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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 47

  • Vale, ya en serio Chad, ¿dónde me llevas?

El chico lanzó una carcajada, pero no contestó. Era la decimoquinta vez que Leah le preguntaba aquello. Nada más salir de la Sala Común, le había vendado los ojos y la había cogido en brazos - no quería que la chica se cayera y se hiciera daño -. La morena había protestado y pataleado un poco, había empezado a preguntar y le había amenazado con no volver a dirigirle la palabra si no la dejaba en el suelo y contestaba sus preguntas, pero todo había sido en vano.

  • ¿Podrías decirme, al menos, si queda mucho para llegar?

  • Poco. - Contestó él, diciendo algo por fin.

  • Oh, así que puedes hablar, temía que te hubieran cortado la lengua. - Replicó ella con ironía. Si no llevara esa venda, habría puesto los ojos en blanco. - ¿Y una pista no me puedes dar?

  • Eso ya sería demasiado, Leah. - Dijo, tras meditar su respuesta unos instantes. - No seas impaciente.

  • La paciencia no es una de mis múltiples virtudes.

  • La humildad tampoco. - Masculló él por lo bajo.

  • No es ninguna novedad. - La chica lanzó una carcajada, a pesar de todo. - También soy muy irascible y algo vengativa. No soy perfecta, Chad.

  • Ya lo sé. - Él se encogió de hombros. - La perfección no existe, ¿te imaginas lo aburrido que sería todo si fuéramos perfectos?

  • Aburridísimo. - Negó con la cabeza. - ¿Cuánto queda?

  • Ya estamos llegando.

Apenas tardó unos segundos en bajarla al suelo, poniéndola de pie. Le pidió que esperara unos instantes mientras él terminaba de prepararlo todo antes de quitarle por fin la venda con delicadeza. Ella sonrió. En el suelo había un mantel de cuadros blanco y rojo y, sobre este, un ramo de tulipanes rojos, una botella de champagne y un recipiente lleno de fresas cubiertas de chocolate.

  • Voilá.

  • Así que esta es tu gran sorpresa. - Lo miró de reojo y lo cogió de la mano otra vez.

  • Parte de ella.

  • ¿Qué más hay? - Preguntó ella con curiosidad.

  • Poco a poco, Leah. - Le guiñó un ojo antes de besarla. - Primero vamos a disfrutar de nuestra merienda campestre.

  • Está bien.

Se sentaron y la chica cogió las flores. Eran preciosas. Chad descorchó la botella y sirvió dos copas.

  • ¿Qué sabes del lenguaje de las flores? - Le preguntó, tendiéndole una copa.

  • Creo que nada, ¿por qué? - Arrugó la frente. ¿Los tulipanes rojos querían decir algo más?

  • No te preocupes, es solo una tontería. - Él apartó un poco la mirada, pero levantó su copa. - ¿Brindamos?

  • Sí. - Leah lo imitó. - Por muchos más días así, a pesar del límite de tiempo.

  • Creo que puedo mejorarlo. - Chad sonrió y la miró a los ojos. - Por nosotros, sin pensar en los días o en el tiempo, por lo que somos ahora mismo. Simplemente, por ti, por mí y por la esperanza.

  • Por la esperanza. - Murmuró ella antes de entrechocar sus copas.

  • ¿Ingrid? - Orion pegó en la puerta del dormitorio de la chica, un poco cohibido. - ¿Puedo pasar?

  • Sí. - Contestó ella, rápidamente. - No hay nadie.

El rubio abrió la puerta y pasó al cuarto. Su novia estaba sentada en la cama, con las piernas encogidas y la mirada fija en sus pies. Se sentó junto a ella y apoyó una mano en su rodilla, sin saber muy bien qué hacer.

  • ¿Estás bien?

  • Te… tenemos un problema. - Murmuró, todavía sin mirarlo. Se clavó las uñas en la palma de la mano, nerviosa.

  • No me asustes. - Orion palideció. No podía ser lo que él creía, no podía ser eso bajo ningún concepto. - Por favor, dime que estás preocupada porque tu padre me odia o algo así.

  • Todavía no sabe de tu existencia, pero quizás empiece a odiarte pronto.

  • Ingrid…

  • Tengo un retraso. - Lo miró a los ojos.

  • Aquel día hice el hechizo muy rápido, debería haber tenido más cuidado. - Murmuró él, enterrando la cara entre sus manos. - Mierda, no puede ser, es la última vez que no usamos esa cosa muggle.

  • Orion…

  • ¿Cómo vamos a ser padres? ¡Solo tenemos 16 años. - Siguió diciendo él, ignorando a la chica y revolviéndose el pelo de forma nerviosa. - Qué desastre.

  • Orion…

  • Tus padres me matarán y los míos también. Merlín, no estoy preparado para esto, no puedo tener un crío.

  • Necesito un poco de apoyo, ¿sabes? - Sus ojos volvieron a encontrarse y él apretó los labios al ver lo angustiada que estaba.

  • Sí, lo siento. - La abrazó y ella se relajó durante unos instantes. - ¿Qué vamos a hacer?

  • No lo sé, supongo que debería escribirle a mi hermana para que me envíe un test de embarazo. - Murmuró ella. - Aunque también podríamos esperar un poco. Solo han sido cuatro días.

  • Espera, ¿qué? - Se separó de ella y suspiró aliviado. - Joder, creía que estábamos hablando de algo serio.

  • ¡Orion!

  • Lo siento, pero es verdad.

  • Cuatro días sigue siendo un retraso.

  • Ya lo sé, pero a lo mejor solo es una falsa alarma. - Volvió a abrazarla y le dio un beso en la frente. - Habla con tu hermana si quieres, pero yo creo que podemos esperar unos días más. Seguro que todo queda en un susto.

  • Siento haber arruinado San Valentín. - Murmuró ella, levantando un poco la cabeza y rozando su nariz con la del chico.

  • Si te soy sincero siempre me ha parecido una fiesta absurda. - Confesó. - Solo iba a hacer algo porque a ti te apetecía.

  • Qué mono.

Se besaron y ambos se relajaron por completo. Seguro que todo quedaba en un susto. Eran jóvenes y en ese momento solo querían olvidarse de todo.

Leah y Chad merendaron entre risas y besos, disfrutando del rato. Habían hecho muchas cosas juntos, pero jamás habían salido así y, siendo sinceros, estaban encantados.

Cuando terminaron, Chad guardó el mantel, las copas vacías y lo demás en una cesta e hizo un hechizo para proteger las flores antes de encogerlo todo. Cogió a Leah otra vez de la mano y la llevó hasta un claro dentro del Bosque Prohibido, donde había dejado su escoba.

  • ¿Quieres volar un rato? - Preguntó ella al verla.

  • Sí, pero no de la forma tradicional. - La miró un poco dubitativo antes de seguir. - ¿Tú confías en mí?

  • Sí. - La morena asintió lentamente. - ¿Por qué?

  • ¿Alguna vez te has puesto de pie en la escoba? - Leah abrió mucho los ojos al escuchar aquello y Chad lanzó una carcajada. - Creo que eso es un no.

  • Por Merlín, tú quieres matarme.

  • Claro que no, todavía tenemos que ganar dos partidos de quidditch, no podemos quedarnos sin capitana a estas alturas del curso, además, el torneo de duelo sería muy aburrido sin ti.

  • ¿Solo por eso?

  • Y también porque no sé qué haría sin ti.

  • Eso ya me gusta más. - La chica empezó a reír. - ¿De verdad crees que no me haré daño?

  • De verdad. - Contestó. - Te agarraré con todas mis fuerzas, no dejaré que te pase nada malo.

  • Está bien.

El moreno se subió en la escoba y empezó a volar muy bajo, prácticamente rozando el suelo. Le tendió la mano a ella que se puso de pie sobre el palo con cuidado, intentando mantener el equilibrio. Cuando notó que estaba más o menos segura, se colocó de frente, para poder ver el paisaje frente a ella. Chad la agarró con fuerza - una mano en su cintura y la otra rodeando sus piernas, y empezó a subir despacio, aferrándose él a la escoba únicamente con las piernas. Empezó a acelerar cuando superaron las copas de los árboles y Leah no pudo evitar lanzar un grito al notar una descarga de adrenalina recorriendo todo su cuerpo. El chico la llevó por encima del lago, alrededor del castillo, por el interior del bosque… Jamás había pensado hacer eso, pero ahora le parecía lo más lógico del mundo. ¿Qué mejor manera de disfrutar de las vistas que esa? Se agachó un poco al llegar al lago para poder rozar el agua con los dedos, consciente de que no se caería, de que Chad la tenía fuertemente agarrada; saludó a todos con los que se cruzaba - que la miraban como si estuviera loca -; elevó los brazos cuando el chico inclinó la escoba un poco hacia atrás, tomando altura. Aquella sensación de libertad era increíble. No se detuvieron hasta que una voz los sobresaltó, haciendo que el Gryffindor perdiera el control de la escoba y ambos cayeran al suelo. Por suerte estaban a poca altura.

  • Señor Crawford, señorita Potter, ¿se puede saber qué están haciendo? - El profesor Watt los miraba con los ojos desorbitados. - ¿No se dan cuenta de lo peligroso que es eso? ¡20 puntos menos para Gryffindor!

  • Pero profesor, nosotros…

  • Nada de peros, señorita Potter. - Negó con la cabeza. - Que no se vuelva a repetir.

Dicho esto se marchó y los dos se levantaron del suelo, tratando de contener la risa sin éxito. Se sacudieron la ropa antes de empezar a hablar.

  • Ha sido increíble, Chad.

  • ¿Te ha gustado la cita entonces?

  • Muchísimo. - Ella asintió. - Ha sido una de las mejores tardes de mi vida, me lo he pasado genial.

  • Menos mal. - Él sonrió antes de besarla. Ella enredó sus manos detrás de su cuello y sonrió con cierta timidez. - También ha sido una de las mejores de la mía, la verdad.

  • Además, creo que ambos nos llevamos algo muy importante.

  • ¿Qué?

  • Esperanza.

Angela abrió la puerta del dormitorio de Remus y se coló en la habitación rápidamente. Sabía que no la habían seguido, había comprobado si había alguien en el pasillo cinco veces, pero aún así no se fiaba. Él la esperaba sentado en su escritorio, terminando de corregir unos trabajos. Dejó la cesta que traía de las cocinas en el suelo antes de acercarse a él y mirar por encima de su hombro.

  • ¿Solo le vas a poner un Supera las expectativas a Kate? - Le dijo. - Ha trabajado muchísimo en este trabajo.

  • No puedo ponerle un Extraordinario por ser tu mejor amiga, Angy. - Comentó él, girándose y dedicándole una sonrisa.

  • Deberías. - Ella se sentó en sus rodillas y se acercó para besarlo, aunque se detuvo a unos milímetros de su boca. - ¿Y yo cuánto he sacado?

  • Pues, la verdad, no te ha ido muy bien. - Murmuró él. - Y cuando digo eso, me refiero a que tienes un Insatisfactorio, deberías estudiar más.

  • ¿Un qué? - Abrió mucho los ojos. - Remus, eso no es justo, seguro que tengo más nota, me esforcé mucho.

  • Pues no lo has demostrado. - Él se encogió de hombros. - Lo siento, no puedo hacer nada.

  • Pensaba que estar liada con mi profesor me daría ciertas ventajas. - Dijo ella, dedicándole una sonrisa traviesa. - Pero ya veo que no.

  • Así que, ¿estás conmigo solo por eso? - Remus fingió indignarse, pero ella lanzó una carcajada y él no pudo evitar negar con la cabeza. Lo conocía muy bien.

  • Ya sabes que no, tonto. - Lo besó y él rodeó su cintura con los brazos.

  • ¿Has venido aquí para hablar sobre tus notas el día de San Valentín? - Preguntó antes de darle un beso en la mejilla.

  • Sabes perfectamente que no. - Se puso de pie y cogió la cesta. Empezó a sacar cosas y a colocarlas sobre la mesa que había en la habitación. Cuando todo estuvo listo, encendió un par de velas y se volvió parar mirar al chico, que le dedicó una sonrisa dulce. - Nuestra cena romántica ya está lista.

Remus se puso de pie y se sentó frente a ella. Sabía a todo lo que se arriesgaba al salir con la chica, pero en momentos como ese recordaba por qué lo hacía. Angela lo miró desde el otro lado de la mesa con esa mezcla de dulzura y picardía que le encantaba y no pudo evitar ponerse de pie para ir hasta ella y besarla, poniéndose de rodillas frente a ella.

  • Pase lo que pase, Angy, recuerda que te quiero. - Murmuró. Jamás se lo había dicho, pero aquel momento era igual de bueno que cualquier otro.

  • Pase lo que pase, Remus, recuerda que yo también. No dejaré que nadie nos separe, me da igual tener que enfrentarme al mundo si es junto a ti, ya lo sabes.

Él volvió a besarla y ella sonrió sin poder evitarlo. Aquel día estaban más dispuestos que nunca a creer que todo iría bien.

Matt y Jane habían cenado entre sus risas habituales y algunos silencios incómodos. A la rubia le hacía mucha gracia lo nervioso que estaba el chico - que había tirado su plato al suelo, derramado una jarra de refresco y casi se había caído al entrar en la habitación -, aunque la verdad ella también estaba un poco ansiosa. Cuando terminaron de comer lo recogieron todo con un movimiento de varita y se quedaron de pie, el uno junto al otro, sin saber muy bien qué hacer o decir. La situación era un poco fría, se suponía que no debía ser así. Jane fue la primera en decidirse a dar el paso. Cogió a Matt de la mano, se puso de puntillas y lo besó con dulzura. Notaba el corazón a punto de salírsele del pecho, pero eso no hizo que se acobardara y parara. Él le siguió el beso, apoyando una mano en su cadera y la otra en su nuca, enredando los dedos en su pelo.

  • Jane, no quiero pecar de pesado pero, ¿estás segura? - Le preguntó un murmullo cuando se separaron para tomar aire.

  • Sí, Matt. - Ella sonrió levemente. - Pero me gustaría que las cosas fluyeran, esto es demasiado mecánico.

  • Lo sé, es muy raro. - Él suspiró. - Creía que era el único que se sentía incómodo.

  • En absoluto. - La rubia lanzó una carcajada. - Es como "¿y ahora qué hago?". Por Dios, qué raro es todo.

  • ¿Sabes que dices expresiones muggles cuando estás nerviosa? - Comentó el moreno. Ella frunció el ceño y él se encogió de hombros. - Nunca dices "por Merlín", siempre dices "por Dios" cuando no sabes qué hacer o algo te preocupa. Te pasa a veces cuando estudias.

  • ¿De verdad hago eso? - Jane se sonrojó levemente. Nunca se había dado cuenta. - Debe ser por mi madre, ella es nacida de muggles y siempre usa esa expresión.

  • Me resulta encantador cuando lo haces.

  • ¿Ah, sí? - Ella lanzó una carcajada y volvió a besarlo. - ¿Y qué más te resulta encantador de mí?

  • La lista no acabaría nunca.

  • Me encantan los cumplidos. - Volvieron a besarse ahora con más pasión, dejando los nervios y las inseguridades a un lado.

  • Tus ojos son encantadores. - Murmuró él, bajando para besar su cuello, arrancándole un suspiro. - Ese gesto que haces con la nariz cuando te enfadas es terriblemente encantador. - Añadió mientras seguía repartiendo besos. La cogió de la cadera y la levantó, haciendo que enredara sus piernas alrededor de su cintura para poder besar su clavícula. - Y la forma en la que pronuncias mi nombre también lo es.

  • Matt.

  • ¿Sí? - Él paró y la miró a los ojos, lo que hizo que ella lanzara una carcajada.

  • Nada, solo estaba diciendo tu nombre. - Se acercó a su oído para poder murmurar. - Puedo repetirlo todas las veces que quieras esta noche.

  • Por Merlín…

Volvieron a besarse y, antes de darse cuenta, el Slytherin ya la había tumbado en la cama y había comenzado a deshacerse de su ropa. Se sucedieron los besos y caricias, a veces rápidos, a veces lentos. Las risas se entremezclaban con los suspiros y gemidos por parte de uno y otro, que se estaban entregando completamente a aquel momento. Se les olvidó todo: lo que temían, lo que anhelaban, lo que les ponía nerviosos. Dejaron que la cosa fluyera, que el amor los guiara aquella noche. Cuando el reloj dio las doce, Jane detuvo al chico, que la miró un poco preocupado.

  • Matt, feliz cumpleaños. - Murmuró, con la respiración entrecortada.

  • ¿Qué?

  • Ya son las doce, es día 15. - Lanzó una risita un poco tonta y se sonrojó. - Es tu cumpleaños, tienes 18. Luego te daré tu regalo.

  • Jane, no me hace falta ningún regalo. - Murmuró él, apartándole un mechón de pelo de la cara. - Estás conmigo, no quiero nada más, no necesito ninguna otra cosa. Eres el mejor regalo que la vida me ha podido dar.

Volvieron a besarse, fundiéndose el uno en el otro. Jane no pudo evitar pensar que aquella noche en la que él la había besado por primera vez se había equivocado. Aquella no había sido su mejor noche en Hogwarts, desde luego esta la había desbancado con creces.


Hola a todos ^^

Menudo San Valentín más completito jajaja Orion, pobrecillo, ha estado a punto de sufrir un infarto xD Y Angela y Remus son monísimos ainss <3

Decid lo que queráis, pero en este capítulo Chad, Leah y sus tulipanes rojos (¿sabéis lo que significan? ;)) han sido adorables a pesar de todo :3 Y de Matt y Jane creo que no hace falta añadir nada <3

Espero que os haya gustado el capítulo y ya sabéis dejad vuestros comentarios ;) Lo dije ayer en la historia de la primera generación, pero lo comento por aquí también. Me he hecho un twitter para informar sobre las actualizaciones, novedades y algunas sorpresas que estoy preparando ;) En mi perfil tenéis el link, pero es @ladyluna_10 (por si os apetece buscarlo).

Dicho esto, nos leemos el viernes.

Muchos besos,

María :)