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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 45
Los días fueron pasando y antes de darse cuenta ya estaban en febrero. Lyra y Orion se acostumbraron a hacer al menos una comida al día con sus hermanas para mantenerse informados de cómo les iba todo. Cassie, aunque pasó un tiempo más callada de lo normal, pronto volvió a ser más o menos la de siempre. Los comentarios sobre lo que había pasado entre ella y Ed se acallaron en seguida, especialmente porque pronto se corrió el rumor de que el chico se había aprovechado de ella y los demás no quisieron - ni se atrevieron - a seguir hablando al saber aquello. Muchos días a estas comidas se unía Ingrid, aunque procuraba dejar su intimidad a los hermanos y prefería comer con sus amigas. Alex y Dan seguían como siempre, aunque dormían juntos más que nunca. Jane y Matt parecían cada día más una pareja: se saludaban y despedían con besos, iban por los pasillos cogidos de la mano, estudiaban juntos… Muchos seguían sorprendidos debido al comportamiento del chico, nadie se esperaba que sentara la cabeza de aquella forma, que encontrara una novia formal y no eran pocas las que miraban con envidia a Jane y murmuraban cosas a sus espaldas, ni las que seguían insinuándose a Matt, intentando que engañara a la chica, aunque sin lograrlo. Y Chad y Leah estaban mejor que nunca, tanto que incluso él le había propuesto una cita formal para el día de San Valentín a voces en un pasillo.
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Pero, Chad, si tú y yo ya llevamos casi dos años con esto. - Había contestado ella, haciéndose oír desde la punta opuesta del corredor y notando como todos sus compañeros alternaban su mirada entre ellos.
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Lo sé, pero nunca te he pedido una cita. - Insistió él. - ¿Qué me dices, Leah? ¿Quieres salir conmigo en San Valentín?
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Supongo que sí. - Accedió ella, finalmente, encogiéndose de hombros. - Espero que te lo curres.
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Tranquila, te encantará. Tengo un buen plan.
Jane cerró el manual de Aritmancia y apoyó un par de dedos en su frente, cansada. Era ya tarde, pero no había querido irse a la cama hasta terminar aquello. Subió a su dormitorio lentamente. Estaba cansada y muy estresada. Nunca había creído que sería tan difícil llevar tantas cosas al día. Llego al cuarto, donde sus compañeras ya dormían, y se quitó el uniforme, dispuesta a acostarse y olvidarse de todo. Se tumbó en la cama y cerró los ojos, pero nada sucedió. Lo intentó durante un rato y dio vueltas a un lado y a otro, incapaz de conciliar el sueño. Y, justo entonces, una idea cruzó su mente. Salió de la cama, tratando de no hacer ruido, se quitó el pijama y se cubrió solo con una bata fina antes de dirigirse hacia los dormitorios de los chicos. Sentía el corazón latirle con mucha fuerza en el pecho y un pequeño pellizco en su estómago. Cuando llegó, abrió la puerta lentamente y entró en silencio. Fue directamente hacia la cama de Matt y dejó caer su bata al suelo casi al mismo tiempo que descorría las cortinas y se deslizaba al interior, cubriéndose tímidamente con las sábanas. El chico arrugó la frente al notar que no estaba solo y abrió un poco los ojos.
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¿Pero qué…?
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Soy yo. - Susurró ella.
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Espera un momento. - El chico sacó su varita de la almohada y la agitó, lanzando un hechizo para insonorizarlos. La volvió a guardar antes de hablar de nuevo. - ¿Qué haces aquí?
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No podía dormir. - Contestó, encogiéndose de hombros. - Pensé que no te importaría que te despertara.
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No, claro que no. - Él sonrió. - Sabes que me encanta dormir contigo.
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No tenía pensado dormir.
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¿A qué te refieres?
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¿Por qué no miras debajo de las sábanas? - Susurró. Notaba su cara ardiendo y no entendía muy bien cómo había sido capaz de pronunciar esas palabras, pero lo hecho, hecho estaba.
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Por Merlín. - Matt tuvo que mirar dos veces para creérselo. Tragó saliva antes de subir la mirada hasta la cara de la chica. - Jane, ¿qué estoy haciendo contigo?
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Créeme cuando te digo que ya me he hecho yo esa pregunta.
Y dicho esto lo besó. El moreno la acercó más a él, agarrándola por la cintura mientras ella se aferraba a sus hombros. Rodaron un poco sobre la cama y ella quedó sobre él. Matt empezó a acariciar el cuerpo de la chica con dulzura: su abdomen, su espalda, sus piernas. Habían dormido muchos días juntos, pero nunca así.
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¿Sabes que te estás metiendo en la boca del lobo? - Le preguntó mientras ella repartía besos por su cuello.
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Sé que nunca me harías daño. - Murmuró la rubia, antes de quitarle la camiseta.
Él apoyó una mano en su barbilla antes de besarla con ferocidad. Volvieron a rodar, quedando esta vez él sobre ella. Empezó a repartir besos por todo el cuerpo de la chica, arrancándole suspiros y algún que otro pequeño gemido. Ella, que no quería quedarse atrás, también empezó a acariciar el cuerpo del chico. Su espalda, su torso, su abdomen. Volvieron a rodar varias veces, entre besos y más caricias. Jane deslizó sus pantalones hacia abajo sin dejar de besarlo y se pegaron un poco más, si es que aquello era posible. Ambos querían ir a más, ambos lo sabían, pero no podían seguir con aquello. Matt se dio cuenta de que si seguía perdería el control así que se obligó a separar su boca de la de la rubia y tumbó a la chica a su lado, que lo miró entre incrédula y avergonzada.
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No podemos seguir. - Se limitó a decir, apartando la mirada.
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¿Por qué?
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Porque mis compañeros de habitación están al otro lado, entre ellos tu primo, y esto no puede ser así, Jane.
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Yo… Lo siento. - Se tapó con las sábanas y se hizo un ovillo, dándole la espalda al chico. - Siempre te pongo en situaciones comprometidas.
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No digas eso.
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Es la verdad. - Suspiró. - Matt, ¿tú me quieres?
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Yo… sí, claro que te quiero. - Confesó en un susurro. - Creo que me he enamorado de ti, Jane, que llevo ya bastante tiempo enamorado y no es que no quiera hacer esto, por Merlín, si supieras las cosas que se me pasan por la cabeza cuando te veo te escandalizarías. - Ambos rieron un poco y la rubia, algo sonrojada, se dio la vuelta para terminar aquello cara a cara. - Creo que te mereces algo bueno y también quiero que estés cien por cien segura, no quiero que te arrepientas cuando ya sea tarde.
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Llevo mucho tiempo segura de esto, quiero que seas tú y me da igual el momento y el lugar, solo quiero que sea contigo. - Se acercó para besarlo de nuevo, pero él la agarró de los brazos y no la dejó acercarse del todo.
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Hay otra cosa. - Se puso completamente rojo y apartó la mirada. - Puede que esté un poco asustado.
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¿Por qué? Es decir, tú ya has…
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Sí, sí, pero nunca con una chica virgen. - Contestó, un poco nervioso.
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Espera, creía que Leah y tú habíais perdido la virginidad juntos.
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No hicimos nada al final. - Empezó a explicar.
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Hubo unas pequeñas dificultades técnicas y luego ella decía que le dolía mucho, así que no pasó nada, pero Dan se enfadó tanto cuando se enteró que decidimos no contarle la verdad. No se lo digas.
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No lo haré. - Sonrió de medio lado. - Y no sabes el peso que me quitas de encima.
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¿Te molestaba saber que tu prima y yo nos habíamos acostado?
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Bastante más de lo que estoy dispuesta a reconocer. - Lanzó una carcajada. - De todos modos, no deberías estar asustado.
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No quiero hacerte daño.
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Sé que jamás lo harías a propósito.
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Entonces, ¿estás segura de esto? - Insistió él, todavía un poco dubitativo.
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Completamente.
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Vale, pues déjame un par de días para organizar algo, pronto es San Valentín y el día 15 es mi cumpleaños, podríamos cenar algo y pasar la noche en la Sala de los Menesteres.
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Me parece un plan genial.
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Estupendo. - Matt la abrazó y la chica se acurrucó entre sus brazos. - Lo mejor ahora será dormir un poco.
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Sí. - Respondió ella. - Por cierto Matt, yo también te quiero.
El chico sonrió sin poder evitarlo y le dio un beso en la cabeza. Sabía que en ese momento debía tener cara de idiota, pero era lo más bonito que había escuchado jamás. Lo quería.
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Buenas noches, princesa.
-
Buenas noches, mi príncipe.
A la mañana siguiente, cuando ambos se despertaron, se dieron cuenta de que había un pequeño inconveniente: Jane había ido al dormitorio de los chicos prácticamente sin ropa.
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Todos deben estar desayunando, ya es bastante tarde, así que creo que podrás salir sin problema. - Murmuró él, bastante nervioso. - Abriré la cortina a la de tres, ¿de acuerdo?
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Espero que no haya nadie fuera.
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Yo también. - Suspiró. - Venga. Una, dos, ¡tres!
Descorrió la cortina rápidamente y ninguno de los dos pudo evitar contener un grito al ver que Dan estaba en el dormitorio. El chico los miró con los ojos desorbitados y, cuando su mirada se centró en su amigo, este no pudo evitar estremecerse un poco.
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Matthew, ¿qué hace mi prima sin ropa aquí?
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Lle… llevo ropa. - Tartamudeó ella. - Por favor, no se lo digas a mi padre.
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Podrías haberle pedido que no me matara. - Comentó el otro con ironía.
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Y no lo mates, me colé aquí porque no podía dormir, él no ha hecho nada.
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No hemos hecho nada. - Repitió él.
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Mira, ¿sabéis qué? Me da igual lo que hagáis pero, por favor, no quiero encontrarme en esta situación de nuevo, es muy violento para mí. - El chico negó con la cabeza. - Ahora voy a salir de aquí y a hacer como si no hubiera visto nada, ¿os ha quedado claro?
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Perfectamente. - Contestaron los dos al mismo tiempo.
Suspiraron aliviados. Parecía que todo iba a quedarse ahí, pero en seguida se dieron cuenta de que habría sido demasiado bonito para ser verdad. La puerta del dormitorio se abrió de repente y entraron Lyra, Leah y Orion.
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Oh, por Merlín. - Jane se cubrió la cara con las manos.
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No es posible. - La morena miró a ambos chicos antes de lanzar una carcajada. - Cortaos un poco al menos, ¿no?
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No hemos hecho nada. - Insistió Matt. Su mirada se cruzó con la de Orion y suspiró de nuevo. - Por favor, no empieces tú también como Dan. No le he tocado ni un pelo y aprecio mi vida.
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Venga ya, dejadlos tranquilos. Lo que hagan o dejen de hacer no es asunto nuestro. - Intervino Lyra, dedicándoles una mirada indulgente. - Pero ahora, ¿podrías dejarnos a los cinco solos, Matt? Tenemos que hablar de cosas importantes.
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Claro. - Miró a Jane, que se encogió de hombros. Recogió su pijama del suelo, se puso rápidamente un uniforme y se dirigió a la salida. - Luego nos vemos, princesa.
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Hasta luego, mi príncipe. - Contestó ella, lanzando una carcajada.
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¿Ya habéis llegado a la fase de apodos ñoños? - Leah puso los ojos en blanco. - ¿Por qué no te levantas de la cama?
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Es que, bueno, puede que viniera sin mucha ropa… - Se sonrojó. - Vine solo en ropa interior y con la bata.
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¡Jane! - Orion la miró con los ojos desorbitados.
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No eres mi padre, no me mires así. - Replicó ella.
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Es que no te pega hacer esto.
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¿Quieres que vaya a tu cuarto y te traiga el uniforme? - Se ofreció la prima de la chica.
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Por favor.
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No tardo nada.
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¿Qué se siente al traer la ropa en lugar de pedirla por una vez, Leah? - Preguntó Lyra con cierta mordacidad.
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Cállate, Lyra. - Contestó fulminándola con la mirada. - ¿Por qué no los vais poniendo al día mientras vuelvo?
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Está bien. - La rubia asintió. - Tenemos un nuevo plan.
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Carina nos dio una idea genial ayer en el almuerzo y creemos que es una buena idea. - Añadió su hermano. - Es algo diferente, pero que puede darnos muchos más apoyos de los que imaginamos.
Hola a todos ^^
Desde luego si Dan tiene muchas cosas de su tío Albus, Jane también tiene alguna que otra de su tío James xD Aunque, una cosa está clara, Matt y ella son adorables :3 (Él súper preocupado por ella, ainss yo quiero uno así, especialmente ahora que estoy engripada). Eso sí, menuda pillada por la mañana jajaja
Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios.
Pasad un buen fin de semana. Muchos besos,
María :)