esto que acabáis de hacernos?

  • No, pero…

  • Pero nada, Leah. Nada puede excusaros.

  • Creo que lo mejor será que nos vayamos a casa. - Susurró Lizzy, secándose las últimas lágrimas. Tomó aire antes de volver a hablar. Seguía temblando y su marido no pudo evitar rodear sus hombros con un brazo y darle un beso en la cabeza. - Creo que todos tenemos mucho en lo que pensar después de lo que ha pasado esta noche.

Sus hijos asintieron, con la culpabilidad instalada en su estómago. Al final aquello no había servido para nada, ni siquiera habían podido acercarse al lugar, no habían averiguado nada y solo habían conseguido darles un susto de muerte a sus padres. Los cuatro regresaron a la casa. Los dos mayores se marcharon directamente hacia su dormitorio, sin dirigirle ni una palabra ni una mirada más a sus hijos y estos se fueron también a intentar dormir al cuarto de la chica. Leah pidió disculpas a su hermano con la mirada y este se limitó a encogerse de hombros. Él sabía dónde se metía. Pasaron prácticamente toda la noche en vela, en silencio, con las miradas fijas en la nada y tratando de controlar los sollozos que algunas veces se les escapaban. Se sentían los peores hijos del mundo y lo único que habían conseguido con aquel plan era complicarse la vida un poco más.


Hola a todos y feliz lunes ^^

La que han liado los mellizos, ainss... Menudo susto le han dado a sus pobres padres, con lo acarameladitos que estaban ellos :( ¿Qué os ha parecido? Espero vuestras opiniones en los comentarios ^^

Nos leemos el miércoles.

Un beso,

María :)