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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 48

Amor eterno. Leah descubrió el significado de los tulipanes rojos nada más llegar a la mañana siguiente al Gran Comedor. Cassie se había acercado a ella, con los ojos brillándole un poco, y se lo había dicho emocionada. Decía que Sophie la había visto entrar al castillo con el ramo de flores y que ella había recordado entonces que, según un libro de herbología muggle, esos tulipanes simbolizaban el amor eterno. La morena se quedó sin saber qué contestar, desde luego aquello era muy romántico, Chad le acababa de decir que pasara lo que pasara, que estuvieran en el bando que estuvieran, él seguiría queriéndola. Le dio las gracias a la chica y corrió hacia él. Lo besó antes de que pudiera decir nada.

  • ¿Nos hemos levantado de buen humor? - Preguntó con una media sonrisa tonta dibujada en sus labios cuando se separaron.

  • Es que ya sé lo que significaban los tulipanes rojos, Chad. - Contestó ella, antes de besarlo de nuevo. - Y no podría estar más de acuerdo con ellos.

Las semanas siguieron pasando, cada vez más rápido - y, para alivio de Ingrid y Orion, pronto descubrieron que no había ningún pequeño Malfoy de camino -. El equipo de Gryffindor ganó al de Ravenclaw, por solo 20 puntos - ya que Leah perdió la snitch, cosa que sorprendió bastante a todos y que alegró mucho a Marianne - y el de Slytherin al de Hufflepuff - por bastantes más puntos, Jane era sin lugar a dudas la jugadora revelación de aquel año -. Leah y Dan no podían estar más picados el uno con el otro y ambos se morían de ganas de que llegara la final para determinar, de una vez por todas, quién era el mejor.

El torneo de duelo también empezó. Tanto los mellizos Potter, como Chad, Lyra, Ryan, Alex, Matt y Amber ganaron sus duelos y siguieron en la competición, llegando los ocho a la fase de cuartos. Dan se enfrentaría a su novia, Ryan a Lyra, Chad a Matt y Leah a Amber - cosa que alegró mucho a ambas -. La mañana del duelo llegó y las dos chicas entraron a clase dedicándose miradas desafiantes.

  • Qué ganas tengo de ponerla en su sitio. - Murmuró Leah a los demás.

  • Sí, pero ten mucho cuidado. - Dan le dedicó una mirada preocupada.

  • ¿Crees que es mejor duelista que yo, hermanito?

  • No, pero te tiene muchas ganas y no creo que juegue limpio.

  • Estoy de acuerdo con él. - Intervino Lyra.

  • El profesor Watt estará ahí, pero no creo que se corte por eso.

  • Tranquilos, tendré cuidado. - Les dedicó una sonrisa confiada. - Además, si se pasa de la raya, el profesor parará el duelo y sé que vosotros no dejaréis que me haga una imperdonable.

  • ¿De verdad crees que sería capaz? - Le preguntó Matt.

  • Se la hizo a Jane.

  • Sí, pero, quiero decir, aquí en medio, a cara descubierta. - Suspiró. - Pero sí, te protegeremos si las cosas se ponen feas.

  • ¡Señorita Potter, señorita McLaggen! - Exclamó el hombre entonces, atrayendo la atención del resto de la clase. - Ya ha llegado la hora del duelo. Por favor, al centro del aula.

  • Suerte, Leah. - Susurró Alex.

  • No la necesito, pero gracias cuñada.

Las dos chicas fueron hasta el centro de la clase y se dedicaron una mirada desafiante.

  • Bueno, ya sabéis cuáles son las normas, quiero un duelo limpio, chicas. - Dijo. - Buena suerte.

Se alejó unos pasos y las dos hicieron una leve reverencia. Prepararon las varitas y esperaron unos largos segundos hasta que el profesor les dio la salida. Leah lanzó un expelliarmus, pero Amber logró pararlo y contraatacó con un desmaius que la otra pudo también esquivar. Siguieron lanzándose hechizos durante varios minutos, protegiéndose y moviéndose de un lado a otro, intentando ganar aquello. Leah estaba acostumbrada a que sus duelos se acabaran pronto y no pudo evitar pensar que se notaba todo el entrenamiento que recibían los miembros de aquel grupo. Con un rápido movimiento de varita, consiguió ponerla bocabajo, pero Amber no se rindió y, antes de que la mayor de los Potter pudiera hacer nada más, lanzó una maldición que abrió una herida en su hombro. Contuvo un grito y se llevó una mano ahí, incrédula.

  • ¡¿Pero qué haces?! - Le gritó. Las punzantes estaban terminantemente prohibidas en esos duelos.

Haciendo caso omiso al dolor de su hombro y a la sangre que descendía por su brazo, lanzó un nuevo hechizo, haciéndola dar un par de vueltas en el aire antes de caer al suelo con un golpe seco. Se levantó y le dedicó una mirada enfadada.

  • Serás…

  • ¡Señorita McLaggen, deténgase! - Exclamó el profesor Watt, aunque ella lo ignoró por completo.

Lanzó otra maldición punzante que Leah esquivó por muy poco, casi al mismo tiempo que lanzaba un desmaius. Amber se apartó de un salto.

  • Te hará falta algo más fuerte que eso, Potter. - Lanzó una carcajada. - Sectum…

  • Expelliarmus.

Leah realizó aquel hechizo con todas sus fuerzas, rogando porque funcionara. Y lo hizo. La varita de la otra chica salió volando, dejándola sorprendida. No le había dado tiempo a protegerse, ni siquiera a terminar de pronunciar la maldición.

  • Señorita Potter, ¿se encuentra bien? - El profesor se acercó a ella y comprobó su estado. Ella asintió lentamente y él se volvió para encarar a la otra. - Señorita McLaggen, sabe perfectamente que ese tipo de hechizos no están permitidos. Queda usted descalificada, aunque la señorita Potter ha vencido de todos modos. ¿En qué estaba pensado? Le restaré 50 puntos a Gryffindor y usted tendrá que encargarse de recoger el aula después de clase hasta que yo lo considere apropiado. - Miró al resto de alumnos. - La clase ha terminado. Señorita Potter, vaya a la enfermería, ese corte no tiene buena pinta.

Dicho esto, el hombre salió de la clase. Dan corrió hacia Leah, preocupado, seguido de los demás.

  • Estoy bien. - Dijo ella, antes de darles tiempo a contestar.

  • Esa malnacida… - Su hermano miró la herida con preocupación. No dejaba de sangrar. - Sabía que intentaría hacerte algo.

  • Le he ganado al menos. - Contestó con una tímida sonrisa.

  • Pero aún así… - Lyra suspiró. - No puedo creerme que te haya atacado así delante de todo el mundo. Ha estado a punto de delatarse a sí misma.

  • No creo que eso le importe mucho.

  • ¡Leah! - Chad llegó hasta ella apartando a los demás y la agarró de ambos brazos. - ¿Estás bien?

  • Que sí, pesados. - Asintió. - Solo es un corte de nada.

  • No te engañes a ti misma. - El moreno negó con la cabeza. Conocía esa maldición, la habían practicado muchas veces en sus reuniones nocturnas. La abrazó y empezó a murmurar en su oído. - No dejará de sangrar hasta que no apliquen un poco de agua con esencia y una mezcla de bezoar y hierbas curativas. Díselo a la enfermera Longbottom, ¿de acuerdo?

  • Vale.

  • Esto no va a quedarse así. - Añadió antes de darle un beso en la mejilla y separarse un poco de ella. - Ten mucho cuidado.

Se fue y la chica no tardó en abandonar la clase en dirección a la enfermería acompañada de su hermano, que seguía bastante preocupado. La cosa se había descontrolado y quién sabe qué más podría haber pasado si ella no hubiese conseguido desarmarla. La miró de reojo y se sorprendió al ver que parecía serena a pesar de todo. Bueno, el mismo lo había dicho, parecía. Leah era una experta en el arte de fingir y disimular. Probablemente estaba tan nerviosa como él y solo intentaba aparentar normalidad para no preocuparlo todavía más.

  • ¿Qué te ha dicho Chad? - Le preguntó entonces. Sospechaba cada vez más del chico, algo le decía que ocultaba algo y no sabía si su hermana lo sabía y lo encubría o no tenía ni idea de lo que pasaba, aunque se decantaba por la primera opción.

  • Que fuera a la enfermería. - Se limitó a decir, sin querer entrar en más detalles. - Estaba preocupado.

  • Leah, ¿hay algo que no me hayas contado sobre él? - Se atrevió, por fin, a preguntar. Ella no podía mentirle a la cara, ¿verdad?

  • ¿Algo como qué? - Se tensó y supo que Dan se había dado cuenta. A él no podía engañarlo, pero tenía que seguir disimulando. - No estamos saliendo, si es lo que quieres saber.

  • No me refería a eso y creo que sabes perfectamente lo que te estoy preguntando.

  • No, Dan, no hay nada que no te haya contado sobre él. - Contestó ella finalmente, fijando sus ojos en los suyos y diciéndole la mayor mentira de su vida, aunque él no la creyó.

Chad cogió a Amber del brazo y la metió en la primera clase vacía que encontró. Ryan los seguía, un poco alarmado.

  • ¿Cómo te has atrevido? - El moreno pegó a la chica a la pared y le dedicó una mirada cargada de ira.

  • Era un duelo, Chad. - Respondió ella con tranquilidad, ignorando el tono de voz y la mirada del chico.

  • Le has lanzado una punzante y de las fuertes.

  • ¿Y no has ido tú corriendo a decirle cómo sanar la herida? - Enarcó una ceja. - Era obvio que no iba a morir por un cortecito de nada, no sé por qué te pones así.

  • Porque sabes perfectamente que ni tú ni nadie podéis tocarle ni un pelo.

  • Solo tú y el líder, ya lo sé.

  • ¿Entonces por qué lo has hecho?

  • Porque era la única oportunidad que tenía de hacérselo pagar. - Sonrió con autosuficiencia.

  • Deberías estar suplicándome para que no le contara esto al líder, Amber, no riéndote así. - Contestó Chad, apretando su brazo con un poco más de fuerza, haciendo que ella ampliara su sonrisa.

  • Él no va a enterarse de esto.

  • Dame un buen motivo para que no se lo diga.

  • Si lo haces le contaré que estás enamorado de ella. - Dijo con determinación. - No sé por qué tiene tanto interés en Potter, ni para qué la quiere, pero estoy segura de que no le hará gracia saber eso.

Chad se quedó callado, sin saber qué hacer o decir. Aflojó un poco el agarre de su brazo y apartó la mirada.

  • No digas tonterías, Amber. - Intervino Ryan, acercándose a ellos y separándolos.

  • No soy tonta, sé que para él es mucho más que una misión y que no es solo un entretenimiento. - Le dijo. - Sé que la quiere.

  • No te creerá. - Murmuró Chad. - Soy su mejor hombre.

  • Bueno, yo soy también un miembro bastante fuerte de su organización y creo que puedo resultar bastante convincente.

  • ¿Qué ganarías contándole eso, Amber? - Le preguntó el moreno.

  • Te relegaría de tu misión, quizás me la daría a mí y, sinceramente, me encantaría encargarme de Leah Potter. Sería muy divertido.

  • No dejaré que le hagas daño.

  • La estás poniendo por encima de la organización, Chad, ¿no te das cuenta de que podrías terminar muerto? - Bajó un poco el tono de voz y se acercó a él. - Lo hago por tu bien, porque te quiero. Tienes que terminar con esto antes de que se convierta en algo más, antes de que sea demasiado tarde y ya no puedas alejarte de ella.

  • ¿De verdad crees que haciendo esto conseguirás que empiece algo contigo, Amber?

  • Tal vez.

  • Eres entonces más inconsciente de lo que creía. - Negó con la cabeza. - Solo conseguirías que cayera en desgracia ante el líder. Me mataría, ¿es eso lo que quieres?

  • Antes prefiero verte muerto que con esa, Chad.

  • Ya lo imaginaba. - El moreno sonrió levemente. - De todas formas no dirás nada, porque si yo caigo, tú caerás conmigo. Le diré lo que le has hecho y no le hará ninguna gracia. Sé que aprecias tu vida, no desperdicies esta oportunidad que te estoy dando.

Salió de la clase seguido de Ryan y la chica no pudo evitar suspirar. Él tenía razón, si el líder se enteraba de lo que había hecho ella también acabaría muerta, así que lo mejor sería guardar silencio. Al menos de momento.


Hola a todos y feliz viernes ^^

Odio a Amber, en serio, es tan odiosa que agggg Y parece que Dan se ha dado cuenta de lo de Chad, a ver qué pasa ;)

Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis dejad vuestros comentarios :)

Nos leemos el lunes, pasad un buen finde.

Un beso,

María :)