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La cuarta generación: Una nueva amenaza — capítulo 6

Leah le dio una patada a la sábana y se sentó en la cama. No sabía por qué, pero no podía dormir y empezaba a estar harta de dar vueltas. Miró a su alrededor. Sus cinco compañeras de cuarto dormían profundamente y ella no quería despertarlas así que con cuidado de no hacer ruido se levantó, cogió un paquete de cigarros y un mechero y salió del dormitorio. Bajó a la Sala Común, abrió la ventana y se sentó en el alféizar. El aire fresco de la noche le acarició el rostro y ella sonrió mientras abría la cajetilla y sacaba un cigarrillo. Lo encendió y le dio una calada, con los ojos cerrados. No sabía ni qué hora era, pero todo estaba en calma. Probablemente sería la única despierta en la torre. O eso creía ella.

  • Vaya, Potter, veo que no pierdes las viejas costumbres.

  • ¿Para qué cambiar, Crawford? - Preguntó sin girarse si quiera. Le dio otra calada y echó el humo.

  • Cualquier día te matará, ¿eres consciente de ello? - Se acercó más a ella, que le hizo un hueco en el alféizar. Se sentó y le dedicó una media sonrisa.

  • Eso dices siempre. - Sus miradas se cruzaron y ella no pudo evitar sonreír también. - Estoy a tiempo de dejarlo.

  • Eso dices siempre, - Repitió él. - pero nunca lo dejas.

  • ¿No quieres un poco? - Leah le tendió el cigarrillo, pero él negó con la cabeza. - ¿Me has echado mucho de menos este verano, Chad?

  • Igual que tú a mí, supongo.

  • Bonita forma de esquivar mi pregunta. - La chica lanzó una carcajada. - Pero yo sé que sí, si no, no te habrías comportado así en la cena.

  • Encima que quería comer contigo… - Acarició su brazo lentamente y ella se estremeció. - El frío, ¿verdad?

  • Sí. - Murmuró, estirándose un poco el camisón. Apagó el cigarrillo e hizo desaparecer la colilla. - Me he quedado helada en la ventana.

  • Deja que yo me encargue de eso.

Se acercó un poco más a ella y la rodeó con sus brazos. La morena se acurrucó en su pecho y cerró los ojos. Si tuviera que describir lo que sentía cuando la abrazaba de aquella forma, utilizaría sin duda las palabras calma y agitación. Sabía que podía resultar una contradicción, pero era exactamente lo que sentía.

  • Te he echado de menos. - Susurró Chad en su oído.

  • Y yo a ti. - Respondió ella, también en voz baja. - Siento lo de la cena.

  • Tranquila, sé cómo va esto, te gusta quedar por encima de todo el mundo. - Él sonrió y ella se separó un poco para dedicarle una mirada tierna.

  • A ti también. - Añadió Leah. - Me sorprendió mucho que me preguntaras tan directamente delante de todos. Tus amigos se rieron de ti.

  • Ya, bueno, te echaba de menos y sabía que tú no vendrías a mí tan abiertamente así que lo hice sin más, no pensé. - Confesó mientras le colocaba unos mechones de pelo detrás de la oreja. - ¿Te ha molestado?

  • No, la verdad es que no. - Se sonrojó un poco y maldijo en su interior. Solo le pasaba eso con Chad, con el resto se mostraba segura y lo tenía todo bajo control, él era el único que le provocaba esas cosas. - De hecho, me ha gustado que lo hicieras, aunque no esperes que lo repita.

Se acercó lentamente a ella hasta que sus labios estuvieron a punto de rozarse. Leah notó la corriente eléctrica habitual y cerró los ojos sin poder evitarlo, pero él se detuvo.

  • ¿Puedo besarla, señorita Potter?

  • Me parece muy atrevido por su parte, señor Crawford. - Contestó ella, siguiéndole el juego. - Pero supongo que sí.

Finalmente unió sus labios en un beso lento y dulce. Acarició el pelo de la chica sin dejar de besarla, mientras ella acariciaba su cuello. La chica suspiró y el sonrió un poco, aunque sin apartarse de ella. Le encantaba Leah, toda ella, y no estaba dispuesto a pasar ni un día de aquel curso sin besarla. Sobre todo porque sabía que su tiempo juntos era muy limitado, la cuenta atrás había comenzado.

  • ¿Cómo sabías que estaría aquí? - Preguntó ella cuando se separaron para coger aire.

  • No lo sabía. - Susurró él, acercándose de nuevo a su boca. - No podía dormir y bajé para darme un paseo. Ha sido cosa del azar.

Leah fue quien inició el beso entonces. Lo besó despacio, como él la había estado besando antes, pero se movió un poco para quedar todavía más cerca de él. Siempre que estaban juntos tenía esa necesidad, no quería que quedara ningún hueco entre sus cuerpos, quería escuchar su corazón mientras lo besaba y sentir su piel erizarse, como siempre lo hacía. Notó cómo él acariciaba sus piernas y lentamente metía las manos bajo su camisón con delicadeza. Ella se dejó hacer - Chad era el único al que le cedía alguna que otra vez el control de la situación -, aunque no se quedó quieta tampoco. Le quitó la camiseta del pijama y acarició su torso sin dejar de besarlo.

  • ¿Tienes alguna hora libre mañana? - Murmuró el chico cuando se separó de ella para besarle el cuello.

  • La segunda de la mañana. - Respondió ella antes de morderse el labio.

  • Podríamos vernos y terminar esto. - Volvió a besarla antes de que tuviera tiempo de contestar. - Solo si quieres, claro. También podemos quedarnos tumbados sin hacer nada, me parecería un buen plan.

  • Ya veremos. - Leah se acercó a su oído. - Tú solo espérame en tu cuarto, ya llegaré.

Chad sonrió y la besó una última vez antes de ponerse de pie. Cogió su camiseta del suelo y se la puso mientras la chica se colocaba bien el camisón.

  • Te veo mañana, Leah.

  • Hasta mañana, Chad.

Lo vio marcharse hacia los dormitorios de los chicos todavía sentada en el alféizar. Suspiró. Ojalá hubiera un futuro para ellos, pero ambos sabían que aquello era imposible.

Cassie había madrugado aquella mañana. Le gustaba tener tiempo de sobra para prepararse el primer día. Se dio una larga ducha, se secó el pelo y se lo recogió en una coleta alta y se puso su uniforme. Se miró en el espejo para comprobar su aspecto una última vez antes de regresar a su dormitorio. El resto de las chicas todavía se estaban levantando.

  • ¿Todavía así? - Les preguntó con una media sonrisa.

  • No todas somos como tú, ¿cómo te puedes levantar tan temprano? - Respondió su mejor amiga, Sophie Gray.

  • Me gusta llegar con tiempo de sobra, ya lo sabéis. - Contestó la rubia. - ¿Vais a tardar mucho? Me muero de hambre.

  • El tiempo de vestirnos.

  • Pues os esperaré abajo. - Se encogió de hombros y recogió rápidamente sus libros. - ¡No tardéis!

Salió del dormitorio y se dirigió hacia la Sala Común. Tenía ganas de empezar las clases, le encantaba estudiar en Hogwarts, no podía evitarlo. ¡Y lo mejor era que su primera clase del curso era Encantamientos! Se sentó en uno de los sillones y sacó el libro de la asignatura - que ya había leído al menos cinco veces antes de llegar al castillo -. Quería revisar la lección de ese día una última vez, por si preguntaban algo.

  • Hola, Cassie.

La rubia levantó la cabeza. Su prima Marianne

  • con su chapa de prefecta - junto a Fleur y Emma acababa de llegar.

  • Hola. - Respondió ella con una sonrisa, cerrando el manual. - ¿Listas para el primer día de clases, chicas?

  • No tanto como tú. - Marianne le sonrió con ternura. - No creo que haya nadie más emocionado en todo el colegio.

  • Eres única, Cassie. - Fleur le dedicó una media sonrisa amable. - Vamos a desayunar, ¿vienes?

  • Estoy esperando a mis amigas. - Se excusó ella. - Pero gracias.

  • Como veas. - Emma se encogió de hombros y giró un poco la cabeza hacia la salida de los dormitorios. Señaló con la cabeza y dibujó una gran sonrisa en sus labios. - Esperad, ahí viene Edward.

  • ¡Ed! - Marianne lo llamó mientras agitaba el brazo. Él sonrió y se acercó a ellas.

  • Hola chicas. - Saludó a sus amigas. Miró a Cassie y arrugó un poco la frente, probablemente tratando de averiguar si la conocía o no. Ella lo miraba fijamente y notaba el corazón a punto de salírsele del pecho. - La prima de Marianne, la hermana de Lyra Malfoy, ¿verdad? ¿Cassiopeia, puede ser?

  • Cassiopeia Astoria. - Dijeron a coro las otras tres, consiguiendo que la pequeña se pusiera completamente roja.

  • Solo Cassie. - Consiguió murmurar, con la vista fija en el suelo.

  • Suena mucho mejor que tu nombre completo. - Ella lo miró y él le dedicó una sonrisa. - Yo soy Edward Jones, pero puedes llamarme Ed.

  • De acuerdo. - Sonrió nerviosa. ¡Ed sabía que existía!

  • Bueno, pues lo dicho prima, nosotros nos vamos a desayunar. - Marianne se encogió de hombros. - Luego nos veremos, disfruta del primer día.

  • Lo haré, tranquila. - La rubia le guiñó un ojo y se despidió de ellos con un gesto con la mano.

  • Adiós, Cassie. - Se despidió Edward dedicándole una mirada pícara con sus ojos verdes antes de salir de la Sala Común junto a las otras tres chicas.

Ella se dejó caer de espaldas, cerró los ojos y suspiró. Solo era el primer día y aquel año ya pintaba genial. ¡Había hablado con Ed! Bueno, no sabía si aquello se podía considerar hablar pero es que la ponía muy nerviosa con esos ojos tan grandes y ese pelo negro tan perfecto. Se dijo que tendría que contarle ese encuentro a Leah, seguro que ella sabía sacarle partido. Era la persona más ligona que jamás había conocido, probablemente sabría qué hacer a partir de ese momento. No en vano se veía con Chad Crawford. Intentó serenarse un poco y volver a centrarse en sus apuntes mientras sus amigas llegaban, pero no lo consiguió y, cuando vio a Sophie acercarse a ella, no pudo evitar engancharse de su brazo y empezar a contarle lo que había pasado con todo lujo de detalles. La morena escuchó su relato con nerviosismo y cuando terminó no pudo evitar sonreír.

  • ¡Tía, vas a conseguirlo! - Exclamó aunque intentando no llamar mucho la atención. - Sabía tu nombre y tú decías que no sabía ni que existías, ¿ves como eres una exagerada?

  • Bueno, sabía que era la hermana de Lyra y la prima de Marianne, no creo que lo supiera por otra cosa.

  • Ya bueno, pero es que es amigo de tu prima y, ¿quién no conoce a tu hermana? - Puso los ojos en blanco. - Además, te ha dicho que Cassie es un diminutivo bonito, eso quiere decir algo, créeme.

  • Sophie, pero si tú entiendes de esto lo mismo que yo, o sea, nada.

  • Pero he besado a más chicos que tú, debe contar para algo.

  • Es que eso no es muy difícil. - La rubia lanzó una carcajada. - ¡Qué bien empieza el curso! Hoy nada puede salir mal.

Pero cuando entraron al Gran Comedor, se dieron cuenta de lo mucho que se equivocaban. Todo el mundo estaba en silencio y la rubia no pudo evitar estremecerse. Leah, de repente, lanzó un grito y lanzó el periódico lejos tras arrugarlo; Lyra, a su lado, parecía en completo estado de shock. Algo grave había pasado. En la mesa de Slytherin, un angustiado Orion hablaba en voz baja con Jane y Dan, que parecían realmente preocupados, junto a ellos estaba Carina, con los ojos anegados en lágrimas. Apenas tardó unos segundos en llegar hasta la mesa de los leones.

  • ¿Qué ha pasado? - Le preguntó a su hermana. Ella levantó la cabeza y sus miradas se cruzaron.

  • Cassie, no…

  • Lyra, ¿qué ocurre?

  • Han atacado las oficinas del Ministerio en las que trabaja mamá. - Contestó tras guardar silencio unos instantes. No ganaba nada ocultándoselo. - Según el Profeta, no ha habido heridos, pero…

  • Según ese periodicucho de mierda, - La interrumpió Leah, gritando. - "un grupo de ciudadanos descontentos ha entrado en las oficinas reclamando de forma pacífica el cambio que tanto necesitamos, pero los empleados del Ministerio los han atacado salvajemente". No puedo creerme que haya gente que se crea esas vulgares mentiras.

  • Baja la voz, Leah.

  • ¡Pero han atacado directamente a tu madre! ¿Te crees que no lo sabemos? No han ido a un departamento al azar, han ido justo al lugar en el que estaba ella y ambas sabemos muy bien por qué. - Replicó la morena, poniéndose cada vez más nerviosa. - La próxima puede ser la mía, o mi padre, o mi tío. Por no hablar ya de nuestros abuelos. Esos malnacidos solo quieren una cosa y yo estoy harta.

  • Leah, baja la voz. - Dan había llegado hasta ellas y había agarrado a su hermana del brazo. En su rostro se reflejaba la preocupación. Bajó el tono para que solo ella y los que estaban a su alrededor pudieran escucharlo. - No hace falta que todo el mundo se entere de lo que piensas, además, es peligroso. Ya sabes que hay miembros de ese grupo aquí. No hace falta que te pongas en su punto de mira.

  • ¿Crees que no lo estamos ya, Dan? - La chica negó con la cabeza. - Hablas como si fuera tonta, claro que sé que hay gente aquí que los apoya, lo sé mejor que cualquiera de vosotros.

  • Mi madre estará bien. - Intervino Lyra, poniendo fin a la pequeña discusión de los mellizos Potter. - Le enviaré un patronus a mi padre en cuanto terminemos de desayunar, seguro que no es nada. Vete acostumbrando a estos ataques, Leah, porque vamos a leer sobre ellos a diario. Además, ¿no querías ser auror?

  • Se me ha pasado el hambre.

La morena se levantó de su mesa y abandonó el Gran Comedor rápidamente. ¿Cómo podían estar tan calmados los demás cuando todo se estaba viniendo abajo? Si quería ser auror era precisamente para eso, para evitar que el mundo en el que vivían se derrumbara, para ayudar a la gente. Chad la vio marchar y tuvo que contenerse para no seguirla. No le haría ningún bien en aquel momento. Se rascó detrás de la oreja de forma nerviosa, casi sin darse cuenta, y suspiró. Ojalá pudiera ayudar a Leah, pero justamente él era el único que no podía hacer nada.


Feliz lunes ^^

Aquí os dejo un nuevo capítulo que espero os guste. Las cosas en el mundo mágico no van demasiado bien... Pero bueno, habrá que centrarse en la parte positiva. Ya me contaréis qué opináis de Chad y Leah y de la historia de Cassie ;) (bueno, y también sobre la noticia del Profeta xD)

Muchos besos y nos leemos el miércoles,

María :)