Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La cuarta generación: Una nueva amenaza · de

La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 38

Leah se dejó caer en el asiento del compartimento en el que Lyra y ella acababan de entrar. Las aurores encargadas de ambas se sentaron junto a ellas e intercambiaron una mirada resignada. Sabían que aquello no sería fácil.

  • ¿Estás bien? - Le susurró la rubia a su amiga que no había abierto la boca en toda la mañana.

Ella se encogió de hombros. Llevaba sin hablar con sus padres desde que la habían recogido en el Departamento de Aurores. El día anterior no le habían dirigido la palabra y lo único que le habían dicho al despedirse había sido que tuviera cuidado y se comportara. Tampoco habían hablado con Dan y ambos seguían sintiéndose los peores hijos del mundo. La habían cagado por completo y sabían que las cosas en su casa tardarían en volver a la normalidad. Ella que siempre se había sentado en el sofá abrazada a su padre, que había bromeado con él sobre cualquier cosa, que había estallado en carcajadas con su madre y que le había confesado cosas a media voz con un sonrojo en sus mejillas, ahora no era capaz de mirarlos a la cara. No podía hacerlo, no se atrevía.

  • Las cosas podrían estar un poco mejor, pero bueno. - Murmuró después de unos instantes. - Tenemos que hablar de muchas cosas, lo sabes, ¿verdad?

  • Sí. - La chica asintió. No sabía qué harían a partir de ese momento. ¿Seguirían con su resistencia o lo dejarían? Conocía lo suficiente a Leah como para saber que no le gustaba rendirse, pero después de todo lo que había pasado no estaba segura de que quisiera continuar. Nunca la había visto tan hundida. - Esta noche lo hablaremos.

  • Ya saben que pueden hablar de lo que quieran, nosotras no diremos nada. - Intervino la auror de Lyra.

  • Prefiero no arriesgarme. - Masculló Leah, mirando a la otra de reojo.

  • Solo cumplo órdenes, señorita Potter. - Dijo la chica, encogiéndose de hombros. - Su padre me ha pedido expresamente que le informe de todas sus actividades en el colegio.

  • Ya lo sé y, tranquila, eso no hará que actúe de forma diferente. - Sonrió y se puso de pie. - Voy al baño.

  • La acompaño.

  • ¿Ni siquiera eso puedo hacerlo sola?

  • La esperaré en la puerta.

  • Como quieras. - Suspiró. No podía tomarla con ella, no tenía culpa de nada, solo estaba haciendo su trabajo. Ella quería ser auror también, tenía que entenderla.

Ambas salieron del compartimento pero, en lugar de dirigirse directamente al aseo, recorrieron el pasillo hasta llegar a otro compartimento concreto, el que la morena sabía que solían ocupar Chad y sus amigos. Leah sonrió al verlos a través del cristal y abrió la puerta.

  • ¿Os importa si os robo a Chad un minuto? - Preguntó.

  • ¿Y qué pasa si yo no quiero que me secuestres, Leah? - Replicó él, enarcando una ceja y dedicándole una sonrisa burlona.

  • Por favor, a mí no me engañas. - Le tendió la mano. - Venga, será divertido.

  • Está bien. - El chico la aceptó y se levantó. - Luego vengo, chicos.

Salieron de allí y, ahora sí, la chica los guió hacia el baño. La auror la miraba estupefacta, sin saber qué hacer o decir. Cuando llegaron, Leah abrió la puerta y la chica se decidió por fin a actuar.

  • Señorita Potter, creo que no debería…

  • Voy a hacerlo de todas formas, puedes decírselo a mi padre si quieres. - La cortó. No quería herir más a sus padres, pero eran ellos los que querían saber todo lo que hacía y ella no iba a cambiar su forma de actuar, especialmente con Chad. Cada vez les quedaba menos tiempo juntos. - En un rato salimos.

Empujó al chico dentro y cerró la puerta de un portazo. Cuando se giró vio que él sonreía, pero al mismo tiempo la miraba interrogante y bajó la mirada sin poder evitarlo.

  • No preguntes.

  • ¿Qué has hecho, Leah? - Preguntó, desoyéndola. Sabía que no había llegado hasta ellos, pero aún así algo debía haberle ocurrido.

  • Nada, solo… - Suspiró. - Mira, Chad, las cosas ahora mismo en mi casa no van bien. Dan y yo tenemos aurores asignados que tienen que informar a mi padre de todo lo que hacemos.

  • Pero, ¿por qué? ¿Tiene algo que ver con lo que hablamos aquella noche?

  • Puede.

  • Leah, puedes confiar en mí. No voy a decírselo a nadie, te lo prometo. - Cogió su mano y se la acercó a los labios para besarla. Era una promesa sincera, jamás utilizaría nada que ella le dijera en su contra.

  • Puede que Dan y yo intentáramos encontrar a esa gente y nos pillaran.

  • ¿Ellos? - Abrió mucho los ojos. Imposible, lo sabría. Además, si Leah hubiera caído en manos del líder no la habría dejado escapar.

  • Claro que no. - La chica puso los ojos en blanco. - Los aurores, bueno, mi tío Albus. Tuvieron que venir nuestros padres a por nosotros al Ministerio.

  • Vaya… - Suspiró, un poco aliviado. Por una vez los aurores habían servido para algo. Menos mal que estaba bien, aunque entendía por qué sus padres le habían puesto una vigilancia continua. Aquello era lo mejor, así estaría más segura. - Supongo que esto complica las cosas.

  • Voy a seguir haciendo lo que quiera, tranquilo. - Sonrió antes de acercarse a él y besarlo. Chad rodeó su cintura con las manos y la acercó más a él, cosa que no era muy difícil en aquel pequeño baño. Cuando se separaron, se mordió el labio. - No te he traído aquí para enrollarme contigo, solo quería huir un rato.

  • ¿No podemos hacer las dos cosas? - Le preguntó poniendo cara de cachorrito. Leah lanzó una carcajada y él volvió a besarla. Necesitaba aprovechar el momento con ella.

  • No lo sé, quizás.

Volvieron a besarse y ambos sonrieron sin poder evitarlo. No iban a dejar que nada les estropeara sus últimos meses juntos.

  • ¿Has visto cómo me miraban todos en el Gran Comedor? - Le preguntó Leah a Lyra aquella misma noche. Estaban las dos tumbadas en la cama de la rubia, con las cortinas echadas y un muffliato para que nadie pudiera escucharlas.

  • Sí, la verdad es que son muy poco disimulados.

Los murmullos habían comenzado en el andén, pero al ver a los mellizos entrar al comedor escoltados cada uno por un auror, sus compañeros no habían podido evitar empezar a hablar. Habían caído ellos también, había caído Leah Potter. Aquello era un punto a favor de aquel grupo y en contra de los que luchaban por mantener la paz y el orden y todos lo sabían.

  • No voy a dejar esto, Lyra. - La rubia se incorporó un poco para mirarla. - Ya les he dado hoy una satisfacción, pero será la última. No voy a dejar que Amber vuelva a mirarme con una sonrisa de superioridad, no después de lo que le hizo a Jane. Esto es algo personal entre ella y yo y tengo que encontrar la forma de hacérselo pagar.

  • ¿Y qué vamos a hacer con los aurores? - Negó con la cabeza. - Después de todo lo que ha pasado estas Navidades no va a ser tan fácil esquivarlos.

  • ¿Qué tal se te dan los obliviate?

  • Más o menos bien, supongo. No los suelo poner en práctica.

  • Pues vamos a tener que hacerlo.

  • Estás de broma, Leah. - La miró con los ojos muy abiertos. - No podemos hacer eso, nos podríamos meter en un lío enorme.

  • No sé tú, pero yo ya estoy metida en un lío enorme. - Se encogió de hombros con resignación. - Ellos lo hicieron cuando atacaron a Jane y se han salido con la suya, al menos nuestras razones no son egoístas. Será solo en casos puntuales, seguimos teniendo la capa y el mapa, no tendremos que hacerlo mucho, pero si es necesario no dudaré en recurrir a los desmaius o cualquier otro hechizo para poder seguir con esto. No van a ganar, no después del ataque en el Callejón.

  • Estoy bien, no deberías preocuparte tanto por eso.

  • Ya, bueno, pero podrías no estarlo. Podríamos no estarlo. - Puntualizó. - Tenemos que seguir con esto o, al menos, yo voy a seguir. Los demás podéis dejarlo si queréis.

  • No vamos a dejarte sola, empezamos esto juntos y juntos lo terminaremos. - Contestó Lyra tras guardar silencio unos instantes.

  • Nos las apañaremos.

  • Al final ganaremos. - Un bostezo se escapó de los labios de la chica, que se acurrucó un poco y se tapó con las mantas. - ¿Te importa si me quedo aquí? Me da pereza moverme.

  • No te preocupes, hay sitio de sobra.

Leah sonrió y cerró los ojos. No tardó mucho en quedarse dormida, al contrario que su amiga, que tardó bastante en conciliar el sueño, demasiado preocupada. Las cosas no estaban siendo precisamente fáciles para ella, pero no le gustaba quejarse. Desde el ataque no había podido ni asomarse a la ventana, sus padres estaban histéricos y no le quitaban el ojo de encima - bueno, ni a ella ni a ninguno de sus hermanos, cosa que los agobiaba bastante, sobre todo a Orion -. Los comprendía, ella actuaría igual si estuviera en su lugar, también estaba aterrada y las cosas estaban empezando a superarla. La posición de su familia no era fácil y no podía parar de darle vueltas a la cabeza, especialmente desde que había escuchado a sus padres hablando de mandarlos fuera. Querían que Orion, Cassie y Carina fueran el año siguiente a Durmstrang y que ella buscara también trabajo fuera. Creían que en Reino Unido ya no estarían seguros. Suspiró. Ella no quería irse, tenía su vida allí, su familia, sus amigos, pero entendía sus motivos. Cuando esa maldición le dio creía que moriría en ese mismo momento y apenas recordaba nada de lo que había pasado desde el ataque hasta la mañana siguiente. No era tan buena duelista como Leah, no le dio tiempo a reaccionar, no pudo hacer nada y le daba mucho miedo que eso volviera a pasarle. Había creído que jamás volvería a ver a su familia, a sus amigos; que no volvería a reír con Leah, a abrazar a sus hermanas, a mirar a Chad de forma disimulada. Ojalá aquello terminara pronto, no quería marcharse, pero no le iba a quedar más remedio que hacerlo. Ella no era una cobarde, nunca lo había sido y todos lo sabían, pero aquello empezaba a ser demasiado incluso para ella. No entendía cómo los demás lo sobrellevaban tan bien. A lo mejor fingían como ella, pero lo dudaba bastante. Sabía que a su hermano le pesaba todo lo que estaba pasando, pero luchaba no solo por él, sino también por Ingrid y su familia. Ella estaba a salvo, pero su familia no y sabía que, si la chica decidía luchar para salvar a sus padres, Orion pelearía a muerte junto a ella. Su hermano era así de cabezota desde siempre y, la verdad, lo veía muy enamorado de la morena. Dan era como Leah, a pesar de lo opuestos que podían ser para algunas cosas y la tranquilidad que le caracterizaba. Sabía que él, al igual que su hermana, lucharía hasta el final y no se detendría a pesar de los obstáculos, que encontraría la manera de despistar a los aurores y no se rendiría. Y Jane también. A pesar de lo metodológica, prudente y responsable que era no se quedaría de brazos cruzados, no dejaría que aquella gente se saliera con la suya. No sabía cómo había sido capaz de unirse a ellos después de lo que le había pasado. Ella estaba aterrada desde el ataque y eso que no había recibido ninguna maldición cruciatus. ¿De dónde había sacado la otra el valor y la energía necesaria para seguir desafiándolos? ¡Y se suponía que ella era la Gryffindor! Lo único que quería era que las cosas terminaran de una vez y poder tener las preocupaciones de cualquier chica normal de 17 años - los chicos, la moda, su futuro -; quería dejar de tener miedo, de estremecerse cada vez que veía aparecer las lechuzas con el correo, de temer no vivir hasta el día siguiente. Suspiró. No podía hacer nada ella sola, solo luchar junto a los demás y esperar que todo se arreglara pronto. Mientras tanto, lo único que podía hacer era disimular.


Hola a todos ^^

Ayy, mi pobre Lyra :( Creo que esta reflexión era necesaria, no todo el mundo lleva la lucha tan bien como Leah y creo que Lyra es más humana, por así decirlo, y mucho menos impulsiva. A ver qué pasa.

Y Leah no cambia ni con un auror persiguiéndola... Esperemos que las cosas no se le vayan de los manos.

Dicho esto, espero vuestras opiniones y nos leemos el viernes :3

Muchos besos,

María :)