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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 40

Leah entró a su dormitorio con la varita preparada. Sabía que Amber estaría sola y que había llegado el momento de enfrentarse a ella. Habían dejado una conversación a medias ante de las vacaciones. Le había dicho a su auror que iba a subir un momento a su cuarto, así que no tenía mucho tiempo, pero mejor eso que nada. La otra chica levantó la cabeza de sus apuntes al verla y le dedicó una sonrisa envenenada.

  • Hola, Potter, ¿querías algo?

  • Sabes perfectamente a lo que he venido, McLaggen. - Contestó. - Creo que comentaste algo sobre el ataque de mi prima Jane que no me gustó nada.

  • ¿Que fui yo quien le lanzó la cruciatus?

  • ¿Lo reconoces así como así?

  • Soy una maestra en el uso de esa maldición.

  • Cogió su varita y empezó a jugar con ella. - ¿Quieres que la pruebe contigo también?

  • Inténtalo si te atreves. - Escupió aquellas palabras y le dedicó una mirada de desprecio.

  • Ojalá pudiera, créeme que, si no lo hago, no es por mí. - Se levantó y se acercó un poco a ella antes de seguir hablando. Tenía muchas cuentas pendientes con Leah y, si no se había enfrentado a ella ya, era solo porque el líder no se lo permitía. Solo él y Chad podían tener acceso a la mayor de los Potter. - No puedo encargarme personalmente de ti, ya hay alguien asignado para eso. - Bajó un poco el tono de voz. - ¿De verdad crees que él te quiere? ¿Que siente algo por ti? Menuda ilusa. Ambas sabemos que sabes la verdad, no me trago que fuera una casualidad que justo el día que decidisteis descubrirnos a todos, se quedara dormido. No va a quererte nunca, para él solo eres una misión, una forma de escalar puestos aunque, claro está, no es que tú se lo estés poniendo muy difícil, ¿no? Deberías escuchar las cosas que dice de ti y lo mucho que presume de tener a Leah Potter comiendo de la palma de su mano. Eres su zorrita particular. - Sonrió ampliamente. Un poco de mentira nunca venía mal y, quizás, así conseguiría separarlos de una vez por todas.

  • Aléjate de mi familia. - Dijo, ignorando sus palabras. Había sentido una punzada en el estómago al escucharla, pero no iba a demostrárselo. ¿De verdad él era así? Era incapaz de creérselo, lo conocía a la perfección y la que se lo estaba diciendo era Amber. No podía ser verdad, no podía estar hablando en serio y, sin embargo, se había asustado - Es mi última advertencia.

  • Apartaos de nuestro camino y nadie sufrirá daños. - Replicó Amber. - ¿Cómo está mami, Potter? ¿Tan asustada que ha tenido que asignaros a Dan y a ti un auror? ¿Cree que van a volver a atacarla como en la convención o que van a ir de nuevo a por ti como el otro día? ¿Y papi cómo lleva que su princesita pueda morir de un momento a otro?

No la dejó hablar más. No lo pensó ni un instante, agitó la varita e hizo que saliera disparada hacia la pared. La chica impactó con un golpe seco y la miró con los ojos desorbitados, incapaz de creerse que hubiera hecho aquello de verdad.

  • No te atrevas a repetir eso, McLaggen, porque la próxima vez no me limitaré a esto.

  • ¿De verdad crees que vas a irte sin más? - Amber se levantó del suelo y lanzó una carcajada. - Qué ingenua eres, Potter.

  • ¡Mantente alejada de mi familia!

  • Ahora más que nunca voy a ir a por ellos. - Sonrió cínicamente y Leah tuvo que controlarse para no abofetearla. - Puede que no pueda atacarte a ti, pero tengo carta blanca para ir a por los demás. ¿A por quién voy primero? ¿Dan, Lyra o Jane? O, mejor aún, ¿y si voy a por los pequeños? ¿A por Gin, Thomas, Harry, Cassie o Carina? ¿Y qué opinaría tu querido hermanito si le pasara algo a Alex por tu culpa? Seguro que la situación sería interesante, no creo que fueras capaz de mirarlo a la cara y contarle toda la verdad.

  • No te atrevas a tocarles un solo pelo.

  • Es lo único que te mereces, lo único que os merecéis todos. Os creéis moralmente superiores por vuestros apellidos cuando realmente no sois nadie. ¿Qué ha hecho tu familia por el mundo mágico desde la derrota de Voldemort? ¡Nada! Lo único que hacéis es estorbarnos a los demás y no permitir que nuestra sociedad avance. - La apuntó con la varita y Leah se puso en guardia automáticamente. - Dejadlo de una vez y nosotros pararemos, pero mientras sigáis oponiéndoos al cambio, a la mejora y a la libertad entonces seguiremos con nuestros ataques.

  • ¿De verdad te has creído todas esas mentiras, McLaggen? - La morena lanzó una carcajada y negó con la cabeza. - No me hagas reír. ¿Libertad a costa de qué?

  • Los muggles son seres inferiores.

  • Los muggles son como nosotros y, de hecho, yo creo que más inteligentes porque han avanzado sin magia. Su tecnología es increíble.

  • La tecnología no es nada comparada a la magia.

  • Di lo que quieras, yo sé cuál es la verdad.

  • Se cruzó de brazos. - Hablo muy en serio, McLaggen, ni te atrevas a acercarte de nuevo a mi familia porque estamos en guerra y me da igual acabar en Azkaban si con ello logro salvarlos a todos.

Intercambiaron una última mirada de desafío antes de que la chica saliera de la habitación. Leah bajó las escaleras rápidamente, con el estómago y el corazón oprimidos, pero una sonrisa en la cara. Tenía que fingir que no había pasado nada raro. La auror, que la esperaba sentada en un sofá, se puso de pie nada más verla y ambas bajaron al Gran Comedor, donde ya estaba casi todo el mundo. Leah se dirigió directamente hacia Lyra y se sentó a su lado. Quería advertirla de lo que Amber había dicho, pero no quería asustarla aún más. La rubia se creía una buenísima mentirosa, pero a ella no lograba engañarla y sabía que estaba aterrada. No quería añadir una preocupación más a su lista, no le quedaba más remedio que reforzar su vigilancia y tratar de evitar el ataque por sus propios medios, sin alarmar a nadie.

  • ¿Así que todavía no le hablas a Orion?

  • No, es un estúpido que cree que puede decidir sobre mi vida.

Ed sonrió complacido al escuchar la respuesta de Cassie. Le encantaba saber que estaba molestando tantísimo a Malfoy y, mucho más, le encantaba tener completamente engatusada a la rubia pequeña. Era ya de noche y estaban los dos en un aula vacía, ella sentada en una mesa y él apoyado entre sus piernas.

  • No me gusta que te pelees con tu familia por mi culpa, - Mintió él. - pero tu hermano y yo jamás estaremos de acuerdo.

  • Es un prepotente, no entiendo cómo puede odiarte. - Cassie bajó la mirada y el chico apoyó una mano en su barbilla, obligándola a levantarla de nuevo. - Ed…

La besó. No quería seguir hablando. Cuando la besó en el baile se dio cuenta de que aquello era un plus más: podía tener lo que quisiera de la chica, cuando lo quisiera. Ella enredó sus manos detrás de su cuello y le siguió el beso, aunque tratando de volverlo más lento. Le gustaba que Ed la besara, pero a veces sentía que era un torbellino y se agobiaba un poco, aunque no quería decirle nada para que no se molestara con ella.

  • Tranquilízate y déjate llevar, Cassie. - Murmuró él antes de volver a besarla con la misma intensidad. Le gustaba tener el control de la situación.

La rubia asintió lentamente y decidió dejarlo seguir con aquello. El moreno apoyó una mano en su rodilla y, lentamente, fue subiendo hasta meterla bajo su falda. Ella volvió a tensarse y se separó de él, un poco alarmada y muy incómoda.

  • No sé si deberías…

  • Venga, estamos saliendo, ¿no? - Insistió él, sin apartar la mano.

  • Pero no quiero.

  • Oh, vale, supongo que no me quieres lo suficiente.

  • No es nada de eso, Ed.

  • ¿Entonces? - Sonrió de medio lado. - No vamos a hacer nada más si es lo que te preocupa.

  • Es que no me siento cómoda…

  • Está bien, supongo que no me quieres.

Se apartó y comenzó a andar hacia la puerta. Si su intuición no le fallaba, no tardaría en pedirle que esperara y entonces él podría hacer lo que quisiera.

  • ¡Espera, Ed! - Pidió ella de forma ansiosa, haciendo que él sonriera. Todo estaba saliendo según sus planes.

  • ¿Sí? - Preguntó, todavía de espaldas.

  • Yo te quiero, es solo que nunca he estado con ningún chico y me pongo muy nerviosa. - Murmuró. - Por favor, no te vayas.

  • ¿Confías en mí?

  • Confío en ti. Lo siento.

El chico se dio la vuelta y se acercó de nuevo a ella. Volvió a ponerse entre sus piernas y la chica cogió su mano y la colocó en el lugar en el que él la había puesto antes, bajo su falda. Estaba temblando, pero a él no le importó y siguió a lo suyo. Cassie cerró los ojos y se dejó hacer, tratando de controlar el temblor y el miedo. Confiaba en Ed y sabía que no iba a hacerle daño. Él era mayor, era normal que quisiera ir a más, ¿no? Ella era muy madura para su edad, todos se lo decían, podía actuar como una chica de sexto. No quería que Ed la dejara y estaba dispuesta a cualquier cosa por evitarlo.

Matt tardó solo un par de días en ponerse enfermo también y él y Jane acabaron guardando cama juntos - cosa que no le hacía ninguna gracia a Dan ya que una cosa era saber que su mejor amigo estaba liado con su prima y otra muy distinta que la metiera en su cama en sus propias narices -.

  • Podríamos hacer una competición de estornudos. - Dijo Matt después de que ella estornudara cuatro veces seguidas. Jane lanzó una carcajada. El chico no perdía su sentido del humor ni en aquella situación. - Oye, que es verdad. El que estornude más veces al día, gana.

  • Qué tonto eres. - Se acurrucó un poco más y enterró el rostro en su cuello. Le estaba subiendo la fiebre y estaba muerta de frío. - Sabes que te ganaría.

  • No sé yo. - Besó su frente y suspiró al notarla caliente. ¿Por qué no se ponía bien de una vez? Sabía que había dicho una semana y todavía quedaban algunos días, pero aún así no podía evitar preocuparse. - Iré a por una poción que te baje la fiebre.

  • Puedo ir yo sola…

  • Yo ahora no tengo, estoy bien. - Se levantó y la arropó con cuidado. - Deja que me encargue de todo.

  • Está bien.

Cogió una de las botellitas del neceser, vertió un poco en un vaso, lo mezcló con agua, como ella le había explicado, y lo removió todo. Esperó unos segundos antes de acercárselo.

  • ¿Te traigo algo más? ¿Tienes hambre?

  • Un poco, pero no te preocupes, en cuanto me encuentre mejor iré a las cocinas. - Se apresuró a contestar.

  • ¿Qué te he dicho antes? - Matt negó con la cabeza. - ¿Qué te apetece?

  • Algo de chocolate.

  • ¿Un chocolate caliente y unas galletas? - Sugirió. - Yo también quiero algo dulce.

  • Me parece bien, gracias. - Jane sonrió ampliamente y Matt la imitó, pensando que incluso en esos momentos tenía una sonrisa radiante.

El chico salió del dormitorio y Jane se tomó la mezcla de un trago. Llevaba un montón de días de clase perdidos ya, esperaba poder ponerse bien pronto aunque, siendo sincera, estaba muy a gusto allí. Matt era un cielo de niño, jamás creyó que pudiera ser tan atento, no la dejaba hacer nada, le llevaba todas las cosas a la cama, la mimaba, incluso le leía libros en voz alta. Y todo eso a pesar de que lo había contagiado. Cuando él volvió a la habitación, sintió una punzada en el estómago. No sabía exactamente cuándo o cómo había pasado, pero se había enamorado completamente de él.


Hola a todos ^^

Lo primero: no me matéis por lo de Cassie. Ed es un capullo con todas las letras y ella es tan inocente que... Perdonadme, en serio, pero era lo que tenía que pasar :(

Luego, menudo enfrentamiento el de Leah y Amber (odio a Amber, decirle esas cosas sobre Chad agg) y Jane y Matt son un amor - Un chico que te lea cuando estás demasiado enferma como para poder leer tú <3

Y, bueno, deciros también que mañana (sí, sí, mañana martes 1 de marzo) voy a empezar una historia sobre la primera generación que era algo que, la verdad, me apetecía hacer y varios lectores me habían pedido (Fátima espero que ya estés contenta jajaja). Os dejo aquí el enlace por si queréis ir echándole un vistazo: http://www.potterfics.com/historias/187637

Dicho esto, espero vuestros comentarios y nos leemos el miércoles :3

Muchos besos,

María :)