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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 44
Una hora tardó Leah en tranquilizarse. Chad se pasó todo ese tiempo abrazándola, acariciando su pelo con dulzura y murmurándole que todo iría bien. Cuando finalmente se calmó, le explicó al chico todo lo que había pasado.
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Lyra ha sido muy injusta contigo. - Murmuró él. Ambos estaban tumbados en su cama; ella, apoyada sobre su pecho mientras él recorría su brazo con delicadeza. - Entiendo que esté molesta por lo de su hermana, pero no debería haberte tratado así.
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No quiero que piense eso de mí.
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No creo que lo haga. - Contestó, tratando de tranquilizarla.
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¿Y por qué me lo ha dicho entonces?
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Pues porque está molesta, Leah. Ha decidido culparte de lo que le ha pasado a Cassie, probablemente porque cree que ha fallado como hermana mayor y necesita descargar su culpabilidad de alguna forma. - Le explicó.
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Pero, ¿y si tiene razón? - Insistió ella. - Todos en mi familia creen que soy una pésima influencia.
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Leah, puede que para algunas cosas seas un poco, bueno, tú, pero eres una luchadora que haría cualquier cosa por aquellos que quiere y eso lo compensa. - Acarició su pelo y sonrió levemente. - Deberíais hablar cuando todo se calme.
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Lo haremos. - La morena suspiró y cerró los ojos. - Siento el espectáculo.
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No te disculpes, cualquiera habría reaccionado así. - La besó con dulzura y ella volvió a acurrucarse entre sus brazos. - Nunca te había visto llorar.
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Nunca dejo que nadie me vea llorar. Soy una chica dura.
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Una cosa no quita la otra, no podemos pretender ser fuertes siempre, hay momentos en los que necesitamos desahogarnos.
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Eres el mejor. - Lo besó otra vez. Se miraron a los ojos y ella se estremeció un poco. Era ahora o nunca, si no le preguntaba entonces, no se atrevería a hacerlo y sabía que ambos debían hablar de eso. - Chad, ¿puedo preguntarte una cosa?
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Leah, no… - Sabía lo que iba a preguntar y no quería tener que decírselo, pero sin embargo, ¿cómo iba a impedírselo si lo miraba de esa forma? Había estado llorando entre sus brazos, él la había consolado, lo que había entre ellos crecía por días y su tiempo era muy limitado. Tenían que hablar. - Dime.
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¿Por qué? - Chad apartó la mirada, incapaz de mantenérsela.
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¿Desde cuándo lo sabes?
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Hace casi un año. - Confesó ella.
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¿Y por qué has seguido conmigo?
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No has contestado mi pregunta, Chad. - La chica se sentó en la cama, con las piernas cruzadas, y él la imitó.
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¿Quieres que te diga por qué empecé con esto? ¿Por qué me uní a ellos? - Suspiró. - Es complicado, Leah.
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Tengo tiempo, intenta explicarlo.
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No sé ni por dónde empezar…
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¿Qué tal por cuándo?
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Fue en el verano antes de nuestro sexto año. - Empezó a contar. - Ryan y yo llevábamos un tiempo hablando de lo bueno que sería revelar el secreto y, no sé cómo lo supieron, pero un día nos enviaron unas cartas y fuimos a una reunión.
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¿Una reunión informativa? - La morena lanzó una carcajada irónica.
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Algo así. - Chad se removió un poco incómodo. - El caso es que me apasionó lo que decían y me uní a ellos sin dudarlo, incluso convencí a Ryan para que lo hiciera él también.
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Pero tú y yo ya nos veíamos entonces.
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Lo sé y nunca he tenido nada en contra de tu familia. - Se apresuró a decir. - Leah, yo creo que tenemos que dejar de ocultarnos. Los muggles son terribles.
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Tu padre es nacido de muggles, ¿cómo puedes decir eso?
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¡Por eso mismo! - Exclamó. - Mis tíos y primos son las personas más egoístas que he conocido jamás, mi tío desprecia a mi padre por la magia, lo mira como si fuera un bicho raro y a nosotros nos trata como si fuéramos simples animales. Esa gente no debería estar gobernando el mundo, ¿por qué ellos pueden actuar con normalidad y yo no? ¿Por qué soy yo el que tiene que esconderse? La única muggle buena que he conocido jamás ha sido mi abuela y murió por su culpa, porque tenía una enfermedad rara y nosotros no teníamos dinero para buscar un tratamiento, la dejaron morir, Leah, y, además, no nos dejaron hacer nada a nosotros. Quizás habríamos podido curarla mediante la magia, pero el maldito secreto nos lo impidió.
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No te estás escuchando. - Leah negó con la cabeza.
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Sé perfectamente lo que estoy diciendo. - Se defendió él. - Es mi opinión, sé que no te gusta, pero es lo que pienso. Son unos egoístas.
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Es que no logro entenderlo, Chad, no puedo.
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Se mordió el labio. - Vale que quieras revelar el secreto pero, ¿cómo puedes pertenecer a un grupo que tortura gente inocente? ¡Mandaron a mi madre al hospital!
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Mi división no tuvo nada que ver en eso.
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Vale, puede que en eso no pero, ¿qué me dices de Jane o Ingrid? ¿Vas a decir que tampoco sabías eso? Porque, casualmente, cuando ambos ataques se llevaron a cabo yo estaba contigo. ¿Maniobras de distracción?
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Vale, puede que eso no estuviera bien. Yo estoy en contra de lo que le están haciendo a tu familia y siempre intento parar esos planes, pero los demás no me escuchan.
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Ya, claro.
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Tienes que creerme, Leah, jamás te haría daño. - La miró a los ojos y la cogió de la mano. - Te juro por lo que quieras que nunca te dañaría.
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¿No te das cuenta de que ya lo haces al estar con esa gente? - Notó sus ojos aguarse otra vez y maldijo por lo bajo. ¿Pero qué le pasaba? - ¿Eres consciente de lo que ese grupo significa para mí?
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Sí…
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No. - Lo cortó ella. - No lo sabes, pero yo te lo diré. Cada vez que salgo a la calle mis padres tiemblan porque creen que puede ser la última vez que me vean, si por ellos fuera yo no saldría de mi casa jamás. Desde que era pequeña y las corrientes anti-muggles empezaron a cobrar fuerza he visto las miradas sombrías en las reuniones familiares, el miedo, los murmullos, ellos creían que no nos dábamos cuenta de nada, intentaban disimular, pero no lo conseguían. Recuerdo perfectamente cuál fue el primer ataque de tu grupo, Chad, recuerdo el número de muertos, el lugar y la fecha exacta, ¿sabes por qué? Porque fue el día que recibí mi carta de Hogwarts. Se suponía que iba a ser un día perfecto, pero no lo fue. Mis padres intentaron disimular; mi abuela, a la que acababan de echar del Profeta después de trabajar allí toda su vida, me dijo que estaba llorando de alegría cuando le pregunté qué le pasaba. He visto a mi mejor amiga medio muerta en el suelo, a mi madre en una cama de hospital y a mi padre llorando a su lado, vivo con miedo de salir a la calle, de no volver a ver a los que quiero, de que me envíen un patronus o vengan los aurores a decirme que alguien ha muerto.
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Yo… - Tuvo que bajar la mirada. No sabía qué decir, no sabía cómo responder después de escuchar eso.
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Olvídalo, supongo que mi familia te da absolutamente igual, pero la muerta algún día puedo ser yo.
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Sigo furioso con tu ataque. - Murmuró él entonces. - Se suponía que nadie iba a hacerte daño, que nadie podía dañarte.
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¿Por qué? - Lo miró extrañada, un poco nerviosa. Aquel comentario la había puesto en alerta.
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Porque le interesas al líder.
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¿Yo? - Arrugó la frente, sin comprender qué pasaba. ¿Por qué ella?
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Sí. - Chad asintió. - Eres una especie de símbolo para él, la primogénita del primogénito del "Niño que vivió", la nieta mayor de Harry Potter. Representas la continuidad de tu familia.
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Eso es absurdo. - Susurró la chica. - Solo soy una más.
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Para él no.
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¿Y tú dónde quedas en todo esto? - Se atrevió a preguntar.
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Yo solo quiero tu bienestar, no permitiré que te hagan daño, soy la barrera que se interpone entre los demás y tú. - Le explicó. - Hay mucha gente que quiere acabar contigo y, si no lo hacen, es porque conseguí el beneplácito del líder para vigilarte.
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Esto es una locura. - Sabía que había palidecido, pero es que no lograba entender lo que pasaba. ¿Por qué la querían a ella?
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No quería asustarte.
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Tenía que saber la verdad. - Leah suspiró finalmente. No podía hacer nada en ese momento, ya meditaría sobre ello cuando estuviera sola. - ¿Y qué va a pasar entonces con nosotros?
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Yo no quiero dejarlo, para mí siempre has sido mucho más que una misión. - Respondió Chad. - No empecé contigo por esto, lo sabes, y si eres mi misión es solo porque insistí hasta que lo logré, aunque entenderé que no quieras volver a verme.
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Quiero seguir viéndote. - Contestó ella finalmente, tras meditarlo unos instantes. - Creo que somos dos caras de una misma moneda, que nuestras circunstancias nos han llevado a unirnos a bandos distintos
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Sí, algo así. - Se atrevió a acercarse a ella hasta casi rozar sus labios. - ¿Puedo…?
Ella lo calló con un beso. Aquello era una maldita locura, ninguno de los dos debía estar en sus cabales, pero no les importaba. Se querían y no iban a rendirse, todavía les quedaban unos cuantos meses que podían aprovechar.
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Tenemos una marca. - Murmuró el moreno, haciendo que ella frunciera el ceño. - Te lo digo porque así podrás identificarnos mejor.
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¿Una marca?
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Como la tenebrosa. - Explicó. - ¿La has visto alguna vez? ¿Sabes cómo es?
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Sí, el abuelo de Lyra la tiene. La vi una vez, el pobre tuvo un descuido, mi padre se puso furioso al saber que la había visto, y también la he visto en libros y eso. - Asintió. - ¿Cómo es la vuestra?
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Es un triángulo, con una raya horizontal que lo corta. - Explicó. - Detrás de la oreja.
Ella se acercó y él tiró un poco de su oreja hacia abajo, para que pudiera verlo mejor. La tocó lentamente, un poco temerosa. Ahora entendía por qué el chico siempre acababa tocándose esa zona, ahora todo tenía sentido.
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Tenemos que aprovechar el tiempo que nos queda juntos, Chad. - Murmuró.
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¿Quieres dormir conmigo esta noche? Nunca hemos dormido juntos y me apetece mucho.
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Tengo que ir a hablar con Lyra primero, pero vendré en un rato. - Lo besó y se puso de pie. Sabía que su aspecto no era el mejor, pero necesitaba aclarar las cosas con su amiga. - Gracias por contarme la verdad.
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Gracias a ti por no salir corriendo al enterarte. ¿De verdad no me odias?
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Chad, si te odiara todo sería mucho más fácil, pero lo que siento por ti no es ni parecido al odio.
Lyra estaba sola en la Sala Común. Era tarde y todos habían subido ya a sus dormitorios, pero ella necesitaba unos instantes de tranquilidad para poder pensar con claridad. Seguía nerviosa por lo que le había contado Cassie y no podía sentir una pizca de culpabilidad por haberle gritado a Leah. Sabía que ella no le había dicho nada a su hermana, había sido bastante injusta pero no había podido evitarlo. Se abrazó con más fuerza las piernas y fijó la mirada en el fuego que estaba a punto de apagarse en la chimenea. Tenía que disculparse con Leah, explicarle cómo se sentía y por qué lo había hecho. Seguía en el cuarto de Chad - los compañeros del chico se habían ido a otros dormitorios, demasiado cansados como para seguir esperando, pero temerosos de interrumpir - y ella no sabía cuándo volvería, pero estaba dispuesta a esperarla despierta toda la noche si hacía falta. Por suerte no tuvo que esperar demasiado. La morena bajó la escalera lentamente y se sentó junto a su amiga, sin pronunciar palabra. Ninguna de las dos se miraba, no sabían por dónde empezar. Casi al mismo tiempo, tomaron aire y se decidieron a hablar.
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Leah, yo…
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Lyra… - Negó con la cabeza. - Vale, tú primero.
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Lo siento muchísimo, no debí gritarte, ni culparte, ni mucho menos llamarte eso delante de toda la Sala Común. - Murmuró rápidamente la rubia. - No sé lo que me ha pasado, no sé por qué lo he hecho, bueno, tengo una ligera idea de por qué, pero la cuestión es que no es tu culpa y yo me siento fatal, lo siento, Leah. Sé que una disculpa no lo arregla, pero...
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¿De verdad crees eso de mí? - La interrumpió.
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Claro que no. - Lyra suspiró. - Bueno, alguna vez he pensado que solo te dedicas a jugar con los sentimientos de los chicos y que crees que todo puede arreglarse mediante el sexo, pero no pienso que seas eso.
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No juego con Chad.
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Ya lo sé. - Asintió lentamente. - ¿Crees que estoy celosa de ti por él?
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No sé muy bien por qué dije eso. - Leah se sonrojó. - Sería absurdo que estuvieras celosa de lo que hay entre nosotros, tú te mereces algo muchísimo mejor.
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¿Por qué dices eso?
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Porque Chad y yo solo somos dos personas con un lado muy oscuro que se entienden muy bien. - Murmuró. - Tú te mereces a alguien a quien poder querer por completo y sin tener miedo, a alguien que pueda quererte sin preocuparse de nada. Te mereces una historia de amor de verdad.
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Con tener eso me conformo. - Ambas sonrieron levemente. - Sé que no le dijiste nada a Cassie.
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No debería presionarte tanto, lo siento. No todos entienden la diversión de la misma forma que yo. - Se mordió el labio. - Tú puedes hacer lo que quieras con tu vida.
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Lo sé.
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Siento mucho lo de Cassie, hablaré con ella si quieres y le diré que las cosas no son así, que no tiene que hacer cosas que no quiera solo para mantener a un chico junto a ella. Le diré que soy el peor ejemplo a seguir en temas amorosos.
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No te preocupes, ya he hablado con ella yo, aunque si quieres hacerlo no voy a detenerte, quizás ayude un poco. - Suspiró.
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Soy una pésima hermana mayor. Orion y yo nos sentimos fatal por no habernos dado cuenta antes.
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Las cosas son una locura. Hemos estado demasiado centrados en todo lo que está pasando y nos hemos olvidado del resto.
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Ambas volvieron a guardar silencio. - ¿Estamos bien entonces?
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Si me has perdonado…
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Creo que podemos hacer como si esta discusión no hubiera pasado. - Leah sonrió. - Creo que nunca nos habíamos peleado de esa forma.
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Estoy segura de que no. - Las dos se abrazaron. - Te quiero mucho.
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Y yo a ti, sis. - Ambas lanzaron una carcajada. Hacía años que no decían aquello.
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¿Subes al cuarto?
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Sí, pero no me quedo, voy a dormir con Chad. - Se sonrojó.
Lyra sonrió ampliamente. Una sonrisa de verdad que la sorprendió un poco incluso a ella. No había sentido la punzada de celos habitual, simplemente se había alegrado por ella. Le alegraba mucho ver que la relación de su mejor amiga prosperaba así.
- Pues entonces lo mejor será no hacerle esperar.
Las cartas están puestas sobre la mesa y yo me quedo con la última frase de Leah. ¡Qué fácil sería todo si Chad y ella se odiaran! Me da un poco de pena él, lo hace todo por su abuela... Ainss. A ver qué pasa entre ellos a partir de ahora. Lo que está claro es que esta conversación ha marcado un antes y un después en su relación.
Y la conversación con Lyra... Creo que lo que había pasado antes con Chad ha hecho que Leah actuara de forma más tranquila. Por suerte parece que lo han arreglado.
En fin. Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ;)
Muchos besos,
María :)