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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 39

Jane entró al Gran Comedor abrazándose a sí misma y con un pañuelo arrugado en la mano. Se sentó al lado de Matt, que la miró un poco preocupado, antes de estornudar.

  • ¿Estás bien? - Le preguntó el chico.

  • Sí. - Murmuró.

  • Claro que no está bien. - Orion e Ingrid se sentaron justo enfrente. El rubio se cruzó de brazos y negó con la cabeza. - No puedes ir a clase hoy, recuerda lo que dijo tu madre.

  • Estoy bien, sois unos exagerados. - Dijo con la voz completamente ronca y estremeciéndose un poco. - No puedo pasar una semana en la cama sin hacer nada.

  • ¿Pero qué te pasa? - Insistió el moreno.

  • Nada, es que pasé Nochevieja con mi familia materna y uno de mis primos pequeños tenía la gripe muggle y me la ha pegado. - Explicó. - No puede curarse con pociones y dura como una semana. Lo único que puedo tomar son cosas para bajar la fiebre y aliviar un poco el dolor corporal.

  • ¿Y dices que estás bien? - Negó con la cabeza y se cruzó de brazos. - A la cama.

  • Eso ha sonado muy indecente, ¿eres consciente de ello? - Enarcó una ceja de forma provocativa al replicar aquello.

  • Me has entendido perfectamente. - Contestó él rápidamente con una media sonrisa.

  • Tengo cosas que hacer.

  • Jane Ginevra Potter, no me obligues a llevarte en brazos hasta la Sala Común.

  • No serás capaz…

Matt no tuvo que pensárselo dos veces. Se puso de pie, agarró a Jane y la levantó, haciendo que pataleara y protestara un poco, aunque no demasiado. No tenía fuerzas ni para eso.

  • La llevo de vuelta a los dormitorios. - Le dijo a Orion, que le dedicó una sonrisa agradecida. - ¿Le dejaréis luego los apuntes?

  • Que no se preocupe por nada, nosotros nos encargamos.

El chico asintió y empezó a andar hacia las mazmorras. Se fijó en Jane, que estaba realmente pálida, y no pudo evitar sentir una punzada en el estómago. Cuando la chica dejó caer la cabeza hacia el lado y rozó la piel de su cuello se dio cuenta de la fiebre que tenía.

  • ¿De verdad no pueden darte nada?

  • Mi madre es una de las mejores sanadoras del mundo. - Murmuró. - Si ella dice que no, es que no.

  • Está bien. - Suspiró. - Te llevaré a mi cuarto.

  • ¿Por qué no al mío?

  • Porque te irías a clase en cuanto yo me fuera. - Replicó él. - Te conozco, Jane.

  • No puedes obligarme a guardar cama.

  • Te vas a poner peor si no lo haces.

  • ¡Matt!

  • ¿Qué?

  • No eres mi madre. - Protestó. - No me peleé con ella para volver a Hogwarts con los demás para que tú ahora me obligues a no ir a clase.

  • No voy a discutir esto contigo. - Se detuvo en medio del pasillo y le dedicó una mirada un poco enfadada. - No lo hago porque quiera, ¿sabes?

  • ¿Ah, no?

  • No, es que me preocupo por ti. - Acarició su frente y negó con la cabeza. - Estás ardiendo.

  • Estoy bien. - Insistió la chica, aunque se estremeció un poco. Estaba muerta de frío. - Puedo ir a clase.

  • Te llevaré a la Sala Común. - Sonrió un poco y volvió a andar. - Vuelve a intentarlo mañana.

La rubia suspiró, resignada. ¿Desde cuándo Matt era más cabezota que ella? No quería perder más clases, pero no tenía ya fuerzas ni para discutir. A lo mejor tenían razón y debía descansar. Por un día que faltara no se perdería tanto, ¿no? Ella era lista, podría recuperarlo fácilmente. Cuando llegaron hasta el salón, el chico se dirigió hacia su dormitorio, pero ella lo detuvo.

  • No debería quedarme contigo. - Murmuró. - Te pondrás enfermo tú también, será peor.

  • Me da igual contagiarme. - Le dio un beso en la frente. - Solo quiero ver que estás bien y no haces ningún esfuerzo.

  • ¿Estás seguro?

  • Completamente. - Rozó sus labios con dulzura. - Hasta que te pongas bien, te quedarás conmigo.

  • Tengo que coger las pociones y algunas otras cosas de mi cuarto. - Dijo entonces ella, sonrojándose un poco. - Vengo en cinco minutos.

  • Está bien.

La bajó al suelo y ella fue rápidamente hacia la habitación. Cogió el neceser, una sudadera, su manta, unos pantalones anchos y un par de pijamas, además de algo de ropa interior - si iba a quedarse en el cuarto del chico hasta que se pusiera bien así que lo mejor sería llevar bastante cosas -. Le daba un poco de vergüenza dormir tan abiertamente con él, pero al mismo tiempo le apetecía. La noche del baile había dormido estupendamente entre sus brazos y no le importaría repetir la experiencia. Cuando salió, él la cogió en brazos de nuevo, consciente de que a la chica le temblaban un poco las piernas, y la condujo hasta su dormitorio. La tumbó en su cama y se sentó junto a ella.

  • Vendré a verte antes del almuerzo, ¿vale? No hagas esfuerzo e intenta dormir un rato. Destapa la cama y ponte el pijama, tengo mantas en el baúl por si necesitas alguna, ¿de acuerdo?

  • Que sí, quédate tranquilo, estaré bien. - Jane sonrió un poco. - Gracias.

Matt la besó una última vez y salió del dormitorio. La rubia decidió hacerle caso, así que se cambió rápidamente, cogió una manta y, tras deshacer la cama, se metió dentro, dispuesta a descansar un rato.

  • Nunca entenderé a la gente que no le gustan las criaturas mágicas. - Dijo Dan mientras Alex y él volvían hacia el castillo.

  • Son realmente adorables, ¿cómo pueden decir que son horribles?

  • No debes entender entonces a tu hermana. - La chica lanzó una carcajada. - Mi hermano es como ella y yo tampoco lograré entenderlo jamás.

  • ¿Qué haces ahora? ¿Tienes hora libre?

  • Sí, ¿por qué?

  • Por si querías venir conmigo al lago un rato. - Miró hacia atrás unos instantes antes de acercarse a su oído, para que solo ella pudiera escucharlo. - Dame cinco minutos, intentaré quitarme al auror de encima.

  • Vale. - La pelirroja lo besó y sonrió. - Te veo allí.

Se alejó y Dan tomó aire un par de veces antes de encararse con el chico que le habían asignado. No quería que sus padres se enfadaran más con él, pero necesitaba unos minutos a solas con su novia.

  • Señor Potter, sé lo que va a pedirme y mi respuesta es no. - Dijo antes de que pudiera decir nada. - Su padre fue mi claro y me pidió que no me separara de usted bajo ningún concepto.

  • ¿Ni siquiera cinco minutos?

  • No.

  • Vale, hagamos un trato. - Suspiró y señaló al lago. - Nosotros estaremos ahí, justo en la orilla y tú puedes ponerte en esos árboles de ahí. No dejarías de vigilarme, pero me darías un poquito de intimidad.

  • Lo veo adecuado.

  • Genial, muchas gracias. - Dan sonrió, aliviado. Por un minuto había creído que no le dejaría hacer ni eso, por suerte lo había conseguido, pero todavía le quedaba una última cosa que hacer. - Me gustaría pedirte un último favor, ¿podrías echarle un ojo a Alex de vez en cuando?

  • ¿A su novia? - Preguntó, algo extrañado.

  • Sí, es que me preocupa que pueda pasarle algo.

  • Confesó. - No quiero que ella lo sepa o que lo note, solemos estar juntos todo el tiempo así que no sería demasiado trabajo extra. Estoy muy preocupado por ella.

  • No se preocupe, señor Potter. - El auror sonrió y asintió. Entendía su preocupación, no eran buenos tiempos y podrían intentar utilizar a la chica en su contra. Si le hacían algo a ella, llegarían a él y, ¿no era su trabajo proteger al chico? - Yo me encargo.

  • Muchísimas gracias de verdad.

Le dedicó una última sonrisa antes de correr hacia la orilla, donde Alex lo esperaba sentada sobre una manta - tan precavida como siempre, debía llevarla guardada en el bolso por si le hacía falta -. Se dejó caer junto a ella y la besó con una mezcla de dulzura e intensidad.

  • Listo. Ha accedido a quedarse a unos metros de distancia.

  • Me vale. - Se apoyó sobre él, tumbándolo. Dan sonrió y empezó a acariciar su pelo. - ¿Sabes algo de tus padres?

  • Mi madre me ha escrito. - Murmuró él. - Dice que no quiere seguir enfadada con nosotros a pesar de lo estúpidos que fuimos. Mi padre está un poco más molesto, especialmente porque la auror de mi hermana le escribió contándole que se encerró en el baño del tren con Chad y le pidió que se lo contara, pero dice que se le pasará y que nos quiere mucho también.

  • Algo es algo. - Dijo Alex, tratando de sonar animada. - Seguro que pronto se les pasa del todo, no fue algo tan horrible. Al fin y al cabo estáis bien, ¿no?

  • Alex, ¿tú cómo habrías reaccionado si hubieran sido nuestros hijos? - Negó con la cabeza. - Yo habría hecho exactamente lo mismo que mis padres. Me merecía ese guantazo de mi madre y me sigo mereciendo esta sensación de culpabilidad.

  • No te tortures, - Lo besó. - solo queríais,

  • Volvió a besarlo. - defenderos.

Dan la estrechó con más fuerza entre sus brazos y la tumbó sobre él. Apoyó una mano en su cuello y la otra en su cadera, acercándola un poco más y aumentando la intensidad del beso. Por un momento se olvidaron de todo, de dónde estaban, de todo lo que pasaba tanto fuera como dentro del colegio, de quiénes eran, del peligro que los acechaba. Por un momento solo eran dos adolescentes tumbados junto al lago, besándose y pasando el tiempo juntos. Se separaron unos instantes y sonrieron. La pelirroja acarició la mejilla del chico y se mordió el labio.

  • Te quiero.

  • Yo también, Alex.

Volvieron a besarse y a olvidarse de todo, perdieron la noción del tiempo. Solo ellos y sus besos. Dan tenía las manos heladas, pero eso no le importó a la chica cuando las apoyó en su espalda, bajo el jersey. Se separaron de nuevo y estallaron en carcajadas.

  • ¿Y toda esta efusividad, señor Delegado?

  • Que la he echado de menos durante las vacaciones, señora Delegada. - Besó su cuello y ella se estremeció en sus brazos.

  • Pues vamos a tener que dejar de vernos más a menudo, ¿no crees? - Contuvo un suspiro mientras él seguía rozando su piel con sus labios helados.

  • De eso ni hablar. No quiero pasar tiempo lejos de ti.

  • Tienes suerte porque yo tampoco. - Se echó hacia el lado y apoyó la cabeza en su hombro. Había estado meditando una cosa durante todas las vacaciones y sabía que era en ese momento o nunca. - Dan, sé que esto no va a gustarte, pero quiero ayudaros con lo que sea que estéis haciendo.

  • ¿Qué? - Abrió mucho los ojos y la miró, asombrado. - Ni hablar, ¿estás loca? Ni siquiera sabes lo que hacemos.

  • Porque tú no has querido contármelo. Venga ya, Jane y Orion están solo en sexto, yo en séptimo, ¿por qué no puedo participar?

  • Ellos están demasiado metidos en esto. - El chico negó con la cabeza. - No quiero que te pase nada.

  • Soy mayor.

  • Lo sé y también sé que eres muy capaz. - Le dio un beso en la frente. - Esto es una guerra que tiene que luchar mi familia.

  • ¿De verdad no puedo hacer nada para convencerte? - Lo miró con carita de pena y él sonrió levemente.

  • Si necesitamos tu ayuda, te la pediré. No lo dudes ni un momento. - Volvió a besarla. - ¿De acuerdo?

Alex suspiró, resignada. Sabía que no lo lograría convencer, pero aquella pequeña promesa era mejor que cualquier otra.

  • De acuerdo.

Hola a todos ^^

No sé quiénes son más cuquis si Matt y Jane o Dan y Alex - ¡Cuánto amor! Matt es un cielo cuidando de Jane y diciéndole que no le importa que lo contagie y Dan protegiendo a Alex, pero recordándole que sabe lo muchísimo que vale. Yo no podría decidir jajajaja

Espero que os haya gustado el capítulo y, como siempre os digo, dejad vuestros comentarios ^^ Estoy muy contenta porque ya hemos superado las 10000 visitas. ¡Muchísimas gracias a todos!

Muchos besos y nos leemos el lunes,

María :)