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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 46
A la mañana siguiente el castillo amaneció lleno de carteles y panfletos que, en seguida, llamaron la atención de todos los alumnos y profesores. El director no pudo evitar enarcar una ceja, sorprendido, al empezar a leerlos: "En el siglo XIX un muggle llamado George Stephenson inventó el primer tren, sin él, ¿cómo llegaríamos a Hogwarts? Sus inventos, nuestra ayuda"; "Los griegos inventaron un sistema de poder hace miles de años, un sistema basado en la justicia: la democracia. Sus ideas, la base de nuestro sistema"; "Sus estudios nos han impulsado, sus conocimientos nos han ayudado, su literatura nos ha emocionado. Sin ellos, no seríamos nosotros". Aquello era una auténtica declaración de hermandad, estaba claro que quienes lo hubieran hecho pretendían desacreditar a las corrientes anti-muggles. El profesor Reynolds arrugó uno de los papeles y se situó en medio de la multitud, furioso - aquello podía hacerles perder posibles nuevos seguidores -, dispuesto a descubrir quién había escrito eso.
-
¡Exijo que el o los responsables den la cara! - Exclamó. - Han dañado el mobiliario de la escuela y han hecho pública su preferencia por un bando, lo que va contra las normas del colegio.
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Yo creo que es una buena forma de difundir lo que los muggles han hecho por nosotros. - Intervino Leah, dando un paso al frente. Chad la agarró del brazo y le dedicó una mirada preocupada.
-
¿Quiere esto decir que es obra suya, señorita Potter?
-
No he dicho eso en ningún momento, profesor, solo he dicho que creo que no debería castigarse al responsable. - Replicó, desafiando al hombre con la mirada.
-
Eso no puede decidirlo usted.
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Pero yo sí. - Neville se acercó al otro hombre y sonrió. - Creo, mi querido profesor Reynolds, que la señorita Potter tiene razón. Además, yo nunca he dicho nada sobre las muestras de apoyo a los muggles, solo a los grupos que buscan la discordia.
-
¿De verdad va a permitirlo?
-
¿Qué tienes en contra de informar al alumnado? - Neville se encogió de hombros.
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Nada. - Masculló el otro.
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Genial, entonces. ¡Todos a sus clases!
Leah le guiñó un ojo a Chad y este negó con la cabeza. La chica se arriesgaba demasiado. El resto del grupo también intercambió miradas de victorias. Puede que no hubiera sido un gran ataque, pero algo era algo. Cassie se acercó a sus hermanos rápidamente. No era tonta y recordaba perfectamente cómo Carina había mencionado un par de días antes que muchos estaban en contra de los muggles porque no sabían lo que realmente habían hecho por ellos. Menuda casualidad.
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Habéis sido vosotros. - Dijo, señalándolos con el dedo de forma acusadora.
-
¿Qué? - Lyra trató de sonar tranquila, pero no pudo evitar intercambiar una rápida mirada con Orion que confirmó todas las sospechas de la pequeña.
-
Quiero ayudar.
-
No puedes. - La cortó su hermano rápidamente.
-
Así que sí que sois vosotros. - Sonrió con un poco de superioridad. - Vosotros y, dejadme adivinar, ¿Leah, Dan y Jane?
-
No te metas en esto, Cassie. - La rubia mayor negó con la cabeza. - Eres demasiado pequeña y es arriesgado.
-
Pero soy muy lista, puedo echaros una mano.
- No insistas. - Orion suspiró. - Además, después de todo lo que ha pasado necesitas descansar.
-
Estoy bien. - Mintió ella.
-
Somos tus hermanos mayores, no sé a quién pretendes engañar. - Lyra suspiró. - Sabemos lo que nos hacemos, no te preocupes.
-
Pero…
-
Pero nada. - El rubio apoyó una mano en el hombro de la pequeña y le dio un leve apretón. - Anda, vete, Sophie te está esperando. ¿No querrás llegar tarde a clase, no?
-
Sigue pareciéndome muy injusto.
-
Cuando seas mayor nos entenderás.
Cassie puso los ojos en blanco y se marchó. Sabía que no conseguiría convencer a sus hermanos, pero se prometió a sí misma que haría todo lo que estuviera en su mano para ayudarlos.
El día de San Valentín llegó en seguida. Leah se arreglaba en su dormitorio, un poco nerviosa. Aunque pareciera mentira, aquella era su primera cita formal. Lyra y Adèle, tumbadas en sus camas, la observaban atentamente, tratando de contener la risa.
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Cualquiera diría que estás nerviosa. - Bromeó la pelirroja.
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Muy graciosa.
-
¿Todavía no sabes que tiene planeado Chad?
-
Intervino la rubia.
-
No, eso es lo que me pone más nerviosa. - Leah suspiró y se giró para mirarlas. - No creo que haya nadie ahora mismo en el castillo que lo esté pasando peor que yo.
-
¿Las que no tenemos cita, quizás?
-
¿Y qué me dices del pobre Remus? - Adèle lanzó una carcajada. - Por Merlín, Angela lo tiene completamente desconcertado, no sabe qué esperar.
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Sí, reconoce que eso es peor que lo tuyo. - Lyra también empezó a reír. - Si ellos tienen un descuido, pueden acabar en los tribunales. Tú al menos no te arriesgas a eso.
-
No creo que se expongan mucho, ¿no?
-
Kate me dijo que Angela iba a preparar una cena especial en el cuarto de él. - La pelirroja negó con la cabeza. - Recordadme que nunca le cuente ningún secreto a Kate, no sabe guardarlos, es demasiado fácil sonsacarle las cosas.
-
Lo haremos.
-
Lo que no entiendo es por qué no usan la Sala de los Menesteres.
-
Matt se la ha pedido. - Explicó la morena.
-
Va a llevarse a Jane allí está noche.
-
Es lo que tiene San Valentín. - La mayor de los Malfoy puso los ojos en blanco.
-
Vosotras también podríais tener citas.
-
Después de Banks, paso de los tíos. - La pelirroja se dejó caer de espaldas. - Os lo juro, los odio a todos. ¿Y si me hago lesbiana?
-
Te gustan demasiado los chicos, no creo que funcione. - Leah se sentó junto a ella. - Ya sabes cuál es mi solución para el mal de amores.
-
¿Liarte con otro?
-
Un clavo saca a otro clavo.
-
No siempre, Leah.
-
Lo que tú digas. - Desvió la mirada hacia Lyra. - Y tú, bueno, ya sabes lo que opino, pero no te lo repetiré, no quiero que te enfades.
-
Mejor. - La rubia sonrió levemente. - Anda, termina de arreglarte o llegarás tarde.
-
Sí, tienes razón.
La morena cogió un vestido de lana, con la espalda al descubierto y se lo puso rápidamente. Se acercó a su mejor amiga y le pidió con la mirada que le apretara los cordones de la espalda. - Avísame, no quiero que te asfixies por mi culpa. - Dijo, empezando a tirar con cuidado.
- Un poco más. - Leah tomó una bocanada de aire. Le gustaba que aquel vestido le quedara entallado. - Perfecto.
Cogió su neceser entonces y se fue al baño a maquillarse. Se pintó la raya, se puso un poco de sombra marrón y un leve toque de colorete. Finalmente, se pintó los labios de un tono marrón y se sonrió a sí misma en el espejo. Aquello iba a salir bien. Salió y, tras intercambiar unas últimas palabras con las otras dos chicas, se dirigió hacia la Sala Común. Chad ya la esperaba junto a las escaleras y, cuando la vio, le dedicó una mirada que hizo que Leah se quedara parada, con la mano apoyada en la barandilla y el pie sin terminar de posarse en el siguiente escalón. Ella sabía que era guapa - no era tonta y tenía ojos en la cara -, pero esa forma de mirarla… Una vez, cuando era pequeña, había escuchado decir a su madre que nunca se había sentido tan guapa como cuando su padre le dijo que era "jodidamente preciosa" la primera vez que la besó. En ese momento no lo había entendido - si eres guapa, lo sabes y punto, no necesitas a nadie que te lo diga -, pero en ese instante lo comprendió todo. Sonrió de forma nerviosa, notando su cara arder. Bajó y nada más llegar junto a él, lo besó.
-
Estás guapísima, Leah. - Murmuró, antes de besarla de nuevo. Cuando se separaron, rozó el ángel que colgaba de su cuello y sonrió. - Pareces un ser celestial tú también.
-
Qué idiota.
Entrelazó sus dedos y volvió a besarlo, siendo más consciente que nunca de lo enamorada que estaba de él.
-
¿Por qué siempre acabamos esperándolas? - Dan puso los ojos en blanco y volvió a mirar su reloj, un poco ansioso. Ingrid y Alex habían decidido que querían una cita doble el día de los enamorados así que, a pesar de que a él le habría gustado estar a solas con la chica, estaba esperando junto a la entrada de la Sala Común de Hufflepuff junto a Orion.
-
No lo sé. - Contestó él, cruzándose de brazos. No llevaba aquello mucho mejor que Dan, ¿por qué las dos chicas creían que aquello sería divertido? ¿Qué sentido tenía una cita doble?
-
Tenemos que librarnos de esto como sea. - Murmuró, atrayendo la atención del rubio. - Sé que a ti tampoco te hace gracia esta cita doble.
-
¿Tanto se nota?
-
Mucho. - Ninguno de los dos pudo evitar sonreír. - ¿Qué se te ocurre?
-
No lo sé, alguno de nosotros podría fingir que se encuentra mal.
-
Demasiado obvio, no se lo creerían.
-
Venga, somos dos Slytherin, algo se nos tiene que ocurrir. - Orion suspiró. - Se supone que somos astutos, podemos idear un buen plan. Somos capaces, ¿no?
-
Sí, lo somos, pero debemos tener cuidado. Alex e Ingrid no tienen ni un pelo de tontas.
-
¿Crees que debería decírselo? - Ingrid se sentó en la cama de la pelirroja y le dedicó una mirada preocupada.
-
Creo que deberías relajarte. Seguro que no es nada, son solo tres días. - Alex sonrió con dulzura, intentando tranquilizar a su amiga.
-
Cuatro.
-
Sigue sin ser un retraso excesivo.
-
Pero, ¿y si hicimos algo mal? - Insistió, nerviosa. - Un día no usamos protección, o sea, no de la de casa, solo esos hechizos raros que usáis aquí.
-
Son seguros, no te preocupes. - La mayor se sentó junto a ella y rodeó sus hombros con el brazo. - Si te quedas más tranquila, cuéntaselo.
-
Ni siquiera sé cómo empezar a decírselo…
-
¿Por eso querías hacer esta cita doble? ¿Para evitar estar a solas con él?
-
Es que no sé qué hacer, Alex. - Confesó. - Mis padres no saben que tengo novio y los Malfoy… Oh, Merlín.
-
¿Acabas de invocar a Merlín? - La pelirroja abrió mucho los ojos. Ingrid, al ser nacida de muggles, casi nunca usaba esa expresión y solo se la había escuchado en situaciones en las que estaba muy preocupada.
-
Técnicamente Orion es el heredero de los Malfoy porque, aunque Lyra es la mayor, él es el único chico, entonces… - Palideció aún más si es que aquello era posible. - Si él es el heredero y yo estoy, bueno, eso quiere decir que llevaría dentro al… ¡Dios mío!
-
No pienses en eso, Ingrid. - La reprendió la pelirroja. - Seguro que no es nada.
-
No van a aceptarlo porque mis padres no son magos y echarán a Orion de casa y a mí mis padres me odiarán por no haber tenido más cuidado y…
-
Mira, voy a salir fuera para decirles a los chicos que se cancela la cita. - La cortó finalmente Alex. - Le diré a Orion que suba a verte, lo mejor será que vuelvas a tu cuarto, allí podréis hablar tranquilos. Es obvio que necesitas contárselo. Dan y yo nos iremos a dar una vuelta, pero mándame un patronus si me necesitas, ¿de acuerdo?
-
Siento haberos estropeado el día. - Susurró la morena, apartando la mirada.
-
Ya improvisaremos algo, no te preocupes por nosotros.
Le dio un beso en la mejilla y le dedicó una última sonrisa de ánimo antes de salir del dormitorio. Rápidamente se dirigió a la entrada de la Sala Común, cruzó el pasadizo y salió a través de uno de los barriles.
-
Entonces, tú le dices a Ingrid que te acompañe mientras terminas eso porque es un trabajo muy importante y yo le digo a Alex que…
-
¿Interrumpo?
-
¡Ya era hora! - Exclamó Orion al verla, pero cuando salió sola, no pudo evitar arrugar el ceño, un poco preocupado. - ¿Dónde está Ingrid?
-
No va a venir. - La pelirroja suspiró. - He venido a deciros que se cancela la cita.
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¿En serio? - Dan enarcó ambas cejas. Tanto pensar excusas para nada.
-
Sí, ya se nos ocurrirá algo que hacer. - Se encogió de hombros. - Ingrid está en su dormitorio, sube a verla en seguida. ¿Sabes subir a los dormitorios de las chicas?
-
Sí, claro.
-
Pues date prisa.
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¿Pero está bien? - Preguntó con preocupación. Aquello no era normal.
-
Sí, ya te contará ella.
-
Vale, voy a entrar entonces. - El rubio asintió lentamente. - Pasadlo bien, chicos.
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Hasta luego, Orion. - Dan esperó hasta que el chico hubo desaparecido para interrogar a su novia. - ¿Qué me he perdido?
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Nada, solo que Ingrid es una paranoica y va a matar a Orion de un infarto.
Hola a todos y feliz lunes ^^
Carina es una pequeña Hufflepuff muy inteligente ^^ No sé a vosotros, pero a mí la idea de los panfletos y carteles me ha parecido bastante útil para informar a los magos sobre los muggles.
¡Y ha llegado San Valentín! Aunque para algunos ha empezado mejor que para otros. Pobre Ingrid... A ver qué pasa y cómo reacciona Orion al enterarse del "problema" ;)
Espero que os haya gustado y, como siempre, dejad vuestros comentarios. Nos leemos el miércoles :3
Muchos besos,
María :)